lunes, 16 de septiembre de 2019

Anatomía De La Zarzuela, Oportunidad Perdida.

El pasado viernes inauguré la temporada lírica 19-20 con un espectáculo que me llamó la atención cuando lo vi anunciado y le dí un vistazo al programa musical que ofrecía, variado, y en algunos casos conocido, pero poco representado. El espectáculo en cuestión era "Anatomía de la zarzuela", con Cristóbal Soler a la batuta, y Hugo Pérez de la Pica en la dirección artística, y que se iba a representar primero en Aranjuez, y posteriormente en el Teatro Monumental de Madrid, contando para ello con la Orquesta y Coro de RTVE. 
De la Pica siempre barroco en sus planteamientos, y de caligrafía historicista en su estética, me pareció que podía aportar, con su personalísima impronta, algo diferente al panorama lírico, ya que nuestro regista, se suele mover más por líneas picarescas que líricas en la renombrada compañía Tribueñe, siendo, al menos para un servidor, la presencia de Hugo Pérez un activo en cuanto al espectáculo se trataba. La noche fue decepcionante, y bien que lo lamenté, ya que realmente se podía haber hecho algo interesante y de buen acabado, que no pasó de un concierto sin más y que no aportó nada al escuálido panorama zarzuelero actual. A la salida estaba triste en vez de enfadado, por la oportunidad perdida una vez más, y por el hecho de pensar que ciertos "cambios"  acercan el género al gran público, cuando lo que hacen realmente es alejarlo.




Antes de comenzar la crítica, quiero alabar la iniciativa, ya que tal y como está la zarzuela cualquier acercamiento que se haga es poco, pero... siempre hay un pero, hasta ahí llego en la alabanza. 
Hacer zarzuela y posicionarse con ella, significa ponerla en el lugar que se merece, y con los estándares de calidad que se deben imponer en nuestro género lírico, para que perdure en el tiempo, y para que se conozca tal y cómo es. No es de recibo que en un recinto cerrado y con espléndida acústica como es el Teatro Monumental, se microfone a los cantantes, no lo es, del mismo modo que tampoco es de recibo que la Orquesta de RTVE, también se amplifique, y tampoco es de recibo que el Coro de RTVE se tenga que pelear sin amplificación con el resto de los componentes del concierto. Si además de desvirtuar el sonido, se amplifica tan mal como se hizo el pasado viernes, el resultado puede considerarse desastroso a todas luces, y que poco favor le hace a nuestro género lírico, ya que una cosa es un show al estilo de André Rieu, y otra un supuesto concierto de zarzuela. No juzgo a Rieu, tiene sus defensores y lleva a cabo una labor de acercamiento de la música clásica a cierto público, que posiblemente de otra forma no sería posible, pero eso si, ya puestos a hacer lo de Rieu, al menos hacerlo bien, y no con unos medios técnicos y vocales, salvo honrosas excepciones, escasos en grado sumo. Tocar no es hacer música, es una máxima que sigo desde hace muchos años, y tristemente el pasado viernes se tocó, pero música... se hizo poca. 



Vayamos con el elenco.

En el concierto participaron dos cantantes netamente líricos, tres  actrices-cantantes, una cantaora, y dos bailaores, con irregulares resultados, y muy descompensados en lo musical.

Chelo Vivares, en su línea habitual ofreció solidez actoral, y una correcta interpretación musical, si bien es cierto alejada de los parámetros líricos, correcta dentro de los números que le ha tocado en suerte. Distinto es el caso de Helena Amado y Candelaria de la Serena, también actrices-cantantes y como Vivares componentes de Tribueñe, insuficientes especialmente la segunda en la que su escuálido material vocal, y el poco gracejo frente al que se le debía suponer a una vedette fueron la tónica. De la Serena cantó el pasodoble de "24 horas mintiendo" de Alonso y el famosísimo chotis de "La Lola" de la revista también de Alonso "Las cariñosas". Este repertorio si bien es cierto no se escribió para cantantes líricas, si para mujeres cargadas de intención en sus interpretaciones, y de rotunda presencia escénica. De la Serena, con voz cercana al musical, se queda corta en todos los ámbitos, y no acaba de "pasar la batería" en ninguna de sus intervenciones. Helena Amado, de mimbres más líricos que su compañera, también con un material endeble y con exceso de vibrato, así como una interpretación en exceso anodina del bello fado de "El pájaro azul"de Rafael Millán que pasó completamente desapercibida. 

Más afortunada se encontró la cantaora Rocío Díaz, que si bien es cierto aportó una lectura personalísima a todas sus intervenciones, demostró unas facultades estupendas y un instrumento bien dominado, resultando especialmente convincente en el cuadro de La verbena de La Paloma, que cantó (gracias a Dios) sin micro, y sin problemas en la emisión. 

