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martes, 8 de septiembre de 2020

"Nadie Llora Sobre La Tumba de Electra", El Mito Ajusta Cuentas.

 Por fin he vuelto al teatro, espero de todo corazón que no sea una ilusión efímera, y que poco a poco se vaya asentando de nuevo la cartelera teatral. La industria, los artistas y los espectadores nos lo merecemos, está claro, pero sobre todo hay que entender la dificilísima situación que está pasando el sector teatral, que si hasta ahora sobrevivía, ya no podemos decir eso, porque directamente está pasando por la crisis más dura de la que un servidor tiene noticia. Antes de empezar la crítica quiero hacer un alegato por nuestros teatros y sus gentes, y hacer un llamamiento a quien corresponda para que entiendan el auténtico drama que están suponiendo las durísimas medidas de seguridad que se están planteando, cuando no es así en otras sectores. Plantear algunos espectáculos es inviable en estos momentos, y el teatro a nivel privado se encuentra herido de muerte con unos aforos inasumibles, y unas restricciones draconianas, que no estoy seguro que sean del todo justas. Abogo por una cultura segura, pero existente, y no que nos encontremos bochornosas y absurdas situaciones como la vivida en A Coruña la semana pasada, con una festival lírico en el que el ridículo porcentaje de aforo permitido llevó a sus funciones a la escalofriante cifra de sesenta espectadores. Sensatez y sin ensañamiento, y sobre todo responsabilidad por parte de nuestros gobernantes, que parecen ciegos mudos y sordos, ante la debacle que se está viviendo en las plateas de nuestro país. Dicho esto, empiezo con lo mío, que es hablar de la función que disfruté el pasado domingo, con la que di por inaugurada esta extraña temporada, que se plantea incierta, y sobre todo valiente, ya que aquellos que se atreven a estrenar son unos auténticos valientes que dejan clarísimo su amor por la profesión, profesión que sin duda no se hizo para los cobardes. Me tocaba ir a La Usina, a ver a mis viejos conocidos de Teatro Del Sótano,  signo de emociones fuertes, ya que Francisco J. de Los Ríos a la cabeza de la compañía siempre ofrece veladas intensas y textos de impacto, algo que una vez más se vio cumplido con creces como iré narrando.



"Nadie llora sobre la tumba de Electra" monólogo de Francisco J. de Los Ríos, profundiza en el mito que quizás peor tratado ha sido por el teatro, casi siempre en segundo plano, y menos conocido que otras de las grandes trágicas del repertorio clásico, pero sin duda igual de fascinante que sus compañeras de desdichas en las tablas griegas.

Electra, la pobre Electra, víctima del destino, juguete de los dioses, tratada como una asesina cuando nunca cometió crimen alguno, y eterna segundona de su vengativa madre y su canónico (teatralmente hablando) hermano, se ve redimida en la pluma de nuestro autor, en un complejo texto, en el que nuestra heroína ajusta cuentas con aquellos que tuvieron que ver en su desgracia. El amante de su madre, Egisto, su propia madre, Clitemnestra, y su hermano, Orestes. De los Ríos sirve un texto no exento de lirismo, en el que se profundiza en la psicología de Electra de forma acertadísima, entendiendo perfectamente sus motivaciones, y sus sentimientos hacia los suyos, y con los que vuelta del Hades por un breve espacio de tiempo, habla y sobre todo se desnuda emocionalmente, para después poder descansar, por toda la eternidad, en su gélida tumba. Bajo esta premisa De los Ríos ofrece una gran composición literaria de poderoso acabado, y con una protagonista de las que cualquier actriz se moriría por hincarle el diente, ya que la riqueza del personaje, y su recorrido a lo largo del monólogo son de un interés indudable, ofreciendo una amplia gama emocional de gran dificultad, y por supuesto lucimiento. De los Ríos dosifica muy bien la trama, y sabe dónde y cuándo cargar las tintas, en una progresión ascendente, en las cuatro escenas, además de una introductoria, que podrían funcionar perfectamente como monólogos independientes de Electra con sus mudos antagonistas. Cada escena acaba en una catársis, especialmente la final, en la que la protagonista se muestra, más si cabe, en toda su desnudez emocional para impactar en el espectador con sabiduría literaria y teatral. Si algo hay que destacar más allá de las indudables virtudes del texto, es el profundo amor y conocimiento del mito que nuestro autor posee, al que como más arriba comento redime, y nos lo explica de forma clara y directa, y cruda muy cruda, algo completamente justificado ya que de una tragedia estamos hablando. 

Podemos considerar el texto modélico en su estructura, esclarecedor y en el que estudio del personaje en profundidad es la tónica, resultando muy de agradecer un acercamiento a los mitos, cargado de enjundia, pero asequible a la vez, y que sirve a la perfección como complemento a la inmortal obra de Sófocles, de la que nuestro autor se nutre para enriquecer hasta el paroxismo a la sufrida hija de Agamenón.



 

Jennifer Baldoria, una vez más demuestra lo gran trágica que es en un papel a su medida, con el que se abre en canal para dar absolutamente todo de si misma, sin concesiones y gran generosidad. Nada es gratuito, todo está medido, y todo perfectamente justificado desde el primer verso hasta el último, en una interpretación en el que la emoción fluye con facilidad y amplio recorrido, sin apresurarse pero de forma inexorable hasta la explosión con la que acaba la función dejándonos clavados en la butaca. Baldoria entregadísima y muy implicada emocionalmente defiende el papel hasta la extenuación, con un complicado inicio de obra bien planteado en lo corporal, algo extensible a toda la función, y una organicidad muy conseguida resultando impecable la unión de la palabra con el cuerpo. Quizás donde más brille sea en la escena con su madre, la más complicada por la dicotomía amor-odio que plantea, y que nuestra actriz nos sabe contar sin el menor problema dejando clarísimo lo que el autor quiso explicarnos. Nada chirría en su trabajo, todo parece encajar a la perfección, y sobre todo sabe muy bien lo que tiene entre manos, llegándonos su Electra a los espectadores de forma cristalina, de poderoso acabado y catártico efecto tal y como mandan los cánones.



 

La función, como es habitual, está dirigida por el propio Francisco J. de Los Ríos, siendo inspirada en lo visual, ya que si bien es cierto nos encontramos ante un espectáculo modesto, los recursos se encuentran muy bien aprovechados. Una escenografía sobria y suficiente en la que una tumba plagada de hojarasca y tres figuras alegóricas, francamente inquietantes, de los antagonistas de Electra sirven a la perfección para acentuar el drama y potenciar las diferentes acciones escénicas. Hay un momento cargado de magia teatral en el que Electra se ve prisionera en los brazos de su madre, que resulta realmente impactante, e indudablemente angustioso, y muy bien planteado en lo escénico, es lo que yo ya califico como marca del director, ya que siempre en sus espectáculos nos encontramos con momentos como este que planteo, sorpresivos y de gran eficacia. De Los Ríos ofrece un espectáculo de tiempos reposados, que no morosos, bien servido en lo visual, y en el que juega a su antojo con su actriz, llevándola por los vericuetos del personaje de forma férrea, y en la que se intuye un buen trabajo conjunto, con un exquisito tratamiento del texto, y en el que todo tiene completo sentido, siendo el resultado una función muy bien explicada, y de redondo acabado. "Nadie llora sobre la tumba de Electra" es teatro del bueno, sincero en su planteamiento, y sin pretensiones vacuas, algo que yo agradezco muchísimo. Una vez más, Teatro Del Sótano ofrece lo que tiene, cargado de honestidad, y sin ningún artificio que enmascare lo realmente importante, que es una actriz que llena el escenario por derecho propio, y un público que asiste entre embelesado y respetuoso a lo que está viendo. 

