domingo, 7 de mayo de 2017

Enseñanza Libre y La Gatita Blanca, Blanqueando la Sicalípsis

Según la RAE sicalípsis significa malicia sexual o picardía erótica, la acepción de este término en nuestro teatro se refiere a un género que causó estragos allá por los principios del S.XX, en los que los escenarios patrios se llenaron de voluptuosas tiples en salto de cama de encaje, o saltando de la cama desencajadas, que dice la famosa morcilla de "Los gavilanes". La cuestión es que el género sicalíptico era verde, muy verde, al menos lo era hace casi 120 años, aunque hoy nos pueda parecer un juego de niños, y para muestra de que va el tema os explico la etimología de la palabreja que tiene su miga. Sicalípsis viene de las palabras griegas "sicon" y "aleifo" es decir, frotar e higo. No creo que sea necesario que os haga un croquis con las indicaciones sobre lo que se quería describir con el término, que de forma mas o menos velada dejaba muy claro que la sicalípsis era algo que tenía que ver con aquello de la coyunda en mayor o menor medida.
La moda de la sicalípsis vino a nuestro país importanda de Francia, país de el que tomamos prestado el género, para luego remozarlo y adaptarlo a nuestro teatro musical, siendo posiblemente el ejemplo mas emblemático de este período la opereta bíblica de Lleó "La corte de Faraón" practicamente la única obra de aquella época que pasó al repertorio y que se sigue representando de forma habitual. Fueron muchísimos los títulos que se estrenaron en aquellos días al amparo de la primera ola de destape que vivió este país, y fueron el Cómico y el Eslava los dos teatros pioneros en la moda sicalíptica, que duró poco en el tiempo, pero que dejó muchas reminiscencias en nuestro posterior teatro lírico, y que todavía algunos de sus mas famosos cantables siguen incrustados en nuestra cultura popular.



Enseñanaza libre y La gatita blanca, son los dos títulos de esta corriente teatral que se están representando en el Teatro de la Zarzuela y que ayer tuvieron su gran noche de estreno.

Enseñanza libre con música de Gerónimo Giménez y libro de Perrín y Palacios, fue denominada por sus autores como "Apropósito lírico" y se estrenó en 1901 en el Teatro Eslava de Madrid. La gatita con música de Giménez y Vives y libro de Jackson y Capella, fue denominada como "Humorada lírica" y se estrenó en Teatro Cómico de Madrid en 1905.
Ambas obras tienen en común su adhesión a la sicalípsis y al compositor Gerónimo Giménez, uno de los mejores autores de zarzuela, y sin duda un orquestador de primera que imprimía a sus obras de un carácter muy especial, del mismo modo que Vives sería posteriormente uno de los compositores que mas lustre le diera en el nuevo resurgir de la zarzuela. Por tanto aunque ambas obras sean pura sicalípsis, su música tiene un interés indudable. Ambas partituras son de gran belleza, Enseñanza tiene mas aires de zarzuela en su briosa música de raíz folclórica, pero que luego nos deja maravillados con la famosa y bellísima Gavota que si duda es historia de nuestro teatro musical. La gatita blanca, se mueve por unos derroteros musicales mas cercanos a la opereta Offebanchiana donde los galops y machichas se funden en deliciosa mezcla sin dejar de lado el acento español, siendo el resultado encantadoramente ligero y de gran belleza.





Es difícil discernir en que lugar se encuentran estas dos obras, ya que se mueven de forma híbrida entre el género chico, el vodevil, la revista musical y el cuplé. Se trata de dos obras escritas para vedettes o actrices cantantes, cuyo principal cometido era la frescachonería escénica, la voluptuosidad manifiesta en el físico, y el saber llevar a los hombres por los derroteros necesarios para convertir estas obritas en grandes éxitos de taquilla, ya que a fin de cuentas de eso se trataba.

Lo que podríamos decir es que en nuestro país se tomaron señas de identidad del género frívolo francés y se adaptó sin ningún problema a nuestro teatro musical, y a los modos escénicos españoles de la época siendo el resultado de ello, estas obras de breve duración y descarada frescura que todavía hacen las delicias del público cuando se representan.




Ambos títulos se están representando en versión libre de Enrique Viana que subtitula al programa doble con un castizo "O venga usté a pasar la tarde". Ambas obras están muy retocadas, especialmente Enseñanza de cuyo argumento no queda nada. En el caso de La gatita el argumento se mantiene pero se ha recortado adaptado y se han mantenido algunas escenas originales. Musicalmente ambas obras se han respetado en su totalidad y se lleva a cabo la partitura íntegra de cada título.

La adaptación tiene varios problemas, especialmente en el caso de Enseñanza , excesivamente farragosa y desarrollada de forma confusa y a trompicones, aunque si es cierto que tiene gracia especialmente en el duelo verbal de las dos cuñadas al mas puro estilo de las actrices características de nuestra zarzuela. La gatita blanca, si bien es cierto que se entiende sin problemas, acusa falta de frescura en los diálogos y va en picado a medida que avanza la obra resultando excesivamente sosa y poco cómica en su planteamiento.
Pero el problema mas grave estriba en que se ha perdido la esencia provocadora de un género cuyo cometido era exactamente ese. Yo entiendo que a ojos de hoy en día las obras no se sostienen, especialmente Enseñanza, por su contenido sexista que se podría encontrar francamente ofensivo. Pero amiguitos convertir en politicamente correcto el que quizás sea el mas incorrecto de todos los géneros es un error de bulto importante, no se puede convertir a estas dos obras en piezas de humor blanco donde el sexo, parte principal aunque no obvia del argumento y que en el fondo es la base da las sicalípsis, practicamente desaparezca. Se deben actualizar los chistes, se debe quitar la pátina machista del texto, estoy de acuerdo, pero si no hacemos un espectáculo verderón no estamos haciendo sicalípsis, y Viana por miedo a ofender y en un exceso de corrección política no se ha atrevido con las dos obras siendo el resultado alejadísimo de lo que debería ser en dosis de comicidad y picardía. Así que  que las mentes bienpensantes de Madrid pueden ir sin miedo al colíseo de la Calle Jovellanos que de escándalo nada de nada. Uno no quiere un espectáculo vulgar o descaradamente sexual, pero si algo con mas chicha sin ninguna duda, así que por este lado el espectáculo hace aguas, para mi decepción, y creo que para muchos de los presentes.




Vayamos con el elenco:

Mitxel Santamaría e Iñaki Maruri, actores, como Burbuja A y Burbuja B.

Mas que correctos en dos peculiares creaciones que aligeran bastante la trama de La gatita, dando las necesarias cotas de comicidad, suave pero efectiva, y desparpajo siendo el resultado de su trabajo delicioso y acertado.

Axier Sánchez, barítono, como Manolo.

