miércoles, 19 de septiembre de 2018

Fedra, La Frialdad De La Corrección

El montaje de Fedra que se presentó en Mérida con Lolita a la cabeza ha llegado a Madrid, y se queda muy poco tiempo, así que era cuestión de ver el espectáculo lo antes posible ya que en las escasas dos semanas que va a estar en La Latina, era de suponer que no será muy fácil conseguir entradas, así que me acerqué a verla el primer fin de semana después de su estreno. Este mes de septiembre se me presenta frenético en cuanto a teatro se refiere, y estoy en una tesitura que me cuesta sacar hueco para ver algo, así que intento optimizar al máximo el tiempo, y distribuir las funciones de la mejor forma posible, para luego poder llevar el blog al día, ya que de estar casi mes y medio me parón, he pasado a publicar una crónica diaria. Después de toda esta explicación que supongo que no os interese mucho, voy a deciros el porqué de mi interés ante  Fedra. Me gusta Lolita, no lo puedo remediar, me parece una maravillosa actriz, que ha sido injustamente tratada por la profesión, y que disfruta por suerte de un momento profesional dulce, y muy merecido. Así que no podía dejar pasar la ocasión de verla en uno de los mejores personajes femeninos que se ha concebido nunca, y que en manos de Lolita podría convertirse en el volcán a punto de explotar que nos dicen las promos de la obra. La realidad es que explotar lo que se dice explotar no explota, y aunque la función se puede considerar irregular, reconozco que disfruté, ya que cómo todos sabemos, el ser humano es contradictorio por naturaleza. 


El mito de Fedra ha sido ampliamente versionado, desde  Eurípides hasta la actual versión de Paco Bezerra, no pocos autores se han atrevido con ella, incluso teniendo nuestro cine un título emblemático con Emma Penella como Fedra que en su momento hizo correr ríos de tinta. Fedra, la voluptuosa Fedra, que tan caro paga su sensualidad dependiendo de las versiones y que tantos esquemas rompe por hacer lo que le da la real gana, tiene cierto poder de fascinación dentro de su nada velado erotismo, su retorcida psicología, y la forma en la que sus actos arrastran al precipicio a todos aquellos que la rodean. Quizás estos sean los componentes de su historia que mas nos atraigan, y aquellos que hacen tan carismática y atractiva a la figura de Fedra. Una de mis trágicas favorita, y cuya personalidad me resulta muy sugestiva.




La versión de Paco Bezerra presenta a una mujer independiente, presa de un amor fou, equivocada en sus apreciaciones sobre Hipólito, y que no actúa por despecho, sino por otras motivaciones que quedan bastante claras en la función, pero que sinceramente pienso que desvirtúan un poco la esencia del personaje, y le restan chicha dramática. Bezerra parece necesitar justificar continuamente al personaje, o hacerla buena encajándola dentro del discurso feminista, muy loable sin duda, pero que creo que en este caso no acaba de casar con el mito. La visión de Fedra que se da en el texto quita cierta coherencia al personaje, y nos cuesta un tanto entender su recorrido, esa es la verdad, llegando un punto en el que no nos hacemos preguntas sobre lo que vemos y nos dejamos arrastrar por un texto que navega mas hacia el melodrama que hacia la tragedia. Bezerra utiliza un bello lenguaje para contarnos la historia, de gran lirismo en algunos momentos, y si es cierto que la mayoría de los personajes se encuentran muy bien perfilados, y condensa en hora y media la historia de forma adecuada, sabiendo elevar la tensión dramática en cada acto de forma que el clímax coincida con el final del mismo para desacelerarnos de nuevo al principio del siguiente. Resultando el texto una suerte de carrusel emocional en el que subimos y bajamos según se va desarrollando la historia. 


Vayamos con el elenco.
Tina Sáinz, como Enone.
Decir a estas alturas que Sáinz es una gran actriz no tiene mucho sentido, ya que su trayectoria habla por si sola, pero es necesario reconocer su trabajo, redondísimo en este caso. Tina Sáinz conoce todos los resortes de la profesión, y así se refleja en su interpretación, de la que se desprende sobre todo que sabe muy bien lo que está haciendo. Sobria, contenida con el gesto, y con una capacidad en la escucha muy notable, casi resulta mejor con lo que no dice que con lo que dice ya que durante toda la función están pasando cosas por dentro de nuestra actriz enriqueciendo el personaje hasta lo indecible. Resulta delicioso verla en escena, es muy gratificante ver las aristas del personaje tan bien definidas y tan bien explicadas, y es muy esclarecedor ver cómo una actriz de su veteranía es capaz de transmitir un trabajo tan fresco y sin atisbo de apolillamiento. 

Eneko Sagardoy, como Acamante. 
Encontré a Sagardoy cómo el mas flojo del reparto. Cierto es que el papel es ingrato, pero su visión de hijo de Fedra, se queda un tanto pueril y plana, en una interpretación planteada mas hacia afuera que hacia adentro, y en la que me faltaron algunas dosis de verdad. No tiene un recorrido fácil Acamante, y en algunos momentos los diferentes estados emocionales por los que pasa, no son del todo felizmente asimilados por nuestro actor. Acamante es joven, cierto, pero no me parece que una visión excesivamente infantilizada del personaje ayude a que nos lo creamos. El hijo de Fedra se comporta y razona cómo un adulto pero luego en los berrinches parece un adolescente, esa dicotomía podría comprarla, es cierto, pero si se explicara de forma mas clara. 

Críspulo Cabezas, como Hipólito.
De lo mejorcito de la velada, sensible, impicadísimo, con un preciso (y precioso) trabajo con el texto y muy expresivo a todos los niveles. El Hipólito de Cabezas, pasa por todo aquello que el personaje representa, y curiosamente el aspecto físico mas bien rudo de nuestro actor funciona muy bien con el lírico aire que destila. Sus monólogos son magníficos, por bien resueltos, descriptivos y en los que todo se entiende perfectamente, así como sus escenas con Teseo (Juan Fernández) en las que un vínculo definidísimo es la tónica. Nos encontramos ante un trabajo concienzudo, inteligente y de magnífico acabado en el que nada sobra ni falta. 

