"Los chicos del coro" fue la sorpresa cinematográfica del año 2004, y se convirtió casi en un fenómeno sociológico en su momento, arrastrando a los espectadores de todo el mundo a las taquillas de los cines, para emocionarse con una historia intimista, que a priori, no parecía que iba a tener la enorme repercusión que tuvo, y que todavía 19 años después tiene una legión de seguidores que la aman y revisan cada dos por tres. El éxito de la película tiene dos factores que nunca fallan, el primero los niños, y luego la maravillosa banda sonora de Bruno Coulais y Christophe Barratier, de enorme calado en la cultura popular y que batió récords de ventas, cuando los discos todavía se vendían, y no se almacenaban en dispositivos electrónicos. Barratier también dirigió el filme, dotándolo de una sensibilidad extrema y una humanidad que puede considerarse universal, ya que creo que todos podemos sentirnos identificados con los sentimientos que se muestran en la película, y que sin duda nos resultan muy familiares. Nunca se me había pasado por la cabeza que esta historia de personajes introspectivos, en un microcosmos cerrado y opresor pudiera dar lugar a un musical, por tanto cuando se planteó el estreno de la obra basada en la película en La Latina torcí el morro. Para variar me equivoqué, pero como suelo ser prudente, no hablo nunca de un espectáculo antes de su estreno, y rara vez sin verlo, así que no metí la pata en público, aunque en mi fuero interno sé positivamente que me equivoqué. El estreno de la obra el pasado otoño, las críticas positivas que suscitó, y muy especialmente su insuperable elenco me animaron a asistir al espectáculo, algo que este puente pasado, sin nada que hacer y en Madrid, me pareció la ocasión perfecta para hacerlo. La velada fue fantástica como iré narrando, y tremendamente emotiva.
Desde la platea, os cuento lo que mis ojos ven, mis oídos escuchan y mi alma siente.En este espacio encontraréis un poco de crítica teatral, una pizca de nostalgia, y un mucho de amor a las artes escénicas. Si os gusta el teatro estáis en vuestra casa
martes, 21 de marzo de 2023
Los Chicos del Coro, El Musical, Sensibilidad A Flor De Piel.
"Los chicos del coro" fue la sorpresa cinematográfica del año 2004, y se convirtió casi en un fenómeno sociológico en su momento, arrastrando a los espectadores de todo el mundo a las taquillas de los cines, para emocionarse con una historia intimista, que a priori, no parecía que iba a tener la enorme repercusión que tuvo, y que todavía 19 años después tiene una legión de seguidores que la aman y revisan cada dos por tres. El éxito de la película tiene dos factores que nunca fallan, el primero los niños, y luego la maravillosa banda sonora de Bruno Coulais y Christophe Barratier, de enorme calado en la cultura popular y que batió récords de ventas, cuando los discos todavía se vendían, y no se almacenaban en dispositivos electrónicos. Barratier también dirigió el filme, dotándolo de una sensibilidad extrema y una humanidad que puede considerarse universal, ya que creo que todos podemos sentirnos identificados con los sentimientos que se muestran en la película, y que sin duda nos resultan muy familiares. Nunca se me había pasado por la cabeza que esta historia de personajes introspectivos, en un microcosmos cerrado y opresor pudiera dar lugar a un musical, por tanto cuando se planteó el estreno de la obra basada en la película en La Latina torcí el morro. Para variar me equivoqué, pero como suelo ser prudente, no hablo nunca de un espectáculo antes de su estreno, y rara vez sin verlo, así que no metí la pata en público, aunque en mi fuero interno sé positivamente que me equivoqué. El estreno de la obra el pasado otoño, las críticas positivas que suscitó, y muy especialmente su insuperable elenco me animaron a asistir al espectáculo, algo que este puente pasado, sin nada que hacer y en Madrid, me pareció la ocasión perfecta para hacerlo. La velada fue fantástica como iré narrando, y tremendamente emotiva.
lunes, 27 de septiembre de 2021
Golfus de Roma, Pasen Y Gocen.
