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miércoles, 22 de febrero de 2017

Las Brujas De Salem, El Negro Crisol Del Fanatismo

Hay textos que se me antojan imprescindibles para la formación de cualquier persona. Las brujas de Salem de Arthur Miller que se está representando en el Teatro Valle Inclán, es para mi uno de ellos. Adoro a Arthur Miller, es uno de mis dramaturgos estadounidenses de cabecera junto con Tennessee Williams y Eugene O´Neill. Ver un texto de Arthur Miller siempre es sinónimo de emociones fuertes, y un sentido de nuestra sociedad descorazonador y extremadamente realista. Los conflictos de las obras de Miller siempre son poderosísimos y se mantienen incólumes sin perder ni una pizca de su fuerza. Cuando salió la programación del CDN de esta temporada Las brujas de Salem eran para mi el título mas importante, y uno de los que mas deseaba ver en directo, ya que nunca se me había logrado y desde mis tiempos de estudiante de interpretación que es un título que forma parte de mi mitología particular. Me saqué las entradas con mas de un mes de antelación, fila tres para no perder ripio y el pasado día 19 con ganas de disfrutar me acerqué al teatro un poco sobrecogido, ya que conociendo el material de base sabía que me iba a dejar arrastrar por la prosa de Miller sin remisión. Con esto quiero decir que para mi, ver Las brujas de Salem no era ver una función mas de teatro, era un acontecimiento importante y muy deseado. Me dejé arrastrar, me emocioné y se me saltaron las lágrimas, no se si por lo ocurrido en el escenario o porque me pilló blandito, pero para mi fue una experiencia muy intensa que quizás esté mas allá de lo meramente teatral para entrar en lo personal.



Las brujas de Salem se escribió en 1952 y se estrenó en Broadway en 1953. El texto de Miller no se puede separar del período de la historia estadounidense conocido como "la caza de brujas" y que cuando se estrenó la función de teatro se encontraba en pleno apogeo. La caza de brujas consistió en la persecución de cualquier persona sospechosa de ser comunista, llegando a convertirse en una triste época donde las listas negras, las delaciones y el miedo eran pan de cada día, resultando de ello uno de los períodos mas oscuros de la historia de Estados Unidos. El propio Miller fue represaliado por no dar nombres en la comisión investigadora a la que se vio sometido debido a la acusación de simpatizante comunista por parte de Elia Kazan. Miller se acogió a la Quinta Enmienda y como consecuencia se le retiró el pasaporte y aún y con esas Miller no cedió a las presiones, y jamás delató a nadie.
Nuestro autor se sirvió de un oscuro hecho histórico ocurrido en Salem para plasmar la irrespirable atmósfera que se estaba viviendo en aquellos tiempos en su país donde cualquiera se podría ver bajo sospecha, por motivos en muchos casos ajenos a la ideología del encausado, ya que las rencillas y los intereses muchas veces fueron el catalizador de las denuncias. Los hechos que Miller narra, con ciertas licencias literarias, se refieren a los jucicios de Salem que transcurrieron en 1692. Como consecuencia de dichos juicios 19 personas fueron ejecutadas por brujos, y mas de 200 encausados, para finalmente demostrarse que todo había sido un invento de unas adolescentes que llevaron la paranoia y el miedo a unos límites tan terribles que la historia trascendió practicamente a nivel mundial. Nadie estaba libre de acusación en Salem, un conflicto de tierras o una palabra mal dicha hacia las niñas conllevaba una acusación con alta probabilidad de cárcel o pena capital. El cerrado entorno de Salem con la secta de Los Puritanos como habitantes principales de la comarca, las complicadas relaciones personales de los habitantes del pueblo, y la represora moral de dicha secta, fueron el caldo de cultivo perfecto para que estallara un terrible episodio de tan nefastas consecuencias.
Miller escribió una intensa obra de conflictos universales y que plantea no pocas dudas en el espectador sobre la verdad, la inocencia, la libertad, la integridad moral, la histeria colectiva, y el honor. Para ello Miller se sirve de un lenguaje directo, poco dado al lirismo, y un clarísimo mensaje en el que las frases pronunciadas por los protagonistas de la obra se convierten en declaraciones de principios y practicamente verdades absolutas. A todo esto hay que añadir un historia tramada con total maestría, cuyo absorbente argumento subyuga al mas pintado, y en el que la angustia, y el suspense se encuentran muy presentes.



La versión que se está llevando a cabo en el Valle Inclán viene firmada en su faceta teatral por Eduardo Mendoza y en la literaria por José López Muñoz, ¿? No me queda muy claro en que consiste el papel de cada uno para ser sinceros. El texto es bastante fiel al original, aunque se le han añadido una serie de escenas, que no aportan absolutamente nada y que me resultaron chirriantes en grado sumo, en la que se nos explica al respetable lo que fueron los juicios de Salem, como si no quedara suficientemente explicado en la obra, y los paralelismos con el período McCarthy y la declaración de Miller. Lo innecesario de estos añadidos entronca con algo que me suele molestar, y es el afán de "culturizar" al respetable, como si no fueran los suficientemente inteligentes para entender lo que están viendo. El texto funciona perfectamente cuando se plantea lo que Miller escribió y los añadidos lastran el resultado final, no de forma estrepitosa, pero si innecesaria.




Vayamos con el elenco, un tanto irregular, pero cumplidor en su mayoría. Dada la extensión del mismo iré a los personajes principales.

José Hervás, como Giles Corey, absolutamente magnífico en una creación cargada de bonhomía y ternura, que no pasa desapercibida. Corey es uno de los personajes mas agradecidos de la función, y Hervás lo aprovecha hasta las últimas consecuencias.

Anna Moliner, como Mary Warren, fue una de las actrices que mas me gustó del elenco. Su personaje es ciertamente difícil, dando vida a una chica bastante débil de mente y muy influenciable, que todo el rato está al borde del ataque de nervios. El trabajo de Moliner es destacable por la dura entrega emocional que conlleva, y lo creíble del mismo, algo que en un personaje tan extremado no es fácil de conseguir. Su frágil físico viene de perlas para la inestable Mary, así como una acertada composición corporal marcada por los continuos tics con las manos, y la  particular forma de moverse que Moliner imprime a su personaje y que redondean a la perfección un trabajo de gran dramatismo e inteligencia.

