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lunes, 21 de noviembre de 2016

MaRC, La Soledad Era Esto

Cuando uno se encuentra solo, que es bastante a menudo, le da por filosofar. La soledad es algo tan variopinto que tiene difícil explicación, y puede ser la mas placentera de las opciones, o el sufrimiento mas duro que uno puede vivir, todo depende de si es impuesta o deseada. Soy un tipo solitario, que disfruta de la compañía, siempre y cuando sea en el momento justo. Pero amiguitos, esas personas solitarias que la vida no les ha permitido mas compañía que un teclado de ordenador y sus penas (que en solitario son muchas), realmente se pueden tornar en auténticas ollas a presión que en cualquier momento y de la forma mas inesperada dan un reventón y destrozan todo lo que está a su paso.
Hoy en día, la era del postureo, la soledad se puede disfrazar de muchas maneras, pero el trasfondo siempre acaba saliendo a relucir, ya que al final somos seres humanos (perfiles de redes sociales aparte) y nunca como en estos tiempos, el hombre se encontró mas solo, a pesar de estar continuamente acompañado en esa gran mentira que es internet. Se habla solo, se discute solo, se hace el amor solo, y se llora solo, eso si, con miles de amigos en facebook que ni tan siquiera saben a que te dedicas, si te va bien en el curro o si se te ha muerto el gato, porque queridos míos, contamos lo que queremos, como queremos y cuando queremos, algo que creo que mas tarde o mas temprano nos pasará factura. Cuantas veces hemos escuchado aquello de... "parecía una persona normal, nunca nos pareció que fuera una persona violenta",  tantas veces visto en los telediario, y que dentro de poco se transformará en... "pero si acababa de colgar una foto en las Bahamas (mentira) y se le veía encantado con su vida".
Este fenómeno tan de hoy en día, creo que no ha sido lo suficientemente analizado a nivel teatral, y realmente creo que puede dar mucho juego, así que cuando me surgió la oportunidad de asistir a MaRC en la Sala Trovador, y sabiendo mas o menos de que iba la historia, me pareció muy interesante ver por donde respiraba este espectáculo de pequeño formato, pero muy grande en su mensaje. La experiencia resultó la mar de satisfactoria, y altamente interesante como iré contando a continuación.



MaRC, es un monólogo de mediana duración escrito por Isabel Díaz, que nos plantea varias cosas de las que arriba expongo, en la que un pobre hombre, un tipo corriente como tantos de los que hoy en día pululan por nuestro mundo, internado en un onírico psiquiátrico, aunque yo creo que mas bien en su propio infierno psicólogico, se desnuda ante si mismo para dejar poco a poco entrever sus miserias que tan bien supo ocultar hasta que un día hizo crack. Díaz se sirve para ello de un lenguaje ecléctico, muy directo a veces, y muy metafórico en la mayoría de las escenas, con el que va desgranando la complicada psicología de este buen hombre que es ante todo muy humano y muy real, y un digno hijo de estos tiempos. La función está brillantemente escrita, no dando nada por hecho al espectador que necesita rumiar lo que está viendo a posteriori, y que cuando sale del teatro va desgranando el mensaje de la función, que como ejercicio de denuncia social y autocrítica del momento que estamos viviendo sin duda funciona a las mil maravillas. Estamos ante una muestra de teatro muy bien pensado y escrito para pensar, necesario y tan antiguo como el propio teatro lo es.



Mariano García Espada protagoniza el espectáculo, y para ello se sirve de varios recursos la mar de interesantes, siendo el resultado de su trabajo correctisimo desde todo prisma.
García Espada crea un personaje tan lleno de matices que no deja de sorprendernos por su versatilidad y por su implicación emocional mas que evidente a medida que va avanzando el texto. A ello hay que añadir el magnífico uso de la voz de nuestro actor,  muy matizado en este aspecto, y que consigue dotar a cada escena del tono perfecto para que la cosa funcione a las mil maravillas. García Espada con su peculiar forma de hacer consigue engancharnos en una creación no exenta de ternura, aun y cuando el personaje no lo es en el sentido estricto de la palabra. Con su trabajo consigue que seamos perfectamente conscientes de que el protagonista de MaRC está sobrepasado por los acontecimientos y que cualquiera de nosotros puede ser ese hombre gris, que tras una gran mentira, al final acaba por mostrarse tal y como es. Los acontecimientos le abocan al desastre, los devenires políticos le obligan a estallar, y sus miserias interiores acaban por aflorar. Para ello Mariano García Espada en un acto de auto-redención dolorosa y necesaria para su personaje, se lava la conciencia ante el respetable que finalmente se acaba apiadando de el y entendiendo como ha llegado a donde ha llegado. Si no hay entrega este catártico ejercicio sería imposible, y nuestro actor se entrega hasta el infinito en una sensible creación que no pasa desapercibida y que destila amor por su personaje por los cuatro costados, llegando al espectador en una de las vertientes mas puras del arte de la interpretación que es la de la honestidad y el cariño hacia un trabajo por otra parte mas que bien resuelto.



