martes, 19 de septiembre de 2017

Lucio Silla, Festival Mozart

Ayer día 18 di por comenzada mi temporada operística 17-18 en el Real. El título elegido por Matabosch para iniciar esta estapa se me hacía muy cuesta arriba, y he de reconocer que me daba un perezón tremendo. No soy muy mozartiano precisamente, y salvo Don Giovanni, El Rapto En El Serrallo, y algún que otro título mas, no suelo ir animoso al teatro cuando toca Mozart, y Lucio Silla además de completamente desconocida para mi, me daba aires de tostón digno de mejor causa.
Este título se me antojaba poco adecuado para abrir temporada, donde uno espera fuegos artificiales, títulos míticos, chimpunes varios, producción de campanillas, éxito rotundo y mas figurantes que en Aida, tanto en escena como en el patio de butacas, que tal y como plantea el Real los inicios de temporada ultimamente, abunda mas la "socialité" que la "musicalité". Pues no, Matabosch apuesta por un Mozart duro de roer, con producción conocida y de alquiler, y deja para mas adelante los operones clásicos, que quizás den menos prestigio que este Lucio Silla, pero que buenos cuartos se dejan en taquilla. Con mi sufrido acompañante llevándome de la oreja me acerqué al Real un tanto abrumado pensando en las 18 arias que componen la ópera, y en como aguantaría las casi cuatro horitas de festival Mozart que teníamos por delante. La realidad es que las cuatro horas se quedaron en tres y media, y que no es tan fiero el león como lo pintan. Lucio Silla se puede ver, y se puede disfrutar, máxime cuando el nivel musical de la función es tan elevado como lo es en esta producción.



Lucio Silla fue compuesta por el admirado Amadeus a la tierna edad de dieciséis años, siendo su composición operística numero 8. Fue estrenada en Milán en 1772 con gran éxito, y denominada como ópera seria, algo que sin duda es una declaración de principios reflejada tanto en su estructura como en su asunto, siguiendo las normas del Clasicismo casi al dedillo, digo casi, ya que el uso de la orquesta es muy avanzado funcionando por momentos como un personaje mas de la ópera, y que resulta muy definitorio a la hora de plasmar los diferentes estados de ánimo de sus personajes. Para hacerse una idea de lo que Lucio Silla es, baste decir que de 23 números musicales, 18 son arias, solo hay dos dúos y un terceto, en una ópera abundante en música y recitativo secco, que para el espectador de hoy en día resulta dura de ver y de escuchar. El argumento se reduce a una escueta trama en la que se critica el poder político impartido de forma tiránica, y en el que practicamente todos los personajes, sufren y sufren y vuelven a sufrir, de amor no de opresión aunque resulte paradójico, mientras mantienen diálogos internos para que los espectadores, que por momentos también sufren, especialmente en la primera parte del espectáculo, se enteren de lo poco que avanza la acción, a la vez que a medida que la opera se va entonando,  vaya alucinando cada vez mas ante la tremenda dificultad del material que el bueno de Amadeus compuso, con nula clemencia hacia los cantantes, y confiando demasiado en la capacidad de aguante del espectador.
Con Lucio Silla ocurre una cosa curiosa, es como ver un Wagner de cuatro horitas, en el que pasa de todo por tu cabeza, mientras te vas dejando llevar por la música, y que cada dos por tres un bofetón de belleza musical te saca de ese estado en el que uno parece estar flotando, a la deriva, en un mar de corcheas.



Vayamos con el elenco, superlativo a todos los niveles sin ninguna duda.

María José Moreno, soprano, como Celia:
Magnífica como de costumbre, Moreno merecedora de un papel de mas entidad, cumple sin problemas en todas sus intervenciones, resultando deliciosa por sus habituales virtudes, que son muchas y facilmente reconocibles. Su cristalino timbre, su sensibilidad cantando, la frescura de la voz y la facilidad en las notas mas extremas, fueron la tónica de una interpretación mas que correcta de un personaje para el que María José Moreno va mas que sobrada de facultades. Escucharla es una delicia de principio a fin.

Inga Kalna, soprano, como Lucio Cinna.
Mas que correcta a todos los niveles, tanto musical como actoralmente. Su interpretación se caracterizó por un considerable volumen, un bello timbre y una musicalidad muy notable. Se puede decir que el agudo suena un tanto gritado por momentos, pero no me molestó en absoluto y si analizamos el conjunto de su trabajo, se puede considerar satisfactorio.

Kurt Streit, tenor, como Lucio Silla.
Irregular, si bien es cierto que el papel se encuentra mas reflejado en la orquesta que en la parte vocal, Streit no acabó de encontrar su sitio vocal, en el que el lógico desgaste de la voz resiente la por otra parte maravillosa creación actoral. Streit parece perder la colocación de la voz por momentos, y resulta destemplado en algunos pasajes, pero bien es cierto que cuando la voz está en su sito, suena aun redonda y hermosa y es un reflejo de lo que fue en un pasado. Lo que si domina Streit a la perfección es el caracter de Silla, caprichoso, autoritario y temible, apoyado en un admirable trabajo corporal que dota al dictador romano de una presencia pavorosa y con aires de primerísimo actor.

Silvia Tro Santafé, mezzo-soprano, como Cecilio.
De lo mejorcito de la noche, de voz plena, rotunda y atronadora, sirvió momentos de gran impacto, donde la endiablada coloratura mozartiana brilla tal y como fue concebida, con unos aparentemente imposibles saltos que Tro Santafé da con aparente facilidad y espectacular resolución. Cuando Silvia Tro llega a las notas mas agudas, los armónicos llenan la sala del Teatro Real de forma impresionante y francamente disfrutable. Nos encontramos ante una cantante de primerísimo nivel, no hay duda. Nuestra cantante abordó el papel desde la bravura, y ofreció un canto bello y noble, y en total consonancia con la partitura, siendo el resultado un trabajo mas que estimable y de una calidad exquisita.

Patricia Petibon, soprano, como Giunia.
Maravillosa, y entregadísima, en un trabajo  en el que lo que primó fue la expresividad ante todo, y en el que la interpretación vocal estuvo perfectamente integrada en la actoral, donde las partes mas dolientes de nuestra sufridísima heroína suenan a lamento aullado y espeluznante, sacrificando quizás sonido pero enriqueciendo de forma rotunda la composición del personaje. Petibon posee una voz grande y bien proyectada que resulta idónea para el personaje de Giunia, eje central del drama, y casi protagonista de la ópera. Petibon en la coloratura resulta asombrosa dado el control de la misma, timbradísima en todo momento, y con una potencia realmente notable. Petibon nos hiela la sangre ante su capacidad dramática, nos impresiona por sus magnificas condiciones vocales, y resulta una de las estrellas de la función junto con Silvia Tro Santafé.

Coro Intermezzo correcto, y con poco lucimiento, para ser sinceros. Cumplen como viene siendo habitual en ellos, especialmente en el último número de la ópera, donde su situación en los palcos primeros hace que los disfrutemos en todo su esplendor vocal. Los encontré muy desaprovechados escenicamente y menos disfrutones que en otras ocasiones, pero cumplen sin problemas en una ópera que no se destaca por sus coros especialmente.