Nausicaa Bonnin, como Abigail Williams. El personaje de Bonnin es uno de los mas recordados de la función, y en esta producción se la ha dotado de muchísimo carácter, y una interpretación un tanto animalesca que nuestra actriz aborda desde la bravura y la entrega. Abigail es una gran manipuladora que nos llega a resultar cada vez mas odiosa a medida que va avanzando la función. Para que la evolución del personaje sea creíble Nausicaa Bonnin va justificando su cada vez mas desquiciada venganza de forma creciente e inexorable desde un punto de vista hermético inquietante y acertadamente agresivo, consiguiendo en el espectador el efecto deseado.

Albert Prat, como el Reverendo Parrish. Basante desafortunado por varios problemas. El papel no le va nada ya que es demasiado joven, esto podría no importar si el calado de la interpretación estuviera por encima de ello, pero Prat no llega ya que no convence en sus intervenciones, con los textos dichos de forma excesivamente superficial, y con ausencia de verdad en casi todas sus intervenciones. Me faltó peso escénico ya que Parrish en esta producción pasa desapercibido como una sombra que pulula por el proceso, sin tener mucho que decir.

Nora Novas, como Elisabeth Proctor, sin duda la fémina del elenco con mas entidad a todos los niveles. Novas sirvió una interpretación cargada de empaque, contenida y de mucha fuerza, en la que la templada esposa de John Proctor se nos antoja como uno de los grandes papeles de la función. Para lograr esto Nora Novas sin necesidad de aspavientos de ningún tipo y desde una elegante sobriedad consigue conmovernos profundamente en su última escena de su marido, y a su vez electrizarnos en su primera y difícil escena.

Carles Martínez, como el Reverendo John Hale, correcto con peros. Su trabajo funciona mejor cuando de los momentos menos extremados se trata, ya que a veces el tono excesivo de la interpretación, da una idea equivocada del personaje, y sus arrebatos contra el diablo parecen un fingido acto de fariseísmo que no cuadra en absoluto con un hombre que cree en lo que hace y que es profundamente íntegro. Un trabajo mas sosegado hubiese funcionado sin duda mucho mejor, ya que la visión del personaje peligrosamente cercana al telepredicador le resta entidad dramática y no acaba de funcionar de la forma deseada.

Borja Espinosa, como John Proctor, tampoco acaba de redondear su trabajo debido a que los recursos de los que tira Espinosa resultan un tanto forzados, especialmente en el uso de la voz, y una estereotipada visión del hombre rudo de campo que no me acabó de convencer. Se le ha dado a John Proctor un aire muy primario que puede funcionar, pero que no fluctúa lo necesario durante el espectáculo siendo el resultado un tanto plano, y excesivamente parejo. A ello hay que añadir que para imprimir carácter a un personaje no es necesario que hable a gritos continuamente, algo que es una tónica en nuestro actor. Espinosa cumple, pero no acaba de rematar a uno de los personajes mas lucidos del texto.

Lluis Homar, como el Gobernador Danforth. Magnífico tanto en tono físico como en entidad actoral. Homar sirve de narrador además de su personaje principal, siendo en Danforth como realmente se luce a todos los niveles. Templadísimo y de apabullante presencia, su trabajo estuvo marcado por los matices a todos los niveles, el control del texto y una forma de mandar en el escenario prodigiosa. Danforth corta el bacalao desde que sale y Homar lo sabe, llevándolo al extremo con mano firme y marcadísima personalidad. Decir que LLuis Homar es un gran actor no es descubrir la pólvora, pero no queda mas remedio que volver a plantearlo.





Vayamos ahora con la propuesta escénica:
Andrés Lima firma la producción dentro de unos parámetros  menos vanguardistas a los que nos tiene acostumbrado el reputado director. Si bien es cierto que los actores han sido dirigidos en el gesto grande, y en un código una tanto excesivo, el espectáculo llega de forma muy intensa, con momentos de gran altura en lo dramático y unas cotas de tensión muy bien dosificadas, que imprimen una agilidad al espectáculo muy de agradecer, siendo el resultado fácil de ver y sin decaer en ningún momento, pasándose de forma muy rápida las casi tres horas sin descanso en las que se queda la obra. La acción se desarrolla en una conceptual escenografía de Beatriz San Juan, que los propios actores van mutando y que va derivando en iglesia a media que la teocracia y el fanatismo van triunfando en la historia. La función se ha acercado a nuestros días en la ambientación, y se mueve en una época indeterminada que uno asocia a la segunda mitad del S.XX sin estar especialmente definida, algo que sin duda es una acierto dado el carácter universal de lo que se cuenta. El espectáculo se encuentra iluminado de forma muy clara y  cálida produciéndose una inquietante dicotomía entre la negritud de los hechos que ocurren sobre las tablas en un entorno tan luminoso.



En resumen, un propuesta muy recomendable, ya que se puede llegar a disfrutar mucho, y que sin duda resulta un espectáculo de calidad, y con un mensaje mas que interesante en el que el texto de Miller sobresale por encima de algunos errores que a mi personalmente no me molestaron, y cuyo código funciona a la perfección, llegando a emocionar en muchos de sus momentos.



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lunes, 12 de diciembre de 2016

La Cocina, Pura Orfebrería Teatral

La Cocina texto de Arnold Wesker, que se está representando en el Valle Inclán, con enorme éxito por cierto, es una de las grandes apuestas del CDN de esta temporada, por no decir la mas grande. Los motivos son muchos, el primero el ingente número de actores que se necesita para abordar este texto, nada menos que 27, con las complicaciones que esto conlleva. Hay que añadir el atractivo visual de la propuesta, y obviamente lo ambicioso del montaje en todos sus aspectos. Cualquiera que se precie de aficionado al teatro no puede perderse esta propuesta que es sin duda muy difícil de ver, e imposible de abarcar desde el ámbito privado dadas las dificultades de presupuesto que esta obra plantea. Con un mes de anticipación saqué mis entradas, ya con ciertas dificultades para encontrar asientos decentes, y a medida que se iba acercando el día de mi representación, mis ganas iban en aumento, ya que los comentarios suscitados sobre el espectáculo eran tan buenos, que todo me hacía indicar que la cosa estaría a la altura.
Nunca había leído el texto de la obra, y a su autor no lo conozco en profundidad, así que iba bastante virgen a la función, ya que solo había visto el vídeo promocional, y me informé muy someramente del argumento. Tampoco quería saber mas, a veces mejor no ir "contaminado" y así de esta forma tener una opinión menos condicionada a la hora de visionar un espectáculo que sin duda está dando mucho que hablar, y que será recordado durante mucho tiempo en nuestro mundillo teatral.
Algún día diremos que vimos La Cocina del CDN, no tengo la mas mínima duda, máxime cuando ya están agotadas todas las entradas hasta el final de las representaciones, así que muchos han sido los llamados y pocos lo elegidos que hemos tenido la suerte de conseguir localidades. Estimado Ernesto Caballero, es casi obligado decirle que debe reponer este titulo, del mismo modo que no se debe pasar por alto la inversión realizada para tan pocas funciones. Es una verdadera pena que esta propuesta se quede aquí y no solo por motivos crematísticos ya que el nivel artístico de la misma, y el tremendo trabajo a todos los niveles que este montaje posee, merecen un largo recorrido tanto en Madrid como en el resto de nuestra geografía.




