viernes, 16 de junio de 2017

Marina, Visión Verista De Una Ópera Belcantista

Finaliza la interesante temporada 16-17 del Teatro de La Zarzuela con la reposición de Marina, en la exitosa producción de Ignacio García que fue llevada a cabo en el coliseo de la Calle Jovellanos en 2013.
Esta Marina tiene un muy loable propósito, que es el dar cabida en nuestro teatro de zarzuela mas importante a jóvenes cantantes, para darse a conocer, siendo una oportunidad estupenda a la hora de afrontar sus incipientes carreras. Sin duda la necesidad de nuevas voces en nuestro panorama musical es muy notoria, y el lógico relevo generacional no se ha realizado todavía de una forma total. Si nuestro género lírico tiene que reforzarse, que los cantantes sean abundantes y de calidad, es primordial para llevar a cabo esa labor. De hecho en algunos países de gran cultura musical es práctica habitual que en los grandes templos de la ópera, haya diferentes elencos, de diferentes niveles y con diferente coste para el espectador dentro de una misma producción, siendo una estupenda forma de redondear la formación de los cantantes, que en muchas veces a nivel escénico y actoral se queda coja. Por tanto ese rodaje, y en producciones de primer nivel es fundamental para el desarrollo de dicha carrera, siempre y cuando, las condiciones del cantante en cuestión y la madurez vocal sea la idóneas.
Ayer 15 de junio, con un calor sofocante me acerqué al Teatro de La Zarzuela dispuesto a dos cosas, descubrir voces nuevas, y deleitarme con la bellísima ópera de Arrieta, que se encuentra dentro de mis títulos favoritos del repertorio patrio.
Resultó un estreno exitoso, muy aplaudido y con un público entregadísimo, aunque el elenco resultara irregular como iré desgranando, pudieron mas las virtudes de la función, y el amor que se tienen en Madrid por nuestra ópera mas famosa y la mas representada.




Le tengo mucho cariño a Marina, denominada como Ópera en tres actos, con música de Emilio Arrieta y libreto de Francisco Camprodón y Miguel Ramos Carrión. Me parece que la pobrecita llegó tarde a todas partes, cuando se estrenó primero como zarzuela en 1855 pasó sin pena ni gloria, y cuando ya se convirtió en ópera y se estrenó en el Real en 1871, el Belcantismo había pasado a mejor vida en pos de un tal Verdi que revolucionó el mundo de la ópera y que dejó bien claro que la cosa iba ya por otros derroteros. Eso no quita para que fuera un gran éxito siendo traducida a varios idiomas y de indudable valor musical. Don Emilio Arrieta hizo un remix cuando todavía no existía la palabreja, mezclando un mucho de Donizetti y un poco de Verdi con mucha maestría en una partitura bellísima y de grandes dificultades para sus cantantes. Marina se puede denominar netamente belcantista y que sigue los cánones clásicos del género, donde lo que prima es el lucimiento vocal de los intérpretes, sin dejar de lado una inspirada orquestación con momentos de gran empaque y solemne musicalidad. Marina solo tiene un pero y es lo endeble de un libreto que no pasa de lo anecdótico y que queda en un palmario segundo plano, ante la arrolladora música que posee, es decir, es una ópera para escuchar, y pasar olimpicamente de lo que ocurre en escena. Muchos momentos son destacables desde la terrorífica salida de Jorge, una de las mas difíciles de nuestro repertorio, hasta las arias principales y el inspiradísimo terceto, uno de los mas bellos jamás escritos. Que el rondó final sea sospechosamente parecido al de Lucia no deja de ser una declaración de intenciones sobre lo que Arrieta buscó en su composición huyendo de cualquier tipo de complejo ante su entidad como compositor y que queda suficientemente demostrada a lo largo de la ópera, pero eso si, que se daba de bruces con la tan deseada y fallida instauración de la ópera española. Decirle italianizante a Marina es una obviedad y uno de los motivos por los que algunos la consideran una operita de segunda, algo que yo niego rotundamente ya que nos encontramos ante una obra de gran altura musical, y que merece un lugar destacado dentro de las composiciones del siglo XIX.








Vayamos con el elenco, no tan homogéneo como era de esperar:


Comprimarios perfectos, Graciela Moncloa, como Teresa, Antonio González, como Marinero,  y David Oller, como el Capitán Alberto, llevaron a cabo sus papeles de forma eficiente, y sin el mas mínimo problema a la hora de abordarlos.

Ivo Stanchev, bajo, como Pascual.
Muy deficiente y con bastantes problemas en varios ámbitos. El primero la absoluta ausencia de línea de canto, y una voz descontrolada que no acaba de aparecer bien colocada y que resulta un tanto irritante en algunos momentos. Nuestro bajo sirvió una velada de brusca ejecución, hosca en el sonido, y en un código nulamente belcantista. Encontré a Stanchev perdidísimo a todos los niveles y con el papel excesivamente verde, teniendo varios fallos a nivel musical y textual muy notorios. Actoralmente se encuentra igual de perdido que musicalmente, siendo imposible comprender como Marina no huye despavorida cuando aparece ese maltratador en ciernes que parece ser Pascual en esta producción, y que además adolece de una creación excesivamente desmadejada en lo corporal que resiente la por otra parte imposible interpretación musical. 

