lunes, 27 de marzo de 2017

Château Margaux y La Viejecita, Pura Elegancia Escénica

Los que amamos la zarzuela, sentimos cierta debilidad por el género chico, tan conciso, completo y a menudo mas redondo que el grande en su planteamiento, y cuyas partituras son ciertamente insuperables. La ligereza argumental que caracteriza a la mayoría de sus piezas no implica que la música sea de menor calidad que la de la zarzuela grande. Baste para ilustrar este razonamiento un ramillete de títulos que creo que hablan (o mas bien suenan) por si solos, La revoltosa, Gigantes y cabezudos, Bohemios o La verbena de la Paloma. Todas esta obras que planteo, amén del libreto mas o menos afortunado, se caracterizan por una partitura logradísima y que no pueden condensar de mejor forma una historia perfectamente hilada, con sus personajes impecablemente plasmados y con la espectacularidad que se le sobreentiende a la lírica como género escénico. El género chico si se quiere hacer bien es complicado, ya que lo compacto de su formato conlleva dificultades de dirección mas que notables, y precisa normalmente de cantantes que a la vez tengan muchas dotes actorales ya que las exigencias son muchas en todas las disciplinas. Todo esto que cuento, hace que el género chico sea grande cuando se representa con los mimbres necesarios, y que haga las delicias del público, incluso no aficionado a la zarzuela, ya que se trata de un entretenimiento de primera, que aunque ligero en su fondo, tiene una solidez teatral que a día de hoy sigue sorprendiendo por su efectividad y lo inspirado de muchas de sus obras.



Château Margaux y La viejecita son los dos títulos que componen el programa doble que se está llevando a cabo en el Teatro de La Zarzuela y que se estrenaron, con gran éxito por cierto, el pasado sábado 25. Las dos obras tienen como nexo de unión a Manuel Fernández Caballero compositor de ambas partituras. Fernández Caballero puede ser considerado uno de los padres del género chico, y uno de los creadores de música escénica mas importante de su tiempo. La obra de Fernández Caballero es extensa y no se dedicó exclusivamente al género chico, siendo sus incursiones en la zarzuela grande muy notables. Los sobrinos del Capitán Grant quizás sea la obra grande mas recordada de nuestro compositor, pero amiguitos cuando nos vamos a las piezas cortas es cuando el genio de Fernández Caballero brilla mas. El dúo de La Africana, los dos títulos que esta crítica ocupan y muy especialmente el que se puede considerar su título mas emblemático y sin duda el mas popular, Gigantes y cabezudos que tantos ánimos levantara en nuestro país tras el Desastre del 98, son posiblemente sus obras mas conocidas y mas recordadas.
La música de Fernández Caballero se caracteriza por su inspiradísima orquestación, siempre elegante y descriptiva, y la frescura y sensibilidad de los cantables, que sin duda imprimen un estilo único a sus composiciones y muy reconocible. Fernández Caballero tiene "algo" inimitable que nos hace identificarlo en cuanto escuchamos una pieza suya.



Las dos obras que esta crítica ocupan se presentan en versión libre de Lluís Pasqual son dos ejemplos paradigmáticos de lo que era la zarzuela cómica de finales del S. XIX, y especialmente La viejecita un título icónico durante muchos años que por motivos que no soy capaz de entender, desapareció del repertorio hace relativamente poco tiempo. 

Château Margaux denominado como Juguete cómico-lírico en un acto, con libro del prolífico José Jackson Veyán, es una obra eminentemente paródica en lo musical, donde se remedan diferentes estilos folclóricos españoles, desde el flamenco mas redicho mezclado con una cómica muñeira en el "Capricho" que Manuel canta, hasta el famoso número "Javeras y panaderos" donde estos dos palos de flamenco se juntan en deliciosa fusión, la paleta musical de la obra aunque no amplia si que es interesante. Pero sin duda la pieza que ha pasado a la historia de este título es el Vals de Angelita, o Vals de la borrachera, pieza clásica de concierto de nuestro repertorio y una de las mas inspiradas creaciones de Fernández Caballero. El argumento de la obra gira en torno a una herencia y la invitación de la protagonista de la función, Angelita, a unos parientes aristócratas para gestionar el dinero heredado. La visita da lugar a múltiples equívocos ya que nuestra protagonista se pone achispada con el vino que da título a la función, para finalmente todo quedar resuelto de forma feliz como mandan los cánones.