La Cocina escrita por Arnold Wesker en 1957, es un monumental fresco de la sociedad europea durante los años mas inmediatos a la Segunda Guerra Mundial. Para ello Wesker se sirve de la gigantesca cocina de un restaurante inglés, aunque mas bien parece la de un hotel, en la que a modo de Torre de Babel (como se dice en el texto) se juntan diferentes empleados con diferentes cargos, de las mas variopintas nacionalidades y etnias, todos ellos involucrados de una forma u otra en el conflicto bélico. La acción transcurre exactamente el día de 1953 en el que se firmó el Acuerdo de Londres por el cual se condonaba parte de la deuda de Alemania contraída después del Tratado de Versalles. Wesker escribió una obra netamente coral, de espíritu fuertemente naturalista, donde de forma descarnada se cuenta el día a día de unas existencias aparentemente anodinas, pero que como ocurre en la vida real, tienen sus recovecos y sus sueños ocultos por las convenciones sociales, o por el propio aislamiento del ser humano en esta jungla en la que vivimos.



Encontré el texto bastante irregular con altibajos de interés, y momentos que se han quedado muy desfasados, ya que la temática que plantea está muy manida y ya ha sido analizada desde muy variopintos puntos de vista, el tema de los prejuicios hacia los alemanes, los rencores entre naciones posteriores a la IIGM y las actitudes antisemitas son algunos de los problemas que se nos cuentan en La Cocina. A ello hay que añadir que se trata de un momento histórico muy específico, convirtiendo la obra en excesivamente coyuntural para nuestros ojos, y que el conflicto se alarga en exceso llegando a lo premioso. No quiero que parezca que no me ha gustado, porque no es cierto. La Cocina posee recursos mas que sobrados para justificar su visionado, un empaque apabullante, una estructura dramática impoluta, unos vínculos interesantísimos y unos personajes, que por motivos obvios, en algunos casos no son mas que meras pinceladas que realmente se nos antojan muy carismáticos en la mayoría de los casos. A todo esto hay que añadir el crescendo final tan bien tramado, y la continua sensación de tensión entre los personajes que realmente nos da a entender que la cocina del Tívoli es una autentica olla a presión a punto de estallar.
A veces las adaptaciones son muy necesarias, y esta obra convenientemente recortada y pulida tendría mas interés a nivel texto del que ahora posee, que se ve sobrepasado con creces ante el envoltorio, las interpretaciones y la dirección escénica, siendo una pena que tanto esfuerzo tenga un fin que se me antoja un tanto vacuo.



Vayamos con el elenco:
27 personajes de mayor o menor extensión pueblan esta cocina desarrollados de forma irregular por razones obvias, pero todos moviéndose en unos parámetros de excelencia interpretativa asombrosa. Desde la apabullante Bertha de Paloma Porcel, rotunda y real como la vida misma, hasta un esforzadísimo Ricardo Gómez como chico para todo que no pasa en absoluto desapercibido por su frescura y entrega, el número de talentos que en esta producción se vislumbra es descomunal. Muy a destacar el Peter de Xabier Murua, que defiende un difícil papel desde una contención y una introspección perfectamente calculada. Impoluta la Monique de Silvia Abascal bella y enigmática, y que me alegra profundamente verla trabajando. Luis Zahera en un código mas extremado da un toque diferente como un personaje que no entiende a sus trabajadores y que somete a su tiranía con un victimismo realmente repulsivo. Aitor Beltrán como Dimitris sirve un personaje tierno y muy carismático. Javivi con una solidez actoral en un complicado monólgo con el que toca el cielo aporta veteranía. Roberto Álvarez mas templado dadas las características de su papel dota de entidad del primer actor que es al chef de esta cocina del infierno, donde tantas cosas pasan y a la vez tan pocas, ya que al final todo se resume a una cosa tan simple como son las relaciones humanas completamente enquistadas en un entorno duro y hostil. El resto del elenco cumple a la perfección, me resulta imposible enumerar a todos, pero nadie desentona, y la tónica es un profundo conocimiento de lo que se desarrolla en escena y como se desarrolla, con un trabajo de equipo que posiblemente sea de los mas complicados, y mejor resueltos que he visto nunca.




Pero si hay una estrella indiscutible en La Cocina, ese es Sergio Peris-Mencheta que firma la producción, y que después de esto lo considero completamente consagrado como director de escena. Peris-Mencheta consigue realizar un trabajo de orfebrería teatral perfecto, donde absolutamente todo encaja al milímetro en un complicado puzzle que ha llevado nada menos que cinco meses poner en pie. Nuestro director apuesta por una exposición clarísima de los personajes en un brillante primer acto donde poco a poco se van conociendo los personajes y que está llevada a cabo con un control de los tiempos absolutamente magistral. A nivel estético estamos ante una de las propuestas mas interesantes de los últimos tiempos, donde la hiperrealista e impactante escenografía de Curt Allen Wilmer funciona como un personaje mas de la función. Peris-Mencheta trufa el espectáculo de pinceladas de genialidad como son la ralentización de los movimientos en los momentos que el quiere resaltar y que deslumbran dentro del maremágnum completamente medido que transcurre en el espacio escénico. Todos estos recursos consiguen un espectáculo cargado de magia teatral y unos valores visuales pocas veces vistos en nuestra escena. Si me quedo con un momento de la función es con la impresionante coreografía de casi 15 frenéticos minutos en las que se nos cuenta lo que es el momento del servicio en una cocina de esa envergadura. El espectador asiste entre angustiado y divertido a un recital de compenetración y sabiduría teatral que asombra al mas pintado, dejando al respetable clavado en su butaca. La acción durante todo el espectáculo va en aumento con algunos momentos de respiro para finalizar de forma explosiva en un conseguido clímax final, hacia el que Peris-Mencheta nos lleva sin problemas, para finalizar una historia que realmente no tiene final, ya que como en la vida ocurre, los problemas no se solucionan en dos horas y media... simplemente la vida sigue. Lo que Sergio Peris-Mencheta hace en esta producción es literalmente de premio, en un trabajo donde prima la claridad en la exposición y la limpieza, en una función de unas complicaciones mayúsculas, y perfectamente solventadas. Mención especialísima para el encargado del movimiento Chevy Muraday que lleva al paroxismo el concepto de pulcritud en un caos perfectamente organizado, para que precisamente nos parezca un caos, cuando realmente se trata de un calco milimétrico y estudiadísimo de una realidad muy conocida para los que alguna vez hemos trabajado en la hostelería. La función se sustenta en unas magníficas luces de Valentín Álvarez y un inspiradísimo vestuario de Elda Noriega que define a la perfección a cada personaje y su personalidad. 



