lunes, 4 de junio de 2018

Street Scene,Impactante Hiperrealismo Lírico.

Hay títulos que son difíciles de incluir en un género específico. En el teatro musical español es bastante habitual que las líneas entre zarzuela, ópera, opereta o revista, se entremezclen y traspasen, dando lugar a multitud de obras, de características que podemos denominar como híbridas, y que no están reñidas con la calidad en ningún momento. Si bien es cierto que la estructura de la ópera suele ser muy rígida, en el teatro musical, y ahora ya me voy al género netamente estadounidense, dicha estructura es mas amplia, y hay obras de carácter operístico en las que la ausencia de diálogo son una seña de identidad, y en el que uso del recitativo es un recurso habitual para que la acción dramática avance, mientras que en el musical al uso, el diálogo hablado es lo mas común. La diferencia a mi entender estriba mas allá de la estructura de la obra, siendo el estilo musical,  el aire mas ligero de la música, y la técnica vocal de los cantantes, los elementos que se pueden considerar mas diferenciadores. Pero esto no es una regla de tres infalibles, ya que a veces nos encontramos con títulos en los que resulta difícil diferenciar el lugar en el que se encuentran. "Street scene" el título que esta crítica ocupa, se encuentra en esa tierra de nadie, que hace difícil su catalogación, y por ende también ha perjudicado su difusión, ya que para Broadway resultó en su estreno excesivamente difícil para el gran público,  y en los grandes templos de la lírica se encuentra a veces excesivamente ligera en su concepción musical, y no pocas veces despreciada.
A mi me gusta encontrarme con estos títulos de arriesgada factura, y clara declaración de principios, y pienso que su revisión es necesaria, y enriquecedora, ya que el espectador habitual de ópera, no suele ver obras de este tipo, abriéndose de esta manera la mente del aficionado, y entendiendo que no hay géneros mejores o peores sino simplemente diferentes, que pueden dar lo mejor de si, siempre y cuando se lleven a escena al nivel adecuado.



"Street scene" con música de Kurt Weill, letra de Langston Hughes y argumento de Elmer Rice,   se estrenó en Broadway en el Teatro Adelphy el 9 de enero de 1947.
La obra está basada en el título homónimo del propio Rice, que fue todo un suceso teatral en su momento, llegando a ganar un premio Pulitzer en 1929, que se puede considerar un clásico del teatro social de la época, y que llegó a estrenarse en nuestro país con gran bombo, teniendo a Margarita Xirgu a la cabeza considerándose esta producción un hito en la historia de nuestro teatro, titulándose en castellano "La calle".
En "Street scene" se nos cuenta la vida en un bloque de apartamentos de un suburbio neoyorkino, en el que se entremezclan diferentes vecinos de etnias variopintas, y diferentes vidas e ideologías. La obra netamente coral, es un fresco brutal y bastante descorazonador en el que se disecciona la sociedad estadounidense en sus clases mas bajas, donde el racismo, la violencia de género, y el alcoholismo son retratados de forma absolutamente descarnada. El tono de la función es realista, y dramático en grado sumo, aunque se equilibre con ciertos componentes cómicos, para aligerar un drama urbano y violento que resulta de gran vigencia en nuestros días, ya que tristemente poco ha evolucionado nuestra sociedad en algunas cosas.




Kurt Weill compuso una obra de factura ecléctica, y que el mismo denominó como "ópera americana", en la que se entremezclan ritmos como el jazz y el blues, junto con otras partes mas líricas, especialmente en la segundo acto , de inspiración netamente verista y pucciniana en algunos pasajes. La sombra de Gershwin pulula por toda la función, y el concepto de "ópera popular" llevada al extremo en su "Porgy and Bess" parece haber servido de inspiración a un Weill que se amoldó perfectamente al estilo musical estadounidense, en una obra de línea mas melódica de lo habitual en el compositor alemán, aunque con la particular impronta que nuestro autor supo dar a su producción.
La partitura de indudable atractivo y calidad, es el catalizador del drama, dotando a la función de una exacerbado lirismo a los momentos mas dramáticos y de cierta ligereza yanki muy conseguida en los momentos menos duros de la función.
Texto y música parecen compenetrarse perfectamente, y dan gran solidez a una obra de inspirado acabado, tanto literario como musical, donde las señas de identidad de Weill en cuanto a denuncia social, y crudeza, se encuentran muy patentes, siendo el resultado de la obra de gran altura a todos los niveles, profundamente emotiva, y una auténtica joyita recomendable desde todo ángulo.

La obra tiene un nutrido elenco de solistas, nada menos que 25 personajes con momentos de importancia, y no poca dificultad. El elenco de esta producción es de una altura notable, y cumple en líneas generales a un gran nivel, por motivos obvios me decantaré por los protagonistas principales, pero quiero remarcar la homogeneidad, y lo idóneo de todos los artistas que se baten el cobre en el escenario.



Dentro del insuperable elenco cabe destacar las dos niñeras llevadas a cabo por Sarah-Marie Maxwell y Lauren Douglas, graciosísimas y muy templadas en lo vocal, que hicieron las delicias del respetable en su breve pero jugosa intervención. También se deben mencionar a las tres difíciles vecinas cotillas, de Lucy Shaufer, Harriet Williams y Jeni Bern.  El terceto de cantantes sirvieron lo mejor de su trabajo en unos números de conjunto francamente complicados a nivel musical, y en un trabajo de concertación magnífico en el que las tres voces se complementan a la perfección, viéndose su trabajo perfectamente rematado en una interpretación actoral de categoría, repleta de recovecos y muy bien plasmada en toda su extensión.

Paulo Szot, barítono, como Frank Maurrant.
Szot de impoluto tono vocal, sirvió una poderosa creación, de un personaje brutal, violento y muy primario que resulta temible en sus momentos mas duros, potenciando mucho su creación el rotundo trabajo musical con el que sirvió la función. La voz a pesar de ir microfonada se intuye grande, en el agudo resulta mas que satisfactoria, y de estupenda resolución. Szot dota de gran entidad a su personaje, dando absolutamente todo lo que la partitura pide, tanto en rudeza cuando es necesario, como en sensibilidad al final de la obra, logrando grandes cotas de expresividad en su ultima escena, de gran impacto dramático, llevada a cabo con pasmosa solvencia por nuestro barítono.

Joel Prieto, tenor, como Sam Kaplan.
El contrapunto al rudo Frank, lo sirvió Prieto, en una sensible creación de un personaje de no pocas dificultades y que resulta adecuadísimo para el instrumento del artista. La voz es dulce, bien timbrada, sana, y poderosa en el agudo, resultando algunas notas realmente notables por bien colocadas y vigorosas. Las cotas de expresividad como son la tónica de esta producción fueron importantes durante toda la función, y los diferentes estados de ánimo por los que su personaje pasa, se ven perfectamente reflejados en su trabajo musical. Actoralmente se encuentra mas que acertado, dando vida de forma perfecta a este joven soñador, enamorado hasta las trancas y capaz de dejar todo por su adorada Rose, siendo su trabajo redondo desde todo prisma.

