sábado, 5 de diciembre de 2020

¿ Quien Mató A Sherlock Holmes ? No Solo De Cantar Se Trata.


Hace unos meses, un proyecto de musical saltó a la palestra con una premisa francamente atractiva, la figura de Sherlock Holmes, y el enigma de su asesinato, que los aficionados al inmortal personaje de Conan Doyle nos conocemos al dedillo, así que intuía que los tiros irían por otra parte. Siempre me apetecen las propuestas de nueva creación, y si bien es cierto en gustos musicaleros el repertorio clásico es mi favorito, el estreno de nuevas obras crea en mi expectación e interés, ya que es una señal clarísima de que el género se encuentra vivo y en constante evolución, algo sin duda satisfactorio y esperanzador que deja bien claro que en nuestro país el género está lo suficientemente asentado como para abordar proyectos de este tipo.

La premisa de un musical con Sherlock Holmes como eje central me resultaba más que apetecible. El intrépido e inteligentísimo detective fue compañero de lecturas en mi adolescencia en no pocas ocasiones, y cuando tuve ocasión de visitar su casa en Londres sentí una gran emoción. El halo de romanticismo que el personaje destila, su misteriosa vida privada, en el más amplio sentido de la palabra, su contradictoria personalidad, sus adicciones, y su mente brillantísima, hacen que el detective inglés por antonomasia, no olvidemos que Poirot era belga, sea uno de los caracteres más atractivos, y misteriosos que la literatura de suspense ha parido, y que en mi caso particular forma parte de mi mitología personal, si bien es cierto que no a la altura de los personajes de Agatha Christie, si en un grado de profundidad suficiente como para encontrarse dentro de mi memoria emocional de forma muy marcada. Por tanto cuando se comunicó el estreno de la obra en Aranjuez, y el extraordinario elenco que se presenta en la obra, estuve tentado a sacar entradas para los primeros previos, algo que la inestable situación pandémica consiguió truncar quedándome la espina clavada hasta que la más que previsible presentación del espectáculo en Madrid fue un hecho. El primer fin de semana del espectáculo en la Gran Vía fui a verlo, siendo esta crónica la de un pase previo de la función que tuvo su estreno oficial el pasado día dos en el Teatro EDP Gran Vía. 



¿ Quien mató a Sherlock Holmes? musical con partitura de Iván Macías y libreto y letras de Félix Amador, nos cuenta una reunión en una mansión victoriana en la que un grupo de personas allegadas a Sherlock Holmes, y el propio detective, se enfrentan a un enigma que deben resolver a cambio de una suculenta recompensa, en la que obviamente hay muerto al más puro estilo del teatro de suspense inglés. Hasta aquí puedo contar por aquello de no desvelar el secreto de la función, y no hacer spoilers, palabra tan de moda en la actualidad, y que a más de uno se le da muy bien fabricarlos.

Antes de hablar de la obra en si, me gustaría contar alguna cosa sobre los musicales que creo que pueden tener interés en un obra como esta, en la que me encontré con algunos problemas que creo que se deben plantear, ya que ensombrecen la propuesta de forma notoria. 

Los códigos del musical, son abiertos, pero hay algunos parámetros de vital importancia para que como género resulte satisfactorio, y que además resultan definitorios en cuanto a lo que el musical es, y el como se nos cuenta. El libreto es primordial, una buena historia es imprescindible para que la función enganche, y aunque una buena partitura puede salvar un mal libreto, los casos en los que esto ocurre no son la mayoría, ya que la conjunción historia y música debe ser perfecta. La música debe estar para que la acción avance, siempre al servicio de la trama, nunca un adorno gratuito para que los actores se luzcan sin nada más detrás, ya que el hecho de que unos personajes se pongan a cantar en medio de una escena hablada es un convencionalismo que no nos debe resultar chocante y que requiere cierto esfuerzo por parte del espectador para creérselo, cuando la cosa fluye, es mágico, cuando no, queda en la mejor de las ocasiones raro, y en la peor inverosímil y hasta cierto punto desesperante. Cuando de repente todo se para, y un personaje se pone a cantar sin una justificación escénica, y sin aportar nada a la historia principal, entonces es cuando desconectamos y nos deja de interesar lo que está ocurriendo. Ese es uno de los problemas principales que nos encontramos en el Sherlock, en el que una partitura con números interesantes, se ve lastrada por la falta de cohesión en la historia pareciéndonos que en algunos momentos se canta porque se debe cantar, siguiendo una estructura forzada en la que falta espontaneidad y organicidad con respecto a  la acción dramática.



