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martes, 6 de octubre de 2020

"As One", Sobre La Búsqueda De La Identidad


La transexualidad en el teatro, aunque ha sido tratada alguna vez, es una asignatura pendiente que necesita de mucha visibilidad y normalización, tal y como se hace con la homosexualidad. No siempre se entiende bien lo que significa ser transexual en nuestra sociedad, así como las trabas y agresiones que las personas trans sufren a diario. A este respecto es necesaria una conciención y hacer entender en que consiste y los problemas con los que se encuentra un colectivo maltratado y mal entendido a partes iguales. Si nos vamos al mundo de la ópera, todavía son más escasos los títulos en los que se aborda el tema de forma directa, por tanto cuando descubrí que se iba a presentar en Las Naves del Matadero una ópera que mostraba el asunto de frente y sin tapujos, automaticamente me interesé por "As One", título pionero, y que resulta interesante desde todo ángulo. El teatro es un reflejo de nuestra sociedad, posiblemente aumentado, pero certero, de los problemas que tenemos, y de aquellas situaciones que por el motivo que sea o bien no están superadas, o no se hablan de forma abierta. Por tanto el hecho de hacer una ópera, género tan cercano al movimiento LGTBIQ+, hablando de las personas transgénero, no solo me pareció oportuno, si no que el elegir la música para abordar un asunto que tiene tanto que ver con el interior de cada uno, me pareció el mejor vehículo para plantearlo. Si hay un arte que refleja el alma humana ese sin duda es la música, y en esta ópera se habla de la sexualidad de la protagonista, pero de lo que realmente se nos habla es de su alma. 
El pasado sábado me acerqué al Paseo de La Chopera completamente virgen ante lo que iba a ver, así lo preferí, especialmente cuando de una ópera desconocida se trata, es la mejor forma de que me llegue sin contaminar aquello que se me ha querido contar, y de esta forma sacar las conclusiones del espectáculo de forma directa y sin filtro alguno. La velada fue sin duda interesante y una sorpresa muy agradable como iré desgranando, y una estupenda velada musical. 



"As One" ópera de cámara con partitura de Laura Kaminski y libreto de Mark Campbell y Kimberly Reed, llega a nuestro país después de estrenarse en varios países, tanto americanos como europeos. Compuesta para dos voces, mezzo y barítono, y un cuarteto de cuerda, en ella se nos cuenta la historia de Hanna, desdoblada en dos identidades, pero que forman una. La Hanna "antes" interpretada por el barítono Enrique Sánchez-Ramos y la Hanna "después" interpretada por Inés Olabarría. Se pueden vislumbrar en estas dos personalidades el todo que simboliza Hanna que nos va desgranando su vida, casi siempre volcada en lo que los demás esperan de ella, hasta que un viaje a Noruega la hace encontrarse con ella misma, y su verdadera identidad. En el libreto se transita por pasajes dolorosos de la vida de nuestra heroína, así como por otros más ligeros, su descubrimiento del amor, sus relaciones familiares, adolescencia, y por fin la mujer plena que se nos presenta al final de la función. Planteada en 15 canciones y escenas, aparentemente separadas entre si, en realidad se nos está ofreciendo la disección de una vida y una psicología, que precisamente no ha tenido una existencia fácil, y que nos deja un poso tierno, y reflexivo cargado de sensibilidad e inspiración, en el que ante todo lo que más claro nos queda es la importancia de encontrarse con uno mismo, y sobre todo aceptarnos como somos, para que posteriormente nos acepten los demás.




La partitura, asequible teniendo en cuenta que se trata de una obra contemporánea, podemos definirla como ecléctica en su planteamiento, donde se funden diferentes estilos, transitando por el musical más melódico, el Britten más punzante,  unas sorprendentes coloraturas me atrevería a aventura que cuasi-barrocas, alguna pincelada minimalista, y una clara referencia a Grieg en la parte final de la obra, siendo el resultado interesante y de difícil ejecución, que describe a la perfección lo que ocurre en cada momento en escena, y lo que pasa por la cabeza de Hanna en cada conflicto que se nos plantea. Dentro de su espíritu claramente intimista no faltan los pasajes con las suficiente enjundia musical, y dramática, como para no plantearnos que la obra musicalmente no tenga un empaque considerable, y un acabado formal perfecto, de aires iconoclastas, y sin duda sorprendente.