Mary Bevan, soprano, como Rose Maurrant.
Bevan fue quizás la mejor cantante de la noche, presentando un instrumento de soprano lírica puro, de cuidadísimo fraseo, y mas que bello timbre, que llegó a lo estratosférico durante el difícil segundo acto en el que mas se bate el cobre a todos los niveles. La voz cristalina y limpia ofrece el equilibrio perfecto a una dura partitura, en la que su personaje sirvió las mas altas dosis de lirismo de la noche. Actoralmente ofrece un trabajo superlativo, de gran calado, y naturalidad, alejada de cualquier afectación lírica, donde prima la verdad en un personaje complicado, que nos resulta tremendamente creíble incluso en sus escenas mas difíciles. Bevan podría optar por un desmelene superficial, y mas efectista, pero en vez de ello, la emoción surge de dentro, rotunda y crudísima, siendo la última escena con su padre realmente espeluznante.

Patricia Racette, soprano, como Anna Maurrant.
Racette de color mas dramático en su instrumento, sirvió poderío de primera soprano  con un instrumento de gran entidad, que si bien es cierto se ve resentido en los agudos, sobre todo al final de ellos que en algunos casos resultaron abruptos y poco refinados. Dentro de la linea verista del personaje Racette sirve una función de muchos quilates en lo dramático, con ciertos ecos escénicos de la Santuzza de "Cavalleria Rusticana" aunque en este caso la infiel sea ella, y en el que el desgarro fueron la tónica, llegando al paroxismo en el tremebundo terceto del segundo acto, de gran fuerza escénica y ejecutado de forma espectacular por los tres miembros principales de la familia Maurrant. Racette sirve una sensible creación actoral en un personaje que nos infunde inmensa piedad, y cuya insatisfacción se vio perfectamente reflejada en su primera aria, cantada por nuestra soprano con un dramático patestismo de gran capacidad catártica.



El Coro Intermezzo, de breve pero importante aparición al final de la obra, estuvo dramático y atronador en su intervención, en un número de gran impacto musical y que musicalmente me recordó al Mahagonny del propio Weill. Mención especial para Los Pequeños Cantores de la ORCAM, que estuvieron deliciosos en todas sus escenas, afinados y muy graciosos en la parte escénica.

Tim Murray a la batuta de la OSM, dotó de gran profundidad al sonido de una Sinfónica de Madrid que al principio parecía un poco desubicada en un repertorio muy alejado al que habitualmente tocan, pero que fue ganando enteros a medida que la función iba avanzando. Murray conoce muy bien el material que tiene entre manos, y realizó un trabajo extraordinario con las dinámicas y los volúmenes, siendo el resultado muy teatral y dramático, brillando especialmente en los números de conjunto, donde el trabajo de concertación destaca muchísimo, así como el trabajo de la expresividad con los solistas, acompañando perfectamente el tremebundo drama que acontece en escena.



John Fulljames ejerce las labores de regista, en un trabajo hiperrealista en lo escénico y lo actoral. Pocas concesiones al lirismo visual nos ofrece Fulljames, con excepción del número de ballet, un poco pegote a mi entender aunque venga de serie en la función, maravillosamente coreografiado por Arthur Pita. 
Fulljames no se anda por las ramas, y ofrece un trabajo milimétrico, viscontiniano en su visión de una calle estadounidense en plena Gran Depresión, donde los detalles pequeños son igual de importantes que los grandes, desde los papeles de la sucia acera, hasta la bicicleta que interrumpe la acción dramática todo está medido, justificado y perfectamente integrado en la escena, siendo el resultado pulcro y adecuado en igual medida.
Los actores son dirigidos desde la verdad, pero sin dejar a un lado la fuerza operística de la obra, siendo el resultado poderoso, impactante y de gran efecto dramático, pero sobre todo lo mas destacable  es la solidez de una producción ejecutada de forma realmente ejemplar, y de gran interés teatral. John Fulljames engrandece la obra de Weill y la colma de empaque, en una función que sorprende al que no la conozca, conmueve al mas pintado, y no deja indiferente a nadie, ya que su cruda exposición de la realidad, y elevado nivel musical y literario, se ven reflejados de forma superlativa en una producción que estoy convencido que sería del mas absoluto agrado por parte de sus autores, ya que la esencia y el mensaje se encuentran muy bien expuestos, alejados de artificio, y lo que es mas importante, sin el mas mínimo acartonamiento lírico, que tantas veces lastra el acabado escénico cuando de ópera estamos hablando. Aquí no hablamos de cantantes que salen y cantan, hablamos de artistas totales, completamente implicados en su trabajo tanto técnica como emocionalmente. La función fue muy braveada por un público atento y que en algunos momentos parecía no respirar ante lo que acontecía en escena, y que agradeció de forma rotunda la gran velada que presenció.




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sábado, 2 de junio de 2018

El Otro Lado De La Luna, Viaje De Novios 2.0

La comedia romántica ha dado grandes frutos a nivel literario y escénico, y sin ser mi género favorito, si que reconozco que cuando se hace bien me resulta altamente satisfactoria.
"Descalzos por el parque" de Neil Simon quizás sea, para mi, uno de los mejores exponentes del género, y un texto por el que siento gran cariño, y en el que pienso que se aglutinan todas las virtudes del romanticismo desde una visión humorística. 
El amor casi siempre se encuentra en el teatro, no deja de ser uno de los motores del ser humano, y se ha reflejado de múltiples formas, desde la comicidad mas extrema, hasta el drama mas descarnado, siendo este sentimiento universal uno de los principales elementos del teatro. Recuerdo un profesor que decía que el teatro se basaba en tres cosas, y una de ellas era el amor, las otras dos, me las guardaré para otra ocasión, que vengan mas a cuento.
Normalmente en la comedia romántica, la lucha de sexos, y las diferencias intrínsecas entre hombres y mujeres resultan el catalizador del conflicto desatándose las situaciones cómicas con las que todos nos sentimos identificados de una forma u otra.


"El otro lado de la luna" agridulce texto de Jorge Ubieto que se está representando en los Teatros Luchana, se encuentra dentro del subgénero de comedia romántica, y en el se nos cuenta la historia de una pareja cuya luna de miel se vio truncada unos años atrás, y deciden repetir el viaje, para quitarse la espinita, y confesarse algún secreto no revelado, que no destriparé por aquello de los spoilers.
Con esta premisa, Ubieto nos plantea la evolución de las relaciones de pareja, los problemas de la falta de comunicación, y cómo a veces elementos externos al propia relación (suegras incluidas) pueden enquistar situaciones facilmente solventables con un poquito que ponga cada una de las dos partes de la relación. Nuestro autor se sirve del humor para contarnos todo esto que planteo pero desde un trasfondo serio y muy realista, en el que haciendo uso de unos personajes muy reconocibles, nos cuenta una relación de pareja normal, con sus problemas cotidianos y sus defectos igual de cotidianos y afines a todos nosotros. En el texto se dan situaciones que todos los que tenemos pareja en algún momento nos vemos reflejados, y donde la ternura no está exenta en una obra que podemos vislumbra un trasfondo costumbrista y muy humano, desde un lenguaje coloquial y asequible, con el que el mensaje de la obra queda cristalino, así cómo su declaración de principios. 


