Si hay un mito estadounidense junto con Marilyn Monroe y James Dean, ese es Judy Garland, "Santa Judy" subida a los altares desde su fallecimiento, icono LGTBIQ+, artista inmensa y de tortuosa vida. Soy fan irredento de Judy Garland, su directo del 23 abril de 1961 desde el Carnegie Hall, es para mi uno de los mejores discos de la historia, en el que si escuchamos con atención podemos calibrar a la perfección su entidad como artista, y su difícil vida, marcada a fuego en su garganta, donde las ásperas notas con las que ataca "Over The Rainbow" son por si solas un tratado sobre lo que significa una persona al límite, entregándose en cuerpo y alma a su público. Escuchar a Judy en ese disco desgarra el alma, y a la vez emociona hasta lo indecible, siendo posiblemente el mejor testimonio de lo que hizo de Judy lo que es, y lo que será siempre. Una vida caracterizada por los abusos, excesos e inseguridades, se encuentra incrustada en todo aquel que haya escuchado la magia que supo transmitir a los afortunados que la vieron en directo, y que por suerte podemos disfrutar como si estuviéramos allí. Judy fue un juguete roto desde su infancia, pagó un precio altísimo por la fama, y siempre fue utilizada por los que la rodeaban para sacar rédito económico y después dejarla en la estacada cuando más los necesitaba.
Se ha presentado hoy en El Umbral De La Primavera "Judy, autopsia del arco iris", texto que se me había escapado en sus anteriores representaciones, y que no podía dejar de ver, esta vez con José Luis Mosquera como protagonista y dirección de Manu Berastegui, algo me decía que la cosa iba a estar a la altura, no me equivoqué en absoluto, ya que la velada ha sido de las que no se olvidan.
Manu Berastegui al frente de "Judy, autopsia del arco iris", sirve una función elegante en su resolución, pulcra y muy bien movida, donde las acciones escénicas resultan imprescindibles en el desarrollo del espectáculo y muy definitorias de cada personaje. Partiendo de una concepción sobria, nos encontramos ante una serie de hallazgos muy interesantes que enriquecen composiciones actorales y texto. El uso de un solo detalle que define cada carácter resulta perfecto y más que suficiente para entender lo que estamos viendo, un collar de perlas, unos guantes, o unas simples gafas hablan por si solas sin necesidad de cargar las tintas en un texto lo suficientemente poderoso como para dejarse llevar por él. Los ritmos se encuentran muy bien perfilados, siendo el resultado el de un espectáculo ágil, de creciente intensidad, y en el que las escenas se encuentra perfectamente delimitadas y en su punto justo de sazón, dando el aire necesario a cada una. Cuando es menester tira de ironía, humor, desgarrador drama, y una logradísima intensidad en aquellos momentos en los que suceden las cosas más duras que se plantean en la función, con sabiduría teatral y control absoluto de todo lo que ocurre en escena. Entiendo que el trabajo entre Mosquera y Berastegui ha sido muy intenso y muy conjunto, ya que se ve que nuestro director deja hacer a su actor, ayudándolo en los vericuetos de los complejos planteamientos que se nos ofrecen, siendo resultado de ello una perfecta comunión entre los dos, gratificante y profunda a la vez. Berastegui realiza un gran trabajo, demostrando que conoce muy bien el material de base de la obra, ofreciendo una función muy bien explicada, y en la que se cuenta a la perfección todo aquello que se nos quiso contar con el texto, enriqueciéndolo y dotándolo de más entidad, si cabe, algo que dice mucho sobre su labor.
En resumen, "Judy, autopsia del arco iris", es teatro de alto voltaje a todos los niveles, y que merece un recorrido largo en nuestros escenarios, encontrándonos ante una propuesta sólida y de indudable interés, que impacta por su carga dramática, por la verdad que rezuma, e impecable factura. Se me antoja un imprescindible de esta temporada, mitos personales aparte.
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