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lunes, 9 de mayo de 2016

Cinco Horas Con Mario, Un Regalo De La Vida

Tenía yo la espinita clavada de no haber podido disfrutar de Lola Herrera en el mítico y trascendental montaje de Cinco Horas Con Mario, que removió hasta los cimientos el panorama teatral de 1979, y elevo a lo estratosférico la carrera de la actriz, convirtiéndola en historia viva de nuestro teatro. El motivo por el cual no lo pude ver fue obviamente mi edad, daba por sentado que no se me lograría disfrutar de esta producción, y me conformaba con las escenas de la obra que se vislumbran en la tremenda película Función De Noche, en las que podía intuir por donde iban los tiros, pero siempre con la pena de no haber sido testigo de la obra que todo español de la época parece ser que vio.
La vida a veces nos hace regalos inesperados, y con motivo del cincuenta aniversario de la publicación de la novela homónima de Miguel Delibes en la que está basado el monólogo, Lola se ha vuelto a poner en la piel de Carmen Sotillo, solo durante seis semanas en el Teatro Reina Victoria. Cuando saltó la noticia entré en shock, ¡no me lo podía creer! uno de mis sueños como espectador se vería cumplido, y vería una de las interpretaciones mas recordadas del S.XX de nuestro teatro. Mi generación también tenía derecho a ver esta obra con Lola Herrera, y evidentemente, estábamos ávidos de verla, ya que en la función de ayer, mucho público de mi quinta asistía extasiado ante la monumental propuesta que creo yo que va mas allá de lo meramente teatral, para entrar en lo sociológico, y que curiosamente, sigue sorprendiendo y emocionando exactamente igual que lo hizo en su momento.
Evidentemente no me podía perder este acontecimiento teatral, así que en cuanto me fue posible saqué las entradas, fila tres para no perder ripio. Muy emocionado, y bastante nerviosillo, ayer ocho de mayo asistí a una velada que ha pasado a mi historia como espectador de teatro, y para la de muchos de los que nos encontrábamos presentes.



Cinco Horas Con Mario, publicada en 1966, se encuentra, y con justicia, incluida en la lista de las cien mejores novelas en español del S.XX.
La soberbia obra de Miguel Delibes es una disección quirurgica de la sociedad y de la mujer de la época en la que el Franquismo se encontraba mas asentado en España, no por casualidad 1966 fue el de los "25 Años De Paz" y sus fastos.
Delibes nos cuenta a cara de perro, de forma despiadada, y con hiriente ironía,  la psicología ultraconservadora heredera de la burguesía del S. XIX que se vio comodamente perpetuada por La Dictadura hasta la mitad de los años 70, para ello nada mejor que una viuda reciente  de la buena sociedad de una ciudad de provincias de la época (Valladolid) que durante la noche en la que se vela a su marido, se dedica a recriminarle  todas las frustraciones que su matrimonio le han traído y los motivos de las mismas. Carmen Sotillo, nuestra protagonista, profundamente reaccionaria, muy resentida con su esposo Mario, y tremendamente frustada, es el fiel reflejo de aquellas mujeres, hijas de su época, que nunca hablaron por si mismas, sino por boca de otros, con pensamientos inculcados de forma irreflexiva, y que hipocritamente hicieron un arte del disimulo. Carmen Sotillo nos puede llegar a resultar odiosa, pero es tan infeliz, que nos transmite sentimientos de piedad a medida que va avanzando el texto, ya que si hay una máxima que vaya como anillo al dedo a esta obra , es que en el pecado lleva la penitencia.



Hay una historia curiosa sobre la publicación de la obra, y como pasó la censura sin problemas. La solución fue matar a Mario y convertir a su mujer en la protagonista del texto. Mario, católico post conciliar, izquierdista e intelectual, no podía ser plasmado en una novela, pero su esposa si, ya que los cegatos censores la vieron como un tratado del ideario franquista, en vez de la atroz sátira que Delibes plantea y que consigue de forma magistral enfrentar a las dos Españas, cuando lo que el Régimen pretendía, nunca mejor dicho, era enterrar a una de las dos.
Cinco Horas Con Mario, es un texto a revisar que nunca sobra cuando se repone, sea Lola Herrera u otra actriz su protagonista, y debería ser de obligado visionado o lectura en los institutos, ya que lo que cuenta y como lo cuenta es una parte de nuestra historia, que no se nos debe olvidar en toda su crudeza. Afortunadamente nuestra sociedad ha evolucionado mucho, pero no tanto como nos creemos, todavía hay alguna Carmen Sotillo a nuestro alrededor, y lo que representa en ciertos aspectos, hoy en día desgraciadamente se encuentra en vigor, ya que ciertas actitudes están pavorosamente asomando la patita por debajo de la puerta.




