jueves, 4 de abril de 2019

El Barberillo De Lavapiés, Viva La Gracia, Viva El Aquel...

Llegó "El barberillo de Lavapiés" al Teatro de La Zarzuela, título siempre atractivo, y que se ha visto representado en dicho teatro abundantemente, y siempre con gran respuesta por parte del público. "El barberillo" es una obra muy querida por el respetable, muy arraigada en la cultura popular, y muy reconocible en la mayoría de sus números. Varios factores son determinantes para que esto sea así y es interesante remarcarlos. Uno de lo mayores secretos de la inmortal obra de Barbieri, se encuentra sin lugar a dudas en el marcado concepto de crítica política del libreto de Luis Mariano de Larra, muy acertada en el tono y en el mensaje. Incluso ciento cuarenta y tres años después de su estreno, cuando escuchamos hablar a Lamparilla entendemos perfectamente su mensaje, y no solo eso, sino que se encuentra de absoluta actualidad.
Todo aquello que marcó la zarzuela como género posteriormente se encuentra en esta obra, y precisamente eso es lo que la sigue haciendo tan atractiva. Su carácter claramente fundacional, y continuador de la zarzuela grande, de reciente creación en los tiempos de su estreno, son primordiales para entender la evolución del género, y sobre todo las bases sobre las que se sustenta.
Reconozco que me gustan mucho las andanzas de Lamparilla y La Paloma, planeaba asistir al estreno el pasado día 28, pero me fue imposible, así que en cuanto pude me acerqué a La Zarzuela, y disfrutar de una función de la que se está hablando mucho, y que está funcionando en taquilla como un tiro. Me lo pasé muy bien como iré contando, y es más disfruté mucho de la música de Barbieri y del texto de Larra, que a fin de cuentas es lo importante, "El barberillo" es una obra para disfrutarla no hay mas vuelta de hoja.



"El barberillo de Lavapiés" denominada como "Zarzuela en tres actos" con libreto de Luis Mariano de Larra y partitura de Francisco Asenjo Barbieri, tuvo su estreno en el Teatro de La Zarzuela el 19 de diciembre de 1874, con clamoroso éxito, y ha pasado a la posteridad como uno de los títulos más importantes del repertorio con gran justicia, por su influencia en las composiciones posteriores, así como por su magnífica partitura, que se puede considerar a todas luces como una obra maestra.
Barbieri escribió una auténtica filigrana musical, de fuerte influencia italianizante, donde Rossini aparece de forma muy clara, sin renunciar a un marcado acento español, en el que la estilización del folclore es la seña de identidad más prominente, y en la que se puede diferenciar dos planos musicales muy diferenciados según el carácter de sus personajes. Por un lado tenemos a los representantes del pueblo llano (Lamparilla y Paloma) y por otro los de la nobleza (Marquesita del Bierzo y Don Luis de Haro), siendo en los primeros donde más se encuentran los referentes populares en la música, seguidillas, tirana, zapateados, etc, y apostando por un belcantismo más marcado en los segundos, y una concepción musical más refinada. El resultado de esto que planteo se presenta muy equilibrado, complementándose a la perfección dentro de la acción dramática y en la definición de los personajes principales. También se debe tener en cuenta la importante participación del coro que funciona como un personaje más dentro de la obra, y cuyas intervenciones abundantes e inspiradas, son una de las grandes bazas de la partitura.





La versión que se está representando se encuentra íntegra en lo musical, y el libro viene como adaptado por Alfredo Sanzol que también ejerce como regista. El libreto se encuentra recortado, aunque la poda no ha sido tan inclemente como viene siendo habitual ultimamente en el Teatro de La Zarzuela, y entiendo que se ha aligerado yendo al núcleo del texto de Larra, de forma acertada. Larra escribió una función de bello verso, pero ligeramente farragosa, que en la versión de Sanzol se encuentra clarificada, y cercana al espectador contemporáneo. No me molestó en este caso el trabajo del adaptador, entendiéndose muy bien la trama principal de la obra, y los vínculos entre los personajes, siendo el resultado ligero y entretenido en grado sumo.



Vayamos con el elenco.

Abel García, bajo, como Don Pedro Monforte, y David Sánchez, bajo, como Don Juan de Peralta.
García cumple de forma correcta en un código de bajo bufo muy acertado, en una concepción del personaje paródica, y bien planteada. En lo musical cumple en sus frases, en un papel para el que le sobran recursos. David Sánchez, flojea sin embargo en lo musical, con algunos problemas de afinación en el Terceto, y una no del todo correcta proyección de la voz.

Javier Tomé, tenor, como Don Luis de Haro.
No me acabó de convencer Tomé en su composición, que encontré excesivamente rutinaria, y con poca entidad en el instrumento. Tomé sirvió una función irregular, de tintes apagados y que pasa muy desapercibido durante toda la función. Es de justicia reconocer que en el dúo del segundo acto con María Miró se pudo vislumbrar el carácter de Don Luis, pero no acaba de llegar tal y como debe ser.

María Miró, soprano, como Marquesita del Bierzo.
Estupenda, y muy acertada para el papel. Miró, de instrumento no muy grande, pero bien proyectado, posee mucha delicadeza cantando, así como un bello fraseo, bien manejado en toda su extensión. La Marquesita del Bierzo es un tanto ingrata musicalmente, ya que no tiene ningún número en solitario, pero si es cierto que se pudo vislumbrar la calidad de Miró como cantante, en la que un atractivo timbre, y bonito agudo fueron la tónica, dentro de una refinada lectura musical, de gran musicalidad en su acabado, y delicada como el papel precisa. Es destacable el "Dúo de las majas" con Cristina Faus, en el que las dos voces se ensamblaron a la perfección y cuyo comienzo me recordó, en su calidad, al celebrado Bolero de "Los diamantes de la corona" bisado hace unos años en el propio Teatro de La Zarzuela.

Cristina Faus, mezzosoprano, como Paloma.
Magnífica tanto en la disciplina musical, como en la actoral, y una de las estrellas de la noche. Faus posee un carnoso instrumento, de mezzo pura, que resulta extremadamente agradable al oído, buena dicción, y estupendos graves, especialmente en el "Dúo de las majas" con los que juega a placer con gran efecto escénico. El agudo ligero y limpio no pesa en absoluto, y resulta deliciosa en su salida, cargada de liviandad y refinamiento. La lectura de Faus no pasa por la afectación, sino por una forma muy natural de entender el canto, en la que todo parece fluir sin esfuerzo y de forma muy sana, aportando muchos colores al personaje, ya que resulta de gran expresividad en todas sus intervenciones. Para el recuerdo quedará el dúo con Lamparilla, que si bien es cierto empieza con buenos mimbres, llega a lo estratosférico a partir del "No seas tirana", sin duda uno de los momentos de la noche. Actoralmente se encuentra deliciosa, con una química muy notable con Borja Quiza, saltando chispas entre los dos en no pocos momentos. La misma naturalidad que se plantea en la lectura musical, se encuentra en la lectura actoral, siendo el resultado fresco, y atractivo en igual medida, haciendo de su Paloma un personaje que nos queremos llevar a casa desde que pone un pie en el escenario.