El año teatral que empieza, será sin duda el de los musicales, en el que al menos nueve producciones van a estar en cartel más o menos a partir de octubre. El reto es grande, y por aquello de la lógica uno tiende a pensar que la máxima que dice que "Muchos son los llamados y pocos los escogidos", es la que más se aproxima a la realidad, y que en este caso será lo que ponga a cada espectáculo en el lugar que el público desee, ya sabemos que una cosa es lo que diga la crítica, y luego lo que realmente importa, que es lo que dice el público.
Esperemos que el nivel sea el deseado, y sobre todo que el éxito acompañe a todas las producciones que se avecinan, será bueno para la industria, y sobre todo será bueno para los espectadores, que sin duda necesitamos evasión, y cultura a partes iguales, ya que no hay mejor antídoto para olvidar lo que hemos y todavía estamos viviendo.
Golfus de Roma se estrenó a principios de mes, y es una de las apuestas que más me apetece, así que en cuanto me fue posible, me acerqué a La Latina para intentar disfrutar de este clásico, que a mi personalmente me encanta.
"Golfus de Roma" se ha prodigado bastante en España, ya que desde un lejano 1964 que se puso en pie dirigida por José Osuna, y con Saza a la cabeza, tres producciones más se han llevado a cabo. La de Mario Gas en el 93 con Javier Gurruchaga como protagonista, la de 2015 dirigida por Jesús Castejón con Rafa Castejón como principal, y la que esta crítica ocupa que tiene como protagonista a Carlos Latre.
Es interesante analizar el motivo por el cual una comedia musical como "Golfus" en nuestro país es tan conocida, y humildemente creo que la razón es el material en el que se basaron para hacerla.
Las raíces de "Golfus de Roma" están en Plauto, y en tres de sus comedias, quizás ahí radique el asunto, ya que los clásicos siempre se han representado mucho en nuestro país, y su mensaje universal, en su forma de ser contado, por motivos obvios nos resultan más cercanos que lo que a priori, especialmente en la España de los años 60 podría ser una obra con planteamientos musicales tan estadounidenses como es esta.
Sondheim no se anduvo por las ramas, y le dio el tono perfecto de farsa que la obra necesita, con una música brillante, paródica, de fabulosa orquestación, y dentro de su aparente sencillez, una riqueza melódica y modernidad, que sin duda son las señas de identidad del compositor neoyorquino en todas sus composiciones, incluida "Golfus de Roma". ¿Música ligera?, sin duda, pero de calidad también, y con una capacidad de meterse en nuestro cerebro realmente pasmosa. Ver o escuchar "Golfus" es salir con la música puesta por varios días.
La función no deja de ser también un homenaje al vodevil americano, que ya en los años 60 era un recuerdo en Broadway, ya que su título original hace referencia a la frase con la que los cómicos del viejo Broadway comenzaban sus divertidas historias con las que hacían las delicias del público.
Ligeramente arrevistada, profundamente teatral, y muy ingeniosa, esta comedia musical, es por derecho propio uno de los grandes clásicos del género, y uno de los grandes éxitos de ese genio de la música que es Stephen Sondheim.
La función tiene varios números destacables, pero sin duda aquel que ha pasado a la historia, y que todos conocemos, incluso en nuestro país es su número de inicio, el mítico "Comedy Tonight", uno de los bastiones de Broadway y del musical en general que es quizás el más pegadizo de toda la partitura. Pero dónde realmente se luce Sondheim es en los número de conjunto, ya que ahí justamente es el lugar en el que la capacidad compositiva del autor brilla más, quedando claros los matices musicales con los que Stephen Sondheim trufó su partitura, de elegante acabado, y nada fácil de interpretar, por cierto.
La adaptación de la nueva producción corre a cargo de Daniel Anglès y Marc Gómez, siendo un acierto a todas luces, en la que se ha limado y actualizado el libreto convenientemente, y en la que cierto machismo que destila el original, no nos olvidemos que hace casi 50 años de su estreno, queda completamente eliminado, así como la inclusión de un discurso ligeramente inclusivo, o no tan ligeramente, de forma completamente naturalizada, y justificada. Otro acierto son las traducciones de las canciones, muy fieles al original, perfectamente rimadas, y sobre todo, que mantienen los difíciles dobles sentidos del material del que se parte, siendo el resultado el de una función que mantiene su esencia intacta, pero que se adecúa perfectamente a los tiempos actuales, de forma perfectamente integrada y que a resultas de todo lo que planteo ofrece una función de alto voltaje teatral, armada con cimientos de acero, y profundamente divertida.
