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jueves, 17 de noviembre de 2022

Magnolia, Agridulce Comedia En Torno Al Amor.

 


La comedia romántica no es un género muy cultivado en nuestro país, aunque si goza de mucha popularidad en el mundo anglosajón, y algunos productos han sido exportados con indudable éxito. En mi mente está "Descalzos por el parque" de Neil Simon, como uno de los más claros exponentes de comedia romántica en cuanto a teatro se refiere, aunque hay bastantes ejemplos que han cuajado entre nosotros de manera muy notoria, en el cine quizás es donde más se ha prodigado el género por estos lares, con éxitos masivos y muy incrustados en la cultura popular. Si algo caracteriza este tipo de comedia es el tono intimista, sensible, y en muchas ocasiones de agridulce final, ya que no todas las historias de amor acaban bien, y a nivel dramático tienen sin duda más jugo las que se plantean con sus aristas. De vez en cuando surgen historias de este tipo que son toda una sorpresa, y que más allá del tono almibarado que a veces se utiliza en el género, nos plantean una serie de cuestiones muy interesantes sobre los conflictos de pareja. Esta disertación viene a colación por una estupenda pieza de cámara que he tenido ocasión de ver hace unos días en los Teatros Luchana y que sin duda ha sido una agradabilísima sorpresa, de esas que nos encontramos así sin darnos cuenta, y que te alegran el ojo cuando las descubres. La obra en cuestión es Magnolia, texto muy recomendable, y que sin duda merece un largo recorrido. 

  


Magnolia de Steven Dietz, es un sólido texto en el que dos personajes se encuentran de manera fortuita en un aeropuerto durante una tormenta que ha retrasado sus vuelos. No son dos desconocidos, si no una pareja rota hace muchos años y cuyas vidas has transcurrido de maneras muy diferentes. El encuentro sirve para plantearnos una serie de cuestiones muy interesantes sobre las relaciones de pareja, la incomunicación, las motivaciones de las mismas, y algo muy importante las concesiones que se hacen y que luego se van cargando en una mochila muy difícil de transportar. En un tono agridulce Dietz nos va desgranando esta íntima historia que nos llega de manera muy directa y muy sencilla, con su pizca de lirismo, y su gran verdad en la composición de los personajes, por cierto espléndidamente escritos. Los dos protagonistas de la obra tiene sus momentos de lucimiento, diferentes estados emocionales, y un amplio recorrido desde que empieza la función hasta que acaba. En Magnolia nos encontramos ante un viaje emocional hacia el interior de una pareja que fue, y que nunca se olvidó, con muchas cuentas pendientes, muchas cosas que decirse... y un final inconcluso. A esto que planteo hay que añadir un equilibrado sentido del humor, muy bien dosificado, que nos va dando respiro ante los momentos más dramáticos. Los giros se encuentran bien expuestos, y las dos psicologías perfectamente definidas, en un juego actoral de alto voltaje para los dos intérpretes de la función.



 

La obra está protagonizada por Marina Muñoz y David Villanueva, en un trabajo que solo puede ser medido en conjunto, ya que el nivel de comunicación, química e implicación entre nuestros dos actores es mayúsculo. Si algo caracteriza a la composición actoral de la obra, es la verdad. Si, esa verdad tan buscada en el teatro y tan poco encontrada. Villanueva en un principio un poco más arquetípico que su compañera, dadas las características, del personaje ofrece una interpretación pulcra, interiorizada, y de gran desarrollo durante la función, siendo muy interesante ver la evolución de un personaje que empieza mostrándose en su exterior para acabar desnudando su alma a medida que se van desarrollando los conflictos. Con buena capacidad para llegar a la emoción, muy entregado y un gran sentido de la escucha, algo en lo que se apoya a la perfección Marina Muñoz, más explosiva, dado que su personaje también lo es. Muñoz, un prodigio de naturalidad, las da todas en sus momentos más comprometidos, nos enternece y nos hace sonreír en un papel de esos que nos apetece llevarnos para casa. Muñoz posee un gran capacidad para el drama, y brilla mucho en un par de escenas muy comprometidas que son solventadas de manera admirable consiguiendo emocionarnos en sus intervenciones, en lo que parece un tratado sobre la bondad y el alma del ser humano. Ambas interpretaciones, mesuradísimas, casi cinematográficas en el estilo, y muy bien medidas, bucean en los vericuetos del intimismo, siendo las miradas importantísimas, y las cosas que se dicen de cerca y de verdad, consiguiendo el maravilloso e ilusorio efecto de que lo que estamos viendo en escena es absolutamente real. Nos encontramos ante un duelo actoral de altura, y lo que es más importante, de enorme sensibilidad. Sobresaliente pues para nuestros dos actores, que se ajustan como un guante a lo que el texto pide, consiguiendo dos interpretaciones carismáticas y ajustadísimas al texto.