 

Ines Olabarría y Enrique Sánchez-Ramos se complementan a la perfección en lo vocal, emsamblándose las dos voces de forma adecuadísima , y sobrados de facultades para una obra de estas características. La lectura de ambos cantantes pasa por un minucioso estudio de la partitura, cargado de matices, y mucha intencionalidad en lo que se dice, viéndose muy potenciado el mensaje de la obra, que nos llega muy directo, y que nos sirve de forma exacta para hacernos una composición mental de las dos Hannas y de las cosas comunes, que son las que forman la Hanna completa. Nos encontramos ante un trabajo mayúsculo, que se refleja de manera muy patente en el espectáculo, donde se percibe el esfuerzo realizado, y sobre todo el enorme trabajo entre los dos cantantes, que se apoyan el uno en el otro en lo escénico y lo musical de forma admirable. 

Sánchez-Ramos, bien timbrado, brillante con la voz grande y bien colocada, sirvió una velada de indudable impacto, en una obra tirante que solventa sin problemas, incluso en los pasajes más agudos, ofreciendo un canto noble, y de hermosos resultados, sin acusar fatiga en las agilidades y notable fiato. Resulta muy expresivo en todas sus intervenciones, y consigue conmovernos en algunos pasajes, especialmente aquellos en los que habla de su infancia y la presión a la que se veía sometido su personaje para estar siempre a la altura de lo que los demás esperaban que debía ser y hacer. 

Inés Olabarría, ofreció una velada cargada de sensibilidad, con una voz fresca, también de buen volumen, y con unos graves de impactante resolución, con un buen uso de la voz de pecho, bien definida la línea de canto, así como una espléndida pronunciación en inglés. Su personaje, más lírico, en el sentido de poético, se ajusta muy bien a su vocalidad, superando de forma notable las agilidades y diversos saltos de la partitura que se ven ejecutados con solvencia e indudable experiencia. 

Carlos Calvo Tapia dirige el espectáculo, muy pendiente de los cantantes y músicos, ofreciendo una lectura de notables dinámicas, y mucho acento teatral, sacando un sonido espléndido del Cuarteto Bauhaus, que casi funciona como un personaje más dentro de la ópera. Calvo Tapia cuida de forma exquisita a los componentes de la función, implicándose con ellos, y dejando que se recreen en la partitura, algo que en una ópera como esta es fundamental. Ante la ausencia de referencias, solo puedo plantear mis impresiones en la función del sábado, que pasó por una lectura sólida, minuciosa y cargada de sensibilidad. 



Vayamos con la propuesta escénica. 
Marta Eguilior firma el espectáculo, que se encuentra en total consonancia con la partitura, intimista y cercano. Para mostrarnos las diferentes escenas se parte de una interesante escenografía creación de ella misma y Alejandra Requeijo, que funciona como una caja de sorpresas en su estructura cúbica y que nos va dando información simbólica de cada canción, así como apoya las diferentes acciones escénicas. Eguilior plantea cierto estatismo en las interpretaciones que curiosamente en vez de alejarnos de los personajes, nos los acerca más y que consigue sorprendernos cuando ese estatismo se rompe en algunos momentos, logrando cierto dinamismo escénico que fluctúa en varias aguas que convergen con coherencia e interesante ritmo. Las acciones escénicas bien servidas y cargadas de simbologías nos plantean un montaje poético en lo visual, de sorprendente resultados, de limpio y minucioso acabado, así como un espíritu fuertemente alternativo, que resulta un soplo de aire fresco en el mundo de la ópera, ya que en los grandes templos de la lírica no se suele afrontar títulos de este tipo. Eguilior ofrece un espectáculo elegante, apoyado en unas luces y proyecciones de David Bernués acertadísimas, y de brillante acabado en líneas generales, que no deja de ser una agradabilísima sorpresa que no debería pasar desapercibido en los circuitos musicales de nuestro país. 