Envaradísimo y en un código excesivamente zarzuelero, en un personaje que precisa de un actor mas que de una cantante lírico para su ejecución. Resulta muy chocante su código interpretativo que se da de bruces con el resto del elenco mucho mas naturalista y moderno en sus composiciones actorales. Muy galán y de gran presencia física, se me antoja un error de cast importante del que indudablemente el no tiene culpa, pero que resulta muy notorio.

Ángel Ruiz, tenor y José Luis Martinez, actor, como marido y Don Servando, y acomodador y Periquín respectivamente.
Estupendos, con buena química escénica, aunque un tanto desaprovechados, especialmente Ángel Ruiz, al que veo que se le ha atado demasiado en corto en la creación de Don Servando que brilla de forma rotunda cuando se ve el genio de Ruiz asomar entre tanta corrección. Martínez perfecto de tono, sirvió una correcta función resultando mas convincente como acomodador que como Periquín, pero que acierta en sus dos trabajos.

Gurutze Bieitia, actriz, y María José Suárez, mezzosoprano, como Gurutze y Virtudes, y María José respectivamente.
De lo mejorcito del espectáculo. Rotundas y lapidarias en sus intervenciones en Enseñanza libre, en un par de personajes de acertadísima inspiración almodovariana que me resultó irresistible. Sus puyas verbales están perfectamente puestas en su sitio, y vocalmente ambas se lucen, especialmente Suárez en una sorprendente interpretación del Cuplé del Ratón, que me hubiese encantado que la dejaran desmelenarse mas, ya que material para ello hay y bastante. Bietia sirve un trabajo sólido y con gran fuerza, que tiene momentos de gran empaque escénico y realmente acertado.



Roko, cantante, como Roko y Luisa.
A ver como planteo esto... Defendí en diferentes foros la elección de Roko para el papel de Gatita, me pareció una decisión acertada ya que su solvencia escénica y musical me parece mas que demostrada, y el papel no precisa de una soprano lírica para ser llevado a cabo, sino de una actriz-cantante con dotes de vedette que imprima la picardía y la intención necesaria a los cantables. Problema... el enfoque musical del personaje es profundamente equivocado. Si contrato a Roko, e insisto que la compro como Gatita, debe cantar como Roko. Llevar la voz a una técnica pseudolírica, cuando de girar la voz se trata, no tiene razón de ser, desvirtúa la apuesta y afea el sonido de forma innecesaria. El brindis de salida quedó especialmente deslucido precisamente por eso, aunque a medida que va avanzando la función se va defendiendo mejor, siendo la Canción del chocolate el número mas logrado a todos los niveles de su creación. Roko tiene suficiente voz, aunque sea necesario transportar la partitura dada su tesitura, para afrontar el papel en un código de comedia musical que hubiese sido sin duda mucho mas acertado, y en consonancia con la elección de la artista. Actoralmente se encuentra correcta, dirigida con pretendida afectación, siendo la apuesta la idónea, imprimiéndole cierto aire de gran dama y femme fatale a su Luisa que encontré irresistible. Luce bella y glamurosa como mandan los cánones revisteriles, y da buena fe de las estupendas piernas de tiple sicalíptica que posee. Dado que la producción se aleja de lo erótico en su planteamiento, su personaje funciona como figura distante y elegante (aunque excesivamente descafeinada) mas que sensual, algo que Roko de forma muy disciplinada asimila y ofrece sin ningún problema.

Cristina Faus, mezzosoprano, como Cristina y Rosario.
Otra de las estrellas de la noche, donde confluyen a la perfección tanto la disciplina musical como la actoral. Luchando contra los elementos como una jabata, ya que el espectáculo por su concepción dificulta bastante la labor de los cantantes, ofreció una magnífica velada musical, donde la solidez vocal, la carnosidad del timbre y la sensualidad de una voz interesantísima fueron la tónica. Quizás el momento de mayor lucimiento estuvo en la bella Soleá con la que inicia el espectáculo, donde Faus ofreció una interpretación de gran altura lírica. Sirve un gracioso Tango del Morrongo, y una vez mas lucha contra los elementos, ya que los imposibles tiempos de la orquesta no la permiten hacer mas no por culpa suya, sino de la propuesta orquestal. Actoralmente cumple sin problemas, aunque se encuentra tan desaprovechada como el resto del elenco. Me hubiese encantado verla desmelenada dando vida a esa palurda de manual que es Rosario, pero me da la impresión de que tampoco la han dejado.



Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró, en los niveles de excelencia habituales, y muy bien en lo escénico. Defienden a la perfección un complicado montaje, donde resulta especialmente difícil ensamblar voces con orquesta y que apenas se resiente en el resultado final. A pesar de la dispersión lógica del sonido dadas las particulares características escénicas de la producción.

Manuel Coves dirige la Orquesta de la Comunidad de Madrid, de forma irregular, especialmente en los tiempos, un tanto desconcertantes y poco equilibrados. Hay problemas en cuanto a la homogeneidad del sonido que resulta descompensado en algunos momentos, pero esto realmente no puedo saber si es por la ubicación de la orquesta o porque Coves todavía no ha redondeado el trabajo del todo ya que de un estreno se trataba. Coves cumple pero no remata, veré el espectáculo de nuevo mas adelante y por tanto apreciaré la evolución de la dirección musical y de la orquesta.



Vayamos ahora con la propuesta escénica.
Enrique Viana además de la adaptación firma la producción. Varias cosas son a resaltar del espectáculo, para bien y para mal. Viana parece que se encuentra mas motivado dirigiendo textos netamente suyos como es en el caso de Enseñanza libre, donde el ritmo es fluído, y entretenido, pero se cae estrepitosamente en La Gatita, donde las escenas se alargan hasta lo indecible, y la obra pierde toda su gracia desiflándose como un globo a medida que pasan los minutos. Los personajes adolecen de falta de carisma, a excepción de Gurutze y María José, quedando todo excesivamente plano y bajo de tono y comicidad, los chistes no se aprovechan lo suficiente y en algunos casos parecen dichos de pasada. 
A nivel visual la obra es de una belleza asombrosa, para el que no lo sepa, se le ha dado una vuelta total al teatro, se ha tapado el patio de butacas con un imponente espejo, y toda la acción se desarrolla en el propio patio, mientras los espectadores se encuentran en unas gradas ubicadas en el escenario y en los primeros pisos del recinto.
Como recurso escénico sorprendente y estético funciona, como ayuda a los artistas no, ya que realmente dificulta mucho el trabajo y merma el resultado en algunos casos. Otro problema a tener en cuenta son las mutaciones, por motivos obvios todas realizadas a vista del espectador, y que sacan de la función al respetable cada dos por tres.
Esto no quita para que el resultado a nivel estético sea de altura en la mayoría de los diferentes cuadros que se desarrollan en escena, y un derroche de imaginación que sin lugar a dudas es muy de agradecer, siendo los números de ballet y conjunto los mas beneficiados en la propuesta.
Varias genialidades se pueden encontrar a nivel visual, desde el divertido número a lo Esther Williams en el que se torna el Vals de las Nadadoras, hasta la exquisita Gavota de gran impacto donde la lámpara del teatro se dobla y desdobla en un hipnótico juego visual de gran lirismo y belleza, los hallazgos estéticos de la producción son sin lugar a dudas mas que notables.
Tres menciones especiales son de rigor. La primera al trabajo de Daniel Bianco como escenógrafo que una vez mas demuestra el gusto exquisito que tiene a la hora de plantear espacios escénicos que redondea de forma magistral la "stravaganzza" visual en la que consiste esta producción. También son natabilísimos los figurines de Pepe Corzo que sin duda se ha lucido, todo un prodigio de imaginación y cierto toque paródico extremado y acertado a partes iguales. Por otra parte hay que felicitar a la siempre solvente Nuria Castejón por sus elegantísimas e inspiradas coreografías en un espectáculo en el que el ballet es parte fundamental del mismo, dotando de gran empaque al conjunto del espectáculo.



