lunes, 3 de diciembre de 2018

María Del Pilar, Recuperación De Un Gran Título De Gerónimo Giménez.

Una de las labores fundamentales del Teatro de La Zarzuela, estriba en la recuperación de títulos perdidos, algo que se me antoja casi siempre interesante, y muy importante si de ampliar repertorio se trata. Partiendo de esa base, no sé si el hecho de programar una obra en versión concierto solamente dos días se queda en lo anecdótico y si realmente se consigue afianzar dicho título en el repertorio. La iniciativa, siendo indudablemente buena, se queda un poco corta, y sería interesante que quedara testimonio de dicha partitura mediante grabación de alguna clase, ya que uno piensa que posiblemente por muy exitosa que haya sido, merecidamente, "María del Pilar" no va a ir mas allá de el recuerdo ya mitificado, de aquellos que tuvimos la suerte de escucharla, ya que la obra da para mucho como luego explicaré. Entiendo las dificultades que muchas zarzuelas a todos los nivelen entrañan, del mismo modo soy capaz de dilucidar los motivos por los que la obra de Giménez estrenada el pasado día 30, no se ha hecho en versión escénica, y no se ha programado con asiduidad en nuestros teatros, pero teniendo en cuenta la magnífica ocasión que se ha tenido para dejar testimonio de la misma, me da pena que una obra de semejante envergadura, se quede otra vez en el baúl de los recuerdos, hasta que en un momento dado se vuelva a desempolvar la partitura para revisarla de nuevo.
Dicho esto, felicitémonos ante un descubrimiento de altura, y ante un ejemplo claro de la cantidad ingente de títulos que se encuentran en nuestro patrimonio musical, y que sin duda merecen ser revisados con la calidad que se planteó en el momento de su composición. "María del Pilar" ha entrado por la puerta grande, ha triunfado, y sobre todo ha dejado muy claro que el público de zarzuela disfruta con estas recuperaciones, así que bienvenida sea, y es deseable que disfrutemos de muchas mas obras como esta, nuestro género lírico se lo merece y los espectadores también.
El pasado viernes me acerqué a la Calle Jovellanos expectante e ilusionado, el reparto prometía, la partitura se había promocionado como excelsa, y la noche no defraudó. Se notaba cierta emoción en el ambiente, y en los corrillos en el descanso los comentarios eran muy efusivos. Al finalizar la representación los parabienes fueron unánimes, y más de uno estaba emocionado por lo que había presenciado. Así que no se puede pedir más. El público de zarzuela ama al género de una forma muy vehemente, y el viernes quedó muy patente el amor hacia la zarzuela, y sobre todo hacia la calidad, ya que la obra en cuestión merece un estudio profundo por sus múltiples valores.



"María del Pilar" denominada como Zarzuela en 3 Actos, con partitura a cargo de Gerónimo Giménez, y libreto de Francisco Flores García y Gabriel Briones, tuvo su estreno en el Teatro Circo de Price el 17 de diciembre de 1902.
Englobada dentro de la zarzuela rural, de la que tantos ejemplos hay en nuestro género lírico, encuentra su lugar en la zarzuela grande al mas puro estilo de Chapí, con sus tres actos correspondientes, de grandes exigencias musicales y escénicas, y marcado carácter operístico. La obra está concebida para gran orquesta y coro, dos sopranos, bajo, barítono, tenor y tres cómicos de inusitada dificultad en lo musical para lo que es habitual en la zarzuela. La partitura consta de la nada desdeñable cantidad de 15 números musicales, todos ellos de gran dificultad, enorme lirismo en algunos pasajes, y densísima orquestación. La sombra de Wagner se encuentra muy presente, especialmente en el último acto de la obra, así como diversos números de inspiración verdiana, especialmente dos dúos, y también la sombra de Bizet se encuentra planeando sobre la partitura, no siendo esto que planteo obstáculo para que la inimitable impronta de Giménez se encuentre muy marcada, siendo un título personalísimo, influencias aparte, y sorprendentemente moderno para los parámetros de la época, en la que el Género chico ya estaba en franca decadencia, y nuevas vías eran exploradas por nuestros compositores.
Varios números son destacables; desde la bellísima romanza de bajo, hasta los intensísimos dúos, toda la partitura se mueve en un nivel musical elevadísimo, rematando Giménez su obra con unos números de conjunto realmente superlativos, especialmente el tremendo concertante con el que finaliza el primer acto, de impactante resolución y dificultad extrema.
No estoy muy seguro de si el libreto estará a la altura de la partitura, y en el concierto se nos planteó el drama de forma narrada por Mario Gas, en versión de María Velasco, quedándose en un eficiente esbozo, convenientemente actualizado, y en el que nos queda claro, que el melodrama con los celos entre dos hermanos por una mujer como nudo central de la obra en un pueblo de la provincia de Salamanca, no tiene mucha más enjundia que lo meramente anecdótico. 




Vayamos con el elenco:
Mario Gas, actor, como Almendrita.
Gas nos cuenta un cuento, bueno nos lo lee, con sabiduría, ciertas dotes de socarronería y gran poder evocador, rememorando unos hechos ocurridos en el pasado y extrapolables a cualquier época. Nuestro actor aporta oficio y solidez a un trabajo en el que la claridad en la exposición fueron la marca de la casa, y en el que su cometido, que no era otro que ponernos en antecedentes de lo ocurrido entre cantable y cantable en un tono entre didáctico, tierno, y  alejado de cualquier afectación, siendo su trabajo solvente y efectivo en igual medida. 