En resumen, una propuesta interesante, de sólido acabado, bien servida en lo musical, y de indudable calidad a todos los niveles, quizás minoritaria por su concepción camarística, pero de mensaje universal, y que en su fondo nos afecta a todos en cuanto a la búsqueda de la identidad de cada uno se refiere, y por supuesto como acercamiento a la transexualidad, desde un punto de vista respetuoso, poético y extremadamente sensible. 

viernes, 3 de febrero de 2017

Eroski Paraíso, Historia De Lo Nuestro

Dijo John Lennon..."La Vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes" y estoy de acuerdo, pero yo añado que curiosamente, luego, recordamos lo que nos va sucediendo de forma muy vivida, y los planes los vamos olvidando (especialmente cuando no los logramos). Nuestras vidas se forman de pequeños-grandes momentos, ínfimos para los demás, y enormes para nuestra existencia, y que están plagados de bellos detalles, que en su sencillez muchas veces hacen que nuestra existencia vital tome unos derroteros muy diferentes de los que en un principio teníamos en mente.
Lo que cuento parece una obviedad, pero no viene mal recordarlo, ya que tendemos a ensalzar, en buena lógica, la trayectoria de personas eminentes, dejando a un lado las sencillas historias que posiblemente sean las que mejor nos haga conocer al ser humano en su enorme insignificancia, si en términos universales hablamos.
Esto viene al hilo de Eroski Paraíso, una propuesta que me habían recomendado muchísimo, que se está llevando a cabo en el Matadero, y en la que mi reflexión está muy patente, por no decir omnipresente por toda la función.
No tenía muy claro que era lo que iba a ver, y a veces mucho mejor así, ya que la sorpresa que me llevé fue mayúscula como iré desgranando en esta crítica, y ahora entiendo porque esta propuesta está teniendo el éxito que está teniendo. A veces lo sencillo es tan enorme en su esencia, que a todos nos llega por igual. Eroski Paraíso lo certifica con brillo y rotundidad.



Eroski Paraíso, de autoría de Chévere (compañía titular) y textos de Manuel Cortés es un compendio de testimonios, completamente reales, de los habitantes del pueblo de Muros en la Provincia de A Coruña, donde se encontraba una sala de fiestas que funcionó desde los años 70 hasta casi los 90 y que actualmente es un supermercado Eroski. Una generación completa pasó por El Paraíso, que es como se llamaba dicha sala, en sus años mozos, y por ende gloriosos. Con esta premisa se nos cuenta la historia de una chica que en un intento de volver a sus raíces está rodando una película en la que se cuenta la noche que fue concebida por sus padres. Gran parte de dicha noche transcurrió en el Paraíso, y hoy en día casualmente la madre de esta chica trabaja como pescadera en el supermercado que antes era Paraíso.
Gracias a esta sencilla y cotidiana premisa, Cortés consigue que una "historia de gente común" adquiera una profundidad realmente apabullante, donde lo que subyace es muy jugoso, y en la que se tratan temas tan importantes y de lectura universal como son el desarraigo, la opresiva atmósfera de los pueblos pequeños, las ilusiones incumplidas, el desencanto, y esta crisis eterna, que seguimos sufriendo, y que todo se lo lleva por delante.
Que nadie se piense que estamos ante un dramón desmelenado, nada mas alejado de la realidad, porque aunque lo que se cuenta es muy serio, el cómo se cuenta está plasmado con una inteligente comicidad que sorprende mucho, y una deliciosa mezcla de naturalismo y costumbrismo de gran empaque escénico, siendo el resultado del texto en líneas generales muy equilibrado, y absolutamente delicioso.




Vayamos con el elenco:

En la obra hay cinco personajes, siendo dos de ellos mudos, destacando en estos dos últimos, Ricardo Lacámara como el abuelo, senil y tierno a partes iguales, que dota de muchísima presencia a un personaje enfocado con gran inteligencia desde lo pequeño y los matices, siendo el resultado tremendamente convincente.