En resumen, nos encontramos con una producción de relumbrón a nivel visual, con ciertos momentos de una exquisitez rotunda, pero de irregular firma, ya que se ve lastrada por una acabado formal excesivamente tibio y una no muy inspirada dirección escénica. La obra se ve con agrado y resulta un entretenimiento inofensivo y blanco, muy blanco. A mi personalmente me hubiese gustado que el color fuese mas bien tirando a verde, pero a lo mejor,  esto es una apreciación personal, ya que el estreno fue ciertamente exitoso, y el público agradeció mucho la función.



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viernes, 31 de marzo de 2017

Una Gata Sobre Un Tejado De Zinc Caliente, Tibio Tennessee Williams

La gata sobre el tejado de zinc caliente, me gusta mas esta traducción del título, es uno de esos textos que siempre me apetece ver. Adoro a Williams, autor de cabecera para mi, indiscutible genio del teatro, y creo que con un mas que notable interés a día de hoy. De Williams me arrebatan sus personajes siempre al borde del abismo, marginados sociales aunque se desenvuelvan en algunos casos dentro de la alta sociedad, ferozmente independientes y rebeldes hasta las últimas consecuencias. A eso hay que añadirle un poético sentido de la realidad, donde el lirismo mas delicado se junta con el mas brutal de los naturalismos en una increíble combinación que modestamente creo que nadie ha igualado. El teatro de Williams me parece de gran atractivo, con sus indudables aportaciones personales. Su hermana  vivió internada en su psiquiátrico toda la vida y seguro que tuvo mucho que ver en las neuróticas heroínas que plagan sus escritos, y la homosexualidad planteada de una forma provocadoramente abierta (para su época) de nuestro autor, son dos pilares fundamentales a la hora de entender a Williams y a la complicada psicología de sus personajes, casi siempre acorralados, engañándose a si mismos, y a menudo al borde de un ataque de nervios. A todo esto debemos añadir las conseguidas atmósferas que nuestro autor casi siempre plantea, en el que el calor y las tormentas tanto tienen que ver en la acción dramática.
Se acaba de estrenar en el Reina Victoria una nueva producción de La gata, y la verdad es que cuando me enteré me apresuré a sacar las entradas, quería verla bien cerquita y disfrutarla, la verdad es que me quedé mas bien frío, ya que esta gata de caliente tiene muy poquito como iré contando.



La gata sobre el tejado de zinc caliente, estrenada en 1955, es posiblemente el mejor texto de Williams. En el se nos cuenta la historia de una familia de hacendados sureños, cuyo patriarca se encuentra enfermo de cáncer, y en el que futuro de la plantación que poseen esta en el aire dada la complicada situación por la que está pasando el matrimonio del hijo favorito, donde el alcohol y la ausencia de descendencia, con la consabida falta de futuros sucesores que conlleva,  son los problemas que mas marcan la relación. La acción se desarrolla durante una calurosa jornada de verano, y todas las miserias familiares, viciadas hasta lo indecible y agravadas por la enfermedad del padre, se desbordan sin remisión y de forma bastante cruda, y no exenta de una hiriente ironía que la mayoría de los personajes destilan. La gata es un texto de gran solidez a todos los niveles, donde sus personajes están definidos de una forma magistral, y las complicadísimas psicologías que transitan por el escenario, realmente se reflejan en una disección casi quirúrgica. Williams escribió una obra punzante, donde las cuchilladas verbales vuelan entre sus personajes, y donde los vínculos entre cada uno de ellos está marcadísimo. La obra está rematada con una sensualidad arrebatadora que está flotando en el aire todo el rato, no en vano Maggie La Gata, se siente "como si estuviera sobre un tejado de zinc caliente" ya que su insatisfacción sexual es uno de los grandes conflictos de la trama, máxime cuando su marido se supone que es un bello atleta en sus horas mas bajas que parece ser que en cuestiones de alcoba se maneja igual de bien que en los campos de rugby. La gata es teatro de primera, férreo en su estructura, entretenidísimo cuando se hace bien, complicado de ejecutar, y de una profundidad que va mas allá del mero entretenimiento, ya que en ella se habla de poderosos sentimientos que son inherentes a la naturaleza del ser humano y que nos llegan a día de hoy igual que en la fecha de su estreno hace 62 años.



Vayamos con el elenco:
Marta Molina y José Luis Patiño como Mae y Gooper.
Mucho mejor Patiño que Molina, con mas entidad a todos los niveles y mejor tratado en la versión que se está llevando a cabo, donde ambos personajes transitan por la escena con poco protagonismo, y en un excesivamente discreto segundo plano. Eché de menos unas interpretaciones mas carismáticas, y con mas verdad, en el caso de Marta Molina, que no me convenció en ningún momento.

Ana Marzoa como Madre:
Magnífica de tono y presencia escénica. Marzoa se encuentra muy inspirada en un rol que huye de la histérica anciana que otras veces se plantea, para definir al personaje. He de decir que en líneas generales la visión de los personajes es excesivamente plana y falta de fuelle, fallo de dirección y no actoral, y eso es exactamente lo que ocurre con Marzoa, que está impoluta pero falta "algo" que defina al personaje. Es como si la actriz saliera  hablase, y ya está. Tiene momentos estupendos, ya que su solvencia es indiscutible, sobre todo su primera escena, y en la que le cuentan la verdad sobre el estado de salud de su marido que desencadena en los planes de Gooper sobre la herencia y el odio de su augusta esposa por Maggie. Tristemente Ana Marzoa está muy desaprovechada y se podría haber sacado mucho mas de su papel.