Vayamos con la dirección escénica, que corre a cargo de Antonio Cantos, y que conoce muy bien el material que tiene entre manos. Cantos juega con el espectador de manera muy astuta planteándonos el espectáculo en su inicio como una comedia al estilo de Cuando Harry encontró a Sally, de manera inteligentemente engañosa, con premeditación y alevosía, ya que cuando nos pensamos que vamos a ver un comedieta romántica al uso, nos deja con un palmo de narices, apostando por el dramatismo, la intensidad, y un intimismo muy marcado, que se ve enriquecido por las características de la sala, algo que refuerza a la propuesta hasta lo estratosférico.

La dirección pulcra, con unas líneas clarísimas en cuanto a los objetivos y a las acciones, se caracteriza por dos cosas, lo bien que se entiende todo lo que se nos plantea en el espectáculo, y que nada ocurre de manera gratuita. Me encanta cuando los actores tienen cosas que hacer mientras sueltan texto, y sobre todo cuando estas acciones además de lógicas apoyan lo que se dice, en Magnolia, eso es precisamente lo que más subyace, amén de un brillante sentido del ritmo, y de la intriga, ya que se nos van dejando miguitas a lo largo de la función que recogemos al momento, para saborearlas según se nos van desgranando conflictos. En este tipo de texto, lo más importante y lo que a fin de cuentas se nos quiere contar es el vínculo entre los personajes, estando igual de bien perfilado que las acciones, algo que sin duda convierten a la función en un juguetito pequeño, entrañable, sentido, y sobre todo emotivo, nunca cayendo en el romanticismo facilón, la cosa va por otros derroteros, y siempre apostando por los sentimientos de verdad y a flor de piel, y donde el amor se nos plantea con sus virtudes y sus defectos.

Magnolia es una propuesta sólida, sensible, ejecutada con un amor infinito y que nos deja huella cuando la vemos, por su sencillez y honestidad, desde el punto justo que se debe abordar un texto así, es decir, la cercanía y la verdad. 

miércoles, 27 de julio de 2022

Pareja Abierta, La Comedia Que Nunca Falla.

 


Hay textos que así que pasen años y años desde su estreno siguen teniendo vigencia, ese es sin duda el caso de la célebre comedia de Dario Fo y Franca Rame Pareja Abierta, todo un clásico que sigue sorprendiendo a las nuevas generaciones, y que de vez en cuando nunca viene mal revisar, algo relativamente fácil, ya que el título se ha representado mucho en nuestro país. Conozco bien el texto del tándem Fo y Rame, lo he visto tres veces en teatro, y realicé varias escenas de la obra durante mis tiempos de estudiante de interpretación, siendo esta función para mí muy querida por muchos motivos más allá de aquellos que tienen que ver con mi memoria como espectador de teatro. Cada vez que se repone, me interesa verla, las posibilidades del texto son infinitas, y el enfoque escénico puede ser muy variopinto, por tanto la obra siempre se reinventa a si misma en cada puesta, y sobre todo se afianza como lo que es, un clásico de la comedia, y por supuesto del teatro universal. Ya hace unos meses que se estrenó en los Luchana una nueva versión de la obra interpretada por Felipe Andrés y Carmen Gutiérrez, y por supuesto me apetecía mucho volver a verla, la última vez creo recordar que la vi en la sala pequeña del Nuevo Alcalá allá por 2017, saliendo con una muy buena sensación, siendo el momento perfecto este 2022 para volver a disfrutarla de nuevo, algo que sin duda hice, como iré narrando. 



