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miércoles, 4 de octubre de 2023

Chicago, La Elegancia De Los Clásicos.


Antes de hablar del excelente Chicago que se está representando en el Nuevo Apolo, quisiera hacer una pequeña reflexión sobre los musicales en nuestro país, y el aluvión de estrenos que se nos avecina. Se ha iniciado por fin la temporada teatral 23-24 teniendo una vez más este año gran importancia el género musical. Hay estrenos de todo tipo y para todo tipo de público, clásicos, familiares, icónicos, gamberros, de pequeño y gran formato, y todos tienen un denominador común, el asentamiento de los musicales en la cartelera madrileña, y la confirmación del agrado del público por este tipo de espectáculos. Nunca me cansaré de repetir lo mismo, cantidad no es igual a calidad, y se debe pensar bien lo que realmente nos apetece ver, informarse antes y sobre todo saber si la producción se encuentra dentro de los estándares mínimos que un espectáculo de estas características debe tener. Las entradas tienen su precio, y deben ser los productores los que le ofrezcan al respetable lo que está pagando, el resto no vale. Es muy dañino para el género, para el teatro y para el negocio que general. Por tanto queridos lectores míos ser selectivos, y sobre todo no juzguéis a todos por igual tras una mala experiencia, al final esto es una carrera de fondo y las cosas caen por su propio peso, el que da gato por liebre, da la primera vez, la segunda posiblemente no. Trucos para no caer en fiascos... muy sencillo, investigar quien está detrás de la producción, guiarse por lo que dicen otros espectadores, y revisar el mayor número posible de material gráfico de la obra y sus elencos. Con estos pequeños tips, no fallaréis estoy seguro. Y ahora si... hablaré de Chicago.

 


Chicago, musical con partitura de John Kander, letras de Fred Ebb, y libreto de Bob Fosse y Fred Ebb, tuvo su estreno en Broadway en junio de 1975, y la verdad que en su estreno no tuvo el éxito esperado a pesar de contar con unos mimbres estupendos para que así fuera, amén de su magnífico equipo creativo, el protagonismo de Chita Rivera y Gwen Verdon, posteriormente sustituida por Liza Minelli tras una lesión de Verdon, no consiguieron que la obra pasara de un éxito más bien discreto y dos años en cartel, algo que en Broadway se puede considerar un éxito más bien mediano. La obra yo creo que no se entendió en su momento, y su estilo demasiado moderno en su concepción dramática, para los parámetros de la época, chocó con un público acostumbrado a platos quizás menos exquisitos, pero si de más fácil digestión. Además el mismo año que se estrenó Chicago un torbellino llamado A Chorus Line arrasó en Broadway, y sin ninguna duda le hizo sombra, algo que no se subsanó hasta 1997, cuando el exitoso revival, hoy considerado canónico, si consiguió el favor de crítica y público, convirtiéndose en un éxito arrollador que todavía perdura, siguiendo en cartel en Broadway desde se reposición hace casi treinta años. El público sin duda era otro, y la sociedad también, y Chicago dio de lleno en la diana con su crítica mordaz, su negrísimo humor, y sobre todo su lúcida mirada sobre nuestra sociedad.



 

La obra de indudable calidad, tanto musical como literaria, tiene sin duda varias cosas que lo hacen atemporal, universal, y decididamente una obra maestra del género. La partitura de Kander, de estilo ecléctico supo plasmar a la perfección el estilo musical de los Años 20 del siglo pasado en los que se desarrolla la trama, el jazz se encuentra muy presente, así como la música más relacionada con el vodevil, género estrella por aquellos tiempos. También se puede encontrar en la partitura un delicioso tango, no se nos olvide que causaba furor en aquella década, el sempiterno charlestón, así como un delicioso homenaje a la opereta, también en pleno esplendor por aquellos días. Lo más representativo de esta partitura es lo definitoria que resulta en cuanto a la psicología de cada personaje, que siempre sirve como catalizador de la acción dramática, y que se encuentra integrada dentro de la historia de manera magistral, completamente naturalizada y fluída, sin que nos sobre ni falte ni una sola coma en la partitura. Todos los solistas de la función tienen su momento de lucimiento, su gran escena, y sobre todo aquello que en la ópera llamamos aria, y que tan revelador resulta sobre los anhelos e inquietudes de los personajes. No se me malinterprete, no estoy diciendo que Chicago sea una ópera, pero si que la efectividad de su música, y el planteamiento de la partitura si se le acerca, muy especialmente a las óperas populares de Kurt Weill que casualmente, tuvieron su esplendor en los Años 20 del siglo pasado. 

Esto que planteo, en absoluto gratuito, entronca directamente con su libreto, de estilo Brechtiano, es sabido Brecht fue un excelso colaborado de Weill en algunas de sus composiciones más destacadas. La propuesta Brechtiana posiblemente fuera una de las cosas que más chocase en su estreno, su tono aparentemente frío, aséptico, con personajes de ambigua moral, increpador hacia el público, y dejando que sea el respetable el que juzgue lo que está visualizando, son algunas de las insignias del musical, y uno de los grandes aciertos, ya que la inteligencia con la que el conflicto está planteado sin ninguna duda es notable. La historia, lo suficientemente conocida como para ser narrada, se basa en una obra de teatro que se estrenó con notable éxito en la época que sucedieron los hechos que se nos cuentan, y si, digo sucedieron, ya que las dos adorables asesinas que se nos muestran en la obra fueron dos personajes reales, que tuvieron una historia muy parecida a la de Roxie Hart y Velma Kelly. Lo que se nos cuenta es el auge, caída y resurgir de dos mujeres capaces de matar a sangre fría es cierto, pero esa es la excusa para mostrarnos todos los vicios de la sociedad contemporánea, adocenamiento, manipulación de la opinión pública, oportunismo y amarillismo de la prensa, falta de escrúpulos en la abogacía, y corrupción carcelaria, y que tan bien se plasmó en el que para mí es el número más importante de la obra, "Class", que además de bellísimo sirve de catártico para el público, tanto en cuanto el mensaje se nos deja cristalino y descarnado a partes iguales. Lo cutre gana, lo zafio campa a sus anchas, lo vulgar se alaba, y la ausencia de valores se considera una virtud... volvemos a Brecht y Weill ¿verdad?. Chicago es una farsa inteligente, ácida, y sin ninguna duda inspiradísima a todos los niveles, y que intuyo yo que seguirá vigente durante muchos años, aquí, en Broadway y en Pekín, porque lo que se ve en la obra es pura esencia del ser humano en su peor vertiente, eso si, rabiosamente divertida y con un indudable interés teatral. 



Vayamos con el elenco, acertadísimo, y muy bien ensamblado de principio a fin. 

Chicago precisa de unos artistas con un elevado nivel en todas las disciplinas, y muy especialmente un conjunto multidisciplinar, en el que la danza es crucial para el buen desarrollo del espectáculo. El conjunto de esta producción es uno de los mejores que se han visto en años en Madrid. Funcionan perfectamente como un solo personaje, respirando, moviéndose y disfrutando todos a la vez, resultan vibrantes, elegantes y muy precisos en las coreografías, algo importantísimo cuando del "estilo Fosse" estamos hablando. Simplemente perfectos no hay más que añadir. Bueno si, que todos se adecúan a cada uno de los pequeños roles a la perfección, siendo las pequeñas partes un buen apoyo de los personajes principales.

Los secunadarios igual de bien elegidos, pasan por la calidad de los intérpretes, el conocimiento del género, y la precisión en la composición de los personajes, amén de un altísimo nivel en la disciplina de canto. 

A. Bolea como Mary Sunshine, impecable en el código lírico que el papel requiere, de poderoso agudo y muy buen fiato, responde sin problemas en su comprometido número principal, muy al estilo de Julie Andrews, siempre des un punto de vista paródico, por supuesto. Bolea pasa por la interpretación poderosa, medida en lo musical, contenida en lo físico y actoral, y su papel resulta uno de los bombones de la obra... aunque en esta obra todos son bombones, ja ja ja. 