La producción viene firmada por Clara Cosials, que deja hacer a su actor, y consigue que se sienta cómodo en su comprometídisimo personaje, con un trabajo que tiene mucho de investigación tanto de la palabra como espacial, donde la parca pero eficientísima escenografía de la propia directora tiene arte y parte en la interpretación del actor protagonista. Todas las escenas están perfectamente apoyadas en unas acciones mas que justificada y que ayudan a entender el laberinto emocional por el que transcurre la complicada psicología de nuestro protagonista, y nada de lo que ocurre en escena ocurre de forma gratuita. Sin duda estamos ante una inteligentísima lectura de un texto ciertamente complicado y que se ve reforzado por una arriesgada y acertada propuesta visual que enriquece el mensaje de la obra y el trabajo actoral. Cosials dirige a su actor en un código naturalista en el que se parte de las características físicas del actor para crear un personaje un tanto inquietante y con grandes dosis de verdad. Nada chirría en la dirección escénica, que apuesta por unos medidos tiempos y un estudiado crescendo dramático que finaliza en el momento justo para que el espectador sienta que ni sobra ni falta nada. Con una lectura sosegada pero no exenta de ritmo, y una jugosa lectura dramática Clara Cosials lleva la producción por los derroteros que desea sin el mas mínimo problema y con una línea coherente de principio a fin que es mas que estimable.



En resumen, una propuesta interesante y recomendable, ya que plantea una serie de cuestiones incómodas pero muy latentes hoy en día, y que no han sido lo suficientemente explotadas o desarrolladas sobre nuestros escenarios. Nos encontramos ante una propuesta sencilla, pero tremendamente honesta y con gran sabor teatral. Producciones como MaRC, necesarias y grandes en su humildad, hacen que nuestra escena esté viva. Todavía quedan funciones los viernes de este mes, ¡avisados estáis!

*Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Dejando Volar A Edipo

La primera tragedia griega que leí fue Edipo Rey, no solo fue la primera, sino la que mas me impresionó, no se cuanto tuvo que ver mi estreno con los mitos griegos en ello. La cuestión es que varias cosas me alucinaron del mas complejo (psicológicamente hablando) personaje que los griegos pusieron sobre las tablas. La primera, la modernidad del texto, que me dejó mas que claro que poco se ha inventado en cuanto a estructura en el teatro desde los tiempos de Sófocles, y la segunda, sin lugar a dudas la tremenda tragedia que se cierne sobre Edipo y Yocasta, desgraciados héroes de esta historia mas grande que la propia vida, plagada de monstruosidades y que tan bien refleja la naturaleza humana en su vertiente mas primigenia. Los mayores tabúes del ser humano, sus mayores miedos, la confirmación de los errores y finalmente la asunción de los mismos de la forma mas salvaje posible, para que de una forma bastante traumática nos adentremos en el verdadero yo de cada uno, se pueden ver en esta tremenda historia. Entendemos a Edipo, entendemos sus motivaciones, y comprendemos que a pesar de acostarse con su madre sin saber la verdadera identidad de esta, cuando lo descubre, no es capaz de soportarlo, y decide en un acto menos piadoso que el suicidio arrancarse los ojos y cargar con su pecado toda la vida.


Ponerse en el lugar de Edipo, ciñéndonos exclusivamente al incesto, además de pedestre, sería poco efectivo como catártico, ya que si bien terrible, acostarse con la madre de uno mismo, no es algo que se encuentre a la orden del día. La vertiente mas psicológica de tan enorme personaje marioneta del destino, el empecinamiento por buscar la verdad y una vez encontrada obrar en consecuencia por muy doloroso que ello sea, es quizás lo que mas nos llega. Grandes cuestiones todas ella que mas allá del asunto de la coyunda maternal (que realmente es el catalizador para que lo anterior suceda) siguen llevándonos de cráneo a todos aquellos que pensamos un poquito, aunque solo sea delante de la taza del desayuno.

Me surgió la posibilidad de asistir a El vuelo De Edipo, monólogo interpretado por Luís Seguí, con la tragedia de Sófocles como telón de fondo, y finalmente después de varias intentonas conseguí ver este espectáculo que tanto me llamaba la atención.
Con un aguacero de mil demonios me acerqué al Barrio De Las Letras, a la Sala Trovador, con el ánimo dispuesto a emociones fuertes, con la seguridad de que iba a asistir a una propuesta arriesgada, y esperando una interpretación de órdago. No me equivoqué en lo mas mínimo.
Este Vuelo De Edipo, me heló la sangre y sorprendió a partes iguales, algo que es muy de agradecer cuando se va al teatro.