Borja Quiza, barítono, como Lamparilla.
Entregadísimo y abordando el papel desde la bravura, nos encontramos con un Quiza que se ajusta muy bien a la vocalidad de Lamparilla, y que resulta más que satisfactorio en todos los pasajes, incluso los más comprometido, siendo la zona aguda el caballo de batalla de un papel interpretado indistintamente por tenores y barítonos según el criterio de la dirección musical. Personalmente me gusta más en un barítono, y a poder ser lírico puro, como es el caso de Borja Quiza, de agudo fácil y buen centro. Encontré a Quiza tremendamente matizado en lo musical, jugando a su antojo con la escritura de Barbieri, llevándola a su terreno de forma acertadísima, sin renunciar a la calidad, y sobre todo con un marcadísimo sentido de la teatralidad. Nuestro barítono aprovecha al máximo lo que el papel ofrece, y es muy consciente de la importancia del "como se dice", en un papel de estas características, algo que sin lugar a dudas domina a la perfección. Me impactó sobremanera la brutal implicación de nuestro artista, que sale a comerse el escenario desde su primera intervención. La voz corre bien, de atractivo timbre, y muy resolutiva en todas las facetas, llega plena al respetable, que no pierde ni una coma de lo que dice. A nivel actoral, nos encontramos ante un perfecto ensamblaje de lo que significa ser actor-cantante, en el que el cuerpo define perfectamente a un personaje, con aires de dibujo animado, trepidante en su lectura, y de marcadísima personalidad. Ya en "La Viejecita" hablé de Quiza como ejemplo de artista total, algo que se ve todavía más remarcado en su Lamparilla, ciertamente comprometido y llevado a buen puerto en toda su extensión, y lo que es más importante de personalísima ejecución, huyendo de referentes, tanto vocales como actorales. Sin duda nos encontramos ante un soplo de aire fresco en nuestra escena lírica, que resulta muy gratificante de ver y escuchar. Solo, por decir algo, un ritmo un poco más pausado en los textos hablados, enriquecería su trabajo, que si bien es cierto se encuentran matizados, funcionarían todavía mejor si se recreara un poquito más.



Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró, en los niveles de excelencia habituales, siendo especialmente acertadas las féminas en el Coro de costureras, uno de mis momentos preferidos de la partitura. Bien empastados y de gran sonoridad en los números que así lo requieren, me parecieron muy desaprovechados en lo escénico, con poco movimiento, y excesivo segundo plano, en una obra de las características de "El barberillo".

Orquesta de la Comunidad de Madrid con José Miguel Pérez-Sierra en la dirección:
Encontré muy acertada la mano, briosa, es cierto, pero en consonancia con el aire ligero del espectáculo, y con mucho regusto teatral. Pérez-Sierra, diferencia muy bien los diferentes planos de la partitura, cargando las tintas en los números de conjunto, y aquellos de aire más pausado los afronta con la justa sensibilidad sin caer en lo melifluo. Nuestro director cuida a los cantantes y se ajusta en los volúmenes perfectamente, siendo el resultado, el de una función dinámica, y que desprende a la perfección el tono festivo que se le pretende al espectáculo.



Vayamos con la propuesta escénica:
Sanzol, apuesta por una función en la que el entorno es atemporal, para remarcar el carácter universal del argumento, y una propuesta ortodoxa en cuanto al tratamiento visual del espectáculo, más allá del entorno, resuelto mediante unos paneles creación de Alejandro Andújar, que no acaban de ser del todo satisfactorios, ya que resultan un tanto indigestos en sus movimientos, distrayendo la acción dramática, y que suenan en exceso cada vez que son movidos. Personalmente, hubiese encontrado de más interés, el uso de una cámara negra, o un telón que dichos paneles, fórmula con tan buenos resultados en otro título dirigido por Sanzol, "La ternura" en el que la magia surgía de una forma muy marcada, y que aquí parece ir a trompicones, y con desigual resultado. Si jugamos al minimalismo, prefiero hacerlo hasta las últimas consecuencias, esa es la verdad.
Sanzol dota de un indudable ritmo a las escenas, y deja muy claros los vínculos entre los personajes, siendo el resultado un espectáculo muy ágil y divertido, al que le falta un poco de inspiración, o sello personal, ya que si bien es cierto, en líneas generales la función se encuentra bien resuelta, no aporta mucho en cuanto a lo visto en esta obra hasta ahora. Encontré el último acto un tanto emborronado, a partir de las "Caleseras", quedando un poco deslucido escénicamente con respecto al resto del espectáculo.
Hay momentos de grandes hallazgos en lo visual, desde el principio de obra, con unos zancudos marcando el pulso del respetable, hasta un bellísimo cuadro de las costureras, en el que el tono blanco resalta de forma espectacular dentro del negro del entorno. Encontré muy acertada la ilusión que emana de todo el espectáculo en el que son los artistas los que iluminan la escena, algo en lo que las luces de Pedro Yagüe tienen mucho que decir, con una clara inspiración goyesca en los diferentes cuadros del espectáculo, y que me pareció muy elegante en su acabado final, con excepción del último número que no me convenció, especialmente por un poco afortunado movimiento de la masa coral.
Debo hacer mención a los bonitos figurines de Alejandro Andújar, muy vistosos, aunque  en las "Caleseras" eché en falta un poco de rigor, dado el carácter clásico de la propuesta, así como las coreografías de Antonio Ruz, de espectacular resolución, pero en las que no vi por ningún lado la Escuela Bolera, y que en este tipo de función si que es pertinente, no por una cuestión de purismo, sino de coherencia con la estética del espectáculo.
No quiero que se desprenda de mis palabras que no me ha gustado el espectáculo, porque mentiría. Sanzol plantea una función francamente disfrutable y de un nivel alto, de gran belleza en su acabado, y bien controlada en los actoral, donde se nota que ha dejado hacer a sus actores, y se agradece. Simplemente se trata de lo que uno espera de un espectáculo firmado por Sanzol, que prometía una lectura menos convencional, y en el que algunas pequeñas inconsistencias empañan, ligeramente, el remate de un espectáculo muy celebrado por el respetable, y con el que un servidor se lo pasó bomba.




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martes, 26 de marzo de 2019

Cristina Faus Nos Habla De El Barberillo De Lavapiés.