Juan Fernández, como Teseo.
Muy templado y con marcado carácter, Fernández dota de gran entidad al rey de Atenas casado con Fedra, no quedando en una mera comparsa de la protagonista de la función. La encrucijada emocional del personaje es peliaguda y el luchar contra los sentimientos paternos para anteponer los del monarca se encuentra muy patente y plasmado de forma diáfana por nuestro actor, siendo el resultado de gran intensidad en sus intervenciones, y de un impacto dramático considerable.

Lolita, como Fedra.
Muy contenida, excesivamente contenida, y creo que no muy bien dirigida. Todo se mueve en una línea monocorde que busca la culminación en los finales de acto donde si se vislumbra lo que Fedra puede ser y puede dar de si. Lolita dice su texto maravillosamente bien, se la ve bellísima en escena, elegante, todo lo que se le puede pedir a una reina, pero cuando hablamos de un recorrido dramático y de justificar los comportamientos del personaje pinchamos en hueso. Me faltó implicación, y un poco de riesgo, ya que Lolita deja entrever pero no muestra, y eso en el caso de Fedra no define al personaje. Tengo la sensación de que la han atado en corto, ya que en otros trabajos no la encontré tan distante, y sobre todo creo que está tan preocupada en que  entendamos sus complicadísimos parlamentos, que la dicción tan perfecta, y la pulcritud que inunda el texto se anteponen a la interpretación. Vemos a Lolita y disfrutamos, cierto, pero vemos mas a Lolita que a Fedra, esa es la realidad. 


Luis Luque a la dirección, sirve una Fedra elegante visualmente, pero excesivamente estática, especialmente en la primera parte del espectáculo, cargando las tintas en exceso en el texto y obviando las acciones escénicas en no pocos momentos. Alguna veces parece que se ha suavizado mucho lo que Fedra es, y se ha convertido el mito en una función alejada del riesgo y excesivamente cercana al teatro para señoras que todos conocemos. Todo está muy bien dicho, ojito que de ahí a la declamación hay un paso, todo está cuidado, pero también es cierto que igual que vemos esta Fedra la olvidamos. No hablaría de trabajo rutinario, sino mas bien de poco original aunque realizado con mimo, intuyo que por aquello del taquillaje, algo muy lícito por otra parte, y salí con la sensación de que esta Fedra ofrece menos de lo que parece. Me lo pasé muy bien, pero no me llegó, y eso en esta tremebunda historia es imperdonable. Una tragedia griega debe revolvernos por dentro y dejarnos impresionados, y la verdad es que en este caso pasé una agradable velada de teatro, agradabilísima diría yo, pero excesivamente ligera cuando de este repertorio hablamos en el que la corrección académica está muy bien, pero la tripa es mas importante.



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martes, 18 de septiembre de 2018

Proyecto Edipo, El Mito Vestido De Luces.


La semana pasada fue trágica, si, trágica, no por motivos personales por suerte, sino porque dos tragedias fueron las que vi. Una la versión de Edipo que ésta crítica ocupa, y la otra Fedra, que tendrá su reseña lo mas pronto posible. 
Ya lo he dicho muchas veces, me gusta mucho el teatro griego, y la tragedia cuando se hace bien, sigue manteniendo su poder catártico, y sobre todo nos sigue llevando a la reflexión sobre cuestiones de gran calado que ya preocuparon al ser humano hace mas de veinte siglos, y que nos siguen preocupando en la actualidad.
Los griegos no se andaban con chiquitas, llevaban todo al extremo y en la tragedia, la truculencia y los mas espeluznantes sucesos acontecen en escena de forma directa y brutal. Mi interés por los clásicos viene precisamente por eso, ya que la esencia del ser humano en su forma mas primigenea y sus motivaciones mas primarias se encuentran reflejadas a cara de perro en unos textos que siguen impresionando con la misma fuerza que lo hicieron en el momento que se escribieron.
Tuve la ocasión de asistir al estreno de "Proyecto Edipo" en el Fernán Gómez y no me lo pensé dos veces, máxime cuando toda la información sobre la función que encontré antes de su estreno, prometía emociones fuertes, algo que sin duda "Proyecto Edipo" ofrece y con creces. 




La primera tragedia griega que leí fue Edipo Rey, no solo fue la primera, sino la que mas me impresionó, no se cuanto tuvo que ver mi estreno con los mitos griegos en ello. La cuestión es que varias cosas me alucinaron del mas complejo (psicológicamente hablando) personaje que los griegos pusieron sobre las tablas. La primera, la modernidad del texto, que me dejó mas que claro que poco se ha inventado en cuanto a estructura en el teatro desde los tiempos de Sófocles, y la segunda, sin lugar a dudas la tremenda tragedia que se cierne sobre Edipo y Yocasta, desgraciados héroes de esta historia mas grande que la propia vida, plagada de monstruosidades y que tan bien refleja la naturaleza humana en su vertiente mas primigenia. Los mayores tabúes del ser humano, sus mayores miedos, la confirmación de los errores y finalmente la asunción de los mismos de la forma mas salvaje posible, para que de una forma bastante traumática nos adentremos en el verdadero yo de cada uno, se pueden ver en esta tremenda historia. Entendemos a Edipo, entendemos sus motivaciones, y comprendemos que a pesar de acostarse con su madre sin saber la verdadera identidad de esta, cuando lo descubre, no es capaz de soportarlo, y decide en un acto menos piadoso que el suicidio arrancarse los ojos y cargar con su pecado toda la vida.