En resumen, una propuesta imprescindible, que es uno de los acontecimientos teatrales de esta temporada, y que no deja indiferente a nadie. Sus múltiples virtudes están muy por encima del texto que aun con los problemas que mas arriba comento, no arruina una función impecable, de gran impacto, y con resultados realmente espectaculares.





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martes, 9 de febrero de 2016

La Vida De Galileo, Mas Brecht Que Galileo

La Vida De Galileo es uno de esos textos que no dejan indiferente a nadie. Hace muchos años vi una producción protagonizada por Manuel De Blas que me causó honda impresión, y de la que guardo muy buen recuerdo. El texto nos plantea una serie de temas la mar de sabrosos, como pueden ser el triunfo del fanatismo, el ceder a nuestros principios por el motivo que sea, y por supuesto la propia vida de Galileo Galilei que ya fue lo bastante interesante como para escribir no una, sino muchas obras de teatro. A esto yo le añadiría un exquisito texto en su concepción, con cierto tono pedagógico sin caer en la pedantería que lo convierten en delicioso.
Esta producción era para mi una de las apuestas mas esperadas de la presente temporada del CDN, ya que mi admiración a Brecht es sabida por los que me leéis, y lo considero piedra angular del teatro tal y como se entiende hoy en día. El lenguaje Brechtiano me resulta fascinante, catártico y mas que interesante, así que os podéis imaginar que no fui capaz de esperar mucho desde que se estrenó la producción que esta crítica ocupa hasta sacarme las entradas.
La cosa no estuvo a la altura que esperaba, si bien es cierto que se nos sirvió una función y un espectáculo correcto, varias cosas no acaban de redondear a la producción como iré narrando, dejándome con sentimientos encontrados a la salida.



La Vida De Galileo escrita por Bertolt Brecht en 1939 y estrenada en 1943 en Suiza, sufrió diferentes modificaciones en su texto,  siendo la última que se conoce correspondiente al año 1955. El texto se sirve de la vida de Galileo Galilei, con bastantes licencias dramáticas, para contar lo que realmente le interesaba a Brecht que era la crítica a las autoridades, y el atropello a la razón. Parece ser que Brecht nunca estuvo del todo contento con su texto, y pensaba que significaba un retroceso en su obra. Brecht sirvió un texto que va mas allá de lo meramente biográfico, para adentrarnos en otros terrenos que son muy cercanos al dramaturgo alemán, como pueden ser la política, la lucha de clases y la sociología, temas que le obsesionaron durante toda su vida, y especialmente el conseguir que el espectador fuese el que juzgase lo que estaba viendo, desde el prisma del famoso "Distanciamiento Brechtiano" Desde este punto de vista Galileo se puede considerar una obra netamente Brechtiana en su concepción, y sin duda uno de los textos mas importantes del S.XX. Grandes actores han dado vida al célebre astrónomo, siendo destacable la del responsable del estreno estadounidense de la misma, Charles Laughton que ayudó a Brecht en la modificación del texto que se realizó para dicho estreno.



Vayamos con la crítica:
Como es la tónica ultimamente, el elenco es enorme así que intentaré ir a los papeles mas importantes para que esto no sea un testamento.

Roberto Mori como Pequeño Monje.
Le ha tocado a Mori un papel pequeño pero comprometido con un largo monólogo muy importante para el desarrollo de la trama. Mori ofrece una estupenda creación corporal aunada a una curiosa presencia física que van muy bien con el personaje, lástima que el "crescendo" que debe marcar su monólogo no acabe de ser del todo convincente, siendo el resultado final un tanto monocorde y algo premioso. Antes de continuar he de decir que las interpretaciones desapasionadas son una tónica en esta función y que es un ejemplo claro de Brecht mal entendido.

Borja Luna como Ludovico Marsili:
Bastante plano, esa es la verdad, su personaje bien es cierto que no está muy desarrollado en el texto, pero encontré su trabajo un tanto rutinario y dentro de unos parámetros excesivamente convencionales, de hecho no parece haber trabajo actoral en este sentido, sino que el propio Luna suelte texto con mayor o menor tino, y mas o menos convincente, pero poco matizado, y bastante inexpresivo. Resultando incluso un tanto impostado en algunos momentos.

Macarena Sanz como Virginia, hija de Galileo:
Estupenda, y una de las que mas me gustó del elenco. Reconozco cierta debilidad por esta actriz de dulce voz y sensible presencia, que ya me cautivó en alguna que otra producción. Sanz parece perfecta para un papel de estas características, dando el punto justo de inocencia, mansedumbre y digna resignación a un personaje que podría pasar mucho mas desapercibido, y que gracias al trabajo de esta soberbia actriz se encuentra aprovechado al máximo. Me conmovió en algún momento gracias a su sutil interpretación, alejada del desmelene, pero si brillantemente contenida y que llega al espectador de forma muy clara y delicada.

Ione Irazabal como Sra. Sarti:
Otra de las estrellas de la noche, de sólidos recursos, Irazabal sirvió una sentada interpretación de una enérgica mujer que sabe hablar sin pelos en la lengua, y que deja bien claro donde están sus lealtades antes que nada. Irazabal se sirve de un estupendo uso de la voz, y un control absoluto del texto, dotando de mucha ligereza a sus intervenciones, y siendo muy creíble su interpretación. Me encantó Irazabal, tanto por su trabajo con el texto como por la impecable presencia escénica que destila.

Tamar Novas como Andrea Sarti.
De menos a mas, siendo sus primeras intervenciones un tanto deficientes, cuando del Andrea de niño se trata. Novas parece incómodo en su texto y no acaba de creerse que de un jovencito se trata, algo por otra arte inexplicable, ya que fisicamente da perfectamente el tipo de joven aprendiz del Galilei. A medida que la función va avanzando Novas se fue entonando hasta resultar francamente convincente especialmente a partir de que Galileo se retracta de sus teorías, resultando la evolución de su personaje muy interesante. Encontré a Novas un poco verde, al menos al principio de la función. Supongo que a medida que vayan avanzando las representaciones irá cogiéndole el  aire, y creciéndose.