Ivor Bolton dirige la Orquesta Titular del Teatro Real de menos a mas, con una obertura un tanto deslavazada y con algunos problemas de cohesión entre los músicos, pero a medida que fue avanzando la función se fue entonando, consiguiendo apoyar perfectamente a los cantantes, en un ópera en la que la importancia de la interpretación vocal es muy notoria. Consigue Bolton momentos de gran efecto, especialmente en aquellos en los que interviene Lucio Silla, cuya psicología tan bien está plasmada en la orquesta, algo realmente inusual en la producción operística de la época. Lleva la función ligerita y la hace amena dentro de la densidad de la partitura, y su lectura me pareció cuidada, matizada y muy estudiada. Sin duda Bolton, entregadísimo al espectáculo y mimando a sus cantantes hasta la extenuación ha hecho los deberes, y es justo reconocerlo.




Claus Guth ejerce la labores de regista, y lo hace en dos planos diferentes y con diferente fortuna. Por un lado está la inspiradísima labor actoral, en la que realmente exprime al máximo el escuálido material literario con el que se encuentra, consiguiendo que la obra tenga coherencia, y que se entienda su argumento sin problema huyendo de la típica exposición de arias inconexas y psicologicamente planas. Guth va al fondo de cada personaje, los define, y luego plantea cada aria como un juego teatral diferente con mayor o menor fortuna, pero con impoluta coherencia dramática. A nivel visual es harina de otro costal, producción de estética feísta, desangelada a ratos, y con menos fortuna de la deseada y a años luz de las interpretaciones. Se intentan plasmar las cloacas del estado en un espacio indefinido con siniestro aire de anatómico forense, y de guarida del Dr. No venida a menos, cargada de hormigón y fría como un témpano de hielo. No aporta mucho mas allá de la sensación de sordidez que todo lo envuelve, que si bien es cierto que va en consonancia con la dureza de la obra, en algunos momentos sacrifica la belleza de la música a favor de la truculencia (gratuita) escénica. El espectáculo resulta excesivamente largo, especialmente en la primera parte, a la que yo, llamadme sacrílego, le hubiese metido tijera, ya que se le da vueltas y vueltas a lo mismo de forma inclemente. Para que os hagáis una idea, el momento culminante de la función que es el ataque a Lucio Silla y del que se lleva hablando desde la apertura de telón, ocurre dos horas y media después de que haya empezado la función, faltando todavía una hora mas para el final de la obra. Supongo que el problema intrínseco de la ópera consiste en su estructura, alejadísima del espectador actual que no puede evitar que se le vaya el santo al cielo por momentos, algo que con una propuesta escénica quizás mas efectista o con mas interés en lo estético podría solventarse en cierta manera. Lo de las estructuras giratorias ya empieza a oler a añejo, y a mi personalmente me carga un poco, pero aquí ya juegan los gustos personales, mas allá de la crítica objetiva en si.
En resumen, nos encontramos ante una obra dura, densa, exasperante a ratos, bellísima en su mayoría, y que sin duda no es apta para todo tipo de espectador. ¿Disfruté? si, por supuesto, pero a ratitos, ja ja ja. Lucio Silla no es una ópera al uso, sino mas bien una especie de ejercicio de arqueología teatral pasada por el tamiz de lo contemporáneo en su norma estética y dramática, pero que nos queda muy alejada en el tiempo y en su forma musical.






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lunes, 11 de septiembre de 2017

Oleanna. Y Caperucita Se Comió Al Lobo Feroz

El poder, el tan anhelado poder, a veces detentado a veces merecido, y casi siempre deseado, aunque pueda parecernos ajeno, es uno de los motores de nuestro entorno. Nos movemos en una sociedad piramidal, en la que el que está arriba manda sobre el que está abajo, esto es aplicable a todos los estratos sociales y a todos los ámbitos de nuestra vida. Desde nuestro entorno cotidiano, hasta la alta política, alguien manda, y el que manda normalmente se lo ha ganado de alguna manera, lícita o ilícita, siendo cierto que el poder es algo con lo que no se nace, y que engancha al que lo tiene, y que normalmente cambia al que lo posee.
Este pequeño discurso cargado de obviedades sobre el ordeno y mando, viene muy al pelo al tenor de lo que plantea Oleanna, el controvertido texto de David Mamet con el que doy por inaugurada la temporada 17-18, y que se está llevando, con gran fortuna artística, en el Bellas Artes.
El poder se encuentra muy presente en Oleanna, pero no solo el poder, sino la forma de conseguirlo, y como transmuta a los individuos que lo poseen, llegando a convertirlos en seres despiadados y prepotentes, aunque no se den cuenta de ello, y piensen que estén impartiendo justicia, cuando lo que hacen es imponer la mas injusta de todas las justicias, aquella que carece de clemencia.




Oleanna, estrenada en 1992, y en cuyo estreno hubo literalmente mas que palabras ya que las bofetadas camparon a sus anchas al finalizar el espectáculo, plantea una verdad incómoda. El uso del acoso sexual como arma, y el abuso de poder en las situaciones en las que un individuo se encuentra por encima en la jerarquía establecida. Mamet, se sirve de dos personajes moralmente reprobables, para plantearnos un dilema que practicamente se ve expuesto de forma aséptica, para que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones. Conclusiones, por cierto, tan numerosas como espectadores vean la función, ya que las opiniones que se pueden extraer del texto dependen de muchos factores, tanto ideológicos como de género.
No quiero destripar mucho el argumento, solo diré que hay comportamientos y realidades en nuestra sociedad, que se deben plantear, por mucho que escuezan, y lo que Oleanna cuenta, escuece y mucho, pero se da y muy a menudo, siendo la valentía de nuestro autor contándolo francamente notable.



David Mamet propone un inteligentísimo texto en el que el uso del lenguaje es prodigioso, con un léxico elevado y muy definitorio de ambos personajes que especialmente en el caso de John llega al paroxismo en su primera escena, escena que bien es cierto que es redundante, y que no tengo yo muy claro si a propósito para incomodar al espectador, o para alargar un texto que se queda en la hora y cuarto escasa. La acción tarda en desencadenarse, pero una vez que lo hace desborda el conflicto de forma impactante y muy dura, estallándole al espectador en sus propias narices. Cuando empezamos  a pensar que en esta obra no pasa nada, Mamet nos da un sonoro y sorpresivo bofetón para atraparnos de forma irremisible hasta que acaba la función.
La disección de la psicología humana que lleva a cabo Mamet es espeluznante, y para plasmar sus miserias mas íntimas, tira de ironía de forma admirable, siendo especialmente crítico con la supuesta "superioridad moral" de cierta intelectualidad, el feminismo mal entendido, y el uso literal y torticero de nuestras leyes. Mamet se apropia del ABC de cualquier texto que se precie (objetivo, conflicto y urgencia)  impecablemente, siendo el resultado de la obra afortunadísimo a nivel literario, y muy impactante a nivel dramático.
En Oleanna, Caperucita se come al Lobo Feroz, pero ni Caperucita es tan buena, ni el Lobo tan malo, ahí estriba el hecho de que se nos rompan los esquemas de forma tan dura y contundente.