El próximo jueves 28 se estrena en el Teatro de La Zarzuela "El Barberillo de Lavapiés", título importantísimo de nuestro repertorio, y una de las semillas de lo que hoy conocemos como zarzuela. 
La mezzo-soprano Cristina Faus, a la que ya hemos disfrutado en varias ocasiones en el coliseo de la Calle Jovellanos, y con la que tuve el placer de hablar hace un tiempo, ha tenido la amabilidad de concederme una entrevista ante el inminente estreno de la inmortal obra de Barbieri, muy querida por el público madrileño, y que es una de las composiciones más apreciadas de todo el repertorio. Hay que decir que el próximo 12  de abril será retransmitida en directo por Facebook Live, para disfrute de todos los aficionados.

 Muchas gracias Cristina por tus siempre lúcidas impresiones, y por tu disposición a hablar conmigo en todo momento, siempre es un placer hablar contigo.
He aquí el resultado de la entrevista, espero que sea de vuestro agrado, y sobre todo que os haga ir al teatro, que es lo importante.





DP- ¿Que has estado haciendo desde la última vez que nos vimos?.

CF- Pues además de disfrutar de mi familia, que adoro, y trabajar vocalmente a diario cual deportista de élite que es lo que más o menos somos, o al menos con el rigor que si tiene que entrenar para estar ok, también he bailado salsa que me encanta, he hecho audiciones (sembrar para recoger), he grabado "La Vida Breve" de Manuel de Falla con Orquesta Filarmónica de Manchester y junto a un maravilloso elenco, coro y el maestro Juanjo Mena, y que precisamente acaba de salir al mercado estos días.
He debutado un rol que recuerdo que te pedí opinión acerca de él y como siempre quedé encantada de escuharte y leerte. Fue en el Teatro Colón de Bogotá, donde he debutado la Adriana de Gavilanes, bajo la dirección escénica de Ignacio García y la musical del maestro Alejandro Roca. De ahí pasé a hacer varios conciertos con la Orquesta Filarmónica de Bogotá y el maestro Josep Caballé Domenech debutando la fantástica obra "Alexander Nevsky" de Prokofiev... y sigo adelante con la ilusión y el deseo de subirme a un escenario.

DP- ¿Que te supone volver al Teatro de La Zarzuela?.

CF- Es el teatro en el que debuté profesionalmente, mi primer escenario para interpretar de verdad, y fue con la Soledad de "La Revoltosa" y sus maravillosas Guajiras, y poco a poco y gracias a la confianza del teatro, he ido incorporando roles y aprendizaje. Por eso que es tan especial para mi este escenario, además de por su belleza como teatro y su gran equipo de personas que abren sus puertas y nos acompañan a cada una de sus butacas.



DP- ¿Que prefieres cantar, zarzuela u ópera?.

CF- No tengo preferencias, me gusta interpretar y cantar aquellos roles que mi voz y mi cabeza me dejen, porque de lo que se trata es de ofrecer lo mejor de uno ahí arriba y llegar a convencer con garantías de disfrute, y si uno disfruta entonces, el público también disfruta. Así que, igual me gusta cantar "La Paloma" que "La Charlotte" o que la "3ª de Mahler".

DP- Cuéntanos, según tú, que es lo que define a un compositor como Barbieri.

CF- Pues para mí, basicamente las melodías tan belcantistas, con un acompañamiento delicado y una escritura vocal sana. Se canta a gusto y sin aristas, sin tener la sensación de luchar contra los elementos.  Es un gran "vocal-coach", como para mi lo es también Rossini.



DP- ¿Piensas que este repertorio, dentro de nuestra zarzuela, es el que mejor se ajusta a tu vocalidad?

CF- Pues no sé si es el que mejor se ajusta, pero si uno de los que mejor lo hace. Cuando me ofrecen algún proyecto de Barbieri, se que voy a disfrutar vocalmente, ¡y mucho!.

DP- Cuéntanos un poco, como es tu personaje en "El Barberillo de Lavapiés".

CF- "La Paloma" que siento es una mujer efervescente, que le gusta la gente, el barrio, su casa, sus costumbres... una mujer sexy y clara para lo que le gusta, segura y sencilla, que quiere vivir y disfrutar cada minuto del día. Leal, valiente, generosa y arriesgada, para salir adelante en las peores situaciones. Sanzol me ha dejado proponer mucho, y ¡ha comprado gran parte!.

DP- Alfredo Sanzol se estrena en la lírica con esta función. ¿Cómo es trabajar con él?.

CF- Es una persona generosa y con mucho sentido del humor, flexible a la hora de moldear los perfiles de cada personaje, muy humilde y con ganas de aprender, ¡¡ahhhh!! y muy divertido. Le he visto disfrutar de la partitura y cantar y bailar en los ensayos como si él fuese cada uno de los personajes de la escena. ¡Es muy fácil y cómodo trabajar con él!.




DP- Cuéntanos que nos vamos a encontrar cuando veamos "El Barberillo De Lavapiés".

CF- Pues os va a sorprender, creo, la levantada y caída de telón un inicio y fin de fiesta, para mi, muy potente y con un arranque después "alla Barbieri" cuya música dice... ¡todo!.

DP- Y por último... ¿Que destacarías de esta producción?.

CF- Voy a destacar la apuesta escenográfica que se ha hecho, sin riesgo quizá no hay crecimiento, y creo que en este caso "se la ha jugado Sanzol" (a mi me gusta). Quiero destacar el vestuario que es precioso y a mi gran amor... todo el equipazo de bailarines y actores que hacen figuración, bailan, y no cantan porque no los dejan, aunque lo hacen muy bien doy fe, y que os aseguro que a "La Paloma" (Faus), ¡¡¡la hacen crecer con ellos!!!.




Un abrazo Cristina! El jueves te veremos en el teatro!!!


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lunes, 25 de marzo de 2019

Magnani Aperta, Nannarella Nos Abre Las Puertas De Su Casa.

