miércoles, 13 de noviembre de 2019

Tres Sombreros De Copa, Era Muy Poco El Muerto Para Tanto Luto.

Hay que apostar por las obras de nueva creación en nuestro género lírico, revitaliza la zarzuela, acerca a nuevos públicos, podría sentar las bases sobre un hipotético futuro, y posiblemente sirva para dar la imagen de que el género se encuentra vivo. Soy un firme defensor de la nueva creación, pero... hay que saber elegir muy bien las obras que se estrenan, así como los motivos por los que se estrenan.
Es decir no todo vale por se nuevo, y obviamente la calidad es lo que debe primar a la hora de ofrecer la oportunidad a un compositor para estrenar su trabajo, y por supuesto al público de disfrutarlo.
la forma de elegirla, entiendo que debe pasar por concurso, en los teatros públicos, con un tribunal competente que decida sobre el material que se va a poner en pie.
Uno de los cometidos del Teatro de la Zarzuela es precisamente ese, estrenar nuevas obras, algo que creo, en general al aficionado le interesa, y que además permite explorar nuevos lenguajes musicales y escénicos, en un mundo tan anquilosado en la tradición como es el de la zarzuela, y en el que ese discurso purista mal entendido tanto daño le ha hecho el género, debe asimilar el avance ante obras nuevas, de las que no tenemos referentes, y con las que no es posible la comparación.
Esta disertación viene al caso ya que ayer se estrenó en el coliseo de la Calle Jovellanos la zarzuela de Ricardo Llorca basada en la inmortal obra de Miguel Mihura "Tres sombreros de copa"y lamentablemente la obra no ha estado a la altura de las circunstancias como más abajo comentaré. No por el nivel artístico de la función, sino por una serie de problemas en la obra dificilmente solventables.
Noche tibia de estreno, y cierto aire de decepción pululó ayer en la Zarzuela, ya que muchos íbamos con muchas expectativas puestas, expectativas que a los diez minutos de empezar el espectáculo, en mi caso particular se fueron abajo de forma vertiginosa.



"Tres sombreros de copa" denominada como "Zarzuela basada en la obra homónima de Miguel Mihura"  con música y cantables de Ricardo Llorca y diálogos de Miguel Mihura, tuvo su estreno en Sao Paulo en 2017 y recala ahora en Madrid después del periplo brasileño.

La obra, que podíamos calificar como de ecléctica en lo musical, se encuentra dentro de lo que podríamos llamar un pastiche, de indigesta resolución, en el que la música, además de irregular me pareció francamente inconexa, y de factura anodina, salvo honrosas excepciones. Escuché demasiada influencia italianizante, cierto aire clasicista y mozartiano, con unas gotas de music hall, un poco de Usandizaga, especialmente en el personaje de Paula, y si esto no es bastante mezcla, con aires caribeños y circenses en ciertos pasajes.
Primer fallo... no creo  que se pueda considerar a la obra como una zarzuela, más bien una suerte de opereta contemporánea u ópera contemporánea, en la que se utiliza como material de base una obra clásica  del repertorio del teatro de texto español. Las características intrínsecas de la zarzuela como género no se encuentran , popular, estilización del folclore, cierto mensaje crítico, ligera en su planteamiento, etc, no están por ningún lado.
Para continuar, el uso de la orquestación no pasa más allá de mera música incidental, y una especie de recitativos hablados acompañados al piano, que lastran el ritmo de la obra y dificultan su digestión a medida que avanza el espectáculo.
Otro problema añadido son los cantables que no aportan nada a la acción dramática, y de exasperante aire reiterativo, que si bien es cierto la obra original ya lo es, en los añadidos musicales, entorpecen, lastran y sobre todo aburren hasta la extenuación.
De todo esto que planteo, lo más grave es que no vi en ningún lugar la psicología de los personajes originales en la partitura, y que la música en ningún momento me sirvió como catalizador de la obra, si no más bien lo contrario, aportando poco y entorpeciendo el material original, siendo esto  verdaderamente catastrófico, ya que en mi opinión, la propuesta musical resulta completamente fallida.



En cuanto a la adaptación también nos encontramos problemas, ya que la poda con respecto al material de Mihura es muy significativa, y sobre todo dañina. Faltan escenas cruciales, como es la del Odioso Señor, así como parlamentos muy importantes en el papel de Paula, que cercenan seriamente el carácter del personaje, así como su gran tragedia personal.
Para adaptar la obra pareciera que se han cogido unas cuantas escenas y eliminado otras, sin mucho acierto la verdad, y con aire de corta y pega con poco sentido,  al  que se han añadido unos cantables a cada personaje principal para de esta forma justificar la musicalización del texto de Mihura, aunque para ello se deba sacrificar el espíritu de la obra, o simplificarlo en grado sumo.
El conflicto parece resumirse en que Dionisio no se quiere casar y poco más. Incluso si me apuro el humor absurdo que la obra destila parece desaparecer, siendo su planteamiento mucho mas convencional que el del texto de Mihura. Al finalizar el espectáculo una duda me asaltó, y fue que si el espectador neófito después de ver la zarzuela sale conociendo la obra de Mihura, y la conclusión a la que llegué es que no. Nos encontramos ante una simplificación de la obra original, superficial, e igual de endeble que la partitura, sin la profundidad, acidez y absurda comicidad que Mihura con mano maestra supo imprimir a su obra.



Vayamos con el elenco.
Dentro de los múltiples personajes que tiene la obra y que en su mayoría o bien han sido cortados o limitados a la mínima expresión, se debe mencionar a Boré Buika como Buby, papel hablado, que supo imprimir el carácter necesario al personaje, aunque pasa muy desapercibido dentro de la adaptación. También dado que cantan un número se debe mencionar a Irene Palazón como Catalina y Anna Gomà como Valentina, correctas aunque igual de desapercibidas que Buika, ya que amén de ser presentadas por Paulina y cantar una nana, no tienen nada más. Las voces suenan bien ensambladas en un número que me sonó a Mozart por los cuatro costados.

Emilio Sánchez, tenor, como Don Rosario y Enrique Viana, tenor, como Madame Olga.
Ambos correctos, en lo actoral y en lo musical, si bien es cierto que la partitura no les deja espacio para mucho lucimiento. Ambos sobrados de recursos para los papeles en lo vocal cumplen con creces en su cometido. Hay que decir que Viana, glamuroso y cargado de empaque, como siempre, hace lo suyo, pero esta vez encorsetado por un una música sin gracia, y con poco lugar a lo que es su fuerte, el contacto con el público y la improvisación. Vocalmente el papel no le va, ya que le pilla grave, aunque salva los trastos, sacrificando volumen y aumentando su ya de por si carismática presencia.

Gerardo Bullón, barítono, como Don Sacramento.
Bullón tiene a su favor que le ha tocado en suerte posiblemente la escena mejor resuelta en lo musical con respecto al original, y en su contra que cuando le toca salir, por desgracia el sopor es ya tal, que no nos importa mucho lo que está ocurriendo. Perfecto de tono, timbre y volumen, con un instrumento bien madurado, en su punto justo de sazón, y muy matizado, supo dotar a Don Sacramento de todo aquello que le caracteriza, sin dejar de lado una comicidad bien entendida y dosificada. Implicado en lo actoral, y más que convincente en lo musical, supo ensamblar ambas disciplinas a la perfección, siendo el resultado notable en líneas generales.

