viernes, 31 de marzo de 2017

Una Gata Sobre Un Tejado De Zinc Caliente, Tibio Tennessee Williams

La gata sobre el tejado de zinc caliente, me gusta mas esta traducción del título, es uno de esos textos que siempre me apetece ver. Adoro a Williams, autor de cabecera para mi, indiscutible genio del teatro, y creo que con un mas que notable interés a día de hoy. De Williams me arrebatan sus personajes siempre al borde del abismo, marginados sociales aunque se desenvuelvan en algunos casos dentro de la alta sociedad, ferozmente independientes y rebeldes hasta las últimas consecuencias. A eso hay que añadirle un poético sentido de la realidad, donde el lirismo mas delicado se junta con el mas brutal de los naturalismos en una increíble combinación que modestamente creo que nadie ha igualado. El teatro de Williams me parece de gran atractivo, con sus indudables aportaciones personales. Su hermana  vivió internada en su psiquiátrico toda la vida y seguro que tuvo mucho que ver en las neuróticas heroínas que plagan sus escritos, y la homosexualidad planteada de una forma provocadoramente abierta (para su época) de nuestro autor, son dos pilares fundamentales a la hora de entender a Williams y a la complicada psicología de sus personajes, casi siempre acorralados, engañándose a si mismos, y a menudo al borde de un ataque de nervios. A todo esto debemos añadir las conseguidas atmósferas que nuestro autor casi siempre plantea, en el que el calor y las tormentas tanto tienen que ver en la acción dramática.
Se acaba de estrenar en el Reina Victoria una nueva producción de La gata, y la verdad es que cuando me enteré me apresuré a sacar las entradas, quería verla bien cerquita y disfrutarla, la verdad es que me quedé mas bien frío, ya que esta gata de caliente tiene muy poquito como iré contando.



La gata sobre el tejado de zinc caliente, estrenada en 1955, es posiblemente el mejor texto de Williams. En el se nos cuenta la historia de una familia de hacendados sureños, cuyo patriarca se encuentra enfermo de cáncer, y en el que futuro de la plantación que poseen esta en el aire dada la complicada situación por la que está pasando el matrimonio del hijo favorito, donde el alcohol y la ausencia de descendencia, con la consabida falta de futuros sucesores que conlleva,  son los problemas que mas marcan la relación. La acción se desarrolla durante una calurosa jornada de verano, y todas las miserias familiares, viciadas hasta lo indecible y agravadas por la enfermedad del padre, se desbordan sin remisión y de forma bastante cruda, y no exenta de una hiriente ironía que la mayoría de los personajes destilan. La gata es un texto de gran solidez a todos los niveles, donde sus personajes están definidos de una forma magistral, y las complicadísimas psicologías que transitan por el escenario, realmente se reflejan en una disección casi quirúrgica. Williams escribió una obra punzante, donde las cuchilladas verbales vuelan entre sus personajes, y donde los vínculos entre cada uno de ellos está marcadísimo. La obra está rematada con una sensualidad arrebatadora que está flotando en el aire todo el rato, no en vano Maggie La Gata, se siente "como si estuviera sobre un tejado de zinc caliente" ya que su insatisfacción sexual es uno de los grandes conflictos de la trama, máxime cuando su marido se supone que es un bello atleta en sus horas mas bajas que parece ser que en cuestiones de alcoba se maneja igual de bien que en los campos de rugby. La gata es teatro de primera, férreo en su estructura, entretenidísimo cuando se hace bien, complicado de ejecutar, y de una profundidad que va mas allá del mero entretenimiento, ya que en ella se habla de poderosos sentimientos que son inherentes a la naturaleza del ser humano y que nos llegan a día de hoy igual que en la fecha de su estreno hace 62 años.



Vayamos con el elenco:
Marta Molina y José Luis Patiño como Mae y Gooper.
Mucho mejor Patiño que Molina, con mas entidad a todos los niveles y mejor tratado en la versión que se está llevando a cabo, donde ambos personajes transitan por la escena con poco protagonismo, y en un excesivamente discreto segundo plano. Eché de menos unas interpretaciones mas carismáticas, y con mas verdad, en el caso de Marta Molina, que no me convenció en ningún momento.

Ana Marzoa como Madre:
Magnífica de tono y presencia escénica. Marzoa se encuentra muy inspirada en un rol que huye de la histérica anciana que otras veces se plantea, para definir al personaje. He de decir que en líneas generales la visión de los personajes es excesivamente plana y falta de fuelle, fallo de dirección y no actoral, y eso es exactamente lo que ocurre con Marzoa, que está impoluta pero falta "algo" que defina al personaje. Es como si la actriz saliera  hablase, y ya está. Tiene momentos estupendos, ya que su solvencia es indiscutible, sobre todo su primera escena, y en la que le cuentan la verdad sobre el estado de salud de su marido que desencadena en los planes de Gooper sobre la herencia y el odio de su augusta esposa por Maggie. Tristemente Ana Marzoa está muy desaprovechada y se podría haber sacado mucho mas de su papel.