Alejandro Vera como Amos Hart, adecuadísimo en un personaje de dificultad indudable, y que a mi personalmente me resulta profundamente entrañable. Amos Hart puede parecer como papel desagradecido pero tiene una serie de características que lo hacen especialmente difícil, y que Vera literalmente borda. Con cierto aire a Buster Keaton, su aparente inexpresividad cuadra perfectamente con este "Míster Celofán" de el que todo el mundo pasa olimpicamente. Espectacular en su número principal, con un acabado impecable, bella voz, y un recorrido interior muy interesante. 

Inma Cuevas como Mama Morton. Cuevas de gran popularidad por sus trabajos televisivos, reconozco que para mi ha sido un gran descubrimiento en su faceta como cantante. Poderosísimo instrumento, voz enorme, de atractivo y peculiar timbre, consigue uno de los momentos más importantes del espectáculo en su primera salida, dotando al número de un empaque considerable, por bien cantado, bravura y elegancia musical. También brilla mucho en "Class" mi tema favorito de la obra, en el que la sensibilidad y el buen gusto cantanto fueron la tónica. Actoralmente da exactamente lo que el papel pide, rotundidad, imponente presencia escénica, frases lapidarias, y mucha socarronería. 

Ivan Labanda, como Billy Flynn. Labanda avezadísimo actor de musicales, sabe controlar muy bien los tiempos escénicos y cargar las tintas cuando se debe hacer. Domina a la perfección el personaje y su particular estilo como intérprete se adecúa muy bien al papel, cínico, y siempre con una sonrisa tensa que nos deja entrever lo que hay detras de ese atractivo fantoche que lleva a cabo. Resuelve muy bien las partes cantadas, incluso las más comprometidas, sus agudos largos y bien timbrados fueron la marca de la noche, siendo el acabado de su trabajo elegante y efectivo a partes iguales. 

Ela Ruiz, como Velma Kelly. Velma muerde, se nos puede ir de las manos en cualquier momento y resultar excesiva en su interpretación. En este caso Ruiz controla bien el personaje en lo actoral funcionando como elemento más explosivo al lado de la más contenida Roxie. Espléndida en lo vocal, la voz bella y poderosa, resulta adecuadísima en el icónico "All that jazz", y de gran sensibilidad en "Class". Impecable en sus dúos con Roxie, consigue ensamblar muy bien el instrumento con el de su compañera en escena. Hay un pequeño pero, la parte corporal no acaba de estar rematada del todo, y en algunos momentos se encuentra ligeramente desfondada, especialmente en "I can´t do it alone", me faltó más precisión en cuanto al gesto y al control del cuerpo. Todo esto que planteo es hilar muy fino, y dado el altísimo nivel del espectáculo y la dificultad de los personajes, hay que entender que Ela Ruiz cumple con el papel, pero todavía hay algunas cosas que debe pulir, fluidez en los movimientos especialmente. 

Silvia Álvarez, como Roxie Hart. Sin lugar a dudas la estrella de la noche. Álvarez que ya sirvió una espléndida Anita en West Side Story, entiendo que se encuentra en un momento de madurez artística indudable. Nuestra actriz se me antoja la Roxie perfecta, actoral, musical y fisicamente. El perfil Fosse es perfecto, el acabado de los números y el aire del papel también. Contenida, matizada, pulcra y con un planteamiento del personaje muy inteligente, es en mi humilde opinión la mejor Roxie que hemos tenido en este país, y ya he visto cuatro... Es destacable su enorme elegancia a la hora de afrontar los números y el acabado del personaje, la plasticidad en los movimientos, la aparente facilidad con la que afronta cada uno de los desafíos de la obra, que no son pocos, así como un profundo conocimiento de la obra y del rol que lleva a cabo. Todo resulta impecable desde el inicio de la función, en una interpretación coherente, bien medida, y de perfecto desarrollo. Todas las aristas de Roxie se ven perfectamente perfiladas, siendo el resultado una interpretacion deliciosa, compleja y absolutamente redonda. De atractiva presencia, con mucha luz en el escenario, magnífico desplante y tecnicamente perfecta, me atrevo a afirmar que nos encontramos ante una actriz en su plenitud artística, y ante una de las más importantes intérpretes del género de nuestro país. Silvia Álvarez ya es una grande y su trabajo es de premio... creo que no hay discusión. 

Hay que hacer una mención especial a la insuperable banda que acompaña al espectáculo con Andreu Gallén al frente, que es arte y parte en el espectáculo, siendo la lectura de gran dinamismo, espectacular en su acabado y que funciona a las mil maravillas en cuanto a integración en el espectáculo y por supuesto las acciones dramáticas que en él se plantean. Resulta enormemente placentero escuchar la gloriosa música del musical tan bien ejecutada... y un apunte muy definitorio, el público se queda sentado en sus butacas escuchando la "exit music" ya que no quiere perderse ni una nota de lo que están tocando. Pocas veces un servidor ha presenciado algo así...



Vayamos con la propuesta escénica:

La función es réplica del icónico montaje de 1997, y poco se puede decir de él que no se hay dicho ya, la elegancia de un escenario sin apenas escenografía, con la banda en el centro, el mítico marco dorado... y magia, mucha magia.Todo se sustenta en una luces maravillosas de Ken Bellington que envuelven de una especial atmófera a todo lo que transcurre en escena, lográndose unos cuadros de sugestiva belleza e indudable fuerza visual, y por supuesto el inspirado y minimalista vestuario de William Ivey Long, ya asociado a perpetuidad al musical, y al estilo Fosse, tan marcado y que tan bien se plasmó en esta producción. Las coreografías, ejecutadas a la perfección, de la desaparecida Ann Reinking son una maravilla de expresividad y funcionalidad teatral, así como todos los efectos que estaban en el montaje original, y que en esta producción se ven reproducidos de manera exacta, fluída y tecnicamente perfectos. Hay que destacar la labor de dirección actoral, entiendo que recaída en Víctor Conde como director residente, al menos en el tratamiento del texto en castellano, que se encuentra en su punto perfecto tanto a nivel dramático como de ritmo, siendo el resultado el de un espectáculo de altísimo voltaje teatral, inspirado acabado, y de indudable calidad. 

Entiendo y después de ver ya tres producciones de la obra en nuestro país, y cuatro elencos diferentes, que esta es la mejor a nivel artístico de todas las que se han hecho, y eso sin duda es un claro síntoma de la buena salud del género y especialmente de la cantera de artistas con formación multidisciplinar que tenemos en nuestro país. IM-PRES-CIN-DI-BLE




*La mayoría de las fotos de este artículo no se corresponden al elenco de Madrid, intentaré actualizarlas a medida que vaya publicándose material gráfico del espectáculo. 





jueves, 29 de septiembre de 2022

Cantando Bajo La Lluvia, Ese Es El Camino A Seguir.

 


Cantando bajo la lluvia... ¿Quien no ha tarareado la mítica canción alguna vez en su vida, en un momento de alegría, y debajo de un aguacero imprevisto?. Hay títulos que trascienden más allá de lo meramente artístico para convertirse en verdaderos iconos populares, tan incrustados en nuestra sociedad que no necesitan carta de presentación, ya que practicamente todo el mundo los conoce, por diferentes motivos, formando parte de nuestra memoria colectiva de manera muy viva. 

Cantando bajo la lluvia es uno de esos casos, ya que su popularidad y prestigio es tal que está considerada como la mejor película musical de la historia, y una de los mejores filmes jamás rodado. Varias veces se ha intentado llevar al escenario, casi siempre con desigual fortuna, teniendo fama de ser uno de esos títulos que no funcionan en el teatro, aseveración con la que estoy de acuerdo a medias, ya que si hay un musical cinematográfico sin duda es Cantando bajo la lluvia, pero que cuando se hace bien, funciona en cualquier lugar. Los mimbres del cesto son indudablemente buenos, lo único que hay que hacer es saber lo que se tiene entre manos, y ponerle ganas. 