La versión libre de la obra de Sófocles firmada por el propio Olivares, funciona en dos planos diferentes pero entrelazados entre si, por un lado un futuro distópico con una España en la que los toros están prohibidos y en el que se nos cuenta una historia que recuerda vagamente a "Equus" de Peter Shaffer, no exenta de suspense y en la que los paralelismos con el Edipo original son mas que notorios. Por otro lado nos encontramos con la obra original que se ve introducida de forma muy inspirada dentro de la anterior historia y que resulta muy esclarecedora sobre cuanto bebe una de la otra y sobre lo que nos quiere contar Olivares.
El texto de Olivares nos descoloca al principio, incluso nos chirría, pero a medida que va avanzando nos va atrapando para que finalmente nos deje pegados al asiento para ver cómo termina el asunto, y lo mas importante, cómo se entrecruzan las dos historias.
La visión de Olivares de Edipo no puede pasar por otra vertiente que la psicológica, y en la parte futurista de la función que la mayoría de las escenas transcurran en un psiquiátrico no es en absoluto gratuito. Del mismo modo la alusión al toreo como expresión artística primaria, resulta muy adecuada para enlazar con lo que la tragedia griega simboliza y buscando un nexo de unión entre Grecia y España con el mito de Minotauro por medio, algo mas que justificado y acertado como premisa de la obra. 
Olivares presenta una versión de Edipo salvaje, en la que se busca epatar al espectador tal y como lo buscaban los griegos, de forma dura y directa y sin asomo de mojigatería, y que cómo ejercicio catártico funciona sin el mas mínimo problema, partiendo de la base que el espectador del S.XXI no es el mismo que el de hace mas de dos mil años, según para que cosas. 



Ocho actores en un trabajo netamente coral sustentan la función, en un trabajo muy medido, durísimo fisicamente, y muy meticuloso en su acabado.
Dentro del elenco y de los múltiples papeles que se representan en la función son destacables el Edipo de Asier Iturriaga, con momentos de gran altura en lo dramático, y una composición interior del personaje mas que interesante. Del mismo modo Carol Verano (remedo de Yocasta en la versión futurista) resulta muy interesante en su trabajo a nivel corporal y en los recursos de la voz, ya que gracias a ello nos creemos el arquetipo a nivel físico que lleva a cabo, no quedándose solo en eso, ya que el trabajo con el texto también resulta tremendamente satisfactorio. Alba Loureiro como Yocasta adecuadísima, especialmente en la parte de la obra original, ya que en la fábula distópica empezó mas bien destemplada en su primera intervención. El trabajo de Loureiro va en progresión emocional e interpretativa finalizando el espectáculo de manera mas que satisfactoria y no exenta de la interiorización del drama que el personaje requiere. Javier Martín como Doctor Márquez da un contrapunto ácido y ligeramente cómico que viene muy bien dentro del espectáculo, y ofrece un trabajo sólido con gran oficio cómo viene siendo habitual en él. Guillermo Sanjuán cómo Criseida no acaba de encontrarse cómodo en un difícil papel, cuya almodovariana identidad no se ve plasmada en su vertiente mas interior, sino que haciendo uso de unos recursos físicos, en mi entender equivocados, y de una superficial visión del texto, no consigue llegarnos de la forma que se vislumbra en el texto, simplemente no me lo creí, y lo encontré mas preocupado por encajar los chistes que en explorar el personaje. Por último David DeGea cómo Jacinto, suerte de Edipo matador de toros, cuyo trabajo impacta por su valentía (algo extensible a todo el elenco, ojo) y por la cantidad de matices con los que dota su dificilísimo personaje. DeGea juega con el texto, juega con sus compañeros en escena, se arriesga y gana, mostrándose dúctil y entregado en todo momento. A esto debo añadir la impresionante presencia física de nuestro actor, que calca la pose típica de los toreros, y no sólo eso, sino que consigue engrandecer algunas escenas dada la expresividad de su cuerpo. Trabajo mayúsculo el de DeGea y que merece ser reconocido. 






Gabriel Olivares se encuentra al timón del espectáculo donde dos premisas son fundamentales. Primero  la estética de la función, impactante y muy conseguida, y segundo, el trabajo netamente conjunto de todo el elenco, basándose en una propuesta física muy dura, dinámica y en la que los actores son practicamente parte de la escenografía como es la tónica en el estilo de Olivares. Nuestro director lleva a sus actores al límite en no pocos momentos, pero sabe recogerlos hacia la intimidad cuando resulta necesario, siendo el resultado de la función equilibrado y bastante fluido en su acabado.
"Proyecto Edipo"  es un espectáculo duro, de violenta factura a ratos, rozando la performance por momentos y de extremado planteamiento visual y actoral, pero eso si, todo lo que vemos en escena, y que ya aviso que no es precisamente un paseo en el campo un día de primavera, está justificado. Nada es gratuito o pasa por el escándalo innecesario, no, se trata de un trabajo bien pensado, claro en su exposición, y que resulta muy importante dentro de la propuesta de la dirección de la que se podrá decir ante todo que de complaciente no tiene nada.

Los dos espacios temporales en los que se mueve la obra están claramente diferenciados, aunque por motivos obvios donde mas brilla el gran trabajo escenográfico de Felype de Lima es en el ámbito futurista, en el que la magia surge en no pocos momentos, y todo se encuentra resuelto con gran imaginativa e interés teatral. Nos encontramos ante un espacio incómodo, y de fría estética que casa perfectamente con el duro tono del espectáculo que Gabriel Olivares ha buscado. Esta frialdad que planteo no está reñida con una innegable belleza estética en no pocos momentos, y un poderoso tratamiento visual perfectamente apoyado en las luces de Carlos Alzueta que dotan de gran empaque a la escena.
No debo terminar la crítica sin resaltar el admirable uso que se hace de un escenario tan complicado cómo es el Fernán Gómez, y un consejo... la microfonación de los actores en este caso estaría mas que justificada, dado que las voces se van al peine, de forma inclemente, obligándolos a realizar un esfuerzo ímprobo para que se les escuche, especialmente en un texto de la agresividad de éste.



