martes, 22 de septiembre de 2020

"Jekyll & Hyde, El Musical", La Noche De Los Muertos Vivientes.


El musical de gran formato,  tiene enormes complicaciones escénicas, no es ningún secreto, y en nuestro país hemos llegado ya a unos niveles lo suficientemente interesantes como para abordar este tipo de espectáculos desde la seriedad y sobre todo el respeto que se merecen. El "todo vale" ya pasó a la historia hace años, y el público  sabe de musicales lo suficiente como para discernir cuando le dan gato por liebre. Ya sé que son tiempos duros y que afrontar según que repertorio en este momento es muy difícil, lo asumo, pero a veces mejor no meterse en empresas inabarcables y dejar hacer a los que tienen la infraestructura suficiente como para poner en pie funciones de gran envergadura, y limitarse a productos de formato más reducido, y con resultados más dignos, ya que este tipo de compañías que no son capaces de ofrecer unos mínimos, y cuando digo mínimos me refiero a cosas básicas a la hora de poner en pie un espectáculo, hacen mucho daño a la industria. El espectador que ve un producto de este tipo, después se lo piensa muy mucho a la hora de pagar la entrada para ver otro, ya que siente que le han tomado el pelo, y teme que se vuelva a repetir la situación.

Esta disertación viene a colación de el musical "Jekyll y Hyde" que se está representando estos días en los Teatros del Canal. Reconozco que no iba muy convencido, pero me apetecía mucho ver un musical, ya que este año de sequía teatral ese tipo de espectáculo es el que menos se verá. La experiencia fue muy frustrante, ya que la función no se puede defender a nivel escénico por muy buena intención que uno ponga, y que os prometo que en estos tiempos la buena intención es mucha. Lo sentí mucho por el elenco, que lucha lo indecible por levantar el espectáculo, y que una vez más son los que dan la cara ante las carencias de otro tipo, cuando además en líneas generales creo que a nivel musical la función se puede salvar. El que un espectáculo triunfe no es solo una cuestión de dinero, es una cuestión de ESMERO, INTERÉS, MIMO y TALENTO, cuando estas cuatro cosas se juntan no hace falta más. Pero amigos cuando no hay  ni dinero ni lo anteriormente citado el desastre es irremediable, como más adelante contaré. 



"Jekyl & Hyde", con música de Frank Wildhorn y libreto de Leslie Bricusse, se estrenó en Houston en 1990, teniendo un historial muy largo de giras por todo Estados Unidos hasta su estreno en Broadway en 1997, en donde tuvo un gran éxito estando cuatro años en cartel, finalizando el espectáculo su estancia en Nueva York con David Hasselhoff a la cabeza, siendo muy alabada su interpretación. En España lo pudimos ver hace la friolera de 20 años protagonizada por Raphael, en una producción que se puede considerar un hito, y que tuve la suerte de poder ver en el Apolo, causándome gran impacto. 

El musical se basa ligeramente en la novela de Robert Louis Stevenson, dejando de lado la mayoría de la carga filosófica del libro, y centrándose más en lo sentimental y los tintes terroríficos de la trama, siendo el resultado una función entretenida, y eficaz en su trama, pero mucho más ligera que el material original. Se nos cuenta la novela, pero por encima, potenciando sus partes más teatrales y de corte operístico, para de esta manera ofrecer una trama de intriga y melodramática bien tramada, aunque un poco irregular en su desarrollo, especialmente durante el primer acto, algo que se ve corregido a partir del descanso.

La partitura bella y equilibrada, es muy abundante en números musicales, ya que nos encontramos con una obra en la que no hay mucho diálogo, solventándose estos con recitativos cantados. Toda la obra desprende gran lirismo en las partes de solista, dúos y tercetos, y todos los personajes principales tienen su momento de lucimiento, aunque es cierto que el plato fuerte es el protagonista, de grandes complicaciones actorales y fiera exigencia vocal, ya que no se nos debe olvidar que aborda dos personajes de características opuestas. Es destacable también lo conseguido de las atmósferas en aquellos momentos más truculentos, así como lo bien definidos, en su psicología, que se encuentra los personajes a nivel musical. 

"Jekyll & Hyde" es un buen exponente de teatro musical, de calidad en su composición musical y literaria y que cumple con las expectativas del aficionado, encontrándose este título dentro de uno de los favoritos y que podemos considerar como dentro del repertorio clásico, dado lo amado que es y lo mucho que se representa.