Ayer se estrenó en Madrid la celebrada producción del musical, que triunfó la temporada pasada en Barcelona, y sin duda todo es un acierto en el espectáculo como iré desgranando, dejando claro que el sambenito de obra no adecuada para llevar a escena en este caso no está justificada en absoluto. Fue una noche memorable, y sin duda el espectáculo es absolutamente imprescindible para los amantes del género.


 

Cantando bajo la lluvia, se estrenó en cines hace exactamente 70 años, bueno los hizo en abril, ya que su estreno fue en abril de 1952, la dirección corrió a cargo de uno de los grandes directores de musicales de La Metro, Stanley Donen con ayuda del propio Gene Kelly, a la sazón protagonista de la película. Hay alguna curiosidad sobre la película que es interesante recordar antes de entrar en harina sobre la función de teatro. La idea del musical surgió como homenaje a las canciones compuestas en los albores del cine sonoro, siendo la película una especie de jukebox (cuando el término no se había inventado todavía), en la que una historia que nos habla del cine dentro del cine sirve como excusa para recordar, o en ese momento re-descubrir una serie de temas que ya habían sido utilizados en varias películas con diferente éxito, siendo interesante reseñar que el tema principal de la película ya era bastante conocido, aunque no con los niveles de popularidad posteriores al film. 

Para unir las canciones en la película se contó con uno de los grandes dúos de libretistas del género Betty Comden y Adolph Green, que crearon una inteligente farsa sobre el salto del cine mudo al sonoro, de marcada retranca e indudable chispa que hizo las delicias en su momento, y que aguanta el tipo admirablemente bien, dejando para la posteridad dos personajes realmente inolvidables, la "insufrible y malvada" Lina Lamont, y el sin par Cosmo Brown. El resultado fue una vitalista y chispeante película, toda una oda al buen rollo, y una auténtica obra maestra a nivel técnico, con planos y escenas absolutamente inolvidables, que son lo suficientemente conocidos como para reseñar aquí. La mayoría de los temas del film fueron compuestos por Arthur Freed y Nacio Herb Brown, añadiéndose algunos temas de nueva creación, como el célebre "Haz reír". Todas y cada una de las canciones de la película se pueden considerar míticas, y clásicos indiscutibles del género, pasando a la historia de manera practicamente instantánea. 

El musical que se está representando en el Nuevo Apolo, bebe directamente del filme en su estética y en la parte literaria, siendo muy parecido al material original, teniendo en cuenta que el cine y el teatro, son obviamente lenguajes diferentes.

   


Vayamos con el elenco: 

Todo los artistas se mueven en un nivel muy alto, y las pequeñas partes, tan importantes en todo espectáculo, aquí brillan mucho, hay que destacar a Clara Altarriba como Miss Dinsmore, la profesora de dicción de Lina Lamont, en una de las mejores escenas del espectáculo, así como a Diego Molero, solidísimo en sus intervenciones, habitual del género, siempre cumplidor y efectivo. Inconmensurable Bittor Fernández como profesor de dicción de Cosmo y Don, en una composición interesantísima en lo corporal, cargada de humor, y resulta de manera muy brillante, en una escena de indudables complicaciones. 

Los cuatro protagonista del espectáculo se me antojan absolutamente insuperables en su cometido, pudiendo considerarse el elenco principal el perfecto para la función.

Ricky Mata como Cosmo Brown, tiene sin lugar a dudas una responsabilidad enorme, ya que las comparaciones con la referencial interpretación de Donald O´Connor para algunos puede ser inevitable. Hay que decir, que Mata hace suyo el papel sin el menor problema, realizando una personalísima creación de tan electrizante personaje, de manera fresca, divertida y con un dominio escénico realmente encomiable. El papel es de una dificultad enorme, ya que requiere de un alto nivel en todas las disciplinas, nivel superando con creces por nuestro artista, incluso en ese desafío para cualquier actor-cantante-bailarín que se precie que es "Haz reir". Mata lo clava, no hay discusión, y el nivel de energía, la calidad del baile, y también de la acrobacia es absolutamente notable. Controla el tap sin problemas, el uso del cuerpo es ejemplar, y los resortes de la voz, juegos escénicos, y gags visuales con los que adereza al personaje se entienden como adecuadísimos y acertadísimos a partes iguales. Actor con gran técnica gestual, impecable dominio en lo musical, estupendo bailarín y excelente en lo textual, Mata, se me antoja como uno de los grandes del género. Ya lo demostró en La jaula de las locas, siendo  Cantando bajo la lluvia una constatación más de su consagración definitiva y rotunda dentro de los musicales. Tenemos Ricky Mata para largo, y yo que me alegro. 

Mireia Portas como Lina Lamont acertadísima, en un personaje inconmensurable que literalmente borda en su trabajo. Portas muy conocida en Cataluña por su trabajo en Polònia, es una cómica de primera, que desgrana la psicología de su personaje de manera milimétrica, pulcra y lo que es más importante, mesurada y con una carga cómica realmente notable. Impagable resulta su manera de hablar y su manera de cantar, que sin quedarse en la mera caricatura pasa por la verdad, en un personaje extremado por motivos obvios, pero que se nos antoja pasmosamente natural. Se lleva la función de calle junto con Ricky Mata, y sus intervenciones hacen sin duda las delicias del público, llevándonos a la carcajada cada dos por tres, sin utilizar el recurso fácil o el mal gusto en ningún momento. Nuestra artista se mueve en unos parámetros actorales elevadísimos, haciendo con el público literalmente lo que le da la gana, al que tiene comiendo de su mano desde que sale a escena. Actriz inteligente, pulcrísima, y de indudable vis cómica, consigue que su Lina Lamont sea absolutamente deliciosa de principio a fin, cayéndonos simpática, a pesar de su mezquindad, de manera irremediable. 

Diana Roig como Kathy Selden, sólida y segura a partes iguales, consigue darle el punto justo que precisa el personaje, sin pasarse en dulzura o cursilería, dando imagen de mujer fuerte, y perfecta como heroína romántica. Es cierto que tanto Kathy como Don, siendo los dos personajes "mas serios" del cuarteto principal son menos lucidos, algo que no quiere decir que sean más fáciles. Roig tiene una estupenda voz que maneja a la perfección, resolviendo muy bien las frases, y con un timbre muy bonito que se adecúa perfectamente a las canciones, siendo una auténtica delicia su número principal "Mi estrella de la suerte" uno de los numerazos a nivel musical del espectáculo. Muy expresiva cantando y de gran sensibilidad en sus temas, Roig da exactamente todo lo que el papel necesita. 

Miguel Ángel Belotto como Don Lockwood, muy entregado y disfrutón desde que comienza el espectáculo. Belotto bailarín de gran nivel, afronta los desafíos de la obra desde una técnica impoluta, indispensable en este caso, ya que la mayoría de los números son de gran dificultad musical y coreográfica, siendo su trabajo preciso y de enorme calidad. Consigue emocionarnos en el número principal, ya que nos llega a nuestro corazoncito de manera muy directa por motivos obvios, en el que Belotto consigue pasar la batería de largo, hasta hacernos vibrar en la butaca, empaque escénico del número aparte. De gran presencia escénica, muy en el papel de galán sin dejar atrás la acidez que destila en no pocos momentos, consigue matizar sin problemas su personaje, resultándonos creíble y disfrutable a partes iguales.


 

Conjunto impecable, todos con su pequeño momento de gloria en la función, energéticos y entusiastas de principio a fin, y con grandes aptitudes para el canto y el baile, brillando obviamente más en los momentos en los que el claqué toma protagonismo. Siempre digo que el conjunto es un personaje más dentro de la función, siendo aquí un caso paradigmático de lo que planteo, apoyando de manera eficiente las acciones principales, y tomando el relevo de los principales cuando es necesario. 

La orquesta aparece en el programa con dos directores al frente, Andreu Gallén y Borja Arias, desconozco a cual de los dos le correspondió dirigir ayer, ya que no se especificó. La lectura musical de la obra pasa por la espectacularidad. La orquesta bien servida en cuanto a número de músicos, tiene gran protagonismo en la función, y sin duda envuelve de gran empaque al espectáculo resultando unos de los grandes activos de la función. 