La función se sustenta en con dos actores, Cristina Goyanes y Jorge Valenty, y en los que no se puede hablar de interpretaciones separadas, ya que el trabajo de uno depende completamente del de el otro.
Ambos actores se encuentran muy acertados en sus dos códigos interpretativos, mas seria Goyanes, y mas cómico Valenty, y en el que la química entre ellos dos es crucial para el buen desarrollo del espectáculo, tal y cómo ocurre sin el mas mínimo problema. 
Goyanes aporta un impoluto tono corporal y presencia escénica, en la que prima la pulcritud en un trabajo enfocado en el mundo interior de una mujer insatisfecha con su realidad actual, y que no parece conocer lo suficiente a su marido, dotando de mucho carácter a su personaje y que en los apartes funciona de forma muy satisfactoria, y cuyo trasfondo amargo se encuentra patente de forma insinuada mas que evidente, pero que nuestra actriz consigue transmitirnos sin el mas mínimo problema.
Jorge Valenty, en un trabajo mas enfocado hacia afuera, y en un tono de alta comedia muy evidente, carga de ternura y bonhomía a su personaje, un tanto ingenuo y que no deja de ser un tipo normal, que no acaba de entender a su mujer, y que resulta enternecedor en no pocos momentos, haciendo un interesante uso de la voz y el cuerpo en todas sus intervenciones, así como una vis cómica a tener en cuenta, y que resulta el contrapunto perfecto al personaje de Cristina Goyanes.
Nos encontramos ante un elenco equilibrado, que se complementa a la perfección, y que se deja la piel en el escenario que practicamente no dejan desde que comienza la función, en un trabajo cargado de amor y entrega hacia el espectáculo, llevado a cabo con sensibilidad y buen gusto.


Lula Castellanos firma el espectáculo, y acierta dándole el acento justo a la parte cómica en contraposición con las mas seria, ya que el texto fluctúa entre dos aguas de difícil equilibrio, con el que Castellanos juega a su antojo siendo el resultado satisfactoria, y muy agradable en su acabado formal. Dirige a sus actores desde la naturalidad, y entiendo que partiendo de sus características personales para de esta forma imprimir grandes dosis de realismo a los personajes. 
Visualmente, si bien nos encontramos ante un producto modesto, la función se encuentra muy cuidada en el aspecto técnico, con unas adecuadas luces, proyecciones y deliciosas músicas que todos los presentes tarareamos en algún momento.
Varias cosas destacaría del espectáculo. El cariño con el que está hecho, la solvencia de sus actores y la cuidada puesta en escena son las principales bazas de una función que sirve perfectamente como entretenimiento, ya que ese es su principal cometido, y cuya sencillez y honestidad resulta muy de agradecer en estos días en los que la impostura y grandilocuencia son algunos de los defectos de nuestro panorama escénico. 
"El otro lado de la luna" no engaña, da absolutamente todo lo que ofrece, que no es poco, y no defrauda dentro de un prisma amable, respetuoso, y en el que el aire de sencillo divertimento, no hace mas que remarcar, que no hace falta nada mas para que el espectador salga completamente satisfecho del teatro, pasando una tarde sin complicaciones, y sacándonos de gris del día a día. 



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lunes, 21 de mayo de 2018

El Médico, El Musical. Épica Presentación De Un Nuevo Título.

Hace un año mas o menos, se informó del estreno de un musical nuevo, titulado "El Médico" basado en la archiconocida novela homónima de Noah Gordon. Escuché con atención las pistas grabadas que se publicaron como presentación de la obra, y la verdad es que resultaba difícil hacerse una idea sobre como sería la obra al completo. Posteriormente, estrenada la versión sinfónica de la obra, que es de la que ésta crítica se ocupa, me llegaron noticias de la extensa gira que se ha llevado a cabo, y todo el mundo se hacía eco del éxito que ha cosechado en aquellas plazas que se ha presentado.
Reconozco que a medida que iba apareciendo información me fue picando la curiosidad, hasta que finalmente ha llegado a Madrid, estando durante cuatro días en el Nuevo Apolo, siendo estas funciones un adelanto de la futura versión escénica, que presumiblemente veremos en Madrid la próxima temporada.
"El Médico, el musical" se representa en estos momentos en versión concierto escenificada, y supongo, como es habitual en las obras de nueva creación, que se verá modificado en su versión escénica, por tanto, esta crítica habla de una obra que todavía no se encuentra en su versión definitiva, sirviendo como carta de presentación del material tanto musical como literario.
No podía dejar pasar el visionado de un nuevo musical, de factura completamente patria, y que resulta de interés por varios motivos, siendo su ambicioso acabado el mas importante, así como la apuesta por la calidad en el elenco otro atractivo añadido al espectáculo.



"El Médico, el musical" con musica de Iván Macías y libreto de Félix Amador, bebe directamente del novelón de Noah Gordon, en el que se nos cuentan los avatares de R.J.Cole para llegar a cumplir su sueño de ser médico, en la Europa del S.XI. Podemos catalogar la obra como una novela-río de infinidad de personajes y subtramas, de corte épico en la línea de las mejores sagas literarias englobadas dentro de los best-sellers.
El musical refleja bastante bien la historia de la novela, aunque finaliza de forma un tanto diferente , con un pequeño epílogo donde se nos explica brevemente que es de la vida de nuestros protagonistas, dejando fuera alguna trama del final del libro.
En el libreto se presentan practicamente todos los personajes de la novela, y se muestra no exento de la épica del texto de el que el musical bebe. Todavía algunos personajes no están del todo equilibrados, y entiendo que se debe retocar en algunas partes, y aligerar, para de esta manera sintetizar la historia de forma mas compacta. Sería interesante compensar el primer acto con respecto al segundo, ya que se nos hace excesivamente largo, y en algunos momentos un tanto reiterativo. Dentro del libreto se encuentra reflejado de forma convincente el aire de gran epopeya que la novela destila, así como las múltiples aventuras que se desarrollan en la misma y las relaciones entre todos los personajes.
Musicalmente, nos encontramos claramente con una obra de tintes operísticos en la línea de ¨Los Miserables, abundante en recitativos, y con dos grandes concertantes que marcan el final del primer acto y final de obra, dúos, temas de solista de gran lucimiento y grandes momentos de conjunto se suceden en una partitura de corte ecléctico, que en algunos casos debe ser interpretada por cantantes de técnica mixta, o lírica. La música de inspiración orientalista en no pocos momentos resulta de gran espectacularidad y dramatismo, especialmente en la segunda parte del espectáculo, y por la partitura pulula la sombra de varios musicales muy reconocibles por el aficionado. ¨Los Miserables", "Aladdin", e incluso "Sweeney Todd", en la escena de la panacea, son varias de las partituras que parecen haber servido de inspiración a Macías en algunos números. Nos encontramos en la misma situación que en el libreto, donde todavía se nota que se deben realizar cambios, especialmente en algunos números excesivamente largos o en aquellos en los que la trama no parece avanzar con la suficiente fluidez, y que estoy seguro que a la hora de abordar la versión escénica serán debidamente ajustados. A todas luces "El Médico" llega al respetable, que premia al espectáculo con sonoras ovaciones, y se emociona en no pocos momentos, por tanto nos encontramos con un material de grandes posibilidades, que convenientemente pulido, puede dar lugar a una obra de relumbrón y gran impacto escénico, de ambicioso acabado, y sólida factura.



El elenco, es amplio en solistas principales, y hay multitud de pequeños personajes, que son llevados a cabo por elementos del conjunto. Nos encontramos ante un cast equilibrado en líneas generales, y de gran nivel en su totalidad.