La viejecita con libro de Miguel de Echegaray denominada como Zarzuela cómica en un acto, es uno de los títulos mas exitosos de compositor y libretista. Se estrenó en el Teatro de la Zarzuela el 30 de abril de 1897 y es famoso que los autores debieron salir a saludar 17 veces al finalizar la función. La obra es una revisión del famoso vodevil inglés La tía de Carlos, y  en ella se nos cuenta la historia de Carlos oficial español en la época de la Guerra de la Independencia, que está locamente enamorado de Luisa una bella marquesita, cuyo padre prohíbe su relación. Para consumar su amor, Carlos decide disfrazarse de anciana tía de uno de sus compañeros y presentarse en casa de Luisa en una fiesta, para de esta forma ganar una apuesta y quedarse con su enamorada. 
La viejecita se puede considerar una opereta dado el estilo de su partitura y los salones de alta sociedad donde se desarrolla la acción. La música de Fernández Caballero se caracteriza por su elegancia y sensibilidad, especialmente en el bellísimo dúo de Luisa y Carlos, una de mis piezas favoritas de todo el repertorio, y unas burbujeantes melodías especialmente en los números de conjunto, siendo como resultado de ello uno de los mejores títulos de género chico, y uno de los mas apreciados por el público, ya que la belleza de la música y lo redondo del libro la convierten en una deliciosa filigrana completamente irresistible.



En la versión que se está llevando a cabo, ambos títulos están muy retocados, especialmente el de Château de cuyo argumento no queda nada, aunque su partitura está practicamente completa. La Viejecita mejor versionada que Château también se encuentra completa en sus números musicales y el libro aunque explicado y cortado se entiende sin problema en su desarrollo.
Hablemos de versiones libres... La función que esta crítica ocupa es un gran espectáculo, que duda cabe, pero Château Margaux no está muy bien tratada a nivel literario, siendo mero acompañamiento musical de la obra principal, bien integrado en la historia principal que es el concurso radiofónico en el que transcurre la función para que negarlo, pero me faltó saber de que iba Château Margaux, ya que es un título que no se ve habitualmente, y se ha desaprovechado la ocasión de poder disfrutarlo tal y como se concibió. Quizás el recurso de radiarlo como se hace con La viejecita, hubiese bastado, pero no, se ha decidido hacer un espectáculo cortito y cómodo, aunque para ello haya que sacrificar uno de los dos títulos y dejar a medias el otro. No quiero que parezca que no me ha gustado la función porque no es cierto, me ha gustado mucho, pero si que creo que ambos títulos se merecen un trato parecido, y un desarrollo mayor dentro de la trama argumental.



Vayamos con el elenco:
Lander Iglesias, actor, como Sargento Rafael Pontejos y Marqués Aguilar:
Iglesias sirvió una completa función, resultando sus creaciones a nivel actoral impecables. Le encontré un pelín inseguro en lo musical, pero no debería ser así, ya que su voz es afinada y estoy convencido que podría dar mas, especialmente en cuanto a volumen. Hay que tener en cuenta que era el estreno, y estoy seguro que poco a poco irá encontrándose mas cómodo en las partes cantadas.

Antonio Torres y Miguel Sola, barítonos, como Teniente Luis Mª Fdez. Cancedo y Fernando, Conrado Salvatierra y Sir Jorge respectivamente.
Magníficos tanto en lo actoral como en lo musical. Resultan completamente deliciosos como cantantes de jingles, rememorando los anuncios mas emblemáticos de la historia de la radio, en un cuidado tratamiento vocal, donde todos los giros musicales de los anuncios radiofónicos funcionan a la perfección y que denotan el gran trabajo que se ha realizado en cuanto al estilo se refiere. Ambos cantantes están atinadísimos en sus respectivas creaciones, y resultan dos pinceladitas imprescindibles para el desarrollo de la función, que se disfrutan muchísimo, enriqueciendo de forma muy grata el espectáculo.