El elenco, extensísimo y muy acertado, tiene como mascarón de proa, y el reclamo comercial justo es decirlo, en Carlos Latre, que sin duda está muy bien arropado por todos sus compañeros de reparto que cumplen con creces en su cometido.
Hablar de trabajo conjunto es hablar de este "Golfus" en el que un elenco completamente multidisciplinar y talentoso, que se entrega a fondo en una función dificilísima y durísima a partes iguales. Se puede hablar de comparsa, remitiéndome a palabras añejas, en la que una troupe de clowns acompañan a los actores en múltiples juegos escénicos, que son rematados con gracia y espléndida expresión corporal.
Entre los principales, que son muchos, en líneas generales podemos hablar de equilibrio y sobre todo de talento, ya que cada uno de los artista se adecúa perfectamente a las características de cada personaje.
Oriolo y Meritxell Duró, como Erronius y M. Lycus respectivamente, muy implicados y divertidísimos. Duró carismática como es habitual en sus creaciones, lleva a cabo un Lycus atípico, no solo por el cambio de sexo, que nos resulta pasmosamente creíble, si no por el sentido con el que todo es dicho, lo bien perfilada que está la personalidad del personaje, y su indudable presencia escénica. Oriolo, aporta ternura, y unas celebradísimas apariciones en las que se metió al público en el bolsillo. Ataviado con atuendo de clown de manual, y con aires de payaso clásico, me llegó mucho en su interpretación, breve, pero importantísima para el desarrollo de la trama.
Eva Diago como Domina, en su código habitual de rompe y rasga, lució poderío vocal durante todo el espectáculo, así como su imponente presencia, que le va de maravilla a este personaje de los de "armas tomar", en los que nuestra artista parece moverse como pez en el agua. Cómica, lapidaria, y con el acostumbrado despliegue vocal, ya que el instrumento poderoso y deslumbrante, es sin duda imponente. Aprovecha al máximo su personaje, sacándole todo el jugo de principio a fin.
Iñigo Etayo como Miles Gloriosus, cumple con creces en su papel, de aire autoparódico, bien plantado, y con gran sentido en los textos. La voz ha madurado, y si bien ya era de calidad, ahora ha cogido cierto peso, y una espléndida manera de resolver las frases musicales. Tenor con matices baritonales, e impoluta técnica que fortalece un papel que tiene momentos muy brillantes en la partitura. Etayo luce palmito como mandan los cánones del personaje, vanidoso y extremado, redondeando muy bien su interpretación en todas las facetas.
La pareja formada por Eloi Gómez (Eros) y Ana San Martín (Philia) absolutamente deliciosa, como esos dos jovencitos, pavos pavísimos, cuyo encanto radica en esa inocencia. Ambos se lucen mucho durante toda la función, y es destacable lo bien servidos que se encuentran los números musicales. A veces en estos dos personajes, especialmente en Philia, es difícil encontrar un voz que se adapte a la vocalidad del papel, cercana a la técnica lírica, pero sin llegar a serlo. Alguna que otra escabechina hemos visto que no ocurre en este caso, San Martín las da todas, gira la voz, no hay cambio de color y el agudo resulta bien colocado. Eloi Gómez con bonita voz de tenor, aporta los necesarios matices de inocencia que el papel requiere en la parte musical, y resulta impagable en lo actoral, en una creación, por decirlo suavemente, ambigua, y que le da un aire muy acertado al papel.