Vayamos con el elenco.
La obra se sustenta en dos actores, en este caso Fernando Guillén Cuervo y Natalia Sánchez, como John y Carol respectivamente, siendo el resultado un duelo interpretativo de altura. Ambos intérpretes se encuentran en un código naturalista y con grandes dosis de verdad en sus respectivas interpretaciones. Del trabajo de Guillén Cuervo varias cosas son a tener en cuenta, la primera y mas notable el prodigioso recorrido de su personaje, cuya evolución resulta brillantísima y mas que justificada desde todos los recursos que nuestro actor ofrece y utiliza con gran acierto. La segunda el magnífico tono corporal de su trabajo, muy medido y cargado de pequeños detalles que apoyan a la perfección las por otra parte mas que atinadas acciones que sirven de ayuda a nuestros actores en sus respectivas creaciones. Nada sobra y nada falta en el trabajo de Guillén Cuervo, templado y mesurado sin caer en la estridencia, siendo su dibujo de John real como la vida misma, creíble y lo que es mas importante en esta obra, reconocible. Su compañera en escena Natalia Sánchez, lleva a cabo un trabajo enfocado desde la introspección, pulcro y muy bien rematado. El uso de la voz, pretendidamente bajo de tono, para aumentar la sensación de puerilidad de Carol es absolutamente magnífico, así como la convicción en sus momentos mas duros que realmente cumplen su cometido a la perfección. Sánchez muestra una sorprendente solidez interpretativa y se la ve muy disciplinada, algo que yo valoro mucho en un artista, y que sin duda, tiene mucho que ver en el brillante resultado de la composición de Sánchez. El grado de trabajo de un artista se mide en los detalles que engrandecen a un personaje, y el cuaderno lleno de apuntes, escritos a mano apostaría que por la propia Sánchez, dictaminan la línea de trabajo de la producción.
Nos encontramos ante dos actores que se entienden a la perfección en escena, y que aportan lo mejor de cada uno en beneficio de su compañero, en un acto de generosidad escénica muy de agradecer, y que acaba revertiendo de forma muy gratificante en el espectáculo. 
Tanto Guillén Cuervo como Natalia Sánchez se entregan a fondo en la composición de sus personajes y en que entendamos su complicada psicología desde un ejercicio de interpretación valiente, arriesgado y desnudo de artificios, lo que viene a ser resumiendo en pocas palabras, teatro en estado puro.



Vayamos ahora con la dirección escénica:
Luis Luque firma la producción, y la verdad es que acierta, planteando el texto como un combate de artes marciales en su principio y su final que como alegoría de la pelea dialéctica que se desarrolla en el escenario funciona y no desentona en absoluto con el tono de la función.
Luque dirige a sus actores con libertad, pero sin dar lugar a los excesos, que en el caso de textos de estas características es una tentación en la que se puede caer facilmente. Se llega a los clímax de forma natural, sosegada y justificada, con excepción del duro final de la obra, en el que hay un punto de anticipación por parte de los actores que no acaba de estar resuelto de forma satisfactoria. La función desprende una pulcritud y un regusto a trabajo bien realizado que remata un montaje acertado y brillante a partes iguales, poniendo especial énfasis en el sentido de lo que se dice, y en la perfecta definición de los dos personajes tan opuestos y tan iguales a la vez. El ritmo se encuentra perfectamente medido, jugando con el espectador de forma muy sutil, ya que al principio el respetable siente cierta desazón ante una situación tensa y de difícil solución, pero que a medida que transcurren las tres largas escenas que componen la obra va tomando pulso de forma irremediable hasta su explosión final. Creo que Luque intenta (y lo consigue) que el espectador se sienta identificado con la impotencia de John ante como se van desarrollando los acontecimientos, y convierte a nuestro antihéroe en pieza clave de reflexión, sin justificar en ningún momento lo que ocurre, algo que sin duda está en la esencia del texto de Mamet, que se ha hartado de decir por activa y por pasiva que el no juzga, sino que simplemente expone, ya que el que juzga es el espectador. Luque juega con esa propuesta, y gana de pleno siendo el resultado una Oleanna de altura y sólida de principio a fin, dando una lección de teatro bien hecho, bien pensado, y lo que es mas importante, trabajado hasta la extenuación.



En resumen, un magnífico inicio de temporada, con una propuesta de impecable factura, que se puede resumir como un ejemplo de teatro en estado puro, impactante, valiente y para rumiarlo después de ver la función. Oleanna no es un título para todo tipo de estómago, y sin duda puede herir alguna sensibilidad, pero también es necesario que se nos cuenten las verdades a cara de perro de vez en cuando, para a posteriori recordar lo que ocurre en Oleanna, y aplicar en nuestra filosofía de vida, tres o cuatro lecciones que Mamet nos da sin ningún miramiento. Oleanna es un clásico contemporáneo, de total vigencia, y que mientras nuestra sociedad mantenga su estructura seguirá contándonos algo interesante. Ojalá llegue el día en el que lo que se plantea en Oleanna no se entienda, sin duda habremos avanzado mucho a todos los niveles.





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lunes, 28 de agosto de 2017

Broadway, 4 Musicales en 4 Días.

Estas vacaciones me he escapado a USA, y tal como está la cartelera en Nueva York el paso por La Gran Manzana se me antojaba imprescindible. Adoro N.Y. esta es la cuarta vez que la visito y nunca me canso, su bullicio y su cosmopolitismo me fascinan, pero si hay algo que realmente me atrae de esta ciudad es lo viva que está. N.Y. hierve de vida por los cuatros costados, la oferta cultural es completamente inabarcable ya que uno siempre siente que se deja mucho por ver, y el espinoso asunto sobre que espectáculo elegir, como no se tengan las cosas claras puede resultar arduo. Para esta visita en la que vi cuatro espectáculos como el título indica, llevaba entradas para dos desde España, y una vez allí me dejé llevar. Los títulos que vi fueron Hello Dolly, Miss Saigón, War Paint y Prince of Broadway. Cuatro musicales muy diferentes tanto en estilo como en planteamiento, y en los que hubo de todo como en botica, la experiencia resultó en lineas generales la mar de satisfactoria, y para hacerme una idea de como están las cosas a nivel artístico en la meca del musical, la verdad es que ha sido muy esclarecedora.



Antes de planear un viaje a Broadway varias cosas son a tener en cuenta, la primera lo caras que son las entradas, ya que los precios de N.Y. andan bastante alejados de los precios de España y Europa en general. Una entrada de primer rango, sin descuentos ronda los 200 USD (167 EUR al cambio de hoy) pero siempre hay opciones y descuentos que se pueden disfrutar. Mi recomendación es que si queréis ver un show puntero en particular, os saquéis la entrada desde aquí a precio normal y con bastante antelación, del rango que os apetezca, y que una vez allí, si os apetece ver algo mas, os acerquéis al teatro a ver que os ofrecen el día de la función antes de la siguiente opción, que es la famosa oficina TKTS que ofrece descuentos hasta el 50% para el mismo día, no para todos los espectáculos, ojo, y siempre de primer rango, es decir esta opción no os baja de los 100 USD (83 EUR) por entrada. 



Las entradas que saqué en España fueron las de Hello Dolly! y las de Miss Saigón. Las primeras nos costaron 120 USD (100 EUR) cada una, segundo rango, fila seis de butaca de patio y perfecta visibilidad, estas entradas las conseguimos mediante una oferta de American Express que nos aplicaba un sustancioso descuento del 50%. Las de Miss Saigon me costaron 40 USD cada una (33 EUR) siendo estas de las mas baratas, bastante alejadas del escenario y de cuya visibilidad no puedo hablar, ya que al no estar el teatro lleno nos subieron de categoría y nos dieron unas butacas espléndidas en el primer piso centradas y de perfecta visibilidad, que costaban aproximadamente 3 veces mas. Para War Paint las sacamos en el mismo teatro y nos costaron 40 USD en un palco en el que si bien es cierto se perdía un pequeña parte del escenario, la cercanía de los artistas suplía con creces la visibilidad, y tratándose de una producción de tamaño medio tampoco importaba tanto. Para Prince of  Broadway recurrimos a TKTS costando cada entrada 100 USD con un descuento del 50% ya aplicado en dicho precio, en primer rango y perfecta visibilidad en el patio de butacas.



Vayamos con los espectáculos en cuestión.