Cristina Iglesias, como Alex.
Iglesias está magnífica en un papel bastante complicado y que define mucho el tono del espectáculo, siendo su trabajo muy importante para el desarrollo de la función. Cristina Iglesias además de una naturalidad encomiable, tiene cierto "ángel" escénico que resulta muy atractivo. Su personaje es menos cómico que el de sus padres, pero es absolutamente necesario para dar el contrapunto en las escenas mas extremadas, siendo el trabajo a este nivel impoluto. Destaco un momento en particular, un hecho tan sencillo como puede ser comerse un Pepito de ternera, define el trabajo de nuestra actriz y a nuestro personaje. Ese Pepito lo come Alexandra con su psicología y su conflicto, no Cristina Iglesias, hasta ahí llega la milimétrica labor actoral, y que es una tónica en la función.

Miguel de Lira, como Antonio.
De Lira me pareció un torbellino de energía y de verdad interpretativa. Su tono hablado, pretendidamente  coloquial, que define a un señor que destila bonhomía a raudales y que nos resulta muy familiar, resulta acertadísimo. Antonio nos va a contar la que posiblemente sea la noche mas gloriosa de toda su vida, y para ello de Lira saca toda la artillería pesada, resultando un magnífico narrador de historias que nos dejó embelesados durante todo su relato. El gran sentido del ritmo escénico y el control absoluto del gesto grande (plenamente justificado) fueron los detalles por los que mas destaca una interpretación muy conseguida y de arrolladora comicidad.

Patricia de Lorenzo, como Eva.
Magnífia desde todo prisma. De Lorenzo aborda un complicadísimo personaje desde la introspección y un trabajo de implicación interior absolutamente magistral. Su Eva es de una credibilidad pasmosa, en la que se destila una ternura y un mundo interior muy rico, que nuestra actriz refleja de una forma asombrosa en todas las facetas. No se sale ni un momento de situación en un trabajo de concentración realmente complicado y muy gratificante. La sensación de verdad es tan intensa que nos cuesta diferenciar que estamos ante un trabajo actoral, ya que la actriz se funde con el personaje con tanta convicción que nos llegamos a creer que Patricia de Lorenzo sea realmente así, obviamente se trata de una ilusión que deja muy clara la entidad como actriz de Patricia de Lorenzo, que es literalmente estratosférica. La creación que sirvió es uno de los trabajos actorales mas completos y con mas empaque que he visto en mucho tiempo, no me cabe la menor duda.



Vayamos ahora con la propuesta escénica.
La función viene firmada por Xesús Ros, responsable a su vez de la fabulosa dramataurgia, y sin ninguna duda acierta. Varias cosas son a destacar. El principio de la función, con cierto aire de performance, que de forma pretendida desconcierta al público, y que se va justificando de forma espectacular a medida que el espectáculo va avanzando, así como los medidísimos tiempos escénicos que sin prisa pero sin pausa nos van adentrado en la trama hasta vernos completamente subyugados por la misma. 
El estilo fuertemente naturalista que caracteriza a las interpretaciones es sin duda lo mas lógico y mas acertado dado lo que se cuenta en el espectáculo, poniendo especial acento en la ausencia total de afectación en los actores, y en la verdad que se rezuma de cada interpretación. Encontré la función muy refrescante y dotada de un novedoso estilo que me atrapó y sorprendió a partes iguales desde el principio, y siendo el resultado final de gran altura e interés teatral, y lo que es mas importante, realizada con un mimo exquisito y una entrañable ternura que justifica totalmente el porqué del espectáculo y lo que nos quiere contar.



En resumen, una propuesta absolutamente imprescindible, que sorprende dado su empaque teatral fuera de toda duda, la enorme calidad actoral de su elenco, y lo que tiene de novedoso el envoltorio del espectáculo, que no revelaré por razones obvias. Hay espectáculos que uno siente que son los que consiguen que las artes escénicas avancen, Eroski Paraíso lo es de forma rotunda y brillantísima.
Si os queréis reír, emocionar y pasar una velada acompañados de unos carismáticos personajes, sin duda Eroski Paraíso es vuestra función.