La partitura de Iván Macías a todas luces se merece un material literario con más enjundia, para que brille como puede hacerlo en algunos números. La obra escrita a medida de sus intérpretes se adapta como un guante a la vocalidad de todos y cada uno de los artistas que los ponen en pie, no nos olvidemos que se trata de una función en la que el todo el elenco son primeros espadas en su trabajo, de importante rodaje artístico, y gran nombre dentro de la profesión. A este respecto nada que objetar, ya que cada solista tiene su momento de lucimiento, a medida y sin fisuras, pero si miramos la partitura en su conjunto, se nos antoja excesivamente ecléctica y sin un nexo de unión, funcionando más como una sucesión de números independientes, que como una obra de teatro hilada con coherencia musical de principio a fin. Son destacables el número de apertura de la obra "Es tan inglés", con ciertos ecos de Annie en su melodía, así como el dueto de Watson y la Sra. Roberts, pura opereta en su concepción y de resolución completamente clásica. También es destacable el tema principal de El anfitrión de indudable dificultad, el tema principal de la Sra. Roberts, así como "Alma de papel" de gran belleza y buen uso de la melodía. Quizás el número que más me interesó, más allá de su ejecución puramente lírica, fue el Tango que canta Moriarty, de gran riqueza musical y espectacular resultado. El resto de los números, especialmente los de conjunto, me parecieron menos inspirados, aunque he de decir, que los problemas técnicos en cuanto al sonido, el día de mi función no me permitieron escuchar la partitura con la suficiente profundidad como para hacer un análisis más exhaustivo. 

En cuanto al libreto, los problemas se agravan. Félix Amador no acaba de pillarle el punto a lo que podemos considerar una comedia de suspense con toques dramáticos, en la que el asunto se torna farragoso a los diez minutos de comenzar el espectáculo, para ir enredándose cada vez más, hasta casi caer en lo incomprensible. Hay problemas con los vínculos entre los personajes, no muy bien definidos especialmente entre Watson y Sherlock, y Irene Adler y Sherlock, así como una ausencia de conflicto muy notoria durante la primera parte de la función, lo que lastra el texto haciendo que el interés decaiga durante un buen rato de la trama. Es de justicia reconocer que en la segunda parte la cosa mejora bastante, y empieza a vislumbrarse lo que se pretendía con la historia, pero que no acaba de rematarse de forma satisfactoria. El giro final es estupendo, y la historia tiene muchísimas posibilidades, pero se me antoja necesaria una revisión profunda, en la que manteniendo el armazón de la obra, a todas luces interesante, se reestructure todo y se le de forma a lo que parece un puñado de buenas ideas expuestas, pero que no tienen continuidad a lo largo de la función en algunos casos, y que no se ven resueltas dentro de la trama. El final, sorpresivo y bien tramado, resulta demasiado abrupto, entendiendo un servidor que se nos deberían ir dando pistas a lo largo de la función para que todo tomase sentido al final, en vez de parecer que todo lo contado hasta ese momento no nos lleva al punto al que nos quiere llevar. El recurso de un libro que se cae de forma misteriosa podría ser recurrente y definitorio si dentro de la trama ocurriesen más situaciones de ese tipo, pero al quedarse en mera pincelada no acaba de funcionar como recurso siendo una vía más de las muchas que se abren en la obra, pero que no parecen cerrarse en ningún momento. Otro problema es la superficialidad con la que los personajes son tratados, excesivamente esquemáticos, y volvemos de nuevo a los vínculos, no del todo perfilados en la trama, especialmente en el caso de Irene Adler, Watson y Sherlock. Si lo que planteo se modifica, y se integran los números en la trama de forma fluida, el material puede tener mucho más interés a nivel teatral del que tiene, ya que la historia puede dar sin duda mucho más de si de lo que da.



 

Vayamos con el elenco.

Obviamente con un plantel de artistas como el que el espectáculo tiene, la apuesta a nivel artístico no podía fallar, y salvo alguna excepción, todos se encuentran a un elevado nivel musical e interpretativo.