En resumen "Proyecto Edipo" es una sorprendente revisión del mito, impactante en algunos momentos, y de enorme valentía en su acabado formal, ofreciendo una velada de teatro sólido, de fuerte espíritu vanguardista, y que ante todo busca revolver al espectador y hacerle reflexionar sobre lo que ha visto. 






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lunes, 17 de septiembre de 2018

La Ternura, Gozosa Revisión Del Teatro Isabelino.

"La ternura" fue uno de los grandes éxitos de la pasada temporada, y me resultó completamente imposible conseguir entradas para verla, me quedé con las ganas, y daba por perdida la función. Felizmente han vuelto ésta vez en el Infanta Isabel, y en cuanto estrenaron me saqué las entradas para que no me ocurriera lo mismo que en La Abadía. El arranque de la temporada, que se vaticina intensa, no puede ser mejor, y lo que queda de mes tengo al menos cuatro espectáculos pendientes, así que aplicándome aquello de "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" me acerqué el pasado domingo a la Calle Barquillo dispuesto sobre todo a reírme y a pasar un par de horas lejos de la rutina. No pedía nada mas, y así fue. La Ternura da exactamente todo aquello que ofrece, y lo hace con unos niveles de calidad mas que notables. Propuesta mas que recomendable para pasar una tarde agradable y disfrutar de teatro realizado con gran tino y mucho amor, ya que si hay algo que destila este montaje es eso, amor al teatro, amor a la vida, y amor al buen rollo.





"La ternura" con texto y dirección de Alfredo Sanzol, es un comedión de los que ya no se escriben, de solidisima estructura y que funciona a las mil maravillas cómo remedo de la comedia isabelina, especialmente en lo que a Shakespeare se refiere. Varios títulos de "El Bardo" se encuentran de forma mas o menos velada dentro de la función, por no hablar de los títulos de las obras que se introducen en el texto de forma ingeniosa, y gratificante para el espectador más avezado.
El texto de indudable belleza nos propone un maravilloso engaño, una comedia que parece escrita en el S.XVII, pero que se ha elaborado en el XXI. El trampantojo funciona sin ninguna duda, tanto por el lenguaje empleado por Sanzol, como por la maravillosa estructura de la obra y de sus personajes, siendo la ilusión perfecta a este nivel y redonda desde todo ángulo. No nos engañemos, "La ternura" es una comedia ligera, sencilla en su mensaje y gozosa en su comicidad, desopilante a ratos, siempre bella de principio a fin, con unos personajes cargados de carisma, de conflictos universales y de lírico tratamiento en su acabado formal. La historia se encuentra dentro de lo que se podría denominar comedia amorosa, con la eterna lucha de sexos cómo telón de fondo, con un entramado realmente bien presentado por Sanzol que culmina en unos veinte minutos de absoluto despiporre que no tienen desperdicio y que rematan el texto de forma admirable, pudiendo considerarse el trabajo de Sanzol con el texto muy inspirado, y delicioso dentro de su mágica ingenuidad.



La obra se sustenta con seis actores que sin duda se encuentran en estado de gracia, y que son arte y parte dentro del éxito de ésta "Ternura".
Nos encontramos ante un trabajo netamente coral en el que la solidez es la tónica, y dónde todos los resortes funcionan de la mejor forma posible.

Eva Trancón y Natalia Hernández, como La Princesa Rubí y La Princesa Salmón respectivamente.
Hermanas en la ficción y de muy diferente psicología son la pareja perfecta. Sensible y explosiva Trancón, lacónica y aparentemente impasible Hernández, igual de cómicas en sus composiciones, y tremendamente implicadas ambas, especialmente Trancón ya que dado el temperamento mas extremado de su personaje sabe lucirse mucho en sus escenas mas emotivas. Hernández en un código menos exterior e igual de efectivo, resulta enigmática y deliciosa por momentos, y con unas cuantas frases lapidarias antológicas.

Paco Déniz y Javier Lara, como Leñador Verdemar y Leñador Azul respectivamente.
Igual de diferenciados entre si en sus psicologías que sus compañeras, nuestros actores llevan a cabo un trabajo de indudable altura, y no pocas dificultades. Sus dos papeles se me antojaron muy difíciles, a todos los niveles, con momentos superlativos en el caso de Déniz en la última parte de la función debido a un juego escénico que no desvelaré pero que a nivel técnico resulta arduo, y asombra al mas pintado. Lara me pareció que encarna la esencia de la obra en toda su extensión, y realmente me fascinó en su composición, cuya ternura, perdón por la redundancia, es pilar de la historia y del mensaje de la función. La inocencia que emana detrás de esa mirada de cordero degollado no hace mas que indicarnos el gran trabajo que Lara ofrece y el mágico efecto que se puede conseguir con una interpretación teatral.

Elena González y Juan Antonio Lumbreras, como La Reina Esmeralda y el Leñador Marrón.
Con unas dosis de sabiduría escénica mas que notable, nuestros actores llevan a cabo dos personajes sentadísimos y de sólido acabado. De González hay que destacar una presencia escénica brutal, que apoya a la perfección todo aquello que se le supone a una reina, luciendo poderío y hechuras de primerísima actriz de carácter sin dejar atrás lo cómico, que en "La ternura" es básico. Lumbreras sorprende en su composición, cuya corporalidad además de peculiar me pareció adecuadísima en la definición del personaje. Un tanto redicho, no para mal, es que el Leñador Marrón es así, y con un tratamiento del texto impecable, Lumbreras crea un señor entrañable y muy reconocible dentro de un arquetipo que todos nos hemos encontrado alguna vez en nuestra vida real. Encontré el trabajo de nuestro actor cargado de empaque teatral y un personalísimo sentido del humor de indudables resultados.



