miércoles, 21 de febrero de 2018

La Tempestad, Versión Concierto De Una Obra Maestra.

Siguiendo la estela de los últimos títulos del Teatro de la Zarzuela, en el que la recuperación de obras que hace muchos años que no se ponen en pie, de grandes dificultades musicales, y de mítico recuerdo en la memoria del espectador, viene siendo la tónica, se ha recuperado un gran título del repertorio como es La Tempestad. Este feliz propósito se vio reflejado el pasado viernes 16, día en el que se llevó a cabo el primero de los dos conciertos de dicha título, obra mítica y mitificada por su leyenda de obra maldita y por su indudable belleza. Para ello se contaba con un reparto, a priori, de campanillas con Carlos Álvarez a la cabeza, al que tanto se quiere en Madrid, y que tan poco se prodiga por nuestros escenarios.
No me podía perder el evento, obrón de Chapí, elenco de relumbrón, y una maravillosa partitura me parecía suficiente como para considerar el concierto de interés máximo, y vislumbrar que la noche podría ser estupenda... craso error como luego iré contando. La velada fue francamente mejorable en lo musical, ya que el reparto se me antojó bastante desequilibrado, y en algunos casos mas que discreto en su interpretación, siendo esta vez un servidor el que saliera enfadado del coliseo de la Calle Jovellanos, en vez de las abuelitas que clamaban por ovejitas en Maruxa, y que siguieron dándole caña a la anterior producción en los corrillos, aunque Maruxa ya hiciese unos cuantos día que finalizase. Ante el pobretón nivel musical del concierto, y el entusiasmo de "los de siempre" uno empieza a plantearse que el drama de la zarzuela estriba en que a su público le interesan mas las ovejitas que la música, amén de los papeles de los caramelitos, los cuchicheos en los solos de orquesta que son la marca de la casa de ese teatro, y como no, el cantar sin el mas mínimo disimulo lo que están cantando los solistas, que sin duda forman parte de la idiosincrasia del Teatro de La Zarzuela, de la que se puede sacar una tesis abundante y documentada, que explique los problemas de la zarzuela como género, siendo uno de los mas importantes su público, arte y parte en una crisis preocupante en grado sumo y que debe ser enmendada de forma urgente.



La Tempestad, denominada como "Melodrama fantástico en tres actos" en prosa y verso con libreto de Miguel Ramos Carrión y música de Ruperto Chapí, tuvo su estreno triunfante en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 11 de marzo de 1882.
Se la podría definir como una zarzuela grande, pero sus influencias son netamente operísticas, siendo un claro ejemplo de ello la sinfonía claramente verdiana con la que se prologa la obra, aunque también se ve influenciada por la opera francesa de Gounod y Mayerbeer. Esta obra supuso un gran salto en nuestra lírica y formaba parte del intento de renovar la zarzuela, empresa en la que Barbieri fue un pionero, y Chapí un digno sucesor de dicho compositor. La altura musical de la obra es indudable, y su dificultad extrema en practicamente todos lo roles, en una obra donde los concertantes y números de conjunto en general tienen gran importancia, siendo la orquestación una de las mas atmosféricas de todo el repertorio, y una de las grandes bazas de la partitura. La Tempestad abundantísima en música contiene la nada desdeñable cantidad de veintiún números musicales, y por su densidad musical, es comparable a una ópera desde todo ángulo. La que yo considero obra maestra de Chapí, La Bruja estrenada cinco años después, ya se vislumbra en La Tempestad, especialmente en el gran concertante con el que finaliza el segundo acto, y alguno de los coros se ven claramente influenciados por el anteriormente citado Barbieri.