Àngel Llàcer firma la función, y como ya hiciera con la superlativa La jaula de las locas, lleva el género a unas cotas de calidad realmente notables, y poco usuales en nuestro país. Ver este Cantando bajo la lluvia es transportarnos a Broadway o a Londres, demostrando nuestro director su profundo conocimiento del género, dándonos absolutamente todo lo que el espectáculo puede ofrecer. Hay que diferenciar muy claramente la parte actoral de la técnica dada la complejidad del montaje, y en ambos casos Llàcer se luce. Magistralmente dirigida en cuanto al texto, todos los actores se encuentran el código ideal de cada personaje, todos los vínculos se encuentran perfectamente perfilados, así como el ritmo tan bien medido, en constante ascenso. Es cierto que la obra en su introducción es excesivamente larga, pero desde la dirección se ha sabido solventar con una serie de pinceladitas que enriquecen el texto hasta que ya sin apenas darnos cuenta nos vemos inmersos en la historia de manera ascendente y equilibrada. La comicidad va subiendo de intensidad a medida que avanza la acción, y pasamos de la inicial calma a un medido frenetismo que hace que se nos pase el espectáculo volando. Visualmente la obra es un delirio, he leído que hay 75 cambios durante las dos horas y media que dura el espectáculo, siendo cada transición un ejercicio de magia escénica, modélica en su ejecución, que pasan casi desapercibidas para el espectador, por la plasticidad de las mismas, y fluidez conseguida. El resultado es el de un espectáculo tremendamente ágil, fresco y de impactante acabado con cuadros de gran belleza y poder evocador en no pocos momentos. Destaca a este respecto la escena que se desarrolla en un plató de cine desnudo, y por supuesto el número principal de la obra, en el que un abundante aguacero riega a los artistas mientras nos deleitan con una coreografía inspiradísima, de original acabado y gran fuerza escénica. Myriam Benedited encargada del trabajo coreográfico se ha lucido, en todos y cada uno de los números, no remitiéndose unicamente a replicar lo que se puede ver en la película, en un derroche de imaginación y belleza. Mención especial a la escenografía de Enric Planas, funcional y de impactante resultado.

Cantando bajo la lluvia posiblemente sea la producción de la temporada, por su impecable acabado, impresionante plantel artístico e inspiradísima dirección. Solo queda decir que es un espectáculo para gozarlo de principio a fin, una función hermosa por los cuatro costados, y de esas con las que uno sale pensando que el mundo es un lugar un poquito mejor... aunque sea por un ratito. IM-PRES-CIN-DI-BLE. 




lunes, 21 de mayo de 2018

El Médico, El Musical. Épica Presentación De Un Nuevo Título.

Hace un año mas o menos, se informó del estreno de un musical nuevo, titulado "El Médico" basado en la archiconocida novela homónima de Noah Gordon. Escuché con atención las pistas grabadas que se publicaron como presentación de la obra, y la verdad es que resultaba difícil hacerse una idea sobre como sería la obra al completo. Posteriormente, estrenada la versión sinfónica de la obra, que es de la que ésta crítica se ocupa, me llegaron noticias de la extensa gira que se ha llevado a cabo, y todo el mundo se hacía eco del éxito que ha cosechado en aquellas plazas que se ha presentado.
Reconozco que a medida que iba apareciendo información me fue picando la curiosidad, hasta que finalmente ha llegado a Madrid, estando durante cuatro días en el Nuevo Apolo, siendo estas funciones un adelanto de la futura versión escénica, que presumiblemente veremos en Madrid la próxima temporada.
"El Médico, el musical" se representa en estos momentos en versión concierto escenificada, y supongo, como es habitual en las obras de nueva creación, que se verá modificado en su versión escénica, por tanto, esta crítica habla de una obra que todavía no se encuentra en su versión definitiva, sirviendo como carta de presentación del material tanto musical como literario.
No podía dejar pasar el visionado de un nuevo musical, de factura completamente patria, y que resulta de interés por varios motivos, siendo su ambicioso acabado el mas importante, así como la apuesta por la calidad en el elenco otro atractivo añadido al espectáculo.



"El Médico, el musical" con musica de Iván Macías y libreto de Félix Amador, bebe directamente del novelón de Noah Gordon, en el que se nos cuentan los avatares de R.J.Cole para llegar a cumplir su sueño de ser médico, en la Europa del S.XI. Podemos catalogar la obra como una novela-río de infinidad de personajes y subtramas, de corte épico en la línea de las mejores sagas literarias englobadas dentro de los best-sellers.
El musical refleja bastante bien la historia de la novela, aunque finaliza de forma un tanto diferente , con un pequeño epílogo donde se nos explica brevemente que es de la vida de nuestros protagonistas, dejando fuera alguna trama del final del libro.
En el libreto se presentan practicamente todos los personajes de la novela, y se muestra no exento de la épica del texto de el que el musical bebe. Todavía algunos personajes no están del todo equilibrados, y entiendo que se debe retocar en algunas partes, y aligerar, para de esta manera sintetizar la historia de forma mas compacta. Sería interesante compensar el primer acto con respecto al segundo, ya que se nos hace excesivamente largo, y en algunos momentos un tanto reiterativo. Dentro del libreto se encuentra reflejado de forma convincente el aire de gran epopeya que la novela destila, así como las múltiples aventuras que se desarrollan en la misma y las relaciones entre todos los personajes.
Musicalmente, nos encontramos claramente con una obra de tintes operísticos en la línea de ¨Los Miserables, abundante en recitativos, y con dos grandes concertantes que marcan el final del primer acto y final de obra, dúos, temas de solista de gran lucimiento y grandes momentos de conjunto se suceden en una partitura de corte ecléctico, que en algunos casos debe ser interpretada por cantantes de técnica mixta, o lírica. La música de inspiración orientalista en no pocos momentos resulta de gran espectacularidad y dramatismo, especialmente en la segunda parte del espectáculo, y por la partitura pulula la sombra de varios musicales muy reconocibles por el aficionado. ¨Los Miserables", "Aladdin", e incluso "Sweeney Todd", en la escena de la panacea, son varias de las partituras que parecen haber servido de inspiración a Macías en algunos números. Nos encontramos en la misma situación que en el libreto, donde todavía se nota que se deben realizar cambios, especialmente en algunos números excesivamente largos o en aquellos en los que la trama no parece avanzar con la suficiente fluidez, y que estoy seguro que a la hora de abordar la versión escénica serán debidamente ajustados. A todas luces "El Médico" llega al respetable, que premia al espectáculo con sonoras ovaciones, y se emociona en no pocos momentos, por tanto nos encontramos con un material de grandes posibilidades, que convenientemente pulido, puede dar lugar a una obra de relumbrón y gran impacto escénico, de ambicioso acabado, y sólida factura.



El elenco, es amplio en solistas principales, y hay multitud de pequeños personajes, que son llevados a cabo por elementos del conjunto. Nos encontramos ante un cast equilibrado en líneas generales, y de gran nivel en su totalidad.

Victoria Galán, como Rob Cole de niño.
Galán con sorprendente madurez como artista, dada su juventud, resulta un acierto de cast notable, ya que cumple sin problemas en la comprometida parte musical, llegando al clímax su interpretación en su último número. La voz resulta muy expresiva,  destilando ternura en todas sus intervenciones. Afronta el papel con gran seguridad y solvencia, pareciendo tremendamente convincente tanto en lo actoral cómo en lo vocal, siendo su trabajo equilibrado y medido a partes iguales.

Ricardo Truchado, como Avicena.
Viejo conocido de nuestro teatro musical, Truchado sirve una función en su línea, donde una sólida presencia escénica, se ve perfectamente apoyada en su habitual buen hacer vocal. Truchado poseedor de una estupenda voz de bajo, sirve momentos de altura, brillando como es lógico en la zona grave, así como en el bello y noble timbre, marca de la casa, que le va perfectamente a un personaje de las características de Avicena.