Victoria Galán, como Rob Cole de niño.
Galán con sorprendente madurez como artista, dada su juventud, resulta un acierto de cast notable, ya que cumple sin problemas en la comprometida parte musical, llegando al clímax su interpretación en su último número. La voz resulta muy expresiva,  destilando ternura en todas sus intervenciones. Afronta el papel con gran seguridad y solvencia, pareciendo tremendamente convincente tanto en lo actoral cómo en lo vocal, siendo su trabajo equilibrado y medido a partes iguales.

Ricardo Truchado, como Avicena.
Viejo conocido de nuestro teatro musical, Truchado sirve una función en su línea, donde una sólida presencia escénica, se ve perfectamente apoyada en su habitual buen hacer vocal. Truchado poseedor de una estupenda voz de bajo, sirve momentos de altura, brillando como es lógico en la zona grave, así como en el bello y noble timbre, marca de la casa, que le va perfectamente a un personaje de las características de Avicena.

Joseán Moreno, como Barber.
Sostengo que vemos demasiado poco a Moreno en nuestros escenarios, ya que su completa formación, y el nivel de su trabajo es magnífico. Nuestro actor sabe que tiene un bombón entre manos, y lo aprovecha hasta sus últimas consecuencias, logrando el tono actoral perfecto que el personaje requiere, tierno y gracioso en su justa medida, y apoyado por un rotundo físico. La voz es dúctil, y se amolda a cada número de forma perfecta, consiguiendo reforzar la interpretación actoral de forma espectacular en los números cantados. Es decir, en vez de ir al lucimiento, y tirar de artillería pesada, Moreno juega, arriesga y consigue redondear su trabajo con gran fuerza y teatralidad, en un trabajo donde cada inflexión o intención musical, parece meditada y estudiada, sin restar frescura a su trabajo, que sin duda es uno de los que mas llega al respetable.

Alain Damas, como el Shá de Persia.
Nos encontramos con el único personaje de mimbres netamente líricos en el espectáculo, y uno de los que mas brillo a nivel vocal tiene. Damas posee un agudo atronador, y una línea de canto francamente buena, aunque hay que reconocer que en algunos momentos se encuentra un tanto encorsetado  en la lectura de la partitura, ya que los recursos estilísticos en el musical son distintos a los de la ópera, y por tanto nos puede parecer un poco plano. Simplemente se trata de trabajar un poco mas la interpretación, asimilarla al personaje, y de esta manera librarse de cierto "envaramiento" operístico que por momentos, choca con el resto de los intérpretes.



Talía del Val, como Mary.
Resulta muy interesante ver la evolución de Talía del Val, especialmente a nivel vocal, cuyo trabajo es muy notorio, ganando mucho en entidad el instrumento, ensanchando la voz con respecto a tiempos pasados y mucho mas plena en líneas generales. Claro ejemplo de técnica mixta, que no chirría en absoluto, y con una admirable resolución y ataque del agudo. Su papel no es nada fácil, y lo afronta con bravura y entrega, algo que es muy de agradecer. La voz es dulce, muy homogénea en todas las zonas, y cuando de girar se trata, resulta natural y nada forzada. La dicción se encuentra muy trabajada, así como la línea de canto, que encontré francamente perfecta, no hay ni el mas mínimo deje de afectación, resultando de cotas insuperables su tema principal, en el que primó una esforzada interpretación de espectaculares resultados, del mismo modo es destacable el primer dúo con Adrián Salzedo, uno de los mejores momentos del espectáculo, emotivo y esplendorosamente interpretado. Actoralmente se encuentra muy acertada dotando de mucha dulzura a su personaje, sin caer en lo melifluo en ningún momento. Visto lo visto el sábado, estoy seguro de que nos va a servir una María de "West Side Story" de resultados mas que apreciables. Del Val, va por buen camino, y el trabajo que está haciendo con su instrumentos es altamente reconocible y digno de mención.

Adrián Salzedo, como Ron Jeremy Cole.
Salzedo es una artista muy completo, al que se le ve muy aplicado en todas las disciplinas, siendo su trabajo de calidad en líneas generales. R.J. Cole es un papel muy duro, que una vez que sale al escenario ya no lo deja practicamente en ningún momento, con temas musicales tremendamente comprometidos, y de bastante dificultad. Salzedo se sirve de un instrumento potente, incluso las veces que le falló el micrófono respondió de forma mas que solvente, quedando claro que nos encontramos ante una voz grande, quizás todavía no este del todo controlada, pero sin llegar a molestar en ningún momento. De bello timbre atenorado, en la zona media se defiende con soltura, los agudos son emitidos con gran arrojo y resultan muy brillantes sirviendo momentos de gran espectacularidad. Actoralmente se encuentra muy implicado emocionalmente en el personaje y resulta muy creíble en los múltiples estados de ánimo por los que nuestro protagonista transita, redondeando de forma acertadísimas el insuperable trabajo musical que lleva a cabo.



Conjunto muy acertado, en una obra en la que el coro tiene muchas y difíciles intervenciones. De atronadora sonoridad y gran empaste en los concertantes, y con mucho sentido de la teatralidad en las partes mas heroicas o dramáticas, resultan mas que solventes y podemos hablar de un trabajo matizado y bien medido. Practicamente todos los componentes de la masa coral tienen pequeños papeles en la función, destacando Beltrán Iraburu como intrigante servidor del Shá, de estupenda presencia y voz, así cómo Alberto Aliaga como noble y bonachón amigo judío del protagonista del musical.

La función está acompañada de una enorme banda sinfónica, con Iván Macías, compositor de la partitura, a la cabeza, que obviamente conoce la obra a la perfección. La lectura que Macías ofrece es muy espectacular y de tintes cinematográficos, en el que se busca el impacto dramático y escénico sacando todo el jugo al material musical, y dotando de gran empaque a la escena, siendo el resultado altamente satisfactorio y muy grato al oído. Me apetece mucho escuchar la obra con el acompañamiento convencional de un musical escénico, ya que entiendo que el lucimiento de los cantantes va a ser mayor si cabe, pero reconozco que como carta de presentación, acompañar la obra con una banda de esta magnitud resulta un acierto, ya que engrandece una versión, que no se nos olvide que aunque escenificada, está enfocada como un semi-concierto.



Mike Ashcroft firma el espectáculo como director y coreógrafo, llevando a cabo una función muy dinámica y de gran vistosidad, con unos cambios muy pensados, y algunos momentos espectacularmente resueltos, como puede ser toda la escena de la tormenta de arena, de gran interés escénico y con gran empaque teatral. Dota a la función de momentos de gran intensidad dramática, con los mismo mimbres operísticos que posee la partitura, no quedándose la función en un mero concierto, ya que todas las escenas se representan de forma convencional. Resulta especialmente convincente en el movimiento del conjunto y en los finales de acto que son llevados a cabo con gran solemnidad y elegancia, con un buen uso de la corbata, muy aprovechada para bien,  y en un código cercano al cuadro plástico.
Nos encontramos ante un espectáculo de indudable empaque escénico, de cuidada factura, en el que sirve una función a lo grande, y con unos medios mas que holgados, tanto escénicos como artísticos, que fue efusivamente ovacionada por un público literalmente rendido a los pies del espectáculo. Es de justicia reconocerlo, ya que la ovación final fue larga y muy intensa.
Tengo muchísimas ganas de ver la versión escénica de un musical, que convenientemente pulido, y aligerado, tiene unas grandísimas posibilidades para contar con el favor del público. La temporada que viene, se presenta abundante en producción de musicales, el reto es grande, y se debe reconocer a "El Médico"  como una apuesta arriesgada y de calidad en su acabado formal, debiendo verse reflejado todo esto que planteo en el enfoque que se le de a la versión escénica de la obra.