Ramón Fontserè como Galileo Galilei.
Muy bien con peros. Si bien es cierto que su interpretación es acertadísima, y sirve un Galileo de altura, lo encontré frío, muy frío, algo que sigue la tónica de la función, pero que hizo que no me llegará como debe llegar este Galileo pintado por Brecht como un poco caradura, que siente gran aprecio por su pupilo, y que se ve abocado a renegar de todo aquello en lo que mas cree y lo mas ama, para salvar su vida. Al Galileo de Fontserè le falta ternura especialmente en su relación con Andrea, y un poco mas de sentido del dramatismo especialmente en su última escena. Y con esto volvemos al Brecht mal entendido y a su distanciamiento, y que considero que es achacable a un fallo en la dirección escénica, ya que la solvencia de Fontserè es muy notoria, y su interpretación a pesar de lo que aquí narro me pareció impresionante. Un momento especialmente bonito, y de gran fuerza teatral es su transformación a ojos vista de señor de mediana edad en anciano, toda una lección de interpretación, y un ejercicio de honestidad actoral encomiable y muy de agradecer para el espectador.

El resto del elenco en líneas generales correcto, aunque peca de la frialdad que todo el montaje destila, siendo el conjunto no del todo redondo. Correcto sin duda, pero falta tripa, algo que estoy convencido que ha sido por el enfoque que se le ha querido dar a la función, mas que por las carencias actorales de los componentes de la función.



Vayamos ahora con la propuesta escénica.
Ernesto Caballero firma la producción y la versión del texto. Nos encontramos ante varios problemas y varios aciertos, no todo va a ser malo, ni todo va a ser bueno.
Lo primero es que el texto está sensiblemente recortado, faltando algunos detalles importantes que le quitan cierta enjundia a la obra. A esto hay que añadir unas interrupciones muy Brechtianas es cierto, pero que no acaban de funcionar, el recurso de que sea el propio Brecht el que lleve a cabo a su personaje, puede tener su gracia, pero no aporta absolutamente nada, y en el fondo nos saca un poco de situación. Otro problema son las intervenciones musicales, perfectamente servidas por Alberto Frías, pero que lastran la función y se convierten en lo que vulgarmente voy a llamar un "cortarrollos". El espectador desea que la acción avance y las continuas interrupciones, hacen que se nos haga un tanto lento el espectáculo. Para finalizar, el excesivamente plano trabajo actoral en casi la totalidad del elenco, acaba por rematar una función que si bien es cierto se ve con agrado no apasiona. Brecht debe ser distante pero no frío, cierto que Brecht nos cuenta las cosas sin tomar parte, para que el espectador juzgue lo que ve, pero eso no quiere decir que las interpretaciones sean asépticas, y en este montaje si no lo son, están muy cerca de serlo.
Los aciertos de la producción se basan principalmente en el estupendo uso de la sala principal del Valle Inclán que se hace, responsabilidad de Paco Azorín, ya que el poner el escenario en el centro y de forma circular, y a la vez giratorio funciona muy bien, como justificación  de las teorías de Galileo, ya que el público no deja de ser parte del universo en el que la Tierra (escenario) gira, y también testigo y casi juez de lo que le ocurre a Galileo. Otra cosa a tener en cuenta son las luces muy logradas de Ion Anibal y el vestuario de Felype De Lima, menos espectacular que en otras ocasiones e igual de frío que el resto de la producción, pero que definen muy bien a cada personaje.



En resumen una propuesta recomendable, ya que nunca viene mal revisar textos de este calibre. Pero eso si, no busquéis interpretaciones "mas grandes que la vida" porque no las vais a encontrar. El distanciamiento de Brecht aquí se ha tomado de forma literal, y para que engañaros, yo salí mas bien frío, de un título que no nos debe dejar indiferente. Si vais con las premisas que os he contado en la cabeza no saldréis decepcionados. Yo francamente me esperaba mas.



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viernes, 2 de enero de 2015

Casi Fastuoso Fausto

No soy experto en Fausto, si dijera lo contrario mentiría, es decir no he leído el larguísimo poema de Goethe en toda su extensión, aunque conozco la historia y básicamente lo que simboliza tan excelso texto, que a mi se me indigesta bastante, y encuentro ciertamente árido, decir lo contrario sería una pedantería por mi parte, ya que pienso que algunos escritos me quedan grandes, y reconocerlo no es ninguna deshonra. Mis acercamientos a Fausto es en versiones bastante masticaditas y accesibles, porque uno aunque limitadas, tiene ciertas inquietudes. Por eso cuando me enteré de que Tomaz Pandur lo iba a llevar a cabo en el CDN se me hizo la boca agua.
 Admito que Pandur me fascina, su especial concepción del teatro, sus juegos escénicos y sus impresionantes propuestas me pueden. Pandur es polémico, y sin ser yo precisamente lo que se dice un iconoclasta, reconozco que el lenguaje teatral y las revisiones de los clásicos del director esloveno me pasman, sorprenden e interesan en igual medida.
Con un reparto de campanillas liderado por mi admirado Roberto Enríquez, esta era para mí la PROPUESTA del CDN de esta temporada, así que el primer día del 2015 lo empecé en el teatro acercándome al Valle Inclán, dispuesto a sorprenderme y pasar una tarde intensa, la cosa estuvo a la altura, pero... siempre hay un pero, el espectáculo no acaba de ser redondo como mas adelante explicaré, y a pesar de la indudable calidad de lo que ví, la sensación final fue agridulce.



Este Fausto en versión del propio Pandur y su hermana, está dividido en dos partes que obviamente resumen el extenso material original, quedándose la función en dos horas y media largas. La versión que aquí nos ocupa tiene una soberbia primera parte, centrada en los dilemas internos de Fausto y los trágicos amores con Margarita, concluyendo con la muerte de la amada de nuestro héroe, finalizando el espectáculo en una segunda parte bastante menos conseguida y que cierra la historia con la muerte de Fausto y el triunfo del bien sobre el mal. Si la primera parte está brillantemente resuelta, tanto en su desarrollo como en la exposición de forma clara de tan difícil composición, en su segunda parte, prima la confusión, donde nada queda claro, en la que yo saqué la idea del triunfo de Fausto ante Mefistófeles porque se que la cosa termina así, mi acompañante no entendió nada y yo muy poco, para ser sinceros. No logré comprender como un texto tan bien desarrollado hasta el intermedio del espectáculo, divaga tanto y se queda ciertamente cultureta por no decir pedante en su conclusión, y que parece pensado para profundos estudiosos de Goethe o para  los Pandur directamente y sus aspiraciones literarias. Craso error. Primero, un espectáculo debe estar enfocado a que todo el mundo lo comprenda aunque tenga diferentes niveles de lectura, segundo, yo como espectador medio, no tengo que ir a ver Fausto con el texto leído, y tercero, si el texto, en su resolución no llega al respetable, se puede considerar fallido. Ahí radican los mayores problemas de esta irregular adaptación, que lastra la función en su último cuarto de forma estrepitosa.