Pareja Abierta de Dario Fo y Franca Rame se estrenó en 1983, y desde entonces su trayectoria por todos los teatros del mundo ha sido amplia y llevada a cabo por actores y actrices de renombre. En nuestro país, los primeros Pío y Antonia, fueron Magüi Mira y Ángel de Andrés López, siendo también muy recordada la versión para televisión que hicieron Rosa María Sardá y José Sancho a principios de los 2000, y que a mi personalmente me parece referencial. 

La versión que se está representando en estos días tiene algunas modificaciones con respecto a la obra original, muy especialmente en su final, que no desvelaré, y que me parece un acierto, ya que siempre encontré muy abrupto y un tanto anti climático, quedando en este caso más abierto que el original.

La obra corrosiva, negrísima e inteligentísima nos habla de Antonia y Pío, una pareja rutinaria, que lleva muchos años junta, y en la que Pío se pega la vida padre con unas y otras amantes, mientras Antonia entre amenaza y amenaza de suicidio, sufre y aguanta lo indecible. El día que Antonia se cansa Pío le propone ser una pareja abierta, algo que él le parece estupendo mientras que ella una vez más claudica por su marido. El conflicto viene cuando Antonia empieza a hacer lo mismo que Pío, algo que el buen señor no lleva nada bien, ya que el concepto de pareja abierta para él es un tanto peculiar. El marido puede hacer lo que le de la gana... pero la mujer no. Hasta aquí puedo contar. 

Fo y Rame parten de un naturalismo descarnado para exponer una serie de cuestiones universales en las relaciones de pareja, contadas con un sentido del humor muy macabro, violento en algunos casos, y que pone en la picota algunos conceptos que siguen de rabiosa actualidad cuarenta años después de su estreno. Implacables con el personaje de Pío, progre de boquilla, ruin y reaccionario a partes iguales, resultando el papel una radiografía perfecta de algunos hombres que todos conocemos. Antonia se nos presenta en un tono más amable, dentro de los parámetros de la obra, aunque también tiene su punto manipulador, aunque el fondo es más noble que el de su marido. Ambos personajes se complementan a la perfección, y tienen gran enjundia en su psicología, siendo el texto un verdadero desafío dado las innumerables y extremas situaciones escénicas que se presentan, así como los diferentes estados de ánimo por los que transitan. 

Los giros de texto, bien medidos y sorpresivos, son parte fundamental de un texto que juega con el espectador a placer, nunca sabiendo hasta el final cuanto hay de verdad y de mentira en lo que los personajes nos cuentan, algo que por otra parte no es tan extraño de ver en algunas relaciones de pareja, especialmente si son tan tóxicas como la de Pío y Antonia. 

La obra nos hace reír, es cierto, pero con una risa amarga, y el sarcasmo es el recurso con el Fo y Rame trufaron su texto de principio a fin, de manera atroz y con un efecto catártico nada desdeñable. Al principio de la función parece que nos encontramos ante una farsa de cuernos al uso, pero a medida que vamos entrando en materia nos damos cuenta de que estamos ante un texto mayúsculo, cargado de profundidad, y lo que es más importante, con un trasfondo amarguísimo, quedando claro una vez más que aquella máxima que dice que "el humor es una cosa muy seria" en no pocas veces es una verdad casi absoluta. 




La obra se sustenta en la interpretación de Felipe Andrés y Carmen Gutiérrez, y su trabajo debe analizarse en conjunto ya que en este tipo de funciones, podríamos decir que de cámara, los dos actores en lid no podrían sustentar su trabajo sin el de el compañero. 

