jueves, 2 de noviembre de 2017

Carmen, Cambian Los Tópicos, La Esencia Queda

El pasado día 30 me tocaba ver mi segunda función de abono del Teatro Real. Se trataba de la tan cacareada Carmen de Calixto Bieito, aunque realmente sea de Bizet algo que parece que se nos ha olvidado, y que llegó en un delicado momento por motivos que todos conocemos, y en el que la sensibilidad hacia los símbolos nacionales, y hacia la unidad de nuestro país, está especialmente candente. Le cayó a Matabosch esta Carmen en el peor momento, y parece ser que se ha decidido "limar" la versión de Bieito por aquello de evitar una escandalera o el tildar de oportunista una producción que se estrenó hace unos cuantos años ya, y que realmente ha tocado en estas fechas por mera casualidad. Tenía muchísima curiosidad por ver esta Carmen, que me negué a ver en vídeo, aunque el material sobre la misma es abundante y facilmente encontrable. Quería llegar limpio de toda información a la función, para dilucidar por mi mismo lo que Bieito quería contar, y ver si la cosa era para tanto escándalo como me habían dicho. La verdad es que la función no escandaliza a nadie, y ya se ha quedado un poco viejuna en su planteamiento, pero sigue manteniendo interés, y reconozco que me sorprendió para bien como luego iré contando. No soy yo especialmente aficionado a las boutades de Calixto Bieito, pero cuando las cosas funcionan se debe reconocer, ya que como muchas veces digo, soy espectador desprejuiciado, y si lo que me cuentan me interesa lo expongo sin el mas mínimo problema.
Me acerqué al Real con ganas de ópera, con ganas de Carmen, y con ganas de pasármelo bien, ya que Carmen por muy trillada que esté, reconozco que me pirra y que casi siempre que la veo ( además de haberla cantado, la he visto unas cuantas veces) disfruto en alguno de sus momentos. La velada fue francamente irregular, por lo musical no por le escénico, y salí decepcionado de una ópera que no nos puede dejar fríos, ya que Carmen es pura tripa y ciertamente impactante si se resuelve de manera afortunada. Esta producción me dejó gélido en practicamente la totalidad de las tres horitas que duró. Salí del teatro exactamente igual que entré y con ganas de escuchar una Carmen con fuste y que me hiciera revolverme en mi asiento, algo que para ser sinceros, no ocurrió en ningún momento.



Carmen se estrenó el 3 de marzo de 1875 en París, fue masacrada por la crítica, los críticos siempre metemos la pata, ya lo sé... Se dijo en su momento que la música era incomprensible, excesivamente moderna, su argumento demasiado dramático, y fue calificada de "españolada", por lo exagerado de su tipisimo. Tan solo un anciano que estaba entre el público llamado Franz Liszt, cuando acabó la representación, dijo que ese era el futuro de la música, casi nada... No le hizo caso ni Blas, y eso que Liszt gozaba de gran prestigio, prestigio que sirvió de poco, Carmen estaba sentenciada. La ópera no se pudo estrenar en Garnier por aquello de los diálogos y Bizet se tuvo que conformar con la Opéra-Comique, algo que ya lastró el estreno, considerándose un poco de segunda. Bizet nunza superó el fracaso de Carmen y un ataque al corazón acabó con su vida tan solo 3 meses después de su estreno, sin llegar a imaginar ni a ver el descomunal éxito que su ópera cosechó posteriormente. La pura realidad es que Carmen rompió estilos, e hizo saltar por los aires la rígida estructura de la ópera en su tiempo, siendo precursora del posterior Verismo, algo que en el momento de su estreno el purismo reinante fue incapaz de ver, apreciar y sobre todo tolerar, siendo el caso del estreno de esta ópera uno de los mas injustos y uno de los fiascos mas célebres de la historia de la música. Es cierto que la trama de Carmen es muy desmelenada, y abusa de la truculencia y la sexualidad por momentos, pero señores, con lo que vino después con Puccini, Carmen se queda en una reunión de postulantas a carmelitas descalzas, con una brutal escena final y una sensualidad muy bien plasmada en la partitura, pero bastante light en comparación con las obras veristas mas duras. La realidad es que los espectadores del momento no estaban preparados para Carmen. Bizet en su partitura plasmó de forma asombrosa la música española, y la psicología de sus personajes, algo que todavía andaba en ciernes y no estaba del todo asentado en la ópera. Toda la obra es ejemplar, y nada sobra o falta en ella, aunque el acto III se me haga un poco cuesta arriba, y eso que en él se encuentra una de mis páginas favoritas de la partitura, el Aria De Las Cartas. Otra cosa que caracteriza Carmen es el acompañamiento musical de lo que ocurre en escena cuando no se canta, hay momentos de orquesta sublimes, el primer encuentro de Carmen y Don José, es uno de los mas hermosos de la función a nivel orquestal, y el brío de toda la obra, hace que se nos pase en un suspiro. Carmen es de esas ópera como La Traviata, que nos pueden parecer que están muy quemadas, pero siempre se descubren cosas nuevas cada vez que la escuchamos, máxime cuando Carmen posiblemente sea la ópera mas grabada de toda la historia, con múltiples y variadísimas lecturas. No me gusta echar la vista atrás, ya que considero que comparaciones son odiosas, por tanto dejo al gusto del consumidor cual es su versión favorita de la insigne ópera de Bizet, y hoy libre de referentes, hablaré de la Carmen que vi en el Real el pasado lunes.



Vayamos con el elenco, irregular en grado sumo, y en algunos casos deficiente como os iré contando.

Correctísimos comprimarios, destacando Le Dancaïre de Borja Quiza, Le Remendado de Mikeldi Atxalandabaso, y las Mercedes y Frasquita de Lidia Vinyes Curtis y Olivia Doray respectivamente. Estuvieron perfectos en el famoso Quinteto, de complicada musicalidad y brillante ejecución por parte de nuestros cantantes, que se encuentran a su vez acertadísimos en la parte actoral, dando vida a una cuadrilla vulgar y temible a partes iguales. 

Kyle Ketelsen, bajo-barítono, como Escamillo.
Irregular y de menos a mas. Tuvo ciertos problemas de volumen en los Cuoplets de salida, donde solo brilló (y mucho) en la zona aguda, siendo poco audible en el centro y graves. En el tercer acto la cosa cambió bastante y le vi muy atinado en el dúo con Don José, donde la voz ya sonó mas plena, y a todas luces mas homogénea que en su difícil salida. Ketelsen sirve a nivel actoral un escamillo de altura, muy galán con aires chulescos y poderosa presencia escénica, reconozco que por esa parte me ganó por la mano desde que pisó el escenario, ya que da el papel a la perfección, y parece tenerlo muy medido en lo dramático, mandando de forma rotunda en todas sus escenas.

Eleonora Buratto, soprano, como Micaëla.
No estuvo del todo afortunada por varios problemas, el primero y mas notorio la falta de matices cantando, y un duro y metálico timbre que fueron totalmente a la contra de lo que Micaëla es. No vi por ningún lado el dulce carácter de nuestra heroína, y su celebérrima aria resultó fría y poco sensible en su ejecución. Me pareció estar viendo a un personaje wagneriano cantando a pleno pulmón durante toda la función y no a la melíflua Micaëla. Para ser justos hay que decir que el volumen que posee es atronador y pasa la orquesta sin el mas mínimo problema, de forma excesiva en la mayoría de los momentos, y a mi personalmente no me acabó de convencer. La realidad es que ni en la parte vocal ni en la expresividad ofrece lo que el personaje debe ofrecer. 



Leonardo Caimi, Tenor, como Don José.
Tampoco estuvo al nivel nuestro tenor, al que vi francamente apurado por momentos, con serios problemas con el aire, y que llegó bastante agotado al tercer acto y que fue ahí donde mas se acusó el descontrol del instrumento. Sufrí bastante por él durante toda la función, ya que en la zona aguda si bien es cierto que no galleó en ningún momento, la sensación de que la voz se iba a quebrar era muy patente. La voz es bonita, con cuerpo y ciertamente no hubo problemas en los volúmenes, pero si es cierto que hay complicaciones en la zona de paso, en la que me pareció que abusó de los trucos  llevando en exceso las partes mas comprometidas a su terreno, algo que en una partitura tan conocida como es la de Carmen canta por soleares.Tampoco el fraseo resultó satisfactorio, y su aria principal, una de las mas bellas de toda la historia de la ópera, pasó sin pena ni gloria, siendo muy poco expresiva en su ejecución, resultando decepcionante y fría en igual medida. En el último acto estuvo mas acertado, y vislumbré ligeramente aquello que Don José nos debe ofrecer, en una interpretación en la que la frialdad fue la tónica, y las dificultades a la hora de abordar un papel complejo y de grandes exigencias vocales.