Hace un par de años aproximadamente, se dio uno de esos fenómenos teatrales que ocurren cada cierto tiempo. Es decir, una propuesta aparentemente pequeña, que da la campanada y de repente se convierte en la obra de la que todo el mundo habla, y que todo el mundo quiere ver. Eso es exactamente lo que ocurrió con Magnani Aperta, que se me escapó en su momento, con gran dolor por mi parte, y que el destino ha cruzado de nuevo en mi camino, para esta vez si poder acercarme a un piso de la Calle Desengaño 22 que es donde se representa esta singular y más que atractiva pieza, que digo desde ya, me parece de casi obligado visionado para todo aficionado al teatro que se precie de serlo.
 Reconozco que la época de Anna Magnani, y su esplendor, fue gloriosa para el mundo de la interpretación en Italia, y no solo eso, sino para todo lo que lo rodeaba. La figura de Anna Magnani, su halo de gran trágica dentro y fuera de la escena, casi se da de bruces con el oropel del star-system que imperaba en aquellos tiempos, pero se me antoja imprescindible como un oasis de autenticidad entre tantas divas de cartón piedra. Siempre encontré a Anna Magnani fascinante, poderosísima en pantalla, y una figura que transitaba entre lo temible y el patetismo de una forma peligrosamente visceral, y a un paso del abismo. No me imagino personaje más teatral que la propia Anna Magnani, y por tanto ayer esperaba emociones fuertes, y vaya si las tuve...



Magnani Aperta de Arantxa de Juan, que no solo ha escrito el texto, sino que lo protagoniza y lo ha dirigido, es una pieza de duración media en la que se nos cuenta la última hora de Anna Magnani en su casa, ya carcomida por el cáncer de páncreas, antes de ir al hospital donde moriría pocos días después.
 Este es el pretexto para contarnos la vida y sobre todo explicarnos la personalidad de una de las actrices más importantes del S.XX, y todo un mito en Italia que trasciende más allá de las fronteras de dicho país.
La Magnani, era una estrella por su popularidad, pero era una anti estrella en su fondo, me explico. Nada en ella era artificio, y lo que realmente arrasaba al espectador era su bestial dosis de verdad en todo aquello que hacía, dentro y fuera de la pantalla. Magnani tuvo una carrera intermitente, plagada de interpretaciones brutales, que fueron en consonancia con una vida tumultuosa, e igual de intensa que sus creaciones actorales.
De Juan, mete en una coctelera todos estos elementos que planteo y de ahí sale un cóctel explosivo en el que la Magnani aparece "aperta" en canal, en una disección perfecta y muy humana de lo que la actriz era, así como de su carrera y los momentos mas importantes de su vida. Nos encontramos ante un texto en el que se nos plantea de una forma muy lúcida y cargada de emotividad una personalidad complicada, y en el que la tragedia y la comedia se dan la mano, pasando de la risa al llanto en segundos, en un ejercicio de intensidad teatral muy conseguido, y con un papel que encontramos "más grande que la vida" que dicen en Estados Unidos, y que paradojicamente en sus excesos se encuentra su autenticidad. La Magnani era así, o al menos así ha pasado a la historia, y ese es el testigo que ha cogido Arantxa de Juan, para que después de un asombroso trabajo de documentación, nos presente a su heroína, revivida en carne y hueso, de forma muy reconocible y sobre todo de forma muy real. Aquí no hablamos de un almibarada biografía, o de una sucesión de declaraciones de la artista hilada con más o menos tino, sino de la revisión de la vida y personalidad de una mujer compleja, tratada en profundidad y que realmente sirve como radiografía de Anna Magnani, y en la que incluso aquellos espectadores que no hayan oído hablar de ella, saldrán con un idea muy clara en su cabeza de como era y lo que supuso en su momento.



Vayamos con el elenco

Nerea Portela, como la enfermera que la está cuidando en su casa a Anna Magnani, en un importante ejercicio de escucha, ayuda a motivarse a su compañera, y sirve para que Arantxa de Juan plantee sus textos en una curiosa estructura que si bien podemos considerar monólogo, se ve pertinentemente interrumpida por nuestra actriz de forma efectiva e implicada. Portela da lo mejor de si misma y responde a todos los estímulos que Magnani le ofrece sin dejar de estar en su sitio ni un solo momento. Los personajes "servidores" de texto tienen todo mi respeto, ya que sus dificultades son muchas y cuando no se hacen bien resultan extremadamente molestos. En este caso Nerea Portela transita al lado de su señora, con la transparencia de un fantasma, necesario y que reconozco que me conmovió en la última escena de la función cargada de patetismo, y muy bien resuelta en lo dramático.

Arantxa de Juan, como Anna Magnani resulta absolutamente inconmensurable en un papel que parece que realmente ha nacido para llevar a cabo. El mimetismo Magnani-de Juan es asombroso, y sinceramente me costó diferenciar donde acaba el personaje y donde empieza la actriz, siendo el resultado una creación cargada de verdad, y empaque teatral que nos retrotrae directamente a la propia Magnani, que se se ve reflejada hasta el milímetro en el trabajo de Arantxa de Juan, todos los gestos, la risa, y las inflexiones de la voz de la diva, están ahí, y lo que es más importante, incorporados de forma completamente orgánica, sin tener la sensación de ver a una actriz imitando a otra. De Juan no imita, es, estribando ahí la grandeza de su creación.  Resulta muy destacable también la tremenda implicación emocional de nuestra protagonista, en la que todo surge de forma natural y aparentemente fácil, llegando sin problemas a todos los estados de ánimo por los que transita la Magnani, y cambiando el registro a velocidad vertiginosa y de forma perfectamente canalizada. El control del texto es prodigioso, y parafraseando a la propia Magnani, todas las palabras están dichas por algo, ni una frase se pasa por encima, y absolutamente todo lo que de Juan nos ha querido contar con su personaje queda cristalino en su exposición. El trabajo de nuestra actriz resulta explosivo en su acabado, emotivo en grado sumo, y de pasmosa verosimilitud, llegando de una forma muy directa al espectador en toda su enormidad. Nos encontramos con un trabajo en el que la honestidad, la ausencia de afectación, y el respeto absoluto hacia la figura de Anna Magnani son definitorios como declaración de principios, y como senda a seguir para llegar al sitio que se nos quiere llevar. 



En cuanto a la dirección escénica nos encontramos con grandes hallazgos, siendo primordial el entorno. La función transcurre en el piso de la propia autora, que hace de hogar de Magnani funcionando como un personaje más dentro del espectáculo. De Juan-Magnani aprovecha el espacio hasta el límite de sus posibilidades, y todas las acciones se encuentran plenamente justificadas dentro del microcosmos que simboliza ese piso, empezando por una escena de un intimismo casi incómodo en el que nos encontramos con el despertar de nuestra protagonista al que asistimos en primera persona, a menos de dos metros. Sin llegar a hacer partícipe al público, ya que no se rompe la cuarta pared en ningún momento, nuestra directora consigue una maravillosa ilusión, y esa es que el respetable se sienta parte del mundo mas íntimo de Anna Magnani, y que nos sintamos completamente dentro de la función formando parte de ella sin que sea así realmente. 
Arantxa de Juan mima su texto, lo estira, lo encoge, juega con él, y lo modula en un trabajo profundamente naturalista, y que apuesta por el riesgo lanzándose al vació sin miedo, y llegando al único lugar posible, a mi entender, para que Magnani aflore como es debido. La obra funciona como un carrusel emocional que nos va llevando de forma vertiginosa por los vericuetos del alma de la Magnani, sin que nunca sepamos por donde va a salirnos con su explosivo carácter, y arrastrándonos con ella tanto cuando ríe como cuando llora. Todo esto que planteo se encuentra dotado de un impoluto sentido del ritmo que sirve precisamente para que nos identifiquemos plenamente con lo que pasa por la cabeza de la protagonista del espectáculo.