Es importante puntualizar el equilibrio entre ambos intérpretes, que se entienden a la perfección,  en códigos un tanto diferentes, pero absolutamente complementarios. Andrés en un código más arquetípico, dando vida a un patán en toda regla, cínico y caradura, con aspecto de no haber roto un plato en su vida. Resulta muy interesante la corporalidad de nuestro actor, que define muy bien al personaje, y que va en total consonancia con la voz, siendo la creación completa y creíble. Carmen Gutiérrez con un trabajo quizás más interiorizado, resulta abrumadora en sus escenas más comprometidas, con una implicación emocional más que respetable, y a la que en todo momento nos creemos en un trabajo cargado de verdad y humanidad. A medida que la función va avanzando, ambos actores se van entonando, y van enseñando la artillería pesada a nivel interpretativo, tal y como el texto requiere, siendo el último tramo de la función el más brillante en cuanto al trabajo actoral se refiere y el que sin duda más impacta al espectador. Nunca extremados, y ojito que el texto puede dar lugar a excesos de todo tipo, si algo caracteriza a las interpretaciones es la sutileza y la profundidad. Los alfilerazos verbales que se nos presentan son servidos de manera impecable, y con buen conocimiento de la comedia. Algunos chistes son tan sutiles que se dejan caer como si nada, para que el espectador reaccione unos segundos después consiguiendo el efecto deseado. La química entre ambos intérpretes es muy notoria, y la escucha al compañero funciona como un reloj, algo importantísimo en una obra de estas características, rematándose el trabajo con un manejo del texto encomiable y clarificador que enriquece mucho a la obra original. Nos encontramos ante un complejo trabajo actoral, bien ensamblado y redondo a todas luces, viéndose sorteados sin problema las enormes dificultades del texto, siendo el resultado de altura e indudable interés escénico.



 


La función viene firmada por Susana Hernáiz y Felipe Andrés, y la verdad es que le han pillado muy bien el punto al espectáculo, resultando el trabajo muy pulcro en la dirección de actores, esclarecedor en cuanto a los vínculos y objetivos, y bien planteadas las acciones escénicas. Me gustan los espectáculos en los que los actores saben lo que tienen que hacer en cada momento, y que además lo que hacen tiene coherencia con lo que dicen, y esta función es un caso clarísimo de lo que planteo. Los ritmos bien manejados, consiguen que se nos pase muy rápido la hora y media que dura la función, sin que en ningún momento decaiga o alguna escena pase desapercibida. Todo lo que se dice tiene importancia, todo se entiende, y todo refleja perfectamente, actualizaciones del texto aparte, la obra original. 

Otra cosa a tener en cuenta es el tono relativamente sosegado de una función que tiene la peligrosa tendencia a convertirse en una farsa chabacana, y que en este caso no es así, la obra es lo suficientemente extrema como para cargar las tintas con interpretaciones pasadas de rosca, y eso parecen tenerlo muy claro Hernáiz y Andrés que desde una perspectiva naturalista sacan lo mejor de los personajes, acercándolos a la verdad algo que hace que el texto se nos haga más cercano y sobre todo que lo que en él se plantea nos sea completamente reconocible. Resulta muy interesante el trabajo de clarificación del texto, ya que todo lo que se nos plantea se entiende, sin caer en ningún momento en lo obvio dejando que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones de lo que está presenciando, eso sí llevándonos nuestros directores al lugar que quieren si que apenas nos demos cuenta. 

Esta Pareja Abierta es un caso claro de teatro bien hecho, modesto en los medios, pero de gran fortaleza en el fondo, una propuesta sólida, bien tramada, y que tal y como Dario Fo y Franca Rame pretendieron, nos hiela la sonrisa en la boca, y nos deja un poso de reflexión una vez visualizada la obra. Sin duda nos encontramos ante una función altamente recomendable, divertida, pero que no se queda en una comedieta sin más para pasar una calurosa tarde de verano.