Gaëlle Arquez, mezzo-soprano, como Carmen.
Desaprovechada, en grado sumo, y posiblemente la mejor cantante de la noche. Arquez posee un bello timbre de mezzo pura, de carnosidad y voluptuosidad en el sonido, y de gran volumen. Me faltó expresividad, matices, y sensualidad en la interpretación. Pero estoy convencido de que con otra dirección musical se podría haber sacado mucho mas de ella, ya que me pareció una artista muy completa y con sobradas facultades para abordar el papel. Estuvo correcta en sus momentos mas emblemáticos y sirvió una estimable Habanera que me dejó muy buen sabor de boca. Me pareció un tanto vacilante con las notas en algunos pasajes e intentando buscar la afinación según iba cantando, pero para ser sinceros tampoco me molestó en exceso, y en líneas generales disfruté de su trabajo, aunque no estuviese muy apoyada por la batuta como mas tarde explicaré. Arquez sale airosa de esta Carmen y me encantaría verla en otra producción donde puede brillar como me dio la sensación que puede hacerlo. Muy entregada en lo actoral sirvió una Carmen sensual en lo físico, desprejuiciada, y con momentos de gran valentía como intérprete que realmente deben ser tomados en cuenta, especialmente, durante el dúo del segundo acto con Don José, que si bien es cierto, como partenaire se lo puso difícil dada la poca química escénica que destiló nuestro tenor, y que Gaëlle Arquez supo bandear con tablas y entereza.



Coro Titular Del Teatro Real, con Andrés Máspero al frente, impoluto en sus intervenciones. Fue de lo mejorcito de la velada. Carmen es una obra complicada para el coro, y en esta ocasión se vio perfectamente reflejada en la ejecución de la masa coral, que resulto muy matizada, empastada y atronadora en el cuarto acto tal y como mandan los cánones. Resuelven perfectamente la parte escénica, y las evoluciones de los hombres durante el primer acto cargan de empaque la propuesta escénica de forma muy gratificante, y de impactante resolución visual.


Marc Piollet llevó la batuta al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, y no estuvo todo lo afortunado que debiera. Amén de unos tiempos excesivamente vivos y peligrosamente cercanos al chim-pún en algunos momentos, la ausencia de matices fue la tónica de la función. Todo me sonó exactamente igual en esta Carmen, desde la Obertura, hasta la Quadrille no hubo diferencia ni en tiempos ni en volúmenes. Piollet hace aburrida a Carmen, y durante el segundo y el tercer acto, la cosa se convierte casi en insufrible, donde la poca chicha teatral y el sonido carente de cualquier chispa, consiguieron que se me hicieran eternos. Que Carmen nos resulte indiferente es difícil e imperdonable, y Marc Piollet parece ser que ha puesto mucho empeño en ello. Lamento ser tan duro, pero uno de los principales motivos por los cuales salí tan desencantado de esta Carmen fue la dirección de orquesta, no vi la riqueza de la partitura de Bizet por ningún lado, cuya expresividad es uno de los motivos por los cuales esta ópera es la mas popular de todas las que se han compuesto jamás. 



Vayamos ahora con la propuesta escénica.
Calixto Bieito firma la producción, resultando un acierto su enfoque y la vuelta de tuerca que se le da a la ópera. Bieito actualiza Carmen sin huir del tópico, pero en vez de la castañuela la peineta y la mantilla, Bieto nos propone la nevera de playa, el Toro de Osborne y la España "cani" y "poligonera" que tan bien entronca con la España Negra que reflejó Carmen en su momento, y que nuestro director extrapola en el tiempo de forma acertadísima y revulsiva por momentos. Los personajes de Carmen son en líneas generales de baja estofa, siendo llevados aquí al límite, y resultando escalofriantes por momentos. Todo lo que ocurre en el coche durante el segundo acto es terrorifico como denuncia de la cosificación de la mujer, y de la falta de escrúpulos de unos personajes llevados al límite con gran coherencia teatral y escasas concesiones al lirisimo. Del mismo modo resultan igual de efectivas las transiciones entre acto y acto, especialmente el paso del segundo al tercero, donde la belleza asoma por unos momentos mientras un torero completamente desnudo realiza un amago de tienta a la luz de la luna, logrando unas imágenes de gran inspiración poética y que apoyan a la perfección el bellísimo interludio que transcurre en el foso. Es justo reconocer el gran trabajo por parte de Bieito en una función muy pensada y que si bien es cierto no escandaliza ni sorprende tanto como en el momento de su estreno sigue resultando interesante y apreciable en practicamente toda su extensión.





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Como nota aclaratoria decir que las fotos no se corresponden en su mayoría al elenco que esta crítica ocupa.




martes, 31 de octubre de 2017

Nada Es Imposible, El Mago Pop Vuela Alto.

Según la RAE, ilusionismo significa "arte de producir fenómenos que parecen contradecir los hechos naturales". El ilusionismo en España está muy denostado, y en ciertos círculos se considera un arte de segunda, mas propia de relleno en espectáculos de variedades y cumpleaños y bautizos, que lo que realmente es, una sacrificada disciplina, con grandes posibilidades escénicas, y que sin duda bien ejecutada resulta un entretenimiento de primera que hace las delicias de todo tipo de públicos.
De un tiempo a esta parte la magia en España está sufriendo cambios acercándose mas a los grandes espectáculos que se pueden ver en Estados Unidos, donde el sentido del show y la espectacularidad están mucho mas marcados, y van mas allá del mero juego del mago con un mazo de cartas y un tapete verde, no se me entienda mal, no critico este tipo de magia, sino que expongo que son espectáculos diferentes, los dos igual de válidos, aunque quizás enfocados a públicos diferentes, y dos formas de entender la magia, una mas teatral y con un concepto de show mas presente, y la otra mas intimista y quizás mas pura en su esencia.
A mi me encanta la magia, y creo que realmente tiene interés para el gran público. La cuestión está en conseguir sorprender al respetable con los trucos y que la calidad del espectáculo dignifique el difícil arte del ilusionismo, poco a poco lo estamos consiguiendo, y tengo la sensación de que la magia está de moda, al tenor de como anda la cartelera con este tipo de espectáculos.



Nada Es Imposible, es el nuevo espectáculo de Antonio Díaz, El Mago Pop, y que en estos momentos está reventando la taquilla del Teatro Rialto, de forma mas que justificada y entendible según iré desgranando en esta crónica.
Reconozco que Antonio Díaz ya me conquistó en su anterior esepectáculo, La Gran Ilusión. Desconocía a este mediático mago, ya que practicamente no veo televisión, y para según que cosas parece que vivo en Marte. La cuestión es que aquel día que asistí al teatro sin saber muy bien que iba a ver, me encontré a un carismático personaje de una pasmosa conexión con el público y que entendía la magia de una forma muy teatral, y en la que los medios técnicos eran igual de importantes que los recursos que netamente se le dan por sentado a los ilusionistas. Vi tres veces el anterior espectáculo, y me fascinó por igual cada vez que lo vi. En cuanto me enteré de la nueva producción no veía la hora de echarle un vistazo, ya que la cosa prometía bastante, al tenor de las noticias que me iban llegando sobre el espectáculo y que resultaron ser ciertas en su totalidad, siendo el resultado la mar de satisfactorio como ya me veía yo venir.




Nada Es Imposible es una vuelta de tuerca a lo grande sobre el anterior espectáculo de Antonio Díaz, donde todo se hace mas esectacular, mas teatral, y sobre todo mas mágico, consiguiendo epatar al respetable varias veces durante la función, siendo un entretenimiento de primer nivel con interés desde múltiples ángulos, y con resultados estimables en líneas generales.
Para sostener el espectáculo es imprescindible la personalidad de nuestro mago, que va ganando enteros con el tiempo, y que quizás va dejando atrás la imagen mas tierna que tenía, para utilizar la retranca, que tan bien le funciona, como recurso de comicidad y de enganche con el público, que entra al trapo suavemente y sin poner ni la mas mínima resistencia. El Mago Pop hace con nosotros literalmente lo que le da la gana, de forma inteligente, velocísimo en las respuestas, y con una capacidad de improvisación mas que respetable, llevando a cabo un trabajo que entronca con lo actoral de forma muy directa y acertadísima. Antonio Díaz, además de ser un mago de gran solvencia es un estupendo comunicador, y un eficiente encantador de serpientes, algo que es casi mas importante que los trucos en si, el mago no solo debe hacer magia, sino que debe convencernos de que la está haciendo, y sobre todo debe conseguir que dejemos engañarnos por él. Para ello la conexión mago-público debe ser perfecta, algo que el Mago Pop consigue con creces de forma deliciosa, medidísima con ingenio y control absoluto del escenario.