Destacan mucho por su entidad actoral, y musical también, el Senex de Diego Molero, y el Hysterium de Frank Capdet. Ambos solídisimos en sus creaciones, Molero consiguiendo que nos caiga simpático un personaje que quizás hoy ya no lo es tanto, pero que nuestro actor sabe cargar de verdad y bonhomía, logrando un trabajo carismático, y equilibrado. Capdet con una acertada vis cómica, en código payasesco, lleva un buen trabajo gestual y corporal que refuerza los gags visuales que plagan la función, y que sin duda en el último tramo de la función toman protagonismo, siendo el momento de más lucimiento de nuestro actor.
Carlos Latre como Pseudolus, sorprende, y lo hace para bien, en las dos disciplinas que marcan al personaje, la actoral y la vocal. Si bien en lo musical en algunos momentos queda un poco plano, y la voz tiene tendencia a ubicarse en la nasalidad, no llega a molestar. La voz es bonita y resulta muy afinado, dando todas las notas de la partitura con aparente facilidad. Esforzadísimo en lo actoral, se deja la piel en un montaje frenético, en el que él lleva la mayor responsabilidad, saliendo del reto con sobresaliente control de los tiempos escénicos, nunca sobreactuado, y llevando a cabo un trabajo de personalísima ejecución, alejado de referentes y que hace suyo sin el más mínimo problema. Tenía mis dudas con Latre, lo reconozco, y he de decir que me equivoqué. No hay que dejar de lado que también adorna el papel con algunas de sus imitaciones más icónicas, pero eso si, nunca cayendo en el exceso, ni sin llegar a desvirtuar al personaje. Por supuesto esto que planteo hizo las delicias del respetable, que sin duda era lo que esperaban del cómico.
La dirección del espectáculo viene firmada por Daniel Anglès codirigido por Roger Julià, siendo sin duda uno de los grandes aciertos de la función. Anglès y Julià conocen a la perfección el material que tienen entre manos, y manejan la comedia de forma impecable, en la que el enredo se encuentra bien plasmado, y todo se entiende a la perfección. A esto hay que añadir un prodigioso ritmo, que hace que la función no decaiga en ningún momento, pasándose en un suspiro las casi tres horas que dura el espectáculo. Nuestros directores plantean una farsa, obviamente extremada, de endiablados diálogos, que surgen vertiginosos de principio a fin, apoyando el texto con unos acertados juegos escénicos, que no hacen más que enriquecer el material original. La función destila un nada soterrado erotismo, planteado con elegancia y festivo desprejuicio, que sin duda sirve de hilo conductor de la trama, ya que a fin de cuentas en "Golfus" se habla de sexo, y de convenciones sociales a partes iguales, aunque eso si, en ningún momento se cae en lo chabacano, siendo un ejercicio de contención a este nivel, que funciona perfectamente dentro del contexto de la obra. Nos encontramos ante una función sorprendente en lo visual, en la que se ha cambiado la ubicación original, transportándola al mundo del circo, algo que si bien no aporta demasiado, no molesta, y le da cierta frescura a un musical que casi siempre se suele representar en unos parámetros más convencionales. Las casas son carromatos de circo, algunos personajes son payasos, mientras otros van vestidos a la manera clásica, en un código colorista y arrevistado (gran trabajo de Montse Amenós, también encargada de la bien pensada escenografía), siendo el efecto de lo que planteo una especie de pastiche visual, desenfadado, visualmente sugerente, y cargado de magia teatral.
Mención aparte para la orquesta con Xavier Mestres a la cabeza, que ya desde la obertura, nos deja claro que no se trata de una orquesta al uso en sus atriles. Son arte y parte del espectáculo, polivalentes, y sin duda todo un acierto de casting, ya que en algunos casos resulta realmente sorprendente las capacidades más allá del tocar un instrumento que se le presupone a los músicos. La lectura de Mestres, briosa y teatral, resulta adecuadísima al tono de la obra, muy matizada y con ciertos aires de película de Fellini en algunos momentos, especialmente el principio de la obra. Resulta gratísima y sorprendente la ejecución del intermedio, que no revelaré por aquello del efecto sorpresa, que si bien es atípica, musicalmente es bellísima además de tremendamente divertida.
Mención especial para las inspiradas y fluidas coreografías de Óscar Reyes, así como las espléndidas luces de Xavier Costas.