Alfredo Sanzol dirige el espectáculo, siendo un acierto en su totalidad. Partimos de la premisa netamente isabelina del escenario desnudo y poco mas. A partir de ahí la magia surge, y no sólo por las artimañas nigromantes de La Reina Esmeralda, sino por lo que Sanzol consigue mediante el inteligente uso del espacio escénico, consistente en dos telones y unas estupendas luces de Pedro Yagüe. Gracias al trabajo de los actores y a las acciones escénicas vemos la isla, vemos las plantas, y hasta el sendero por el que caminan hacia la cima del volcán, porque amiguitos, realmente el resultado es tan absorbente que a poco que pongamos cómo espectadores, a los cinco minutos de empezar la función, ya estamos dentro de ella.
Sanzol sirve un espectáculo ágil, bien movido, y de ascendente comicidad en la que todo se encuentra perfectamente medido, facílismo de ver, y facílisimo de asimilar, donde lo que Sanzol quiere contar queda mgnificamente expuesto, y lo que es mas importante en ésta función, cómo nos lo quiere contar.
El tratamiento del texto en lineas generales es ejemplar, tanto en el ritmo como en las intenciones, que se ven perfectamente apoyadas con lo que transcurre en escena. Sanzol ofrece un espectáculo de calidad, divertido y de mas que justificado éxito.
En resumen, "La ternura" es una comedia disfrutable y disfrutona, en la que sus actores se lo pasan pipa, el público ríe a carcajadas, y con una sensibilidad muy marcada en su planteamiento. Y lo que es mas importante, en la que todos en mayor o menor medida nos podemos ver identificados en algún momento.





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viernes, 7 de septiembre de 2018

El Curioso Incidente Del Perro A Medianoche, La Sublimación De La Inocencia.

Arranca la temporada teatral 2018-2019, una de las mas atractivas de los últimos años, en la que todos los géneros se van a ver ampliamente representados, y en la que la variedad es la tónica. Después del descanso estival, retomo el blog, con uno de los títulos mas esperados, y que ya estaba tardando mucho en llegar a nuestras carteleras. "El curioso incidente del perro a medianoche" me lleva persiguiendo por medio mundo desde que se estrenó, y cada vez que iba a una gran ciudad fuera de nuestro país me tropezaba con ella. No me animo a ver teatro de texto en inglés, con los musicales es diferente, pero el texto puro y duro se me hace un pelín cuesta arriba, así que sólo me quedaba esperar a que uno de los bombazos teatrales de los últimos tiempos llegará a Madrid, empresa difícil, ya que la obra, conlleva una serie de riesgos que a nivel privado son difíciles de asumir, y que realmente me hacían pensar que pasaría mucho tiempo hasta que se viera por aquí.
Reconozco que me llevé una sorpresa mayúscula cuando empezó el rumor sobre el posible estreno, y una vez que fue oficial, ya sabía que la asistencia al espectáculo era obligada. Ayer asistí al segundo pase con público, y reconozco que salí completamente fascinado por el resultado, entendiendo ahora el éxito internacional de la función. El espectáculo que se está representando en el Marquina en estos momentos, pasará a la historia de nuestro teatro, y sin ninguna duda es un caso singular dentro de la iniciativa privada de este país, de muy loable propósito y mas que estimables resultados como luego explicaré. "El curioso incidente" hay que vivirlo, no queda otra. Reconozco que salí asombrado de la función de ayer, ya que supera toda expectativa.



"El curioso incidente del perro a medianoche" está basada en el best seller de Mark Haddon cuya adaptación corrió a cargó de Simon Stephens, siendo su estreno en Londres y Broadway un rotundo éxito que se vio premiado con siete premios Oliver y cinco Tony.
La historia que nos cuenta es la de una adolescente con síndrome de Asperger, que después del asesinato del perro de su vecina, se propone averiguar quien perpetró el crimen. La investigación es la excusa para plasmar un viaje iniciático hacia la edad adulta de nuestro protagonista, explicarnos en que consisten los trastornos de índole autista, y sobre todo narrarnos una historia profundamente humana, tierna y conmovedora a partes iguales. El texto es de un sensibilidad extrema, y la verdad es que resulta de un interés teatral elevadísimo, así como con una exigencia a nivel actoral enorme, especialmente en su cuarteto principal, por no hablar de un rol protagonista que podemos considerar cómo "mas grande que la vida" que se decía antaño. "El curioso incidente" es teatro de primera división, con una estructura dramática férrea, y que impacta al espectador en su enormidad y por sus dificultades a todos los niveles, pudiendo considerarse un clásico instantáneo y de mensaje universal.



La función consta de diez actores y actrices, de los cuales cuatro son protagonistas, y el resto del elenco lleva a escena diferentes pequeños papeles. Dentro de las pequeñas partes nos encontramos a Eva Egido, Alberto Frías, Eugenio Villota, Boré Buika, Anabel Maurín y Carmen Mayordomo, con roles de mayor o menor extensión, pero muy presentes durante todo el espectáculo dado las características del mismo. Todos se encuentran acertados en sus creaciones, y demuestran gran ductilidad a la hora de afrontar los distintos arquetipos, con los que nuestro protagonista se tropieza a lo largo de su aventura. A ello hay que añadir el estupendo trabajo coreográfico que llevan a cabo que encuentro imprescindible dentro de la propuesta estética de la función. El elenco del espectáculo lleva a cabo un trabajo exuquisito, milimétrico en su precisión, de pulcro resultado y con inspiradísimos momentos en lo actoral.