Como nota aclaratoria decir que las fotos no se corresponden en su totalidad al elenco que esta crítica ocupa, y que el espectáculo es bilingüe, representándose en gallego y castellano, y con subtitulos en castellano.




*Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible. 






jueves, 2 de octubre de 2014

Los Justos, La Justicia Según Los Justicieros y La Evolución De Un Espectáculo

Hace un año mas o menos, tuve la suerte de asistir a un pase previo de Los Justos de Albert Camus, en Parla, salí profundamente impresionado, y a aquel soberbio montaje le dediqué una de las primeras crónicas en este blog. Cincuenta y dos críticas después, por fin y como vaticiné en aquel post, ha llegado a Madrid. Ayer se estrenaba esta soberbia producción en Las Naves Del Matadero, y con muchas ganas me acerqué para volver a disfrutar de una de las  mejores producciones teatrales que he disfrutado en los últimos tiempos. En este post haré una mezcla entre aquella primera crítica y lo que ayer presencié, que aunque ya sabía de que iba la cosa, me dejó absolutamente boquiabierto ante la estupenda evolución que Los Justos ha experimentado, y la enorme calidad de lo que ayer disfruté y que ya vislumbré en su momento. Cuando las cosas funcionan no hay discusión, y estos Justos, son un claro ejemplo de teatro bien hecho, bien pensado y que sin duda arroja mucha luz ante los oscuros tiempos que nuestro panorama teatral está sufriendo, por tantos problemas de sobra conocidos por todos. 
Con buen ánimo me presenté en el Matadero, mucho glamour, actores y directores ( con mucho revoloteo alrededor ) de relumbrón, dispuesto a disfrutar de una estupenda velada teatral, y emociones fuertes, como tan controvertido texto ofrece.

                       

Los Justos, es un texto que leí en mis primeros tiempos de estudiante de interpretación  (si, tengo un pasado, je, je, je, ¿acaso lo dudabais?),me impresionó mucho en su momento,pero el impacto con el paso del tiempo se fue diluyendo,la inteligentísima adaptación que vimos, no chirría en lo mas mínimo,si los protagonistas originales eran revolucionarios antizaristas,los de hoy son etarras,un paralelismo mas que acertado,en un momento muy propicio para plantear este asunto. El conflicto empieza en el momento en el que un terrorista iba a detonar una bomba en un coche, cuando pasa el vehículo ve que hay dos niños dentro y aborta la operación. La obra es dura,dura por muchos motivos,el primero,el shock que produce en el espectador ver que los terroristas tienen dilemas morales como todo hijo de vecino. El segundo, que aunque uno nunca estará de acuerdo con ellos,entiende sus motivaciones. Y el tercero, que los grandes conceptos de la humanidad como son la justicia y la paz, tienen múltiples lecturas, a cada cual mas perversa,pero que pueden ser perfectamente argumentada, con la mas sibilina de las manipulaciones del lenguaje. No nos engañemos. La obra no es pro-etarra ni mucho menos,pero si humaniza unos personajes que uno nunca se plantea como seres humanos, algo que engrandece el texto, no existen los malos absolutos ni los buenos buenísimos, cada uno tiene sus luces y sus sombras.



                      


Vayamos con elenco, soberbio sin concesiones.

Ramón Ibarra, da vida a un teniente de policía, que de torturar sabe mucho, no necesita la violencia, para amedrentar, y su calma de mucho miedo. Ibarra dota de mucha ironía, a un personaje que si bien es breve resulta imprescindible para el desarrollo de la trama. Ibarra ofrece gran solvencia, aplomo y mucha presencia a un personaje que en otro actor pasaría mucho mas desapercibido. Profesionalidad y peso escénico en una sobria interpretación que no da puntada sin hilo en cuanto a matices se refiere

Rafael Ortiz, como uno de los terroristas mas jóvenes y uno de los mas sensibles. Ortiz da muy bien el papel fisicamente, y aporta una continua sensación de estar al borde del precipicio, mostrando sin problemas los conflictos por los que atraviesa y la necesidad de darse un respiro ante la barbarie en la que el solito se ha metido, si bien es cierto que está un poco bajo de tono, cumple sin problemas, y su escena como presidiario, es una de las mejores de la función, donde casi como una onírica aparición hace de voz de lo que esta pensando Alex Gadea, dentro de su celda.