Julia Möller y Enrique del Portal como la Señora Roberts y Doctor Watson respectivamente: 

Ambos actores se encuentran en el punto justo de sazón en sus respectivos personajes cumpliendo sin problemas en todas las disciplinas. Möller brilla mucho en la parte vocal, con un intenso número impecablemente servido en el que la expresividad y la entrega fueron la tónica, muy emotiva y solídisma, como es habitual en ella, se encuentra en un momento de madurez artística realmente interesante que ya empezamos a vislumbrar en "La Familia Addams" y que sin duda cada vez se encuentra más presente. Deliciosa en lo actoral, con una vis cómica muy pronunciada, consigue sacar lo mejor de un personaje que no acaba de encajar en la historia, pero que Möller aprovecha con sentido del humor fino y muy inglés. Del Portal en su línea de avezado actor de musicales, ofreció una lección de veteranía sobre las tablas, demostrando una vez más su faceta de todoterreno, en la que lo mismo baila tap, que canta sin el menor problema lo que la partitura exige, como nos ofrece las dosis justas de naturalidad y retranca imprescindibles para llevar a su personaje a buen puerto. De hechuras clásicas en su composición, con un gran sentido de la escucha, y de enorme química con Möller, solo me faltó un número suyo solo como tiene el resto del elenco. El dueto fue uno de los momentazos de la noche, y una de las partes más disfrutables de la función, algo en lo que sin duda nuestros dos artistas tienen mucho que ver, que supieron aportar lo mejor de si mismos en sus respectivas creaciones. 

Josean Moreno, como El Anfitrión:

Moreno es una de las voces más importantes dentro del mundo de los musicales patrios, creo que eso es indudable, y su interpretación se debe considerar de calidad, en la que un instrumento grande, matizado, de personal timbre y gran facilidad en la zona aguda, brilló mucho en su tema principal, difícil de cantar, sin apenas esfuerzo por parte del artista, y de impactante resultado. Correcto en lo actoral, quizás debería dejar un poco atrás su Barber de "El Médico", que parece pulular en exceso por su personaje, aunque no molesta en absoluto, pero quizás le resta un poco de profundidad al papel, papel a medias entre maestro de ceremonias y catalizador de la historia. De gran presencia escénica y muy seguro, se mostró como el gran activo que es dentro de la función, mandando en sus escenas tal y como el texto pide. 


Enrique Ferrer, como Moriarty.

Ferrer, de sobra conocido en los ámbitos líricos, retorna al musical después de unos cuantos años, tras su rotundo Piangi en la producción de "El fantasma de la ópera" estrenada en 2002. Ferrer, de tesitura lírico-spinto, acostumbrado a los grandes roles operísticos y de zarzuela, logra sin problema adaptarse a las exigencias de la partitura, en un conseguido código mixto, más lírico para ser sinceros, que se ajusta perfectamente a lo que el papel pide. Atronador, de exquisito fraseo y gran expresividad, se lució mucho en su número principal, uno de los más ovacionados de la noche, así como en el dúo con Sherlock Holmes igual de impactante en su resolución. Se vislumbra un gran trabajo detrás de lo que ofrece, en el que el cambio de código interpretativo no se acusa en ningún momento, sonando la voz perfecta y sin la menor fisura. Actoralmente, elegantísimo y con hechuras de galán clásico, se me antoja muy adecuado como la figura que tenemos en mente de Moriarty, templado y sin estridencias, dentro de un papel que podría dar lugar a excesos varios o lecturas maníqueas, algo que aquí no es el caso. 

Talía del Val, como Irene Adler.

Estupenda en lo vocal, en un código menos lírico al habitual, y que le sienta estupendamente bien a nuestra artista, en un personaje de tesitura más central de lo que me esperaba, y que defiende de maravilla en su tema principal. El timbre metálico que se podía apreciar en anteriores trabajos ha desaparecido, tornándose su voz más aterciopelada, y de mejor resolución en el agudo, siendo su evolución vocal en todos estos años muy interesante, y que creo que en este Sherlock es donde va encontrando su sitio ideal para afrontar el repertorio que mejor se adecúa a sus características como cantante. Actoralmente correctísima, y lastrada por el libreto, que no detalla en absoluto la enigmática personalidad de la única mujer que le robó el corazón a Sherlock Holmes. Del Val intenta apurar al máximo las pocas posibilidades dramáticas del papel, y dentro del material que le ha tocado en suerte saca lo mejor del personaje, lástima que se vea desaprovechada dentro de la historia, siendo casi una leve pintura del personaje original. 