Emilio Sánchez, tenor, como Capitan Esteban Martín y Manuel Fariñas.
Sánchez impoluto en lo vocal, también estuvo muy atinado en lo actoral, especialmente en Château Margaux, donde sirvió una impagable muñeira aflamencada en una difícil composición de un papel que requiere una disociación a nivel musical ciertamente complicada y que Sánchez literalmente borda. Impoluto de volumen y con un bello timbre de color abaritonado, cantó con sumo gusto todas sus intervenciones y resulta sobradísimo de recursos para los papeles que le han tocado en suerte. Sánchez de gran comicidad en la parte actoral me resultó magnífico en la primera parte del espctáculo, y muy sólido a todos los niveles.

Ruth Iniesta, soprano, como Luisa y Angelita.
Me encanta Iniesta, reconozco que me parece una cantante magnífica, muy dotada a todos los niveles. Su interpretación se caracterizó por el buen gusto cantando, un bellísimo timbre y unos agudos de gran volumen, perfectamente colocados y resueltos de forma muy brillante. Iniesta transmite muchísimo con la voz y una interpretación cargada de gracejo en Château Margaux se ve redondeada con la mas lírica creación que lleva a cabo en La viejecita. A esto hay que añadir que se le entiende absolutamente todo lo que canta, algo que en las sopranos es un bien escaso, para ser sinceros. En la parte actoral está perfecta, con un desplante escénico de mucho empaque, muy graciosa en los momentos que así se requiere y con gran sensibilidad en el dúo con Borja Quiza, uno de los mejores momentos a nivel musical de la función.

Borja Quiza, barítono, como Carlos y Don Francisco de Borja Talvez.
Quiza debuta en el Teatro de La Zarzuela, y sin duda lo hace por la puerta grande. Varias cosas son a tener en cuenta en su creación como La viejecita. Su timbre de barítono lírico, muy bonito y de gran solidez con unos agudos enormes, larguísimos y de gran impacto. Sirvió un magnífico brindis, realmente comprometido, que Quiza lleva a cabo sin aparente esfuerzo y con soberbios resultados. Estuvo igual de inspirado en una impoluta romanza de salida de la viejecita, donde el fraseo y la intención fueron la marca de la casa. Muy matizado en líneas generales, aborda el papel desde la inteligencia llevándolo a su terreno logrando una composición musical equilibrada, de altura y de gran química con Ruth Iniesta,  siendo muy agradable el sonido resultante de la unión de las dos voces. A nivel actoral todo un prodigio, con un doble registro de chulesco militar e impagable viejecita, siendo el resultado uno de los trabajos mas completos que he visto en el Teatro de La Zarzuela en los últimos tiempos. Borja Quiza  cumple en todos los palos de forma rotunda y acertada en un papel de grandísimas complicaciones a todos los niveles, y que en este caso fluyen sin aparente esfuerzo y con arrolladora frescura. El trabajo que se vislumbra detrás es descomunal, e Intuyo que le veremos mas veces en este teatro... tiempo al tiempo.

Jesús Castejón, actor-cantante, como Locutor Ricardo Gracián y Don Manuel.
Castejón lleva practicamente todo el peso de la obra, como narrador-locutor de la historia, y resulta de una solidez pasmosa. Castejón es un gran actor, buen conocedor de la lírica española, algo que en esta producción queda muy patente. Jesús consigue que parezca fácil un trabajo cargadísimo de matices, y muy de verdad. Alejado de cualquier afectación y con un control prodigioso de los tiempos escénicos, nuestro actor hila muy fino en una composición redonda, cargada de fina ironía, y lo que es mas importante, un componente nostálgico que retrata a la perfección a un personaje mimado hasta la extenuación. Como Don Manuel se encuentra cargado de empaque escénico y suave comicidad en una elegante composición en el que el amaneramiento del personaje resulta delicioso y muy medido. Por cierto... que bien que mueve el abanico Jesús Castejón  y cuanto partido le saca!!!. No puedo menos que quitarme el sombrero ante semejante actor, y ante semejante trabajo.



Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, con dirección de Antonio Fauró, estupendo, especialmente en la parte masculina que brilló mucho en el principio de La viejecita. Se ve que se lo pasan muy bien llevando a cabo el espectáculo y eso revierte en el resultado final, cargado de bravura y de gran vistosidad en los números de conjunto.

Miquel Ortega dirige la Orquesta de la Comunidad de Madrid de forma muy destacable y con varias cosas dignas de mencionar. El Maestro Ortega sirve un cudadísima lectura de la partitura, cargada de elegancia y sabiduría escénica, donde el cuidado por los cantantes fue exquisito y los matices fueron la tónica. De correctos volúmenes en todo momento y atinadísimo en los tiempos, siempre a favor del espectáculo y de los intérpretes. Miquel Ortega lleva a cabo un trabajo fresco que da a todo el espectáculo un aire muy disfrutable, ligero y en total consonancia con la función. Miquel Ortega saca lo mejor de la OCM siendo el resultado sólido, compacto, y lo que es mas importante divertidísimo.


 

Vayamos ahora con la propuesta escénica. 
Lluís Pasqual dirige la función con gran acierto. La propuesta pasa por una elegancia visual muy notoria, donde con un sencillo primer espacio escénico se pasa a una segunda parte muy bien presentada con rotundos aires de opereta, de grandiosa resolución visual, y una notable prestancia a todos los niveles. Pasqual sabe perfectamente el tono que le quiere dar a la función, suavemente paródico, especialmente durante el  cuadro de la radio, donde los vicios "zarzueleros" están muy presentes y convenientemente criticados algo que entroca perfectamente con la intención de Château Margaux cuya esencia es precisamente la parodia, para posteriormente pasar a la alta comedia suntuosa e impecablemente presentada en el último cuadro de la función, donde brilla y mucho, la espectacular escenografía de Paco Azorín arrebatadoramente opulenta. La entrada de la viejecita y toda la difícil escena del baile son una genialidad a nivel teatral, de impecable resolución y de una belleza visual arrolladora, a la que se debe añadir la comicidad que se destila que realmente hizo las delicias del respetable. Pasqual sirve una función delicada y realizada como mucho amor hacia el género, que si bien es cierto no es la ortodoxia pura en su planteamiento si que  respeta nuestro género lírico, y los resortes del mismo.
Mención especial a los bellos figurines del desaparecido Isidro Prunés, supervisados en este caso por Isabel Cámara de forma perfecta, que visten magnificamente al espectáculo, así como las luces del propio regista de la producción que acentúan a la perfección todo lo que ocurre sobre las tablas.



Sin ninguna duda nos encontramos ante una propuesta de relumbrón que hace grande al género chico y que es perfecta para acercarlo a aquellos que no lo conocen, ya que la función es moderna, dinámica y sobre todo terriblemente entretenida. Ojalá veamos mas títulos tan bien presentados y siguiendo esta línea de repertorio que tan poco se prodiga en nuestros escenarios. Yo no me perdería esta producción, que contenta a puristas y no tan puristas dadas sus múltiples virtudes escénicas y musicales.




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3 comentarios:

  1. Adoro este blogspot. A veces hasta repito lecturas de críticas antiguas, por el simple placer que me produce y dejar volar mi imaginación desbordada a través de la forma deliciosa del escrito. Mil y más gracias.

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  2. Y, además de entretenida lectura, está la certeza de una crítica que es de fiar.
    En cuanto al espectáculo, congratulémonos por lo que, sin duda, es estupenda noticia de la vigencia de un género tan maravilloso como español

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    1. Muchísimas gracias por vuestras palabras!! Me encantó esta producción, la verdad. Un abrazo!!!!

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