Vayamos con el elenco, atinadísimo, muy sólido y homogéneo.

Emilio Gavira da vida a un lírico personaje que parece ser una entelequia espiritual que tan pronto va vestido de mandarín chino, como de sacerdote ataviado con traje talar, se supone que es Wagner, y que a mi entender, está ahí como uno de los mas grandes exponentes del Romanticismo Alemán, junto con Goethe, fundador del movimiento.
Las apariciones de Gavira son muy poderosas, transmiten mucha solidez y sus partes cantadas son de gran belleza, mención aparte merece la interpretación del Vals de La Viuda Alegre que ya después de La Caída De Los Dioses, asocio de forma inevitable a Gavira, que tiene efecto hipnótico en todas sus intervenciones, con momentos de altura y muy inquietantes. Un diez para Gavira que es sin duda uno de nuestros actores con mas personalidad sobre el escenario.

Pablo Rivero, como Valentín, hijo de Mefistófeles. Estupendo sin ninguna duda. Rivero ofrece un papel muy apoyado en lo físico y muy bien perfilado en su suave comicidad. Este niño que repite y envía noticias de su papá y su mamá muy acertadamente ataviado como Hermes, no pasa desapercibido, su estulticia es una de las formas de la maldad y Pablo Rivero así lo refleja. Turbador, extraña y morbosamente sexual, y muy pero que muy inquietante, nos ofreció una particular creación que encontré muy interesante.

Marina Salas, como Margarita, hija de Mefistófeles, muy correcta a pesar de la desafortunadísima visión del personaje que se da en la obra. Cuesta mucho entender que Fausto se enamore de esta Margarita vulgar y mucho menos inocente de lo que cabría pensar en tan cándido personaje. Salas cumple su cometido dotando de gran fuerza muchos momentos, saliendo especialmente airosa en su escena mas comprometida que es la de la locura, dentro del poco efectista juego escénico que le ha tocado en suerte, Salas hace lo que le piden y nos obsequió con un mutis que me heló la sangre. La visión de una Margarita marioneta de Mefistófeles, a priori resulta interesante, pero la grotesca forma en la que se lleva a cabo, le resta fuerza y credibilidad. Un clarísimo problema de dirección y de enfoque del personaje, pero no de la interpretación, que Salas solventa con su buen hacer.

Ana Wagener como la Sra. Mefistófeles, todo un prodigio, sin ninguna duda. De imponente presencia, arrolladora frescachonería y múltiples matices, Wagener ofrece una interpretación de aúpa, auténtica robaescenas, con aires de gran diva decadente, fue una de las estrellas de la función. Wagener saca todo el partido a su papel y así se refleja en su trabajo. Reconozco que me fascinó, tanto por su ductilidad para transmitir diferentes estados de ánimo, como por la personalísima y un tanto surrealista composición que realiza.

Victor Clavijo como Mefistófeles, una agradabilísima sorpresa. Sobrio, de tintes realistas y un tanto influenciado por Robert De Niro en El Corazón del Angel ( huevo duro incluido ). Clavijo da vida a un Mefistófeles encantador, con mucho charme, contenido, pero terrible en  su fondo que solo nos deja entrever su verdadera naturaleza cuando sale a relucir un inquietante tartamudeo en ciertas reveladoras palabras. Victor Clavijo dota de mucho empaque su composición, apoyado en una estupenda voz que modula de forma interesantísima durante toda la función. Contenidísimo todo el rato hasta su escena final, nos sirvió una cerebral interpretación alejada de cualquier amaneramiento y poco acomodaticia en líneas generales. Un diez para Clavijo, dado el complicado papel que le ha tocado en suerte.

Roberto Enríquez soberbio como Fausto, sobre todo en su gran monólogo que da comienzo a la obra. Su difícil texto fluye perfectamente entendiéndose todo lo que plantea sin el mas mínimo problema, Enríquez ofreció un sentado Fausto, introspectivo, muy matizado, de imponente presencia, y muy acertado en líneas generales. Lástima que su papel se vaya diluyendo en la adaptación a medida que la función avanza, Enríquez es una de las bazas de la producción dando momentos superlativos a lo largo de la misma.



Vayamos con la propuesta escénica:
Pandur ofrece un espectáculo de relumbrón, de gran fuerza visual, enrarecidas y conseguidísimas atmósferas, digamos que se trata de una experiencia sensorial muy lograda, gracias a las magníficas proyecciones, sorprendentes luces, mas que espectacular escenografía y muy bien elegidas músicas.
No solo se trata de un alarde tecnológico, sino que hay grandes aciertos en los distintos juegos escénicos, como es la frenética carrera para salvar a Margarita y las inquietantes imágenes familiares de "Los Mefistófeles". Uno de los grandes aciertos de la producción, estriba precisamente en plantear el núcleo familiar como esencia del mal. También son destacables el tratamiento que se le da al texto en algunos parlamentos, y en general el tono operístico estéticamente hablando que tiene la producción.
Lástima del desafortunado último cuarto de la función, en el que todo lo anteriormente expuesto se diluye, y parece que ha sido resuelto de forma excesivamente apresurada con respecto a la cuidadísima visión de la primera parte del espectáculo.



En resumen una propuesta imprescindible tanto por lo que plantea como, por la forma en que lo plantea, a pesar de sus desaciertos, el balance en general es positivo, y no deja indiferente a nadie. Producciones de esta envergadura solo se pueden abarcar en teatros públicos, y con sus luces y sus sombras, es un espectáculo realmente apabullante, que sin ser del todo redondo, no deja de ser interesantísimo en su fondo y forma, y cualquier aficionado al teatro debería disfrutar, para después sacar sus propias conclusiones, positivas o negativas.

FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS Y FELIZ TEATRO!!!!