Vayamos con la crítica:
No resulta fácil hablar de la interpretación de Lola Herrera, parece que todo está dicho y analizado ya hasta la saciedad, y uno siente que no le alcanza el vocabulario para transmitir el carrusel emocional en el que Herrera nos sube con pericia, sabiduría escénica, férrea presencia, y sobre todo una honestidad asombrosa.
La interpretación se sustenta en la propia Lola como artista, sin artificios, desde lo mas hondo de su ser, para ir transmutando emociones como un volcán en lenta, inexorable y ascendente erupción. Herrera cuece a Carmen Sotillo  a fuego lento en sus propios jugos de rencor, rabia, y lo que es mas importante culpabilidad, para que el espectador se sumerja en la complicada psicología de esta mujer, y que literalmente no nos deje ni pestañear ante la intensidad de lo que se plantea, la verdad que desprende, y el telúrico trabajo que se nos ofrece. 
Lola domina el texto a la perfección, estirándolo y acortándolo a su antojo en un juego verbal de conseguidísimo efecto que logra que la atención no se disperse ni un momento durante la hora y algo que dura la función, manteniendo un asombroso ritmo que no decae nunca. El dominio del material literario se ve apoyado en el uso de la voz que Lola lleva a cabo, que empieza como un susurro monocorde de doliente viuda, hasta la explosión final que nos deja secos en la butaca por su dureza y que nos recuerda a la España Negra tantas veces retratada en fotografías en blanco y negro. El grito desgarrador de Carmen Sotillo abrazada al féretro de su marido, es mucho mas que un grito de dolor, es un grito de remordimientos, de impotencia, de rabia y de frustración, para ello Herrera con una implicación emocional encomiable y durísima, se va entonando con una sabiduría apabullante para conseguir llegar al climax deseado y que el público sienta la catarsis de forma casi dolorosa y muy impactante.
Lola Herrera se abre en canal sin clemencia, nos ofrece generosa todo su arte, y nos deja acongojados en una interpretación medidísima, sobria y creíble de principio a fin, de inteligente lectura, apabullante profundidad, y merecidamente alabada.
Lo que Lola Herrera lleva a cabo va mas allá de lo escénico, siendo un monumento vivo (muy vivo) al arte de la interpretación, el mas efímero, el mas ingrato, y el mas intenso de todos los que existen. !Larga vida a nuestra Lola Herrera¡, quizás la actriz mas importante que he visto en mis casi cuarenta años de existencia.




Josefina Molina firma la producción, dejando hacer a Lola, pero guiándola en los vericuetos psicológicos de la protagonista de la obra, sabiendo enfatizar perfectamente donde debe hacerlo, sin cargar las tintas en el drama cuando no es necesario y aligerando con socarronería en aquellos momentos en los que el texto resulta mas mordaz y atrozmente irónico. Molina mima a su actriz, muy sabiamente, hasta lo indecible, arropándola en unas conseguídisimas atmósferas que parecen arrullar a nuestra Carmen-Lola, mientras que entre sapo y sapo soltado por la protagonista, se nos va descubriendo la verdadera naturaleza del personaje, que en sus propias palabras refiriéndose a otra persona, "tiene mas capas que un galápago". Molina no juzga a Carmen, simplemente la expone, y la redime, ya que en el fondo no es culpable de ser quien es, es fruto de su entorno y de su época, presentándola como víctima y verdugo de su propia vida, y ahí creo que es donde estriba la mayor virtud de la función. Se describe lo que Carmen Sotillo es, lo que representa y el porqué de su existencia, para que el espectador saque sus propias conclusiones, que no son pocas. Decir que el trabajo de Josefina Molina es para enmarcar evidentemente no es descubrir la pólvora, pero es de justicia reconocerlo.
Que nadie se piense que Cinco Horas Con Mario es un dramón desaforado, esa lectura sería errónea y superficial, Cinco Horas Con Mario es una tragedia con toques de irónica comedia, que nos hiela la sangre por su dureza y que en algunos momentos desencadena la carcajada del espectador, gracias a la maestria de su actriz protagonista y a la pericia de Josefina Molina en la dirección.