El barítono Sebastiá Peris demostró ser el cantante con mejores facultades, y uno de los que tampoco hubiese necesitado micrófono en sus intervenciones. Peris, al que ya he escuchado más veces en otros teatros, cantó con impecable gusto, siendo el fraseo uno de sus fuertes, así como la expresividad, dentro de un canto noble, y una voz bella y bien timbrada, que demostró su valía en el dúo-habanera de "La del manojo de rosas" y en el celebérrimo "Luché la fe por el triunfo" de "Luisa Fernanda" de Torroba. Lástima que el dichoso micrófono no nos permitiera disfrutar de su interpretación en toda su extensión, ya que el sonido metálico y descompensado, fueron la tónica de la noche. 

La soprano Lorena Valero, sirvió una velada muy irregular, tanto en repertorio, como vocalmente, ya que por su voz pasaron todos los colores del arcoiris, y no para bien precisamente. Valero ofreció un vacilante, en cuanto afinación y escaso en cuanto a volumen, "Sierras de Granada" de  "La Tempranica",  pasando por la petenera de "La Marchenera", el dúo de "La Revoltosa" y finalizando con los dos dúos de "La del manojo de rosas" de Sorozábal. Semejante batiburrillo musical, acabó por descabalgar completamente la voz de nuestra soprano, que en el dúo-pasodoble de "El manojo" ya se había perdido completamente en cuanto a color y colocación. La dicción resultó deficiente, la zona grave-media abierta y destemplada, y el agudo estridente y abrupto en el ataque, especialmente en la petenera que fue abordada con grandes dificultades por nuestra cantante. Tristemente, la microfonación no disimula los problemas de Valero, sino que los eleva a la enésima potencia, siendo otro problema añadido a los más arriba narrados, y que acaba por descalabrar su trabajo de forma realmente inclemente. 

Es necesaria una mención especial a los bailaores Raquel Valencia y Miguel Tellez, muy acertados en sus intervenciones, bien pensadas dentro del espectáculo y bien servidas por parte de los artistas. 

El Coro de RTVE dirigido por Juan Pablo de Juan, de menos a más, y luchando contra los elementos de forma admirable, ya que los volúmenes de la orquesta empañaron notablemente su trabajo, especialmente en el "Coro de románticos" de Doña Francisquita, completamente eclipsado por la música, y llevado por Soler de forma completamente opuesta a lo que Vives plantea en su partitura. Estuvieron especialmente acertados en "La verbena de La Paloma" y en "La bien amada", correctos en cuanto a volumen y empaste, especialmente en los hombres.





Cristóbal Soler, al frente de la Orquesta de RTVE, sirvió una planísima lectura de la mayoría de los temas, en la que una vez más la sempiterna microfonación hizo poco por la música. La primera pieza de la noche, la "Sinfonía sobre motivos de zarzuela" de Barbieri, me gustó, aunque ya me resultó una tanto estridente. A partir de la segunda pieza ya me di cuenta que todo el concierto iba a ir por esos derroteros y saltaron mis alarmas. Soler parece buscar un sonido espectacular que no acaba de encontrar, quedándose en una sucesión de meros fuegos artificiales, superficiales y rutinarios, siendo el resultado aburrido y grandilocuente, olvidando los matices, y sacrificando la esencia de las diferentes partituras en pos de un show con poco lirismo en su acabado y un tanto ramplón en líneas generales. Si es cierto que en algunos momentos parece vislumbrarse un trabajo más cuidado, especialmente en la bellísima Danza del fuego de "Benamor" de Pablo Luna, donde si jugó con las dinámicas de forma equilibrada, así como en todo el cuadro dedicado a "La Revoltosa" de muy buena factura en líneas generales. 

Hugo Pérez de la Pica, ofreció su estética acostumbrada en todos aquellos números en los que su compañía fue partícipe, aportando vistosidad, y ciertos momentos de gran inspiración, como puede ser el "diálogo de castañuelas" durante el Preludio de "La verbena de La Paloma". La estética de Hugo Pérez, tan particular, no deja indiferente a nadie, para bien y para mal, no teniendo un servidor nada que objetar en su trabajo y propuesta visual, así como a la particular forma de hacer de sus artistas, a la antigua usanza y delicados como porcelanas. Hugo Pérez ofreció lo que me esperaba de él, no engaña, y su trabajo es perfectamente coherente con su estilo, que en este caso me parece que apoyó en líneas generales, de forma correcta los diferentes números musicales que se sucedieron en el concierto.