Mabel del Pozo, como Judy.
Dotada de una gran presencia escénica, Del Pozo transmite mucho en sus intervenciones, impresionando su implicación emocional en algunas escenas, especialmente en aquella con la que finaliza la primera parte de la función, y resulta de gran ternura cuando se dirige a su hijo. Nuestra actriz dota a su personaje de todo aquello necesario para creernos a una mujer un tanto sobrepasada por el hijo que le ha tocado en suerte, de carácter explosivo, y enorme sensibilidad en su interior. Muy contenida durante toda la función y alejada de cualquier afectación ofrece una interpretación fresca, cercana y sobre todo muy creíble y de alto voltaje interpretativo de principio a fin.

Laura Grube, como Siobhan.
Magnífica y de gran solidez, en el papel de la profesora de Christopher que mejor lo entiende, y con el que tiene una especial relación. La química entre Grube y Álex Villazán (Christopher) es magnífica, y el vínculo entre los dos se encuentra tan bien definido, que sus escenas juntos resultan deliciosas. Siobhan es un personaje de bastantes dificultades, muy explicativo, y con cierto tono didáctico que si no está llevado a buen puerto podría hacerse pesado. Nuestra actriz hace magia con su papel, y consigue que nos quedemos con ella desde que empieza la función, y no solo eso, sino que nos apetece llevárnosla a casa. Pura sensibilidad y delicadísima en el trato con su alumno, Grube lleva a cabo una creación adorable, sentadísima, y en la que se entiende absolutamente todo lo que nos han querido contar con el personaje.

Marcial Álvarez, como Ed.
Álvarez, si bien es cierto está correcto, se encuentra en un código menos interiorizado que el de sus compañeros, abusando en exceso de la voz como recurso, quedando un poco superficial en algunos momentos. Tengo la sensación que todavía no ha pulido su interpretación del todo, no olvidemos que vi el segundo pase previo, por tanto creo que con el tiempo este asunto cambiará, dado que tengo intención de ver la función mas adelante lo podré comprobar. Tiene un desarrollo muy interesante en su personaje, y algunas escenas son muy potentes, de gran intensidad e incluso violencia, dejándome helado en un momento en particular, que no revelaré, pero que realmente nos revuelve por dentro. De poderosa presencia, y ese estilo bronco que le caracteriza, a nivel físico resulta adecuadísimo para un papel de complicadísima psicología, y que pasa por múltiples estados de ánimo a lo largo de la función.



Álex Villazán, como Christopher.
Villazán me pareció asombroso, en una creación en la que se huye de la caricatura o la imitación, todo sale desde dentro y desde la verdad, concentradísimo y con un mundo interior muy rico. Ver a Villazán es ver a Christopher en su enormidad, dulce, gracioso, de una sensibilidad agudizadísima, soñador y con todos los síntomas propios del Asperger. Nuestro actor de carismática presencia, e impoluto tono corporal, consigue un trabajo completamente memorable, y lleva a cabo una de las mejores interpretaciones que he visto en mucho tiempo, en la que todo funciona de principio a fin, y que sin duda se trata de un auténtico tour de force para cualquier actor que se precie de serlo. Se parte de una premisa física muy bien definida, y perfectamente integrada al personaje y a su psicología, donde todo fluye con gran organicidad y se acopla perfectamente a un texto que sale de forma natural, llevándose lo que planteo al extremo durante el segundo acto de la función, todo un festival de lo que conlleva el ser actor hasta sus últimas consecuencias. Villazán afronta un durísimo papel a todos los niveles de la única forma posible, la valentía, y sobre todo la honestidad, siendo el resultado un trabajo sin fisuras e impactante, especialmente teniendo en cuenta la juventud de nuestro actor, que no es obstáculo ninguno para que todo lo que Christopher es se vea reflejado en su trabajo.



La dirección del espectáculo corre a cargo de José Luis Arellano, siendo el resultado de relumbrón y acertadísimo desde todo ángulo. Arellano sirve una función de impecable factura, y elevadísimo nivel, de la que varias cosas son a destacar. La primera la ausencia de afectación en todas las interpretaciones, todo lo que vemos es real, cercano y tremendamente creíble. Los actores se encuentran dirigidos en un código netamente naturalista, algo que combina a la perfección con el lírico tono visual del espectáculo, con momentos de una belleza arrebatadora y de impactante y espectacular resolución. Arellano ofrece una experiencia sensorial que va mas allá de lo netamente teatral, ya que el espectador se ve inmerso en una serie de emociones de muy diversa índole, llegando la catarsis en no pocos momentos, viéndose un tanto abrumado ante la calidad de lo que se ofrece. Arellano nos cuenta la función de forma impecable, cristalina en su planteamiento, y con un equilibrio pasmoso entre lo tierno, lo cómico, y el mas desgarrador drama, sin caer en ningún momento en lo melifluo o en el tremendismo, simplemente nos mece al son de un texto mayúsculo, navega por él sin el mas mínimo problema y nos lleva en cada escena exactamente al punto que quiere y al que pide la función. Todo lo que ocurre en escena transcurre de forma natural y perfectamente justificada, con gran fluidez, enorme empaque tanto en lo visual como en lo actoral, y unas transiciones entre escena y escena maravillosamente resueltas. La propuesta de José Luis Arellano no pasa por lo superficial o lo efectista, sino por el apuntarnos directamente al corazón y dejarnos desarmados ante tanta belleza e inocencia, a veces truncada, pero que siempre acaba triunfando. Montaje de enorme carga poética, e inolvidable acabado, que estoy convencido que no dejará indiferente a nadie. Debo hacer varias menciones especiales, la primera a la brillante escenografía de Gerardo Vera, auténtico prodigio escénico que es arte y parte en la magia teatral tan marcada que todo el espectáculo destila. También se deben mencionar las, como siempre, magníficas luces de Juanjo Llorens, el maravilloso trabajo con las justificadísimas proyecciones de Alvaro Luna, y el espléndido movimiento coreográfico de Andoni Larrabeiti.
La unión de todos estos artistas, y un elenco acertadísimo, hacen que "El curioso incidente del perro a medianoche" se pueda considerar un acontecimiento teatral en nuestro país, y un caso singular dentro de nuestra escena, especialmente a nivel privado. Nos encontramos ante una función que posiblemente tenga un antes y un después en nuestros escenarios y un camino a seguir por parte de nuestra industria teatral, ya que sin duda ésta es la senda acertada. 
Además de todo lo que planteo, es remarcable la sensación de estar disfrutando de Teatro, con mayúsculas, de gran capacidad catártica, que nos lleva a reflexionar sobre muchas cosas que realmente son importantes, y que consigue que nos sintamos mejores personas cuando salimos de la función. "El curioso incidente" aglutina todo aquello por lo que tanto amo el arte de Talía, en toda su extensión, enorme en su esencia, y que sin ninguna duda, nos hace avanzar un poquito más como personas.




