jueves, 3 de octubre de 2019

La Jaula De Las Locas, Gloria, Pelucas Y Tacones.

Ayer asistí al pase de prensa de "La jaula de las locas"  el título que más me apetecía de la presente temporada, entre otras cosas porque se trata de una de mis partituras favoritas de todo el gran repertorio musicalero, y porque además ya iba siendo hora de que se volviera a hacer en nuestro país, ya que la última producción que se hizo de este musical fue casi hace 20 años, con Andrés Pajares y Joaquin Kremel al frente. "La jaula" tiene muchas posibilidades a todos los niveles, y se me antoja una función muy adecuada para estos tiempos en los que el fantasma de la intransigencia pulula con más fuerza que nunca, y en los que ciertos discursos están calando en nuestra sociedad alarmantemente. La función que ya se presentó en Barcelona la temporada pasada, con mucho éxito y muy buenas críticas por cierto, cuenta con un elenco de campanillas encabezado por Àngel Llàcer, que se me antojaba perfecto para el papel protagonista. A esto hay que añadir el diferente material gráfico que había visto sobre el espectáculo que ya me indicaba por donde iban los tiros, aumentando mi interés por la función, y por ende mi expectación. Ayer fui al teatro con mariposas en el estómago, lo reconozco, iba a asistir a un musical legendario, icónico, y que en su momento tuvo una enorme carga simbólica, y que en esta versión prometía diversión a raudales, y la más pura evasión en el buen sentido de la palabra. La noche fue gloriosa... no hay otra, saliendo un servidor de ustedes flotando del teatro, y tarareando las pegadizas canciones que compuso el simpar Jerry Herman, que sin duda se encuentra en mi triunvirato de compositores favoritos, y que jamás defrauda con su música.



 La Jaula De Las Locas de Jerry Hermann y Harry Fierstein se estrenó en 1983 y varias cosas son curiosas de este soberbio show. La primera de todas, en la noche de su estreno la crítica dijo que había nacido muerto, que su música estaba anticuada, y que no le vaticinaban ningún éxito. Seis premios Tony y cientos de representaciones a teatro lleno avalan que los críticos la mayoría de las veces no acertamos ni a la de tres. En 1984 Rock Hudson declaró publicamente que tenía SIDA, y entonces cundió el pánico entre los homosexuales, una ola de conservadurismo azotó a la sociedad estadounidense con actitudes muy críticas hacia el mundo homosexual, principal víctima de la enfermedad en aquellos tiempos. Una vez mas los pájaros de mal agüero dijeron que el final de La Jaula De Las Locas era un hecho, pero se equivocaron de parte a parte y el famoso " Yo Soy Lo Que Soy" canción principal de la obra se convirtió de forma casi instantánea en un himno entre la comunidad gay. La partitura, arrolladora a todas luces, incluye espectaculares números de inspiración clásica, y una desbordante alegría que le dan un tono festivamente arrevistado, que unido al divertidísimo libreto, basado en la película francesa del mismo título estrenada en 1978, formaron un tándem delicioso, que resulta desternillante y de gran nivel musical a la vez. Los avatares de una pareja de homosexuales "de toda la vida" para que los padres de la novia del hijo de uno de ellos no se enteren de la realidad de lo que ocurre, da como resultado una serie de equívocos desopilantes y que sin duda hacen a este título imprescindible dentro del repertorio. Jerry Herman experto en grandes personajes femeninos del Broadway clásico, teniendo en su haber Hello Dolly!, Mame y Dear World entre otras, dio vida a su última gran diva escénica en La jaula de las locas, para que curiosamente la interpretara un hombre, ya que sin ninguna duda, si hay una diva musicalera es "Zaza" conocida en su casa como Albin.



Vayamos con el elenco.

Dentro de los secundarios destacan Oriol Burés como Francis, con buen sentido de la comicidad, y muy contenido, y Anna Lagares como Jacqueline, con un instrumento lírico muy interesante, y dotando de mucha presencia a un personaje no muy desarrollado en el libreto. 