Pablo Rivero Madriñán, sirvió un entero jefe del comando, con algunos problemas para mantener su autoridad, y una arrolladora personalidad, de auténtico líder, comprensivo con los suyos y con la psicología de cada uno. Rivero Madriñán, aporta gran aplomo, una estupenda voz y una sobria e interiorizada composición que, como es la tónica de la función, rezuma verdad por todos los poros de su piel. Un diez para Rivero Madriñán que da mucho empaque a un personaje de grandes dificultades y que el aborda sin problemas.

Lola Baldrich, incomensurable como Maite, la única mujer del comando terrorista. Baldrich afronta este personaje desde varios ángulos, y en todos acierta, sabe ser dura cuando lo requiere y tremendamente humana cuando su personaje deja entrever que tiene su corazoncito. Dota de gran inteligencia a esta mujer crítica con aquellos que sigue, y muy valiente en sus planteamientos.
También hace de viuda de la víctima de estos terroristas, vestida de blanco inmaculado, y que perdona al asesino de su marido, siendo para el terrorista lo peor que le podían hacer. Ese momento me impactó muchísimo. Que el hecho de que alguien te perdone, sea tan terrible y haga que todo lo que te rodea se derrumbe, es algo que nunca me había planteado, pero ciertamente cuando uno quiere sembrar odio, si no lo consigue, lo que ha hecho no sirve para nada. La tremebunda escena Baldrich-Gadea hizo que se me saltaran las lágrimas. Volviendo otra vez a la verdad en estado puro, que esta función desprende desde el minuto uno.

Alex Gadea, da vida a un idealista joven, poeta de gran sensibilidad y el nexo de unión para que el drama se desarrolle. Gadea ofrece momentos de gran altura en lo dramático y su personaje tiene un gran recorrido que Gadea exprime al máximo. Todo el cuadro de la carcel es absolutamente sobrecogedor, y su primera escena con José Luis Patiño, un auténtico ring escénico, donde se lanza bofetadas dialécticas de la forma mas despiadada, en un ejercicio de intensidad estratosférico. Gadea ha sido uno de los que mas ha crecido en el proceso desde aquel pase previo que presencié el año pasado. Trabajo de altura, muy pensado, interiorizado y perfectamente llevado a cabo.


Para finalizar José Luís Patiño, como el mas veterano, de los terroristas, una leyenda entre los suyos que ha sido torturado y que es el mas beligerante de todos los que en este comando se encuentra. Decir que Patiño es un gran actor es casi una redundancia, su trayectoria es lo suficientemente reconocida. Pero he de plantear, que su composición me dejó literalmente pasmado, impresionante es poco. Patiño dota de gran dureza a un tremendo personaje, capaz de decir las mayores salvajadas, pero sin dejar a un lado la humanidad que hasta el mas salvaje entre los salvajes en algún momento tiene. Su soliloquio en corbata, desnudo de cualquier artificio, primero en vasco y luego en español, pone los pelos de punta, emociona al mas pintado, y es uno de los mejores momentos que he vivido en los últimos tiempos sobre un escenario. Sobrio, contenido, y muy temible, Patiño crea un personaje tan de verdad que apabulla. Gran estudio del texto, con una claridad meridiana en sus exposiciones, y una clarísima línea que hacen que su interpretación sea realmente de campanillas.





                        

El montaje escénico es fascinante.Todos los personajes se pasan  la función atados a la tierra con unas enormes sogas, en el pecado llevan la penitencia amiguitos, aquello que tanto aman, aquello por lo que matan y mueren es su carcelero mas implacable, sin duda un gran acierto el concepto, tanto del espectáculo como de la escenografía. Las relaciones y los personajes están perfectamente definidos. El espectáculo se sirvió de unas maravillosas luces y un aprovechamiento deslumbrante de una sala tan especial como es el Matadero, que dota de grandes atmósferas las diferentes escenas, siendo especialmente impactante el bloque que se desarrolla en la carcel, conseguidísimo en toda su grandiosidad, siendo en algunos momentos un espectáculo de una exquisitez operística.