 

jueves, 10 de diciembre de 2020

El Mejor De Los Sentidos, La Comedia Con Sentido.

La comedia cuanto más fina, mejor funciona, siempre y cuando hablamos de aquellas que basan la comicidad en el texto. Sin duda esta es mi favorita, y la más difícil de hacer, si dejamos de lado la comedia física, en la que no en pocas ocasiones, la integridad de los actores se ve seriamente en peligro. Para que una buena comedia de texto funcione, además de obviamente el texto, es necesario que los actores hilen muy fino, encajando los chistes sin aspavientos y desde la verdad. Los fuegos de artificio no suelen ser efectivos exceptuando aquellos figurones que tienen sus gags aprendidos y repetidos, que dan a su público lo que quieren ver. Por tanto, para poner en pie una buena comedia, el nivel actoral suele ser muy exigente, dándose la paradoja que como género sea denostado, ya que su función de entretenimiento ligero suele ir acompañado de cierto prejuicio "cultureta" que piensa que ese tipo de teatro no merece estar en el Olimpo teatral. Hacer feliz al respetable, es una de las labores más importantes de nuestros actores, y en estos tiempos, más que nunca, el humor y el escapismo son esenciales para afrontar el duro día a día que tenemos que soportar, así que valoremos a nuestros cómicos en su justa medida, como sanadores del alma, y propiciadores de alegría, que ya otros se encargan de amargarnos la existencia por otros lados, que no vienen a cuento pero que todos conocemos. El pasado sábado me surgió la oportunidad de ver "El mejor de los sentidos" en los Teatros Luchana, y la verdad es que no me lo pensé dos veces, me apetecía mucho pasármelo bien, sin complicaciones, pero a la vez tener una velada de teatro de calidad. No me equivoqué, ya que sin duda me encontré ante una buena comedia, de las que ya no se ven en nuestras carteleras, y que me dejó un delicioso sabor de boca, al finalizar. 

  

"El mejor de los sentidos" de Luis Flor, se rige dentro de los parámetros clásicos del teatro cómico que tira de ironía e inteligencia en los chistes, y que mediante el recurso de tres personajes de psicologías completamente opuestas, intenta resolver el conflicto de los dos personajes principales, cuando un tercero en discordia aparece cual Mary Poppins moderna a ponerlo todo patas arriba. La historia es simple, dos amigos del alma, uno pijo, superficial y vago vaguísimo, y otro actor sordo, de dudoso talento, que se ve obligado a convertirse en monologuista dado que es incapaz de escuchar las réplicas de sus compañero, ven como su forma de ver la vida cambia radicalmente cuando la "coach" de la madre de nuestro querido pijo, les empieza a plantear una serie de cuestiones, que dan lugar a una serie de disparatadas situaciones escénicas, que a su vez sirven de ayuda para reconducir su vida por nuevos derroteros. 

Flor plantea un texto sólido, bien expuesto desde el principio, en el que se marcan perfectamente las líneas de los personajes, muy ricos en su concepción, y muy reconocibles para el espectador. Floren, el actor, cargado de bonhomía e inseguridades. Marc, superficial y egoísta. Y por último Úrsula, un torbellino arrollador, y superviviente nata. Estos tres personajes se complementan a la perfección, encontrándose la figura del payaso tonto en Floren, el listo en Marc, y la que rompe con los roles en Úrsula. 

De humor mordaz e inteligente en su texto, "El mejor de los sentidos" se sirve de un lenguaje coloquial, nunca vulgar, y en la que los alfilerazos verbales se suceden de forma vertiginosa, necesitando el espectador una décimas de segundo para procesar lo que se ha dicho. La historia se encuentra muy bien tramada, en la que una estructura clásica de presentación de personajes, centro desmadrado, y final resolutivo, son las características más representativas, y que funcionan de maravilla en su concepto de comedia ácida a ratos, tierna en la mayor de las veces, y con su mensaje al final, que nos llevamos a casa para rumiarlo tranquilamente. No desvelaré cual es "El mejor de los sentidos", pero si es cierto que esta semana le planteé a varias personas, que ese sin duda era el mejor de todos, y que al final de la función se nos explica en que consiste. 