Hello Dolly! se trata de uno de los shows de moda en este momento, en el que Bette Midler está arrasando, pero amiguitos a mi me tocó Donna Murphy, algo que sabía de antemano, ya que las funciones de los martes las hace la Murphy, que no es manca precisamente.
El show es una auténtica gozada de principio a fin, siendo un clarísimo ejemplo de lo que Broadway es, y lo que el género musical ofrece en todo su esplendor. Se trata de una producción completamente ortodoxa que no deja ninguna duda sobre su declaración de principios y que no defrauda al espectador por varios motivos. El primero la arrolladora energía que desprende, y que hace las delicias del público entregadísimo desde que suenan los primeros acordes de la obertura.
Con un cuidadísimo tratamiento musical en el que la vibrante partitura de Herman brilla en toda su grandeza resultando un chute de buen rollo brutal y altamente gratificante, la obra se sustenta en unos coros absolutamente impresionantes de altos vuelos líricos y que dan mucha espectacularidad a los números de conjunto, especialmente en un  "Put On Yor Sunday Clothes" completamente de infarto, así como el número que da título a la función, que nos llevó al delirio. Dentro del magnífico elenco destacan Gavin Creel como Cornelius Hackl de bella voz y timbradísimo en todo momento, así como el espectacular Horace Vandelguerder de David Hyde Pierce, que fue de lo mejor de la función tanto actoral como musicalmente. Donna Murphy brilla muchísimo en un papel que le va como anillo al dedo, y que la deja lucirse como la gran diva que es, con un típico desplante estilo Broadway y que tuvo al público rendido a sus pies durante toda la función. Murphy pone el teatro patas arriba cada dos por tres con sus ocurrencias y sus dotes de cómica nata que realmente enriquecen el personaje de una forma rotunda y altamente satisfactoria. Si me quedo con algo de su función, sin duda es con su imponente bajada de escalera de rojo y emplumada como mandan los cánones, y el soberbio "So Long Dearie" uno de mis números favoritos de la función, que Murphy bastón en ristre en la línea mas pura  del viejo Broadway, llevó a cabo de forma literalmente asombrosa. Su interpretación tiene ecos de la mejor Ethel Merman sin dejar una pequeña concesión a Carol Channig en el número mas famoso de la función. 
Dos cosas empañan un poco la producción, la primera el deslucido "Gallop" de los camareros, un tanto descafeinado, dado el altísimo nivel de la producción, y el final del primer acto que queda un tanto pobretón después del derroche (tren incluido) que supone "Put On Your Sunday Clothes".
Hello Dolly! se mueve en unos elevadísimos parámetros de calidad a todos los niveles, y si queréis vivir una noche realmente memorable este es vuestro espectáculo. Personalmente disfruté como hacia mucho que no disfrutaba en un teatro, y esta producción no hizo mas que confirmar todo aquello por lo que amo tanto al género musical.



Miss Saigon, correcta, pero... me hubiese gustado menos franquicia y mas tripa. Me explico, la función es francamente disfrutable pero adolece de la frialdad que las producciones de Mackintosh, realizadas como churros desprenden, y que pueden resultar un tanto rutinarias. Escenicamente no hay sorpresas ya que se trata del montaje del 25 aniversario, que sigue siendo eficiente y que sin duda a nivel visual sigue resultando espectacular. Uno que tuvo la suerte de ver la producción original en Londres hace 20 años, siente que el antiguo montaje tenía mas encanto que este, pero ahí quizás el factor nostalgia tenga mucho que ver y la objetividad se pierde por cuestiones ajenas al ojo meramente crítico.
Vimos la función en primer elenco, con un inspiradísimo Jon Jon Briones como The Engineer que estuvo a la altura especialmente en su numerazo "The American Dream" y cuya interpretación a todos los niveles resulta redonda. La pareja protagonista estuvo formada por Alistair Brammer como Chris y Eva Noblezada como Kim. Brammer durante la primera parte del espectáculo se merienda literalmente a Noblezada que se ve eclipsada por la rotunda presencia escénica de su partenaire, así como por su entregada interpretación, fue el único que realmente me emocionó cantando de todo el elenco. Noblezada está correcta pero reservona, aunque si es cierto que se va entonando y a medida que avanza la función el voltaje dramático de su personaje va ganando enteros hasta finalizar la función de forma mas que solvente. La encontré un poco fría y la voz no me dijo mucho, personalmente me esperaba mas, pero en papeles tan trillados y conocidos, es difícil dar con la tecla dependiendo del gusto del espectador.
Teatro sorprendentemente a medio gas, ya que la función merece mucho la pena, y se disfruta mucho. Supongo que el título ya está muy visto por aquellos lares y eso pesa. Es fácil conseguir entradas económicas para el mismo día, y se despiden de N.Y. después de navidades. La función no aporta nada nuevo, pero si este musical os gusta tanto como a mi, sin duda lo disfrutaréis.



War Paint realmente fui a verlo por mi adoradísima Patti LuPone, a la que nunca había visto en directo y para que engañaros no me pude resistir. Esta obra ha sido una auténtica sorpresa a todos los niveles, ya que el texto, gozosamente frívolo, resulta la mar de divertido, especialmente en las partes de LuPone, y visualmente de una elegancia fastuosa, ya que si bien es cierto no se trata de una producción de gran envergadura, el glamour que destila la función es mas que notable y de atractiva factura, siendo deliciosamente queer en su planteamiento. La música agradable y muy disfrutable en algunos números, de inspiración sesentera y muy cool en su orquestación, con ciertos ecos de Follies en algunos momentos. Patti LuPone comparte cartel con otra diva de altura, Christine Ebersole, siendo el resultado un festival de estas dos artistas y que sin ninguna duda no deja indiferente. La función está medidísima en cuanto a intervenciones de sus dos protagonistas, teniendo cada una el mismo número de temas musicales, su respectiva entrada triunfal en escena, y su respectiva escena de gran lucimiento, para finalizar la obra en una escena conjunta que es de lo mejorcito de la función. Para los que no sepáis de que va la función, las dos divas no se dirigen la palabra durante todo el espectáculo hasta la última escena, ya que cuenta le eterna rivalidad entre las dos "reinas" de los cosméticos Helena Rubinstein y Elizabeth Arden. La función de punzante sentido del humor, frases lapidarias y mensaje ligeramente feminista resulta entretenidísima y se pasa en un suspiro. LuPone está soberbia en su código mas puro y con la peculiar forma de cantar que la caracteriza, que apasiona y horroriza a partes iguales, dependiendo de los gustos del aficionado. Yo soy muy de LuPone por tanto disfruté como un enano y no perdí ripio de un trabajo cargado de fuerza y una entrega absolutamente encomiable en esa bomba de poco mas de metro y medio que es Patti LuPone. Ebersole mas comedida resulta el contrapunto perfecto para su compañera, resultando su trabajo de una calidad apabullante a todos los niveles, vocalmente nos encontramos ante otro prodigio de la naturaleza con ecos mas líricos que Patti y de resultados igual de espectaculares. Los dos papeles masculinos son poco relevantes y bastante deslucidos John Dosett y Douglas Sills los llevan a cabo con gran eficiencia, pero sin ninguna duda la función es LuPone y Ebersole que triunfan de plano en sus papeles y se llevan el gato al agua sin problemas. Mención especial para todas las pequeñas partes que tienen gran relevancia en la función y que resultan absolutamente deliciosas.