Juan Diego como Padre:
Correcto, aunque nos encontramos con el poco fuelle que se desprende del espectáculo, consigue momentos de gran altura, y una visión muy rica de este padre de gran carácter, pero muy cariñoso y comprensivo con su hijo Brick. Diego ofrece un personaje cargado de matices, y de humanidad, cuyo resultado es un rol tierno y profundo que no pasa en absoluto desapercibido. Su trabajo va de menos a mas, siendo la larguísima escena con Brick que transcurre a la mitad de la función, el mejor momento del espectáculo, y cuando realmente empecé a sentir interés por lo que estaba ocurriendo en escena. Juan Diego aporta oficio y robustez actoral a un complicado papel, que reconozco que me llegó en sus momentos mas comprometidos, y que me dejó muy buen sabor de boca.

Eloy Azorín como Brick:
Azorín cumple, en un complicado papel que requiere de un trabajo interior bastante arduo, ya que Brick durante gran parte del espectáculo nos tiene que contar muchas cosas, sin decir absolutamente nada. Su interpretación se ve perfectamente apoyada en una voz de ecos baritonianos que le va de perlas al personaje y a su presencia escénica realmente carismática. Azorín consigue darle ese aire torturado al papel tal y como lo necesita. Me sorprendió muy gratamente en su trabajo, que se ve resuelto de forma eficiente y si el menor problema a nivel técnico.

Begoña Maestre como Maggie:
Francamente floja ya que Maggie La Gata se las trae, es una mezcla de sensualidad, carácter, ironía y explosión emocional, que nuestra actriz vislumbra a veces, pero ni por asomo redondea. Fría y monocorde, no me transmitió nada, especialmente en su dificilísima primera escena, con un monólogo de presentación del personaje que se hace largo y falto de pulso. Hay varios problemas, el mas importante de todos es el trabajo excesivamente exterior que lleva a cabo, Maestre habla y habla... pero por dentro no pasa nada, no me creí su vínculo con Brick, y le falta sensualidad. Maggie ronronea a los pies de Brick para que le de lo que tanto quiere, y que Brick le niega de forma hiriente durante toda la función, pero Maestre no consigue desprender esa sexualidad soterrada que se debe desprender de sus gestos. Se pone crema, y se pone crema, no provoca a Brick, se seca el sudor y parece que acaba de salir del gimnasio. Todos esos detalles que hacen que Maggie La Gata sea lo que es, no están. Tampoco aprovecha el sarcasmo tan duro que el personaje desprende en algunos momentos , y desaprovecha sus mejores frases de forma inclemente. El resultado en general es plano y poco profundo dejándome francamente frío. Acaban de estrenar y creo que se ha incorporado hace poco a la producción por tanto me imagino que irá creciendo a medida que se desarrolle el número de funciones.



Vayamos con la propuesta escénica:
Amelia Ochandiano firma el espectáculo, y lo hace de forma irregular. La obra funciona a ratos, algunas escenas están muy conseguidas mientras que otras se van cayendo en picado, especialmente al principio de la obra, donde todo aparece desangelado, y excesivamente distante. Un problema añadido es la visión de los personajes, tan natural, que se quedan planos en líneas generales, siendo el resultado una función poco cargada en las atmósferas, precisamente todo lo contrario que necesita Tennessee Williams, que si caracteriza por algo es por lo atmosférico de sus textos. Aciertos hay, el primero y mas rotundo, la sensible visión del personaje de Juan Diego, y por supuesto la propuesta estética de la función, que realmente si que da en el clavo. Partimos de la base de un espectáculo completamente ortodoxo en su concepción, de gran belleza visual y conseguidas luces de Felipe Ramos y bella escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda, con algunos elementos que funcionan muy bien como son las enormes cortinas que tanto juego dan durante el espectáculo, y la magnificamente resuelta escena de la tormenta. El resultado final, lo encontré un tanto rutinario y vacuo, esta es mi cuarta Gata en directo, y reconozco que no me acabó de llegar tal y como el texto debe llegar. Uno sale con la sensación de haber visto una propuesta agradable, tibia y olvidable, y eso tratándose de la función que se trata no se puede perdonar. A veces hay destellos de lo que La gata sobre el tejado de zinc caliente es, pero cuando uno menos se lo espera... esos destellos desaparecen y nos dejamos llevar mecidos entre el sopor sureño que tan bien supo retratar Tennessee Williams.




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