En resumen, todos deberíamos ver esta producción. Mi generación por tener la oportunidad de disfrutarla en directo, las generaciones posteriores para que vean lo que era nuestro país no hace tanto tiempo, y las anteriores para que recuerden lo que vivieron en un momento histórico tan importante como fue el del estreno de Cinco Horas Con Mario. Pero sobre todo, no nos la debemos perder por el tremebundo trabajo de Lola Herrera, un fenómeno de la naturaleza de los que se dan cada muchos años, y que tenemos la suerte de poder seguir disfrutando en todo su glorioso esplendor.


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jueves, 3 de septiembre de 2015

En El Estanque Dorado, El Noble Arte De La Interpretación

La temporada pasada se me escapó En El Estanque Dorado, no fui capaz de encontrar alguna entrada con descuento, y teniendo en cuenta el ritmo que llevo en cuanto a teatro se refiere, a poco que uno se ponga, dos entradas para ver esta función se subían de mi presupuesto, en cuanto a teatro de texto se refiere, y como dice mi madre, todo no puede ser. Me resigné y di por supuesto que ya no la vería.
La cuestión es que me dio pena no ver esta producción, y para mi sorpresa se ha repuesto y encima me imagino que para dar impulso a la temporada con precios mas asequibles, así que me dije, esta vez no se me escapa, y me saqué las entradas a toda velocidad para ver una función que me apetecía mucho, por mi idolatrada Lola Herrera y por Héctor Alterio, al que no veía sobre las tablas creo que desde que hizo Yo Claudio, hace un montón de tiempo.
Con una tormenta que derribó buena cantidad de árboles, y un bochorno de mil demonios, me acerqué al Teatro Bellas Artes, para disfrutar de una tarde de sólido teatro ,con un elenco excepcional, y salí con el corazón un poco tocado, ante la sensibilidad del espectáculo que vi. 
Sin duda acerté con esta producción, y si me hubiese quedado sin verla, posiblemente me arrepentiría algún día.



En El Estanque Dorado, es una comedia dramática de Ernest Thompson, muy galardonada en su momento y que ha pasado a la historia por una soberbia adaptación cinematográfica, en mente de muchos (yo incluido) protagonizada por Henry Fonda, Katharine Hepburn y Jane Fonda.
La obra posee grandes virtudes literarias, con una concepción de los personajes muy psicológica, muy real y enternecedora. Dos ancianos que llevan veraneando toda su vida en una casita que da al famoso Estanque Dorado, acuden un año mas, cuando su vida está en la recta final. Al Estanque Dorado va la hija de estos, que tiene una conflictiva relación con su padre, y en una acto catártico, sus problemas se tratan a cara descubierta, en un intento de solucionar todo aquello que llevan arrastrando durante toda la vida.
La obra profundamente emotiva, desprende un humor inteligente, y mezcla la suave comedia, con el drama mas intenso de una forma muy acertada, dramaticamente muy rica, sin caer en lo melifluo, pero llegando a conmover profundamente al espectador, y ahondando de forma muy acertada en las relaciones humanas en sus múltiples vertientes, siendo los conflictos familiares el nexo de unión del texto.
En El Estanque Dorado entraña varias dificultades, ya que necesita de un elenco de mucho peso, para que sea llevado a buen puerto especialmente en los papeles del matrimonio mayor, cuyas complicaciones psicológicas, son muy notorias.
El resultado es un texto redondo, férreo en su estructura que atrapa desde que se abre el telón, por su poderoso uso del lenguaje, los deliciosos personajes que en el se plasman, y la cotidianidad de algunas situaciones, que resultan muy familiares para el espectador. La obra rezuma verdad por todos sus poros, cierto que una realidad un tanto bucólica, o sublimada en algunos momentos, pero reconozco que me encantaría que la vida a pesar de la dureza de algunos momentos, fuera tal y como se cuenta en la función.



Vayamos con el elenco:

Adrián Lamana como Billy Rey.
Mas que correcto, aunque reconozco que su primera entrada no me convenció en absoluto. Lamana da vida a un adolescente lenguaraz y un poco rebelde, que fisicamente no le va mucho, ya que si bien es muy joven no aparenta los 16 años que tiene según el texto. Según fue avanzando la función me fui quitando los prejuicios de encima y reconozco que me fue gustando mas, básicamente por una cosa. El vínculo con Alterio está muy conseguido, y lo que al principio encontré forzado, poco a poco se fue ajustando para llegar a resultar francamente disfrutable. 

Camilo Rodríguez como Bill Rey.
Flojo esa es la verdad, su papel no es muy agradecido, pero tiene un magnífica escena con Alterio que no aprovecha en absoluto, ligeramente bajo de tono, parece achicarse ente el animal escénico que tiene como partenaire, pasando su interpretación muy desapercibida, falta peso escénico, y la tensión que debería extraerse de una escena incómoda sobre todo para el, no acaba de funcionar. Alterio se lo merienda con patatas, llenando el escenario con su arrolladora personalidad, quedando Rodríguez un tanto sombrón, y con notas de hombre gris, que honestamente no creo que definan al personaje.

