jueves, 2 de noviembre de 2017

Carmen, Cambian Los Tópicos, La Esencia Queda

El pasado día 30 me tocaba ver mi segunda función de abono del Teatro Real. Se trataba de la tan cacareada Carmen de Calixto Bieito, aunque realmente sea de Bizet algo que parece que se nos ha olvidado, y que llegó en un delicado momento por motivos que todos conocemos, y en el que la sensibilidad hacia los símbolos nacionales, y hacia la unidad de nuestro país, está especialmente candente. Le cayó a Matabosch esta Carmen en el peor momento, y parece ser que se ha decidido "limar" la versión de Bieito por aquello de evitar una escandalera o el tildar de oportunista una producción que se estrenó hace unos cuantos años ya, y que realmente ha tocado en estas fechas por mera casualidad. Tenía muchísima curiosidad por ver esta Carmen, que me negué a ver en vídeo, aunque el material sobre la misma es abundante y facilmente encontrable. Quería llegar limpio de toda información a la función, para dilucidar por mi mismo lo que Bieito quería contar, y ver si la cosa era para tanto escándalo como me habían dicho. La verdad es que la función no escandaliza a nadie, y ya se ha quedado un poco viejuna en su planteamiento, pero sigue manteniendo interés, y reconozco que me sorprendió para bien como luego iré contando. No soy yo especialmente aficionado a las boutades de Calixto Bieito, pero cuando las cosas funcionan se debe reconocer, ya que como muchas veces digo, soy espectador desprejuiciado, y si lo que me cuentan me interesa lo expongo sin el mas mínimo problema.
Me acerqué al Real con ganas de ópera, con ganas de Carmen, y con ganas de pasármelo bien, ya que Carmen por muy trillada que esté, reconozco que me pirra y que casi siempre que la veo ( además de haberla cantado, la he visto unas cuantas veces) disfruto en alguno de sus momentos. La velada fue francamente irregular, por lo musical no por le escénico, y salí decepcionado de una ópera que no nos puede dejar fríos, ya que Carmen es pura tripa y ciertamente impactante si se resuelve de manera afortunada. Esta producción me dejó gélido en practicamente la totalidad de las tres horitas que duró. Salí del teatro exactamente igual que entré y con ganas de escuchar una Carmen con fuste y que me hiciera revolverme en mi asiento, algo que para ser sinceros, no ocurrió en ningún momento.



Carmen se estrenó el 3 de marzo de 1875 en París, fue masacrada por la crítica, los críticos siempre metemos la pata, ya lo sé... Se dijo en su momento que la música era incomprensible, excesivamente moderna, su argumento demasiado dramático, y fue calificada de "españolada", por lo exagerado de su tipisimo. Tan solo un anciano que estaba entre el público llamado Franz Liszt, cuando acabó la representación, dijo que ese era el futuro de la música, casi nada... No le hizo caso ni Blas, y eso que Liszt gozaba de gran prestigio, prestigio que sirvió de poco, Carmen estaba sentenciada. La ópera no se pudo estrenar en Garnier por aquello de los diálogos y Bizet se tuvo que conformar con la Opéra-Comique, algo que ya lastró el estreno, considerándose un poco de segunda. Bizet nunza superó el fracaso de Carmen y un ataque al corazón acabó con su vida tan solo 3 meses después de su estreno, sin llegar a imaginar ni a ver el descomunal éxito que su ópera cosechó posteriormente. La pura realidad es que Carmen rompió estilos, e hizo saltar por los aires la rígida estructura de la ópera en su tiempo, siendo precursora del posterior Verismo, algo que en el momento de su estreno el purismo reinante fue incapaz de ver, apreciar y sobre todo tolerar, siendo el caso del estreno de esta ópera uno de los mas injustos y uno de los fiascos mas célebres de la historia de la música. Es cierto que la trama de Carmen es muy desmelenada, y abusa de la truculencia y la sexualidad por momentos, pero señores, con lo que vino después con Puccini, Carmen se queda en una reunión de postulantas a carmelitas descalzas, con una brutal escena final y una sensualidad muy bien plasmada en la partitura, pero bastante light en comparación con las obras veristas mas duras. La realidad es que los espectadores del momento no estaban preparados para Carmen. Bizet en su partitura plasmó de forma asombrosa la música española, y la psicología de sus personajes, algo que todavía andaba en ciernes y no estaba del todo asentado en la ópera. Toda la obra es ejemplar, y nada sobra o falta en ella, aunque el acto III se me haga un poco cuesta arriba, y eso que en él se encuentra una de mis páginas favoritas de la partitura, el Aria De Las Cartas. Otra cosa que caracteriza Carmen es el acompañamiento musical de lo que ocurre en escena cuando no se canta, hay momentos de orquesta sublimes, el primer encuentro de Carmen y Don José, es uno de los mas hermosos de la función a nivel orquestal, y el brío de toda la obra, hace que se nos pase en un suspiro. Carmen es de esas ópera como La Traviata, que nos pueden parecer que están muy quemadas, pero siempre se descubren cosas nuevas cada vez que la escuchamos, máxime cuando Carmen posiblemente sea la ópera mas grabada de toda la historia, con múltiples y variadísimas lecturas. No me gusta echar la vista atrás, ya que considero que comparaciones son odiosas, por tanto dejo al gusto del consumidor cual es su versión favorita de la insigne ópera de Bizet, y hoy libre de referentes, hablaré de la Carmen que vi en el Real el pasado lunes.