Daniel Diges, como Sherlock Holmes.

Diges no acaba de encontrar el sitio en un papel que en lo actoral le viene sorprendentemente grande, y que no remata en ningún momento de forma satisfactoria. La propuesta inicial no se mantiene, en la que una corporalidad muy específica se va diluyendo poco a poco para que el personaje vaya desapareciendo para aflorar Daniel Diges haciendo de si mismo. Tengo la sensación de que se ha visto un poco apabullado por tener que enfrentarse a un personaje tan icónico, quedándose a medio gas, y con cierto aire de desamparo en escena, en el que la falta de recursos interpretativos, en algunos momentos es muy notoria. Hay problemas con los brazos, que nuestro artista no sabe que hacer con ellos, y hay problemas de concepción psicológica del personaje, que se vislumbra planísimo, carencias del libreto aparte, y en el que eché de menos una interpretación más carismática y sobre todo alejada del Daniel Diges que todos hemos visto ya. No se nos debe olvidar que nos encontramos ante una obra de teatro en la que se debe realizar un papel, más allá de lo que conocemos del intérprete, y eso tristemente aquí no se ha podido corregir. En lo musical no acaba de aparecer la entidad necesaria hasta el final del espectáculo, ya que el instrumento de nuestro actor cambia en exceso de color y estilo a lo largo del espectáculo. En su último tema, "Alma de papel" si que vi el genio de Daniel Diges, y si que vislumbré todo lo que puede ofrecer, si consiguiera desprenderse de ciertos vicios la cosa fluiría de otra manera a todo lo largo del espectáculo, quedándose en su caso en una interpretación en exceso deslavazada, con un personaje difuso y que necesita de una buena revisión a nivel actoral y de dirección. 




José Luis Sixto firma el espectáculo y se encuentra con algunos problemas, en los que obviamente el libreto tiene mucho que ver, resultando muy complicado hilvanar el espectáculo que parece algo inconexo, y sin una línea definitoria.  No acaban de funcionar del todo las atmósferas pretendidas, algo que los problemas técnicos (luz y sonido) sin duda no favorecen que sea así. Se deben mejorar las transiciones, algo premiosas, y algunos momentos en los que las coreografías de Federico Barrios no se encuentran bien integradas, especialmente aquellas que se encuentran en segundo plano. A nivel actoral se parte de un código natural, alejado de la afectación, que funciona, salvo en el caso de Diges, y quizás unas acciones escénicas más marcadas facilitaría el trabajo a los actores que en algunos momentos parecen estar un poco perdidos en escena, sin saber muy bien que hacer. También entiendo que el factor rodaje será determinante a la hora de valorar el espectáculo en su totalidad, ya que la función del pasado sábado se me antojó todavía muy verde de cara al estreno. Intentaré volver a ver el espectáculo más adelante para ver su evolución, pudiendo ser muy interesante el camino que se tome. 

Debo hacer una mención especial al pianista del espectáculo, el propio Iván Macías, que acompaña a la perfección a los artistas en escena, y que está muy bien integrado en la función, de forma ingeniosa y divertida.  El resto de la música se encuentra pregrabada, como es la tónica en los últimos musicales que he visto, y la verdad es que se acusa cierta falta de frescura  debido a ello.


 

En resumen, una propuesta en la que un elenco entregadísimo, y de elevado nivel, apuesta por un espectáculo que aun teniendo muchas posibilidades no acaba de encontrar una línea definitoria, que creo que sería crucial para que todo se ajustara de la forma adecuada, y que de esta manera se pudiera considerar la propuesta como redonda, y en la que se demuestra que en el musical no solo de cantar se trata, si no de muchas cosas más. 

Me gustaría finalizar la crítica diciendo que el empeño por llevar a cabo un musical en estos tiempos es sin duda de agradecer, y así se debe entender el riesgo que conlleva, a este nivel el esfuerzo debe ser valorado, y sin ninguna duda es meritorio, esperemos que tras este Sherlock vengan muchas obras más. El teatro en estos momentos es una de las vías de escape más necesarias que tenemos para salir de la tristeza general en la que nos encontramos, si encima de musicales hablamos, la labor de evasión que el género ofrece  todavía resulta mucho más necesaria, así que sigamos con los musicales, que los espectadores lo agradeceremos profundamente. 

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