Nos encontramos ante una propuesta redonda a todas luces, de gran capacidad catártica, realizada con una enorme solidez, siendo el resultado el de una función muy inspirada a todos los niveles, de gran interés teatral, y que estoy seguro que será recordada por mucho tiempo. Magnani Aperta es teatro del bueno, teatro de verdad, y sobre todo teatro cargado de verdad. Yo no me lo perdería... avisados estáis.

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lunes, 28 de enero de 2019

El Sueño De Una Noche De Verano, El Que No Falla Es Gaztambide.


El viernes se estrenó el cuarto título de la presente temporada del Teatro de la Zarzuela, siendo la obra elegida, una desconocida ópera cómica de Joaquín Gaztambide, uno de los padres fundadores de la zarzuela como género, y uno de los autores más injustamente olvidados de nuestro patrimonio musical.
La importancia de Gaztambide en cuanto a sentar las bases de nuestro género lírico es incontestable, pero por estas cosas inexplicables que solo ocurren en nuestro país, su obra ha caído en el olvido solo pasando a la posteridad, que no al repertorio, tres títulos; "El juramento", "El estreno de un artista" y "Una vieja". En esto de la paternidad de la zarzuela, Barbieri y su indudable valía, se llevaron los laureles, quedando Gaztambide relegado a un autor de esos que solo conocemos de oídas, y que por cuestiones difíciles de entender, practicamente imposible de escuchar. Apenas hay registro sonoro de sus obras, y pocas veces se representa, a excepción de "El juramento" cuya recuperación ha tenido exitoso y fecundo recorrido.
La recuperación de la ignota "El sueño de una noche de verano" me parece un acierto, dada la calidad de la obra, y especialmente como reivindicación de la figura de Gaztambide, injustamente tratada, y que cuando uno escucha obras como la escuchada el viernes, realmente se da cuenta de la entidad del compositor, y la altura de miras de sus trabajos.
La curiosidad me podía el pasado viernes, ya que jamás había escuchado ni un acorde de este "Sueño de una noche de verano", ni sabía que nos contaba, aunque si dí por supuesto que poco tendría que ver con la obra de Shakespeare, como así es, en su original y en la adaptación que se está representando.
La noche tuvo claroscuros, y me encontré con una hermosa partitura, y un espectáculo con problemas a otros niveles, serios, y que se deben tener en cuenta. Es destacable decir que las funciones se plantean como homenaje a Gustavo Tambascio, que falleció repentinamente en el período de gestación del espectáculo.



"El sueño de una noche de verano" denominada como "Ópera cómica en tres actos" con música de Joaquín Gaztambide y libro de Patricio de la Escosura, tuvo su estreno en febrero de 1852 en el Teatro Circo de Madrid. La obra original se encuentra basada en una ópera cómica francesa del mismo título, en la que se sirve del título de la obra de Shakespeare, para contar una farsa en la cual la reina Isabel de Inglaterra va en busca de El Bardo por todas las tabernas de Londres, para que le escriba una comedia y dar rienda suelta al amor que siente por el dramaturgo inglés. Esta es la excusa para que varios personajes de las comedias de Shakespeare pululen por escena así como el propio William, en lo que parece una obra paródica, y que en nuestro país se entendió como crítica hacia la figura de Isabel II.

La versión actual, toca hablar de versiones, viene firmada por Raúl Asenjo, dado que solo aparece él como adaptador, entiendo que Tambascio no llegó más que a bosquejar la adaptación planteada en un principio, entendiendo que el responsable del resultado final es el propio Asenjo.
Nos encontramos con serios problemas en el texto, el primero de ellos  lo farragoso del mismo, en el que la trama no se encuentra explicada de forma satisfactoria, quedando el espectador ciertamente desconcertado hasta avanzada la segunda parte del espectáculo, cuando ya se nos ha contado tres veces el argumento de la función. Se ha optado por una historia completamente alejada de la original, en la que lo que se plantea es la dificultad para llevar a adelante el rodaje, en la Roma de los años 50, de la primera zarzuela en Cinemascope. Compro la idea, pero no la forma en la que está resuelta. El texto va por un lado, y los cantables van por otro, no teniendo mucha relación lo que se dice en los textos hablados con los cantados, aumentando la confusión. Los vínculos entre los personajes no están bien contados, en algunos casos se omiten, y en otros no se entiende, y luego  para rematar, un humor completamente  fuera de contexto, que no se explica en unos personajes de los años 50 haciendo alusiones a políticos y figuras públicas actuales, todo ello dentro de unos chistes que nos chirrían, apolillados y muy forzados en el conjunto de la obra. A esto hay que añadir poco rigor historicista, sirva como ejemplo el hablar de Julie Andrews como una conocida estrella de cine en la función, cuando en 1950 no había estrenado ni "My Fair Lady" en Broadway, funcion que la catapultó a la fama, siendo estas inconsistencias otro lastre para el material con el que se cuenta en las partes habladas.
Quizás "El sueño de una noche de verano" debería haberse representado en versión concierto, dado el problema que parece haber con el libreto original, y lo difícil que resulta una adaptación, que en este caso, pide mayor consonancia con la música, coherencia dramática, y no centrarse tanto en una batería de chistes, que no acaban de cuajar, y que restan elegancia a una obra de una sensibilidad exquisita en lo musical.



Gaztambide compuso una obra de gran belleza y sorprendente frescura en lo musical, aguantando el tipo de forma asombrosa, a pesar de los años que hace desde su estreno, y en la que la sombra de Rossini se puede vislumbrar en un "Prólogo" musical al más puro estilo de las oberturas de  don Gioachino. Si bien es cierto que la obra es profundamente italianizante, Gaztambide dota de la suficiente personalidad a la composición, como para plantear que la entidad de la obra justifica su recuperación con creces. La orquestación de la obra resulta insuperable, así como unos dúos y tercetos de gran inspiración, más que en las romanzas en sí menos interesantes que el resto de la partitura, a excepción de la salida del barítono principal, uno de los mejores números de la función, al más puro estilo de la ópera bufa, cuyos códigos son tan reconocibles para el espectador. Es destacable el gran dúo del segundo acto ligado con la romanza de la soprano principal, por su dificultad y sensibilidad, así como también son a tener en cuenta el brindis de salida del tenor, extremadamente complejo, y terceto de las dos sopranos con el barítono.
En líneas generales nos encontramos con una obra estimable, y que resulta de gran valor como testigo de lo que nuestro género lírico es, de donde viene, y como ha sido su evolución, algo que no está reñido con la belleza de una partitura que roza la filigrana por momentos, y que se escucha con gran placer en toda su extensión. Acierto por tanto en el Teatro de la Zarzuela ante una recuperación de este calibre, en un trabajo de arqueología musical que debe ser reconocido en todo su valor.