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domingo, 15 de junio de 2014

Vivid El Amor Como Gustéis

Como Gustéis está considerada una obra menor dentro de la extensísima obra de Shakespeare, a mi me parece un texto delicioso, que no tuvo en su época el favor de la crítica intuyo yo que por dos premisas, la primera su clara inclinación hacia lo comercial, ya que El Bardo le dió al público lo que le gustaba, como su propio nombre indica, y la segunda su desenfadada e intencionada ambigüedad  sexual  que invita al espectador a que viva el amor como le guste. La diversidad en gustos sexuales de Shakespeare es sabida, sus famosos Sonetos siempre se ha dicho que estaban dedicados a un hombre, y este Como Gustéis es una auténtica declaración de principios sobre ese tema, algo que a la pacata moral de su época no debió de gustarles mucho, pero como siempre ocurre en estos casos, el pueblo llano mas avanzado que los gerifaltes aceptó sin problemas y constituyó un sonado éxito. A mi Como Gustéis me gusta, valga la redundancia y si bien es cierto, el texto no posee el calado de otras composiciones  Shakesperianas, divierte y tiene la misma vigencia que hace cuatro siglos.

La propuesta que se está representando en el Valle Inclán me resultaba muy atractiva, tanto por el elenco, como por lo que había visto sobre la producción en diferentes medios. No me equivoqué, ha sido un acierto asistir a esta bello espectáculo.

                

Lo primero y antes de empezar la crítica, es mostrar mi solidaridad hacía todos los artistas que están trabajando en las Compañías Nacionales, que entre otros problemas están teniendo retrasos en el cobro, y lo de trabajar por amor al arte, es algo digno de siglos pasados. Todo mi apoyo a los artistas de este país que tan difícil momento están pasando y que están siendo dejados a la mano de Dios, por parte de las administraciones.

Empiezo con la obra,tiene un extenso reparto así que iré a los mas destacados. Todos están estupendos y la homogeneidad prima en este cuidadísimo elenco

Alberto Frías da vida a Le Beau y a un cortesano, está fantástico en sus intervenciones, muy bueno corporalmente y un estupendo sopranista que me agradó muchísimo en sus interpretaciones vocales, no se nos olvide que estamos ante una versión musical de Como Gustéis. Frías cumple perfectamente y a pesar de sus pequeños papeles no pasa en absoluto desapercibido.

Victoria Di Pace da vida a Febe, la encontré un poco pasada de vueltas, si bien es cierto que el papel es bastante extremado, está en un código diferente al de sus compañeros y se nota, intuyo que ha seguido las directrices de dirección que pretende dar un contrapunto con el resto del equipo, estoy de acuerdo en que su personaje es un torbellino, pero la visión del mismo rompe con la linea del espectáculo. Vocalmente está impoluta tiene una bonita voz y gran presencia escénica.

Pedro G. de las Heras da vida a Adán, el criado del héroe de esta comedia, está fabuloso, dota a su personaje de gran ternura, y dignidad. Este anciano que lo da todo por su señor entra de lleno en el corazón del espectador. Todo es mesura y sentimiento. Me encantó su sensible trabajo que desborda oficio por todos lados.

               

Pedro Miguel Martínez da vida al Duque Fernando y al Duque Federico, cara y cruz de la misma moneda. Federico representa lo malvado y Fernando a la candidez y el bucolismo pastoril de la vida en el bosque. Está perfecto en las dos intervenciones. Se trata de un gran acierto que sea el mismo actor el que da vida a estos dos hermanos tan diferentes, temible uno y adorable el otro. Martínez posee mucha elegancia sobre el escenario y muestra su ductilidad como actor. Simplemente soberbio.

Carmen Barrantes absolutamente deliciosa como Audrey, tiene un bomboncito de personaje que ella aprovecha al máximo, dando las dosis justas de descaro y comicidad que el personaje requiere, vocalmente perfecta con una bonita voz que luce mucho en sus números. La química existente con su ¿ enamorado ? es maravillosa, y sus escenas son de las mas divertidas de la función.

Alberto Castrillo - Ferrer da vida a Parragón, bufón de la corte, muy superior en nivel intelectual a la mayoría de los personajes de la historia, un tanto petulante y un poquito pedante, pero de gran corazón, y que demuestra que está movido por ciertos instintos primarios que alguno de los supuestamente " brutos " pastores ya tienen mas que superados. Castrillo ofrece un creación maravillosa, alejada de cualquier amaneramiento, y dotando de un humor muy fino a su personaje, en vez de tirar por lo fácil arriesga y gana.

Verónica Ronda da vida a Himene, diosa del matrimonio, Sus apariciones son imponentes, pulula alrededor de estos personajes y desface entuertos amorosos sin que ellos se den cuenta. Su papel es practicamente cantado en toda su totalidad, Ronda sirvió una intervenciones musicales de altura, estupenda voz de soprano que enriquece muchísimo la función. Su personaje es fastuoso y domina la escena en sus momento con mucha presencia.

Carlos Jiménez - Alfaro da vida a Silvio. Estupendo tanto en lo actoral como en lo vocal. Alfaro dota a su personaje de gran comicidad, mucho esfuerzo y resulta muy agradecido para el espectador, este sufrido enamorado bastante victimista, causa gracia y ternura en igual medida. Posee una estupenda voz de barítono netamente lírico que prescinde de los micrófonos en los momentos mas comprometidos musicalmente. Fue uno de los actores que mas me gustó de todo el elenco.

                 

Victor Ullate Roche, da vida a Amiens, asistente de Fernando. Ullate está un poco en el código de fauno del bosque, si bien su papel es breve, se luce mucho en su número, demostrando que es un artista netamente del mundo del musical. La belleza de su voz, su presencia física de efébica belleza y la plasticidad de sus movimientos cuando baila, hacen que se nos vayan los ojos hacia el cuando está en escena. Sabe escuchar y sabe lucirse cuando le toca. Ullate es un todoterreno al que he visto en innumerables ocasiones desde un lejano West Side Story, y siempre cumple, es un artista de los pies a la cabeza.

Edu Soto da vida a Jacques, otro asistente de Fernando. Soto roza el misticismo en su interpretación que tiene uno de los momentos mas comprometidos de la función el famoso Soliloquio sobre las siete edades del hombre, que luego pondré. Encontré acertadísima la visión de este personaje casi por encima del bien y del mal, y que filosofa ante todo lo que ocurre a su alrededor. Soto ofrece una creación muy sensible e interiorizada, algo apartado a lo que habitualmente ofrece en sus intervenciones televisivas, y que demuestra su gran versatilidad como actor y lo buen profesional que es. Su trabajo es arriesgado y se agradece por lo acertado del mismo.