Varias piezas son a destacar, desde el famosísimo "Monólogo de Simón" aria de ópera para barítono en toda regla y auténtico tour de force para cualquier cantante que se precie. También es destacable la famosa romanza de salida del tenor "Salve, costa de Bretaña" así como el bello dúo de sopranos a modo de barcarola que acontece en el primer acto. El resultado es una partitura de impecable acabado, solidez musical pasmosa, y gran efecto escénico, sin que esto sea impedimento para que la música esté a una altura realmente apreciable.
El material literario es un claro ejemplo de su época, y podríamos incluirla dentro del dramón romántico con influencias sobrenaturales en su asunto, y de gran carga dramática. La obra tiene un empaque literario considerable, con unos personajes bien perfilados, y de mas calado del habitual en nuestra zarzuela. 
El concierto se presentó en (acertada) versión libre de Alberto Conejero, y en ella el importante personaje de Mateo, ya anciano, recuerda los hechos ocurridos en la obra cuando era un jovenzuelo, y nos cuenta la historia entre número y número, como si de un cuento se tratara, en un texto profuso en lirismo, que resume a la perfección el argumento y que resulta muy efectivo en cuanto a la comprensión de la historia se trata.



Vayamos con el elenco:
Juan Echanove, actor, como Mateo (narrador)
Echanove, actor al que admiro profundamente no acaba de resultar del todo satisfactorio por varios motivos. El primero y mas notorio es que el papel es leído y no dicho de memoria, algo que encorseta a nuestro actor de forma inclemente, perdiendo frescura, ya que no nos podemos abstraer de la sensación de que se está leyendo mas que interpretando. Encontré a Echanove algo impostado especialmente en su última intervención, que no me creí en absoluto, y que estoy convencido que si se hubiese podido mover por el escenario y no limitarse a estar delante de un atril, todo fluiría de forma mucho mas creíble. Hay cierto tono de radioteatro que no acabó de convencerme, y que si bien es cierto que Echanove aporta oficio, y tiene momentos muy buenos, resulta rutinario en algunos pasajes, y su trabajo se vislumbra mas hacia afuera que desde adentro, rozando la declamación en algunos momentos. 

Carlos Cosías, tenor, como Mateo.
Cosías lleva a cabo un papel que podríamos incluir dentro del repertorio de tenor cómico, tan característico de nuestra zarzuela. Cosías con poca entidad vocal, salva los trastos gracias a que enfoca el papel dentro de una acertado aire bufo, pero no acaba de rematar dado el escuálido material vocal, y algún que otro problema con el apoyo que le resta fuerza a su trabajo musical.

Mariola Cantarero, soprano, como Ángela.
Cantarero hace tiempo que se encuentra en un delicado momento vocal, y así se demostró en la función del viernes, donde el sonido resulta poco fresco, y la voz pesa en exceso. El vibrato tan característico de nuestra soprano parece menos marcado de lo habitual algo que resulta muy de agradecer, pero los problemas continúan en la línea de canto y en el final de los agudos, resueltos de forma excesivamente abrupta y con nula musicalidad. La partitura se debe respetar, y no adaptarla a las necesidades del cantante para hacer con ella lo que mejor le venga a las características de su instrumento, y Cantarero parece estar mas interesada en dar, los por otra partes estupendos, sobreagudos, que por seguir las exigencias del papel tal y como Chapí lo concibió. Estuvo francamente afortunada en su romanza principal, pero no así en el terceto donde la coloratura suena metálica y poco refinada en su resolución. Siendo su composición irregular en líneas generales, ya que una romanza brillante no salva un personaje entero.

José Bros, tenor, como Beltrán.
Bros me hizo sufrir mucho durante el concierto, el papel no se adapta a su vocalidad, y sería necesario otro tipo de tenor para llevarlo a cabo. Problemas de colocación, excesivamente nasal en muchos momentos, y el agudo se encuentra forzado, mal resuelto y cercano al gallo no pocas veces y con problemas en la afinación. Encontré a Bros inseguro en sus intervenciones, y su romanza de salida fue claramente insuficiente, echándose un servidor las manos a la cabeza de forma involuntaria por dos ocasiones, ante los problemas que nuestro tenor se encuentra a la hora de abordar el papel. La zona central suena bien, la voz corre sin problemas, y un trabajo vocal mas concienzudo estoy seguro que hubiese añadido mucho mas interés a su trabajo.