Juan Diego como Padre:
Correcto, aunque nos encontramos con el poco fuelle que se desprende del espectáculo, consigue momentos de gran altura, y una visión muy rica de este padre de gran carácter, pero muy cariñoso y comprensivo con su hijo Brick. Diego ofrece un personaje cargado de matices, y de humanidad, cuyo resultado es un rol tierno y profundo que no pasa en absoluto desapercibido. Su trabajo va de menos a mas, siendo la larguísima escena con Brick que transcurre a la mitad de la función, el mejor momento del espectáculo, y cuando realmente empecé a sentir interés por lo que estaba ocurriendo en escena. Juan Diego aporta oficio y robustez actoral a un complicado papel, que reconozco que me llegó en sus momentos mas comprometidos, y que me dejó muy buen sabor de boca.

Eloy Azorín como Brick:
Azorín cumple, en un complicado papel que requiere de un trabajo interior bastante arduo, ya que Brick durante gran parte del espectáculo nos tiene que contar muchas cosas, sin decir absolutamente nada. Su interpretación se ve perfectamente apoyada en una voz de ecos baritonianos que le va de perlas al personaje y a su presencia escénica realmente carismática. Azorín consigue darle ese aire torturado al papel tal y como lo necesita. Me sorprendió muy gratamente en su trabajo, que se ve resuelto de forma eficiente y si el menor problema a nivel técnico.

Begoña Maestre como Maggie:
Francamente floja ya que Maggie La Gata se las trae, es una mezcla de sensualidad, carácter, ironía y explosión emocional, que nuestra actriz vislumbra a veces, pero ni por asomo redondea. Fría y monocorde, no me transmitió nada, especialmente en su dificilísima primera escena, con un monólogo de presentación del personaje que se hace largo y falto de pulso. Hay varios problemas, el mas importante de todos es el trabajo excesivamente exterior que lleva a cabo, Maestre habla y habla... pero por dentro no pasa nada, no me creí su vínculo con Brick, y le falta sensualidad. Maggie ronronea a los pies de Brick para que le de lo que tanto quiere, y que Brick le niega de forma hiriente durante toda la función, pero Maestre no consigue desprender esa sexualidad soterrada que se debe desprender de sus gestos. Se pone crema, y se pone crema, no provoca a Brick, se seca el sudor y parece que acaba de salir del gimnasio. Todos esos detalles que hacen que Maggie La Gata sea lo que es, no están. Tampoco aprovecha el sarcasmo tan duro que el personaje desprende en algunos momentos , y desaprovecha sus mejores frases de forma inclemente. El resultado en general es plano y poco profundo dejándome francamente frío. Acaban de estrenar y creo que se ha incorporado hace poco a la producción por tanto me imagino que irá creciendo a medida que se desarrolle el número de funciones.



Vayamos con la propuesta escénica:
Amelia Ochandiano firma el espectáculo, y lo hace de forma irregular. La obra funciona a ratos, algunas escenas están muy conseguidas mientras que otras se van cayendo en picado, especialmente al principio de la obra, donde todo aparece desangelado, y excesivamente distante. Un problema añadido es la visión de los personajes, tan natural, que se quedan planos en líneas generales, siendo el resultado una función poco cargada en las atmósferas, precisamente todo lo contrario que necesita Tennessee Williams, que si caracteriza por algo es por lo atmosférico de sus textos. Aciertos hay, el primero y mas rotundo, la sensible visión del personaje de Juan Diego, y por supuesto la propuesta estética de la función, que realmente si que da en el clavo. Partimos de la base de un espectáculo completamente ortodoxo en su concepción, de gran belleza visual y conseguidas luces de Felipe Ramos y bella escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda, con algunos elementos que funcionan muy bien como son las enormes cortinas que tanto juego dan durante el espectáculo, y la magnificamente resuelta escena de la tormenta. El resultado final, lo encontré un tanto rutinario y vacuo, esta es mi cuarta Gata en directo, y reconozco que no me acabó de llegar tal y como el texto debe llegar. Uno sale con la sensación de haber visto una propuesta agradable, tibia y olvidable, y eso tratándose de la función que se trata no se puede perdonar. A veces hay destellos de lo que La gata sobre el tejado de zinc caliente es, pero cuando uno menos se lo espera... esos destellos desaparecen y nos dejamos llevar mecidos entre el sopor sureño que tan bien supo retratar Tennessee Williams.




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lunes, 27 de marzo de 2017

Château Margaux y La Viejecita, Pura Elegancia Escénica

Los que amamos la zarzuela, sentimos cierta debilidad por el género chico, tan conciso, completo y a menudo mas redondo que el grande en su planteamiento, y cuyas partituras son ciertamente insuperables. La ligereza argumental que caracteriza a la mayoría de sus piezas no implica que la música sea de menor calidad que la de la zarzuela grande. Baste para ilustrar este razonamiento un ramillete de títulos que creo que hablan (o mas bien suenan) por si solos, La revoltosa, Gigantes y cabezudos, Bohemios o La verbena de la Paloma. Todas esta obras que planteo, amén del libreto mas o menos afortunado, se caracterizan por una partitura logradísima y que no pueden condensar de mejor forma una historia perfectamente hilada, con sus personajes impecablemente plasmados y con la espectacularidad que se le sobreentiende a la lírica como género escénico. El género chico si se quiere hacer bien es complicado, ya que lo compacto de su formato conlleva dificultades de dirección mas que notables, y precisa normalmente de cantantes que a la vez tengan muchas dotes actorales ya que las exigencias son muchas en todas las disciplinas. Todo esto que cuento, hace que el género chico sea grande cuando se representa con los mimbres necesarios, y que haga las delicias del público, incluso no aficionado a la zarzuela, ya que se trata de un entretenimiento de primera, que aunque ligero en su fondo, tiene una solidez teatral que a día de hoy sigue sorprendiendo por su efectividad y lo inspirado de muchas de sus obras.



Château Margaux y La viejecita son los dos títulos que componen el programa doble que se está llevando a cabo en el Teatro de La Zarzuela y que se estrenaron, con gran éxito por cierto, el pasado sábado 25. Las dos obras tienen como nexo de unión a Manuel Fernández Caballero compositor de ambas partituras. Fernández Caballero puede ser considerado uno de los padres del género chico, y uno de los creadores de música escénica mas importante de su tiempo. La obra de Fernández Caballero es extensa y no se dedicó exclusivamente al género chico, siendo sus incursiones en la zarzuela grande muy notables. Los sobrinos del Capitán Grant quizás sea la obra grande mas recordada de nuestro compositor, pero amiguitos cuando nos vamos a las piezas cortas es cuando el genio de Fernández Caballero brilla mas. El dúo de La Africana, los dos títulos que esta crítica ocupan y muy especialmente el que se puede considerar su título mas emblemático y sin duda el mas popular, Gigantes y cabezudos que tantos ánimos levantara en nuestro país tras el Desastre del 98, son posiblemente sus obras mas conocidas y mas recordadas.
La música de Fernández Caballero se caracteriza por su inspiradísima orquestación, siempre elegante y descriptiva, y la frescura y sensibilidad de los cantables, que sin duda imprimen un estilo único a sus composiciones y muy reconocible. Fernández Caballero tiene "algo" inimitable que nos hace identificarlo en cuanto escuchamos una pieza suya.