"Golfus de Roma" es una apuesta solidísima, de primer nivel, con sorprendente infraestructura para los tiempos que corren, y sin duda una apuesta estimable dentro del panorama de los musicales patrios. Cuando se escribió la comedia, se dejó bien claro que solo era un divertimento, este Golfus lo es, gozoso y ligero, que llega en un momento en el que quizás este tipo de función sea lo que más necesitamos para olvidarnos de lo que hay fuera del teatro. De impecable factura, espectacular resultado, inspiradísimo aire de comedia musical clásica, e indudable empaque teatral, de este Golfus lo único que puedo decir remitiéndome a la máxima del circo es... "Pasen y gocen".
martes, 13 de octubre de 2020
"Para Hacer Bien El Amor Hay Que Venir Al Sur", Lo Zafio No Tiene Ninguna Gracia.

Todo esto que cuento viene a colación de "Para hacer bien el amor hay que venir al sur" Jukebox con las canciones de Raffaella Carrá como nexo de unión, que vi ayer en La Latina, y que reconozco que me dejó literalmente ojiplático, por el bajísimo nivel del espectáculo, especialmente en su libreto, así como por lo zafio de su planteamiento, digno de una revista de tercera de La Transición, si, aquellas revistas que se cargaron el género, precisamente por todo lo que más arriba planteo.
"Para hacer bien el amor hay que venir al sur", musical con libreto de Ricard Reguant, y de nueva creación, se estrenó la semana pasada en La Latina, y resulta difícil extraer cualquier tipo de opinión positiva del material literario con el que se parte. La historia, por decir algo ya que se queda en anécdota, nos cuenta la creación de un musical, en el que los avatares amorosos de tres chicas sirven como pretexto para ir desgranando los temas más emblemáticos de la Carrá, metidos con desigual fortuna en el argumento, y sin duda con un aire apresurado, y de producto oportunista que deja un poso frustrante en el espectador, que asiste atónito a semejante despropósito teatral.
Todos los tópicos del landismo, y por que no, Pajares y Esteso, en su vertiente más gruesa se encuentran en una obra, en la que prima el lenguaje soez, la situaciones escénicas sin sentido ni coherencia, y en la que además se nota a la legua que se han ido añadiendo escenas sin ton ni son, para llegar a la hora y media que dura el espectáculo. El speech político al estilo del Club de La Comedia es un ejemplo palmario de lo que planteo, uno de los tantos pegotes que uno se encuentra a lo largo de todo el texto, pero que en este caso todavía canta más, dado que no tiene absolutamente nada que ver con el resto del espectáculo. Todo pasa por una genitalidad excesiva, un control admirable de los vulgarismos con los que se conoce el aparato reproductor humano, un cansino subrayado de todo lo que tiene que ver con lo verde, y un nulo interés teatral, de personajes monolíticos, arquetípicos, y con cero chicha teatral, con excepción de Lucas, uno de los pocos que se salvan de la quema. A esto hay que añadir un falso discurso en el que se plantea el feminismo como una mujer diciendo procacidades, y que como no puede ser de otra manera según los cánones más machistas, acaba siendo lesbiana, junto con un estereotipo homosexual, rancio y ofensivo, en el que la figura de la loca, persiguiendo penes como un poseso en un mutis, me retrotrajo a tiempos tristes y por suerte pretéritos. El texto además de reaccionario, falsamente envuelto en cierto aire de modernidad, es rancio, y los chistes sobados hasta la saciedad no funcionan, os prometo que en la función se dicen cosas que ya en mis tiempos de colegio eran chascarrillos habituales en el recreo.
Ante semejante despliegue os aseguro que soy incapaz de entender como un texto de tan bajo nivel ha pasado los filtros del programador del teatro, que entiendo que no conocía el producto cuando lo contrató, porque no tiene razón de ser un espectáculo de estas características en pleno S. XXI.
Lo primero que hay que decir sobre el reparto, es que es admirable el empeño que tienen por defender la función, en general entusiasta, y entregado, aunque irregular en sus capacidades.