Prince Of Broadway, me llamó la atención ya que se trata de una retrospectiva de Harold Prince, en la que se nos cuenta su carrera en un leve hilo argumental y que sirve como nexo de unión de sus producciones mas paradigmáticas. Encontré la función francamente irregular y de escuálida factura, la ausencia de coro desluce muchísimo los números de conjunto y en líneas generales la sensación que tuve es de espectáculo apresurado y un poco hecho para aprovechar una temporada corta a costa del nombre de Price que dirige la función. No todos los intérpretes están a la misma altura ya que el repertorio que les ha tocado en suerte no es del todo adecuado, a este respecto, especialmente desabrido resultó el bloque dedicado a Evita y que interpreta una anodina Janet Dacal, que si que estuvo en su punto en El Beso De La Mujer Araña, que llevó a cabo de forma impoluta. Dentro del elenco destacan con diferencia Chuck Cooper, cuya interpretación de "Ol´Man River" de Showboat fue de impresión, así como Emily Skinner que si bien es cierto en "Send In The Clowns" resultó destemplada y con problemas de afinación, en "Ladies Who Lunch" sirvió uno de los momentos de la velada, en un número de gran fuerza y progresión ascendente perfectamente medida y de gran efectismo. Si hubo una triunfadora rotunda fue Bryonha Marie Parham, la mas equilibrada en sus intervenciones y la que mejor cantó de todo el elenco con una impresionante voz negra, de las que despeina al mas pintado, cerró telón en el primer acto con un espectacular tema central de Cabaret, y me resultó deliciosa en "Can´t Help Lovin´Dat Man" de Showboat. Parham sin ninguna duda es un pedazo de artista que la intuyo como relevo de las grandes divas actuales a poco que cuide su carrera. Mención especial para Karen Ziemba que fue una Mrs Lovett de altura en el comprometídisimo "Worst Pies In London".
En líneas generales la producción es prescindible, y fue un pequeño "error" decidirme por este espectáculo, que no deja de ser un refrito hecho con menos fortuna de la deseada, y que dados los estándares de Broadway resulta decepcionante. Me quedo con el principio del segundo acto que abre con el numero de apertura de Company, con la escenografía original, y que es de los pocos números que merece la pena en toda su extensión.

Por si os interesa la información, Hello Dolly se está representando en The Shubert Theater. Miss Saigon en The Broadway Theater. War Paint en The Nederlander Theater y Prince Of Broadway en The Samuel J. Friedman Theater.




Ir a N.Y. a ver musicales sin duda es una gozada, se aprende mucho, se disfruta mucho, y sobre todo se vislumbra la forma mas genuina de llevar a escena el que es el género madre estadounidense por excelencia, y sin duda uno siempre se queda con ganas de mas. Mi último día en La Gran Manzana estuvo cargado por la nostalgia, ya que no se cuando volveré a una de las ciudades del mundo que mas amo, y sin duda en la que mas disfruto.
Espero que os haya gustado este resumen de la cartelera neoyorquina y que si vais en breve por allí os haya servido de utilidad.
En breve empezaré con la cartelera madrileña, que la temporada se vislumbra potente!!



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lunes, 3 de julio de 2017

Marc Vilavella Nos Habla De Olviden Broadway

El próximo 10 de julio se va a llevar a cabo en el Teatro Rialto un acontecimiento único. Olviden Broadway, Versiones y Perversiones, que como dicen en su promoción se trata de "un homenaje realizado desde el juego, el virtuosismo y el humor. Será un concierto teatralizado en el que convive el musical “de allí” y el musical “de aquí”. Será un calidoscopio delirante de versiones y perversiones que propone una mirada sobre el género abierta y creativa".


Me surgió la oportunidad de charlar con Marc Vilavella el director del evento, y he aquí el resultado de aquella charla en la que se nos explica de que va Olviden Broadway y se nos habla del proceso creativo de un espectáculo que sin duda será un acontecimiento para los que amamos los musicales. Espero que os guste, y sobre todo que os animéis a verlo!!!











D.P.- ¿Como definirías Olviden Broadway?
M.V- Basicamente un concierto de musicales, con varios añadidos que lo separan de los conciertos que habitualmente vemos. Aquí partimos de que todo esté tratado con mucha teatralidad, y que este homenaje parte de usar los referentes, para hacer otras cosas, para reconvertirlos, descontextualizarlos y ponerlos al uso de diferentes actos creativos, y diferentes juegos que proponemos en cinco bloques diferentes.

D.P.-¿Como surgió el proyecto Olviden Broadway?
M.V.- Surgió de una conversación con Rafa Romero. El embrión de este concierto es la representación que se hace cada verano  en el Grec de Barcelona, " Nit dels Musicals" y planteándonos si aquí en Madrid se hace algún concierto de estas características, con ese sentido de fiesta y de encuentro de la profesión que se hace periodicamente , buscando diferentes profesionales y referentes del género. Esta idea fue derivando en Olviden Broadway, un proyecto mucho mas amplio y mas teatral.  Partimos de la base de seis componentes del elenco principal, y también tenemos colaboradores invitados sorpresa, que se han unido a esta fiesta, y que nos ayudan a darle difusión al espectáculo.

D.P.-¿Que consignas artísticas y estéticas sigue el espectáculo?
M.V.- El punto básico es el hacer un "falso antihomenaje". Decimos olviden Broadway pero en realidad le hacemos un homenaje al género, cogiendo el referente para olvidarnos de como lo conocemos, y ponerlo al servicio de otra cosa y verlo aquí y ahora. No es que el intérprete reproduzca el referente sino que haya algo nuevo. Dividimos el espectáculo en varios bloques y a partir de ahí cada bloque supone un juego diferente. En uno de ellos jugamos con las canciones mas conocidas y les sacamos punta, versionando y "perversionando" algunas de ellas. Casi rozamos la parodia, pero sin llegar a ella, se trata de un homenaje muy divertido, coger personajes y canciones y " cortar, pegar y colorear". Otro bloque es la figura de Shakespeare, teniendo en cuenta los musicales que se han inspirado en este autor. Por ejemplo en West Side Story mezclamos el material del musical con el texto original del autor inglés. Parece que los actores de West Side Story no pueden hacer Romeo y Julieta, y me niego a pensar eso, haremos todos los esfuerzos para que se pueda hacer. En esto hay una especie de declaración de intenciones, un actor que canta muy bien puede hacer Hamlet u otra obra de Shakespeare. También queremos que se tenga presente que además del referente anglosajón,  nosotros  tenemos una tradición musical que conecta con lo escénico y teatral que tiene sus raíces en la zarzuela, el cuplé, la copla, etc... y que también  tenemos musicales de producción propia. ¿Por que siempre Broadway? Debemos homenajear los riesgos que se ha corrido aquí también, y en un bloque lo llevamos con fuentes de material de inspiración autóctona.
Esteticamente, acostumbro a usar escenario vacío, donde la responsabilidad artística final pasa por el intérprete, usar el espacio y los artistas. 

D.P.- ¿Como serán las versiones de los grandes clásicos del teatro musical?
M.V.- Hay temas que se han descontextualizado y que no hemos tocado mucho musicalmente. Hay otras que si que han sido versionadas, algunas son literalmente una "gamberrada", y algunas se han fusionado con sonidos de ahora.

D.P- Tenéis un nutrido grupo de artistas. ¿Han influido las características de cada artista en las versiones?
M.V.- Si, cada artista al darle su propia personalidad inspira tanto al director musical como a mi sobre lo que tiene que pasar en escena. Ellos dan y determina muchísimo el carácter de la versión. Son unos intérpretes muy completos, y era importante verlos en los ensayos y ver como se desenvuelven en cada disciplina.