A nivel actoral, sin duda, nos encontramos con un buen plantel de artistas, que saben muy bien el  material que tienen entre manos, y que aprovechan al máximo las características de cada personaje.

Luis Flor como Marc, cargado de naturalidad, afronta el personaje desde cierto pasotismo muy en consonancia que este cínico vividor, que acusa un ombliguismo marcadísimo, y cierto poso egoísta que definen perfectamente lo que se nos quiso contar con el papel. Curiosamente no nos cae mal, lo entendemos, y no diré que empaticemos con él, pero si que comprendemos todo lo que pasa por su cabeza. Mérito sin duda de nuestro actor, que desde un impoluto trabajo con el texto, y una actitud escénica muy marcada consigue delimitar a Marc con ojo clínico, y sin ninguna duda con un afán crítico, que resulta muy gratificante para el espectador. Impagable en la entrevista de trabajo tan particular que ofrece, uno de los momentos más divertidos de la función.

Felipe Andrés, como Floren, resulta enternecedor, con cierto aire desvalido que hace que nos apetezca llevárnoslo a casa, y que dentro de su ligeramente neurótica personalidad, resulta muy rico en matices, en una interpretación introspectiva y tremendamente sólida. Andrés aborda el papel desde la sensibilidad, alejado de la estridencia y con una comicidad muy efectiva, que nos llega muy directa en su totalidad, resultando brillantísimo en su difícil monólogo inicial, con el que ya ha definido el personaje a la perfección, y una estupenda escena, en la que el haber bebido algo que no debía da como resultado un "problemilla" de aparentemente difícil solución.

Susana Hernáiz, como Úrsula, de rotundísima presencia escénica, en el típico código de "rompe y rasga" tan cercano a las características de comedia. Nuestra actriz lleva a cabo una interpretación cargada de empaque, y muy bien estructurada, sabiendo perfectamente cual es su sitio en cada escena. Úrsula manda en la función, y sin duda Susana Hernáiz lo sabe, haciendo un uso modélico de la voz, y el gesto grande, siempre en su punto justo y sin caer en el exceso, que dado las características del personaje, sería el camino más fácil por el que tirar. Sabe aportar sensibilidad a su papel, que tiene más capas que una cebolla, y que tiene mucho de fachada, y todavía más de mundo interior. Templada y sentadísima, nos encontramos ante una actriz carismática y muy dotada para la comedia, a la que vi disfrutar mucho en su papel, siendo el resultado que los espectadores también disfrutemos con ella. 



El espectáculo viene firmado por Juan Carlos Talavera, y la verdad es que se luce mucho en sus labores de dirección. Partiendo de una propuesta escénica sencilla, sin cambios de escenografía, el jardín del chalé de Marc en el que se desarrolla la acción resulta suficiente para lo que se nos quiere contar, donde lo más importante es la interpretación de los actores, sin más aditivos, ni falta que les hace. Talavera ofrece un espectáculo ágil, en total consonancia con el texto, nunca atropellado, y que se nos pasa en un suspiro. Para lograr mantener el interés el uso del ritmo es primordial, siendo en este caso un completo acierto, subiendo en intensidad a la vez que la comicidad, para volver al sosegado ritmo del principio al final de la función. Nos encontramos ante un espectáculo de estudiado humor, siempre de sonrisa, y con alguna carcajada, que nos hace muy felices en su desarrollo, y a la que Juan Carlos Talavera le tiene el punto muy pillado sabiendo perfectamente donde debe tirar de artillería pesada, y donde rebajar la tensión para reforzar las interpretaciones. Partiendo de unos objetivos marcadísimos, y unos vínculos delimitados a la perfección, la sensación que se tiene al ver el espectáculo es la de un trabajo pulcro, elaborado, y de mimado acabado, siendo el resultado el de una obra de gran solidez en su totalidad, bien presentada y estupendamente interpretada.