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jueves, 17 de mayo de 2018

Antón Martín O No Hay Más Mus, Mátalos De Risa.

 Si hay algo que caracteriza a nuestro país es su sentido del humor, que no se nos olvide que además de hacernos reír, en su vertiente mas satírica sirve desde tiempos inmemorables como crítica de nuestras costumbres, situación política o aquellos temas de mas candente actualidad. Los gobernantes de esto saben mucho y miran con lupa, si, hablo en presente porque hoy en día vivimos tiempos inquisitoriales donde la libertad de expresión se está viendo seriamente mermada, siendo uno de los objetivos de los ojos y dedos acusadores, los valientes que hacen chanza con afán crítico de aquello que mas duele. Soy de la opinión que una buena tanda de chistes hace mas daño que una somanta de palos, y no hay mejor forma de decir la verdad del barquero que haciendo reír.
Lamentablemente, cada día la asepsia a todos los niveles, en gran parte por miedo, nos inunda, y creo que no hay nada mas necesario que seguir planteando la sátira cómo forma de expresión, y cómo medida de presión, ya que es una estupenda vía de escape para digerir los sapos que nos tragamos día si y día también en estos tiempos que corren. El uso del humor como denuncia, es posiblemente el  recurso mas antiguo del que se tiene noticia en el ámbito teatral, y ya los griegos eran unos maestros en aquello de poner a caer de un burro al político de turno a base de carcajadas. 
Por tanto se me antoja imprescindible que no perdamos las buenas costumbres, y que a pesar de lo que muchos pretendan se siga haciendo teatro crítico y mordaz, que meta el dedo en la llaga y que encima nos haga reír, es muy sano, necesario, y además valiente, que alguno se ha jugado la cárcel por decir alguna irreverencia estos días.
Todo esto que cuento viene a colación de "Antón Martín O No Hay Más Mus" agradabilísima sorpresa que se está representando en la Sala Tarambana dentro del Surge Madrid, muestra de creación escénica que ya va por su quinta edición.

                                                * Foto de Paloma Mendés

"Antón Martín O No Hay Más Mus" de Ozkar Galán, es un texto humorístico, en el que nuestro autor y nuestros protagonistas retoman un espectáculo llevado a cabo 20 años atrás. La obra convenientemente actualizada es una brutal sátira de todo aquello que nos rodea, en la que dos amigos, entre chascarrillo y chascarrillo no dejan títere con cabeza, y en el que toda nuestra sociedad se ve diseccionada de forma brutal, desternillante, y de una lucidez absolutamente pasmosa. Galán se sirve de un lenguaje mas que estimable, un sentido del humor inteligente, y huye de la obviedad, apelando continuamente al intelecto del respetable, al que no toma por tonto en ningún momento, conociendo a la perfección al tipo de público al que va dirigido su texto. El absurdo no se queda fuera de la función, encontrándose perfectamente integrado en el espectáculo y brillantemente expuesto en los bloques en los que mas presente se encuentra. En "Antón Martín" se habla a calzón quitado de TODO, sexo, política, hay ciertos toques de nostalgia, y lo mas importante, un texto escrito para el lucimiento de dos actores que se conocen y reconocen de forma brillantísima, donde nos cuesta diferenciar el lugar en el que se separan los amigos de los personajes. El resultado es muy fresco, divertido, y sobre todo mordaz en grado sumo, agradeciéndose mucho el toque de incorrección política que trufa la función, y que tan necesario resulta en los tiempos que corren. "Antón Martín O No Hay Más Mus" es una gamberrada muy bien tramada, que conecta con el espectador de hoy en día, que siente que muchas cosas que le apetece gritar a los cuatro vientos, se encuentran reflejadas en la función y que pocos se atreven a decir a cara de perro. Si hay que matar a alguien mejor mátalo de risa, estoy seguro que lo agradecerá, y en este texto esto que planteo se lleva hasta las últimas consecuencias. 


Javier Antón y Gorka Martín son los intérpretes de la función, y sería imposible hablar de ellos de forma separada. Nos encontramos ante dos actores que le tienen muy medido el pulso al compañero, y que funcionan perfectamente como pareja cómica. Hay cierto aire de Tip y Coll en su humor, y los roles, muy bien definidos en cada uno, se complementan de forma muy ajustada. El payaso listo y el payaso tonto están muy presentes siendo Gorka Martín el primero y Javier Antón el segundo en la mayoría de sus intervenciones. Martín va "de sobrao" no pocas veces, mientras que Antón mas primario en sus instintos, resulta perfecto como sparring que se lleva las tortas, dialécticamente hablando, y algún huevazo que otro. La química entre nuestros dos actores es absolutamente electrizante, sirviéndose los chistes el uno al otro de forma ejemplar, se escuchan, se miran, y sueltan la bomba. Son extremadamente generosos y de forma muy inteligente saben que el lucimiento de los dos hace crecer el espectáculo hasta lo indecible, y dicha complicidad mutua se contagia con el espectador, al que involucran no pocas veces en la función. Ambos se encuentran en un perfecto tono corporal, y dicen los parlamentos con gran sentido, de la comicidad y del ritmo, no perdiéndose ni una coma de lo que nos quieren contar, y las acciones acompañan a la palabra de forma impoluta siendo todos los gags, tanto visuales como textuales de gran efectividad, y desopilantes por momentos. Todo parece dicho por primera vez, y tal es el grado de naturalidad que me costó diferenciar que momento era improvisación o morcilla, que intuyo yo que son bastantes dado el tono del espectáculo. Nos encontramos ante dos actores realmente dotados para la comedia y que saben incorporar a la perfección sus características personales en sus personajes, algo que consigue el mágico efecto de sentir que no están interpretando, sino simplemente llevando a cabo una conversación entre dos amigos.

                                * Foto de Paloma Mendés

Gorka Martín dirige la función, con dos premisas, ritmo y naturalidad. Todo transcurre a una velocidad de vértigo consiguiendo de ésta manera que no perdamos la atención ni un solo momento para intentar captar todo lo que nos dicen y que no se nos escape ni un solo chiste. La función no decae de principio a fin, y si bien es cierto, como en toda obra episódica, algunos bloques son mas graciosos que otros, en general se puede decir que el nivel es muy alto. Martín sirve un pulcro espectáculo en el que se da aire a los actores, con unos espacios muy bien delimitados, y perfectamente integrados en el escenario, donde todos los movimientos parece bien medidos y limpiamente ejecutados. El trepidante ritmo no es problema para entender lo que se nos quiere contar, ya que nada parece atropellado, y todo está expuesto de una forma muy clara, quedando muy patente lo que Martín quiere contar y cómo lo quiere contar, logrando que el público entre en la función desde el principio. Todos, o la mayoría de los gags funcionan, dándose la curiosa experiencia, que algunos son celebrados segundos después de realizados, tiempo que necesita nuestro cerebro para procesar lo que hemos visto dado el vertiginoso pulso de la función. Martín consigue conectar con su compañero de escena, y ambos se encuentran comodísimos en sus repsectivos lugares, y no encorseta en absoluto el espectáculo, siendo el resultado de gran dinamismo y frescura, y extremadamente gratificante para el espectador. Del mismo modo todo está expuesto de forma muy directa y sin cortarse ni un pelo a la hora de plantear las cuestiones mas espinosas, algo muy de agradecer por su valentía, y capacidad de reflejar de una forma tan natural aquellas cosas que algunos no se atreven a decir. Sin ninguna duda "Antón Martín O No Hay Más Mus" es una propuesta mas que interesante, de valiente y sólida factura, y lo que es mas importante NECESARIA, ya que nos saca del gris imperante, y nos hace reflexionar entre carcajada y carcajada.