Las dos obras que esta crítica ocupan se presentan en versión libre de Lluís Pasqual son dos ejemplos paradigmáticos de lo que era la zarzuela cómica de finales del S. XIX, y especialmente La viejecita un título icónico durante muchos años que por motivos que no soy capaz de entender, desapareció del repertorio hace relativamente poco tiempo. 

Château Margaux denominado como Juguete cómico-lírico en un acto, con libro del prolífico José Jackson Veyán, es una obra eminentemente paródica en lo musical, donde se remedan diferentes estilos folclóricos españoles, desde el flamenco mas redicho mezclado con una cómica muñeira en el "Capricho" que Manuel canta, hasta el famoso número "Javeras y panaderos" donde estos dos palos de flamenco se juntan en deliciosa fusión, la paleta musical de la obra aunque no amplia si que es interesante. Pero sin duda la pieza que ha pasado a la historia de este título es el Vals de Angelita, o Vals de la borrachera, pieza clásica de concierto de nuestro repertorio y una de las mas inspiradas creaciones de Fernández Caballero. El argumento de la obra gira en torno a una herencia y la invitación de la protagonista de la función, Angelita, a unos parientes aristócratas para gestionar el dinero heredado. La visita da lugar a múltiples equívocos ya que nuestra protagonista se pone achispada con el vino que da título a la función, para finalmente todo quedar resuelto de forma feliz como mandan los cánones.



La viejecita con libro de Miguel de Echegaray denominada como Zarzuela cómica en un acto, es uno de los títulos mas exitosos de compositor y libretista. Se estrenó en el Teatro de la Zarzuela el 30 de abril de 1897 y es famoso que los autores debieron salir a saludar 17 veces al finalizar la función. La obra es una revisión del famoso vodevil inglés La tía de Carlos, y  en ella se nos cuenta la historia de Carlos oficial español en la época de la Guerra de la Independencia, que está locamente enamorado de Luisa una bella marquesita, cuyo padre prohíbe su relación. Para consumar su amor, Carlos decide disfrazarse de anciana tía de uno de sus compañeros y presentarse en casa de Luisa en una fiesta, para de esta forma ganar una apuesta y quedarse con su enamorada. 
La viejecita se puede considerar una opereta dado el estilo de su partitura y los salones de alta sociedad donde se desarrolla la acción. La música de Fernández Caballero se caracteriza por su elegancia y sensibilidad, especialmente en el bellísimo dúo de Luisa y Carlos, una de mis piezas favoritas de todo el repertorio, y unas burbujeantes melodías especialmente en los números de conjunto, siendo como resultado de ello uno de los mejores títulos de género chico, y uno de los mas apreciados por el público, ya que la belleza de la música y lo redondo del libro la convierten en una deliciosa filigrana completamente irresistible.



En la versión que se está llevando a cabo, ambos títulos están muy retocados, especialmente el de Château de cuyo argumento no queda nada, aunque su partitura está practicamente completa. La Viejecita mejor versionada que Château también se encuentra completa en sus números musicales y el libro aunque explicado y cortado se entiende sin problema en su desarrollo.
Hablemos de versiones libres... La función que esta crítica ocupa es un gran espectáculo, que duda cabe, pero Château Margaux no está muy bien tratada a nivel literario, siendo mero acompañamiento musical de la obra principal, bien integrado en la historia principal que es el concurso radiofónico en el que transcurre la función para que negarlo, pero me faltó saber de que iba Château Margaux, ya que es un título que no se ve habitualmente, y se ha desaprovechado la ocasión de poder disfrutarlo tal y como se concibió. Quizás el recurso de radiarlo como se hace con La viejecita, hubiese bastado, pero no, se ha decidido hacer un espectáculo cortito y cómodo, aunque para ello haya que sacrificar uno de los dos títulos y dejar a medias el otro. No quiero que parezca que no me ha gustado la función porque no es cierto, me ha gustado mucho, pero si que creo que ambos títulos se merecen un trato parecido, y un desarrollo mayor dentro de la trama argumental.



Vayamos con el elenco:
Lander Iglesias, actor, como Sargento Rafael Pontejos y Marqués Aguilar:
Iglesias sirvió una completa función, resultando sus creaciones a nivel actoral impecables. Le encontré un pelín inseguro en lo musical, pero no debería ser así, ya que su voz es afinada y estoy convencido que podría dar mas, especialmente en cuanto a volumen. Hay que tener en cuenta que era el estreno, y estoy seguro que poco a poco irá encontrándose mas cómodo en las partes cantadas.

Antonio Torres y Miguel Sola, barítonos, como Teniente Luis Mª Fdez. Cancedo y Fernando, Conrado Salvatierra y Sir Jorge respectivamente.
Magníficos tanto en lo actoral como en lo musical. Resultan completamente deliciosos como cantantes de jingles, rememorando los anuncios mas emblemáticos de la historia de la radio, en un cuidado tratamiento vocal, donde todos los giros musicales de los anuncios radiofónicos funcionan a la perfección y que denotan el gran trabajo que se ha realizado en cuanto al estilo se refiere. Ambos cantantes están atinadísimos en sus respectivas creaciones, y resultan dos pinceladitas imprescindibles para el desarrollo de la función, que se disfrutan muchísimo, enriqueciendo de forma muy grata el espectáculo.

Emilio Sánchez, tenor, como Capitan Esteban Martín y Manuel Fariñas.
Sánchez impoluto en lo vocal, también estuvo muy atinado en lo actoral, especialmente en Château Margaux, donde sirvió una impagable muñeira aflamencada en una difícil composición de un papel que requiere una disociación a nivel musical ciertamente complicada y que Sánchez literalmente borda. Impoluto de volumen y con un bello timbre de color abaritonado, cantó con sumo gusto todas sus intervenciones y resulta sobradísimo de recursos para los papeles que le han tocado en suerte. Sánchez de gran comicidad en la parte actoral me resultó magnífico en la primera parte del espctáculo, y muy sólido a todos los niveles.

Ruth Iniesta, soprano, como Luisa y Angelita.
Me encanta Iniesta, reconozco que me parece una cantante magnífica, muy dotada a todos los niveles. Su interpretación se caracterizó por el buen gusto cantando, un bellísimo timbre y unos agudos de gran volumen, perfectamente colocados y resueltos de forma muy brillante. Iniesta transmite muchísimo con la voz y una interpretación cargada de gracejo en Château Margaux se ve redondeada con la mas lírica creación que lleva a cabo en La viejecita. A esto hay que añadir que se le entiende absolutamente todo lo que canta, algo que en las sopranos es un bien escaso, para ser sinceros. En la parte actoral está perfecta, con un desplante escénico de mucho empaque, muy graciosa en los momentos que así se requiere y con gran sensibilidad en el dúo con Borja Quiza, uno de los mejores momentos a nivel musical de la función.