Marina Rodríguez Cusí, Jorge Rodríguez Norton y David Sánchez, como Señá Nieves, Almendrita y Tío Licurgo respectivamente.
Correctos los tres, en los cómicos de la función, con varios números ciertamente comprometidos, y que fueron resueltos de forma más que adecuada y cargada de intención, a este respecto es destacable el cuarteto del acto tercero que comparten con María del Pilar, magnificamente expuesto, tanto musicalmente como en expresividad.

Damián del Castillo, barítono, como Marcelino.
Del Castillo sirvió una estupenda creación, en la que la expresividad fue su fuerte, así como un bello timbre y una perfecta proyección que resultaron cruciales en su composición. Es destacable el intenso terceto, practicamente un dúo cantado con María del Pilar, al mas puro estilo de cantante clásico de zarzuela, elegante y de lírica composición. También se debe tener en cuenta el dúo con el bajo, netamente verdiano, y resuelto de forma impactante y de alto voltaje musical.

Ruben Amoretti, bajo, como Valentín.
De lo mejorcito de la noche, donde el volumen y la expresividad fueron su fuerte. Nuestro bajo, sirvió una composición cargada de sensibilidad, que llegó al paroxismo en una bellísima romanza, sencilla en la melodía pero de difícil ejecución, en la que el fraseo brilló mucho, y que resultó francamente conmovedora. Amoretti de bello timbre y noble canto sacó todo el partido posible a un papel que se ajusta a sus características vocales como un guante. No pasando en absoluto desapercibido en unos de los papeles mas agradecidos de la partitura. 

Andeka Gorrotxategi, tenor, como Rafael.
Rafael muerde, es un papel ciertamente difícil, y si bien es cierto nuestro tenor cumple, lo afrontó con algunos problemas, que no arruinaron su interpretación, pero si que la empañaron ligeramente.
A su favor se encuentra un bello timbre, y mucha sensibilidad cantando, pero cierto sonido estrangulado, y algunos problemas para atacar el agudo no acabaron de redondear su trabajo. Encontré un poco inseguro a Gorrotxategi en un papel que se las trae, y que en la romanza principal tuvo su principal caballo de batalla, donde algunos problemas con el apoyo hicieron peligrar la pieza, aunque finalmente no fue así, aunque es cierto que me hizo sufrir un par de veces, para ser sinceros. 

Iwona Sobotka, soprano, como Esperanza.
Aunque parezca paradójico, a nivel musical, podemos considerar a Esperanza como la protagonista de la obra, aunque el título lleve el nombre de María del Pilar. 
Sobotka comenzó ciertamente fría en su romanza de salida, francamente difícil, resultando un tanto destemplada y con algunos problemas en la línea de canto, yendo de menos a más a medida que avanzaba el concierto, logrando un nivel realmente alto en no pocas ocasiones. La voz grande y bien timbrada, sirvió unos agudos en punta realmente estimables, así como algunas frases de gran expresividad y marcado lirismo en un personaje de aire verista, y que en general se vio muy matizado en nuestra cantante. Fueron destacables los agudos en los concertantes que destacaron sobre el resto del conjunto de forma impactante y enormes en cuanto al volumen. 

Carmen Solís, soprano, como María del Pilar. 
Solís tuvo por delante un toro bravo, en un papel difícil y desagradecido, que se vio ejecutado de forma impecable. Solís cantante de hechuras clásicas, lució empaque de soprano de rompe y rasga al mas puro estilo de nuestra zarzuela. Nuestra cantante posee un robusto instrumento, que no pesa en la zona aguda, y que en el centro suena potente y bello, con un interesantísimo uso del regulador, y que ofrece un canto cargado de sensibilidad y que nos transmite mucho en sus intervenciones. Solís nos obsequió al respetable con unos cuantos pepinazos muy bien dosificados, y que resonaron en la sala de forma más que respetable, siendo el resultado de alto voltaje dramático y musical. Si algo caracterizó el trabajo de la cantante fue la solidez y la musicalidad, en una composición sin fisuras y muy templada de principio a fin.


Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, con Antonio Fauró a la cabeza matizadísimo, y muy empastado, sirvió una función realmente brillante, luciéndose en todos sus números y resultando tremendamente placentero el sonido que se extrae de su trabajo. Es destacable la ejecución de la jota con la que empezó el segundo acto, así como un concertante de espectacular factura y ajustadísimo con el resto del conjunto. 

Oliver Díaz al frente de la dirección musical saca todo el jugo posible a la OCM, dotando a toda la partitura de una profundidad en el sonido realmente superlativa, y donde primó un excelente trabajo de concertación, y en el que el cuidado de los cantantes fue la tónica. Se nota que Díaz ha trabajado la partitura a conciencia, y el resultado es francamente interesante. La lectura de Díaz es netamente operística, buscando un sonido ampuloso y matizado, de gran eficacia teatral y en absoluto superficial. Sirva como ejemplo definitorio el insuperable preludio al acto tercero, solo comparable en calidad al preludio de "Las Golondrinas" que Díaz dirigió en su momento con igual acierto. Oliver Díaz lleva siempre a la OCM a los mejores niveles posibles, y  "Maria del Pilar" es un claro ejemplo de ello.



En resumen, el pasado viernes salimos del Teatro de La Zarzuela con la sensación de haber vivido una noche histórica. La gran partitura de Giménez tuvo muchísimo que ver en ello, así como el equilibradísimo elenco que sin duda estuvo a la altura de las dificultades de la obra, a lo que se unió la inspirada dirección musical de Oliver Díaz, dándose la conjunción perfecta para que nuestra lírica brillara mucho y bien, en una noche que ya forma parte de mi bagaje como espectador y que recordaré por mucho tiempo. Ojalá "María del Pilar" haya venido para quedarse, sin duda es de justicia que así sea. 




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