Joseán Moreno, como Barber.
Sostengo que vemos demasiado poco a Moreno en nuestros escenarios, ya que su completa formación, y el nivel de su trabajo es magnífico. Nuestro actor sabe que tiene un bombón entre manos, y lo aprovecha hasta sus últimas consecuencias, logrando el tono actoral perfecto que el personaje requiere, tierno y gracioso en su justa medida, y apoyado por un rotundo físico. La voz es dúctil, y se amolda a cada número de forma perfecta, consiguiendo reforzar la interpretación actoral de forma espectacular en los números cantados. Es decir, en vez de ir al lucimiento, y tirar de artillería pesada, Moreno juega, arriesga y consigue redondear su trabajo con gran fuerza y teatralidad, en un trabajo donde cada inflexión o intención musical, parece meditada y estudiada, sin restar frescura a su trabajo, que sin duda es uno de los que mas llega al respetable.

Alain Damas, como el Shá de Persia.
Nos encontramos con el único personaje de mimbres netamente líricos en el espectáculo, y uno de los que mas brillo a nivel vocal tiene. Damas posee un agudo atronador, y una línea de canto francamente buena, aunque hay que reconocer que en algunos momentos se encuentra un tanto encorsetado  en la lectura de la partitura, ya que los recursos estilísticos en el musical son distintos a los de la ópera, y por tanto nos puede parecer un poco plano. Simplemente se trata de trabajar un poco mas la interpretación, asimilarla al personaje, y de esta manera librarse de cierto "envaramiento" operístico que por momentos, choca con el resto de los intérpretes.



Talía del Val, como Mary.
Resulta muy interesante ver la evolución de Talía del Val, especialmente a nivel vocal, cuyo trabajo es muy notorio, ganando mucho en entidad el instrumento, ensanchando la voz con respecto a tiempos pasados y mucho mas plena en líneas generales. Claro ejemplo de técnica mixta, que no chirría en absoluto, y con una admirable resolución y ataque del agudo. Su papel no es nada fácil, y lo afronta con bravura y entrega, algo que es muy de agradecer. La voz es dulce, muy homogénea en todas las zonas, y cuando de girar se trata, resulta natural y nada forzada. La dicción se encuentra muy trabajada, así como la línea de canto, que encontré francamente perfecta, no hay ni el mas mínimo deje de afectación, resultando de cotas insuperables su tema principal, en el que primó una esforzada interpretación de espectaculares resultados, del mismo modo es destacable el primer dúo con Adrián Salzedo, uno de los mejores momentos del espectáculo, emotivo y esplendorosamente interpretado. Actoralmente se encuentra muy acertada dotando de mucha dulzura a su personaje, sin caer en lo melifluo en ningún momento. Visto lo visto el sábado, estoy seguro de que nos va a servir una María de "West Side Story" de resultados mas que apreciables. Del Val, va por buen camino, y el trabajo que está haciendo con su instrumentos es altamente reconocible y digno de mención.

Adrián Salzedo, como Ron Jeremy Cole.
Salzedo es una artista muy completo, al que se le ve muy aplicado en todas las disciplinas, siendo su trabajo de calidad en líneas generales. R.J. Cole es un papel muy duro, que una vez que sale al escenario ya no lo deja practicamente en ningún momento, con temas musicales tremendamente comprometidos, y de bastante dificultad. Salzedo se sirve de un instrumento potente, incluso las veces que le falló el micrófono respondió de forma mas que solvente, quedando claro que nos encontramos ante una voz grande, quizás todavía no este del todo controlada, pero sin llegar a molestar en ningún momento. De bello timbre atenorado, en la zona media se defiende con soltura, los agudos son emitidos con gran arrojo y resultan muy brillantes sirviendo momentos de gran espectacularidad. Actoralmente se encuentra muy implicado emocionalmente en el personaje y resulta muy creíble en los múltiples estados de ánimo por los que nuestro protagonista transita, redondeando de forma acertadísimas el insuperable trabajo musical que lleva a cabo.



Conjunto muy acertado, en una obra en la que el coro tiene muchas y difíciles intervenciones. De atronadora sonoridad y gran empaste en los concertantes, y con mucho sentido de la teatralidad en las partes mas heroicas o dramáticas, resultan mas que solventes y podemos hablar de un trabajo matizado y bien medido. Practicamente todos los componentes de la masa coral tienen pequeños papeles en la función, destacando Beltrán Iraburu como intrigante servidor del Shá, de estupenda presencia y voz, así cómo Alberto Aliaga como noble y bonachón amigo judío del protagonista del musical.

La función está acompañada de una enorme banda sinfónica, con Iván Macías, compositor de la partitura, a la cabeza, que obviamente conoce la obra a la perfección. La lectura que Macías ofrece es muy espectacular y de tintes cinematográficos, en el que se busca el impacto dramático y escénico sacando todo el jugo al material musical, y dotando de gran empaque a la escena, siendo el resultado altamente satisfactorio y muy grato al oído. Me apetece mucho escuchar la obra con el acompañamiento convencional de un musical escénico, ya que entiendo que el lucimiento de los cantantes va a ser mayor si cabe, pero reconozco que como carta de presentación, acompañar la obra con una banda de esta magnitud resulta un acierto, ya que engrandece una versión, que no se nos olvide que aunque escenificada, está enfocada como un semi-concierto.



Mike Ashcroft firma el espectáculo como director y coreógrafo, llevando a cabo una función muy dinámica y de gran vistosidad, con unos cambios muy pensados, y algunos momentos espectacularmente resueltos, como puede ser toda la escena de la tormenta de arena, de gran interés escénico y con gran empaque teatral. Dota a la función de momentos de gran intensidad dramática, con los mismo mimbres operísticos que posee la partitura, no quedándose la función en un mero concierto, ya que todas las escenas se representan de forma convencional. Resulta especialmente convincente en el movimiento del conjunto y en los finales de acto que son llevados a cabo con gran solemnidad y elegancia, con un buen uso de la corbata, muy aprovechada para bien,  y en un código cercano al cuadro plástico.
Nos encontramos ante un espectáculo de indudable empaque escénico, de cuidada factura, en el que sirve una función a lo grande, y con unos medios mas que holgados, tanto escénicos como artísticos, que fue efusivamente ovacionada por un público literalmente rendido a los pies del espectáculo. Es de justicia reconocerlo, ya que la ovación final fue larga y muy intensa.
Tengo muchísimas ganas de ver la versión escénica de un musical, que convenientemente pulido, y aligerado, tiene unas grandísimas posibilidades para contar con el favor del público. La temporada que viene, se presenta abundante en producción de musicales, el reto es grande, y se debe reconocer a "El Médico"  como una apuesta arriesgada y de calidad en su acabado formal, debiendo verse reflejado todo esto que planteo en el enfoque que se le de a la versión escénica de la obra.





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lunes, 22 de junio de 2015

Gilipollas Sin Fronteras, Tratado Sobre La Gilipollez

Definición de gilipollas según la RAE : Vulg. Tonto, Lelo.
Bonita palabra que viene del vocablo caló gilí, que mas o menos viene a significar lo mismo, y que las malas lenguas dicen que también puede venir derivado de un político llamado Baltasar Gil Imón de La Mota, cuyas virtudes se pueden suponer, dado el motivo por el que ha pasado a la posteridad.
Este castizo término se encuentra a la orden del día en sus mas variopintas vertientes, siendo nuestro país fecundo en ilustres Gilipollas, así con mayúscula, no daré nombres, pero seguro que alguno conocéis.
Gilipollas Sin Fronteras es el título que cerró, desgraciadamente el recientemente defenestrado Teatro Nuevo Apolo, y en el que tuve el no se si llamarlo honor, de ver la última representación que en el se llevó a cabo. 
Había oído hablar mucho de este dúo cómico, mucho y bien para ser sinceros. Legendarias eran sus antiguas representaciones, pero nunca había tenido ocasión de verlos, así que cuando se me planteó asistir al estreno, y casi despedida (por el momento), no me lo pensé dos veces. Lo primero por la solvencia de sus dos intérpretes, Adolfo Pastor y Santiago Nogués, dos actores lo bastante conocidos y respetados en nuestro panorama teatral como para saber que la cosa iba a estar a la altura, y lo segundo el hecho de que los textos que se llevan a cabo en la función corren a cargo de ellos mismos, algo que también me resultaba la mar de estimulante. Me encanta que los actores escriban, nadie mejor que ellos para conocer el pulso del público, y como la aspiración máxima de todo artista es contarnos algo, que esto se vea plasmado sobre el papel, no deja de ser interesante.
Achuchado por un calor sofocante, y espectante ante lo que iba a presenciar me acerqué al Apolo, de buen ánimo, y con ganas de pasármelo bien, la verdad es que no me equivoqué como luego iré contando. Gilipollas Sin Fronteras es muchas cosas, pero la principal y la mas importante... es teatro de primera.