Brilla mucho Javier Enguix, el artista más sólido en lo vocal y actoral de la función, el que mejor cantó, y el que más pillado tiene el papel, excesos de dirección aparte. También Javier Toca como bailarín deja ver su talento, ya conocido para los aficionados, aunque las ramplonas coreografías, de Cuca Pon, no aprovechan su arte lo suficiente. Un par de solos suyos me supieron a gloria, sólido, expresivo y a años luz del resto del elenco. Es notable también el trabajo de Marta Arteta, con buen desplante escénico, buena voz, e interesante en las coreografías, y salvando el tipo en un papel imposible de defender, que afronta con profesionalidad y solvencia. También Tamia Déniz salva los trastos gracias a su elegancia y una afortunada intervención musical. Del resto del elenco destacar la bonita voz de Mikel Hennet, muy mal dirigido en la parte actoral, especialmente como hermano de Lucas, que el pobre no sabe por donde salir del destrozo escénico en el que lo han metido. Más flojas resultaron Raquel Martín, francamente anodina, así como Miriam Queba, pasada de vueltas, aunque es cierto que en la breve intervención musical que tiene se encuentra correcta. Entendemos que a la cabeza del espectáculo se encuentra Patricia Arizmendi, resultando insuficiente en todas las disciplinas, floja en la parte actoral, en la que falta naturalidad, pero he de decir en su descargo que es cierto que enfocar según que cosas con sentido es una tarea ímproba. Imposible en lo musical, con una voz de distintos colores según el pasaje que esté cantando, de escasa técnica, y con problemas en la zona aguda, en una partitura que no se caracteriza precisamente por su dificultad.
Vayamos con la propuesta escénica.
Ricard Reguant firma el espectáculo, y lo hace exactamente en misma línea con la que firma el texto. No hay composición de personajes más allá de cuatro pinceladas, ya que los actores, a excepción de Enguix, parecen ser ellos mismos en su versión supuestamente más pizpireta, y "muy arriba" como nos decía un conocido empresario teatral y televisivo cuando quería que estuviéramos energéticos en el escenario. No hay más en lo actoral. Al no haber conflicto en el texto, no hay teatro, solo escenas apenas hiladas, en las que el gag visual mas burdo sirve para apoyar al texto. No sé las veces que los chicos se señalan la entrepierna durante la función, para que nos quede claro lo que ya deja cristalino el texto. Mucho arrimar cebolleta, mucho Benny Hill, chicas en bikini y tacones, mucha lentejuela, y poco más. Solo cuatro obviedades de sal gorda que se repiten durante todo el espectáculo, y sopor, mucho sopor en una hora y media que se nos hace eterna.
El colmo del despropósito llega ya al final del espectáculo, en el que sin pudor ninguno se repite el número con el que da inicio el musical, una vez más por aquello de alargar la función, y justificar el precio de la entrada, para luego incluir el medley de rigor en el que se nos vuelven a cantar todas las canciones del espectáculo.
Es muy triste ver que un material atractivo como son las canciones de la Carrá se vean tan mal tratadas a nivel escénico, en un producto oportunista, y que no tiene ninguna otra aspiración más que el hacer caja, algo por otro lado respetable, siempre y cuando se mantengan unos mínimos escénicos que a todas luces aquí no se cumplen. La música enlatada, algo que parece ser la tónica ultimamente, y una escuálida escenografía en la que un telón viste el escenario junto con una bola de discoteca, y poco más, son el envoltorio del espectáculo. Si seguimos por este camino, ya iniciado de nuevo con el Jekyll del Canal, nos cargamos el género, ojito, que esto ya ocurrió en el anterior boom de los musicales, con una salvedad, ya hemos visto muchos musicales en nuestro país, y los espectadores somos conscientes de que el "todo vale", YA NO VALE.
*Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible.
viernes, 27 de septiembre de 2019
La Función Que Sale Mal, Cuanto Peor Salga... Mejor.
*Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible.
miércoles, 19 de septiembre de 2018
Fedra, La Frialdad De La Corrección
*Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible.



