Vayamos con el elenco, irregular en grado sumo, y en algunos casos deficiente como os iré contando.

Correctísimos comprimarios, destacando Le Dancaïre de Borja Quiza, Le Remendado de Mikeldi Atxalandabaso, y las Mercedes y Frasquita de Lidia Vinyes Curtis y Olivia Doray respectivamente. Estuvieron perfectos en el famoso Quinteto, de complicada musicalidad y brillante ejecución por parte de nuestros cantantes, que se encuentran a su vez acertadísimos en la parte actoral, dando vida a una cuadrilla vulgar y temible a partes iguales. 

Kyle Ketelsen, bajo-barítono, como Escamillo.
Irregular y de menos a mas. Tuvo ciertos problemas de volumen en los Cuoplets de salida, donde solo brilló (y mucho) en la zona aguda, siendo poco audible en el centro y graves. En el tercer acto la cosa cambió bastante y le vi muy atinado en el dúo con Don José, donde la voz ya sonó mas plena, y a todas luces mas homogénea que en su difícil salida. Ketelsen sirve a nivel actoral un escamillo de altura, muy galán con aires chulescos y poderosa presencia escénica, reconozco que por esa parte me ganó por la mano desde que pisó el escenario, ya que da el papel a la perfección, y parece tenerlo muy medido en lo dramático, mandando de forma rotunda en todas sus escenas.

Eleonora Buratto, soprano, como Micaëla.
No estuvo del todo afortunada por varios problemas, el primero y mas notorio la falta de matices cantando, y un duro y metálico timbre que fueron totalmente a la contra de lo que Micaëla es. No vi por ningún lado el dulce carácter de nuestra heroína, y su celebérrima aria resultó fría y poco sensible en su ejecución. Me pareció estar viendo a un personaje wagneriano cantando a pleno pulmón durante toda la función y no a la melíflua Micaëla. Para ser justos hay que decir que el volumen que posee es atronador y pasa la orquesta sin el mas mínimo problema, de forma excesiva en la mayoría de los momentos, y a mi personalmente no me acabó de convencer. La realidad es que ni en la parte vocal ni en la expresividad ofrece lo que el personaje debe ofrecer. 



Leonardo Caimi, Tenor, como Don José.
Tampoco estuvo al nivel nuestro tenor, al que vi francamente apurado por momentos, con serios problemas con el aire, y que llegó bastante agotado al tercer acto y que fue ahí donde mas se acusó el descontrol del instrumento. Sufrí bastante por él durante toda la función, ya que en la zona aguda si bien es cierto que no galleó en ningún momento, la sensación de que la voz se iba a quebrar era muy patente. La voz es bonita, con cuerpo y ciertamente no hubo problemas en los volúmenes, pero si es cierto que hay complicaciones en la zona de paso, en la que me pareció que abusó de los trucos  llevando en exceso las partes mas comprometidas a su terreno, algo que en una partitura tan conocida como es la de Carmen canta por soleares.Tampoco el fraseo resultó satisfactorio, y su aria principal, una de las mas bellas de toda la historia de la ópera, pasó sin pena ni gloria, siendo muy poco expresiva en su ejecución, resultando decepcionante y fría en igual medida. En el último acto estuvo mas acertado, y vislumbré ligeramente aquello que Don José nos debe ofrecer, en una interpretación en la que la frialdad fue la tónica, y las dificultades a la hora de abordar un papel complejo y de grandes exigencias vocales.