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jueves, 19 de julio de 2018

Alberto Trijueque Pegalajar Nos Presenta Su Nuevo Proyecto



Alberto Trijueque Pegalajar (Madrid 1993) es uno de nuestros directores de escena mas jóvenes y con las ideas mas claras que conozco. Su interés por nuestra zarzuela me llamó la atención, y me animó a asistir a una representación de "Adios a La Bohemia" en la RESAD, de impecable factura e interesante lectura. Su compromiso con la lírica es mas que manifiesto, y por eso en cuanto me enteré de su nuevo proyecto me interesé inmediatamente por el. Nuestro director estrena el próximo día 24 en Nave 73 "Quijano", pieza como no podía ser de otra manera, vinculada al mundo de la música.
En esta entrevista Alberto Trijueque, nos habla de "Quijano" de sus motivaciones y anhelos como director de escena, de música y de teatro. Estoy seguro de que Alberto tiene mucho que contar en nuestros escenarios, y también que nosotros tendremos mucho que contar de él, si no me creéis... id a ver "Quijano" estoy seguro que me entenderéis a la perfección. 



DP-¿Qué tiene la lírica para que te llame tanto la atención como director de escena?

AT-Mi pensamiento lógico y mi trabajo como director de escena se nutre de imágenes. Pensando en la propia escenificación de una obra lírica, paradójicamente la música crea silencio, un silencio que es materia, un silencio que es carne.
Cuando abres una brecha en el silencio y te asomas por la cisura, habitas en un mundo transparente lleno de imágenes, te encuentras en los armónicos que resuenan entre las notas musicales.
Es lo que no oigo, ni veo a simple vista; es el hecho de tener que asomarme por el balcón del silencio a ese mundo suspendido en el tiempo, una epifanía individual, lo que me atrapa de la lírica.


DP-Eres un gran aficionado a la zarzuela, ¿Qué ofrece como género, y que crees que puedes aportar al mismo?

 AT-Las zarzuelas como se representan hoy en día en su mayoría, no deben de ser nuestras casas. Las nuevas generaciones que no hemos crecido con nuestros abuelos escuchando Zarzuelas, debemos librarnos de los estereotipos, ver en la Zarzuela su fuerza primigenia y radical.
Yo admiro a muchos artistas actuales, me han parecido excelentes los trabajos de Paco Azorín y Miguel del Arco en el teatro de la Zarzuela, que para mí han sido dos referentes, y la última producción “24 horas mintiendo” ha sido una revista fenomenal, para mí son luces en un mundo hipertrofiado y lleno de espectros como es el del género lírico español.
Como artistas debemos de ser muy cuidadosos con el hábito que nos vestimos, pues hoy son tiempos de quemar los testigos más que de cogerlos. 

Se deben abrir centros contemporáneos de Zarzuela, las instituciones por mucho que se empeñen no logran seguir la velocidad de la cultura contemporánea. La Zarzuela debe ser extirpada de sus lugares convencionales. En mi compañía, llamada OFF Lírico, no tenemos la panacea de la supervivencia de la Zarzuela ni del teatro lírico en general, pero simplemente nuestra mirada ajena y limpia hacia el género, es política y simboliza cambio.



 DP-Has dirigido también ópera, ¿cual sería la diferencia mas importante con respecto a la zarzuela a la hora de dirigirla?

AT-Pienso en Zarzuela y Ópera como géneros catalogados como tal, de una manera arbitraria, en su sentido más administrativo.
Encuentro mil y una diferencias y ninguna resalta más que la otra y una gran similitud, tanto la Zarzuela y la Ópera tienen un elemento predominante que es el discurso musical

¿Si le quito todo el texto hablado a la Tabernera del puerto deja de ser Zarzuela?
¿Si le meto un ritmo castizo a La boheme deja de ser Ópera?

La gran diferencia entre la Ópera y la Zarzuela, es que la Ópera ha evolucionado acorde a los tiempos. Por toda Europa nos encontramos Óperas estudios, gente joven haciendo Ópera, nuevas producciones… aquí siguen viendo la Zarzuela como un género musical frívolo de la antigua dictadura que ya no interesa, cuando tenemos en el repertorio Zarzuelas desde la época barroca te toda clase e índole, que son totalmente de una rabiosa actualidad.



DP-Cuéntanos un poco que es “Quijano”

AT-Para comenzar, diré que es una obra basada en Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes de teatro físico, en la que los interpretes no se expresan con palabras y en la que se fusiona en directo música del compositor Walter Niemann con música y espacio sonoro del creador Odin Kaban.

En Quijano nos centramos en la figura de Don Alonso Quijano, el hombre cuerdo, partiendo de la premisa que mientras Don Quijote de la Mancha vivía sus aventuras, Alonso Quijano, como otra entidad, se encontraba encerrado deambulando por un no-espacio, por la materialización psíquica de su total ausencia, debilitado, vagando sin tiempo y privado del mundo externo.