El Vuelo De Edipo, se desarrolla en una especie de vertedero donde el protagonista de la tragedia vive su vejez, envuelto en sus propios recuerdos y obsesiones, de las que como es lógico no ha salido indemne. Digamos , y esta es una interpretación única y exclusivamente mía, que se encuentra en su Hades particular, sufriendo su también particular condena, que es revivir una y otra vez su tragedia. De esta forma, de manera abreviada, y muy bien condensada, se nos cuenta la tragedia de Sófocles desde un punto de vista muy psicológico y muy humano, llevándonos directamente a los cuatro grandes conflictos de la obra, el incesto, el parricidio, la búsqueda de la verdad y la sumisión ante los avatares del destino.



Luis Seguí da vida de forma asombrosa a este creíble Edipo, contradictorio y humano como el que mas, que no soporta su pecado, pero que sigue deseando a su madre de forma enfermiza, y que sigue sin asumir, aunque esté resignado, todo aquello que le ha venido encima.
La interpretación de Seguí tiene dos vertientes muy claras, el Edipo Viejo y el Edipo Joven, siendo dos personajes muy distintos y muy bien enlazados en lo dramático. Cuando empieza la función Seguí ofrece una interpretación mas corporal y exterior, que a medida que el personaje avanza se va tornando mas interiorizada y compleja, llegando al paroxismo en el último cuarto del monólogo.Este Edipo de primarios instintos, belicoso y bastante irracional, se va transformando en un hombre mas reflexivo y sobrepasado por la situación según avanza el drama.
Luis Seguí consigue que todos los estados de ánimo se entiendan a la perfección, y su esforzadísimo trabajo, impresiona al mas pintado, tanto por su estupenda forma física, como por la bestial (no encuentro otro adjetivo) implicación emocional, para transmitir la tortura interior por la que Edipo está pasando. El final de la función es de infarto, llegando a producir la tan cacareada catarsis, tan pocas veces conseguida. Seguí nos atraviesa con sus enajenados ojos, y nos deja de piedra cuando se los arranca, algo que si no llega a ser por el espléndido recorrido de su personaje, el monumental estudio de la psicología edípica y el redondo tratamiento de un difícil texto que Seguí hace suyo sin problemas, sería totalmente imposible.
Estamos ante un trabajo mayúsculo, de gran calado, complicadísima ejecución y que no debería pasar desapercibido en absoluto. Seguí se deja la piel en escena, y en un agotador ejercicio de desgaste tanto físico como emocional, deja entrever todos los recovecos del alma humana en todas sus vertientes.
Un diez sin duda para Luis Seguí, por su gallardía a la hora de sumergirse en este difícil papel que tiene entre manos, su honestidad en cuanto a su forma de trabajo, donde prima la verdad y no los golpes de efecto y su conmovedor resultado final, impresionante en su conjunto, y mas que complejo en su esencia.



Vayamos con la propuesta escénica.
Nazan López dirige este monólogo con magistral pulso dramático, gran sentido del ritmo y algunos hallazgos escénicos muy conseguidos, la grabadora como contenedor de los mórbidos recuerdos de Edipo y esa representación de Yocasta como madre nutricia y a la vez oscuro objeto del deseo de Edipo, son sin duda dos grandes aciertos, del mismo modo el uso de los elementos escénicos es notable y las inquietantes atmósferas conseguidas son otro valor a tener en cuenta.
López sabe lo que quiere y la visión de Edipo que nos quiere dar, pero también da alas a la creatividad de Seguí, dejando que todo fluya de forma correcta, y consiguiendo un espectáculo que funciona a las mil maravillas.Influenciado por Peter Brook y la mas reciente Violación de Lucrecia, este Vuelo de Edipo, no deja indiferente a nadie, tanto por su crudeza, como por el altísimo nivel artístico que ofrece. López sorprendentemente joven, consigue dotar de mucho peso esta arriesgada propuesta y da atisbos de un gran poso en cuanto a cultura teatral se refiere.

Mención aparte merece el soberbio texto de Jesús Javier Lázaro, inteligentísimo, nada complaciente y que deja que el espectador reflexione ante lo que está presenciando. Lázaro limpia de polvo y paja a Edipo va al turrón sin pararse en lo superfluo y deja totalmente al descubierto los conflictos humanos y psicológicos de la tragedia de Sófocles.



En resumen una mas que recomendable propuesta, de gran calado en lo literario, impactante interpretación e impoluto acabado formal. Estamos ante TEATRO, así con mayúsculas, de primer nivel y con un trabajo encomiable, intelectual y actoralmente. Una propuesta arriesgada e incómoda, que sin duda deja impactado al espectador.
Solo les queda un sábado mas de representaciones!!! os la recomiendo encarecidamente!!
Largo vuelo a Edipo!!!!


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