"El mejor de los sentidos" es un ejemplo claro de comedia ligera, amable en su fondo, bien ejecutada, y que resulta ideal para pasar una tarde de fin de semana en estos tiempos pandémicos. Por un ratito me olvidé de lo que había en la calle, y me llevé la sonrisa puesta, algo que ya es mucho decir. Nos encontramos ante buen teatro, de humor blanco, con su "pellizco" que diría un andaluz, con unos personajes deliciosos, y que se me antoja un bálsamo para el alma, en el que un mensaje de optimismo, y de superación personal se encuentran muy latentes.



 

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lunes, 14 de septiembre de 2020

"Cantar Las 40", Mirando Hacia Atrás Sin Ira.

A medida que uno va peinando canas, la nostalgia se va convirtiendo en una compañera del viaje que me ha tocado en suerte a lo largo de mi existencia. Curiosamente la nostalgia no se traduce en recuerdos de momentos importantes de nuestra vida, normalmente es lo cotidiano, lo intrascendente, aquello que hace que la nostalgia aflore. Una canción popular, un olor, una golosina, o la cabecera de un programa de televisión que nos fascinaba de pequeños son muchas veces el detonante de un torrente de recuerdos que nos llega de forma muy vívida y por supuesto engañosa, ya que si bien las cosas, al menos en mi caso, no fueron exactamente como las recuerdo, si las recuerdo como hubiese querido que fueran, u omito aquello que no me resulta agradable. No nos engañemos, la nostalgia es idealizar lo vivido, quedarse con lo realmente importante, según nuestra memoria sentimental, y sobre todo un cúmulo de sensaciones arrinconadas en nuestro subconsciente que cuando menos te lo esperas afloran en un extraño ejercicio entre placentero y triste, y que nos sirve para armar nuestra vida, que no deja de ser un racimo de experiencias y recuerdos que nos hacen la persona que somos, con nuestras vivencias como aprendizaje, y como empuje para afrontar todo aquello que nos queda por vivir. 

El pasado viernes asistí en los Teatros Luchana a un ejercicio autobiográfico y nostálgico en forma de concierto teatralizado, el espectáculo en cuestión se titula "Cantar las 40", en el que su protagonista Manuel Ramos consiguió retroaterme a mi infancia y juventud con un puñado de canciones que a todos los cuarentones nos llegaron de forma muy directa. Recuerdo cuando era pequeño, que mis padres ponían sus canciones de juventud a todas horas, y a mi me parecía un auténtico coñazo, no entendía el motivo por el cual tenían esa necesidad de escuchar aquellas antiguallas, que ahora yo también escucho ya que también forman parte de mi vida, y ahora me encuentro haciendo exactamente lo mismo que ellos, con la misma sensación que creo que han tenido todos los seres humanos desde que la humanidad existe, y que es una realidad absoluta (al menos para el que lo piensa). MI GENERACIÓN FUE LA MEJOR DE TODA LA HISTORIA. 

Fue una velada emocionante, entretenida y de calidad, como iré contando, y sin duda un espectáculo muy apropiado para estos extraños tiempos casi distópicos que nos ha tocado vivir, en los que creo que el escapismo será una de las armas más importantes con la que saldremos de ellos. Hay que disfrutar el momento, y sobre todo aligerar los problemas que nos acucian a todos gracias a lo que todos sabemos. 