Javier Hernández-Simón, dirige con puño de hierro a un reparto en estado de gracia, sabe lo que quiere y como lo quiere, y el resultado es redondo, perfectamente hilvanado, con una línea estética e interpretativa clarísima y que funciona sin el mas mínimo problema. Desde el minuto uno el espectador se ve completamente absorbido por la trama de la que está siendo testigo. Hernández-Simón ha pulido, enriquecido y dado el remate a un espectáculo que ya apuntaba maneras en su primer pase con público. Un diez sin duda para un director que dará mucho que hablar. No me cabe la menor duda.




En resumen una propuesta no solo altamente recomendable, sino imprescindible, donde se nos plantean unas dudas mas grandes que la propia existencia del ser humano, y que todo amante de las artes escénicas no puede dejar pasar. Estoy absolutamente convencido de que no va a dejar a nadie indiferente. Teatro valiente, honesto y realizado con un amor inconmensurable a la profesión.

* Fotos cedidas por 611teatro

domingo, 24 de noviembre de 2013

El Malentendido, Camus Mal Entendido

Ya he comentado por estos lares mi adoración por Camus, y lo mucho que me influyó el visionado de su celebérrimo Calígula en mi postrera adolescencia. Es un autor que nunca defrauda ni en lo dramático, ni en lo literario, ni por supuesto en lo filosófico. La obra de Camus, abarca los grandes dilemas de la psicología humana, casi siempre de forma descarnada, revulsiva e inteligentísima. El caso de El Malentendido, es exactamente ese. Texto mayúsculo, con tintes de tragedia griega, gran calado social, y mensaje mas que actual. He de decir, que no conocía la obra. Me sorprendió mucho, el  que esté basado en un hecho real que conmovió profundamente al autor. Lo que aquí acontece traspasa cualquier tragedia imaginable. Antes de decidirme por este montaje leí un poquito sobre la historia, y me acerqué a Las Naves Del Matadero, dispuesto a tener una experiencia fuerte, como casi siempre me ocurre con Camus. Con un  catarrazo de no te menees, dolor generalizado y una molestísima tos, me arrastre al teatro, ya que mi interés hacia este texto iba in crescendo a medida que iba sabiendo cosas sobre el. Tristemente las expectativas estaban muy por encima de lo que presenciamos esta tarde. Esta producción, en mi humilde opinión, es un claro ejemplo de un insuficiente trabajo sobre el material original, un elenco poco aprovechado, y una superficial lectura de tan soberbio texto.







 El hecho en el que se basa la función es el siguiente. Una madre y una hija, dueñas de una pensión, se dedican a asesinar a sus incautos huéspedes para quedarse con su dinero. El hijo de la dueña de la pensión que se había ido del hogar familiar en su juventud, vuelve como adulto ya casado, para darles una sorpresa, se inscribe de incógnito y lo matan como a un huésped cualquiera, ya que no se habían percatado de quien se trataba realmente. Esta terrible historia sirve para que Camus, incida en varios aspectos de la esencia del ser humano, la frustración, la soledad, la amargura del desfavorecido, y sus pocas ganas de vivir ante la negritud de su existencia. Estas asesinas se mueven por motivaciones comprensibles, algo habitual en los textos de Camus. Sus aspiraciones son muy lícitas, salir de la miseria y tener una vida satisfactoria. Lo que no es lícito son los medios.