Gilipollas Sin Fronteras, es una obra episódica, en la que se nos va mostrando con un leve hilo argumental, la gilipollez en sus múltiples vertientes. Desde el Teatro Del Absurdo hasta la comedia mas física, se pasa por toda una gama de estilos impresionante, impoluta en su planteamiento, y de gran altura literaria, siendo un desopilante ejercicio de humor inteligente que llega al paroxismo de lo mordaz en el soberbio sketch " Cumbre Del Pensamiento" donde nos vamos de cañas con los mismísimos Heger y Schopenhauer, que debaten sobre lo divino y lo humano, en un bar, analogía la mar de atinada en un país como este, en el cual las conversaciones tabernarias están a la orden del día, y en el que la pedantería campa a sus anchas. Estamos ante una obra que no deja títere con cabeza, donde se funde la astracanada con la crítica social, y lo que es mas importante, un reflejo cargado de retranca de la sociedad en la que vivimos, y los tiempos que nos han tocado en suerte. Es por tanto teatro necesario e imprescindible en los convulsos momentos que nuestro país está pasando actualmente, y que parece empezar a despertar de un largo letargo, con unas consecuencias todavía no resueltas en su totalidad.



Vayamos con el elenco:

Al tratarse de dos únicos intérpretes, no se puede plantear la crítica sin entreverar las dos interpretaciones. Se trata de los roles clásicos, payaso listo y payaso tonto, intercambiable entre los dos actores dependiendo del momento y del sketch en cuestión. Nogués y Pastor son dos actores soberbios, que trabajan en códigos distintos pero perfectamente conjuntados, Pastor lacónico y comedido y Nogués excesivo y sensible, siendo el primero una mezcla de Groucho Marx y Javier Cansado, y el segundo un Harpo Marx con unas gotas de Carlos Faemino. Esta comparación no es gratuita, ya que estos genios del humor pululan continuamente por todo el espectáculo, en forma de solapado homenaje, que no imitación, ya que tanto Adolfo Pastor, como Sergio Nogués tienen la suficiente entidad como cómicos, como para ser únicos en sus respectivas creaciones. De Pastor me llevo su impoluto uso del gesto y su portentosa voz, que pasma al mas valiente, así como sus autorreflexiones, que son oro puro, y que necesitan ser rumiadas a posteriori, para que tengan su función, hablamos de humor inteligente, no de carcajada fácil, y de eso en este espectáculo vamos sobrados. De Santiago Nogués me quedo con su expresividad corporal, sus excesivos arranques en algunos medidos momentos, y su aparente pusilanimidad que luego aparta para dejar a la vista su mala baba cuando le tocan las narices. Ambos están de dulce, siendo destacable la interpretación de Nogués en el Sketch titulado "Burocracia" uno de los mas inspirados del espectáculo, y siendo en  "Clases De Inglés Para Gilipollas" uno de los momentos en los que mas brilla Pastor. 
Ambos se mueven en un código estrictamente naturalista, que da mucho empaque a unas variopintas y en general atinadísimas interpretaciones, llegando al clímax interpretativo en el anteriormente citado " Cumbre Del Pensamiento" donde el complicadísimo texto fluye de maravilla, y aunque a veces nos perdamos en tan profundos conceptos, la forma en la que se plantean es descacharrante, por la cotidianidad, y espontaneidad con la que se dirimen las mas peregrinas dudas de la existencia humana.
Estamos ante un trabajo de laboratorio, lleno de frescura que sale de los mas profundos recovecos de estos dos artistas que nos dejan ver un mucho de nuestra sociedad, y un mucho también de lo que a ellos, con gran justicia, les parece criticable de la misma. Es decir se parte de ellos como individuos y sus inquietudes, para plasmar unos personajes aborrecibles y queribles a partes iguales, y que tan cercanos nos parecen.



Propuesta escénica sobria, Grotowski puro, que tan en boga está de nuevo en nuestros escenarios, donde lo único que hay, son las interpretaciones y los espectadores. Algo que yo agradezco siempre y cuando lo que se ofrece merece la pena, como en este caso. Hay también varios toques Brechtianos en su planteamiento, con unos interesantes y medidos rompimientos de la Cuarta Pared, especialmente al final del espectáculo y mucho Beckett, en su vertiente mas comprensible y su concepción del humor y del Teatro Del Absurdo, en algún momento me decía a mi mismo... ¿ vendrá Godot? No vino, a fin de cuentas ese ni está ni se le espera nunca ¿ o si?
La obra está muy bien llevada en cuanto a los tiempos se refiere, empezando de forma estudiadamente desconcertante, y finalizando mas desconcertantemente todavía, algo que va muy en consonancia con la arriesgada y valiente propuesta que se nos sirve, y con un uso de los silencios muy efectivo y estudiado que dotan de gran sentido tanto al texto como a las acciones, muy bien llevadas a puerto por cierto, gracias a la estupenda expresividad de los dos actores.
Todo un acierto se mire por donde se mire, en una propuesta novedosa en su planteamiento, que no da pábulo a la complacencia y que no deja indiferente a nadie. Se juega con el texto, se juega con las palabras y se juega con el público, en un bucle muy divertido, desesperante a ratos y revulsivo en su esencia, aunque camuflado de farsa, que siempre parece que es menos grave lo que se cuenta.





En resumen una mas que interesante propuesta que se sale de la norma, en cuanto a clichés de comedia se refiere, y que es una refrescante opción para este verano, siempre y cuando se sea consciente de que reírse es muy sano, pero reírse de nosotros mismos lo es mas, y que esto no está reñido con la inteligencia y con la reflexión.
Espero verlos nuevamente en nuestras carteleras, sin duda se lo merecen, ya que estamos ante teatro realizado con gran amor por la profesión, espíritu crítico y sobre todo gran honestidad tanto en su acabado como en su ejecución.



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viernes, 10 de octubre de 2014

50 Sombras El Musical, Que Polvo Tiene El Camino, Que Polvo La Carretera...

Reconozco que el fenómeno 50 Sombras de Grey, ni tan siquiera me rozó, mas bien todo lo contrario, fui bastante crítico con esta trilogía porque me parece que se trata de un ejercicio de calentamiento ficticio, bastante superficial, y con un transfondo que de transgresor no tiene nada. Si de literatura erótica hablamos, hay muchos ejemplos mucho mas edificantes, y en mi humilde entender, mucho mas mórbidos y menos obvios que las andanzas erótico-festivas-sado-maso-porno-rosa, de Anastasia y Grey. Intenté leer el primer libro y a la cuarta página os prometo que una pereza inmensa me inundó, y hasta hoy el libro se quedó en la parte mas oscura de mi tablet para mejor ocasión, que intuyo yo, nunca va a llegar. Como mi prima y mi hermana, son fans irredentas de tan lúbrica saga como esta, os puedo decir que me conozco toda la historia, que aunque está narrada en tres volúmenes, es muy fácil de sintetizar. Sosa y virgen de turno, conoce a multimillonario cañón y se enamora( que le regale un coche y le de una vueltecita en helicóptero ayuda). Al macizo le va el rollo sado que te pasas, y ella en un acto de amor supino, se entrega a los mas variopintos juegos amorosos, para que después de mil páginas, a grosso modo, todo se resuelva de la forma mas convencional y parecida a una novela de mi paisana Corín Tellado que os podáis imaginar.