En resumen, nos encontramos ante una propuesta altamente recomendable dentro del circuito "off", que cumple de largo con su cometido, y que no defrauda en su acabado, sinceramente creo que no se puede pedir más. 



 

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martes, 25 de junio de 2019

La Bruja, Dura Y Atmosférica Revisión De Caperucita Roja


Los cuentos infantiles clásicos, son un pozo sin fondo lleno de hallazgos de todo tipo, y que siempre me resultan interesantes cuando se les da la vuelta y se abordan desde el prisma adulto, o cuando una conveniente revisión de lo que en ellos se plantea nos ofrece matices que nos habían pasado desapercibidos hasta ese momento. Estas revisiones han gozado de gran fortuna en no pocos casos, siendo de gran influencia el celebrado libro de Bruno Bettelheim "Psicoanálisis de los cuentos de hadas" leído por un servidor, hace unos cuantos años ya, y que me dejó honda impresión. La realidad sobre los cuentos de hadas, es que son un tratado sociológico y antropológico de muchísima más enjundia de la que nos pueda parecer, y cargados de una brutalidad, que si bien es cierto se ha ido dulcificando con el paso de los siglos sigue latente en estas sencillas historias, siempre aleccionadoras, y en las que los supuestos errores, y digo supuestos porque precisamente en la obra de la que hablaré se hacen varios interrogantes sobre este extremo, de los protagonistas del cuento tienen un precio altísimo y truculento en grado sumo.
"Caperucita Roja" de tradición oral, y escrito por Perrault a finales del S.XVII es el cuento que sirve de inspiración en "La Bruja" texto de Francisco J. de Los Ríos, que se está representando en La Usina, y que presencié la semana pasada, con gran placer por mi parte.
Teatro del Sótano, con De Los Ríos a la cabeza, siempre me sorprende, y me lleva por vericuetos oscuros, con propuestas que remueven conciencias, nada complacientes en sus planteamientos, y de gran capacidad catártica en la mayoría de los casos.



"La bruja" nos cuenta lo ocurrido después de la muerte de Caperucita y su abuela a manos del Lobo, y la venganza de la bruja que da título a la obra, en este caso la madre de Caperucita.
De Los Ríos, como bien explica antes de comenzar el espectáculo, utiliza esta historia, y la figura del asesino en serie real en el que se basó Perrault en el cuento original, para hablarnos sobre la violencia machista, y todo un alegato, oportunísimo por cierto, sobre los prejuicios hacia la mujer y la culpabilización de las víctimas.
El texto nos lleva en su estilo y fondo a los cuentos clásicos, con un poso ciertamente inquietante e indudablemente adulto, donde el sexo se encuentra muy patente, la violencia en el entorno familiar, y por supuesto la figura del maltratador. de Los Ríos tampoco escatima el lirismo a la hora de plantear su historia, siendo el resultado de la función francamente equilibrado y entretenido. La intriga bien tramada, nos va atrapando poco a poco, para ir creciendo en lo dramático y en lo terrorífico, hasta helarnos la sangre en un clímax durísimo y perfectamente perfilado por nuestro autor que nos deja literalmente desmadejados y en el que todo toma el sentido exacto de lo que se nos quiere contar, con escalofriante claridad y tremendo efecto. Es destacable también las profundas simbologías que emanan de cada uno de los personajes de la función, marcadísimas, preclara y muy bien explicadas por nuestro dramaturgo a lo largo de su texto.  



Vayamos con el elenco:
Podemos considerar la función como netamente coral, en la que los cinco personajes tiene su momento de lucimiento, y su importancia dentro de la historia, resultando todos los roles indispensables para el desarrollo de la trama.

Anna Rocío Rivas, como Nadine, resulta conmovedora en su truncada inocencia, y me pareció un acierto de elenco notable, ya que tanto su físico como sus aptitudes como actriz son las más idóneas para un personaje que mal tratado puede caer en lo melifluo, y que en el caso de Rivas resulta convincente en grado sumo, aportando grandes dosis de verdad a todo el desarrollo del personaje. Me impactó en un momento determinado de la función por su madurez actoral, algo que no está reñido con su juventud y reconozco que me dejó estremecido por su organicidad y recorrido, impolutos y de gran acabado.

Susana Patier, como Gisèle, dota de gran presencia a un personaje un tanto desagradecido, que resulta impecable en manos de nuestra actriz. Enérgica y con un buen uso de la voz, Patier dio lo mejor de si misma en todas sus escenas, con la necesaria dureza opresora, y un marcado aire de mujer machista, y cuya composición arquetípica, y naturalista resulta acertadísima y muy reconocible, aunque en este caso se encuentre llevada al extremo. Resulta interesante del mismo modo, el giro que se produce en su personaje en el cuarto final de la obra, donde es consciente de sus errores, y asume lo que se le viene encima de forma implacable. 

Salomé Peña, como Bernadette, magnífica en su composición, y con muchas aristas en el que quizás sea el personaje más rico del texto. Peña nos sirve una Bernadette soñadora, rebelde, optimista y de gran fondo, que guarda un secreto, que aflora en un momento dado, con gran sensibilidad y verdad. Me encanta ver la evolución de un actor, y en el caso de Peña, resulta especialmente gratificante, va ganando peso escénico y enjundia a medida que los montajes pasan, y su progresión como artista es ascendente y la adecuada a todas luces. Vi a nuestra actriz implicadísima en su papel, alejada de cualquier impostación, y sobre todo disfrutando de su trabajo en todas y cada una de las escenas que lleva a cabo. Su química con Anna Rocío Rivas en una bella escena es muy notoria, así como con Jennifer Baldoria con la que parece entenderse muy bien en todo momento. Un diez en este caso para Salomé Peña, por un trabajo honesto y muy bien entendido de principio a fin, donde todo nos queda clarísimo en cuanto a psicología y objetivos, de un personaje complicado y de difícil ejecución.

Salvador Siguero como Gaston, parece no acabar de encontrar su sito del todo, y afronta el papel con algunos problemas en cuanto al texto, que no se encuentra todavía dicho con toda la naturalidad necesaria. Un trabajo quizás mas interiorizado daría un resultado más satisfactorio, o quizás una comunión más lograda entre el cuerpo y la palabra, ya que si bien es cierto, el papel se encuentra perfectamente plasmado en lo corporal, cuando nuestro actor habla, cuerpo y voz parecen ir por lugares dispares, siendo crucial en este caso que se complementen a la perfección para que no nos chirríe en algunos momentos. La por otra parte lograda visión animalesca y torturada de Gaston definen bien el carácter del rol, siendo esa la línea a seguir para llegar a buen puerto en su creación. Siguero crecerá a medida que vayan transcurriendo las funciones, no me cabe la menor duda, lo que se vislumbra así me lo da a entender. 