Roc Bernardí como Jean-Michel y Lucía Madrigal Cuadra como Anne, se complementan a la perfección, brillando más el primero por extensión, y por el estupendo dúo con Iván Labanda con el que nos obsequió al respetable. Bernardí perfecto de tono resulta muy creíble en su interpretación, especialmente en el vínculo que tiene con su padre, conseguidísimo, aportando además una estupenda presencia escénica que aporta galanura al personaje. Vocalmente acertadísimo, en un puro código musicalero, bien matizado y de bello timbre. Lucía Madrigal Cuadra, perfecta en su composición, da todo lo que el papel ofrece, que si bien es cierto no es mucho, nuestra actriz aprovecha sin problema, no pasando desapercibida. 

José Luis Mosquera como Edouard Dindon y Ana Cerdeiriña como Marie Dindon. Solidísimo Mosquera en un personaje con el que demuestra su ductilidad como actor, y cuya salida resulta impagable dado el conseguidísimo parecido con cierto político patrio que no desvelaré. Ana Cerdeiriña, resulta el complemento perfecto a Mosquera, menos intransigente que su marido, y de lacónica comicidad, especialmente en un número endiablado en el que una vajilla un tanto peculiar tiene mucho que ver. 

Ricky Mata como Jacob.
Una de las estrellas de la noche. Mata deslumbra en un bombón que parece haber sido escrito a su medida. Nuestro actor al que ya he visto en otras producciones, una vez más demuestra su maravilloso trabajo a nivel corporal, llevando a cabo una auténtica creación, de muy personal ejecución, y arrolladora comicidad. Nos apetece llevarnos a Jacob a casa y que sea nuestra doncella particular, produce hilaridad y ternura a partes iguales, resultando su trabajo delicioso y absolutamente redondo en toda su extensión. Lapidario con el texto, rabiosamente divertido, y con unos mutis de órdago, reconozco que me cautivó desde que salió a escena, tanto por su entrega como por sus capacidades como artista, peculiar y tremendamente carismático. 

Ivan Labanda como Georges.
Estupendo y con el papel muy bien enfocado, demostró una solidez indudable en lo actoral, y una más que solvente interpretación vocal. Labanda las da todas en lo musical con elegancia y exquisito fraseo, así como una bonita voz, muy adecuada para el personaje. Georges es un papel difícil que a menudo se queda en mero servidor de los chistes de su compañero en escena, no siendo así en este caso, ya que nuestro actor hace suyo el personaje por derecho propio. La composición de Labanda se basa en un personaje sensible, elegante y con una química irresistible con Llàcer, estando su trabajo cargado de verdad en todas sus intervenciones. 

Àngel Llàcer como Albin.
Llàcer se abre en canal, generoso y explosivo, para servir un festival de todo aquello que hace grande a su personaje. Su Albin resulta entrañable hasta el delirio, y muy humano, dentro de su neurótica personalidad. El control de los tiempos escénicos resulta admirable, haciendo con el público literalmente lo que le da la gana, que come de la mano de nuestro artista a su antojo, dejándose llevar por su arrolladora personalidad. Llàcer se mueve como pez en el agua en el contacto directo con el respetable, y resulta soberbio en escena, jugando, arriesgando y diviertiéndose lo indecible, mientras revolotea por el escenario de forma cautivadora y con aires de gran diva. Cuando Albin se convierte en "Zaza" aparece la gran vedette, cargada de empaque y acertadísima en el gesto grande, con desplante puro Broadway, y brazos hipnóticos que nos llevan a las grandes del teatro musical más clásico. Si algo caracteriza su trabajo es una brutal entrega, que arrastra a todo el elenco con él, en un derroche de comicidad, frescachonería y descaro. Musicalmente igual de acertado que en lo actoral, con una interpretación muy bien medida e inteligentemente dosificada para no desfondarse antes de terminar el espectáculo. La voz suena perfecta, matizada y cargada de intención, y lo que es más importante con la misma dosis de verdad que cuando actúa. Ver a Àngel Llàcer en escena, es ver un ejemplo paradigmático de artista total, particularísimo y lo que es más importante, disfrutando de su trabajo hasta lo indecible.