Vayamos con el elenco, enorme, y en general bien elegido.

Dentro del cuadro de actores, todos bastante acertados en sus respectivos papeles, destaca una Ana Goya, que con su solidez habitual, sirve una creación en el más puro estilo de característica de nuestra zarzuela, cargada de frescura y presencia escénica. Jorge Merino como rijoso Director General de Cinematografía, que resulta impagable en su personaje, tremendamente creible y sobre todo muy cercano para el espectador. También se debe mencionar a Sandro Cordero, que le ha tocado en suerte la mejor escena de la función, y que nuestro actor lleva a cabo con mucho sentido del texto e indudable empaque actoral.

Javier Franco, barítono, como Arturo Latimer, y Beatriz Díaz, soprano, como Olivia.
Franco muy acertado en lo vocal, sirve un papel breve pero difícil, que se ve perfectamente reflejado en la vocalidad de nuestro cantante. El agudo suena bello y bien timbrado, así como el fraseo y la emisión perfectamente resueltos, todo ello dentro de un bonito timbre de barítono lírico puro. Beatriz Díaz, no se luce tanto como nos tiene acostumbrados, dado que el papel no se ajusta a su tesitura, siendo preferible una mezzo para llevarlo a cabo, algo de lo que sin duda ella no es culpable. La voz en la zona aguda resulta perfecta, pero tristemente Olivia transita muy poco por las alturas, quedando su trabajo muy desdibujado a lo largo de la función.

Santiago Ballerini, tenor, como Shakespeare.
Nuestro tenor sirvió una función de irregular factura, y no parece sentirse del todo cómodo en el papel. Su tesitura de lírico ligero de tintes netamente belcantistas, le juega malas pasadas en los pasajes más graves de un papel de grandes exigencias vocales, donde la voz es llevada al pecho de forma realmente extraña siendo el resultado que el sonido se vea afeado en no pocos momentos. Otro problema a tener en cuenta es un vibrato continuo, no muy grande pero si persistente, que no ayuda a redondear su trabajo, así como algunos problemas de afinación en algunos momentos. A su favor hay que decir que el agudo es brillante, se da con facilidad, y está bien resuelto, así como un fraseo bien dominado. La voz sin ser excesivamente grande, se encuentra bien proyectada, y pasa la orquesta sin problemas, y resulta expresiva en la mayoría de las ocasiones.

Luis Cansino, barítono, como Fálstaf.
De lo mejorcito de la noche. Cansino con su arrolladora presencia escénica, e impoluto tono vocal, se lleva de calle la función, en una esforzada creación, como viene siendo habitual en él, donde la intención en los cantables fue la tónica, así como la expresividad. De amplio agudo, timbre poderoso, y perfectamente implicado con la partitura, Cansino se mueve como pez en el agua en un repertorio que le va como anillo al dedo, y con el que realmente se luce mucho. En un código netamente de barítono cómico, Luis Cansino se entrega al papel de forma generosa y sin concesiones, arriesgando, y metiéndose al público en el bolsillo desde su primera salida a escena.

Raquel Lojendio, soprano, como Reina Isabel.
Muy acertada en lo vocal, con un instrumento maduro, de buena proyección y bonito sonido. Cantó con gran belleza y sensibilidad en todas sus intervenciones, especialmente durante la primera parte del espectáculo, donde dúos y tercetos se ven perfectamente resueltos, y resuelve su romanza sin problemas de forma sentida y de elegante factura. En líneas generales Lojendio sirvió una gran velada en lo musical, en el que una considerable solidez vocal fueron la tónica, y una estupenda presencia escénica remataron su trabajo de forma perfecta.

Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, muy desaprovechado escénica y musicalmente. Miguel Ángel Gómez Martínez no parece darle mucha importancia a la masa coral en una obra que si bien es cierto no es crucial, si tiene cierta presencia. Encontré al coro ciertamente tímido en sus intervenciones, algo bastante inusual en ellos. Supongo que con el rodaje de la función se irán ajustando cosas. Especialmente un sonido más brillante, necesario a todas luces, y mayor presencia escénica.

la OCM contó con Miguel Ángel Gómez Martínez a la batuta, siendo la lectura bastante plana en líneas generales, tornándose plúmbea a medida que fue avanzando la función. Los tiempos se mostraron caprichosos, y la tendencia a la ralentización fue notoria. En líneas generales a Gómez Martínez le costó aunar el sonido, que resultó desabrido en no pocos momentos, y poco compacto en los concertantes, donde parece ser que el conjunto no ha sido lo suficientemente ensamblado con el resto del elenco, dando la sensación que el trabajo de concertación no ha sido el suficiente en una obra de no pocas  dificultades musicales.






Vayamos con la dirección de escena.
Marco Carniti al frente de la función, parece no profundizar demasiado en los vericuetos del enredo, quedándose en una sucesión de gags de trazo grueso poco efectivos, y una notoria falta de dirección actoral. Alguno de los artistas se encuentran muy desvalidos ante sus respectivos papeles, como en el caso Santiago Ballerini, dejado a su aire de forma inclemente, y sin nadie que lo ate en corto, así como un Javier Franco, desaforado , desde que sale a escena, siendo totalmente contrario a lo que se pretende en la función, que es que parezca sobreactuadísimo en la parte de la filmación de la película, algo que sin duda a Carniti se le ha escapado en detrimento del artista y del espectáculo. Casi todo el espectáculo parece emborronado, sucio en los movimientos, poco preciso en lo que se quiere contar, y se queda a medias en todo, pero no llega en nada. Solo funciona a nivel visual el gran dúo del segundo acto, en el que la impronta del gran Gustavo Tambascio se encuentra marcadísima con dolorosa belleza, por la falta de su genio, y que ya aparece tarde, pues a esas alturas el sopor se ha apoderado del respetable sin remisión. La supuesta ironía con la que se plantea el rodaje se echa a perder cuando se usa el cuadro plástico como recurso en el inicio de la función, para posteriormente utilizarse como crítica a las propuestas escénicas acartonadas, siendo esto en un ejercicio de incoherencia sorprendente por lo grueso de su calibre. Curiosamente pretendiendo criticar lo apolillado de algunas propuestas, el resultado de la función en líneas generales es añejo, y muy irregular de principio a fin, no logrando nuestro director una función de línea clara, y en la que lo que se nos quiere contar, no está bien delimitado por lo poco detallista del trabajo. Hay que destacar los bellos figurines de Jesús Ruiz, muy conseguidos especialmente en las féminas, y la monumental escenografía de Nicolas Boni, que desgraciadamente cae en las mismas inconsistencias históricas que el libreto, donde se puede ver en primer término un cartel de "La Dolce Vita" de Fellini filmada en 1960, y "Dos mujeres" de Vittorio de Sica filmada en 1962, bastante lejos de los primeros años 50 que se nos plantean en la obra.