No pienso destripar absolutamente nada del show, se debe ver virgen de toda información para de esta forma disfrutar mas y mejor de la función, aunque hay varias cosas de la producción reseñables y que intentaré exponer sin hacer "spoilers" pero para que os hagáis una idea del espectáculo.
Visualmente, Nada Es Imposible, gana empaque y fuerza visual con respecto a la anterior producción, y en cuestiones de presupuesto se ve ampliamente superado, siendo el resultado de primera magnitud y con una mas que destacable prestancia visual, especialmente en la parte de la iluminación, algo indispensable en los espectáculos de estas características, y que en este caso dan a la función el toque justo de espectacularidad así como la dosis exacta de disimulo en cuanto a la resolución de los trucos, que por muchas vueltas que se le de, y mirad que me pasé media función intentado descifrar los intríngulis del asunto, resultan en su mayoría practicamente imposibles de descubrir.

Nada Es Imposible está dirigido por Mag Lari, siendo un acierto total en líneas generales la labor de dirección, dotando al espectáculo de un sentido de la teatralidad importante, y que resulta ya una marca de la casa en los shows de nuestro mago. El trabajo que se barrunta detrás de esta producción me parece ímprobo, porque absolutamente todo en la función está ajustado de forma milimétrica, y cuadra a la perfección lo técnico con lo "mágico" siendo asombroso el nivel conseguido en este ámbito. Por otro lado hay que destacar el ritmo de la función ligero y adecuadísimo en las transiciones entre número y número, algo crucial en el desarrollo de un espectáculo de magia. Mag Lari sirve momentos de gran potencia visual, consiguiendo un espectáculo cargado de magia teatral, no solo la que el ilusionista ofrece, sino la que los recursos escénicos del espectáculo ofrece y que la convierten en una experiencia sensorial y participativa de resultados conseguidísimos.



En resumen, Nada Es Imposible, es un entretenimiento familiar, bien presentado, bien vestido,  de una resolución impecable, y con una voluntad muy clara de dignificar la magia convirtiéndola en un gran espectáculo. Su mayor atractivo sin duda se encuentra en la figura de el Mago Pop, pero, el envoltorio no se queda atrás dando al show un empaque mas que notable y un espectacular acabado formal bastante por encima de la media de este tipo de producciones en nuestro país, y lo que es mas importante, consiguiendo que nuestros problemas del día a día se queden en la puerta del teatro por la hora y media aproximada que dura la función, y que creamos que la magia existe, a fin de cuentas el teatro consiste en eso ¿no? .





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jueves, 26 de octubre de 2017

Animales Salvajes, Viviendo En Una Jaula.

Los zoológicos humanos, quizás sean uno de los fenómenos mas vergonzosos de toda la historia de la humanidad. Desde al menos el S.XVI hay noticias de personas exhibidas por diversos motivos, en zoológicos y circos, alegando el supuesto "interés" que podría tener el ver personas de razas exóticas, graves malformaciones o enfermedades de impactante sintomatología. Esto que nos puede parecer una aberración viéndolo con los ojos del año 2017, hasta bien entrado el S.XX era común, y nadie se escandalizaba por ello, y para ser sinceros, incluso hoy en día, las reservas indias y de diferentes pueblos de ancestral cultura, no dejan de tener ciertas reminiscencias de lo que aquellos zoológicos eran. Sin ir mas lejos, yo mismo, hace unos años en un viaje a Tailandia, encontrándome en la remota frontera con Birmania, visité el famoso poblado de las mujeres jirafa, y fue una experiencia no muy agradable, en la que me sentí bastante incómodo, ante algo que encontré ciertamente humillante para las propias mujeres, además de profundamente anacrónico. Bien es cierto que viven de los turistas, que están en un entorno lo mas parecido al suyo (son refugiadas birmanas, no tailandesas) y que no parecen ser infelices, a pesar de las durísimas condiciones de vida que tienen. Pero no pude dejar de pensar que quien era yo para ver a otro ser humano como algo exótico e invadir su espacio vital por el mero hecho de ser testigo de unas costumbres muy diferentes a las nuestras. El poblado de las mujeres jirafa, obviamente está a años luz de lo que eran los zoológicos humanos, donde personas eran tratadas como animales, exhibidas en jaulas, y la dignidad de estas gentes se perdía entre los barrotes, mientras los espectadores les lanzaban comida y se reían de ellos como si no sintieran ni padecieran. Es decir un atentado en toda regla contra los derechos humanos y la dignidad de las personas.
Esto que cuento viene a colación de Animales Salvajes, la pieza de Miguel Campion que se está llevando a cabo en Nueve Norte estos días, y que refleja lo que planteo de forma muy directa.


Animales Salvajes, pieza de duración media, nos cuenta la historia de Ota y Kras, un chico y una chica que viven encerrados en un zoo. La historia es sencilla, la vida de Ota, nuestro protagonista,  se ve trastocada cuando Kras, la primera mujer que ve en toda su existencia, aparece en el que es su hogar. Ota de naturaleza simple y mas bien conformista con la vida que le ha tocado vivir, ve rotos todos sus esquemas, cuando Kras le hace ver muchas cosas que nunca se había planteado. Con esta premisa Campion refleja al ser humano en su esencia, perfectamente plasmada en nuestros dos personajes, y explora nuestros sentimientos desde diferentes aristas. La obra desprende una ternura infinita, especialmente en el ingenuo personaje de Ota, mientras que Kras, sirve de denuncia ante las injusticias y las vejaciones, así como para que veamos como los vapuleos de la vida van forjando nuestra personalidad y nos van desposeyendo de la inocencia que todos tenemos en nuestra infancia . El despertar al sexo, el amor, la ira, el humor, y todo aquello que nos hacer ser humanos se ve plasmado de forma fluida y acertadísima en un texto que fluctúa entre lo lírico y lo naturalista de forma muy acertada, y sobre todo equilibrada, ya que lo cómico y lo dramático balancea a lo largo de la hora y poco que dura la función de forma admirable y muy dinámica. Campion dosifica en su texto la información de forma muy astuta, ya que se nos va dando con cuentagotas, para de esta manera mantener nuestro interés, y así contarnos todo lo que quiere sin prisa pero sin pausa, de forma amena y de atractivo acabado. Mas allá de la premisa (interesante a todas luces) del zoológico humano, la obra trasciende por la disección de nuestra naturaleza, y el mensaje de intenciones universales que de ella se deducen. La jaula sirve como catalizador del conflicto, ya que los personajes no pueden salir del entorno en el que se encuentran y por tanto se ven abocados a estar juntos, potenciándose de esta manera las emociones, en algunos casos soterradas y bastante primarias, pero para que engañarnos, comunes a todo el ser humano. Nos encontramos ante un texto, que si bien es cierto, está tratado de forma amena y ligera, entraña verdades como puños, y rezuma belleza por todas partes, belleza sencilla y reconocible, sin duda la mas genuina que existe.


Vayamos con el elenco.

Tino Antelo y Patricia Fuertes dan vida a los dos protagonistas, en códigos interpretativos similares, aunque con diferentes caracteres y dificultades actorales. 

Antelo como Ota lleva a cabo un trabajo cargado de ternura, sin caer en lo melífluo y con gran empaque actoral, donde prima un tono físico y vocal de altura, y un sentido del texto muy acuciado. Todo está dicho de forma certera, pensado y estudiado sin restar naturalidad, a un personaje de gran dificultad, ya que si bien es cierto que es ingenuo no es tonto, y encontrar ese equilibrio no es fácil. Muy sentado en sus intervenciones sirvió una función con gran peso escénico, llena de verdad y muy emotiva por momentos. Reconozco que me encantó su trabajo, honesto y que consigue la empatía del público practicamente desde que empieza la función. Antelo es ese tipo de actor que todo lo que dice parece que acaba de venirle a la cabeza, trabajo que yo encuentro sumamente difícil y que valoro mucho sobre un escenario, y que denota una implicación importante a todos los niveles, y que siempre se refleja, como en este caso, en un resultado brillante y muy gratificante para el espectador.