D.P.- ¿Que criterios habéis seguido a la hora de elegir el repertorio?
M.V.- Se partió de una propuesta en la que ya teníamos para cinco conciertos (ríe). Uno sobre el papel es muy atrevido, y hay cosas que de momento se han quedado en el cajón. A nivel de proceso se va viendo hacia donde iban las energías y los interese, y eso es lo que nos hizo ver los diferentes bloques, y una vez elegidos los intérpretes se acabó de determinar  que tema se incluía, siempre teniendo en cuenta que fuera variado y una combinación de temas conocidos, temas reconocibles y temas que quizás no forman parte de esos referentes pero que merecía la pena encajarlos en el espectáculo.

D.P.- Y ya por último... ¿Por que hay que ir a ver Olviden Broadway?
M.V.- Es una ocasión única, ya que se trata de un solo concierto, y por lo que puedes ir al cine vas a ver un espectáculo magnífico, y que por poco que seas amante del género vas a disfrutar de la propuesta, que tiene la voluntad de dar un pasito mas, para después valorarlo, discutirlo... Creo  que merece la pena apoyar algo así, porque no es lo de siempre. Se trata de un concierto en el que pasan muchas mas cosas que en un concierto, y habrá muchas sorpresas, incluido  un gran actor de teatro que nunca ha cantado y que... ahí lo dejo.

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jueves, 29 de junio de 2017

Madama Butterfly, Tragedia a La Japonesa


Por fín llegó la Butterfly al Real! era uno de los títulos que mas me apetecía de esta temporada, ya que se trata de una de mis óperas de cabecera. Butterfly es un título disfrutable al 100%, porque el que suscribe es Pucciniano hasta la médula, y una de las obras maestras del que para mi es uno de los genios indiscutibles del teatro lírico que tiene todos los ingredientes necesarios para que, si se canta en condiciones, la intensidad de lo que acontece sobre el escenario llegue a la estratosfera, y por ende el lagrimal del respetable se encuentre cercano a parecerse a las cataratas del Niágara. Varios momentos de peligro encuentro en esta ópera en cuanto a mi, cada vez mas a prueba de bombas, sensibilidad. La salida de Butterfly, el apasionado dúo soprano tenor, y todo el último acto desde el coro "Bocca Chiusa" hasta el final donde ya practicamente no me puedo contener para bochorno mío y de mis acompañantes, que según van avanzando mis hipeos y llantos contenidos el número de codazos va aumentado en progresión igual de ascendente que la tremenda tragedia que nuestra querida Cio-Cio San sufre en carne propia y que el respetable revive en carne ajena.
Con un cargamento de kleenex y tiernecito en cuanto al ánimo, ayer 28 de Junio me dispuse a sufrir a gusto en el Teatro Real y sobre todo a disfrutar de Madama Butterfly en su segundo reparto, ya que una Butterfly en la que no se sufre, no es una Butterfly como Dios manda.
La velada fue de menos a mas, con un desangeladísimo primer acto y que en cuanto el desafortunado Pinkerton de Andrea Caré retornó a Estados Unidos, la obra fue ganando enteros de forma rotunda y muy notoria.




Madama Butterfly, denominada como "Tragedia Japonesa en Tres Actos" se estrenó en La Scala de Milán el 17 de febrero de 1904, y está basada en el cuento "Madame Butterfly" de John Luter Long y en la novela " Madame Chrysiantème" de Pierre Loti, ambos parece ser que basado en unos hechos reales que ocurrieron en Nagasaki en 1890.
El estreno de Butterfly es uno de los fiascos mas famosos de la historia de la ópera, junto con el de Carmen. En el caso de Butterfly varios fueron los elementos que llevaron a que su estreno fuera excesivamente tibio, lo apresurado del estreno, la falta de ensayos y una partitura que no estaba lo suficientemente redondeada por Puccini, y que le costó nada menos que cinco versiones a su autor hasta la que actualmente se representa de forma habitual, fueron algunos de los motivos por los cuales tras su estreno Puccini retiró la ópera inmediatmente, para reestrenarla, ya de forma triunfante, en Brescia el 28 de mayo de 1904.
Para componer Butterfly, Puccini se empapó de la música japonesa consiguiendo una de sus partituras mas atmosféricas, que hablando de don Giacomo ya es mucho decir. Se trata a mi entender de una de sus obras con mayor inspiración Wagneriana, y llevó a la escena uno de los papeles mas exigentes para soprano de toda la historia de la ópera, así como uno de los mas queridos de todo el repertorio. La música tremendamente descriptiva, se encuentra integrada de forma asombrosa en la acción dramática, algo que sin duda está perfectamente justificado en el astuto libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Ilica, que llevaron a cabo un mas que encomiable ejercicio de dramatismo ascendente, tramado de forma inteligente y de gran efecto teatral. El espectador es testigo de la tragedia antes que los protagonistas de la trama y ahí estriba el secreto de esta ópera, en la que asistimos impotentes a la caída de Butterfly con tan nefastas consecuencias para nuestra heroína. Puccini supo imprimir a su obra del exotismo justo, y de una intensidad pocas veces igualada, que desde las tensas notas del breve preludio hasta su imponente final no da respiro al espectador que se ve atrapado por la sensibilidad de Cio-Cio San y la despreciable ligereza de Pinkerton que desencadena el drama de forma irremediable.
Madama Butterfly es sin duda un título imprescindible para cualquier amante de la ópera, y para los amantes de las artes escénicas en general, ya que sus virtudes tanto musicales como escénicas son indiscutibles, y de carácter universal.



Vayamos con el elenco:
Comprimarios en líneas generales correctos, con dos menciones especiales, una para bien y otra para mal. Scott Wilde como el Tío Bonzo resultó ineficaz y poco impactante, entre otras cosas debido al escaso volumen, practicamente inaudible al final de su intervención. Y para bien, el fantástico Comisario Imperial de Elier Muñoz, componente del Coro Titular del Teatro Real, que amén de una pulcra intervención, cantó con gran gusto y musicalidad exquisita.

Francisco Vas, tenor, como Goro.
Encontré a Vas un tanto irregular en lo vocal, y magnífico en lo actoral. La voz si bien es cierto que escasa en volumen, se encuentra bien matizada, y resulta interesante en el fraseo y la expresividad. Lástima que se le escuchase tan poco en algunos pasajes. Actoralmente se encuentra muy inspirado y realiza un Goro de manual, sibilino y empalagoso tal y como el personaje necesita.

Vladimir Stoyanov, barítono, como Sharpless.
De lo mejorcito de la noche, sirvió un canto de gran nobleza, expresivo y elegante a mas no poder. Stoyanov tiene el papel muy bien pillado tanto en lo vocal como en lo actoral, y funciona muy bien en las escenas con Cio-Cio San, no siendo así con Pinkerton, con el que la nula química escénica, y la también nula cohesión de las voces fue uno de los motivos por los cuales el primer acto se vio arruinado de forma irremediable. Stoyanov se fue creciendo a medida que fue avanzando el espectáculo, siendo la escena de la lectura de la carta lo mejor de su interpretación, y donde nuestro barítono domina escena y partitura de forma completamente redonda.

Andrea Caré, tenor, como B.F. Pinkerton.
Imposible desde practicamente todos los ángulos. Caré escasísimo de volumen, adolece de poco cuerpo en la voz para un papel de estas característica, no pasa la orquesta ni a la de tres, los agudos, escuetos, atrás y en algunos casos apretados y abiertos. Poco compenetrado con el resto del elenco se ve completamente eclipsado por la soprano principal especialmente en el gran dúo con el que finaliza el primer acto. Caré sirvió un Pinkerton descafeinado y poco apasionado y muy bajo de tono en líneas generales. Tristemente Caré parece contagiar al resto del elenco durante todo el primer acto bajando el nivel de la función de forma estrepitosa, siendo el resultado decepcionante e irritante a partes iguales.