Carlos Álvarez, barítono, como Simón.
Absolutamente magnífico, luciendo señorío sobre el escenario, de atronador volumen y matizadísimo, logró el momento de la noche en su monólogo, por el cual ya mereció la pena el concierto. Álvarez de impoluta línea de canto, sólido como una roca, y muy expresivo, se adapta como un guante al difícil personaje que le ha tocado en suerte. Brilla muchísimo en los concertantes donde la voz destaca de forma muy satisfactoria y con exquisita musicalidad. Me pareció el cantante mas seguro de todos los solistas, y el que mejor preparado tenía su papel, algo que se refleja de forma rotunda en su brillante trabajo que sobresale del resto, y que realmente me supo a poco. Carlos Álvarez debe venir con mas asiduidad al Teatro de la Zarzuela, es una activo importantísimo en nuestro panorama lírico, y pone a la zarzuela en las cotas de excelencia que el género merece. No me cabe ni la mas mínima duda.

Ketevan Kemoklidze, mezzosoprano, como Roberto.
La mezzo georgiana resultó una agradable sorpresa, que afrontó el papel de galán de la función con bravura, elegancia y gran sensibilidad. La voz suena ligera, redonda y muy bien colocada. Exquisita en el fraseo y de gran delicadeza en sus intervenciones. Su romanza fue ejecutada de forma impoluta y con un bello sonido que corre por la sala sin el mas mínimo problema y en el dúo con Cantarero resultó deliciosa. Kemoklidze sirvió una velada de gran calidad musical, refinada y mas que satisfactoria, a lo que hay que añadir una estupenda presencia escénica. 


Coro Titular del Teatro de la Zarzuela magnífico como viene siendo habitual en ellos, luchando contra los elementos ya que la ubicación de la orquesta no les facilitó el trabajo, algo que no influyó para que fuera tremendamente resolutivo en sus intervenciones, y muy matizado. Quizás mas empastados los hombres que las mujeres, pero sin ser nada grave, dieron la nota de espectacularidad necesaria en una partitura como es La Tempestad en la que el coro tiene gran importancia, y un difícil trabajo que se vio muy bien reflejado en la representación.



Guillermo García Calvo llevó la batuta de la OCM no sin problemas, especialmente de concertación, donde se nota que no se pudo trabajar lo suficiente. Las colas de algunos solistas en los finales de número fueron muy notorias, y el sonido en los momentos de conjunto no tuvo la  homogeneidad deseada dando la sensación de que cada cantante iba a lo suyo, siendo pocas las ocasiones en las que se notó un trabajo de unión de las voces realmente estimable, algo que en una obra de las características de La Tempestad puede resultar un problema grave. La orquesta fue de mas a menos, y en líneas generales encontré la lectura bastante plana y aburrida por momentos. He de decir que la orquesta debería haber estado en el foso y no en el escenario, hubiese facilitado el trabajo de la mano que al encontrarse de espaldas a los solistas principales no pudo dar entradas y cortes como desde otra posición hubiese podido hacer, es de justicia la aclaración ya que tengo la sensación de que si García Calvo hubiese estado en el foso, algunos problemas con los que se encontraron no hubiesen sucedido.

En líneas generales encontré el concierto falto de ensayos, sobre todo en cuanto a solistas se refiere, y no llegó a las expectativas con las que entré en el teatro, iba dispuesto a disfrutar, y sufrí por momentos, me aburrí en un segundo acto que no acabó de despegar hasta el concertante final, y también es cierto que disfruté con el trabajo de Carlos Álvarez y Ketevan Kemoklidze, pero que por desgracia no lograron salvar del todo un que espectáculo que podría dar mucho mas de sí.  Finalizo la crónica con una pregunta...¿Para cuando una Tempestad escenificada? espero que sea pronto, la obra de Chapí se lo merece, y los aficionados también, sería una maravilla poder disfrutarla en todo su esplendor.





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** Los apuntes históricos del estreno de La Tempestad, así como algún apunte del análisis musical de la obra,  están sacados de "El Libro De Oro De La Zarzuela" de Roger Alier, piedra angular de los aficionados al género, y fuente de información de este blog en múltiples ocasiones.