Patricia Fuertes, como Kra, ofrece un trabajo con mas carácter en sus intervenciones dada la naturaleza de su personaje. Resulta el contrapunto perfecto de su compañero, siendo muy notoria la química existente entre los dos. Le ha tocado a nuestra actriz el personaje mas emocional de la función, no resultando esto ningún problema, ya que llega a todos los estados de ánimo sin problemas y de forma adecuada. Fuertes dota a Kra de cierto aire de misterio muy conseguido, ya que vislumbramos un pasado (que existe) y que mide a la perfección, dando pistas pero no relatándolo, hasta bien avanzada la función. Por otro lado su personaje tiene muchas aristas, y encuentra perfectamente la forma de que entendamos que lo que no quiere es que le hagan daño, de ahí sus reservas ante ese jovencito sin desbravar que es Ota. Kra viene de vuelta, y sirve para abrirle los ojos a Ota de forma dura, convincente y mas que acertada, siendo esto sin duda mérito de Patricia Fuertes, que redondea muy bien su trabajo y de forma mas que acertada.


Miguel Campion se encarga también de la labor de director de escena, además de dramaturgo. Nos encontramos ante un montaje sencillo, pero eficiente, que en algunos momentos busca la complicidad del público que en ocasiones actúa como visitante del zoo en el que Ota y Kra se encuentran, como efecto funciona y está muy bien integrado en la acción. Campion deja hacer a sus actores, pero sabe conducirlos por los vericuetos del texto, sobre todo en cuanto al aire de cada personaje, que nuestro director y dramaturgo sabe imprimir a la perfección en los actores para que todo se entienda tal y como concibió en el texto. Se intuye un trabajo consensuado y cuasi de laboratorio en el que se aprecia unos previos interesantes y muy bien tramados. Todo plasmado desde un prisma de verdad y organicidad mas que notable y que enriquece la función en grado sumo. Si bien es cierto que la propuesta es modesta, si que posee de unas adecuadas músicas y unas logradas transiciones entre escena y escena, de perfecta coherencia dramática y de asequible lenguaje teatral. La obra se disfruta enormemente, y el regusto agridulce que se desprende del espectáculo se encuentra en el punto justo de sazón para que después de verlo lo pensemos en nuestra casa y saquemos nuestras propias conclusiones.



En resumen, Animales Salvajes es un ejemplo claro de teatro sólido, de envoltorio sencillo pero realizado de forma muy inspirada y de claras intenciones en su planteamiento. Disfruté mucho viendo la función y mi sonrisa casi perpetua durante todo el espectáculo se vio congelada en mas de una ocasión ante la dureza de lo plasmado, eso si, de forma delicada pero contundente, y sin ningún atisbo de afectación en su acabado.


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miércoles, 18 de octubre de 2017

La Familia Addams, Terrorificamente Divertida.

Esta temporada que acaba de comenzar viene cargada de grandes estrenos, y los musicales son una importante parte de la cartelera, ya que por ahora al menos hay en cartel cuatro producciones, mas alguna que todavía está por estrenar. Se trata sin duda de un síntoma muy bueno, y que nos dice que el género musical cada vez tiene mas adeptos en nuestro país. Algo que a mi personalmente me encanta por varios motivos. Que haya variedad y oferta, quiere decir que los musicales interesan. y además que el espectador cada vez entiende mas el género y se educa de la mejor forma posible, es decir viéndolo, ya que las grabaciones son fantásticas, pero un pálido reflejo de la totalidad de un espectáculo. Un público que conoce el género lo convierte en exigente, y por tanto el nivel debe subir en las producciones, ya que lo de dar gato por liebre cada vez resulta mas difícil. Esto que planteo se está viendo reflejado en las últimas producciones de musicales que estoy viendo, ya que el nivel ha subido, y el género cada vez se encuentra mas asentado en nuestras carteleras, con intérpretes especializados en comedia musical, y de variada y sólida técnica.
La pasada semana se estrenó La Familia Addams, la comedia musical de Broadway, y esta producción es un ejemplo paradigmático de lo que planteo, ya que cuando las cosas se hacen bien así se debe reconocer. La Familia Addams ha sido toda una sorpresa, de esas que todos los años se dan en nuestras carteleras, en las que una obra sin mas aspiraciones que la de entretener se muestra como un descubrimiento muy agradables, y que resulta muy gratificante de ver.


La Familia Addams con música de Andrew Lippa y libreto de Marshall Brickman y Rick Elice, se estrenó en Broadway en 2010 y fue nominada a dos premios Tony ( mejor musical original, y mejor actor de reparto) se llevaron a cabo 711 funciones, y si bien es cierto que no se puede considerar uno de los grandes éxitos de la cartelera neoyorkina, por el pasaron importantes figuras del musical estadounidense, entre ellas Nathan Lane y Brooke Shields.
La obra está basada en las tiras cómicas del mismo nombre, que han sido llevadas al cine y a la televisión en múltiples ocasiones. Nos encontramos ante una partitura de cierta dificultad en algunos momentos, especialmente en el personaje de Miércoles, y con sorprendentes momentos de atonalidad que van en total consonancia con la peculiar forma de ser de sus protagonistas. Los coros son abundantes, y complicados, especialmente en las féminas, y de gran importancia en el desarrollo de la función, ya que se encuentran presentes practicamente durante todo el espectáculo. Cada personaje principal tiene su numero de lucimiento, y alguno de los secundarios también se deben batir el cobre a nivel musical en algunos momentos.
El libreto, ligero y divertidísimo, se encuentra mejor desarrollado en su primera parte que en la segunda, pero funciona sin problemas como lo que es, un divertimento sin pretensiones y liviano, para pasar una tarde sin complicaciones. La historia gira en torno al conflicto que conlleva que Miércoles, hija de la familia, se enamore de una "persona normal" algo que para Los Addams es un problema ya que su visión de la normalidad es un tanto peculiar. Toda la acción se desarrolla durante la noche que Miércoles presenta a su novio y a sus padres en la mansión familiar, con las consabidas situaciones cómicas que conlleva el choque de trenes entre una conservadora familia de Ohio y los ténebres Addams.


Vayamos con elenco.

Alejandro Mesa, como Pugsley Addams.
Muy cumplidor y entregado, si bien es cierto que tiene un papel un tanto desagradecido, Mesa lo lleva a cabo con gran solvencia y naturalidad, cumple sin problemas en todas las disciplinas, y logra que nos creamos este extraño adolescente de maneras masoquistas, y con una curiosa forma de entender el amor fraternal, sillas eléctricas incluidas.

Meritxell Duró, como la Abuela
Conocidísima por el espectador dado su paso en La Cubana, Duró da vida a esta peculiar anciana en su código habitual, muy centrada en lo corporal y de arrolladora comicidad. Nuestra intérprete, especialista en este tipo de papeles, resulta ideal para llevar a cabo un personaje que en otra actriz con menos personalidad, quizás pasase sin pena ni gloria, Duró lleva el papel a un terreno caricaturesco en grado sumo y con gran efecto cómico en todas su intervenciones. Dotando de su peculiar impronta a su trabajo y logrando con creces redondear su trabajo.

Fernando Samper, como Fétido Addams.
Magnífico en un comprometido papel, el mas tierno de la función, y que Samper profesional avezado del género lleva a cabo de forma impecable. Samper dota a Fétido de una bonhomía muy de agradecer, y brilla mucho en sus múltiples partes cantadas. De perfecto tono tanto en lo actoral como en lo musical, Samper realiza un trabajo contenido y de amable apariencia. Nada sobra y nada falta en el extraño poeta enamorado, no diré de quien, que nuestro actor ejecuta con oficio y aparente facilidad.

Andrés Navarro, como Malcolm Beineke.
Correcto, aunque en un código mas sobrio que el resto de sus compañeros, ya que el papel no da lugar a excesos. Muy sentado en todas sus intervenciones actorales, lo encontré un tanto destemplado en lo musical, pero sin llegar a molestar, ya que nos encontramos ante un papel mas enfocado a un actor que a un cantante.