Vayamos al montaje en cuestión. Una cosa que me sorprendió desde el minuto uno es lo desdibujado que está el vínculo entre los personajes, las relaciones no son creíbles, como luego explicaré, el trabajo de Cayetana Guillén Cuervo funciona bien en solitario, pero no cuando comparte escena. Encuentro las interpretaciones excesivamente inexpresivas, sobre todo en la primera parte de la función. Esto hace que el espectáculo sea muy premioso, lastrando bastante el ritmo. Esta primera parte es una sucesión de textos monocordes por parte de todo el elenco, carentes de emoción, y dando poco sentido al texto. La naturalidad mal entendida sobre un escenario, da lugar a interpretaciones sin fuelle, que transmiten la sensación de poco trabajo en la construcción de los personajes, encontré excesivamente cinematográficas todas las composiciones, y la emoción no llega al espectador. Falta intensidad dramática, siendo muy notorio en el caso de Julieta Serrano, el mas existencialista de todos los personajes y que su abulia se vislumbra hasta cuando decide terminar con su vida. Esta propuesta sería válida si con ello se consiguiera revolver al espectador ante la pasividad de esta mujer, en este caso, lo que parece es que Julieta está desganada. Intuyo que es un caso de mala dirección escénica, y que no se consiguió dar el enfoque deseado al personaje, ya que la solvencia de Serrano es mas que conocida.







Cayetana Guillén Cuervo, se escucha demasiado a si misma, y poco a sus compañeros, restando naturalidad a su interpretación, sobre todo en la primera parte de la función, donde muchas frases parecen dichas sin darles ninguna importancia, y de forma muy parecida, resultando irritante el tono ,y repito el término, monocorde con el que finaliza sus textos. El vínculo madre-hija con Julieta Serrano no es creíble, y eso es un fallo grave en un texto de estas características, en su práctica totalidad basado en la relación entre ellas dos. No aprecié ese lazo de unión invisible de estas compañeras de miserias y de crímenes, y anda que no hay tela para cortar en ese asunto. Cierto es que en la segunda parte del espectáculo cuando toma protagonismo, se esfuerza y brilla mucho en su extenso y difícil monólogo, donde vemos que ha puesto toda la  carne en el asador, se desmelena, y se desprende del envaramiento del que adolece en un principio. Se salva por los pelos gracias al explosivo  final de la función, donde se vislumbra, que cuando se deja llevar, puede dar mucho de si. El resto del elenco cumple, aunque en general siguen todos con los mismos fallos de enfoque de los personajes, algo que achaco a cuestiones de dirección actoral. Falta verdad, y me da a mi que los actores han ido tirando de su intuición para sacar adelante este difícil texto. No encuentro unas directrices claras por parte de Eduardo Vasco en este tema, algo que va en detrimento de la función. Incluso el interesante papel mudo, de criado- dios, que desencadena la anagnórisis de nuestras heroínas. En su única pero importante intervención hablada, deja desconcertado a mas de un espectador, reaccionando el respetable de forma equivocada, ya que su frase de graciosa no tiene nada, y alguno reacciona con evidente hilaridad . Conociendo los antecedentes de Vasco, me sorprende enormemente que todas estas cosas se la hayan pasado por alto, y ahí es cuando me cuesta dilucidar si estamos ante un problema de dirección o de actores difíciles de dirigir.




La parte netamente escénica está muy conseguida, y ahí es donde el toque Vasco está mas que presente. El espacio, muy bien aprovechado, prescindiendo de la clásica representación a la italiana. Los espectadores rodean el escenario, y en algún momento se rompe ligeramente la cuarta pared de forma efectista,con ciertos toques Brechtianos, planteándosele al espectador directamente los dilemas mas remarcados en el texto. La escenografía de índole conceptual, estupenda, sobria, elegante, y muy evocadora. Destaco las proyecciones de agua, ese agua en el que estas asesinas se deshacen de los cuerpos de sus víctimas, y que sirve para cerrar el círculo de muertes que se desarrollan durante el espectáculo. Luces muy frías que transmiten a la perfección la atmósfera tan cruda que se respira en este insano texto. El espectáculo está acompañado de dos soberbios músicos que tocan la viola de gamba y el acordeón, de forma impoluta y bastante inquietante.



En resumen una propuesta estimable por lo arriesgado del texto, pero insuficiente en su ejecución. Excesivamente plana, superficial y carente de la intensidad dramática que un texto de esta envergadura puede ofrecer. El teatro es así, unas veces se disfruta mucho y otras veces se sale  decepcionado. En este caso, al tratarse de un autor que admiro tanto, la decepción ha sido mayor.





*Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego que me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible