lunes, 6 de marzo de 2023

Yo Te Querré, El Que Siempre Brilla Es Alonso.


Este año el Proyecto Zarza me resultaba enormemente atractivo, dado que el protagonista absoluto del repertorio elegido para el espectáculo era Francisco Alonso, uno de los puntales del segundo resurgir de la zarzuela, y responsable de dos obras para mi imprescindibles como aficionado a los dos géneros que dominó como compositor, la lírica y la revista, es decir "La Calesera" y "Las Leandras". Para poner en pie el nuevo proyecto pedagógico de La Zarzuela se escogió un ramillete de temas de Alonso icónicos y en su mayor parte de gran incrustación en la cultura popular, aunque insuficientes como para hacerse una idea de lo que fue la carrera de Alonso como compositor, aunque también como luego iré desarrollando el texto y la concepción del espectáculo tampoco ayudan a que esto ocurra. El viernes fui a La Zarzuela dispuesto a divertirme, y la verdad es que la decepción fue mayúscula. Posiblemente nos encontremos ante la apuesta del Zarza más fallida de los últimos tiempos por varios motivos que es interesante destacar. El primero la dramaturgia, y el segundo el insuficiente elenco elegido en esta ocasión para poner en pie el espectáculo.


              


"Yo Te Querre", con música de Francisco Alonso y texto de Lola Blasco, se nos plantea como una especie de fresco en el que en un ejercicio de pseudo metateatro, se nos expone una serie de tipos de los tiempos de Alonso pasados por el tamiz del S.XXI. La dramaturgia, emborronada, panfletaria, desigual, y encima cargada de cierto aire de pedantería francamente irritante, no levanta el vuelo practicamente en la hora y media que dura el espectáculo, que entre bostezo y bostezo nos cuenta una historia a ratos mal explicada, en la que ningún personaje se encuentra bien desarrollado, y que solo puede funcionar en el aspecto en el que se nos presentan las problemáticas de la España del primer cuarto del S.XX frente a las del 2023, viendo que poco hemos cambiado en el último siglo. 

Vayamos por partes, lo primero que quiero comentar es que el hecho de que sea un proyecto pedagágico no implica que sea aleccionador, y por muy de acuerdo que pueda estar con el mensaje del espectáculo si se hubiera hilado más fino, sin tomar al público por tonto y sin subrayar de una manera tan gruesa lo que se nos quiere contar, la cosa funcionaría mucho mejor de lo que funciona. El último cuarto del espectáculo, con su imposible resolución, y el empeño de Blasco por explicarnos su texto, porque parece ser que no somos capaces de entenderlo, me pareció un despropósito, por su simpleza, y pedestre manera de no tomarse en serio el espectador medio de la función, que son adolescentes, no niños de dos años. Otro fallo importante es el hecho de no profundizar en nada de lo que se nos cuenta, teniendo como resultado que no nos interese nada de lo que le ocurre a los personajes de la obra, porque directamente no nos da tiempo a que nos quedemos con su historia personal. La obra apunta directamente a Mihura y Jardiel en la composición de sus personajes, el principio es un remedo de "Tres sombreros de copa" nada disimulado, pero claro, Jardiel y Mihura sólo hubo dos, y encontrar ese equilibrio entre surrealista y de comedia triste, pero profundamente graciosa que los caracterizaba se queda en un quiero y no puedo, sombrón y sin gracia alguna, que se da de tortas con la música de Alonso. Quizás si se hubiera tirado por una comedia frenética, leve y con menos ínfulas, la cosa hubiera funcionado mucho mejor de lo que lo hace, porque tal y como se ha quedado la función, dudo que conectara con el público jóven, y dudo también que le interesara al adulto.

      

       

En cuanto al repertorio elegido, en general me pareció acertado, aunque de algún tema solo se cante un pequeño fragmento, como es el caso de La Cautiva, que en otros se corte alguna de las partes menos politicamente correctas, léase "Banderita", y en otros inexplicablemente se cambie la letra como es en el caso de "Sus pícaros ojos", convertido en este caso en un cuplé en el que se habla del empoderamiento femenino, algo que en otro cuplé de corte más machista si podría entender, pero en una bellísima declaración de amor como es "Sus pícaros ojos" no tiene razón de ser. A mi mente vino de manera instantánea la manera tan inteligente en la que se le dio la vuelta en "Amores en Zarza" a la trasnochada exaltación patriótica de "La Patria Chica" de Chapí, pero claro los mimbres de aquella producción no eran los de esta, y la diferencia es muy notoria, precisamente en estas cosas que son las que definen realmente a un proyecto pedagógico. 





Vayamos con el elenco, irregular y numeroso a partes iguales. Según Daniel Bianco, se seleccionó a los componentes del reparto entre 700 jóvenes, luciendo muy poco la criba que supongo extenuante, pasando de lo mediano en la mayoría de los casos, hasta lo francamente imposible en alguna que otra elección. 