La obra comienza en el último capítulo de la novela, con Don Quijote enfermo en la cama, y vemos cómo Don Alonso, acompañado de una informe y vaga presencia arrancada de una de sus novelas de caballería, reflejo del dominio exterior de Don Quijote, que se convierte en Dulcinea, Rocinante, Sancho Panza, el Caballero de la Luna, los molinos de viento…deberá atravesar por las bodas del rico Camacho, los cueros de vino de la venta, la cueva de Montesinos, el Retablo de Maese Pedro…en su débil resistencia a la locura.




DP-¿Que te atrajo de esta obra para ponerla en pie?.

AT-En verdad no la elegí yo, fue mi primer encargo con presupuesto como director para el “IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes” y siendo estudiante, lo cogí sin más miramiento.
Entonces, me dieron un texto con unas anotaciones coreográficas-dramáticas de un tal Manuel Rosado, que en el año 1950 realizó una Pantomima sobre Don Quijote en Alcalá de Henares utilizando música de Walter Niemann, y me dijeron que lo volviera a reconstruir totalmente a mi modo, con carta blanca de creatividad, decidiendo coger el testigo de la pantomima realizando una obra de teatro físico en la que no se habla y encargándose Germán Labrador (Profesor en el Departamento de Música de la Universidad Autónoma de Madrid) de realizar una versión instrumentada partiendo de una selección de obras de Niemann para la puesta en escena, ya que Manuel Rosado no detallaba en su escrito qué obras eran, ni en que momento sonaban.

Enseguida pensé en Paula Castellano, escenógrafa con la que ya había trabajado en Adiós a la bohemia y en Elisa Forcano, una de esas actrices multidisciplinares que son capaces de robarte la respiración. Como Elisa aceptó, tenía entonces que buscar a un actor del mismísimo nivel y apareció en la ecuación Darío Sigco, que si una quita la respiración el otro se lleva hasta el alma. De la orquesta se encargó Germán, poniendo yo mi granito de arena con Odin Kaban, un excelente músico y creador de espacio sonoro que puso la vertiente electrónica a la pieza y que ha seguido trabajando conmigo en todos mis posteriores montajes y así espero que siga.

Gracias al Corral de Comedias de Alcalá de Henares, estuvimos una semana de residencia en el teatro haciendo que la obra evolucionará radicalmente, profundizando en las ideas, en los movimientos y uniendo totalmente la música electrónica con la de Walter Niemann.

Ahora nos encontramos, después de meses de investigación y ensayos con nuevo material en el festival ClasicOFF de Nave73, con un virtuoso al piano como es Fran Fernández y con muchas miras hacia el futuro.

Para todo el equipo, la función del 24 de Julio supone el estreno absoluto de la pieza.





DP-Dinos por que debemos ir a ver “Quijano”

AT-Aunque parta de Don Quijote de la Mancha, la obra en su esencia trata de una persona enferma a punto de morir.

Quijano no índice directamente sobre la realidad, pero nos acerca al abismo de la muerte y en el filo del acantilado, mirar hacia abajo es un acto muy humano, que nos vuelve más empáticos.
No es una obra ilustrativa sobre Don Quijote. Cada persona del público, individualmente, se asomará a un abismo totalmente diferente, nuestra obra carece de discurso, es un viaje propio y único, en el que el espectador debe completar el significado.


DP-¿Estás abierto a dirigir todo tipo de teatro, o tienes preferencia por la lírica en particular?

AT-Tengo y tienen los vinculantes a OFF Lírico fijación por la lírica y por toda obra que se centre en lo musical, como es en este caso Quijano.
Me encanta trabajar con las imágenes y el teatro físico, pero de momento, todos los proyectos que tengo pensados y firmados para el futuro son con la lírica.


DP- Andas mucho por Londres ¿Es tan diferente la forma de entender el teatro a como lo entendemos en España?

AT-En Londres existe más apoyo institucional y privado para las artes en general y eso hace que se invierta en marketing y haya multitud de ofertas, para que toda clase de personas vayan a los museos, al teatro, se hagan cursos, etc… en todas las obras que he ido el teatro siempre estaba lleno, en cualquier día de la semana.

Madrid, la ciudad en la que vivo, con todas sus dificultades, a mi ver ahora mismo está transitando una etapa bastante dorada, en cuanto a pluralidad de teatro para ver. Este año ha habido mejor programación en Madrid que en todo Reino Unido.

Apoyo al ayuntamiento de Madrid con la propuesta de JOBO, de la que soy un fiel defensor y consumidor y la entrada gratuita a los museos, de otra forma los jóvenes no podríamos ver tanto arte ni teatro, ni re-pensar el futuro de la cultura.

 


DP-Dime algo que te apetezca decir para finalizar la entrevista.


AT-La conclusión es que, a pesar de todas las dificultades, la Ópera y la Zarzuela van a seguir dando de hablar y otorgando a los espectadores momentos maravillosos.
Las nuevas generaciones tenemos valor, creatividad, empeño y constancia.
Solamente, uno tiene que estar comprometido hasta lo más hondo y hacer el teatro que siente. Las ideas deben ser radicales, con apertura, osadas y siempre honestas con uno mismo y en confrontación con el entorno. El teatro no puede ni debe ser un producto de industria, una mera ilustración de la vida, una decoración o distracción pasajera. No debe dejar a nadie indiferente. Las nuevas generaciones de artistas debemos mirar donde otros apartan la vista, somos los hijos de una crisis económica y espiritual, vivimos en un mundo
antropofágico en el que no tenemos nada que perder y en el que no tenemos nada que encontrar. El teatro y la música lírica me ayudan a desorientarme, vivir en lo ignoto, sin resolver ninguna de las grandes preguntas de la humanidad.

Muchísimas gracias por esta entrevista Jonathan / Desde La Platea.