Julia Möller, como Alice Beineke.
Soy mucho de la Möller, lo reconozco, siempre cumple y me parece una gran cantante. Alice Beineke tiene sus momentos de dificultad, especialmente durante una desmelenada escena. Escena que resulta magnífica en manos de nuestra actriz. De agudo facílisimo y bonito timbre, Möller brilla mucho, y resulta muy cómica. Möller nunca falla, y siempre es garantía de un trabajo bien hecho, en Los Addams sorprende, por el código mas extremado del personaje, que al que no nos tiene acostumbrados, y que funciona a las mil maravillas.

Iñigo Etayo, como Lucas Beineke.
Otro caso de personaje sin mucha chicha, llevado a buen puerto, gracias a la estupenda presencia escénica de Etayo, y a sus mas que correctas intervenciones musicales. Tiene mucha química con Lydia Farrén, su enamorada, algo imprescindible para que sus escenas funcionen.

Lydia Fairén, como Miércoles Addams.
De lo mejorcito de la noche. Miércoles es posiblemente el papel con mas complicación a nivel musical y actoral del espectáculo, y Fairén resulta muy adecuada en todas las disciplinas. Vocalmente estuvo magnífica, en un rol que precisa de facilidad en la zona aguda, control de la zona de paso y un buen fraseo. Lydia Fairén pasa la prueba con nota, ayudando mucho el bonito timbre tipicamente musicalero que posee, y que resulta el idóneo para  el personaje. En la parte actoral se encuentra deliciosa, en un trabajo medido al centímetro, y donde el gesto contenido, pero calcado al referente que tenemos del personaje, es primordial, y que nuestra actriz tiene estudiado de forma admirable, siendo el resultado redondo y consiguiendo que entendamos perfectamente a Miércoles, algo que para ser sinceros, es realmente difícil, porque el papelito se las trae.

Xavi Mira, como Gómez Addams.
De gran solidez escénica, y con aires de primer actor, que diría un antiguo, dota de mucha entidad a un personaje en el que se sustenta gran parte de la función, con gloriosos apartes, y que necesita de una intérprete con buenos recursos para llevarlo a buen puerto. Mira le da el toque justo de calzonazos a Gómez, y sobre todo una gran naturalidad consiguiendo que nos identifiquemos con el en algunos momentos de la función. Hace una pareja estupenda con Carmen Conesa, su amádisima Morticia, siendo sus escenas juntos de lo mejorcito de la función.

Carmen Conesa, como Morticia Addams.
Magnífica, si bien es cierto que va de menos a mas, ya que su papel brilla mas en el segundo acto que en el primero. La carismática matriarca de Los Addams no es moco de pavo, y Conesa la lleva a cabo con oficio y aires de gran diva, especialmente en su número principal, con el que triunfa de pleno, y así se lo agradeció el respetable. Me pareció ver cierto agotamiento vocal, especialmente en la zona aguda, nada que moleste ya que el conjunto de su trabajo resulta mas que satisfactorio, y queda muy bien rematado en la parte actoral, donde la hierática presencia de Morticia está perfectamente reflejada, así como las famosas frases lapidarias que hacen a este personaje tan especial.

Mención especial para el soberbio Lurch de Javier Canales, cuya presencia escénica resulta impagable y de arrolladora comicidad. Hizo las delicias del niño que estaba sentado a mi lado, que solo con verle caminar sobre sus zapatones ya se moría de la risa.


Conjunto espléndido, con momentos de gran complejidad a nivel musical y coreográfico, cumpliendo sin problemas en todas las disciplinas. Todos bailan y cantan de maravilla, y se encuentran perfectamente integrados en la función, con unas intervenciones muy bien movidas y con unas mas que logradas evoluciones. 

El espectáculo lleva orquesta en directo  (con Pedro Arriero a la cabeza que lleva la batuta con gran pulso teatral) y que la verdad es que suena de maravilla, parece ser que los tiempos de la música enlatada en los musicales ya han pasado a la historia, algo muy de agradecer, y que debe ser reconocido.


Esteve Ferrer se encarga de la dirección artística, y lo hace con gran tino, Ferrer es muy consciente del material que tiene entre manos, y por tanto, como no nos encontramos ante una obra de gran calado literario, sino ante un entretenimiento ligero, apuesta por el gag visual y los chistes patrios de forma muy acertada, logrando que el espectáculo sea cómico en grado sumo, y divertidísimo. Ferrer dota a toda la función de un ritmo fabuloso, algo muy importante en la comedia, donde los diálogos van picados y los chistes se encuentran perfectamente encajados. Todo el espectáculo tiene cierto aire a comedia musical clásica que resulta muy gratificante, liviana y sin mas pretensión que la de entretener al respetable. Visualmente la función está conseguidísima, si bien es cierto que nos encontramos ante un musical de formato medio, lo que se tiene se aprovecha de forma admirable y muy resultona. Desde la magnífica escenografía de Felype de Lima, que ya sorprende antes de levantarse el telón, hasta las, una vez mas, magistrales luces de Juanjo Llorens, todo funciona a la perfección en una producción, dotada de mucha magia teatral, cierto encanto naif, y con unos trucos escénicos, fáciles, pero efectivos. Nos encontramos ante un producto realizado con esmero en su propuesta escénica, y que resulta mas que satisfactoria en su acabado final. La Familia Addams es terrorificamente divertida, está llevada a cabo con un gusto exquisito, y muy cuidada a todos los niveles, especialmente en su elenco y tratamiento visual. Sin duda un espectáculo para todos los públicos, y que hará las delicias de los mas pequeños, sin restar los guiños al público adulto con un sentido del humor gamberrete por momentos y de mas que fácil digestión.





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sábado, 7 de octubre de 2017

El Cantor De México, Oda Al Kitsch

Por fin se inauguró la temporada 2017-2018 de el  Teatro de La Zarzuela, temporada ambiciosa y de variado repertorio, que en líneas generales encuentro mas que interesante. Para abrir este ciclo se ha apostado por un título muy especial para mi, y por el que siento auténtica devoción. El Cantor de México. Mi alegría fue mayúscula cuando empezaron los rumores en los mentideros de La Villa sobre que El Cantor venía a Madrid, algo que finalmente se confirmó en la presentación de la temporada para regocijo mío y de muchos aficionados. Es imposible ver este repertorio en nuestro país (al menos hasta ahora) así que esta ocasión me pareció única, y sin ninguna duda de gran interés musical, ya que si bien El Cantor es una obra ligera, musicalmente es una joyita que no se puede dejar pasar de largo. Primeramente me gustaría romper una lanza por la incursión de obras como esta en nuestro Teatro Lírico Nacional, tiene interés, y es practicamente imposible abarcar este repertorio desde el ámbito privado en nuestro país, dados los costes de producción, y las complicaciones de toda índole que acarrea la opereta de gran espectáculo, y que dificilmente se puede llevar a cabo sin los medios que los teatros públicos ofrecen. Si a esto añadimos que desgraciadamente el espectador actual no conoce mucho el género en el que está incluido El Cantor, pues apaga y vámonos, ya que como proyecto teatral privado se puede considerar un suicido económico de enormes consecuencias.
Como este no es el caso, felicitémonos pues, por la iniciativa del Teatro de La Zarzuela y sobre todo disfrutémosla, que en este caso se puede y se debe hacer, con sus mas y sus menos, como iré desgranando, pero disfrutable sin ninguna duda. Hay que acercar géneros parejos, hay que enriquecer al espectador patrio, y hay que desempolvar conciencias en un mundo en el que un sector de la audiencia es tan purista como lo es en la zarzuela. El género lo necesita, por tanto la amplitud de repertorio y el conocimiento del mismo es necesario e imprescindible.
Ayer fue el solemne inicio de temporada, en el que el  "todo Madrid", que diría un antiguo, se encontró en el coliseo de la Calle Jovellanos con ánimo disfrutón y muy entregado a un espectáculo que me pareció que agradó mucho al respetable, y en el que se bisó el final dos veces, para entusiasmo de los presentes. En mi corrillo hubo diversidad de opiniones y alguna acalorada discusión sobre lo que estábamos viendo, algo que siempre tiene interés y sobre todo de lo que siempre se aprende, a no ser que como en los tiempos Callas-Tebaldi las palabras se dejasen de lado para que las bofetadas campasen a sus anchas entre los aficionados.
Me acerqué emocionadisimo a la Zarzuela, lo reconozco, y dispuesto sobre todo a pasármelo bien, ya que El Cantor, como obra  solo se escribió para un motivo muy claro, alegrarnos la vida. Nada mas y nada menos.