No es cuestión de hacer sangre, por tanto hablaré de los que pasan la batería en sus números que son dos, Sylvia Parejo, ya conocida en La Zarzuela, que sirvió unos Nardos bien timbrados y con el suficiente desplante escénico como para no pasar desapercibida, así como Aarón Montes, realmente interesante en el célebre "Tomar la vida en serio", con la voz bien timbrada, estupendo de tono, y con el estado de ánimo perfecto para este repertorio durante todo el espectáculo. 

Poco se puede destacar del resto del elenco, muy bien Sandra Fergadi como Consuelo, sorprendentemente sólida, dado el escuálido plantel actoral del espectáculo, que se nos antoja la mejor de la función, por saber perfectamente cual es su sitio, en un código muy de característica de zarzuela, energética y bien plantada. 

Podría hablar del imposible Director de Sigor Schwarderer, insuficiente hablando y cantando viéndose totalmente eclipsado por Sylvia Parejo en el dueto de "Luna de Miel en el Cairo", del verdísimo en todas las disciplinas Nacho Zorrilla, como Rosalía, un papel que podría ser el bombón del espectáculo y solo queda en una pintura bella y enigmática, siendo incapaz de insuflar nuestro actor un atisbo de profundidad al personaje. 

El resto aborda con mayor o menor fortuna el papel que le ha tocado en suerte sin salir uno con la sensación de ver algo memorable, o especialmente interesante a nivel musical o actoral. 

Una cosa muy sintomática es que el elenco donde más brilla es en los números de conjunto, porque por desgracia nos encontramos ante un elenco que pide solistas en todos sus intérpretes, pero que no pasa de ser eso... conjunto. Y lamentándolo mucho, nos encontramos en el Teatro de La Zarzuela, se supone que se tiene que tener cierto bagaje para poder pisar sus tablas.




 


Lucía Marín al frente de una orquestina de siete músicos, llevó a cabo una labor delicada y sensible, que parece contagiarse, por desgracia, del tono apagado del espectáculo, quizás una orquesta un poco más numerosa hubiese ayudado a levantar el espectáculo, pero en este caso no fue así. Deliciosa en los acompañamientos musicales a los textos hablados, especialmente en la escena de Rosalía, dónde sonó gloriosamente la "Canción de Martha" de "Luna de miel en El Cairo". Marín inspirada en "Los Nardos" y "Tomar la vida en serio", me pareció que aun sabiendo el material que tiene entre manos, con un plantel vocal más brillante podría haber hecho más de lo que hizo. 




La función la firma José Luis Arellano, y patina estrepitosamente en varias facetas, la primera de todas es que género, lo que se dice género no hay, y si un espectáculo de estas características se aborda desde los complejos vamos mal. Es una obra en la que los tipos están muy marcados, pero a nivel actoral ninguno o practicamente ninguno está en el código acertado. Todo parece bajo de tono, todo está lavado desde una pátina de corrección política francamente irritante que nos lleva una vez más al sopor, ya que se ha blanqueado todo tanto que el resultado es insulso, carente de "punch", con poco pulso en la comedia, y un ritmo moroso en no pocos momentos, que nos hace estar mirando el reloj cada dos por tres. El principio del espectáculo está sucio y no se entiende muy bien, atropellado, costándonos entrar en la función y abriendo muchos melones que después tienen un desarrollo nulo a traves de la función. Todo lo bueno que puede tener una producción de este nivel, es desaprovechado, y algunos personajes que pueden ser carismáticos se van diluyendo a medida que avanza la función hasta practicamente desaparecer, deficiencias del libreto aparte. Hay decir a favor de Arellano que la propuesta visual es deslumbrante y está bien resuelta, especialmente a nivel técnico, y que es una auténtica pena que un envoltorio tan suculento lleve en su interior un menú tan soso. Hay que destacar el trabajo en las luces de Juanjo Llorens, inspiradísimas durante todo el espectáculo, así como el vestuario de Ikerne Giménez que viste impecablemente el espectáculo, así como la evocadora y cabaretera escenografía de Pablo Menor Palomo, elegantísima y funcional a partes iguales. Mención especialísima para las coreografías de Nuria Castejón, delicadas y adecuadísimas a cada número, especialmente en Los Nardos, Banderita, y la Marchiña de Luna de Miel en El Cairo, los núemeros que más brillan en la función, y los únicos momentos en los que un servidor salió del sopor en el que estuve inmerso durante todo el espectáculo. 

El resultado global de la función es fallido, predecible, y carente de interés dramático, y la verdad si apostamos por algo leve, al menos que se nos presente como un divertimento sin más aspiraciones que entretener que a fin de cuentas era lo que la música de Alonso pretendía, me hubiese parecido una propuesta mucho más honesta, y sin duda los jóvenes que han visto el Zarza de este año se hubieran hecho una idea mucho más clara de lo que Francisco Alonso supuso para nuestro patrimonio musical y sus virtudes, algo que sinceramente dudo mucho que se haya conseguido transmitir en este "Yo te querré" leve y superficial por mucho que se intenten abarcar temas muy serios.




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