                                                * Foto de Paloma Mendés

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miércoles, 16 de mayo de 2018

La Balada Del Hombre Pájaro, Nuestros Infiernos Particulares.

Es una reacción común del ser humano aquella en la que cuando el horror nos rodea, nos escapemos de la realidad para de esta manera aliviar el sufrimiento y poder sobrellevar los reveses de la vida, que en muchos casos pueden ser extremos. Esto que planteo se da en casos como los conflictos bélicos, cautiverios y secuestros, y todas aquellas situaciones en las que definitivamente la capacidad de aguante de nuestro cuerpo y nuestra mente se ha visto rebasada con creces. Deconozco si esta reacción es un mecanismo de autodefensa, o simplemente es que una vez atravesado un punto, nuestra razón desaparece completamente superados por el dolor.
Los resortes de nuestra mente son curiosos, y a veces terribles, yo mismo conozco un caso en el que una persona aquejada de demencia, los últimos años de su vida, todos los días repetía el momento en el que su hermano fue sacado a rastras de su casa, durante la Guerra Civil, para posteriormente ser fusilado, viviendo ese momento una y otra vez cómo si de una especie de castigo bíblico se tratara. No me imagino un infierno en la tierra mayor que ese, y supongo que las cosas que nos guardamos para nosotros, muchas veces salen al exterior de la forma mas insospechada, ya que la realidad es muy tozuda, y aunque no queramos verla, ahí está llamando a nuestras puertas, con las fauces bien abiertas, y dispuesta a devorarnos de un bocado sin el mas mínimo problema.
Nuestros viejos conocidos de Teatro del Sótano se encuentran en La Usina explorando estos resortes de nuestra mente, y a la vez analizando los horrores de la guerra, en "La Balada del hombre pájaro" con Manuel Aguilar a la cabeza, así que no pude resistirme una vez mas, a las emociones fuertes que siempre nos aporta ésta compañía teatral, que al ritmo que van se convertirán en una de las mas prolíficas de nuestra cartelera, y en la que sus señas de identidad, cada día aparecen mas claras y definitorias.


"La balada del hombre pájaro" de Francisco De los Ríos, es una pieza corta, apenas llega a la hora de duración, de interesante factura, en el que se nos cuenta la historia de un hombre que ante lo que le rodea, suponemos que un conflicto bélico, se aleja de la realidad viviendo en un onírico entorno en el que precisamente todo aquello que le ha llevado a esa situación se le aparece de forma simbólica y en extremo dolorosa para nuestro protagonista.
De Los Ríos se sirve de un lenguaje extremadamente poético para contarnos, que es lo que ha llevado a esa situación al personaje principal del texto, y cuales son los fantasma que lo atenazan. En la obra se huye de lo obvio, apelando a la inteligencia del espectador, que debe saber leer entre líneas, para hilvanar lo que se nos quiere contar y en la que se nos abstrae completamente de una narración convencional, para adentrarnos en una historia contada de forma aparentemente inconexa, tal y cómo es la psicología de nuestro protagonista, pero que de inconexa no tiene nada, ya que se nos van dando pistas continuamente hasta que finalmente vemos claramente lo que ocurre.
De todos los textos de Francisco de Los Ríos que he visto, este es el mas complejo, y quizás el que mas se adentra en los recovecos de la mente humana, de forma muy convincente, dura y profundamente alegórica.



Vayamos con el elenco.
Jorge Bódalo de indudable presencia y estupendo tono físico y vocal, lleva a cabo una creación muy de verdad y perfectamente medida, en la que logra integrarse facilmente a la función a pesar de encontrarnos practicamente en la recta final de la misma. Nada nos chirría en su aparición, y un trabajo limpio y muy bien perfilado deja muy claro para que ha venido y que quiere contar.

Jenny Baldoria en su línea habitual de actriz intuitiva y con grandes recursos dramáticos, nos lleva a diferentes estados emocionales, en un complicado papel de oníricos trazos, y costuras surrealistas, que se ve perfectamente plasmado por nuestra actriz. De fantasmagórica presencia, resulta inquietante por momentos, temible a ratos, y también no produce mucha piedad en algunas escenas, siendo la paleta emocional en la que nuestra actriz se mueve, amplia, difícil y muy bien construida, resultando satisfactoria en todas las aristas que el personaje ofrece y que Baldoria entiende perfectamente, viéndose reflejado en la función de forma cristalina.

Manuel Aguilar lleva todo el peso de la función en un comprometidísimo papel que no le deja ni un respiro desde la primera escena. Nuestro actor se sube a una montaña rusa emocional de gran altura interpretativa, y lleva a cabo un sólido trabajo actoral, cuya implicación nos deja completamente fascinados. Cuando acaba la función Aguilar durante unos segundos sigue con la mirada extraviada mientras saluda al respetable, dejando muy claro la honestidad y profundidad de un trabajo que no pasa en absoluto desapercibido, que se ve reflejado desde la verdad y sobre todo desde un enfoque dramático muy conseguido. El sufrimiento de nuestro protagonista se vislumbra de forma muy directa y realmente catártica por momentos. Sus monólogos resultan tremendos, y lo que es mas importante, todo se entiende perfectamente. Aguilar sabe el lugar al que quiere llevarnos y lo consigue en progresión ascendente y profundamente emotiva.



Francisco De los Ríos dirige su texto, como es habitual en él, y nos ofrece su trabajo mas ambicioso a todos los niveles. Desde el acertado espacio escénico, en el que lo que aparentemente es un basurero nos va mostrando toda su fuerza simbólica según va avanzando el espectáculo y deja bien claro lo que significa dentro de la vida del protagonista del texto, es decir su infierno o purgatorio particular, donde convive con sus fantasmas interiores, con los que se comunica y con los que expía su dolor. De los Ríos se sirve de cierto tono surrealista que acrecienta la sensación onírica sobre lo que está ocurriendo, y en el que un enigmático pozo tiene mucho que decir al respecto. Los actores siguen  unas directrices mas que claras que se ven perfectamente plasmadas en las interpretaciones, y muchísimas de las acciones se encuentran apoyadas con unas metafóricas imágenes que funcionan desde que comienza la función. Nos encontramos quizás con el texto mas difícil y mas personal de todos los que le he visto a Teatro del Sótano, y el resultado es de una gran madurez a todos los niveles, y una profundidad psicológica realmente notable. De los Ríos nos lleva por los vericuetos del alma humana desde el dolor mas extremo y primitivo, siempre desde un punto de vista poético, nada obvio, y cuidando hasta la extenuación el trabajo de sus actores, que se encuentran muy cómodos en sus difíciles papeles, ya que parece ser que nuestro director les ha dejado hacer, dando muchas alas a todos los personajes. Mención aparte para las atmósferas conseguidas gracias a la música que acompaña al texto, un acierto total, y que rematan el montaje de forma mas que notable y con no poco poso dramático. Nos encontramos ante una propuesta sólida, honesta y para paladares exquisitos, ya que su dureza y su lirismo, convierten esta pieza en una delicatessen que necesita reposo una vez que se ha visto. Teatro del bueno, profundamente sensitivo y con mensaje, duro y necesario, es nada mas y nada menos lo que Teatro del Sótano ofrece con su "Balada del hombre pájaro". Función absolutamente recomendable desde todo ángulo, con profundo espíritu alternativo, y realizada con un mimo absoluto.

viernes, 11 de mayo de 2018

La Tabernera Del Puerto, Zarzuela En Estado Puro.

Se viven tiempos muy convulsos en el Teatro de La Zarzuela, con un crudísimo conflicto laboral, un vergonzoso decreto de fusión con oscuros intereses detrás, y una completa indiferencia y falta de sensibilidad por parte del ministerio, que han llevado al coliseo de la Calle Jovellanos a una situación francamente insostenible con dos principales perjudicados, trabajadores y espectadores. Los paros del personal de INAEM están teniendo en general bastante apoyo popular, y se entiende las motivaciones que los suscitan, pero sin ninguna duda los responsables de cultura deben tomar nota de lo que está ocurriendo, y empezar algún tipo de diálogo que al menos suavice el conflicto. Toda esta situación me produce una tristeza infinita, y desgasta todavía mas nuestro género lírico, que creo que está ya tocando fondo, y que dado el absoluto desprecio que demuestra nuestro Gobierno por él, no puedo menos que pensar que los peores vaticinios ante la privatización encubierta de La Zarzuela salieron a la palestra están mas que fundamentados y tristemente son una realidad. No soy nada optimista ante lo que va a ocurrir con este tema que me tiene completamente indignado, y en el que los discursos megalomaníacos por parte de la directiva de la otra cara de la fusión (Teatro Real) resultan profundamente ofensivos, y un insulto a nuestra inteligencia en toda regla, que dejan muy clara la actitud ante este tema, que los que lo han perpetrado ya dan por finiquitado sin el mas mínimo empacho.
Todo esto que comento ha conllevado que de las doce funciones programadas de "La tabernera del puerto" solo se representen dos, resultando gravemente perjudicada una de las producciones mas esperadas de la temporada, y por ende el público, ya que no se nos debe olvidar que estaban vendidas practicamente todas las localidades. Después de tres intentos, ya que dos funciones que se iban a llevar a cabo y a las que yo iba asistir fueron canceladas, finalmente ayer asistí a ver esta Tabernera que se me antojaba imprescindible y muy atractiva, asistiendo con sentimientos encontrados, ya que por un lado me sentí afortunado por ser uno de los pocos que ha logrado verla, y por otro, profundamente apenado por todo aquello que la rodea y el complicado panorama que se avecina.




"La tabernera del puerto" se estrenó el 6 de abril de 1936 en el Teatro Tívoli de Barcelona. Fue denominada como "Romance Marinero en tres actos", siendo el libro de Federico Romero y Guillermo Fernandez-Shaw y la música de Pablo de Sorozábal. Esta zarzuela es en mi humilde opinión el último gran estreno de nuestro género lírico, antes de la Guerra Civil, que cortó la producción de forma estrepitosa, no volviendo nunca mas a ser la zarzuela lo que se consiguió en su segundo resurgir, siendo ese glorioso período un auténtico canto del cisne que no hacía presagiar lo que le esperaba a nuestro género lírico.
"La tabernera" tiene muchos factores a su favor, y se encuentra dentro de mis títulos mas apreciados por diversos motivos. Su libreto escrito en verso, resulta lo suficientemente atractivo como para mantenerse con vigor ante los ojos del espectador actual, y su dureza se aleja de los parámetros, habitualmente mas amables, en los argumentos de nuestras zarzuela, y que dota de inusitada madurez a un texto que rezuma lirisimo poético, y en el que se mezcla a la perfección cierto bucolismo, un marcado verismo, en el que temas como la violencia de género, el contrabando de cocaína y la rudeza de la gente de mar se encuentran muy patentes. Los trágicos amores de Leandro y Marola sirven de catalizador de una historia en la que los malos no son tan malos como parecen, y en el que el personaje de Juan de Eguía se perfila psicologicamente con gran entidad y solidez dramática. En "La tabernera" nada es lo que parece, y la relación de Marola con su padre resulta de gran complejidad e interés teatral. Siendo el resultado global del texto, el de un melodrama muy bien tramado, con sus gotas de suspense, y momento de espectacularidad en la escena del naufragio, siempre peligrosamente difícil de poner en pie, viéndose la zarzuela perfectamente rematada en su conmovedor final, de gran impacto escénico, y no pocas dificultades musicales.



Sorozábal compuso una de sus obras mas inspiradas, y de personalísima factura, donde una orquestación tremendamente atmosférica refleja a la perfección lo que acontece en el escenario. Quizás se le puede achacar cierto desequilibrio en el segundo acto en el que las romanzas se encuentran excesivamente seguidas una de otra, siendo el cuadro de la taberna mas parecido a un concierto de los cuatro solistas principales que a una obra escénica. Toda la partitura es bellísima y de evocadora música en la que destacan el Terceto-Habanera del primer acto, el Dúo soprano-tenor de dicho acto, Romanza de bajo del segundo acto, y el celebérrimo "No puede ser" que siempre arranca el aplauso del espectador. La partitura se ve rematada de forma espectacular con la romanza final del barítono, de difícil ejecución y gran impacto dramático, a todo esto hay que añadir el famoso "Eres blanca y hermosa" de inspiración popular y conocido por todos aquellos que somos del norte como es mi caso.
Sorozábal sirvió una partitura de inspiración wagneriana en no pocos pasajes y de fuerte componente dramático, no siendo en líneas generales el de una zarzuela al uso, primando una música seria y de elaborado acabado, gran riqueza melódica y de enorme capacidad descriptiva, como ya se vislumbra en su breve preludio, en el que los ecos del Mar Cantábrico se ven plasmados de forma magistral.
"La tabernera" es una obra muy querida por mi, la he hecho muchas veces, y su ambientación, viniendo como vengo de familia marinera, me resulta muy familiar y emotiva, siendo de esas obras que me tocan la fibra de forma muy directa.





Vayamos con el elenco:
Correctas las pequeñas partes, Didier Otaola como Senén, Carlos Martos como Fulgen, y Abel García como Verdier, cumplen sin problema en su cometido, resultando de gran presencia los dos primeros, y solvente en el su terceto García. Momento un tanto empañado por la dirección musical del espectáculo, poco afortunada como luego explicaré, siendo ello algo de lo que nuestro bajo no tiene ninguna culpa, para ser justos.

Vicky Peña y Pep Molina como Antigua y Chinchorro respectivamente. Ambos se encuentran en perfecto tono corporal, y enfocan su trabajo desde la verdad, alejados de amaneramientos, en una visión de los personajes completamente naturalista y en absoluta consonancia con lo escrito por Romero y Fernández-Shaw. En la parte musical cumplen sin problemas dentro del código actor-cantante en el que se mueven los dos papeles, las dos voces pasan la orquesta de largo, y dotaron de gran entidad a su famoso dúo dicho con mucho sentido, suavemente cómico, y con un poso muy entrañable.

Ángel Ruiz, tenor, como Ripalda:
Ruiz en una concepción arquetípica del personaje, de ecos "chaplinianos" como manda la tradición, lleva a cabo una creación peculiar en lo corporal, contenido, y de una ejecución técnica impoluta, son muy destacables unos mutis realmente inspirados, así como la bella voz, marca de la casa, con la que nos obsequió en el terceto con Marola y Abel.

Ruth González, soprano, como Abel.
Volviendo al concepto clásico, tal y como Sorozábal escribió el papel, Abel lo interpreta una soprano, y resulta un acierto, ya que la dulzura que la voz femenina aporta resulta muy sugestiva, y en los números de conjunto se agradece mucho. González se encuentra muy acertada en la parte actoral, resultando enternecedora no en pocos momentos, y muy creíble como jovencito un tanto pueril, enamorado de Marola, y cargado de sueños ante la vida que le queda por delante. Vocalmente va sobrada en un papel de no excesivas complicaciones musicales para una cantante de las características de González.

Ruben Amoretti, bajo, como Simpson.
Amoretti cantante al que admiro mucho, sabe que tiene un bombocito entre las manos, y con no poco oficio, y unas espléndidas condiciones vocales, se lleva el gato al agua en todos los aspectos. Su romanza fue cantada de forma admirable, con un caudal impresionante, timbradísimo y unos graves de espectacular factura. La voz es muy bella y suena sana, corre mucho y se entiende absolutamente cada nota que canta. En la parte actoral se mueve como pez en el agua, brillando mucho en la escena con Leandro del segundo acto. Amoretti conoce los resortes de Simpson al dedillo, y lleva a cabo un personaje delicioso, entrañable y de noble trasfondo.

Antonio Gandía, tenor, como Leandro.
Gandía resultó el mejor cantante de la noche, y el triunfador de la velada. La línea de canto es insuperable, así como el fraseo de gran capacidad expresiva, a esto se le une una espectacular ejecución de la zona aguda donde la voz suena grande, redonda y sin cambio de color. Gandía sirvió una función de calidad, afrontando el papel de forma valiente, y con una enorme facilidad en todos los momentos, mas allá del celebérrimo "No puede ser" que fue el momento de la noche, braveadísimo y con insistente petición de bis, que nuestro tenor no tuvo a bien ofrecer, pero que estoy seguro que hubiera sido muy agradecido. 

Ángel Ódena, barítono, como Juan de Eguía.
Encontré a Ódena en un delicado momento vocal, en el que se acusa cierto desgaste del instrumento, en exceso oscilante, y problemas de afinación, dando la sensación de encontrarse incómodo en el papel, especialmente en el "Chiviri, chiviri" que para ser justos rompe completamente la vocalidad del personaje, y es un incordio para el intérprete de turno. La voz sigue siendo enorme, bella y de gran capacidad expresiva, aunque algunas frases cantadas de forma poco refinada empañaron el trabajo de Ódena. Actoralmente funciona muy bien en aquellas escenas en las que se vislumbra la verdadera naturaleza de Juan de Eguía y no tanto en las que se muestra como un rudo fanfarrón, aunque se puede afirmar que resulta creíble, y muy tierno por momentos.

Sabina Puértolas, soprano, como Marola.
Tengo la sensación de que a Puértolas le está cambiando la voz, perdiendo frescura, y sonando excesivamente dura en no pocos momentos, algo que no le va nada bien a un personaje como Marola, que precisa de no poca dulzura en muchos pasajes. La tesitura de Marola es complicada, y normalmente la que llega por arriba no llega por abajo y viceversa, y Puértolas para afrontar el papel parece oscurecer la voz de forma artificial, lo que resiente la dicción, y la forma de atacar y resolver el agudo, especialmente durante el dúo del primer acto y la romanza del segundo, que resultó destemplada y  poco inspirada en su final, en el que un agudo cortado de forma poco refinada acabó por estropear uno de los momentos mas populares de la obra. Eché de menos una visión mas meliflua a nivel musical del personaje, y mas apasionada, ya que resulta fría en no pocas intervenciones.




Coro Titular del Teatro de La Zarzuela con Antonio Fauró, sorprendentemente desaprovechado en escena, ya que si bien es cierto no tienen muchas intervenciones, en el principio de la obra pasan muy desapercibidos. Correctos como siempre, en una función en la que el lucimiento de la masa coral es pequeño.

Josep Caballé-Domenech lleva la batuta de OCM, de forma excesivamente caprichosa con los tiempos, en el que algunos números se ven arruinados dado los poco matices que se pudieron extraer de ellos, siendo especialmente desafortunados el terceto-habanera, dúo soprano-tenor del primer acto, y principio del segundo acto. A partir de la romanza de Simpson la función empezó a coger mas vuelo, y se pudo disfrutar mucho mas, pero en general, la visión de Caballé-Domenech peca de poco teatral, carente de emoción, y algunos cantantes se las ven y se las desean para seguirle ante la velocidad de algunos pasajes. Reconozco que salvo algunos momentos puntuales, la visión de nuestro director me dejó completamente frío dada la poquísima chispa que tiene y el poco pulso dramático que imprime a la partitura.





Vayamos con la propuesta escénica.
Mario Gas, se decanta por una visión completamente ortodoxa de "La Tabernera" que funciona en progresión ascendente, resultando gélido el primer acto, no siendo tan acusada la frialdad a partir del segundo. La obra se representa con su texto íntegro, y se agradece infinito, ya que las escabechinas que nos encontramos otras veces y la falta de coherencia dramática aquí no se encuentran por ningún lado, y se disfruta de la solidez del libreto en todo su esplendor. Gas se adentra en una visión verista, con unos personajes muy de carne y hueso, cuyos vínculos se van perfilando de forma ascendente y bien medida. No deja nuestro director mucho lugar para el lirismo en un montaje oscurantista y de aire apagado que va en consonancia con el tono de la función y que tiene momentos de inspirada resolución. El cuadro de la taberna resulta muy acertado y da un poco de calidez dentro de ese gris que parece inundarlo todo. Gas sabe lo que nos quiere contar y cómo nos lo quiere contar, y así se lo transmite al respetable. Resulta ligeramente decepcionante la escena de la tormenta, por poco inspirada, ya que si bien es cierto que con mas presupuesto, y unas maravillosas proyecciones de Alvaro Luna, no vi nada que no haya visto en ninguna otra Tabernera, y tratándose del Teatro de La Zarzuela me esperaba algo un poco diferente. Encontré adecuados los figurines de Franca Squarciapino que definen muy bien el aire sobrio que se le quiere dar a la función. Unas planas y frías luces, de Vinicio Cheli, deslucen, la magnífica escenografía Ezio Frigerio excesivamente difuminada a ratos, y con menos protagonismo del que se merece.
Mario Gas plantea una zarzuela en su vertiente mas pura, sin aditivos de ningún tipo, y sin sorpresas. Va directamente al corazón de la obra de Sorozábal y nos la cuenta sin rodeos, alejada de cualquier impostación, y la verdad es que el espectáculo gusta mucho, saliendo el respetable encantado, aunque a mi me ha dado la sensación que el enrarecido ambiente en el que se ha desarrollado esta función ha resentido el trabajo final, y que uno de los efectos secundarios de ello, ha sido esa frialdad que pulula por Cantabreda desde el comienzo de la zarzuela, y que define a la perfección el desangelado futuro que se le viene encima al Teatro de La Zarzuela. 





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