En resumen, una propuesta que en lo musical resulta interesante, y de justicia dada la reivindicación de la obra de Gaztambide que supone, y que se nos queda coja por otros problemas, que dejan claro que no solo la partitura es importante, ya que de música escénica estamos hablando. Lo que si es cierto, es que el que no falla es Gaztambide, ni su obra, que por fin se ha estrenado en el Teatro de La Zarzuela por derecho propio.

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martes, 15 de enero de 2019

El Jovencito Frankenstein, El Monstruo Canta.

Esta temporada cargada de musicales, sin duda es una de las más apetitosas para los aficionados al género, siendo la oferta variada y amplia. Hay títulos para todos los gustos, y de todos los colores, y la verdad es que me he propuesto ver la mayoría de lo que se está representando, ya que me interesan la mayoría de las obras en cartel. El pasado sábado le tocó a "El Jovencito Frankenstein", una partitura que me gusta muchísimo, y un musical de grandes posibilidades que vi en Londres el año pasado y que me encantó, no solo por su música, sino por el concepto del espectáculo en si.
"El jovencito Frankenstein" se estrenó hace unos meses, pero quería esperar un tiempo antes de verla, ya que conociendo el material original, me pareció que el rodaje era crucial para el buen funcionamiento del espectáculo. Así que decidí ver la función a la vuelta de las vacaciones navideñas para hacer un poco más llevadera la vuelta a la normalidad, encontrando este título perfecto para ello por su carácter cómico y netamente ligero. El sábado pasado me acerqué al Gran Vía con buen ánimo, y dispuesto a pasármelo bien, algo que sin duda ocurrió como iré narrando en la siguiente crónica. 




"El jovencito Frankenstein" con música y letras de Mel Brooks y libreto del propio Brooks y Thomas Meehan, se estrenó en Broadway el ocho de noviembre de 2007, representándose en Londres por primera vez en 2017, conociendo a su vez diferentes producciones a lo largo del mundo.
Brooks sirve una comedia musical a la antigua usanza en cuanto a la partitura, con un regusto al Broadway más clásico que recuerda en no pocos momentos a Jerry Herman en su concepción musical, y donde una música vibrante, pegadiza y con elegantes melodías son las señas de identidad de la composición. La obra de gran dificultad para la mayoría de los intérpretes, precisa de cantantes de técnica mixta, en las dos protagonistas femeninas, ya que los trinos, y sobreagudos campan por doquier, especialmente en el personaje de Inga, moviéndose el resto de los personajes entre los actores-cantantes, con sólida técnica, y considerable control del instrumento vocal. 
Le salió al bueno de Brooks una obra redonda y francamente disfrutable, y con mucho brillo orquestal y vocal. Hay que destacar un magnífico arreglo para el célebre "Puttin´ On the Ritz" de Irving Berlin, que se cantaba, en su versión original, en la película en la que se basa el musical, y que sirve como declaración de intenciones sobre el aire clásico de la obra en su concepción musical, que apuesta por el sabor de otros tiempos, convenientemente remozado para los gustos de hoy en día. 
El libreto es conocido, nos cuenta lo mismo que en la famosa película de Mel Brooks, en mi humilde opinión su mejor film, y en la que homenajea los títulos de terror clásico de la Universal, tanto en su estética como en su código interpretativo. Brooks nunca se ha caracterizado por lo sutil de su humor, mas bien es un genio de la sal gorda, y este Jovencito Frankenstein pasado por el tamiz del musical, no podía ser menos, siendo la obra igual de irreverente que la película en algunos gags, y donde los dobles sentidos, y a veces no tan dobles, trufan un texto divertido y trepidante de principio a fin, que es pura comedia cómica, sin concesiones a lo politicamente correcto, y que aúna a la perfección los chistes del texto con los gags visuales.



Vayamos con el elenco, equilibrado en grado sumo, y muy bien elegido en líneas generales:

En la obra nos encontramos con varios papeles de pequeña extensión, pero que requieren de una buena ejecución para el buen funcionamiento del espectáculo, a este nivel, el conjunto sirve las pequeñas partes a la perfección, destacando Pitu Manubens como el Inspector Hans Kemp y el ermitaño, que posee un comprometido momento musical, resuelto sin problemas por Manubens. En ambos personajes se encuentra en el código perfecto que requieren, poniendo especial énfasis en el aspecto corporal de los mismos.

Albert Gracia como El Monstruo.
Gracia ofrece una estupenda creación, de esforzada ejecución, que resulta altamente satisfactoria en la parte interpretativa, dotando al personaje de gran entidad, y funcionando sus gags a la perfección, el número con su sombra durante "Puttin´On the Ritz" traducido como "Vístete de frac" resulta uno de los momentos de la función, y aprovecha al máximo su parte cantada al final de la obra, junto a Elizabeth, que resultó de gran belleza y ecos líricos, con bella voz de barítono y gran sensibilidad en su interpretación. 

Teresa Vallicrosa, como Frau Blücher.
Vallicrosa, dentro de la calidad a la que nos tiene acostumbrados, sirve una Blücher de manual, donde los gestos son clavados a los de Cloris Leachman en la película, y que resulta tremendamente sólida en su faceta actoral. Musicalmente cumple sin problemas en un papel que vocalmente se ajusta muy bien a sus características vocales, y que resuelve con aparente facilidad. Vallicrosa no defrauda en uno de los papeles mas recordados de la película, dejando bien claro que la necesidad de unos buenos secundarios para el buen desarrollo de un espectáculo es crucial. 

Cristina Llorente, como Inga.
Una de las mejores intérpretes del espectáculo sin ninguna duda es Llorente, que resulta adecuadísima para el difícil rol que le ha tocado en suerte. Inga tiene varios momentos de considerable dificultad en lo musical, y precisa una actriz con buenas dotes para la comedia. Llorente las da todas, resulta magnífica en el difícil "Un paseo en un carro de heno" su número estrella, cantado de forma perfecta incluso en sus notas mas extremas, y dentro de la forma física que Inga requiere, que no es ninguna tontería. Actoralmente me pareció deliciosa, con la consabida sensualidad que se le presupone, derrochando naturalidad y comicidad a partes iguales, y cargada de intención en sus chistes. La Inga que nuestra actriz plantea nos apetece llevárnosla a casa, siendo el resultado altamente satisfactorio en su conjunto.

Jordi Vidal, como Igor.
Le ha tocado a Vidal otro de los grandes personajes del show, cumpliendo también de forma adecuada en todas sus facetas. Nuestro actor posee un bonita voz de tenor que controla sin problemas, y que resulta muy grata al oído, afinadísimo en todo momento y ajustadísimo en la orquesta en el dúo con Frederick, uno de mis momentos favoritos de la función. Actoralmente en un código también muy físico, resulta gracioso en grado sumo, en un trabajo que destaca por su entrega, y el regusto al más puro Broadway que destila, aportando frescura y comicidad a un papel complicado, y cuyo referente se encuentra por motivos obvios en Marty Feldman, algo que en este caso no va a la contra de Jordi Vidal, ya que hace el papel suyo por derecho propio, de forma inteligente y más que correcta.

Marta Ribera, como Elizabeth Benning.
Soy muy de Ribera, reconozco que me encanta su forma de hacer, siempre personalísima, y en un código muy reconocible. Elizabeth no es el papel que quizás mejor se ajuste su vocalidad, por tanto lo que nuestra actriz hace es llevarla a su terreno en lo musical, desprendiéndose del poso lírico del papel, para adecuarlo a su voz y técnica, nada que objetar al respecto, cuando se hace bien, como en este caso ocurre. Ribera y su habitual arrollador desplante escénico me fascinaron, donde un trabajo con hechuras de primera actriz, cargado de comicidad y mas que sobrados recursos fueron la tónica. Si hay algo que valoro en un artista es la singularidad, algo que en este caso es una gran baza dada la carismática creación de nuestra actriz, que después de su primer número, desopilante por cierto, ya estamos deseando que vuelva a aparecer en escena. 

Natxo Nuñez, como Frederick Frankenstein.
Nuñez, sólido y entregado, me resultó una agradabilísima sorpresa, ya que no le conocía. Frederick resulta agotador como personaje, ya que practicamente se encuentra en escena toda la función, teniendo muchos números musicales por delante, y no pocas escenas habladas. Nuestro actor supo dosificarse de forma muy inteligente, llevando a cabo un trabajo vocal impoluto, y un contenido trabajo actoral que le va estupendamente al personaje. La voz es bella y bien timbrada, cargada de musicalidad, y cumple sin problema con las exigencias musicales del personaje. En la parte actoral, lacónico y muy seguro, dota de gran entidad a un papel nada fácil, llevado a cabo con gran desenvoltura y pasmosa facilidad. 



Conjunto perfecto en una obra difícil, en la que se debe cantar y bailar a un nivel considerable, así como dominar el claqué. Todos los componentes del coro se mueven como pez en el agua, y los diferentes papeles cantados se ven perfectamente servidos. Es destacable el "Wellcome to Transylvania" cantado a capela de forma absolutamente espectacular, así como "Puttin´On The Ritz" con su correspondiente bajada de escalera, y de brillante resolución. Resultan muy cómicos como transilvanos de pocas luces, resultando el complemento perfecto a la trama. 

Julio Awad al frente de la orquesta ofrece una lectura más cercana a la de Broadway que a la de Londres en los arreglos, de gran elegancia y con gran sabor teatral. Awad controla los tiempos a la perfección, llevando a cabo una lectura trepidante, y de gran efectismo escénico en algunos momentos, especialmente la escena en la que El Monstruo vuelve a la vida. Awad con gran experiencia en musicales, saca toda la chicha posible a un partitura en la que hay que saber exprimir  la espectacularidad que ofrece, y mantener el indudable sabor clásico que destila, algo que sin duda nuestro maestro consigue, aligerando muchísimo el espectáculo, siendo consecuencia de ello que se nos pase en un suspiro la función y que en ningún momento decaiga a nivel musical. 



Esteve Ferrer dirige el espectáculo saliendo airoso y metiendo en cintura una función de gran complejidad, donde las transiciones, y el ritmo son cruciales para que el resultado sea el óptimo. Ferrer opta por una propuesta frenética en el texto, que resulta adecuadísima, en la que los chistes se encajan de forma correcta, algunos de ellos pasado por el tamiz cañí, para hacerlos mas asequible al público patrio, y respetando los momentos mas míticos de la película original, no nos olvidemos que muchos, entre los que me incluyo, nos sabemos los diálogos de memoria. Cada actor se mueve en un código muy específico y muy bien definido, que se complemente perfectamente dentro del conjunto, y muestra un trabajo muy detallado en las pequeñas pinceladas con las que sazona el texto. Se nota que ha dejado hacer a sus actores, que disfrutan mucho en sus respectivos papeles, aportando cada uno detalles suyos que enriquecen mucho las interpretaciones. Ferrer conoce bien el material que tiene entre manos y sirve una función en la que la comedia basada en el gag físico tiene mucha importancia, y donde ni un solo texto se dice de pasada, siendo el resultado divertido, ágil y muy fresco. 
Las coreografías corren a cargo de Montse Colomé, siendo muy adecuadas y en algunos casos notables, como en el anteriormente citado "Puttin´On The Ritz".
Felype de Lima encargado de la escenografía y de los figurines, ofrece un espacio escénico funcional, y quizás menos inspirado que el de "La Familia Addams", a este nivel, reconozco que me gustó más la propuesta londinense, basada en unos efectivos telones pintados, que daban un sabor muy especial al espectáculo, resultando la propuesta de Madrid un poco mas impersonal en ese aspecto. Juanjo Llorens cumple con las luces dentro de la calidad a la que nos tiene acostumbrado, moviéndose el espectáculo siempre en nivel alto a pesar de los "peros" que planteo, y que no son relevantes.




En resumen, "El jovencito Frankenstein" no engaña, nos da exactamente todo lo que tiene, es decir, humor, buena música, un espectáculo vistoso, y una agradabilísima velada de teatro musical, que se deja ver sin complicaciones, y de forma más que placentera, y con un correcto acabado que no hace más que confirmar que los musicales han venido para quedarse de forma definitiva en nuestras carteleras.


 

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** Como nota aclaratoria decir que las fotos que acompañan esta crítica no se corresponden en su totalidad al elenco al que se hace mención.

Me gustaría dedicar esta crítica a la memoria de Carol Channing, la gran diva de Broadway que hoy 15 de enero de 2019 nos ha dejado. Bye Bye Dolly!!