Rocío Pérez, soprano, como Paula.
Vencedora rotunda de la noche, y una voz a tener muy en cuenta. No la había escuchado en directo que yo recuerde, y creo que de haberlo hecho lo hubiese recordado dadas las insuperables facultades de nuestra cantante.
Pérez, dotada con un bello instrumento de lírico-ligera, domina la voz con gran seguridad y solvencia, donde los filados y agudos fueron resueltos de forma magnífica, y servidos con elegancia y control. Paula es el papel con más chicha en lo musical de todo el elenco, y es aprovechada al máximo por nuestra soprano, perfectamente capacitada para llevar a cabo papeles de más enjundia que el que le ha tocado en suerte. Si bien es cierto que su voz no se ajusta a la vocalidad del personaje al milímetro, no me resultó insuficiente en la zona central, caballo de batalla en este caso para una ligera como ella, y que tiene bastante importancia en el papel. Pérez ofreció una velada musical de calidad, exquisita diría yo, y se me antoja uno de los valores en alza más prometedores del panorama actual de cantantes españoles. Nuestra soprano sabe lo que hace, y sobre todo sabe cantar, algo que escasea desgraciadamente en los cantantes actuales de la hornada de Pérez, ya que su juventud se me antoja asombrosa, ante su madurez vocal. Actoralmente hace lo que el papel le deja, que es más bien poco, ya que la lectura en la versión de Llorca es tan superficial, que poco queda de la Paula original, uno de los grandes papeles de nuestro repertorio, limitado aquí a poco más que la frívola que aparentemente es.

Jorge Rodríguez Norton, tenor, como Donisio.
Muy desaprovechado en un papel netamente de actor-cantante, que canta poco y habla mucho.
El papel es profundamente desagradecido, y Norton se aferra a lo que tiene con uñas y dientes para rascar y conseguir sacar algo de brillo al endeble material musical que le ha tocado en suerte. Bien timbrado, buen fraseo y correcto en el volumen, va sobrado para el papel, y me da la sensación que se muere por hacer más de lo que el papel le ofrece, y que no le deja lucirse lo suficiente. En lo actoral sobrio y contenido, se encuentra correcto y bastante cercano al carácter de Dionisio.

Mención especial al Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, en una obra en la que la masa coral no tiene muchas importancia, ofreciendo todo aquello que la partitura pide. El conjunto no se ve especialmente favorecido en la partitura, siendo en general sus números deslucidos, aunque eso si, perfectamente ejecutados por la masa coral con Antonio Fauró a la cabeza.



Diego Martín-Etxebarría al frente de la OCM, acierta en su lectura de la obra, aunque no puede remontar ante el tono plúmbeo, de la partitura, con la que lucha para sacar cierto brillo, de forma realmente admirable. Martín-Etxebarría cuida a los cantantes, y atina en los tiempos. Se vislumbra un intenso trabajo de concertación, muy acertado, y primordial en esta obra, de enormes dificultades para el foso y el escenario.



Vayamos con la propuesta escénica.
José Luis Arellano, al frente del espectáculo juega con cartas trucadas, y con un envoltorio modernito, como lo es la funcional escenografía de Sánchez Cuerda, que se da de bruces con la convencional propuesta de Arellano, ofreciendo una función que no deja de ser un "sota, caballo y rey" de toda la vida, sin asomo de riesgo, y poca inspiración en lo visual.
Problemas. Ante el lastre que supone la versión y la partitura, le ha salido a Arellano un espectáculo bajo de tono, soso, y superficial en el que no puede, bucear en los vericuetos de "Tres sombreros de copa", que se ve palidamente reflejada, en su epidermis sin llegar al fondo. No me sirve una visión melancólica y sentimentaloide sin nada más detrás. "Tres sombreros de copa" es una sátira atroz, una comedia cruel, y una tragedia envuelta en burbujas de champán de gran carga psicológica, eso se ha volatilizado, pasando a ser un espectáculo anodino, deslavazado, de irregular ritmo, y lastrado desde que los personajes empiezan a cantar. Se normaliza el absurdo, casi desaparece, y toda la carga casi subversiva y simbólica de la función se va al garete en pos de cierta corrección política y tibieza, mucha tibieza. 
Es de justicia hablar de las estupendas luces de Juan Gómez Cornejo, así como de las buenas coreografías de Andoni Larrabeiti, de lo mejorcito del espectáculo, pero sobre todo, lo que es de justicia es hablar de un elenco que se parte el lomo para sacar adelante un espectáculo que no da más de sí. 
Quizás, si el planteamiento hubiese sido otro, en otro recinto, como obra de cámara, la cosa funcionase mejor. La Zarzuela le viene grande a estos "Tres sombreros de copa" y de la que parafraseando al "Manojo" de Sorozábal, que se estrenó un día como hoy de 1934, solo puedo decir que "Era muy poco el muerto para tanto luto"





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