Luz Valdenebro como Chelsi.
No acabó de convencerme por varios motivos, el primero falta naturalidad, especialmente en sus primeras escenas, que no tienen realmente mucha chicha, y que no acaban de estar redondas. Me sorprendió que el personaje de Chelsi está mucho menos desarrollado en la función que en la película, a pesar de esto debería tener un recorrido interesante que Valdenebro no acaba de atinar del todo. Su escena mas complicada, acontece con Lola Herrera y es la mas dramática de la función. La escena en cuestión se las trae, y no tiene mucho tiempo para meterse en situación, algo que le cuesta, estando un poco plana en sus momentos mas tremendos. Cierto es que el vínculo madre-hija está bien tratado, y en algunos momentos resulta muy creíble, pero ocurre algo parecido que con Camilo Rodríguez, Lola Herrera, se lleva de calle la escena, quedando Valdenebro en un discreto, correcto y frío segundo plano.

Lola Herrera como Etel.
La verdad es que no se que decir, ante la interpretación tan mayúscula que Herrera ofrece. Las grandes interpretaciones, son las que están plagadas de pequeños detalles, que son aquellos que construyen a un personaje, eso Lola lo controla hasta el milímetro. Hay actores que el mero hecho de tomarse un vaso de agua lo convierten en un arte, ese es el caso de Lola Herrera, cuya presencia apabulla, por su solvencia y capacidad de conectar con el espectador, sin el menor esfuerzo, al menos en apariencia.
Su Etel es una vitalista y sensible mujer, que me recordó a mi abuela, no solo porque se parecen fisicamente, que también, sino, por su forma de ser. Generosa, preocupada por su esposo, mas castigado por la edad que ella, y armazón de esa familia, como tantas y tantas mujeres de todo el mundo.
Lola Herrera llena el escenario en cada intervención, y la química que tiene con Héctor Alterio es maravillosa. Su trabajo rezuma verdad, y está completamente lejos de cualquier amaneramiento tan habitual en los grandes figurones escénicos. Me llevé un pedacito de Etel a mi casa, lo reconozco, su dulzura y facilidad para conmover en los momentos mas dramáticos, son absolutamente maravillosos.

Héctor Alterio como Norman.
Pues me pasa lo mismo que con Lola Herrera, su trabajo impoluto desde todo prisma, no tiene ni el mas mínimo pero. Norman muerde, es un personaje de complicada psicología muy caústico en sus intervenciones, ligeramente cruel, con un corazoncito muy bien guardado dentro de sus mútiples conchas, encantador,y descarnado con su entorno, excepto con su adorada Etel. Alterio consigue algo maravilloso, con una especie de farfulleo continuo consigo mismo, define el personaje a la perfección, dotando a Norman de todo aquello que caracteriza a un anciano que empieza a estar senil, un poco ensimismado en su mundo, pero terriblemente inteligente y que sabe dar donde duele.
Está plagado de detalles que hacen tremendamente creíble su composición. Siendo el resultado final imponente y de gran altura.



Magüi Mira, dirige la función en un tono sosegado, que va a la perfección por tratarse los personajes principales dos ancianos, con una inteligente lectura del texto, y un sutil sentido del humor que enriquecen muchísimo la función.
En líneas generales, todos los vínculos, algo tan importante en un texto de estas características están muy logrados, y el enfoque de cada personaje es atinadísimo.
La obra es muy tierna, con un deje melancólico que está muy bien apoyado en las cálidas luces de José Manuel Guerra, que consiguen unas atmósferas muy elaboradas.
A nivel dirección, Mira sin duda ha estado atinadísima, se nota que ha mimado mucho a sus actores, y que ha mimado mucho al texto, logrando un sensible espectáculo muy conseguido en toda su extensión.



En resumen un espectáculo mas que recomendable, donde priman las interpretaciones de Lola Herrea y Héctor Alterio. Dos actores que llenan de pequeños matices dos difíciles papeles, engrandecidos por el noble arte de la interpretación en su vertiente mas pura y mas honesta. Me quedo con el final de la función y dos ancianos bailando lentamente, con maestría de sabios, y con la emoción contenida ante lo que he visto. Salí como en una nube y con la certeza absoluta, de que en esta vida lo que realmente importa son las pequeñas cosas.
Yo no me la perdería!!! avisados estáis.


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