Gemma Coma-Alabert, mezzosoprano, como Suzuki.
Magnífica a todos los niveles. Coma-Alabert sirvió una sensible función, caracterizada por un canto limpio de delicado fraseo, perfectamente impostado, y voz magnificamente proyectada en todo momento. De bello timbre, ligero y muy grato al oído, me resultó deliciosa especialmente en el dúo con Cio-Cio San, exquisito y con ciertos ecos de Lakmé en su parte final, partitura de la que siempre me acuerdo cuando escucho este pasaje. Gemma Coma-Alabert realiza un gran trabajo y demuestra que le tiene pillado el aire al bello personaje de Suzuki de forma acertadísima sabiendo estar en su lugar en todo momento, tanto en la disciplina vocal, como actoral.

Hui He, soprano, como Cio-Cio San.
Gratísima sorpresa, ya presentida ante los vídeos que había visto de esta soprano china que nunca había disfrutado en directo. Empezó fría y bastante destemplada en su difícil salida, pero que a medida que fue avanzando el primer acto, ya fue demostrando que lo que iba a venir en el segundo y tercero sería de altura. Hui He es a mi entender la voz perfecta para Butterfly, resultando ideal en el complicado rol, tanto por color como por volumen y expresividad. Nos obsequió varios agudos en pianissimi completamente pelopúnticos, así como algunos momentos muy inspirados especialmente en las partes mas heroicas. La despedida de su hijo fue literalmente tremebunda y de gran impacto emocional. Hui He redondea la función de forma esplendida, consiguiendo un medido crescendo dramático que resulta epatante para el espectador especialmente en el tercer acto. Hui He triunfó de plano en la velada de ayer y fue muy braveada por el respetable, entregadísimo y disfrutón a mas no poder.



Coro Titular del Teatro Real, con dirección de Andrés Máspero, mas atinado en las mujeres que en los hombres durante la difícil intervención del primer acto que resultó un tanto caótica, en parte por culpa de la mano de Marco Armiliato que en los números de conjunto no anduvo muy fino. El celebérrimo y dificultoso en extremo "Bocca Chiusa" fue perfectamente servido, resultando uno de los momentos mas mágicos de la función, y que se encuentra prefectamente apoyado en lo escénico, con un resultado de gran lirismo y muy emocionante.

Marco Armiliato dirige la Orquesta Sinfónica de Madrid con la misma progresión ascendente que parece ser la marca de la producción, o al menos de este elenco. La dirección en el primer acto resulto a mi entender excesivamente ramplona, poco matizada,y ligeramente caótica en algún momentos, para ir mejorando poco a poco tanto en intensidad dramática como atmosférica. Armiliato no se anda con sutilezas y se le va la mano con los volúmenes en alguna ocasión. Me ha dado la sensación que cuida mas a las féminas del elenco, algo que con Stoyanov no es problema ya que va sobrado, pero en el caso de Caré resulta problemático y que lastra todavía mas el trabajo de nuestro tenor. Eché de menos mas matices en una partitura tan delicada como la de Madama Butterfly. En este caso ha primado el sentido de la espectacularidad, siendo eficiente, pero de resultado un tanto plano y superficial.





Mario Gas se encarga de las labores de regista en una producción suficientemente conocida por los espectadores del Real, ya que de una reposición se trata. Gas no aporta mucho en su visión de Madama Butterfly ambientada en un plató de cine clásico, y en la que los recursos de la producción hoy en día resultan un tanto sobados, y que se ve muy enriquecida por la belleza visual del espectáculo, todo un logro a ese nivel, y una inspirada dirección actoral que consigue una intensidad dramática muy medida y realmente impactante para el espectador. Gas sabe lo que tiene entre manos, y mueve a los intérpretes con gran soltura sobre las tablas logrando una función dinámica cuando lo requiere y de cuidado y refinado estatismo oriental en los momentos mas calmados de la función. Resultan de gran belleza tanto el final del primer acto, así como el final del segundo y el intermedio con el que comienza el tercero, resultando atmosféricos y de gran sabiduría teatral. Mención especial para los bellos figurines de la oscarizada Franca Squarciapino que visten de forma impecable a la producción, así como a la espectacular escenografía de Ezio Frigerio apoyada en unas magníficas proyecciones de prodigioso efecto.





Como nota aclaratoria decir que las fotos no se corresponden en su mayoría al elenco que esta crítica ocupa.





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viernes, 16 de junio de 2017

Marina, Visión Verista De Una Ópera Belcantista

Finaliza la interesante temporada 16-17 del Teatro de La Zarzuela con la reposición de Marina, en la exitosa producción de Ignacio García que fue llevada a cabo en el coliseo de la Calle Jovellanos en 2013.
Esta Marina tiene un muy loable propósito, que es el dar cabida en nuestro teatro de zarzuela mas importante a jóvenes cantantes, para darse a conocer, siendo una oportunidad estupenda a la hora de afrontar sus incipientes carreras. Sin duda la necesidad de nuevas voces en nuestro panorama musical es muy notoria, y el lógico relevo generacional no se ha realizado todavía de una forma total. Si nuestro género lírico tiene que reforzarse, que los cantantes sean abundantes y de calidad, es primordial para llevar a cabo esa labor. De hecho en algunos países de gran cultura musical es práctica habitual que en los grandes templos de la ópera, haya diferentes elencos, de diferentes niveles y con diferente coste para el espectador dentro de una misma producción, siendo una estupenda forma de redondear la formación de los cantantes, que en muchas veces a nivel escénico y actoral se queda coja. Por tanto ese rodaje, y en producciones de primer nivel es fundamental para el desarrollo de dicha carrera, siempre y cuando, las condiciones del cantante en cuestión y la madurez vocal sea la idóneas.
Ayer 15 de junio, con un calor sofocante me acerqué al Teatro de La Zarzuela dispuesto a dos cosas, descubrir voces nuevas, y deleitarme con la bellísima ópera de Arrieta, que se encuentra dentro de mis títulos favoritos del repertorio patrio.
Resultó un estreno exitoso, muy aplaudido y con un público entregadísimo, aunque el elenco resultara irregular como iré desgranando, pudieron mas las virtudes de la función, y el amor que se tienen en Madrid por nuestra ópera mas famosa y la mas representada.




Le tengo mucho cariño a Marina, denominada como Ópera en tres actos, con música de Emilio Arrieta y libreto de Francisco Camprodón y Miguel Ramos Carrión. Me parece que la pobrecita llegó tarde a todas partes, cuando se estrenó primero como zarzuela en 1855 pasó sin pena ni gloria, y cuando ya se convirtió en ópera y se estrenó en el Real en 1871, el Belcantismo había pasado a mejor vida en pos de un tal Verdi que revolucionó el mundo de la ópera y que dejó bien claro que la cosa iba ya por otros derroteros. Eso no quita para que fuera un gran éxito siendo traducida a varios idiomas y de indudable valor musical. Don Emilio Arrieta hizo un remix cuando todavía no existía la palabreja, mezclando un mucho de Donizetti y un poco de Verdi con mucha maestría en una partitura bellísima y de grandes dificultades para sus cantantes. Marina se puede denominar netamente belcantista y que sigue los cánones clásicos del género, donde lo que prima es el lucimiento vocal de los intérpretes, sin dejar de lado una inspirada orquestación con momentos de gran empaque y solemne musicalidad. Marina solo tiene un pero y es lo endeble de un libreto que no pasa de lo anecdótico y que queda en un palmario segundo plano, ante la arrolladora música que posee, es decir, es una ópera para escuchar, y pasar olimpicamente de lo que ocurre en escena. Muchos momentos son destacables desde la terrorífica salida de Jorge, una de las mas difíciles de nuestro repertorio, hasta las arias principales y el inspiradísimo terceto, uno de los mas bellos jamás escritos. Que el rondó final sea sospechosamente parecido al de Lucia no deja de ser una declaración de intenciones sobre lo que Arrieta buscó en su composición huyendo de cualquier tipo de complejo ante su entidad como compositor y que queda suficientemente demostrada a lo largo de la ópera, pero eso si, que se daba de bruces con la tan deseada y fallida instauración de la ópera española. Decirle italianizante a Marina es una obviedad y uno de los motivos por los que algunos la consideran una operita de segunda, algo que yo niego rotundamente ya que nos encontramos ante una obra de gran altura musical, y que merece un lugar destacado dentro de las composiciones del siglo XIX.