El Cantor de México, denominada como "opereta de gran espectáculo en 2 Actos y 20 Cuadros" fue estrenada cono abrumador éxito en el Châtelet de París el 15 de diciembre de 1951. Se trata de la opereta mas famosa de todas las que el compositor francés, de ascendencia vasca y latinoamericana, Francis Lopez escribió para Luis Mariano. La obra de Lopez se escribió a la medida del divo irundarra que causaba furor en Francia, y que allí era conocido como el "Príncipe de La Opereta". Mariano poseía un bellísimo timbre y una peculiar técnica, en la que los recursos estilísticos eran su gran baza, realmente inimitables, y de una singularidad excepcional. De agudo esplendoroso y mítico falsete, cuya forma de cantar marcó un estilo muy personal en la forma de abordar la opereta. El Cantor no es una opereta de estilo vienés, netamente lírica, sino que se encuentra mas cercana a la comedia musical, en su concepción escénica y melódica, donde lo ideal para ser llevada a cabo es la técnica mixta, aunque también es correcta su  ejecución por voces líricas especialmente en su rol principal.
Lopez compuso una obra de una elegancia apabullante, brillantísima orquestación, y ecléctico acabado formal, donde todos los números de solista principal, son un "hit" por si solo, Ruiseñor, Acapulco, Maitetxu, y como no podía ser de menos el tema central de la obra, famosísimo en nuestro país y que se repite varias veces durante la partitura. La música de Lopez arrastra desde los primeros acordes de orquesta con su inigualable sentido de la espectacularidad, energía y alegría. La música de El Cantor de México es puro espectáculo, deliciosa evasión y con indudable donaire.



Este Cantor se representa en versión libre de Emilio Sagi, y traducción al español de Enrique Viana. La versión de Sagi parece mas bien una excusa ligera para que los cantables se lleven a escena, en la que no queda practicamente nada del libreto original. El primer acto tiene un poco mas de chicha en cuanto a texto, pero una vez pasado el intermedio, una sucesión de números acontecen en escena con la única excusas del rodaje de una película. Encontré ciertamente endeble el argumento, entendiendo que el original no es precisamente el Rey Lear, pero si cambiamos o adaptamos debe ser para mejorar, no para simplemente cercenar el texto. Afortunadamente, hay coherencia y se entiende el espectáculo, pero eso si, la historia se puede resumir en 10 palabras, y que no diré por aquello de los "spoilers". La traducción de Viana, de los cantables,en líneas generales funciona, con excepción de los números netamente cómicos, en los que nuestro traductor se pone excesivamente creativo, y los lleva demasiado a su terreno. No nos debemos olvidar que hay que traducir, no otra versión libre que no tenga nada que ver con los temas originales.




Vayamos con el elenco.
La obra tiene un amplísimo cuadro de actores, y figurantes. Dentro del plantel actoral destaca mucho Ana Goya como ayudante de dirección, que lleva a cabo una composición magnífica y realmente divertida. Tambien destaca la pareja formada por Nagore Navarro y Maribel Salas como impagables limpiadoras mexicanas con unos cuantos momentos lapidarios que fueron muy celebrados.

Manel Esteve, barítono, como Bilou.
De lo mejorcito de la noche, intuitivo y muy timbrado, sirvió una función de altura en lo musical, dentro de un papel de no pocas dificultades canoras, especialmente en su último tema, y que Esteve solventa a la perfección. De hermoso fraseo y bonita voz que brilla mucho en la zona media y aguda. Actoralmente está magnífico, de gran naturalidad, y delicioso en todas sus intervenciones, dotando a Bilou de cierta inocencia muy conseguida y en total consonancia con el personaje.

Sonia de Munck, soprano, como Cricri.
Cricri, que no de Munck, tiene un problema. El papel tiene una tesitura bastante puñeterita, y no está muy definida dentro del espectro lírico, y a nuestra soprano no le va en absoluto vocalmente. Hay problemas con el volumen en algunos pasajes, en los que debido a la enorme orquestación que tiene la obra, y a que Cricri se mueve en una tesitura central durante casi toda la función que no es la de Sonia, pues la voz se pierde en varios momentos. La cosa cambia en el momento de entonar su vals, en donde si la vi plena, y dando el canto de calidad al que nos tiene acostumbrados. Luce bella y muy delicada en escena, y si bien su personaje es bastante desagradecido, cumple y logra imprimarle cierto carisma al pobretón material literario que le ha tocado en suerte.

Luis Álvarez, barítono, como Riccardo Cartoni.
Álvarez en su tono habitual, resulta acertado como casi siempre. Seguro y templado en sus partes habladas, y cargado de oficio en lo musical, demuestra que sigue siendo un activo para nuestra zarzuela, y al que los papeles de carácter suavemente cómicos le van como anillo al dedo.

Rossy de Palma, actriz, como Eva Marshall.
Muy descontrolada desde la dirección del espectáculo, no se la ha encauzado lo suficiente en un trabajo de limpiado y pulido que hubiese sido ideal. Se la ve en un código completamente diferente al resto de los actores, y chirría dentro de la visión en conjunto del espectáculo pareciéndo que Rossy de Palma es ella misma llevando a cabo la imagen que tenemos de su persona en la vida pública, dando la sensación de que Emilio Sagi no se atrevió a hincarle el diente al mejor personaje de la obra, y que resulta muy desaprovechado en un trabajo cargado de tics y que solo funciona a ratos. He de decir que como Tornada, el rol que interpreta en la película que se está filmando, me gustó infinitamente mas que como Eva Marshall y cuyos recursos cómicos tienen mas efecto. Vocalmente estuvo muy insuficiente en su primer número, no así en el segundo, partiendo de la base que es necesaria una artista con unas mínimas condiciones canoras para abordar el papel, algo de lo que ella tampoco tiene culpa, sino de quien realizó la elección de la actriz. Rossy da todo lo que tiene cantando, y se le debe agradecer, pero en este género hay que ser conscientes de que también se debe cantar, no queda otra. 

José Luis Sola, tenor, como Vicente Etxebar.
Lo primero que voy a decir es que nuestro tenor hace su Vicente, no imita a Luis Mariano, ni se pretende, algo desde mi punto de vista acertado, y que se debe juzgar desde sus características vocales. Comparaciones son odiosas, se me antoja una máxima imprescindible en este caso. Sola sirvió lo mejor a nivel musical de la función, y sin ninguna duda sale triunfante del complicado papel que le ha tocado en suerte, cuya exigencia es realmente grande y cuya dificultad mas notoria se encuentra en el estilo, de extremada complejidad, y que Sola borda en sus intervenciones. El falsete en el tema central de la opereta es magnífico, espectacularmente largo y brillantemente resuelto . La voz suena hermosa, y si bien es cierto que no es muy grande, si que corre sin problemas y pasa la orquesta. El mejor momento de la noche fue un Acapulco literalmente de infarto que me pareció sublime, dado el gusto y la sensibilidad con la que fue cantado.
Actoralmente se encuentra envarado, y en un código excesivamente de tenor, pero la verdad es que no me importó en absoluto, la parte vocal suple con creces cualquier expectativa y disfruté muchísimo de todas sus intervenciones. Sola triunfó anoche en la Zarzuela de forma rotunda, y fue ovacionadísimo por un público realmente entusiasmado.




Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró, mas tímido de lo habitual en lo musical, con algunos problemas en las entradas, y pequeños descuadres, que si bien es cierto siendo un estreno son perdonables y solventables. En las grandes apoteosis de la función resultan atronadores, dotando de mucha espectacularidad a la producción, tal y como mandan los cánones del género.

Oliver Díaz, dirige la OCM de forma absolutamente increíble. El Cantor no se puede llevar de otra forma que como la lleva Díaz. Dominando a la orquesta de forma admirable sin que se le vaya de las manos en ningún momento, en una partitura complicada y alejada del repertorio habitual del Teatro de La Zarzuela. Díaz dota a la función de un sonido muy espectacular, grandioso por momentos y de tiempos admirablemente medidos. Sin duda la OCM con Oliver Díaz es uno de los activos de esta producción, y uno de los elementos que mas lustre le da al espectáculo, donde el espléndido material escrito por Lopez sale a relucir en toda su grandeza.