Jennifer Baldoria, como Aradia. Baldoria en las cotas de excelencia habituales, lleva su papel al límite, resultando estremecedora en sus monólogos, y dotando de grandes dosis de sensualidad al rol, saliéndose del tópico de bruja maligna y avejentada. Baldoria apuesta por una mujer fuerte, decidida, y de gran sensibilidad, en la que se vislumbra una vida muy intensa y en la que los golpes de su propia existencia la han hecho estar de vuelta de todo. Nuestra actriz, con gran intuición y control de los tiempos escénicos, lleva a cabo una creación enigmática y cargada de carisma con la solidez a la que nos tiene acostumbrados. Baldoria se me antoja la musa de Francisco J. de Los Ríos, y como tal ejerce en "La Bruja".



Vayamos con la dirección del espectáculo, que corre a cargo del propio dramaturgo.
Francisco J. de Los Ríos, apuesta por una inspirada propuesta en lo visual, de atmosférico acabado, en la que se encuentra reflejado a la perfección el aire de cuento clásico que se le pretende al texto. Para lograr esa ilusión nuestro director se decanta por unas bien planteadas luces, y cierto aire de ensueño, desde el inicio de la obra, con un cuadro macbethiano muy bien resuelto, en el que el vestuario y las máscaras creación de Edna Brugat, tienen mucho que decir, y que se mantiene a lo largo de todo el espectaculo. La escena culminante de la función, y la más dura también, se encuentra realizada con poderosa fuerza, y resulta profundamente impactante en el respetable, sobre todo teniendo en cuenta los pocos medios con los que dispone la Usina, y que nos encontramos ante una propuesta de modesta factura. Además del esmerado trabajo en lo visual, es remarcable el gran trabajo con los actores que nuestro director realiza, partiendo de la naturalidad como premisa actoral. De Los Ríos controla cada escena a placer, subiendo y bajando el ritmo según pide el texto, sabe donde cargar las tintas, cuando se recrudece la historia, siendo el resultado un espectáculo dinámico, y entretenido en grado sumo, que se ve con mucho agrado, y que nos deja el suficiente poso como para que reflexionemos después en nuestra casa sobre lo visto.
 "La bruja" es sin duda una pieza singular dentro del panorama teatral madrileño, en la que se funden a la perfección el teatro de género, la denuncia social, y un mensaje marcadamente feminista de rabiosa actualidad, dando como resultado, todo esto que planteo un espectáculo realizado con rigor y respetable sentido de la tetralidad sin dejar de lado la reflexión.





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martes, 27 de noviembre de 2018

La Sombra Del Monstruo, Sucedió Una Fría Noche De Verano.

Durante el verano de 1816 ocurrió un hecho que resultó muy importante en la historia de la literatura fantástica, y que además se encuentra envuelto en un halo de misterio, ya que lo acontecido en aquel lejano mes de junio en Villa Diodati entre Percy y Mary Shelley, Lord Byron, el Doctor Polidori y Claire Clairmont, jamás se supo, aunque si se conocen las consecuencias de aquella legendaria reunión de escritores.
El verano de 1816 no existió, y 1816 es conocido como "el año sin verano" ya que la erupción de un volcán en Indonesia provocó dicho curioso fenómeno meteorológico. Este hecho, aparentemente trivial, propició la reunión de los escritores más arriba citados en un villa situada en Suiza, en la que permanecieron recluidos por las inclemencias climáticas, durante tres días. Durante este tiempo inventaron varias historias para entretenerse, saliendo de allí la semilla de dos de los textos más influyentes de la literatura gótica, "Frankenstein, o el moderno Prometeo" de Mary Shelley y "El vampiro" de John William Polidori.
Mucho se habló sobre lo ocurrido durante aquellos días, pero la realidad es que los protagonistas de la historia jamás hablaron de ello, y el misterio sobre lo que allí pasó sigue fascinando en la actualidad a todos los aficionados a la literatura fantástica, y se encuentra presente en la cultura popular de forma fecunda y muy recordada. Desde "La novia de Frankenstein" hasta "Remando al viento" no han sido pocas las ficciones cinematográficas en las que se menciona la reunión de Villa Diodati, así como la infinidad de libros que hablan sobre el tema.
Teatro del Sótano, con Francisco de Los Ríos a la cabeza, siempre buceando por los lados oscuros de la naturaleza humana, se adentra en la sala  La Usina en una de las veladas de aquellos tres días y busca una explicación a la gestación de las composiciones literarias y a lo ocurrido en Villa Diodati en "La sombra del monstruo", texto que esta crítica ocupa.



"La sombra del monstruo" de Francisco J. De Los Ríos, es una pieza de duración media, que consta de un prólogo, un epílogo y el eje central de la obra, en la que se disecciona las diferentes personalidades de los escritores reunidos en Villa Diodati, y los diferentes vínculos existentes entre ellos. Obviamente estamos hablando de ficción y lo que se narra en "La sombra del monstruo" es una suposición con ciertos toques fantásticos de lo allí ocurrido, y que sobre todo plantea dos cosas muy interesantes; toda la simbología soterrada en "El vampiro" y de donde le vino la inspiración a Mary Shelley para su Frankenstein.
Para contarnos esta fascinante historia, De Los Ríos, plantea un trabajo tremendamente documentado y que refleja a la perfección lo que suponemos o conocemos de cada uno de los integrantes de la reunión de Villa Diodati. La obra no exenta de un marcado lirismo, resulta profundamente inquietante por momentos, y que más allá de los toques sobrenaturales ofrece una visión muy creíble de todos los personajes, centrándose más en las figuras de Polidori, Mary Shelley y Byron.
De Los Ríos sirve un texto tenso, que empieza como comedia de salón, para ir adentrándonos poco a poco en el horror, siempre psicológico, en el que el abuso de poder, el maltrato emocional que deriva en violencia física, y las relaciones humanas enquistadas de forma insana se encuentran muy patentes, y son sin duda parte fundamental de lo que nuestro dramaturgo nos quiere contar.
"La sombra del monstruo" posee unos personajes muy bien perfilados, y espléndidamente desarrollados en la mayoría de los casos, y que tienen un sitio muy definido en la velada que se nos cuenta. Claire Clairmont un tanto desdibujada, tal y como siempre nos parece en el grupo , Shelley, ausente por momentos, visceral, desequilibrado y profundamente sensible. Polidori cargado de recovecos, introspectivo y con muchas más cosas que decir que las que se le presuponen en un principio. Lord Byron tiránico, carismático e inquietante, y Mary Shelley analítica, comprensiva y empática que observa y sobrevuela los hechos para ejercer de cronista y empaparse de todo lo allí vivido en aras de su posterior novela.
La obra bien tramada y entretenidísima, no está reñida con lo profundo, y ofrece una perspectiva basada en una fabulación ingeniosa sobre los hechos ocurridos perfectamente verosímil.



Los cinco actores que dan vida a los personajes de la función están muy bien elegidos, y cumplen con las características físicas de cada uno, especialmente un Alejandro Dorado mimetizadísimo con la figura de Byron, ambiguo, y fisicamente frágil, pero cruel y duro en su interior. Dorado extremadamente inquietante en su composición es una de las grandes bazas del espectáculo, construyendo un Lord Byron de una pieza, corporalmente muy ajustado, y muy matizado en sus estados de ánimo. Esther González como Claire Clairmont, resulta adecuada en una difícil composición y con motivaciones diferentes a la del resto de los protagonistas. González parece estar de paso, y más preocupada en su relación con Byron que con las cosas que ocurren en escena, siendo un acierto de visión del personaje, sin duda la mas frívola del grupo, y cuya sensualidad se encuentra muy latente. Claire es el personaje que quizás se encuentre menos desarrollado en el texto, pero ciertamente González no pasa desapercibida aportando cierto aire desvalido que va en total consonancia con lo que se nos quiere contar de ella. Germán García, habitual en Teatro del Sótano, da vida a Percy Shelley de forma muy convincente, y con un mundo interior muy rico. Voy viendo la evolución de este actor y la encuentro muy gratificante, la escucha ha mejorado, el recorrido hacia la emoción se encuentra notablemente trabajado, y los estupendos recursos con los que cuenta, se ven reforzados. Su poderosa voz resulta muy efectiva en ciertos momentos, uno en particular que nos deja secos por su fuerza y lo inesperado del mismo. Otra cosa a tener en cuenta es su vínculo con Mary Shelley, continuamente la busca, la mira, y deja muy claro el vínculo amoroso que los une con ternura y naturalidad. Mattis de la Fuente, como Polidori, fue uno de los actores que más me convenció en un difícil papel, el mas difícil del texto diría yo, y que de la Fuente carga de mucha verdad, y pasmosa profundidad. El leve tartamudeo nada impostado, la continua sensación de estar por debajo del resto, el trabajo de observador de lo que allí ocurre, y por supuesto la durísima escena que le ha tocado en suerte, se encuentran perfectamente definidos en nuestro actor. Resulta asimismo muy importante la relación que tiene con Byron que pasa por el amor más perruno al terror mas profundo con fluidez y sin que nos resulte forzado en absoluto. Mattis de la Fuente lleva a cabo una personalísima creación de gran calidad, y de cerebral composición. Por último Jennifer Baldoria, como Mary Shelley, en un código netamente de primera actriz, sirve una construcción sólida, emotiva y muy implicada emocionalmente, como suele ser habitual en ella. Su gran escena con Polidori resulta de las mejores de la obra y muy definitoria en cuanto al personaje se refiere, así como el epílogo, brillantemente expuesto en forma de monólogo con adecuada progresión dramática. El uso de la voz es magnífico, así como la dicción, y absolutamente todo el texto está dicho con gran sensibilidad, es decir aquello que define el trabajo de nuestra actriz siempre que la veo, solidez, implicación y pulcritud extrema.




Francisco J, de los Ríos, en las labores de dirección, nos lleva exactamente al lugar al que quiere, empezando la obra de forma ligera, para ir cargando las tintas a medida que se desarrolla la trama. Varias cosas son a tener en cuenta, la primera la visión de cada personaje, muy cuidada y bien expuesta, así como la dosificación en cuanto a los momentos mas duros, sin dejar de mantener cierta tensión necesaria que nos deja entender que se está cociendo algo a fuego lento, aunque no sepamos muy bien lo que está por venir, y que una vez que llega nos deja clavados en la butaca, por inesperado y violento. Hay algo enfermizo que pulula por toda la velada, y que nos hace estar alerta durante todo el espectáculo y que sin ser una obra de terror como tal, si que podemos plantearla como de suspense, psicológico, y con unas enrarecidas atmósferas. De los Ríos se sirve de unas poderosas imágenes en momentos puntuales, la sombra del monstruo tan bien planteada y que nos deja bien claro a quien se refería Mary Shelley cuando escribió Frankenstein, la dura escena de Polidori con Lord Byron, y un inspiradísimo epílogo cargado de magia teatral, que concluye la función de forma acertadísima, y con un regusto romántico en perfecta consonancia con la época en la que se desarrolla la acción. Esa forma de acabar el espectáculo y de contarnos el trágico destino de sus protagonistas es uno de los mayores hallazgos de la obra y que nos deja un delicioso sabor de boca al finalizar la función. "La sombra del monstruo" resulta una atractiva propuesta, que aporta una visión diferente de unos hechos muchas veces planteados, pero nunca desde este prisma, en el que el análisis psicológico, el sometimiento de los fuertes hacia los mas débiles, y la gestación de las obras de arte, se encuentran reflejados de forma impecable, y con situaciones de no poca enjundia teatral. 





miércoles, 16 de mayo de 2018

La Balada Del Hombre Pájaro, Nuestros Infiernos Particulares.

Es una reacción común del ser humano aquella en la que cuando el horror nos rodea, nos escapemos de la realidad para de esta manera aliviar el sufrimiento y poder sobrellevar los reveses de la vida, que en muchos casos pueden ser extremos. Esto que planteo se da en casos como los conflictos bélicos, cautiverios y secuestros, y todas aquellas situaciones en las que definitivamente la capacidad de aguante de nuestro cuerpo y nuestra mente se ha visto rebasada con creces. Deconozco si esta reacción es un mecanismo de autodefensa, o simplemente es que una vez atravesado un punto, nuestra razón desaparece completamente superados por el dolor.
Los resortes de nuestra mente son curiosos, y a veces terribles, yo mismo conozco un caso en el que una persona aquejada de demencia, los últimos años de su vida, todos los días repetía el momento en el que su hermano fue sacado a rastras de su casa, durante la Guerra Civil, para posteriormente ser fusilado, viviendo ese momento una y otra vez cómo si de una especie de castigo bíblico se tratara. No me imagino un infierno en la tierra mayor que ese, y supongo que las cosas que nos guardamos para nosotros, muchas veces salen al exterior de la forma mas insospechada, ya que la realidad es muy tozuda, y aunque no queramos verla, ahí está llamando a nuestras puertas, con las fauces bien abiertas, y dispuesta a devorarnos de un bocado sin el mas mínimo problema.
Nuestros viejos conocidos de Teatro del Sótano se encuentran en La Usina explorando estos resortes de nuestra mente, y a la vez analizando los horrores de la guerra, en "La Balada del hombre pájaro" con Manuel Aguilar a la cabeza, así que no pude resistirme una vez mas, a las emociones fuertes que siempre nos aporta ésta compañía teatral, que al ritmo que van se convertirán en una de las mas prolíficas de nuestra cartelera, y en la que sus señas de identidad, cada día aparecen mas claras y definitorias.


"La balada del hombre pájaro" de Francisco De los Ríos, es una pieza corta, apenas llega a la hora de duración, de interesante factura, en el que se nos cuenta la historia de un hombre que ante lo que le rodea, suponemos que un conflicto bélico, se aleja de la realidad viviendo en un onírico entorno en el que precisamente todo aquello que le ha llevado a esa situación se le aparece de forma simbólica y en extremo dolorosa para nuestro protagonista.
De Los Ríos se sirve de un lenguaje extremadamente poético para contarnos, que es lo que ha llevado a esa situación al personaje principal del texto, y cuales son los fantasma que lo atenazan. En la obra se huye de lo obvio, apelando a la inteligencia del espectador, que debe saber leer entre líneas, para hilvanar lo que se nos quiere contar y en la que se nos abstrae completamente de una narración convencional, para adentrarnos en una historia contada de forma aparentemente inconexa, tal y cómo es la psicología de nuestro protagonista, pero que de inconexa no tiene nada, ya que se nos van dando pistas continuamente hasta que finalmente vemos claramente lo que ocurre.
De todos los textos de Francisco de Los Ríos que he visto, este es el mas complejo, y quizás el que mas se adentra en los recovecos de la mente humana, de forma muy convincente, dura y profundamente alegórica.



Vayamos con el elenco.
Jorge Bódalo de indudable presencia y estupendo tono físico y vocal, lleva a cabo una creación muy de verdad y perfectamente medida, en la que logra integrarse facilmente a la función a pesar de encontrarnos practicamente en la recta final de la misma. Nada nos chirría en su aparición, y un trabajo limpio y muy bien perfilado deja muy claro para que ha venido y que quiere contar.

Jenny Baldoria en su línea habitual de actriz intuitiva y con grandes recursos dramáticos, nos lleva a diferentes estados emocionales, en un complicado papel de oníricos trazos, y costuras surrealistas, que se ve perfectamente plasmado por nuestra actriz. De fantasmagórica presencia, resulta inquietante por momentos, temible a ratos, y también no produce mucha piedad en algunas escenas, siendo la paleta emocional en la que nuestra actriz se mueve, amplia, difícil y muy bien construida, resultando satisfactoria en todas las aristas que el personaje ofrece y que Baldoria entiende perfectamente, viéndose reflejado en la función de forma cristalina.

Manuel Aguilar lleva todo el peso de la función en un comprometidísimo papel que no le deja ni un respiro desde la primera escena. Nuestro actor se sube a una montaña rusa emocional de gran altura interpretativa, y lleva a cabo un sólido trabajo actoral, cuya implicación nos deja completamente fascinados. Cuando acaba la función Aguilar durante unos segundos sigue con la mirada extraviada mientras saluda al respetable, dejando muy claro la honestidad y profundidad de un trabajo que no pasa en absoluto desapercibido, que se ve reflejado desde la verdad y sobre todo desde un enfoque dramático muy conseguido. El sufrimiento de nuestro protagonista se vislumbra de forma muy directa y realmente catártica por momentos. Sus monólogos resultan tremendos, y lo que es mas importante, todo se entiende perfectamente. Aguilar sabe el lugar al que quiere llevarnos y lo consigue en progresión ascendente y profundamente emotiva.



Francisco De los Ríos dirige su texto, como es habitual en él, y nos ofrece su trabajo mas ambicioso a todos los niveles. Desde el acertado espacio escénico, en el que lo que aparentemente es un basurero nos va mostrando toda su fuerza simbólica según va avanzando el espectáculo y deja bien claro lo que significa dentro de la vida del protagonista del texto, es decir su infierno o purgatorio particular, donde convive con sus fantasmas interiores, con los que se comunica y con los que expía su dolor. De los Ríos se sirve de cierto tono surrealista que acrecienta la sensación onírica sobre lo que está ocurriendo, y en el que un enigmático pozo tiene mucho que decir al respecto. Los actores siguen  unas directrices mas que claras que se ven perfectamente plasmadas en las interpretaciones, y muchísimas de las acciones se encuentran apoyadas con unas metafóricas imágenes que funcionan desde que comienza la función. Nos encontramos quizás con el texto mas difícil y mas personal de todos los que le he visto a Teatro del Sótano, y el resultado es de una gran madurez a todos los niveles, y una profundidad psicológica realmente notable. De los Ríos nos lleva por los vericuetos del alma humana desde el dolor mas extremo y primitivo, siempre desde un punto de vista poético, nada obvio, y cuidando hasta la extenuación el trabajo de sus actores, que se encuentran muy cómodos en sus difíciles papeles, ya que parece ser que nuestro director les ha dejado hacer, dando muchas alas a todos los personajes. Mención aparte para las atmósferas conseguidas gracias a la música que acompaña al texto, un acierto total, y que rematan el montaje de forma mas que notable y con no poco poso dramático. Nos encontramos ante una propuesta sólida, honesta y para paladares exquisitos, ya que su dureza y su lirismo, convierten esta pieza en una delicatessen que necesita reposo una vez que se ha visto. Teatro del bueno, profundamente sensitivo y con mensaje, duro y necesario, es nada mas y nada menos lo que Teatro del Sótano ofrece con su "Balada del hombre pájaro". Función absolutamente recomendable desde todo ángulo, con profundo espíritu alternativo, y realizada con un mimo absoluto.

miércoles, 7 de febrero de 2018

La Habitación, Terror Gótico Para Una Tarde De Domingo

Me encantan las historias de terror, con los años mis gustos sobre este tema han variado, y la truculencia tan buscada en a adolescencia, ha cambiado por mi preferencia por lo sutil siendo el terror psicológico mi favorito en estos momentos. Esto no quita para que los relatos góticos se mantengan dentro de mis favoritos, siendo Poe uno de mis autores de cabecera. Cuando era estudiante de interpretación, llegué a realizar una adaptación de "El corazón delator" ya que me pareció que tenía mucho interés como ejercicio teatral sobre todo en el personaje central, cuyo estado emocional tan aprovechable puede resultar para estos menesteres. Con esto quiero decir que mi afición por Poe viene de largo, y que mi primer contacto con el se remonta a las películas producidas por Roger Corman con las historias mas famosas del escritor estadounidense, y que toda una generación vimos de niño en los famosos ciclos de cine de TVE que se emitían por aquellos tiempos.
Poe y su particular universo de terrores primarios forma parte de mi memoria como espectador, y también forma parte de mi vida, en un momento en el que el género de terror era todo para mi.
Esta disertación sobre el bueno de Edgar Allan Poe viene a colación de "La habitación" obra que se está llevando a cabo en La Usina, y que en cuanto pude me escapé a ver por varios motivos, siendo el primero lo difícil que resulta ver teatro de género en nuestro país, el segundo obviamente  mi admiración por Poe y el terror gótico, y el tercero el ver de nuevo a la troupe de Teatro Del Sótano, con Francisco De los Ríos a la cabeza, haciendo de las suyas una vez mas, y que nunca deja indiferente al espectador con sus siempre interesantes propuestas. 


La habitación, es una pieza de duración media del propio Francisco De los Ríos, en la que se explora el universo de Poe, y se sirve de su imaginario para contarnos una historia que no bebe unicamente de Poe, sino también del Lovecraft en algunos aspectos, sin renunciar en ningún momento a las señas de identidad de Francisco De los Ríos como dramaturgo. No pienso decir nada sobre el argumento de la función, en este tipo de teatro el factor sorpresa a la hora de encontrarnos con la historia es crucial, por tanto intentaré no destripar nada del argumento.
De los Ríos utiliza de forma inteligentísima el personaje central de "El extraño caso del Señor Valdemar" para contarnos que fue de él después de los hechos del célebre cuento de Poe, cuya historia se ve perfectamente integrada en "La habitación" para que luego nuestro autor nos cuente lo que realmente quiere.
Tres personajes, mucha atmósfera, una intriga sorprendente y muy bien dosificada, relaciones insanas y humor negro son los elementos que De los Ríos mete en una coctelera muy bien movida, para que el resultado sea un "divertimento", en sus propias palabras, la mar de jugoso, con mucha chicha teatral, realmente inquietante por momentos, y  sobre todo entretenidísimo, y que satisface al espectador de principio a fin.