Conjunto, este caso "Pajaritas", que así es como se llaman en la función, de altísimo nivel. No nos encontramos ante un mero coro que canta y ya está, sino ante un conjunto de artistas multidisciplinares que cantan, bailan e interpretan de forma fantástica, y que cada uno tiene una personalidad bien definida dentro del espectáculo. Las coreografías, de gran dificultad y excelentes resultados, vienen firmadas por Miryam Benedited, y son ejecutadas de forma brillante por nuestras pajaritas, llegando lo que planteo al paroximo, en el momento en el que literalmente se encuentran dentro de "La jaula". La obra de grandes dificultades para el conjunto, abundante en coros, y nada fáciles por cierto, se ve enriquecida gracias al buen hacer de un acertadísimo conjunto, esplendidamente elegido en su totalidad.

La orquesta fue dirigida por Andreu Gallén, con gran sentido de la espectacularidad, y de la teatralidad, en una relectura de la partitura acorde con los tiempos actuales, menos sinfónica que la original, y  un poco más canalla, especialmente en los números más cabareteros, algo que sin duda es un acierto y va en perfecta consonancia con la estética del espectáculo y el aire que se le ha dado a todas las escenas. 



Àngel Llàcer y Manu Guix firman la función acertando de plano de principio a fin. Nuestros directores sirven una función deslumbrante, perfectamente contada, y de muy personal ejecución, en la que el sentido del espectáculo se encuentra muy agudizado, y con una factura muy Broadway en su acabado final. En esta Jaula, se pasa por el musical, la revista y el vodevil, transitando entre estos tres géneros la función de forma admirable, con gran conocimiento de todos y cada uno de los palos que se tocan, y fundiéndose a la perfección entre ellos de forma natural y practicamente imperceptible. A nivel actoral se encuentra muy equilibrada partiendo de un concepto extremado en los personajes, tal y como mandan los cánones del musical en aquellos personajes que así lo requieren, y optando por la naturalidad en el resto. los vínculos se encuentran perfilados de manera muy notoria, y todas las escenas se encuentran en su punto justo de sazón, siendo el resultado una suerte de tobogán de intensidad variable y calculada al milímetro, que funciona como el mecanismo de un reloj, no aburriendo en ningún momento y fluyendo absolutamente todo de forma perfecta. La función consta de múltiples aciertos estéticos resultando de gran belleza en muchos momentos, sirva como ejemplo el bello baile a contraluz de Georges y Jean-Michel, y la apuesta pretendidamente kitsch y colorista, va en perfecta consonancia con el espíritu del espectáculo, ligero, alegre y deliciosamente "queer"
Es destacable el mimo puesto en todos los pequeños detalles que acontecen en escena, donde todo el mundo tiene algo que hacer y en el que las acciones secundarias enriquecen a las principales, a base de pinceladitas cargadas de humor, y en algunos casos ironía, que me aventuro a afirmar que son puro Àngel Llàcer, por su fondo y forma.
No hay duda de que tanto Guix como Llàcer saben perfectamente lo que tienen entre manos, controlando cada cosa que ocurre en la función de forma muy perceptible y muy gratificante. Podría hablar de esos telones que son pura revista, de esos mutis al más puro estilo de la alta comedia, e incluso podría hablar de la magia que desprende todo el montaje desde que se levanta el telón, pero prefiero que el espectador lo descubra por si mismo y se maraville ante la soberbia propuesta que se está representando el Rialto.
Nos encontramos ante una función de altísimo nivel, de lo mejorcito que se ha hecho en los últimos tiempos, cuyo principal cometido es hacer gozar al respetable, en un canto a la vida y al disfrute, glorioso y plagado de pelucones y tacones de vértigo. Durante dos horas y media uno piensa que el mundo es un lugar mejor, y cuando sale del teatro el buen rollo que La jaula de las locas destila nos lo llevamos puesto. Función hermosa por los cuatro costados, vital y que es TEATRO en estado puro. A mi todavía me dura el subidón... y aviso que pienso repetir. 




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1 comentario:

  1. Cada expresión usada para comentar esta obra, hace que el interés en verlq crezca. Me emociono cuando con solo leer una crítica tan completa, se me eriza la piel como si estuviera sentada en el mismo patio de butacas. Magnífica crítica una vez más querido amigo.

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