Emilio Sagi firma la producción además de la versión. El Cantor de Sagi, me deslumbró como montaje, disfruté muchísimo, y a la vez me pareció con carencias en cuanto a la dirección actoral, que le confieren al espectáculo cierta falta de entidad en cuanto a la visión de los personajes, la relación entre ellos mismos y la verdad de lo que les pasa a cada uno. Entiendo que  estamos ante una obra muy ligera, y de asunto casi anecdótico, pero no podemos pasar por alto las partes de texto, que no acaban de resultar satisfactorias, y cuyos actores en algunos casos parecen estar un poco vendidos (De Munck y Sola) y que en otros no han sido metidos en cintura de forma adecuada (De Palma). Por tanto a este nivel se le escapa la función a Sagi, siendo el resultado un tanto bajo de tono en las partes habladas, poco homogéneo y menos gracioso de lo que era deseable. Lo que ocurre es que la obra es tan arrebatadoramente bella que nos da igual que los textos y su lectura no estén a la altura, y cuando la música, abundantísima por cierto, hace aparición, la magia surge de manera arrolladora y se lo perdonamos todo rendidos a los pies de Francis Lopez y su genio. Por otro lado encontré la producción de una belleza exquisita y de impactante resolución escénica, especialmente en el cuadro con el que finaliza el primer acto (muy aplaudido tras la mutación) que resulta francamente espectacular como la monumental oda al kitsch que es, y que yo entendí como una desprejuicida y festiva concesión a lo excesivo que a mi personalmente me dejó boquiabierto. Otro cuadro bellamente resuelto y que debe ser mencionado es el de Acapulco, atmosférico y preciosista en grado sumo. En todo esto que planteo la escenografía de Daniel Bianco, se adapta a la perfección al tono visual que pretendidamente se le da a la función, extremado pero sin sacrificar valores estéticos, y con momentos de relumbrón en lo visual. Quizás la única forma de afrontar esta versión de El Cantor sea así, para que entre por los ojos, nos apabulle por momentos y nos deleite con su música. Yo eché de menos una lectura menos plana a nivel actoral, y mas enjundia teatral en las interpretaciones.
La función es disfrutable en grado sumo (pienso volver) y nos encontramos con un espectáculo cuya factura final resulta epatante por los medios empleados y los resultados visuales y musicales, que si fuese mas profunda en su tratamiento, algo que no está reñido en la ligereza del argumento, sería realmente memorable. Tal y como Emilio Sagi plantea la producción, todo se queda un poco en el envoltorio, bellísimo y suntuoso, pero con poca sustancia dramática en el fondo.




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jueves, 5 de octubre de 2017

Billy Elliot, Un Gran Paso Adelante En La Historia Del Musical Patrio

Hace casi dos años que se empezó a escuchar en los corrillos teatrales de Madrid, que la producción de Billy Elliot en España era un hecho, algo que me sorprendió y alegró muchísimo, pero que también me dio un poco de miedo. Me explico, Billy es un título muy grande, de gran riesgo económico, de enormes dificultades de diversa índole, y con un problema añadido que no es ninguna tontería, el peso de la función recae sobre un niño que necesita unas mas que notables condiciones para las diferentes disciplinas que el género musical requiere. 
Que Billy llegase a buen puerto dependía de muchos factores que tienen que ver con la forma de entender los musicales en nuestro país, la formación de las nuevas generaciones, y sobre todo el tomarse en serio un género, que aquí se sigue considerando menor, y cuyo tratamiento actoral, cuando de grandes producciones se trata, suele quedar eclipsado por el envoltorio, siendo difícil quitarle el sambenito de superficialidad y poco interés teatral del género musical.
A medida que se iban contando cosas de la producción de Billy, se iba vislumbrando que el empeño iba en serio, y que se había apostado fuerte por la calidad. La elección de un elenco adulto de campanillas, y el hecho de la enorme preparación a la que se sometió  a los intérpretes para llevar a cabo el complicado papel principal de la función, consiguieron que mis expectativas hacia la función se fueran disparando a velocidad de vértigo.
Otra cosa que me llamó mucho la atención es la ausencia de franquicia, se han mantenido las coreografías originales, y toda la propuesta escénica ha sido creada en nuestro país, acierto total, y señal de fortaleza del género, que demuestra que tenemos grandes creativos capaces de afrontar proyectos de esta envergadura. No soy muy amigo de franquicias, me parece que tienen poca vida y les falta frescura, ya que el corsé impuesto por la producción original resta espontaneidad al resultado final. Algo que en este Billy Elliot es una realidad palpable y disfrutable a partes iguales.
Ayer asistí en el Nuevo Alcalá al pase de prensa del que parece ser el estreno de la temporada, y la verdad es que todavía estoy saboreando la soberbia función que disfruté, y que estoy convencido de que va a ser un bombazo.


Billy Elliot, se estrenó en versión musical en Londres en Mayo de 2005 con partitura de Elton John y libreto a cargo de Lee Hall, estando basado en la celebrada película homónima del año 2000 dirigida por Stephen Daldry. Se mantuvo en cartel durante once años, se ha representado en gran cantidad de países, y es ya un clásico moderno de los musicales, plagado de premios y éxitos allá donde se ha representado.
Billy Elliot es un musical soberbio a todos los niveles, y todo funciona a la perfección en música y texto. Con el trasfondo de la durísimas huelga de mineros acontecida en la Inglaterra de 1984 donde Margareth Thatcher impartía estopa ultraliberal a diestro siniestro, con poco corazón y escasa sensibilidad social. En la función se nos cuenta una fábula sobre la superación personal, la grandeza de la diversidad del ser humano, y el respeto hacia los demás, todo ello desde el prisma de una sensibilidad abrumadora, y grandes dosis de humanidad que conmueven al mas pintado. El texto contiene la suficiente enjundia como para considerarlo por si mismo un puntal en la función, ya que la profundidad de los personajes tal y como se describe en la obra,  no es habitual en el género musical. A esto hay que añadir la magnífica partitura de John, que suma muchísimo, y que refleja a la perfección lo que ocurre en escena. Elton John se apoya en unos soberbios coros, de gran fuerza, una orquestación presente durante practicamente toda la función, y lo que es mas importante, consigue una descripción impresionante de cada personaje principal dándonos una lección de lo que significa la música escénica.
El resultado de Billy Elliot es una obra profundamente emotiva, donde los pequeños detalles son igual de importantes que los grandes, y donde prima un sensible intimismo en la mayoría de sus escenas, de brutal cotidianidad, denuncia social, delicadeza abrumadora, y desgarrado dramatismo en algunos momentos.
Billy Elliot es TEATRO, mas allá del género en el que se encuentra, de rotundo mensaje y gran calado, donde lo que prima es la perfecta conjunción de todas las disciplinas escénicas, de una forma brillante y acertadísima.


Vayamos con elenco.
Mayúsculo de principio a fin, sólido como una roca, y sin fisuras. Algo que es todo un logro dada la enorme dificultad de la pieza a todos los niveles.

Juan Carlos Martín, como George.
Martín, figura indiscutible de nuestro teatro lleva a cabo uno de esos papeles que tan bien se le dan, de hombre tierno y simple, y cargado de bonhomía . Martín consigue que nos creamos a su George sin el mas mínimo problema, siendo una pinceladita tierna y suavemente humorística que enriquece muchísimo el resultado de la función. Por cierto... como se parece a Margareth Thatcher este chico!

Mamen García, como Abuela.
Me cautivó desde que la vi en escena dadas las dosis de verdad que su personaje rezuma, en el que el retrato de esta anciana deslenguada y senil (cuando le interesa) queda perfectamente dibujado por nuestra actriz tanto en las partes habladas como las cantadas. Su número musical, perfectamente medido en las dosis de emotividad y cercanía, resulta uno de los mejores momentos de la función. García, actriz de peculiar forma de hacer me resulta entrañable siempre que la veo, siendo en esta producción indispensable para que su creación llegue a buen puerto con la contundencia que lo hace. 

Adrián Lastra, como Tony.
Gran acierto de elenco, ya que las características físicas y vocales de Lastra son perfectas para su rudo personaje. De rotundísima presencia escénica y gran intensidad en sus momentos mas importantes, Lastra sirvió una función de altura, especialmente en un tremendo dúo con Carlos Hipólito que impresiona por la carga emocional que deja entrever y que llega de forma muy directa al espectador. Tony parece una mala bestia, pero Lastra consigue que entendamos su forma de actuar y las motivaciones que le hacen ser así. Nuestro actor ofrece un trabajo de poderoso acabado y brillantísima resolución.