 


Vayamos con el elenco:

Hay que decir que en líneas generales los componentes del espectáculo están a un buen nivel, y capacitados para afrontar sus papeles... pero también hay que decir que son doce, con lo que nos encontramos con una serie de problemas de los que ellos no tienen culpa, pero que si que lastran estrepitosamente el espectáculo. 


Carlos J. Benito y Miguel Ángel Gamero como Simon Stride y Danvers respectivamente.

Correctos en lo vocal y muy desapercibidos en lo actoral, una tónica en la función dadas sus carencias en cuanto a la dirección de actores. Benito sirvió un bello dúo con Emma, donde brillo dado el bonito timbre que posee, así como las dosis de galanura que le corresponden al personaje. Gamero, siempre solvente, afronta todas las disciplinas de forma correcta y desde la sobriedad, algo muy de agradecer. 


Marta Valverde como Nelly y Lady Beaconsfield. 

Rotunda como es habitual en ella y de gran porte , se merienda a sus compañeros en sus escenas, ya que no podemos dejar de mirarla, algo que aunque parezca una incongruencia va en su contra, ya que el cambio de registro es tan brusco y notorio que nos chirría por los cuatro costados. Si tenemos a una artista como Marta Valverde, no podemos exponerla durante toda la función de la forma en la que aquí la exponen, participando en todos los números de conjunto y abordando varios papeles. Resta credibilidad al espectáculo, y empobrece su trabajo. Correcta en lo vocal, aunque el papel de Beaconsfield le vaya grave en algunos momentos, donde más brilla es como la prostituta Nelly, plena y sensible, aunque vaya demasiado a su aire en algunos momentos, algo que dadas las carencias del espectáculo casi es de agradecer, al menos destaca y se ve que hay composición de personajes.

 

Luis Amando, como Utterson. 

Acertado en la parte vocal, con buenos mimbres en la voz, y donde todavía brillan los ecos del Fantasma de La Ópera cuando canta, al menos a mi me lo recordó. Bien timbrado y muy afinado, aborda un papel ingrato desde la corrección y desde la frialdad. No pasa absolutamente nada por dentro de su composición y la química con Jekyll, que no se nos olvide que es su mejor amigo, es nula. La sensación es la de Luis Amando cantando muy bien, pero sin salirse de él mismo en ningún momento, y sin mostrar ninguna emoción o expresividad en la voz. Necesita que alguien le indique unas directrices claras sobre su personaje, lo que le está pasando en cada momento, y sobre todo que sienta lo que está ocurriendo en la función. 


Thaïs Marín, como Emma. 

Estupenda en lo musical, con voz netamente lírica, sirvió una función espléndida, cargada de sensibilidad, y bien interpretada, de forma sólida e inteligente, en un personaje que no está carente de complicaciones vocales que se ven solventadas con facilidad. Marín posee una bella voz de lírico-ligera, bien colocada de limpio agudo y que suena muy sana. Dotada de gran expresividad, nuestra Emma supo imprimir en su interpretación musical el dulce carácter del personaje. En lo actoral también se encuentra acertada aunque un tanto plana en algunos momentos, no molestando en exceso dado el carácter del papel.


Silvia Villaú, como Lucy. 

Lucy es uno de los bombones de la función, y un papel realmente bien escrito, que se gana las simpatías del público tanto por su recorrido como por lo vocal. Villaú en la parte actoral cumple muy bien con el carácter del personaje, dotándolo de matices y mucha ternura, pero en la parte musical no acaba de encontrar el sitio, ya que en no pocos pasajes se encuentra fuera de estilo, acercándose peligrosamente al quiebro aflamencado en sus intervenciones, algo que nos saca de la función y que sería facilmente solventable con un buen trabajo de asesoramiento vocal, ya que lo voz es potente y bonita, y además bien manejada en los momentos más comprometidos. Lástima que ciertos vicios no se hayan corregido lo suficiente para que la interpretación hubiera resultado redonda. 


Abel Fernando, como Jekyll.