Damián del Castillo, barítono, como Roque.
Uno de los triunfadores de la noche, y que musicalmente sale muy bien parado en el conjunto de la función.
Ciertamente Roque es un bombón, y del Castillo lo aprovecha de forma muy inteligente, sabiendo perfectamente donde cargar las tintas y cuales son sus momentos de mayor lucimiento. La voz de bello timbre y mas que sobrada potencia brilla mucho en sus partes mas heroicas, teniendo momentos de gran impacto, especialmente en el cuarteto del Primer Acto, cuyas intervenciones son de gran enjundia. Sirvió unas mas que respetables seguidillas y una magnífica habanera, caracterizadas ambas por el buen gusto cantando, y un fraseo digno de mencionar. Damián del Castillo se mueve como pez en el agua en un título que para escrito para el, y que se nota que disfruta llevándolo a cabo.

Alejandro del Cerro, tenor, como Jorge.
Irregular y con algunos problemas especialmente en la zona aguda, donde las notas suenan estranguladas y excesivamente atrás. Momento de peligro también en los concertantes ya que el volumen no es el suficiente diluyéndose en exceso en la masa coral. La cosa cambia mucho en las partes mas líricas y centrales. Del Cerro ahí si que se luce, con un fraseo exquisito, una voz de gran belleza y un canto de gran sensibilidad que emociona por momentos. A este nivel el Tercer Acto resultó el mas redondo y el mas disfrutable. Creo que del Cerro todavía no está lo suficientemente maduro vocalmente para llevar a cabo un papel tan comprometido como es Jorge, y que necesita un tiempo para abordarlo de forma redonda.

Olena Sloia, soprano, como Marina.
La sorpresa de la noche, y la gran triunfadora a todos los niveles. Sloia tiene la voz en el punto justo de sazón para llevar a cabo una Marina fresca, joven, de gran expresividad, sin problemas en la coloratura, de agudo cristalino y potente, que llena con sus armónicos un teatro de complicada sonoridad como es La Zarzuela, y que en la zona central también resulta satisfactoria. A todo esto hay que añadir la exquisita dicción que posee y que en sopranos de su tesitura es un bien escaso, se entiende absolutamente todo lo que canta y además emociona, especialmente en el famoso "Pensar en el" que suelo encontrar plúmbeo y que en voz de Olena Sloia resulta una delicia. Intuyo que la veremos mas veces en el Teatro de La Zarzuela y con gran justicia además. Escénicamente está perfecta, con una estimable presencia, y transmitiendo la sensibilidad y ternura de nuestra heroína a la perfección

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Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró, otra de las estrellas de la noche. Muy braveado por el respetable y que llevan a cabo un trabajo francamente disfrutable. Matizadísimo y usando el regulador de forma muy efectista, brillaron de forma rotunda los hombres en la difícil Barcarola con la que se abre el telón del Segundo Acto, una auténtica aria para los componentes del conjunto que llegó al cenit en la Stretta que cierra de forma magnífica dicha intervención del coro.


Ramón Tebar dirige la Orquesta de la Comunidad de Madrid con mano de hierro, en una personalísima visión de la partitura, alejada de otra interpretaciones mas ortodoxas, pero que gana mucho a nivel teatral y dramático. De briosos tiempos y quizás un tanto abrupto en los cortes, ésta puede que sea la Marina mas Verdiana a nivel musical que he escuchado, y he de decir que no me desagradó en absoluto, encontré de gran impacto el Preludio y que es uno de mis momentos favoritos de la partitura, así como los números de conjunto, muy cuidados y bien ensamblados entre foso y escena. Nos encontramos ante una Marina diferente a lo habitual, pero muy válida y que suma mucho al endeble asunto dramático de la composición.
Mención especial para la Rondalla Lírica de Madrid "Manuel Gil" con Enrique García Requena a la cabeza, que dotó de mucho sabor a sus intervenciones como es habitual en ellos.



Vayamos ahora con la propuesta escénica:
Ignacio García lleva a cabo las labores de regista, y lo hace de forma acertada en líneas generales, acercando esta Marina al Verismo en su estética y que en vez de encontrarse en la luminosa costa levantina parece desarrollarse en el imaginario pueblo de Cantabreda de La Tabernera del Puerto. La idea no molesta, y puede aportar una visión diferente y que no chirría en exceso, fulminando el almibarado tono, casi pastoril, que define a Marina en casi todas sus producciones.
Es muy difícil sacar algo de una material literario como el que Camprodón y Ramos Carrión escribieron, pero García lo consigue, y lleva a cabo un espectáculo intenso y disfrutable a mas no poder. Solo una cosa empaña el resultado final y es la visión del personaje de Pascual, que viendo el acierto con el que están tratados todos los personajes de la obra, no soy capaz de discernir si se trata de una fallo de dirección o de carencias del propio intérprete como mas arriba comenté.
La función tiene una estética oscurantista y momentos de gran belleza, especialmente el principio del Acto Tercero cuyo Preludio se ve perfectamente apoyado en un cuadro estéticamente brillante y de interesante lectura dramática, que cuadra perfectamente en el desarrollo de la trama.
García lleva a escena una Marina respetuosa  y mas clásica de lo que algunos se piensan, resultando una función de inteligente resolución y nada rancia en sus planteamientos, por tanto debemos felicitar a Ignacio García una vez mas, ya que en 2013 la puesta en escena también fue muy aplaudida.
Mención especial para los figurines de Pepe Corzo magníficos como siempre, y en total consonancia con la propuesta estética.





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