Gaëlle Arquez, mezzo-soprano, como Carmen.
Desaprovechada, en grado sumo, y posiblemente la mejor cantante de la noche. Arquez posee un bello timbre de mezzo pura, de carnosidad y voluptuosidad en el sonido, y de gran volumen. Me faltó expresividad, matices, y sensualidad en la interpretación. Pero estoy convencido de que con otra dirección musical se podría haber sacado mucho mas de ella, ya que me pareció una artista muy completa y con sobradas facultades para abordar el papel. Estuvo correcta en sus momentos mas emblemáticos y sirvió una estimable Habanera que me dejó muy buen sabor de boca. Me pareció un tanto vacilante con las notas en algunos pasajes e intentando buscar la afinación según iba cantando, pero para ser sinceros tampoco me molestó en exceso, y en líneas generales disfruté de su trabajo, aunque no estuviese muy apoyada por la batuta como mas tarde explicaré. Arquez sale airosa de esta Carmen y me encantaría verla en otra producción donde puede brillar como me dio la sensación que puede hacerlo. Muy entregada en lo actoral sirvió una Carmen sensual en lo físico, desprejuiciada, y con momentos de gran valentía como intérprete que realmente deben ser tomados en cuenta, especialmente, durante el dúo del segundo acto con Don José, que si bien es cierto, como partenaire se lo puso difícil dada la poca química escénica que destiló nuestro tenor, y que Gaëlle Arquez supo bandear con tablas y entereza.



Coro Titular Del Teatro Real, con Andrés Máspero al frente, impoluto en sus intervenciones. Fue de lo mejorcito de la velada. Carmen es una obra complicada para el coro, y en esta ocasión se vio perfectamente reflejada en la ejecución de la masa coral, que resulto muy matizada, empastada y atronadora en el cuarto acto tal y como mandan los cánones. Resuelven perfectamente la parte escénica, y las evoluciones de los hombres durante el primer acto cargan de empaque la propuesta escénica de forma muy gratificante, y de impactante resolución visual.


Marc Piollet llevó la batuta al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, y no estuvo todo lo afortunado que debiera. Amén de unos tiempos excesivamente vivos y peligrosamente cercanos al chim-pún en algunos momentos, la ausencia de matices fue la tónica de la función. Todo me sonó exactamente igual en esta Carmen, desde la Obertura, hasta la Quadrille no hubo diferencia ni en tiempos ni en volúmenes. Piollet hace aburrida a Carmen, y durante el segundo y el tercer acto, la cosa se convierte casi en insufrible, donde la poca chicha teatral y el sonido carente de cualquier chispa, consiguieron que se me hicieran eternos. Que Carmen nos resulte indiferente es difícil e imperdonable, y Marc Piollet parece ser que ha puesto mucho empeño en ello. Lamento ser tan duro, pero uno de los principales motivos por los cuales salí tan desencantado de esta Carmen fue la dirección de orquesta, no vi la riqueza de la partitura de Bizet por ningún lado, cuya expresividad es uno de los motivos por los cuales esta ópera es la mas popular de todas las que se han compuesto jamás. 



Vayamos ahora con la propuesta escénica.
Calixto Bieito firma la producción, resultando un acierto su enfoque y la vuelta de tuerca que se le da a la ópera. Bieito actualiza Carmen sin huir del tópico, pero en vez de la castañuela la peineta y la mantilla, Bieto nos propone la nevera de playa, el Toro de Osborne y la España "cani" y "poligonera" que tan bien entronca con la España Negra que reflejó Carmen en su momento, y que nuestro director extrapola en el tiempo de forma acertadísima y revulsiva por momentos. Los personajes de Carmen son en líneas generales de baja estofa, siendo llevados aquí al límite, y resultando escalofriantes por momentos. Todo lo que ocurre en el coche durante el segundo acto es terrorifico como denuncia de la cosificación de la mujer, y de la falta de escrúpulos de unos personajes llevados al límite con gran coherencia teatral y escasas concesiones al lirisimo. Del mismo modo resultan igual de efectivas las transiciones entre acto y acto, especialmente el paso del segundo al tercero, donde la belleza asoma por unos momentos mientras un torero completamente desnudo realiza un amago de tienta a la luz de la luna, logrando unas imágenes de gran inspiración poética y que apoyan a la perfección el bellísimo interludio que transcurre en el foso. Es justo reconocer el gran trabajo por parte de Bieito en una función muy pensada y que si bien es cierto no escandaliza ni sorprende tanto como en el momento de su estreno sigue resultando interesante y apreciable en practicamente toda su extensión.





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Como nota aclaratoria decir que las fotos no se corresponden en su mayoría al elenco que esta crítica ocupa.