                                            

"Cantar las 40" de Manuel Ramos es un monólogo musical, en el que se incluyen 16 canciones muy emblemáticas de los últimos 40 años de este país, así como un repaso a la mayoría de los hechos históricos más importantes que hemos vivido durante este tiempo. Ramos desgrana su vida en un texto amable e intimista, contándonos sus experiencias como artista de musicales, y su vida personal, desde un punto de vista divertido y sensible, y también reivindicativo en cuanto a los derechos LGTBIQ+, siempre dentro de un tono festivo, deliciosamente queer, y por que no decirlo valiente, ya que desnudar el alma de esta manera ante un puñado  de desconocidos, no creo que sea fácil. El texto resulta muy equilibrado, y perfectamente elegido el repertorio de canciones, todas muy reconocibles y realmente acertadas para reflejar aquello que se nos quiere contar en cada momento. La función dividida en cuatro bloques, dedicado cada uno a una década, nos cuenta el desarrollo personal de su protagonista, teniendo como vehículo la fiesta del cuarenta cumpleaños del mismo, que poco a poco va revelando recuerdos y canciones, de forma desprejuiciada, divertida, enorme ternura, y su punto gamberro que nunca viene mal.


                                              

 Manuel Ramos protagonista del show, y acompañado al piano de Jaime Zelada, se entrega al máximo, ofreciendo todo aquello que tiene, y con un gran conocimiento del repertorio que mejor le va a su instrumento de timbre baritonal, aunque se defiende bastante bien en la zona aguda, teniendo un buen uso del falsete, y demás recursos estilísticos netamente musicaleros. La voz es bonita, y bien timbrada, dando momentos de gran expresividad especialmente en el tema principal de "La historia interminable" y un medley con temas de Mecano y Presuntos Implicados, en el que se supo lucir con gran intensidad. Muy disfrutón en lo actoral, se muestra muy desinhibido a la hora de contarnos su historia, de forma coloquial y muy directa, ofreciendo grandes dosis de ternura, comicidad, y bastante picardía. Ramos consigue que nos lo queramos llevar a casa, ya que la composición que realiza resulta tan fresca y deliciosa que nos cae simpático desde que pone el pie en el escenario. Personalísimo en su ejecución y carismático, se muestra como el gran artista que es, así como su sensibilidad a la hora de afrontar ciertos temas,no solo de su vida personal,  algo que sin duda nos llega muy directo, y de forma muy gratificante. Mención especial para Jaime Zelada que acompaña al piano de manera impoluta a nuestro artista, no quedándose en mero acompañamiento, ya que también interactúa en no pocas ocasiones, en el mismo tono desenfadado que su compañero en escena. 


                                

El espectáculo dirigido por el propio Manuel Ramos y Joan M. Segura, se encuentra dentro de los musicales de pequeño formato, que intuyo yo que serán abundantes hasta que se normalice la situación pandémica, y se rige por un tono íntimo, ligero y muy directo, en el que se hace partícipe al espectador en la mayoría de las canciones, siendo la rotura de la cuarta pared una de las señas de identidad del show. La obra ágil en su resolución, de ritmo frenético por momentos y cargada de buen rollo, se encuentra en su punto justo de equilibrio entre lo cómico y lo sensible sin caer en lo melífluo, resultando ciertamente emocionante por momentos, y desopilante en la mayoría de las ocasiones, donde sonrisa y carcajada se dan la mano de forma efectiva y muy bien medida. Nada sobra o falta en lo elegido, ni en las escenas habladas ni en los temas musicales, todo ello aderezado con un tono coloquial y muy asequible, que nos hace disfrutar de un entretenimiento sencillo, pero eficaz, y lo que es más importante rabiosamente divertido. Debo hacer mención al vestuario de Jara Venegas, fantasioso y colorido y muy en consonancia con cada situación escénica. 

En resumen, nos encontramos ante una propuesta modesta, pero muy cuidada en su acabado, tremendamente fresca, y en la más pura tradición de conciertos biográficos tan habituales en el mundo anglosajón, y que en nuestro país salvo honrosas excepciones, no han sido todavía lo suficientemente explotados. "Cantar Las 40" se me antoja una propuesta atractiva, y perfecta para pasar una agradable tarde de finales de verano. 


                           

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