Me surgió la oportunidad de asistir al musical-parodia sobre estos libros y reconozco que me llamó bastante la atención, basicamente porque se trata de reírse de algo que yo no he sido capaz de tomarme en serio en ningún momento. Así que para que os voy a engañar, que se hiciera sangre de Grey y su látigo, me hacía mucha gracia, incluso antes de ver la producción. He de reconocer que me lo pasé pipa, y el espectáculo ha estado muy por encima de lo que me esperaba. Sin saber muy bien lo que me iba a encontrar y completamente virgen ( como Anastasia, la protagonista ) sobre la producción, me acerqué al Nuevo Apolo, para ver si me lo pasaba bien, y si la propuesta era tan audaz como el título original parece ser. Con pastillas de bromuro en el bolso por si las moscas, la mente abierta, y la líbido retozona, me senté en mi butaquita de platea y empezó el espectáculo.



50 Sombras, es un clarísimo exponente de musical del Off Broadway, formato medio, con espíritu transgresor, y alejado de ciertos convencionalismos que el gran circuito lleva de serie, salvo algunas honrosas excepciones.Por tanto estamos ante una producción independiente, de descarado humor, apuesta hacia un público adulto, desprejuiciadísima, y lo que es mas importante muy fresca y terriblemente divertida.
50 Sombras, es un divertimento sin complicaciones, para adultos con mente abierta, pero como iré narrando no solo es eso, la obra tiene grandes dificultades artísticas, y está perfectamente llevada a cabo.


Voy con el elenco:
Eva Manjón es una estupenda bailarina, que aporta gran sensualidad y mucha presencia en todas sus intervenciones. Perfecta en las coreografías, se complementa a la perfección con su compañero Sergio Arce, de estupenda forma física,  muy descarado en sus intervenciones con el público, y que ofreció una soberbia interpretación como Elliot, el hermano " listo " de Grey. Arce es un interesante artista que poco a poco se va haciendo un hueco en el mundo de los musicales con gran justicia.

Maria José Santos, Celia Vergara y Maria Blanco, dan vida a tres marujillas, que crean un club de lectura, para animar un poco su triste existencia, se ponen con las 50 Sombras y la vida les cambia, je je je je. Las tres están estupendas, siendo María Blanco la que por extensión de papel se luce mas. Vocalmente Blanco es un portento y como actriz muy graciosa. Este peculiar terceto, tiene enorme brillo vocal durante toda la función, son el nexo de unión entre escena y escena, y como si de un coro griego con su Tespis particular que es María Blanco se tratara, nos van explicando por donde van los tiros. Este peculiar trío, se bate el cobre a base de bien durante toda la función, están impolutas vocalmente, y ofrecen momentos estupendos, gran comicidad, presencia escénica, y muchísima diversión sobre el escenario. Estamos ante un trabajo muy cuidado y de una enjundia musical mas que notable. Sin duda estas tres enormes artistas son uno de los puntales de la función, y así fue agradecido por el público.

Ángel Padilla, da vida a José un lúbrico fotógrafo enamorado de Anastasia, a su peculiar manera, para que engañarnos. Reconozco que Padilla me puede. Desde que le vi en Avenue Q, y vislumbré su capacidad de trabajo, no puedo ser objetivo con el. Padilla es un animal escénico, de arrolladora fuerza y muy completa formación, que no defrauda. Sus intervenciones están muy bien resueltas, gracias a su vena cómica, quizás un tanto extremada, pero eso si, personalísima y genial en su esencia. Este José, es profundamente ruin, muy creíble, querible y odiable a partes iguales, y en definitiva un ejemplo en cuanto a la composición de personajes se refiere. Padilla llega, y eso es algo que se tiene o no se tiene, no hay otra, y el brillo que desprende en escena es muy notorio.

Teresa Abarca, como Anna, la enamorada de Grey. Abarca ha sido una enorme sorpresa. Nunca la había visto trabajar, y reconozco que hay muy buena base. Su caso es el típico de voz de musical perfecta, pero sin ser ñoña, atractiva en el agudo e interesante en la zona media, con sonido muy redondo y mucho brillo. Me fascinó en la parte vocal y me pareció deliciosa en lo actoral, esta Anna un tanto pava, derrocha comicidad y solapada mala leche, en un perfecto equilibrio entre sobriedad y naturalidad, que funciona a la perfección. No desvelaré detalles, pero su primer tema, de inspiradísima letra, ha sido uno de los mejores momentos cómicos que he disfrutado ultimamente. Un diez para Abarca, que dadas sus aptitudes, sería una espléndida Miss Saigón, si  algún empresario patrio se atreve con tan excelsa obra.

Finalizo con Miguel Ramiro como Christian Grey. Ramiro ofrece un festival interpretativo, en un personaje muy difícil, que el lleva a su terreno de una forma inteligentísima, creando una composición con atisbos de genialidad en algún momento, mucha locura, control del gesto y un ejercicio de contención absolutamente encomiable. Ramiro sirve una interpretación de mucha enjundia que me maravilló. Hacer reír es muy difícil, hacerlo como lo hace Ramiro lo es mucho mas. Vocalmente está estupendo, con una mas que afinada y muy bonita voz de tenor, que modula perfectamente para enriquecer su personaje, y que funciona muy bien cuando hace las tan dificiles segundas voces. Trabajo de gran calado el de Ramiro, y claro ejemplo de que "menos es mas" es una máxima que en el teatro funciona a la perfección. Eso si cuando se desmelena, la cosa tambien funciona a las mil maravillas je je je.

Jesús Sanz-Sebastián, dirige esta producción, con una línea muy clara en cuanto al código de interpretación y al tipo de humor que busca. Gags muy físicos, composiciones gestuales muy definidas, y dentro de lo obvio del asunto que se trata, Sanz-Sebastián hila muy fino, dotando de mucha ironía a un texto que si no tuviera los matices que tiene desde el punto de vista del director, sería muchísimo menos interesante. Gratísima sorpresa la que nos sirvió Jasús Sanz-Sebastián con un mimado trabajo, muy meticuloso, limpio y en lineas generales estupendo.



El espectáculo, siendo de medio formato, es mas que correcto, está cuidadísimo en su acabado formal, tienes unas estupendas luces y nos deja muy patente que no necesita nada mas que lo que tiene. Un cuidado elenco, un bonito envoltorio y muchos e interesantes juegos escénicos, que sorprenden al espectador y en algún momento ruboriza por su audacia. Estamos sin duda ante un ejemplo de como sin grandes alardes técnicos, se pueden hacer las cosas de forma verdaderamente eficaz, y con un resultado realmente impoluto.


En resumen, un propuesta altamente recomendable, verderona que nunca viene mal, con mucha retranca, un toque de ironía, y mucha crítica hacia el material original. que como bien dicen en la función... si esto fuera un libro sería una porquería. Si os apetece pasároslo bien, ver un sano ejercicio de cómico erotismo, y disfrutar de un, en definitiva, inteligente y cuidado entretenimiento para adultos, este es vuestro espectáculo. Eso si, ir con la mente abierta no se me vaya a escandalizar nadie, ja, ja, ja.