Borja Quiza, barítono, como Carlos y Don Francisco de Borja Talvez.
Quiza debuta en el Teatro de La Zarzuela, y sin duda lo hace por la puerta grande. Varias cosas son a tener en cuenta en su creación como La viejecita. Su timbre de barítono lírico, muy bonito y de gran solidez con unos agudos enormes, larguísimos y de gran impacto. Sirvió un magnífico brindis, realmente comprometido, que Quiza lleva a cabo sin aparente esfuerzo y con soberbios resultados. Estuvo igual de inspirado en una impoluta romanza de salida de la viejecita, donde el fraseo y la intención fueron la marca de la casa. Muy matizado en líneas generales, aborda el papel desde la inteligencia llevándolo a su terreno logrando una composición musical equilibrada, de altura y de gran química con Ruth Iniesta,  siendo muy agradable el sonido resultante de la unión de las dos voces. A nivel actoral todo un prodigio, con un doble registro de chulesco militar e impagable viejecita, siendo el resultado uno de los trabajos mas completos que he visto en el Teatro de La Zarzuela en los últimos tiempos. Borja Quiza  cumple en todos los palos de forma rotunda y acertada en un papel de grandísimas complicaciones a todos los niveles, y que en este caso fluyen sin aparente esfuerzo y con arrolladora frescura. El trabajo que se vislumbra detrás es descomunal, e Intuyo que le veremos mas veces en este teatro... tiempo al tiempo.

Jesús Castejón, actor-cantante, como Locutor Ricardo Gracián y Don Manuel.
Castejón lleva practicamente todo el peso de la obra, como narrador-locutor de la historia, y resulta de una solidez pasmosa. Castejón es un gran actor, buen conocedor de la lírica española, algo que en esta producción queda muy patente. Jesús consigue que parezca fácil un trabajo cargadísimo de matices, y muy de verdad. Alejado de cualquier afectación y con un control prodigioso de los tiempos escénicos, nuestro actor hila muy fino en una composición redonda, cargada de fina ironía, y lo que es mas importante, un componente nostálgico que retrata a la perfección a un personaje mimado hasta la extenuación. Como Don Manuel se encuentra cargado de empaque escénico y suave comicidad en una elegante composición en el que el amaneramiento del personaje resulta delicioso y muy medido. Por cierto... que bien que mueve el abanico Jesús Castejón  y cuanto partido le saca!!!. No puedo menos que quitarme el sombrero ante semejante actor, y ante semejante trabajo.



Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, con dirección de Antonio Fauró, estupendo, especialmente en la parte masculina que brilló mucho en el principio de La viejecita. Se ve que se lo pasan muy bien llevando a cabo el espectáculo y eso revierte en el resultado final, cargado de bravura y de gran vistosidad en los números de conjunto.

Miquel Ortega dirige la Orquesta de la Comunidad de Madrid de forma muy destacable y con varias cosas dignas de mencionar. El Maestro Ortega sirve un cudadísima lectura de la partitura, cargada de elegancia y sabiduría escénica, donde el cuidado por los cantantes fue exquisito y los matices fueron la tónica. De correctos volúmenes en todo momento y atinadísimo en los tiempos, siempre a favor del espectáculo y de los intérpretes. Miquel Ortega lleva a cabo un trabajo fresco que da a todo el espectáculo un aire muy disfrutable, ligero y en total consonancia con la función. Miquel Ortega saca lo mejor de la OCM siendo el resultado sólido, compacto, y lo que es mas importante divertidísimo.


 

Vayamos ahora con la propuesta escénica. 
Lluís Pasqual dirige la función con gran acierto. La propuesta pasa por una elegancia visual muy notoria, donde con un sencillo primer espacio escénico se pasa a una segunda parte muy bien presentada con rotundos aires de opereta, de grandiosa resolución visual, y una notable prestancia a todos los niveles. Pasqual sabe perfectamente el tono que le quiere dar a la función, suavemente paródico, especialmente durante el  cuadro de la radio, donde los vicios "zarzueleros" están muy presentes y convenientemente criticados algo que entroca perfectamente con la intención de Château Margaux cuya esencia es precisamente la parodia, para posteriormente pasar a la alta comedia suntuosa e impecablemente presentada en el último cuadro de la función, donde brilla y mucho, la espectacular escenografía de Paco Azorín arrebatadoramente opulenta. La entrada de la viejecita y toda la difícil escena del baile son una genialidad a nivel teatral, de impecable resolución y de una belleza visual arrolladora, a la que se debe añadir la comicidad que se destila que realmente hizo las delicias del respetable. Pasqual sirve una función delicada y realizada como mucho amor hacia el género, que si bien es cierto no es la ortodoxia pura en su planteamiento si que  respeta nuestro género lírico, y los resortes del mismo.
Mención especial a los bellos figurines del desaparecido Isidro Prunés, supervisados en este caso por Isabel Cámara de forma perfecta, que visten magnificamente al espectáculo, así como las luces del propio regista de la producción que acentúan a la perfección todo lo que ocurre sobre las tablas.



Sin ninguna duda nos encontramos ante una propuesta de relumbrón que hace grande al género chico y que es perfecta para acercarlo a aquellos que no lo conocen, ya que la función es moderna, dinámica y sobre todo terriblemente entretenida. Ojalá veamos mas títulos tan bien presentados y siguiendo esta línea de repertorio que tan poco se prodiga en nuestros escenarios. Yo no me perdería esta producción, que contenta a puristas y no tan puristas dadas sus múltiples virtudes escénicas y musicales.




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viernes, 24 de marzo de 2017

Otelo, La Cruda Violencia Shakesperiana

Se lleva representando en La Puerta Estrecha desde hace casi seis meses una versión de Otelo que por poco se me escapa, la verdad es que entre la cantidad de espectáculos que veo, y que entre semana me resulta difícil ir al teatro me pierdo mas cosas de las que debiera. El hecho de que se programen funciones solo un día a la semana también complica la cosa, así que después de tres intentos ayer finalmente conseguí acercarme hasta la Calle Amparo para disfrutar de esta producción que prometía una versión arriesgada del clásico dramón shakesperiano ya que el material gráfico de la obra así lo dejaba ver. Soy espectador desprejuiciado, y no me cierro a ninguna propuesta y la verdad es que tenía curiosidad por ver este montaje que está siendo bastante exitoso dentro del circuito "off" y del que había oído hablar bastante. Atreverse con este repertorio desde un prisma alternativo, como en este caso se trata, es necesario, y salas como La Puerta estrecha, que por cierto tiene mucho encanto, son cruciales en esta labor de investigación y revisión de unos textos que se envuelvan como se envuelvan siguen con fuerza, vigencia y sobre todo con interés que es lo mas importante.