El triunfador rotundo de la velada, y el que más se acerca a todos los niveles a las posibilidades reales del musical. Con un potente instrumento de ecos baritonales, sirvió una función desde la bravura, en la que todo encaja en lo musical, esforzadísimo y muy entregado, llegando al paroxismo su trabajo en la difícil "confrontación" final de la obra en la que Jekyll y Hyde se ven las caras. De gran volumen, e impactantes resultados, se nota que nos encontramos ante un profesional sólido y avezado en cuanto a musicales se refiere. Actoralmente está a años luz del resto del elenco. Cuando salí de la función tuve la sensación de que ya había hecho el papel en su México natal, dado que se ve perfectamente que tiene el personaje bien montado, y casualmente no me equivoqué, ya que recabando información sobre la obra  descubrí que efectivamente ya lo había hecho con anterioridad. Este detalle creo que define a la perfección las carencias del espectáculo, en el que solo se vislumbra lo que la función pide en el personaje que ya ha sido montado con anterioridad. Fernando me sorprendió muy gratamente, y aun siendo desconocido para mi, intuyo que puede tener mucho que contarnos en nuestro panorama teatral.



 

No se puede hablar de conjunto, ya que todos los artistas que intervienen en la obra hacen papel, con desigual fortuna, y ciertamente abandonados a su suerte en lo escénico, viéndose muy desdibujado su trabajo que desde fuera se intuye como descuidado, no por su parte ojo, y mal integrado en la función. 

No fui capaz de saber si había orquesta en directo, algo que creo que no es así, figurando en el programa tan solo César Belda como director musical, trabajo que al ir la música enlatada (imperdonable a todas luces) intuyo que se limita a los cantantes, labor sin duda bien realizada, dados los resultados musicales del espectáculo. 




Vayamos con la dirección escénica. 

La dirección artística viene firmada por Tomás Padilla y la dirección actoral por Silvia Villaú, encontrándonos en ambos casos con serios problemas a todos los niveles. No hay profundidad en los personajes, no hay directrices claras en cuanto a las interpretaciones, y una gran descompensación a nivel actoral en el espectáculo, donde algunos personajes aparecen pasadísimos de vuelta como es el caso del Obispo, y otros planísimos como más arriba cuento. La función no tiene pulso dramático ninguno, ni llega a emocionar en ningún momento, dándose situaciones que rozan lo bochornoso, como la complicada escena final, acartonada, ausente de acciones dramáticas creíbles y de nula capacidad catártica, algo imperdonable en un final de musical, que debe ser el cúlmen del espectáculo, y que aquí se queda profundamente desangelado, y falto de fuelle. 

No es de recibo que los efectos de luz se metan a destiempo, no es de recibo que a nivel técnico la obra falle continuamente, no es de recibo que las coreografías no se encuentren los suficientemente trabajadas, coreografías por otra parte que no se ajustan en absoluto a lo que se le supone a un musical, donde la disciplina de la danza tiene una importancia crucial. No es de recibo que los actores estén tropezando por el escenario continuamente, y del mismo modo no es de recibo que todo tenga un aire de improvisación y de poco trabajo que en una compañía profesional, como el valor en los militares, se presupone. A este respecto hay que hacer una mención especial a dos técnicos que aparecen moviendo uno de los trastos, y que una vez más nos sacan del espectáculo, algo de lo que obviamente no tienen la culpa. 

Toda la función tiene cierto aire de dejadez que no pasa desapercibido, y en el que los pequeños detalles que son los que engrandecen a un espectáculo, directamente se han obviado. Cosas tan simples como el hecho de que Emma salga vestida con un camisón por los tobillos, y unos taconazos que se ven a la legua definen la dejadez que todo lo inunda, y en donde se nota que hace falta alguien que le diga a cada uno de los componentes de la función lo que deben hacer en cada momento. 

Otro problema inasumible es el escuálido número de componentes del espectáculo, hacer Jekyll con doce personas es una tarea titánica, y claro, aquí resulta catastrófico ya que se le ven las costuras a la función por los cuatros costados. Se dan situaciones francamente indefendibles, como más arriba planteo, en la que una actriz hace de lady inglesa y tras una mutación aparece como prostituta en primer término y con un número musical. Emma que  canta al menos dos dúos un terceto y un tema ella sola, no puede formar parte del conjunto bajo ningún concepto, y si a esto añadimos que hay al menos seis muertes en la función, si nos vamos a un elenco de doce, nos encontramos con actores que mueren varias veces, o que después de asesinados, resucitan siendo el número "Crimen", netamente coral, un remedo involuntario y bochornosos de "La noche de los muertos vivientes". 

En resumen una propuesta que decepciona profundamente en lo escénico, y que deja bien claro que ciertas cosas mejor afrontarlas a lo grande o no afrontarlas. La única forma de salvar esta función sería con un planteamiento escénico diferente si solo se puede hacer con doce componentes. Cualquier otro intento no es más que un mero y triste "quiero y no puedo" de proporciones bíblicas.



 

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