Vayamos con el elenco.
La obra se sustenta en tres actores, con unos personajes muy bien diferenciados y que equilibran el espectáculo de forma estupenda, dando cada uno lo mejor de si mismos, y entendiendo muy bien la psicología de cada personaje y sus vínculos.

Mariel Peralta lleva a cabo una creación con ciertos ecos de la Sra. Danvers de Rebecca, la película de Hitchcock, en la que todo cuadra en la segunda parte de la función, y lo que chirría al principio se ajusta perfectamente en el arco del personaje. Peralta tiene un recorrido sorprendente y muy efectivo dentro de una sobriedad encomiable, y muy en consonancia con su papel. Reconozco que ha sido una grata sorpresa, dadas las complicaciones de un personaje que va creciendo de forma gradual y bien medida según avanza el texto resultando inquietante en grado sumo, y muy singular en su forma de hacer.

Pablo Calvo se encuentra mas que convincente, en un papel de difícil ejecución, con un largo monólogo ciertamente comprometido que resulta perfecto de principio a fin, consiguiendo mantener el interés, y resultando muy descriptivo en su resultado. Calvo juega, arriesga, y gana, aportando todos sus recursos de forma medida e inteligente. Nuestro actor no resulta nada afectado y todo se ve orgánico tanto a nivel corporal como de texto, siendo el resultado de su trabajo un ejercicio de naturalidad y oficio muy gratificante, en el que destaca como un gran contador de historias, y con una estupenda resolución técnica.

Jennifer Baldoria como siempre impecable, en su código emocional tan bien medido, y tono de voz impoluto. Actriz intuitiva y generosa, sabe escuchar, hacerse escuchar, y mandar en sus escenas como la primera actriz que es. Resulta conmovedora o temible dependiendo del momento, y la exposición de su personaje resulta cristalina, especialmente en el vínculo con su hermana llevada a cabo por Mariel Peralta, donde lo tortuoso de su relación se ve muy bien reflejada en la segunda parte del espectáculo, donde Baldoria pone toda la carne en el asador, sacando la artillería pesada, tal y como ella sabe hacer. He visto a Baldoria en varios papeles y nunca falla, eso si, me muero por verla haciendo comedia, estará deliciosa, no me cabe ni la mas mínima duda. 



Francisco De los Ríos, además de dramaturgo, ejerce la dirección del espectáculo. 
Para llevar a escena la función De los Ríos consciente de lo importante que son las atmósferas en este tipo de espectáculo cuida mucho la iluminación, en el que las velas dan una impronta muy especial a la función, así como los efectos de luces y sonoros que ayudan muchísimo a la sensación de desasosiego que el espectáculo produce en el espectador. Nuestro director juega con el respetable a su antojo y dota a "La habitación" un aire que recuerda a las "Historias para no dormir" de Chicho Ibáñez Serrador, que a fin de cuentas no dejaba de ser teatro filmado para la televisión. 
Dirige a sus actores en un código netamente naturalista, y se parte de ellos mismos a la hora de enfocar las interpretaciones, algo que enriquece mucho al espectáculo, y se vislumbra que no deja ni un solo detalle en el tintero, tanto en los vínculos, como en las inflexiones del texto, así como en el ritmo que se le quiere dar al espectáculo, que pasito a pasito, sin prisa pero sin pausa, nos va absorbiendo hasta dejarnos pegados en la butaca a medida que la tensión va subiendo. Otra de las genialidades del texto es el personaje de la madre, no ver al "monstruo" da mas miedo que lo obvio, y el planteamiento que De los Ríos hace de dicho rol, me parece magistral, tanto dentro de la obra como a nivel escénico. Reconozco que mi imaginación iba a mil por hora durante el espectáculo y que mas de un salto di en mi butaca, algo sin duda labor de Francisco De los Ríos y su equipo de trabajo.
La habitación es un entretenimiento de primer nivel, modesto en su envoltorio, pero realizado con un mimo, y un cariño hacia el género, sus códigos, y con un trasfondo sobre ciertos aspectos de la sociedad que se encuentran muy patentes en el texto y que se ven perfectamente reflejados tanto en el texto como en la función. Si queréis pasarlo de miedo La habitación es vuestro espectáculo, avisados estáis.



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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Troyanas, O La Terrible Actualidad De La Barbarie.

El domingo pasado, día que me disponía a ver Troyanas, me enteré de una historia escalofriante, que salió en prensa hace un par de meses y cuya atrocidad me dejó perplejo. Una esclava sexual de Daesh, secuestrada y sin alimentar desde hacia varios días, descubrió con horror después de comer un plato de arroz con carne que sus captores le ofrecieron, que la carne del arroz era su propio hijo de un año, también en manos de los terroristas, que de forma brutal cocinaron para dárselo a su madre. Esta salvajada ha ocurrido hace poco, en pleno S.XXI, no es algo que nos pille muy lejos en el tiempo, y que nos haga pensar en lo bárbaros que eramos, no. El ser humano es cruel, especialmente con sus semejantes, por desgracia creo que es inherente a nuestra naturaleza de depredadores despiadados y parasitarios. Por mucho que pasen los siglos, hay actitudes que se repiten de forma cíclica y que no varían nunca ni en su desarrollo ni en su final. 
Los griegos plasmaron en sus tragedias unas atrocidades que hoy nos horrorizan, pero que visto como está el mundo, lamentablemente, no están tan lejos de nuestra sociedad, y el terrible ejemplo con el que comienza la crónica bien podría ser un texto de Eurípides escrito para llevar hacia la catarsis a los espectadores de su época.
No quiero frivolizar con un hecho tan grave, simplemente planteo que todos estos siglos de exposición y estudio del alma humana en infinidad de textos teatrales, de poco parecen haber servido para nuestro avance como especie, que cuando se ve con poder, y ejerce la violencia, lo hace de una forma tan brutal que nos causa pavor y asombro a partes iguales.
Las Troyanas habla de cosas que por desgracia siguen de completa vigencia en estos tiempos que nos han tocado en suerte, y para vergüenza de la raza humana 2500 años después de su estreno seguimos exactamente igual, algo que la dura versión de Francisco J. De Los Ríos que se está representando, con gran éxito en La Usina, me hizo ver de forma cristalina.



Las Troyanas de Eurípides representada por primera vez el Siglo V a.C., es una de las tragedias griegas mas conocidas y mas llevadas a escena de todas cuantas se conservan. Esta obra formaba parte de una tetralogía que estaba compuesta por tres tragedias y una comedia, y de la que solo se conserva el título que esta crítica ocupa.
Las Troyanas es una cruda exposición sobre la crueldad de la guerra, y muy especialmente de los vencedores sobre los vencidos. Para ello Eurípides nos habla del triste destino de las mujeres troyanas, en su mayoría viudas, una vez terminada la guerra con los aqueos. La historia gira en torno a Hécuba, esposa de Príamo, rey de Troya de gran bondad y trágico final, como casi todos en esta historia. Hécuba sufre en carne propia su desgracia como testigo del nefasto destino de sus hijas, y de su malogrado nieto, por culpa de la desmedida crueldad de los aqueos una vez finalizada la guerra, siendo esta tragedia un ejemplo paradigmático de la famosa hybris, en la que se exponía la transgresión de todas las normas impuestas por los dioses a los hombres.
Francisco de Los Ríos adapta Las Troyanas originales, y reduce sus personajes a cinco, Hécuba, su hija Casandra, su nuera Adrómaca y añade a Polemós (personificación de la guerra y las batallas en la mitología griega) y que sirve para el avance de la acción como funesto mensajero de los poderosos aqueos hacia las sufridas troyanas.
De Los Ríos lleva a cabo una inteligente condensación del texto original, que va a la esencia del texto con perfecta coherencia dramática, limando un texto, árido en su origen, para hacerlo mas asequible, y que define perfectamente cada personaje y cada psicología, resultando muy adecuado para el espectador de hoy en día que entiende perfectamente lo que Eurípides quería contar, y lo que  De Los Ríos quiere denunciar, como posteriormente explicaré cuando llegue el momento de hablar de la propuesta escénica.



Vayamos con el elenco, atinado en general y superlitivo en algunos casos.

Miriam Arroyo, como Andrómaca.
 Correcta, y de menos a mas, ya que se crece  a partir de que le arrebatan a su hijo. Arroyo lleva a cabo una sufrida y sensible madre, cuyo mutismo en algunos momentos nos deja desolados, y que acompañado de un frágil aspecto físico, consigue que nos apiademos de ella. Arroyo resulta muy creíble fisicamente, y nos recuerda a cualquier mujer musulmana de las que vemos por las calles de nuestra ciudad con su kaftán y velo. Mujer anónima, un tanto anodina,ama de casa, discreta y doliente por dentro. Ese aspecto de la visión de Andrómaca que se da en la función está conseguidísimo y resulta familiar y conmovedor. 

Salomé Peña, como Helena.
Irregular. Peña no nos deja muy claro cual es el objetivo de su personaje, y tampoco llega a la emoción de forma totalmente convincente. Me explico, Helena aparece como altiva y distante, y posiblemente como una traidora. Pero eso no quiere decir que no sufra por lo que ocurre a su alrededor. Peña no consigue ese difícil punto intermedio que definiría mejor al rol, ya que cuando de llegar a los momentos mas dramáticos se trata, se vislumbra cierta impostación, que no fui capaz de dilucidar si está incorporada al rol porque realmente no le importa lo que está pasando, y por tanto finge, o es que a nuestra actriz le cuesta implicarse mas emocionalmente. Encontré  interesantísimo el personaje tal y como se plasma en la obra pero Salomé Peña desaprovecha el bombón que le ha tocado en suerte imprimiéndole  una lectura demasiado superficial y no muy afortunada. Fisicamente da el papel a la perfección, y la composición corporal resulta muy acertada. Si nuestra actriz plantea un acercamiento mas profundo a nivel psicológico, algo que creo que puede hacer porque tiene momentos bastante conseguidos, seguro que terminará interpretando una Helena de Troya estupenda.



Germán García, como Polemós.
García va creciendo como actor, y desde la función de Víctimas que le vi hace un tiempo a ahora, hay cambios y para bien. Polemós es terrorífico en su planteamiento, despiadado y cruel, pero tiene matices y atisbos de humanidad por momentos, que García consigue transmitir de forma correcta e interesante. Muy entregado y haciendo un estupendo uso de la voz que resulta atronadora entre ese coro de mujeres dolientes, Germán García cumple sin aparente problema. El personaje no necesita ni mas ni menos, quizás algunos pasajes dichos menos de paso, enriquecerían la por otra parte estupenda creación que lleva a cabo.

Jennifer Baldoria como Casandra.
Baldoria se mueve como pez en el agua en la tragedia, y la psicología de Casandra le va como anillo al dedo, siendo el resultado una interpretación de altura. Baldoria experta en personajes de rico mundo interior y un tanto despegados de la tierra, logra un maravillosa ilusión con su Casandra, que en trance hipnótico profetiza toda serie de desgracias, y nos hiela la sangre en una escena de enajenación que me trajo ecos de Lucia Di Lammermoor, vestida de blanco y ensangrentada después de haberse cosido los genitales. Casandra nos resulta inquietante y a la vez nos transmite infinita piedad como mujer completamente sobrepasada por los acontecimientos, y que no es capaz de asumir su destino. Su Casandra se encuentra inmersa en su propio drama, completamente ida e introspectiva. Baldoria lleva a cabo un trabajo milimétrico de estudio del texto, una composición psicológica impoluta y una interpretación de impactante crudeza que no pasa desapercibida en absoluto.

Marina Andina, como Hécuba.
Andina lleva a cabo un trabajo mayúsculo, mandando en escena desde que empieza la función. Todo suena fluido, y nuestra actriz parece incorporar el personaje a su carácter de forma natural y asombrosa. Andina escucha a sus compañeras de manera impresionante, las apoya y el papel de matriarca parece reflejarse en su tónica de trabajo, que no hace mas que enriquecer todo el espectáculo con su mera presencia. Sus miradas son de impresión, y los quiebros de la voz imponentes, pero si algo caracteriza a su Hécuba, es la  medidísima progresión dramática del personaje, cuyo recorrido está perfectamente plasmado y justificado con aparente, solo aparente, facilidad. El trabajo que se vislumbra tras su interpretación es enorme, y queda muy patente que todo está muy medido, estudiado e incorporado con organicidad y gran oficio. La escena final en la que entierra a su nieto es completamente desgarradora, y lo es por la sensibilidad desde la que está abordado el personaje, aquí no hay desmelene gratuito, o efectistas trucos de cómico malo, no señor. Aquí hay verdad, oficio y mucha sabiduría. Andina lleva a cabo una Hécuba de altura, telúrica, férrea y de personal factura que impresiona al espectador de forma rotunda.






Francisco J. De Los Ríos, firma la producción, además de la adaptación. La propuesta de nuestro director, pasa por ambientar la acción de forma acertadísima, en el Alepo presente. Las similitudes de la actualidad siria con el argumento de Las Troyanas resultan escalofriantes, y realmente la vigencia del texto de Eurípides queda mas que patente de forma preclara y conmovedora. De Los Ríos mantiene a los personajes de la historia en varios planos diferentes, Hécuba y Casandra atemporales y de concepción mas clásica, y Helena, Andrómaca y Polemós completamente actualizados y funcionando a la perfección, sin que nos chirríe ni que nos resulte extraño en ningún momento. La acción se desarrolla en un espacio indefinido, que recuerda a las ruinas de una ciudad arrasada en la que nos encontramos toda clase de objetos, y en el que la tierra tiene una presencia muy marcada con absoluta lógica, dado lo que se cuenta en la función. Todos los personajes están perfectamente definidos, y la visión de los mismos resulta muy interesante. No esperéis una versión ortodoxa del texto de Eurípides, sino una acercamiento acertado y respetuoso, que desmenuza la esencia de la obra original de forma inteligente y asequible.
Francisco J. De Los Ríos sabe donde y como cargar las tintas, en un espectáculo desolador para el espectador y que no deja lugar a esperanza alguna en su resolución final, de claro mensaje y muy emotivo, siendo el resultado muy interesante y satisfactorio. Llevando al espectador a la catarsis en su escena final tal y como mandan los cánones del teatro griego.
La obra resulta dura y necesaria, dada la realidad que denuncia y que nuestro director expone de una manera cargada de sensibilidad y realmente desgarradora.
Lo que si que es realmente terrible de la producción, es que se encuentra de completa actualidad. Lo que Troyanas nos cuenta a gritos y de forma tan dramática, está ocurriendo en Alepo y en muchos lugares del mundo mientras estáis leyendo estas líneas. Es necesario que lo tengamos presente, aunque sea desde la comodidad de nuestra "civilizada" cultura occidental. No lo olvidéis... los componentes de Troyanas creo que no quieren que lo olvidemos, conmigo desde luego lo han conseguido.





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martes, 4 de octubre de 2016

Víctimas, La Visita De La Vieja Muerte

Hay que ver teatro alternativo, no queda otra. En estos duros tiempos para nuestros actores, las salas pequeñas son la única opción que le queda a los profesionales para salir adelante ante la escasez de trabajo. Las salas alternativas suplen medios con vocación férrea, amor al teatro y una encomiable labor de investigación rotundamente necesaria para el avance del lenguaje teatral. Cuando voy a ver una obra alternativa busco que me sorprenda, descubrir nuevos actores, y un profundo estudio de lo que se está llevando a cabo. El germen del teatro mas puntero casi siempre viene de lo alternativo y de la investigación, por tanto bienvenido sea el auge de las salas pequeñas, y esperemos que los distintos circuitos teatrales madrileños se sigan asentando, y sobre todo dignificando las condiciones de trabajo del circuito "off" de los artistas que hoy en día practicamente trabajan por amor al arte, así que ya sabéis, a ver todo tipo de teatro, siempre y cuando os llame la atención, y a quitarse los prejuicios de encima. Es necesario y gratificante.
Me surgió la oportunidad de asistir a Víctimas en la Sala La Usina, y la verdad es que viniendo del mismo equipo que la temporada pasada sirvió la magnífica La Ira De Polifemo ya comentada en este blog, ni me lo pensé dos veces a la hora de verla.



Víctimas de Francisco J. De Los Ríos, es un inteligente texto donde se encuentran varias cosas que se deben mencionar. En esta obra se nos cuenta una historia terrible, que no desvelaré, remozada de una intriga muy bien dosificada y un lirismo muy atinado que en ciertos momentos nos asombra por su belleza y la fuerza de sus figuras literarias. Partiendo de la base de dos personajes esperando a que la muerte venga a visitarles, nos encontramos con un texto de inspiraciones clásicas en sus recursos, con ecos de tragedia griega y por supuesto la figura de la muerte como un personaje mas (aunque no se vea en escena) recurso casi tan antiguo como el propio teatro, y que tantos y jugosos ejemplos nos ha dado y nos da.
De Los Ríos con gran dominio de los tiempos literarios y un duro conflicto argumental, consigue desconcertar en un principio, entretener, y finalmente sorprender al respetable. Esto es posible gracias al impacto de lo que nos cuenta, y el sutil humor negro, negrísimo, que esta historia destila y que nos deja secos en nuestra butaca en algún momento. Con  un aire muy Nieva, aunque mucho mas oscuro que este autor, clarísima vocación de independencia y ciertamente buscando el revulsivo de forma bien entendida, nos encontramos ante una función mas que interesante, y que no defrauda al espectador ávido de emociones fuertes, dando especial importancia a la palabra emociones, ya que de eso va el tema, emociones, instintos primarios y la eterna dicotomía víctima-verdugo tan interesante y que tanto fascina al ser humano.



La obra está interpretada por Jennifer Baldoria y Germán García, que dan vida a dos hermanos.
Ambos se complementan muy bien dada la marcada diferencia de los dos personajes y que dan un equilibrio perfecto a la función.



Germán García menos emotivo que Baldoria dado el duro carácter de su papel, consigue una interesante composición basada en un tono de salmodia muy interesante y su forma doctrinaria de hablar que plantea ideas repetidas por imposición pero sin reflexión. Desde ese prisma su personaje funciona perfectamente, pero no acaba de estar del todo redondeado ya que llegar a la emoción no está conseguido del todo y el recorrido resulta un tanto brusco faltándome una progresión que haría mas creíble los, por otra parte, difíciles e impredecibles cambios de estado emocional de su personaje. García está correcto no cabe ninguna duda y va de menos a mas a medida que avanza la función, y a pesar del detalle que mas arriba narro resulta convincente en el vínculo con su partenaire, así como en sus objetivos.

Jennifer Baldoria consigue una creación asombrosas que nos impacta desde que sale a escena. Concentradísima y muy implicada emocionalmente, posee un rico mundo interior que se ve perfectamente reflejado en su personaje, que sin ninguna duda, vive mas de dentro a afuera que de afuera hacia adentro. Las cotas de intensidad que Baldoria nos transmite son muy elevadas en algunos momentos, y el particular uso de la voz que realiza es muy sugestivo. Partimos de una interpretación sin fisuras que asombra por su solidez, y por su grado de verdad, que dado el complicado carácter que le ha tocado en el reparto de papeles no es ninguna broma. Su personaje revive el pasado de forma muy sensorial y así nos llega a nosotros, se aferra a sus tesoros y a sus recuerdos, para rumiarlos a gusto y después regurgitarlos en el momento preciso, e ir desvelando los secretos que Víctimas tiene y que tan bien dosifica. Estamos ante un trabajo de altura en el que el grado de comunión actriz-personaje es tan grande que realmente a veces asusta, y que sin duda es muy a tener en cuenta.



La propuesta escénica viene firmada por el autor del texto Francisco J. De Los Ríos. De índole sencilla, ya que prima el trabajo actoral, pero de conseguidas y enrarecidas atmósferas especialmente en la primera parte del espectáculo, donde una extraña y desasosegante proyección nos parece introducir en un lúgubre túnel que define muy bien la situación por la que están pasando nuestros protagonistas. De Los Ríos justifica perfectamente todo lo que ocurre en escena con unas acciones muy bien planificadas y que apoyan a la perfección el trabajo de los actores, y consigue que lo que en un principio es premeditadamente incomprensible se vaya ajustando a la perfección y nos vaya desgranando todos los secretos que Víctimas tiene escondidos, que son unos cuantos. Todo está perfectamente estudiado y el cuidadoso tratamiento de los tiempos es muy notable produciéndose un efectivo crescendo que de vez en cuando nos da un respiro concluyendo de forma muy brillante, para finalmente quedarnos helados ante lo que transcurre en escena. La ausencia de música sustituyéndose ésta por unos golpes continuos, inclementes y que producen gran sensación de intranquilidad, fomentan  todavía mas el enrarecido ambiente que rodea a este cuento cruel que es Víctimas. Un diez para Francisco J. De Los Ríos, que da el punto justo de sazón que su texto necesita para que no decaiga y nos transmita exactamente todo aquello que pretende.



En definitiva una propuesta mas que recomendable, no apta para todos los estómagos dada su poca complacencia y la dureza de lo que plantea, pero que no defrauda en absoluto y que nos deja un estupendo regusto a teatro muy bien hecho, muy bien pensado y mimado hasta la extenuación. Víctimas no es precisamente un paseo por el campo en un día de primavera, no nos llamemos a engaño, pero a veces uno se lo pasa muy bien pasándolo mal, y sin duda esta historia para no dormir que nos cuenta Víctimas, está escrita para que pensemos y que lo pasemos un poco mal, por tanto su cometido está mas que cumplido.


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