Beltrán Remiro, como Michael.
Michael es uno de los bombones de la producción, y también uno de los personajes mas difíciles, partiendo de la base que debe ser interpretado por un niño. El peculiar amigo de Billy es ejecutado por nuestro pequeño actor a la perfección, todo un talento que se lleva al público de calle de forma arrolladora, haciendo con el lo que le da la real gana. Desinhibidísimo y cargado de unas dotes naturales para la comedia realmente muy notables. Nos encontramos con un artista que se encuentra en escena como pez en el agua. A esto hay que añadir el elevado nivel tanto de canto como de claqué que resultan imprescindibles para dar vida a Michael. Remiro es carne de musicales, y carne de teatro, disfrutar como el disfruta en la función es un signo inequívoco de ello. Recibió una de las mayores ovaciones de la noche, y con gran justicia por cierto.

Carlos Hipólito, como Padre.
Creo que muchos tenían ciertas reservas con la elección de Hipólito como padre, dadas las características del personaje, un tanto alejado de Hipólito en la imagen que se tiene en la cabeza del rudo minero con un corazón de oro. A mi precisamente esto es lo que me parecía mas interesante, ya que el desafío era grande, pero Hipólito, actor de soberbia técnica, tal y como esperaba ha llevado a buen puerto de forma impecable. Nuestro actor dota a su personaje de una tremebunda humanidad que a partir del segundo acto de la función va saliendo a relucir cada vez de forma mas notoria y por ende dibujándose el personaje en su enormidad. El recorrido emocional es asombroso, y el arco del personaje está perfectamente definido, quedando demostrada una vez mas la solvencia de Hipólito, que dota a su rol de muchas aristas y fabulosa credibilidad.

Natalia Millán, como Señorita Wilkinson.
Perfecta a todos los niveles. No me imaginaba a otra artista en este papel que no fuera Natalia Millán, y como era de esperar triunfa de largo. Insuperable en tono físico y actoral, Millán dota de gran entidad a su personaje, donde las diferentes características de la Srta. Wilkinson son plasmadas de forma impecable por nuestra actriz que le tiene muy pillado el punto al rol. Millán sabe lo que nos quiere contar, con gran inteligencia, y con aires de gran diva como mandan los cánones, en sus números musicales, que resultan de una robustez a prueba de bombas, y de elevadísimo nivel. Millán atrapa al espectador, y demuestra una vez mas que es una estrella del musical.

Pau Gimeno, como Billy.
Gimeno me impresionó profundamente, y me dejó tocado por momentos. Templadísimo y de una madurez escénica increíble, Gimeno nos llega por varios motivos, quizás el mas directo sea su increíble expresividad cuando baila, que el final del primer acto llega al paroxismo, donde Gimeno literalmente nos pone los pelos de punta por la tremebunda implicación emocional, y la entrega de su trabajo. Resulta enternecedor verlo actuar, y transmite a la perfección todos los estados de ánimo por los que Billy pasa ya que se encuentra dotado de grandes recursos a todos los niveles. Billy debe cantar, bailar clásico y claqué, y encima ser actor y todo ello sin tener mas de catorce años, casi nada... Gimeno sale airoso del papel, y encima nos pone el corazón a mil por hora en sus intervenciones dada su capacidad de emocionarse y de emocionarnos. Gimeno puso el teatro patas arriba al menos en tres ocasiones durante la función, eso lo he visto pocas veces, en un artista de su edad, jamás. Habrá que volver a ver a alguno de los otros seis artistas que dan vida a Billy, dado el nivel de Gimeno 

No quisiera cerrar el elenco principal sin cuatro menciones especiales. La primera a la sensible creación de Noemí Gallego como madre de Billy, de exquisita musicalidad. La segunda el estupendo bailarín Axel Amores como Billy adulto que se complementa a la perfección con Pau Gimeno en una de las escenas mas líricas del musical. La tercera el impagable pianista de Alberto Velasco deliciosamente queer. Y por último a Bruno España, el pequeñín robaescenas mas divertido y enternecedor que he visto nunca sobre un escenario.


La función se sostiene en un conjunto de altísimo nivel, que cumple con todas las disciplinas de forma mas que solvente, y que resulta especialmente atinado en las intervenciones corales, realmente impactantes y de un valor musical elevadísimo. La mayoría de los componentes del conjunto son sobradamente conocidos por parte de los aficionados al musical, ya que en mayor o menor medida son profesionales curtidos en el género, y que saben muy bien lo que hacen, como se demuestra en la prestancia que sus intervenciones aportan al espectáculo.

Gaby Goldman lleva la batuta de una orquesta compuesta por 9 músicos de mas que estimables resultados. Goldman sirve una dramática lectura de la partitura de gran efecto teatral, y muy matizada en los momentos mas sensibles. Estuvo muy pendiente de los interpretes sobre las tablas durante toda la representación, poniendo mucho énfasis en las entradas y los volúmenes. Billy no es una obra fácil de dirigir, y Goldman sin duda conoce el material que tiene entre manos, redondeando el espectáculo de forma brillante.



Vayamos con la producción en si:
David Serrano dirige y firma la adaptación. Encontré muy acertada la traducción nada chirriante, y en la que cada sílaba cae perfectamente en cada nota, sin resultar forzado el texto, ni excesivamente rebuscado o ripioso, algo que en las adaptaciones a nuestro idioma es habitual, por tanto por ese lado magnífico trabajo.
Serrano se ha propuesto llevar a cabo un gran trabajo a nivel interpretativo, al tenor de lo que se vislumbra en el escenario, y lo consigue. La impostación actoral de la que se acusa al musical, aquí se encuentra brillantemente eliminada, y cada personaje parte de un profundo análisis de su carácter, de lo que dice, y de como se dice. Aquí se va mas allá de decir los parlamentos, se está haciendo Teatro, y eso está muy patente en la producción. Nuestro director imprime grandes dosis de verdad en cada personaje, y consigue que todos sean carismáticos e interesantes, y sobre todo muy ricos. Los tiempos de lavar los textos y que el actor espere su gran número musical para recibir la ovación, se han acabado después de este Billy Elliot. Cada número musical está perfectamente justificado y el personaje reconducido al mismo, y cada acción escénica argumentada y explicada, con solo aparente sencillez. Es decir David Serrano en un alarde de honestidad encomiable, limpia de vicios al género, y hace de carne y hueso unos personajes tremendamente humanos y reconocibles. 
A nivel producción SOM Produce, ha tirado literalmente la casa por la ventana, sirviéndonos uno de los musicales con mas medios de los últimos años. Esto no resta a la producción, y no la oculta tras un vacío y acartonado sentido de la espectacularidad, no señores. La apabullante escenografía de Ricardo Sánchez, nos está contando y envolviendo la historia a la perfección. Los hallazgos escenográficos son continuos y a cada cual mas interesante, desde la casa de Billy de una precisión viscontiniana, hasta la sorpresiva vuelta con respecto al original que se da a "Merry Christmas Maggie Thatcher" todo funciona a nivel estético con gran magia teatral, perfectas transiciones, y un sentido de la espectacularidad medidísimo y muy impactante. Las soberbias luces, literalmente de premio, de Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos tienen muchísimo que ver en esto que planteo, que sin duda dotan de sorprendente entidad atmosférica, a una producción notabilísima desde todo punto de vista.
Hay que abstraerse completamente de la producción original, y dejarse llevar por este Billy Elliot completamente español, que subyuga, maravilla y emociona como solo los buenos espectáculos saben hacer, algo que sin duda Billy Elliot lo es. 
En resumen. Por fin vamos entendiendo en este país que se pueden contar historias en los musicales, que el texto tiene importancia, que el envoltorio cuenta, pero para sumar, no para que sea lo único, y que gran producción no está reñido con enjundia teatral. En los musicales TODAS las disciplinas se deben mimar de igual manera, y sobre todo los fuegos de artificio no pueden eclipsar lo realmente importante, es decir aquello que hace que el teatro esté vivo, EL CORAZÓN. Hoy Madrid está un paso mas cerca de Broadway que ayer, Billy Elliot es el culpable, que tome nota quien corresponda, ya que sin duda esta producción supone un gran paso adelante en la lectura de musicales de gran formato en nuestro país.



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