Otelo: El moro de Venecia, tragedia de William Shakespeare escrita en 1603, es una de las obras mas profundas de El Bardo, tanto por su magnífico uso de la palabra, como por su carga dramática. Varias cosas son a tener en cuenta en este título, la primera la visión de Otelo, que se aleja de cualquier estereotipo racista de la época, convirtiendo en héroe trágico del espectáculo a un moro, algo impensable en aquellos tiempos, la segunda el que a mi modo de ver es el auténtico protagonista de la función, el malvado Yago, uno de los mas grandes roles de toda la historia del teatro, cuyo cinismo descarnado y maldad intrínseca son una auténtica tesis doctoral sobre el lado oscuro de la psique humana. A todo esto hay que añadir, como es habitual en Shakespeare el marcado sentido de la teatralidad en un texto arrollador y subyugante que nos atrapa desde su primera escena y no nos suelta hasta su epatante final.



La versión de Otelo que esta crítica ocupa, viene firmada por Paco Montes, sensiblemente recortada y con algunos cambios de importancia (especialmente al final de la obra). La adaptación va a la esencia del texto original de forma bastante afortunada y ágil entendiéndose perfectamente toda la historia, y con un desarrollo dramático impecable, algo muy de agradecer dadas las escabechinas que he visto ultimamente con los grandes textos del repertorio universal. Se ha reducido el número de personajes a seis, y se han quitado las escenas superfluas de forma muy acertada, siendo el resultado final un espectáculo de 90 minutos exactos, perfectamente estructurado y entretenidísimo. El cambio en el final, está muy justificado dentro del enfoque de la producción, y va en consonancia con los tiempos de hoy en día, donde nos cuesta entender el concepto de mujer florero tan habitual en el teatro isabelino, y especialmente en esta obra donde la pasividad de Desdémona ante su destino queda muy bien justificada, y donde la vuelta de tuerca en la muerte de Otelo se me antoja de gran vigencia y una suerte de justicia poética que incluso alivia al espectador.


Vayamos con el elenco:
Los seis actores que dan vida a los personajes de este Otelo son cumplidores y muy esforzados, en un trabajo en el que una brutal implicación física es la tónica, y una visión poco acomodaticia del trabajo actoral que en algunos momentos impacta por la dureza de las composiciones corporales y la violencia que se destila en escena.

Oscar Valera da vida a Rodrigo desde una visión del personaje paródica y acertada, siendo el resultado una interesante mezcla de pueril bruto y bastante corto de luces, que funciona a la perfección como esbirro de Yago, irreflexivo y muy adecuado para hacerle el trabajo sucio al malvado de la función.

Iñaki Díez sirvió un Casio impoluto, tanto en la dicción como en la expresión corporal, resultando su escena mas lograda aquella en la que Yago le emborracha. Casio es un personaje que destila mucho patetismo, ya que le van cayendo las bofetadas sin saber ni como ni por donde, ese aire de pobre hombre Díez lo imprime a su personaje perfectamente. Todas sus frases tienen gran sentido y denota un trabajo sobre el texto mas que notable.

María Herrero como Emilia, está francamente magnífica, muy templada y de interesante voz, se luce mucho en el último cuarto de la función, donde resulta perfecta en la forma de llegar a la emoción, y con un logradísimo recorrido del personaje. Su última escena con Yago, en el que se ve a esa mujer al lado del sátrapa completamente destrozada, es de impresión, y su cara resume totalmente el calvario por el que ha pasado y el que le espera en el futuro.

Yaldá Peñas ofrece una Desdémona de manual, dulce sumisa y enamorada de Otelo hasta las trancas. La química con su amado es muy notoria. Desdémona es un papel muy ingrato y que hoy en día nos cuesta entender y al que Peñas imprime la dosis justa de naturalidad para que nada nos chirríe y que en el momento en el que se pone la hiyab como declaración de principios y aceptación de su destino nos resulte ciertamente conmovedor.  

Antonio Alcalde como Yago es sin duda la estrella de la función. De gran calado, muy sólido y con unos recursos mas que interesantes. Su Yago no transita por el histrión sino que se reduce a una aparentemente sencilla frialdad, solo aparentemente ya que una cosa es lo que dice, y otra cosa lo que le pasa por dentro. La escena en la que empieza a envenenar a Otelo con el fantasma de los celos rebosa tensión y subtexto, sus objetivos están definidísimos y no solo por lo que escribió Shakespeare sino por todo lo que Alcalde nos cuenta sin decirnos nada. Su crueldad es algo inherente a un personaje capaz de ordenar un asesinato sin pestañear. La cobardía del que manda asesinar pero nunca se mancha las manos de sangre está perfectamente plasmada en la interpretación de nuestro actor que demuestra que sin estridencias ni desmelenes se puede transmitir la dureza de un personaje hasta sus últimas consecuencias. Antonio Alcalde dice sus frases mas duras a media voz, y eso amiguitos hiela la sangre al mas pintado, creo que con esto resumo una interpretación redonda y acertadísima. 

Iván Calderón ofrece un rotundo Otelo apoyado en su imponente físico que va a la perfección con la ferocidad del personaje. Calderón enfoca a su Otelo desde la bravura y con un excelente uso de su cuerpo y voz. Otelo nos resulta temible y amenazador, dándonos la sensación de ser una olla a punto de estallar en cualquier momento, cuyo carácter solo lo amansa su adorada Desdémona. Calderón aporta un profundo estudio psicológico del personaje y va mostrando todos los difíciles estados emocionales por los que pasa de forma perfecta. Su Otelo es primario y brutal,  resultando conmovedor en su anagnórisis, llevando a cabo un composición llena de matices y muy acertada. Llega sin problema al complicado clímax final y vemos como la tragedia se va fraguando de forma inclemente a medida que el personaje se va cargando para explosionar de forma impactante en las dos últimas escenas.



Vayamos ahora con la propuesta escénica:
Paco Montes y Lucas Smint firman la producción, y lo hacen en un acertado código extremado, con momentos visuales de gran potencia, y atinadísimos juegos escénicos. El uso de un espacio ciertamente complicado como es La Puerta Estrecha, es prodigioso, siendo el resultado muy dinámico e impactante. Montes y Smint sirven una función frenética de cierta estética Pandur, en la que no da un respiro ni a los actores ni a los espectadores y que se hace muy corta.
La dirección de actores se encuentra muy equilibrada, haciendo un uso estupendo del gesto pequeño, algo que dada la sala en la que se representa es un acierto total. En este Otelo las miradas son importantísimas y la conexión con el público es continua, que se ve muy integrado en la acción ya que los actores buscan la complicidad del respetable en no pocos momentos resultando perfecto para el tono de la función que pretende incomodar y dejar poso para la reflexión.
Nuestros directores envuelven este Otelo en una salvaje atmósfera, que refleja muy bien lo que Shakespeare planteaba en sus tragedias, en un desasosegante entorno militarizado de brutal sexualidad y con figuras ciertamente inquietantes de estética sadomasoquista y en total consonancia con la brutalidad de los personajes que pululan por la escena. Hay un guiño final con el triunfo de la vulgaridad y el arribismo (tan habitual en la España de nuestros días)  que me llevó a Macbeth, no se si de forma intencionada o no. Ver a Yago y a Emilia con trazas de dictadores bananeros me recordó al encantador matrimonio Macbeth que tanta afición a la sangre tenía y que llegaron al poder de forma parecida en la remota Escocia que Shakespeare plasmó en su inmortal obra.
Paco Montes y Lucas Smint ofrecen un espectáculo muy bien pensado y muy interesante que sin lugar a dudas no deja indiferente, por su valiente y arriesgada factura, así como por su sorprendente puesta en escena.