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miércoles, 12 de marzo de 2014

El Eco De El Nombre De La Rosa

El Nombre De La Rosa, es una obra literaria monumental, que de forma inteligentísima aúna literatura de calidad, con ciertas dosis de escapismo, para aligerar la base real de la novela que es la vida y la situación de las abadías en la Edad Media, y los conflictos internos por los que estaba pasando La Iglesia en aquellos tiempos, la leí siendo excesivamente joven y no aprecié su grandeza en toda la extensión que se merecía, posteriormente en una lectura siendo mas adulto, la cosa cambió mucho. De la película poco se puede decir que no se haya dicho ya, sin duda una obra maestra, que marcó mi generación, y que está en el subconsciente colectivo, por eso cuando hace unos meses me enteré de la versión teatral que se estaba preparando, me picó la curiosidad, porque quería ver como se las ingeniaban para llevar a cabo esta empresa en principio bastante complicada, aunque solo sea por motivos técnicos. Aprovechando la fiesta del teatro, y los suculentos descuentos que esta semana pasada se ofertaron en Madrid, me saqué dos entraditas muy baratas y nos fuimos al Nuevo Apolo a ver de que iba esto, con bastantes reservas y cierto escepticismo, ya que amén de innecesaria la adaptación, encontraba muy complicado llevar a buen término el traslado al escenario  de tan difícil y filosófico texto. Cuando llegamos al recinto un fuerte olor a incienso nos invadió y empecé a vislumbrar por donde iban los tiros, se trataba de envolver al espectador en la sensación de encontrarse en una abadía auténtica y darle una experiencia no solo teatral sino también sensorial, astuto truco que realmente funciona, la función es muy entretenida aunque quizás excesivamente leve como posteriormente explicaré.


El elenco es bastante extenso, y lo encontré francamente irregular, por los motivos que ahora expondré.
Inma Pedrosa, crea el primer amor de Adso de forma convincente y casi casi testimonial, esta correcta sin brillar en exceso, pero es que el papel tampoco da para mucho, Cesar Novalgos como Severino el herbolario, crea un sexualmente ambiguo monje que sabe mas de lo que cuenta, bastante correcto en lo actoral y con interesantes giros de voz. Javier Merino como Berengario se queda corto, ante uno de los personajes mas pintorescos de esta abadía, no está a la altura de la creación literaria y pasa bastante desapercibido, a pesar de ser un personaje que no se nos debería olvidar, este orondo fraile, bastante libidinoso y de particular físico, aquí está escaso de matices, y poco atormentado por su condición sexual, encontré bastante plana la lectura de este interesante personaje. El Ubertino Da Casale de José María Asín, un personaje bastante fanático y que debería ser mas extremado, se queda un poco corto, pero a pesar de ello cumple dotando Asín de algunos momentos interesantes en su composición, que sin ser del todo redonda, si es correcta. Koldo Losada, crea un Salvatore estupendo, otro de los grandes personajes de El Nombre De La Rosa, este deforme y supuestamente blasfemo monje que se alimenta de ratas, está muy bien perfilado, Losada realiza una creación bastante extremada y muy cercana a lo que Eco pretendía en su novela, sin duda está mas que convincente en su creación. Jorge Mazo como Malaquías pasa bastante desapercibido, es demasiado joven para el papel y en algún momento, como es el de su muerte, se  le ve todavía falto de recursos, necesita mas peso escénico y sin duda la elección de otro actor hubiese sido lo idóneo, no es culpa de Mazo, sino de la persona encargada del elenco. Mayúsculo sin duda el Jorge De Burgos creado por Cipri Lodosa, toda un lección de interpretación, creando un convincente ciego,  muy inquietante y que realmente transmite una credibilidad asombrosa. Su papel entraña gran dificulta y el lo aborda sin ningún problema, dotando a su interpretación de gran solidez, es un actorazo, y se nota. El Bernardo de Gui de Miguel Munárriz, espectacular, crea un retorcido inquisidor de poderosa presencia escénica, temible y de poderosa voz, su interpretación impone y está muy conseguida, en sus escenas manda el y se nota, dota de gran autoridad a uno de los personajes mas malvados de la historia. Es un malo creíble y humano, se cree con el poder de la verdad y así actúa impartiendo justicia injusta sin el menor empacho, busca sangre, la consigue y se va, sin ninguna contemplación ni remordimiento de conciencia. Munárriz sabe lo que se hace muy bien, y desde que pisa el escenario nos hace temblar a todos. El Abad de David Gutiérrez, correcto en el papel, quizás con poco peso para lo que su personaje significa, pero cumple, lo encontré poco irónico para un papel que se debe mover entre la prudencia y la hipocresía mas repulsiva, el sabe lo que se cuece en su abadía pero no suelta prenda, y eso queda un poco desdibujado, por la visión del personaje. Estupendo el Remigio da Varagine de Pedro Antonio Penco, crea un personaje muy humano, con una estupenda composición corporal y que en el juicio da momentos de gran intensidad, cuando confiesa unos pecados inexistentes ante el miedo a ser torturado por la inquisición. Interpretación de altura la suya, sin ninguna duda uno de los mejores del elenco.


Juan José Ballesta, claramente insuficiente como Adso de Melk, está muy verde, no sabe moverse por el escenario y la composición del personaje es nula, se pasa toda la función agitando los brazos y jadeando, no tiene intuición ninguna a la hora de decir su texto, bajo de tono e incluso se le ve  incomodo en una empresa, que lamento decir que le viene grande, el teatro no es el cine o la televisión, un monje medieval no puede tener acento de barrio, encima de un escenario se debe pisar firme porque sino el propio escenario te come, y eso es exactamente lo que le ocurre a Ballesta. Se lo come la función, se lo come el personaje y se lo come el resto del elenco. Lamento ser tan duro pero es la realidad, todavía le queda mucho camino para dotar de peso a sus interpretaciones, al menos sobre las tablas, si trabaja y sobre todo si se prepara, lo conseguirá, pero en este momento no. Mal título para empezar en teatro, debería haber elegido otro tipo de obra y sin duda otro tipo de papel.


Absolutamente soberbio el Guillermo de Baskerville de Juan Fernández, amén de su asombroso parecido con Sean Connery, su interpretación es maravillosa, pausado, con gran autoridad, absoluto dominio del texto y una muy creíble composición de este cerebral y culto monje, encargado de descifrar el sangriento enigma que acontece en esta abadía que como dicen en el texto omitiremos el nombre por piadosos motivos. Fernández está perfecto, no hay ni un pero en su interpretación, y su solidez profesional apabulla. Su personaje entraña gran dificultad, tiene muchísimo texto, y está perfectamente perfilado. Juan Fernández hace un gran trabajo con su texto, dando muchísimo sentido a todo lo que dice, nada se pasa por alto y se entiende perfectamente todo lo que está pasando por su cabeza. Un diez sin duda para este actor, auténtica estrella de la función siendo un gran acierto su elección para este complicado papel.


La propuesta escénica es deslumbrante. Un gran libro que se mueve, se abre y se convierte en los diferentes escenarios en los que se desarrolla la trama. Inteligentísmo el diseño de la escenografía, que dota de mucho dinamismo la producción, haciendo que las dos horas sin descanso se nos pasen en un suspiro, la luces son estupendas, muy atmosféricas, y que crean momentos muy inquientantes, esto apoyado en unos sutiles pero resultones efectos especiales y una mas que correcta música, hace que el espectáculo sea una estupenda experiencia sensorial para el espectador. La dirección escénica de Garbi Losada la encontré un tanto plana, en el espectáculo prima la parte policíaca de la trama mas que la filosófica, así que encontré un poco superficial la lectura del material de base, se trata de teatro de entretenimiento sin mas pretensiones, quizás me esperaba algo de mas enjundia. De todos modos Losada dota de gran ritmo a la producción, no se hace nada pesada y controla muy bien tanto los tiempos como los movimientos escénicos, creando un espectáculo quizás mas interesante en lo visual que en lo profundo del asunto. La obra es correcta, se ve con agrado y sobre todo es muy entretenida, otra cosa es el enfoque que se le ha dado el texto, tirando mas a lo comercial que a otra cosa. Esto no es malo, el teatro es entretenimiento y eso este Nombre De La Rosa lo consigue con creces.


En resumen, una propuesta agradable, que se deja ver, que entretiene y de impecable factura formal. Eso si, abstraeros de la película (aunque el montaje estéticamente bebe bastante de ella ) y de la carga filosófica del texto, si os decidís por este título id dispuestos a pasar un buen rato, de agradable teatro, con momentos inquietantes y algunas estimables interpretaciones, si vais con esta mentalidad disfrutaréis mucho, si no es así a lo mejor salís un poquito decepcionados.

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