Roberto Enríquez da vida a Oliver, uno de los malvados de la función. Maravilloso, no hay discusión, su personaje tiene bastante recorrido y está muy bien reflejado. Reconozco que Enríquez me fascina como actor, ya en Doña Perfecta me gustó muchísimo y aquí no anda a la zaga. Enríquez posee una voz prodigiosa, recita estupendamente bien, y dota de gran dureza a su personaje cuando este lo requiere, para que finalmente recapacite sobre sus errores, en un cambio de registro maravilloso. Dota de muchos matices a su introspectiva creación. Encuentro a Enríquez un actor tremendamente honesto con su trabajo. Figura y voz imponentes, y sentidas interpretaciones, esas son las marcas de su trabajo.

Karina Garantivá da vida a Celia prima de Rosalinda la heroína de la función, he de decir que me he reconciliado con Garnativá a la que di un pequeño palo en la crítica de Doña Perfecta, y que aquí está francamente deliciosa, en un papel que le va como anillo al dedo con cierta ambigüedad sexual y mucha ternura. Ama sobre todas las cosas a su prima y está dispuesta a hacer por ella lo que sea, está muy graciosa en su papel, defiende bastante bien las partes cantadas y dota de mucha emotividad algunas de sus partes. Aprobado esta vez para Karina, ya que cumple con creces.

                  

Iván Hermes da vida a Orlando. Absolutamente delicioso, en su papel de último hijo y por tanto despreciado y que solo vive para el amor. Hermes dota de muchísima ternura y nobleza a su personaje, es pura dulzura. Es un gustazo escucharlo recitar, y llega dentro del corazón gracias a la sensibilidad que transmite y el buen fondo que posee. Hermes sería el Romeo perfecto para una producción de Romeo y Julieta, su tarbajo encandila. Su presencia es estupenda y se le entienden perfectamente todos los parlamentos. Cuando siente que las cosas van a mayores con un hombre, aunque realmente sea su enamorada disfrazada, esta estupendo mostrando su contradicción perfectamente. Es una de las estrellas de la función y está francamente bien. Fue una gratísima sorpresa, ya que nunca lo había visto trabajar sobre las tablas. Estamos ante el caso de un actor al que la fama le viene por la televisión pero que sabe batirse el cobre mas que bien sobre el escenario. 

Y para finalizar Beatriz Argüello como Rosalinda. Argüello sirve un festival de interpretación pasmoso, versátil, elegante, fluida en el verso, estupenda cantando, con mucho sentido cuando habla, tiene un control de los tiempos en escena impresionante, fina en el humor, sobria y nada sobreactuada. Se trata sin lugar a dudas de una animal escénico, todo naturalidad y frescura, huyendo de cualquier estereotipo en el papel de dama joven del teatro clásico. Su creación está matizadísima, su personaje tiene muchos recovecos y ella los deja entrever sin el mas mínimo problema. Estamos ante toda una Actriz así con mayúscula. Bravo!

El resto del elenco cumple a a perfección, ni uno solo de los actores desentona con el aire del espectáculo, y enriquecen esta soberbia representación



                        



Vayamos ahora con la propuesta escénica. El CDN ha tirado la casa por la ventana ( ya podría hacer lo mismo con el pago de las nóminas ) Estamos ante una espectacular producción esplendidamente servida tanto en lo técnico como en lo visual. Se trata de un derroche de imaginación y buen gusto que sorprende al espectador por las bellas e impactantes imágenes que ofrece. Tras una primera parte envuelta en una jaula, que representa la prisión que es la corte y un vestuario oscuro, asistimos a un prodigioso cambio hacia el Bosque de Arden que es pura magia, aquí priman los tonos claros y la belleza. Las luces de Felipe Ramos son prodigiosas y los figurines de Cornejo, una belleza que ayudan a la composición y compresión de los presonajes.

La dramaturgia y dirección corren a cargo de Arturo Annecchino. El texto está sensiblemente recortado, pero no molesta, ya que la obra original es larguísima, aquí se queda en unas tres horas, que se pasan volando a pesar de la incomodidad de los asientos del Valle Inclán que dejan el trasero bastante dolorido.
Annecchino, ofrece una sensible visión del texto y una acertadísima composición de los personajes, perfectamente definidos y tratados en distintos códigos de trabajo pero que en su conjunto se complementan perfectamente, salvo con la excepción arriba relatada. El espectáculo comienza con aires de tragedia, para ir poco a poco pero inexorablemente decantándose hacia la comedia y el bucolismo mas puro. Gran acierto es la división estética entre los dos mundos que rigen la obra y que diferencia muy bien la belleza de lo bueno y la fealdad de lo malo. La dirección de actores es mayúscula, algo que con un elenco de estas características seguro que ha sido muy fácil de llevar a cabo. Un diez para Arturo Annecchino por su propuesta que deja al espectador con un sabroso regusto hacia el que bello es vivir y que bella es la vida, algo que en estos tiempos que corren es muy necesario. El hecho de que la obra sea en clave musical no hace mas que acrecentar la sensación de optimismo que el espectáculo rezuma.

                      

En resumen una propuesta mas que recomendable, por su impecable acabado formal, su optimismo y el inigualable nivel artístico que ofrece. Para finalizar incluyo el monólogo sobre la siete edades del hombre y que me parece una de las cimas del arte de Shakespeare.





"El mundo es un gran teatro,
y los hombres y mujeres son actores.
Todos hacen sus entradas y sus mutis
y diversos papeles en su vida.
Los actos, siete edades. Primero, la criatura,
hipando y vomitando en brazos de su ama.
Después, el chiquillo quejumbroso que, a desgano,
con cartera y radiante cara matinal,
cual caracol se arrastra hacia la escuela.
Después, el amante, suspirando como un horno
y componiendo baladas dolientes
a la ceja de su amada. Y el soldado,
con bigotes de felino y pasmosos juramentos,
celoso de su honra, vehemente y peleón,
buscando la burbuja de la fama
hasta en la boca del cañón. Y el juez,
que, con su oronda panza llena de capones,
ojos graves y barba recortada,
sabios aforismos y citas consabidas,
hace su papel. La sexta edad nos trae
al viejo enflaquecido en zapatillas,
lentes en las napias y bolsa al costado;
con calzas juveniles bien guardadas, anchísimas
para tan huesudas zancas; y su gran voz
varonil, que vuelve a sonar aniñada,
le pita y silba al hablar. La escena final
de tan singular y variada historia
es la segunda niñez y el olvido total,
sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada


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