jueves, 23 de marzo de 2017

Venecia, Sentido Y Sensibilidad

El costumbrismo hoy en día está muy denostado, se le considera algo pasado de moda, y que no interesa. La cuestión estriba en que el costumbrismo no solo habla de señores con boina y alpargatas, (que también). Esta tendencia artística, como su propio nombre indica, nos habla de las costumbres de un lugar o de un grupo social. Esto no pasa necesariamente por lo folclórico como algunos se creen, hay muchos tipos de costumbrismo con argumentos desarrollados en las mas variopintas esferas sociales, aunque eso si, casi siempre con una visión amable de la realidad, un tanto dulcificada, pero a fin de cuentas desde un punto de vista realista y desde el retrato basicamente humanista de un microcosmos específico y con arquetipos marcados y muy reconocibles.
Esta disertación sobre el costumbrismo viene a colación de  Venecia, texto que no conocía y fuertemente costumbrista en su planteamiento, y que me surgió la oportunidad de presenciar hace unos días en el Teatro del Arte, y la verdad es que fui un poco a la aventura sin saber exactamente que iba a ver, aunque si con algunas referencias sobre la obra y su autor que resultaban prometedoras e interesantes, y que colmaron mis expectativas con creces tal y como iré narrando.





Venecia es una pieza corta, de una hora de duración, escrita por el dramaturgo argentino Jorge Accane, y que ha sido muy premiado en diferentes certámenes. La versión que ésta crítica ocupa está convenientemente retocada para acercarla al público español ambientándola en la Serranía de Ronda, siendo un acierto sin duda el cambio geográfico. La obra nos cuenta la historia de tres prostitutas de muy diferente carácter con una cosa en común, el burdel en el que viven y trabajan, regentado por una madame anciana y casi ciega, que solo tiene un sueño, viajar a Venecia a reencontrarse con un amor de juventud con el que tiene una cuenta pendiente. Las tres pupilas se las ingenian para cumplir el sueño de su jefa aunque no tengan medios económicos para hacerlo, llevando a cabo una maravillosa farsa en la que hacen creer a la anciana que están en Venecia. El texto es absolutamente delicioso, donde la psicología humana desde un punto de vista tierno y sensible está muy presente, y donde una conflicto aparentemente leve consigue sacar lo mejor de nosotros mismos, ya que después de ver el espectáculo, uno tiene la sensación  de que el Mundo es un lugar mas bonito, y sobre todo que se debe creer en el ser humano, ya que con los pequeños gestos que en Venecia se nos narran, se vislumbran como aquello por lo que merece la pena vivir.



La función se sustenta con seis actores, siendo muy coral en su concepto. No podemos hablar de protagonistas en el sentido estricto de la palabra, ya que todos los papeles tienen aproximadamente la misma extensión, a excepción del Giacomo de Iñigo Asiain, casi testimonial pero muy necesario a la hora del desarrollo de la trama. Asiain cumple en un código de galán latino de profunda y seductora voz y sus pequeñas intervenciones resultan la mar de gratificantes. Juan Ortega como uno de los clientes del burdel que ayuda a nuestras heroínas en su aventura veneciana, cumple sin problemas en un papel muy bonito, de un chico un tanto simple, que por un rato de sexo sin amor es capaz de embarcarse en una góndola y todo. Ortega carga de sensibilidad su papel, resultándonos muy tierno y cercano, y consiguiendo un vínculo estupendo con sus compañeras en escena que se me antoja muy creíble.
María Zarate, Merche Magro y Raka López dan vida a las tres prostitutas con gran equilibrio. Los tres personajes son muy distintos y los tres se complementan, desde la enigmática e introspectiva Zarate, hasta la pragmática Raka López, pasando por el torbellino de carácter que es Merche Magro, la paleta de caracteres es muy amplia, así como la diversidad de recursos de cada actriz, que brillan mucho en sus respectivos momentos de lucimiento. Cada una de nuestras actrices sabe perfectamente lo que hace y estar en el sitio que el texto les otorga. Zarate pura elegancia casi sobrenatural, López templada y comedida y Magro mas extremada que sus compañeras y con el punto justo de frescachonería que el personaje requiere. Para finalizar, Marga Escudero como la anciana dueña del burdel me resultó tremendamente entrañable, y emotiva, resultando su trabajo de gran enjundia, con una composición corporal muy interesante, y un delicado sentido de la ternura que en ningún momento cae en lo melifluo, algo que es muy de agradecer.



Sara Pérez dirige la producción, y lo hace con varias premisas interesantes, la primera es la propuesta estética, suave,  tranquila y muy poética, como el propio texto es. El principio de la función resulta sorprendente con los actores realizando acciones definitorias de cada personaje, siendo un cuadro de gran belleza y que ayuda a que nos vayamos metiendo en la historia, algo en lo que supongo que Marchu Lorente siendo la  encargada del movimiento escénico tenga mucho que ver en la efectividad de ese momento, que sin duda ya nos plantea por donde va el aire de la función. Sara Pérez busca unas interpretaciones profundamente naturalistas y alejadas de cualquier estridencia, siendo el resultado muy acertado, ya que la función precisa ese tono, sosegado y suavemente cómico que va en progresión a medida que va transcurriendo la historia. Cada carácter está perfectamente definido, los objetivos de cada personaje, y sobre todo las acciones acompañan a la palabra sin el mas mínimo problema están llevadas a cabo de forma clara y precisa, siendo el resultado ágil y entretenido, y transcurriendo el espectáculo de forma muy fluida con atinados tiempos y profundamente enternecedor.



Venecia es un chute de buen rollo, que me hizo sentirme mejor persona cuando salí de la función, y que me vino estupendamente bien en un duro día de trabajo que empezó fatal, pero que el espectáculo arregló para dejarme con la sonrisa puesta en la cara hasta que me acosté. Funciones como Venecia son muy necesarias en estos oscuros tiempos que nos han tocado en suerte, y sin duda su visión naif de la realidad me parece una genialidad que debemos aplicar con mas asiduidad en nuestro día a día. Estoy seguro que seríamos mas felices, ya que Venecia hace que nos sintamos así, y ahí amiguitos es donde estriba el mayor acierto y el encanto de la producción, vivir es maravilloso y Venecia así lo atestigua.

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