Vayamos con el elenco, no tan homogéneo como era de esperar:


Comprimarios perfectos, Graciela Moncloa, como Teresa, Antonio González, como Marinero,  y David Oller, como el Capitán Alberto, llevaron a cabo sus papeles de forma eficiente, y sin el mas mínimo problema a la hora de abordarlos.

Ivo Stanchev, bajo, como Pascual.
Muy deficiente y con bastantes problemas en varios ámbitos. El primero la absoluta ausencia de línea de canto, y una voz descontrolada que no acaba de aparecer bien colocada y que resulta un tanto irritante en algunos momentos. Nuestro bajo sirvió una velada de brusca ejecución, hosca en el sonido, y en un código nulamente belcantista. Encontré a Stanchev perdidísimo a todos los niveles y con el papel excesivamente verde, teniendo varios fallos a nivel musical y textual muy notorios. Actoralmente se encuentra igual de perdido que musicalmente, siendo imposible comprender como Marina no huye despavorida cuando aparece ese maltratador en ciernes que parece ser Pascual en esta producción, y que además adolece de una creación excesivamente desmadejada en lo corporal que resiente la por otra parte imposible interpretación musical. 

Damián del Castillo, barítono, como Roque.
Uno de los triunfadores de la noche, y que musicalmente sale muy bien parado en el conjunto de la función.
Ciertamente Roque es un bombón, y del Castillo lo aprovecha de forma muy inteligente, sabiendo perfectamente donde cargar las tintas y cuales son sus momentos de mayor lucimiento. La voz de bello timbre y mas que sobrada potencia brilla mucho en sus partes mas heroicas, teniendo momentos de gran impacto, especialmente en el cuarteto del Primer Acto, cuyas intervenciones son de gran enjundia. Sirvió unas mas que respetables seguidillas y una magnífica habanera, caracterizadas ambas por el buen gusto cantando, y un fraseo digno de mencionar. Damián del Castillo se mueve como pez en el agua en un título que para escrito para el, y que se nota que disfruta llevándolo a cabo.

Alejandro del Cerro, tenor, como Jorge.
Irregular y con algunos problemas especialmente en la zona aguda, donde las notas suenan estranguladas y excesivamente atrás. Momento de peligro también en los concertantes ya que el volumen no es el suficiente diluyéndose en exceso en la masa coral. La cosa cambia mucho en las partes mas líricas y centrales. Del Cerro ahí si que se luce, con un fraseo exquisito, una voz de gran belleza y un canto de gran sensibilidad que emociona por momentos. A este nivel el Tercer Acto resultó el mas redondo y el mas disfrutable. Creo que del Cerro todavía no está lo suficientemente maduro vocalmente para llevar a cabo un papel tan comprometido como es Jorge, y que necesita un tiempo para abordarlo de forma redonda.

Olena Sloia, soprano, como Marina.
La sorpresa de la noche, y la gran triunfadora a todos los niveles. Sloia tiene la voz en el punto justo de sazón para llevar a cabo una Marina fresca, joven, de gran expresividad, sin problemas en la coloratura, de agudo cristalino y potente, que llena con sus armónicos un teatro de complicada sonoridad como es La Zarzuela, y que en la zona central también resulta satisfactoria. A todo esto hay que añadir la exquisita dicción que posee y que en sopranos de su tesitura es un bien escaso, se entiende absolutamente todo lo que canta y además emociona, especialmente en el famoso "Pensar en el" que suelo encontrar plúmbeo y que en voz de Olena Sloia resulta una delicia. Intuyo que la veremos mas veces en el Teatro de La Zarzuela y con gran justicia además. Escénicamente está perfecta, con una estimable presencia, y transmitiendo la sensibilidad y ternura de nuestra heroína a la perfección

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Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró, otra de las estrellas de la noche. Muy braveado por el respetable y que llevan a cabo un trabajo francamente disfrutable. Matizadísimo y usando el regulador de forma muy efectista, brillaron de forma rotunda los hombres en la difícil Barcarola con la que se abre el telón del Segundo Acto, una auténtica aria para los componentes del conjunto que llegó al cenit en la Stretta que cierra de forma magnífica dicha intervención del coro.


Ramón Tebar dirige la Orquesta de la Comunidad de Madrid con mano de hierro, en una personalísima visión de la partitura, alejada de otra interpretaciones mas ortodoxas, pero que gana mucho a nivel teatral y dramático. De briosos tiempos y quizás un tanto abrupto en los cortes, ésta puede que sea la Marina mas Verdiana a nivel musical que he escuchado, y he de decir que no me desagradó en absoluto, encontré de gran impacto el Preludio y que es uno de mis momentos favoritos de la partitura, así como los números de conjunto, muy cuidados y bien ensamblados entre foso y escena. Nos encontramos ante una Marina diferente a lo habitual, pero muy válida y que suma mucho al endeble asunto dramático de la composición.
Mención especial para la Rondalla Lírica de Madrid "Manuel Gil" con Enrique García Requena a la cabeza, que dotó de mucho sabor a sus intervenciones como es habitual en ellos.



Vayamos ahora con la propuesta escénica:
Ignacio García lleva a cabo las labores de regista, y lo hace de forma acertada en líneas generales, acercando esta Marina al Verismo en su estética y que en vez de encontrarse en la luminosa costa levantina parece desarrollarse en el imaginario pueblo de Cantabreda de La Tabernera del Puerto. La idea no molesta, y puede aportar una visión diferente y que no chirría en exceso, fulminando el almibarado tono, casi pastoril, que define a Marina en casi todas sus producciones.
Es muy difícil sacar algo de una material literario como el que Camprodón y Ramos Carrión escribieron, pero García lo consigue, y lleva a cabo un espectáculo intenso y disfrutable a mas no poder. Solo una cosa empaña el resultado final y es la visión del personaje de Pascual, que viendo el acierto con el que están tratados todos los personajes de la obra, no soy capaz de discernir si se trata de una fallo de dirección o de carencias del propio intérprete como mas arriba comenté.
La función tiene una estética oscurantista y momentos de gran belleza, especialmente el principio del Acto Tercero cuyo Preludio se ve perfectamente apoyado en un cuadro estéticamente brillante y de interesante lectura dramática, que cuadra perfectamente en el desarrollo de la trama.
García lleva a escena una Marina respetuosa  y mas clásica de lo que algunos se piensan, resultando una función de inteligente resolución y nada rancia en sus planteamientos, por tanto debemos felicitar a Ignacio García una vez mas, ya que en 2013 la puesta en escena también fue muy aplaudida.
Mención especial para los figurines de Pepe Corzo magníficos como siempre, y en total consonancia con la propuesta estética.





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