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viernes, 7 de septiembre de 2018

El Curioso Incidente Del Perro A Medianoche, La Sublimación De La Inocencia.

Arranca la temporada teatral 2018-2019, una de las mas atractivas de los últimos años, en la que todos los géneros se van a ver ampliamente representados, y en la que la variedad es la tónica. Después del descanso estival, retomo el blog, con uno de los títulos mas esperados, y que ya estaba tardando mucho en llegar a nuestras carteleras. "El curioso incidente del perro a medianoche" me lleva persiguiendo por medio mundo desde que se estrenó, y cada vez que iba a una gran ciudad fuera de nuestro país me tropezaba con ella. No me animo a ver teatro de texto en inglés, con los musicales es diferente, pero el texto puro y duro se me hace un pelín cuesta arriba, así que sólo me quedaba esperar a que uno de los bombazos teatrales de los últimos tiempos llegará a Madrid, empresa difícil, ya que la obra, conlleva una serie de riesgos que a nivel privado son difíciles de asumir, y que realmente me hacían pensar que pasaría mucho tiempo hasta que se viera por aquí.
Reconozco que me llevé una sorpresa mayúscula cuando empezó el rumor sobre el posible estreno, y una vez que fue oficial, ya sabía que la asistencia al espectáculo era obligada. Ayer asistí al segundo pase con público, y reconozco que salí completamente fascinado por el resultado, entendiendo ahora el éxito internacional de la función. El espectáculo que se está representando en el Marquina en estos momentos, pasará a la historia de nuestro teatro, y sin ninguna duda es un caso singular dentro de la iniciativa privada de este país, de muy loable propósito y mas que estimables resultados como luego explicaré. "El curioso incidente" hay que vivirlo, no queda otra. Reconozco que salí asombrado de la función de ayer, ya que supera toda expectativa.



"El curioso incidente del perro a medianoche" está basada en el best seller de Mark Haddon cuya adaptación corrió a cargó de Simon Stephens, siendo su estreno en Londres y Broadway un rotundo éxito que se vio premiado con siete premios Oliver y cinco Tony.
La historia que nos cuenta es la de una adolescente con síndrome de Asperger, que después del asesinato del perro de su vecina, se propone averiguar quien perpetró el crimen. La investigación es la excusa para plasmar un viaje iniciático hacia la edad adulta de nuestro protagonista, explicarnos en que consisten los trastornos de índole autista, y sobre todo narrarnos una historia profundamente humana, tierna y conmovedora a partes iguales. El texto es de un sensibilidad extrema, y la verdad es que resulta de un interés teatral elevadísimo, así como con una exigencia a nivel actoral enorme, especialmente en su cuarteto principal, por no hablar de un rol protagonista que podemos considerar cómo "mas grande que la vida" que se decía antaño. "El curioso incidente" es teatro de primera división, con una estructura dramática férrea, y que impacta al espectador en su enormidad y por sus dificultades a todos los niveles, pudiendo considerarse un clásico instantáneo y de mensaje universal.



La función consta de diez actores y actrices, de los cuales cuatro son protagonistas, y el resto del elenco lleva a escena diferentes pequeños papeles. Dentro de las pequeñas partes nos encontramos a Eva Egido, Alberto Frías, Eugenio Villota, Boré Buika, Anabel Maurín y Carmen Mayordomo, con roles de mayor o menor extensión, pero muy presentes durante todo el espectáculo dado las características del mismo. Todos se encuentran acertados en sus creaciones, y demuestran gran ductilidad a la hora de afrontar los distintos arquetipos, con los que nuestro protagonista se tropieza a lo largo de su aventura. A ello hay que añadir el estupendo trabajo coreográfico que llevan a cabo que encuentro imprescindible dentro de la propuesta estética de la función. El elenco del espectáculo lleva a cabo un trabajo exuquisito, milimétrico en su precisión, de pulcro resultado y con inspiradísimos momentos en lo actoral.

Mabel del Pozo, como Judy.
Dotada de una gran presencia escénica, Del Pozo transmite mucho en sus intervenciones, impresionando su implicación emocional en algunas escenas, especialmente en aquella con la que finaliza la primera parte de la función, y resulta de gran ternura cuando se dirige a su hijo. Nuestra actriz dota a su personaje de todo aquello necesario para creernos a una mujer un tanto sobrepasada por el hijo que le ha tocado en suerte, de carácter explosivo, y enorme sensibilidad en su interior. Muy contenida durante toda la función y alejada de cualquier afectación ofrece una interpretación fresca, cercana y sobre todo muy creíble y de alto voltaje interpretativo de principio a fin.

Laura Grube, como Siobhan.
Magnífica y de gran solidez, en el papel de la profesora de Christopher que mejor lo entiende, y con el que tiene una especial relación. La química entre Grube y Álex Villazán (Christopher) es magnífica, y el vínculo entre los dos se encuentra tan bien definido, que sus escenas juntos resultan deliciosas. Siobhan es un personaje de bastantes dificultades, muy explicativo, y con cierto tono didáctico que si no está llevado a buen puerto podría hacerse pesado. Nuestra actriz hace magia con su papel, y consigue que nos quedemos con ella desde que empieza la función, y no solo eso, sino que nos apetece llevárnosla a casa. Pura sensibilidad y delicadísima en el trato con su alumno, Grube lleva a cabo una creación adorable, sentadísima, y en la que se entiende absolutamente todo lo que nos han querido contar con el personaje.

Marcial Álvarez, como Ed.
Álvarez, si bien es cierto está correcto, se encuentra en un código menos interiorizado que el de sus compañeros, abusando en exceso de la voz como recurso, quedando un poco superficial en algunos momentos. Tengo la sensación que todavía no ha pulido su interpretación del todo, no olvidemos que vi el segundo pase previo, por tanto creo que con el tiempo este asunto cambiará, dado que tengo intención de ver la función mas adelante lo podré comprobar. Tiene un desarrollo muy interesante en su personaje, y algunas escenas son muy potentes, de gran intensidad e incluso violencia, dejándome helado en un momento en particular, que no revelaré, pero que realmente nos revuelve por dentro. De poderosa presencia, y ese estilo bronco que le caracteriza, a nivel físico resulta adecuadísimo para un papel de complicadísima psicología, y que pasa por múltiples estados de ánimo a lo largo de la función.



Álex Villazán, como Christopher.
Villazán me pareció asombroso, en una creación en la que se huye de la caricatura o la imitación, todo sale desde dentro y desde la verdad, concentradísimo y con un mundo interior muy rico. Ver a Villazán es ver a Christopher en su enormidad, dulce, gracioso, de una sensibilidad agudizadísima, soñador y con todos los síntomas propios del Asperger. Nuestro actor de carismática presencia, e impoluto tono corporal, consigue un trabajo completamente memorable, y lleva a cabo una de las mejores interpretaciones que he visto en mucho tiempo, en la que todo funciona de principio a fin, y que sin duda se trata de un auténtico tour de force para cualquier actor que se precie de serlo. Se parte de una premisa física muy bien definida, y perfectamente integrada al personaje y a su psicología, donde todo fluye con gran organicidad y se acopla perfectamente a un texto que sale de forma natural, llevándose lo que planteo al extremo durante el segundo acto de la función, todo un festival de lo que conlleva el ser actor hasta sus últimas consecuencias. Villazán afronta un durísimo papel a todos los niveles de la única forma posible, la valentía, y sobre todo la honestidad, siendo el resultado un trabajo sin fisuras e impactante, especialmente teniendo en cuenta la juventud de nuestro actor, que no es obstáculo ninguno para que todo lo que Christopher es se vea reflejado en su trabajo.



La dirección del espectáculo corre a cargo de José Luis Arellano, siendo el resultado de relumbrón y acertadísimo desde todo ángulo. Arellano sirve una función de impecable factura, y elevadísimo nivel, de la que varias cosas son a destacar. La primera la ausencia de afectación en todas las interpretaciones, todo lo que vemos es real, cercano y tremendamente creíble. Los actores se encuentran dirigidos en un código netamente naturalista, algo que combina a la perfección con el lírico tono visual del espectáculo, con momentos de una belleza arrebatadora y de impactante y espectacular resolución. Arellano ofrece una experiencia sensorial que va mas allá de lo netamente teatral, ya que el espectador se ve inmerso en una serie de emociones de muy diversa índole, llegando la catarsis en no pocos momentos, viéndose un tanto abrumado ante la calidad de lo que se ofrece. Arellano nos cuenta la función de forma impecable, cristalina en su planteamiento, y con un equilibrio pasmoso entre lo tierno, lo cómico, y el mas desgarrador drama, sin caer en ningún momento en lo melifluo o en el tremendismo, simplemente nos mece al son de un texto mayúsculo, navega por él sin el mas mínimo problema y nos lleva en cada escena exactamente al punto que quiere y al que pide la función. Todo lo que ocurre en escena transcurre de forma natural y perfectamente justificada, con gran fluidez, enorme empaque tanto en lo visual como en lo actoral, y unas transiciones entre escena y escena maravillosamente resueltas. La propuesta de José Luis Arellano no pasa por lo superficial o lo efectista, sino por el apuntarnos directamente al corazón y dejarnos desarmados ante tanta belleza e inocencia, a veces truncada, pero que siempre acaba triunfando. Montaje de enorme carga poética, e inolvidable acabado, que estoy convencido que no dejará indiferente a nadie. Debo hacer varias menciones especiales, la primera a la brillante escenografía de Gerardo Vera, auténtico prodigio escénico que es arte y parte en la magia teatral tan marcada que todo el espectáculo destila. También se deben mencionar las, como siempre, magníficas luces de Juanjo Llorens, el maravilloso trabajo con las justificadísimas proyecciones de Alvaro Luna, y el espléndido movimiento coreográfico de Andoni Larrabeiti.
La unión de todos estos artistas, y un elenco acertadísimo, hacen que "El curioso incidente del perro a medianoche" se pueda considerar un acontecimiento teatral en nuestro país, y un caso singular dentro de nuestra escena, especialmente a nivel privado. Nos encontramos ante una función que posiblemente tenga un antes y un después en nuestros escenarios y un camino a seguir por parte de nuestra industria teatral, ya que sin duda ésta es la senda acertada. 
Además de todo lo que planteo, es remarcable la sensación de estar disfrutando de Teatro, con mayúsculas, de gran capacidad catártica, que nos lleva a reflexionar sobre muchas cosas que realmente son importantes, y que consigue que nos sintamos mejores personas cuando salimos de la función. "El curioso incidente" aglutina todo aquello por lo que tanto amo el arte de Talía, en toda su extensión, enorme en su esencia, y que sin ninguna duda, nos hace avanzar un poquito más como personas.




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viernes, 23 de marzo de 2018

Una Vez Al Año, A Veces Hace Daño.

Últimamente estoy viendo mucha comedia, parece ser que el género me persigue, y tristemente no siempre está la cosa a la altura que uno espera. Me hablaron no hace mucho de "Una vez al año" comentándome que era un texto precioso, que se puso en pie a finales de los 70, con Irene Gutiérrez Cava y Carlos Estrada al frente, dirigidos por Luis Escobar, siendo una función de gran éxito, y recordada con cariño. No caí en el momento, en que se trataba del material con el que se había contado para la película titulada como "El próximo año a la misma hora" preciosa e intimista y de la que tengo un hermoso recuerdo. Por tanto se me despertó la curiosidad ante el inminente estreno en el Marquina, de esta bella historia de amor adúltero cargada de sensibilidad y que va mas allá de la comedia meramente sentimental.
Si el otro día alababa las virtudes de la buena comedia, hoy voy a hablar de los defectos de la mala, que cuando se dan, cantan por soleares, y que en este caso en función del título que comentaré viene muy al pelo.
Es importante un elenco adecuado, no todos los actores sirven para hacer comedia, ya que lo de la vis cómica o se tiene o no, no hay mas vuelta de hoja. Pasar de rosca las situaciones consigue el efecto contrario al deseado, es decir no tienen ninguna gracia. La caracterización de los personajes, es fundamental y su psicología debe estar muy bien definida. Todo debe ser ágil, y sobre todo de verdad. Es decir, un actor haciendo comedia, debe vivir lo que le ocurre como un drama en la mayoría de los casos, eso es lo que realmente nos hace gracia. Cuando Pepe Viyuela sufría porque no era capaz de montar una silla, lo que nos llevaba a la carcajada era eso, su agobio, no el que no fuera capaz de abrir una silla. Y por supuesto se encuentra la entidad psicológica de los personajes. Que nos debe hacer entender sus reacciones ante los diferentes vericuetos del texto. Si todo esto falla, NO HAY COMEDIA. Si a esto le añadimos que algunas comedias fluctúan entro lo cómico y lo dramático, el nivel de dificultad se eleva hasta lo estratosférico, y conceptos como ritmo y atmósferas son definitivos a la hora de plantear el espectáculo, cuya línea debe estar perfectamente delimitada al tenor de cada escena.




"Una vez al año" "Same time, next year" en su título original, fue escrita por Bernard Slade y se estrenó en 1975. Llevada al cine por Robert Mulligan en el 78, con Alan Alda y Ellen Burstyn en sus dos papeles protagonistas. La historia que  nos cuenta es la de dos amantes que solo se ven una vez al año en la habitación de un hotel, planteándose la relación entre ellos dos como la excusa para ver la evolución del ser humano durante los 25 años que transcurren en el escenario, y los conflictos existenciales de dos personajes capaces de amarse profundamente, y a la vez adorar a sus respectivas parejas, pero manteniendo una preciosa historia de amor en la clandestinidad, que sirve para suplir todo aquello que en su día a día no está. Slade sirve una historia muy bonita, de gran sensibilidad, en la que una sencilla historia de amor se encuentra plasmada con gran ternura, y de forma cotidiana. La obra original se desarrolla en Estados Unidos en 1951, finalizando en 1975, la versión del Marquina empieza en el 75 en España, y finaliza en el 2000, por tanto todo el trasfondo histórico se ha cambiado por los hechos mas importantes de nuestro país. No resulta del todo satisfactorio el cambio, y algunas situaciones se encuentran forzadas y poco creíbles, del mismo modo que hay algunos errores históricos, no muchos, que nos sacan un poco de situación. No me pareció una traducción redonda, y el uso del lenguaje excesivamente esquemático, y no muy variado, convierte a los personajes en marcadamente simples  y bastante inverosímiles en su psicología, da la sensación que se han utilizado algunas frases como fórmulas, que se repiten varias veces durante la función siendo el resultado extraño y de poco interés literario. Algunos parlamentos tal y como están traducidos o versionados, resultan muy difíciles de decir con naturalidad, ya que todo tiene un aire impostado, muy marcado, mostrándose como un ejercicio de falso lenguaje coloquial que consigue el efecto contrario al deseado, viéndose el texto muy lastrado en esta versión, así como la identidad de los personajes.



La obra la interpretan David Janer y Silvia Marty, dos rostros conocidos por la pequeña pantalla, y que en el caso de Janer resulta un error de casting garrafal, no siendo así con Marty, pero que por desgracia se acaba dejando arrastrar por su compañero en escena viéndose su trabajo muy empañado. Janer resulta completamente insuficiente en su creación, no habiendo entidad actoral ninguna. Janer se da de bruces con un texto que le viene grande por todas partes, y en la que su nula implicación emocional consigue que todo su trabajo se resuma en un equivocado uso de la voz y en un exceso continuo  buscar la comicidad que no logra sacar ni una sola carcajada. Sus carencias actorales se ven al descubierto en una escena durísima en la que debe contar la muerte de su hijo que roza el bochorno mas estrepitoso, por momentos, y en el que no ocurre absolutamente nada por dentro de nuestro actor. Todo está enfocado hacia afuera, no hay ni el mas mínimo cambio en su forma de entender el personaje en los 25 años que se supone que transcurren en escena, y no vi en ningún momento ni el mas mínimo atisbo de evolución, en un recorrido que debería ser interesantísimo y definitorio del papel hasta sus últimas consecuencias. Janer sale a escena y a los cinco minutos ya nos ha contado absolutamente todo lo que nos tenía que contar, no hay nada más, así de simple y así de duro.
Silvia Marty, con más mimbres actorales que su compañero, sirve momentos de altura, y se encuentra más afortunada en líneas generales, más implicada a nivel emocional, y sin ninguna duda con una trabajo más interiorizado, pero que se deja contagiar por la superficialidad de su compañero a ratos, rozando la sobreactuación, algo de lo que no es culpable ella, ya que correctamente dirigida, estoy convencido que podría haber llevado a cabo una interpretación mucho mas interesante, ya que facultades no le faltan. Poca química en escena y unos vínculos poco dibujados entre los dos protagonistas son la tónica en dos interpretaciones que parecen ir por libre y en direcciones y códigos muy distintos, que se tropiezan entre si de forma estrepitosa por momentos y que se van alejando a medida que la función se va tornando mas seria, y con mas complicaciones psicológicas.



Hector Claramunt dirige el espectáculo, y lo hace con grandes problemas de enfoque del texto, en el que algunas escenas aparecen completamente equivocadas, especialmente la última, donde falta cualquier atisbo de peso actoral y dramático. Los diferentes momentos que se plantean en el texto, y el tan difícil equilibrio entre la comedia mas obvia y el drama intimista mas sólido se encuentra completamente desdibujado. Nada parece transcurrir con la necesaria fluidez, los momentos cómicos no tienen gracia, viéndose emborronados y carentes de ritmo. En las partes mas dramáticas todo está tratado de forma superficial, y no ha sabido sacar a sus actores un trabajo mas interiorizado y cargado de emoción resultando todo muy deslavazado y sin tener el espectáculo una línea clara. Las escenas mas románticas se caen hasta el sopor, las más dramáticas se tornan completamente inverosímiles, y en medio de todo esto nos encontramos con un momento vodevilesco completamente fuera de contexto dentro de la función, que si el enfoque del espectáculo hubiese sido distinto no nos chirriaría tanto como lo hace. El problema mas grave estriba en que Claramunt no ha sabido navegar entre el complicado equilibrio de la función, siendo el resultado desangelado y con poca coherencia teatral, moroso por momentos, excesivo a ratos, plano en general y de muy poca intensidad de principio a fin.
A esto hay que añadir que ni la caracterización de los personajes, ni los problemas en los cambios de vestuario ayudan a hacer mas verosímil, ni las interpretaciones ni a la función, donde todo parece impostado, y artificial. 
Uno sale del teatro con la sensación de haber asistido a un espectáculo realizado con prisas, descuidado y mal rematado, en el que se ha apostado por dos nombres populares como reclamo de taquilla, pero que resulta profundamente decepcionante en su acabado artístico y formal. Creo que el proyecto les ha venido grande a los integrantes del equipo, planteando como una comedieta un texto de mas calado, donde debería haber primado la sensibilidad, y el intimismo, mas que el toque de teatro de salón, superficial y con cierto toque "agarbanzado" que diría Don Ramón del Valle-Inclán. 




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lunes, 25 de septiembre de 2017

El Florido Pensil (Niñas), Mirando Hacia Atrás Sin Ira.

Hay una sensación extraña, que en mi forma de ser me acompaña desde que tengo uso de razón. Se trata de la nostalgia por aquello que no he vivido. Esto me ha llevado a una afición muy marcada por las fotografías de instantes cotidianos de momentos pasados, así como por ser un apasionado de la historia de nuestro país, especialmente del S.XX. Este sentimiento creo que es mas común de lo que parece, y muchas personas, exactamente igual que yo, sienten que extrañan épocas que no vivieron o que eran practicamente unos bebés cuando transcurrieron.
Un servidor, nacido en plena Transición, no vivió el Franquismo, y obviamente no siente ninguna nostalgia del Ancien Régime, pero si es cierto que por la cercanía en el tiempo de mi nacimiento con la Dictadura, hay algunas cosas que se encontraban muy recientes y muy incrustadas en nuestra sociedad durante mi infancia. Como no podía ser menos, la educación era una de ellas, y mis primeros años de colegio todavía se parecían bastante al sistema educativo franquista en algunos aspectos, aunque logicamente, la parte ideológica era muy distinta.
Esto viene a colación de El Florido Pensil (Niñas), dado que la función habla de la educación en la España nacional-católica, período que no viví, pero que conozco y reconozco muy bien, algo que creo que en mi generación es habitual, ya que fuimos la generación justamente posterior a la Dictadura y eso marca, por tanto en mi caso, me resulta igual de interesante que si hubiese vivido ese período, y en algunos casos hasta muy familiar, por actitudes que he vivido en años de democracia reciente, y comentarios escuchados y grabados a fuego en mi memoria.
Vi El Florido Pensil en su montaje original, vi la versión niñas, en catalán, durante una visita a Barcelona hace un par de años, y no pude resistirme a la versión en castellano que se está llevando a cabo en el Marquina estos días. El estupendo plantel actoral que la obra ofrece me pareció garantía suficiente para volver a disfrutar de este texto, que ya es un clásico de nuestros escenarios, y la verdad es que no me equivoqué.



El Florido Pensil se estrenó en en 1996 y fue un bombazo de taquilla sin parangón, siguiendo representándose de forma ininterrumpida durante muchos años, e incluso llevada al cine en 2002 por Juan José Porto. El texto original, muy parecido a la nueva versión, contaba como era la escuela del Nacional-Catolicismo, en el que desde la retranca, unas gotas de nostalgia, y un punto de vista divertido, se nos expone lo que era la España de no hace tanto tiempo, con el arma mas poderosa que existe desde que el mundo es mundo. La risa. La estructura de El florido en versión niñas es idéntica a la versión niños, y se trata de un juego teatral muy jugoso y la mar de efectivo en el que cinco mujeres ya adultas nos cuentan como fue su educación en una especie de viaje al pasado donde ellas mismas hacen de niñas en una típica aula de la época, y a la vez recrean los diferentes tipos de la Dictadura, desde el cura rijoso,  hasta la mismísima directora de la famosa Sección Femenina que tanto influyó en la moral de la época, una serie de personajes, muy reconocibles, pululan por escena con gran fortuna y para regocijo del espectador . La obra se basa en el libro homónimo de Andrés Sopeña y la adaptación teatral corre a cargo de Kike Díaz Rada siendo tremendamente fiel a la obra literaria, cuyo espíritu se encuentra perfectamente reflejado en la obra de teatro. Rada compone un texto entretenídisimo, de lenguaje claro y directo, cuyo mensaje se ve perfectamente plasmado desde un punto de vista amable, pero contundente en el fondo y lo que es mas importante, tremendamente esclarecedor sobre lo que es nuestro país y el poso que la Dictadura ha dejado en nuestra sociedad, con actitudes todavía hoy en día vigentes y en algunos casos de triste actualidad.



Vayamos con el elenco:
La obra la lleva a cabo un entregadísimo plantel femenino de primer nivel, que ejecutan una función agotadora, y que no les da un respiro de principio a fin, donde todas las actrices realizan diferentes papeles, de variada psicología y tipismo.
Resulta difícil quedarse con una interpretación en si, ya que todas la intérpretes se mueven en un nivel muy alto, y en un trabajo de conjunto perfecto, de gran química escénica y mucha sabiduría teatral. Mariola Fuentes quizás sea la que mas diversidad de papeles lleve a cabo, resultando deliciosa en todos ellos, destacando quizás como la criada ligera de cascos de arrolladora frescachonería, que causa admiración en las jovencitas que la observan entre embelesadas y un poco temerosas. Nuria Gonzalez resulta superlativa en sus intervenciones, siendo especialmente destacable su creación del "director espiritual" que actúa con morbosa delectación al explicar los detalles mas terroríficos de las consecuencias del pecado, eso si con afán unicamente "didáctico" y en una tremenda escena de confesión, que mas de uno y una, vivió en carne propia en aquellos tiempos, donde queda bien claro que el que peca es el que confiesa y no quien se confiesa. González lleva a cabo una admirable composición corporal, con un control absoluto de la voz y su particular forma de interpretar resulta perfecta en todas sus intervenciones. Chiqui Fernández pasa por una creación quizás un poco mas tierna que el resto de sus compañeras, dando las dosis justas de ingenuidad a sus papeles y rotundidad escénica. Africa Gonzalbes resulta sorprendente en su creación de una profesora de gimnasia con aires de dominatrix, de dureza inesperada y comicidad de altos vuelos en algunos momentos. Encontré a Gonzalbes en un código diferente al habitual y de sorprendente ductilidad en sus interpretaciones, de gran energía y muy medidas. Y por último Esperanza Elipe, otra actriz de marcada personalidad, que da lo mejor de si misma en la última escena de la función, como una crispada directora de la Sección Feménina que pasa revista a las alumnas del colegio en el que transcurre la acción. Elipe borda un papel cargado de matices a todos los niveles y que rezuma verdad y credibilidad por los cuatro costados, siendo el resultado redondo y divertídisismo. Nuestras cinco actrices se compenetran a la perfección en escena y se destila muy buena vibración de la producción, en la que todas y cada una de ellas trabajan como fieras llevando a buen puerto una difícil función de altas exigencias interpretativas y donde lo que mas brilla es lo mucho que disfrutan las intérpretes de su trabajo, algo que en esta producción es indispensable para que el resultado sea el deseado.



Fernando Bernués y Mireia Gabilondo firman la función, con algunas diferencias en ciertos gags con respecto a la producción en catalán por los lógicos motivos de la propia idiosincrasia de Cataluña que en Madrid no tendría la misma gracia,  y especialemente lingüísitcos, y que en Barcelona tienen gran relevancia.
Bernués y Gabilondo sirven un espectáculo plagado de aciertos, donde absolutamente todos los juegos escénicos funcionan, manejando la comicidad a la perfección y por ende al público, que se deja llevar si problema por la función. Nuestros directores dejan hacer a sus actrices que aportan mucho de si mismas para recrear los diferentes personajes que hay en el texto. Si algo caracteriza la producción es un acusado sentido del ritmo que fluctúa de forma acertada dependiendo del tipo de escena que se está llevando a cabo, y unas acertadas transiciones entre escena y escena que dinamizan todavía mas, si cabe, un espectáculo que transcurre de forma muy fluida y de estudiado crescendo en lo cómico que explosiona de forma brutal en la desopilante escena final con la directora de la Sección Femenina como hilo conductor, y que resume a la perfección el batiburrillo mental que tenían los niños de aquellos años, donde los diferentes y abundantes tabúes políticos y sociales, daban lugar a unos equívocos que hoy nos resultan gracioso, pero que marcaron profundamente a generaciones de españoles. Otro acierto consiste en el tono del espectáculo, entre tierno y ligeramente ácido, pero en ningún momento airado o hiriente. Precisamente ese aire un tanto condescendiente, y pretendidamente ligero, consigue que el mensaje trascienda como lo que es, crítica feroz, en la que nuestra madurez democrática, es suficiente para que sea el espectador quien juzgue lo brutal de la represión franquista, y la castración moral y política a la que eran sometidos los españolitos de a pie.
Bernués y Gabilondo ofrecen un espectáculo sólido, bien servido, e impecablemente interpretado, que resulta delicioso para el espectador, y en el que se reflexiona, sobre lo que hemos sido, lo que somos, y hacia donde vamos, como país y como sociedad. Algo muy sano, y que si además se hace desde el prisma del desenfado, con sus momentos de seriedad, pues el resultado es de altura a todos los niveles. El Florido Pensil tiene interés tanto para los que vivieron aquella oscura época, como para los que no, especialmente estos últimos, que con esta función verán un reflejo muy vivo de lo que fuimos, y de aquello que nunca se debe volver a repetir.





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martes, 12 de abril de 2016

La Puerta De Al Lado, Irregular Texto, Grandes Actores

Este año no estoy viendo mucha comedia, la temporada va hacia el drama sin que me lo haya planteado así de forma premeditada, así que la semana pasada me apetecía echarme unas risas en el teatro, estuve buscando alguna comedia para pasar el rato, y me decanté por La Puerta De Al Lado, había leído buenas críticas de esta obra, y los comentarios de los espectadores, en distintos canales de venta, que habían visto la obra, eran bastante positivos en general, así que sin saber muy bien que iba a ver me aventuré a sacarme las entradas, con la reserva que la comedia francesa me suele producir, pero como parece ser que en Madrid, si uno quiere ver humor tiene que ser francés, pues sucumbí a la enésima comedia gala que se lleva a cabo en nuestros escenarios. Uno de los motivos por los que me decanté por esta producción fue sin duda la solvente Silvia Marsó que reconozco que siempre me gusta, así que después de un agotador sábado, me acerqué al Marquina dispuesto a reírme y pasar una velada teatral sin complicaciones. La verdad es que me lo pasé bien, pero no acabó de ser una velada redonda basicamente por las carencias del texto como mas abajo iré narrando.



La Puerta De Al Lado de Fabrice Roger-Lacan es un texto que me ha dejado un tanto desconcertado, ya que la calidad literaria del mismo choca frontalmente con lo poco interesante que resulta dramaticamente. Me explico, la obra está brillantemente escrita, pero su argumento repetitivo y con poco interés en lo que plantea, lastra el acabado final de la función. La premisa es fácil, una pareja completamente opuesta nos cuenta como se conocieron, y como a pesar de ser tan diferentes acaban juntos. Problemas: al saber desde el minuto uno como va a acabar la función, la obra no acaba de mantener el interés, otra cosa que va en detrimento de la función es que todas las escenas se basan en lo mismo, discusión tras discusión y la acción avanza poco, para precipitarse al final, echándose en falta una progresión mas equilibrada y que cansa al espectador, ya que le parece que está todo el rato viendo lo mismo. Puntos a favor, el maravilloso uso del lenguaje, la genial traducción por parte de Sergio Peris-Mencheta, que las escenas buenas son un prodigio, especialmente la escena del rodaballo y la escena en la que se habla de Marguerite Duras y que los dos papeles que llevan la función tienen mucha chicha y están muy bien plasmados. En el texto se nos diseccionan con precisión quirúrgica dos psicologías opuestas, con resultados un tanto gélidos e irritantes en algunos momentos debido el lento desarrollo hacia un desenlace conocido de antemano.



Vayamos con el elenco.
Silvia Marsó y Pablo Chiapella junto con Litus responsable de la música en directo, son los tres artistas que llevan a cabo la función.
Dadas las características de la función haré la crítica sin separar a sus dos protagonistas, ya que el trabajo de uno sin el del otro, no tendría razón de ser.
Chiapella y Marsó forman un tándem  perfecto de gran química escénica, y cuyos estilos de interpretación tan diferentes  en un principio, se ajustan como un guante el uno al otro. Reconozco que sentía cierta curiosidad por ver a Chiapella sobre las tablas, ya que sus intervenciones televisivas en series de trazo un poco mas grueso, dejaban entrever el potencial pero no en todo su esplendor, y la verdad es que me ha resultado la mar de convincente. Chiapella menos frío que Marsó y en un código mas coloquial, resulta el complemento perfecto para el código mas cerebral de su co-protagonista, siendo el acabado de los dos trabajos redondos. Marsó se enfrenta a un dificilísimo personaje de parlamentos mas que complicados, del que sale airosa de largo gracias a su soberbio control del texto, y al prodigioso ritmo que imprime en sus momentos mas difíciles, donde un lenguaje ciertamente elevado es planteado por Silvia Marsó con pasmosa naturalidad. Chiapella tiene un personaje de menos complicaciones, y que parece escrito para el. Derrochando humanidad y verdad encandila al respetable, con una concepción muy acertada de este chico que no es mas que una persona normal, que en un principio no entiende la mala leche de su vecina, aunque poquito a poco la va calando sin remisión.
El trabajo de ambos es mayúsculo en sus diferentes estilos, bastante contenidos y siguiendo unos parámetros muy coloquiales aunque el personaje de Marsó de coloquial tenga poco. Esta es una de las grandes bazas de las dos interpretaciones, la aparente, solo aparente, facilidad de lo que están haciendo, y el gran trabajo que se vislumbra detrás de cada uno de los dos actores.
Mención aparte merece Litus como intérprete musical, todo un acierto, la música en directo aporta mucha frescura a la función y sin duda es de agradecer, ya que no es habitual que en las propuestas privadas se disfrute de música en directo.



Vayamos ahora con la propuesta escénica.
Sergio Peris-Mencheta firma la producción, y la verdad es que acierta, con alguna salvedad que no se si vienen en el texto original, ya que lo desconozco, y que no acaban de funcionar. Me refiero a algunas salidas de la función que no aportan mucho, ya que si bien el código del espectáculo conlleva rompimiento de la Cuarta Pared que resulta efectivo en cuanto a la dramaturgia se refiere, cuando este rompimiento se acerca a Pirandello, el recurso se cae ya que no aporta nada, y cercena una de las escenas mas interesantes de la función, siendo la resolución del recurso igual de poco satisfactoria que el desarrollo de la misma.
Peris-Mencheta, juega con sus actores de forma convincente, logrando diferentes acciones escénicas muy interesantes, y que remarcan con eficacia lo que el texto plantea, la propuesta en general está muy bien justificada en todas las interpretaciones, y el trabajo actoral tiene una línea mas que clara e interesante. Peris-Mencheta consciente de la importancia del texto en esta función, carga las tintas en el mismo de forma muy atinada y con ritmo, del mismo modo que plantea una propuesta estética muy sugerente, elgantona y mas que acertada, con momentos muy inspirados, y perfectamente ejecutados con cierta frialdad en la propuesta escénica que remarca a la perfección la soledad de estos dos personajes, claros herederos del S.XXI y sus innovaciones tecnológicas, por un lado muy prácticas, pero que cortan de forma drástica y en algunos casos preocupante, las relaciones humanas.
El esfuerzo de Sergio Peris_Mencheta es encomiable, lástima que la función no acabe de levantar el vuelo por las carencias del texto que mas arriba comento, ya que el trabajo actoral y de dirección es acertadísimo.



En resumen, una propuesta agradable, que se queda un poco corta en cuanto a las expectativas, pero que salva los trastos gracias a la calidad del trabajo de sus dos protagonistas, así como a la inspiradísima dirección escénica. La obra se ve con facilidad aunque en algún momento se haga un poco larga, y no deja de ser un ejercicio de estilización de la alta comedia derivada hacia el prisma mas psicológico del ser humano. Se ve, y creo que se olvida facilmente, pero eso no es óbice para que se trate de una sólida propuesta que no carece de cierto interés.




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lunes, 8 de septiembre de 2014

Largo Viaje Del Día Hacia La Noche, No Hay Nada Mejor Que La Familia Unida

Me encanta el teatro estadounidense de medidados del S. XX, sus tres paradigmas son para mi autores referenciales, por múltiples motivos, y forman parte de mi mitología personal. Tennessee Williams es mi favorito con diferencia, y lo considero el Federico García Lorca de aquellas latitudes, luego Arthur Miller, y finalmente Eugene O´Neill, el mas oscuro, el mas pesimista y sin duda el mas chejoviano de todos. Cuando me enteré de que se iba a representar el Largo Viaje Hacia La Noche, ( aunque le hayan alargado el título en esta traducción por  el de El Largo Viaje Del Día Hacia La Noche ) se me hizo la boca agua. El título mas afamado de  O´Neill, un reparto de campanillas y uno de los textos mas importantes del S. XX que inexplicablemente se ha representado muy poco en este país, me hicieron esta propuesta tremendamente atractiva, tan atractiva que en la primera semana de su permanencia en cartel, ya me acerqué al Marquina para disfrutar de uno de los dramas mas profundos que se han escrito jamás. La cosa no resultó como me esperaba, y como iré narrando, se convirtió en un desconcertante ejercicio por mi parte de darle el aprobado a una producción que no me acabó de convencer por mucho que lo intenté. Ir al teatro con muchas expectativas es un arma de doble filo, que a veces nos juega malas pasadas, cuando no espero mucho siempre me encuentro mas de lo que pensaba, pero amiguitos, cuando espero mucho... normalmente me suelo decepcionar. Algo que en esta ocasión me ocurrió, para pasmo mío ya que os prometo que la ración de sopor, escenas deslavazadas y falta de fuelle generalizado que se nos sirvió en la velada de ayer, me dejó bastante perplejo. ¿ Un desastre ? no, pero sin lugar a dudas una propuesta muy por debajo de lo esperado. Así es el teatro, unas veces se gana y otras se pierde.

                 

El Largo Viaje Hacia La Noche, es un descorazonador texto, que en el microcosmos de una familia tremendamente disfuncional, muestra las grandes miserias del ser humano, con el terrible trasfondo de la soledad del individuo como nexo de unión entre estos cuatro personajes que a su terrible manera se quieren, pero que también se hieren sin el menor empacho cuando de justificar sus maldades mas interiores se trata. O´Neill era experto en estas lides, funcionando ante el espectador como catártico y catalizador de todo aquello que todos reconocemos, que encontramos a nuestro alrededor o que se encuentra en la parte mas recóndita de nuestro ser, pero que ni queremos, ni nos interesa sacar a la luz. Este Largo Viaje es un texto incómodo que no deja indiferente a nadie, que en algunos momentos hace que nos apetezca salir de la sala en la que se está representando y que en definitivas cuentas nos dice a cara de perro que así somos nos guste o no. La grandeza y la dificultad de este texto estriba precismente ahí, su descarnado naturalismo, carente de cualquier concesión al lirismo, y su dificil digestión tanto por su temática como por su calado, precisan de un tratamiento del texto muy profundo, un gran sentido del ritmo, y una mas que notable dosis de dramatismo bien entendida, que si no se llevan a cabo con suficiente tino, convierten en un plomo una obra mayúscula y de la que se debe salir profundamente impresionado.

                   

Vayamos con el elenco:

Mamen Camacho como Cathleen, la sirvienta. Correcta en un desagradecido papel, que basicamente está para servirle las frases a los primeros papeles. Camacho da un pequeño contrapunto al tremebundo drama al que ella es ajena, y es la única nota amable de esta triste historia. Mamen Camacho da vida a una simple y simpática Cathleen sin muchas complicaciones, frescachona y sana, que está para amparar a su señora y ser inocente cómplice de sus escarceos con la morfina. Camacho está perfecta, muy en su lugar, sabe escuchar, algo importantísimo en un personaje de sus características, y cumple mas que bien en un papel que interpretado por otra actriz hubiese pasado muy desapercibido.

Alberto Iglesias como Jamie, el hijo mayor, si bien está correcto, lo encontré un tanto chillón y ciertamente monocorde en sus parlamentos. Le falta cierta profundidad en la composición del personaje y su última escena con su hermano, amén de reiterativa, algo que viene de serie con el texto, está ciertamente plana. Reconozco que desconecté en algunos momentos, no queda muy claro el objetivo de este amargado Jamie y su pregonada acidez que tantas veces se comenta en la función queda bastante descafeinada. Desconozco aunque intuyo, que la labor de dirección no fue muy clara en las directrices, y la falta de gas, (sin ningún atisbo de ironía ¿ o si ?) es una tónica durante la función. Por tanto Iglesias se queda corto, tanto de carácter como de agilidad verbal. La ironía se caracteriza precisamente por la falta de ira cuando se pone en práctica, este Jamie está continuamente enfadado, cuando en mi humilde opinión debe tener mala baba, pero no agresividad. Ese es el escudo de su personaje, algo que no se encuentra por ningún lado, labor de dirección y de enfoque del personaje sin duda.

Juan Díaz da vida a Edmund, uno de los caramelitos de la obra, que Díaz no aprovecha, o no puede aprovechar. Encuentro a Díaz un tanto verde para afrontar un papel de semejante envergadura, la imagen del tísico que da, no es convincente, amparándose mas en recursos externos que internos, es decir, sirve el tísico que todos nos imaginamos, mas cercano a un personaje tipo que a un personaje de verdad. Si bien es cierto que se va entonando según avanza la función y su gran escena con su padre en el Último Acto, tiene momentos muy interesantes, en general da una lectura superficial de este idealista, que paradojicamente dice unas cosas, pero actúa como si pensara otras. Se sale de el papel en algunos momentos, no es muy notorio pero si se aprecia, y tiene algunas carencias que afectan en el recorrido del personaje. Otro fallo de dirección a tener en cuenta. Quizás otro actor con mas peso, le hubiese dado mas empaque a este bonito papel que pasa mas desapercibido de lo que Edmund se merece.

Mario Gas como James, está correcto que duda cabe, y dota de bastantes recovecos a este padre miserable, mas preocupado de el dinero que de sus hijos, y que es incapaz de hacer lo que está bien porque su tacañería le impide comportarse como debe. Gas dota de gran empaque y elegancia a su personaje, pero lo encontré un tanto envarado, tengo la sensación de que no le han dejado hacer todo lo que el quisiera, algo que le resta espontaneidad, ya que transmite la sensación de estar tirando en corto no dejando alas a su creatividad, mas que demostrada en otros casos. Poca intensidad en una interpretación que debería ser mas poderosa, para dar mas fuerza dramática a sus escenas.

Vicky Peña como Mary, uno de los grandes personajes femeninos de la historia del teatro. Peña de la que soy un gran admirador, es especialista en estos personajes " mas grandes que la vida " Peña está estupenda en su creación, aunque con algunos errores de enfoque del personaje, mas que drogadicta parece una neurótica. A pesar de ello, verla no deja de ser un festival, sobre todo en la escena que tiene con Cathleen donde todas sus miserias quedan mas descubiertas. Peña es una de las grandes, de eso no me queda ni la mas mínima duda, y de forma muy inteligente lleva el personaje a su terreno, siendo la única que da lo que la función realmente pide, si bien es cierto que también está falta de fuelle, no lo acusa tanto como el resto del elenco, y ofrece momentos sublimes a pesar de estar un tanto descafeinada. Sus giros de voz marca Peña, siguen siendo imponentes, su presencia apabulla y sus dotes de gran actriz hacen que salve los trastos, siendo sin duda la que mas brilla del elenco, y la que salva el el espectáculo.

                               

La propuesta escénica muy sencilla, y poco inspirada, con ciertas reminiscencias modernistas, tanto en el vestuario como en la música, si bien es cierto que las proyecciones entre las cortinas, están muy bien resueltas y dotan de cierta atmósfera a las diferentes escenas, no salvan una excesivamente convencional propuesta, de muy plana iluminación y que tiene cierto olor a naftalina en su acabado formal.

Vayamos ahora con la dirección escénica por parte de Juan José Afonso. Encontré a Afonso ciertamente desganado, dejando un poco desamparados a los actores que hacen lo que pueden pero que no han sido dirigidos con la profundidad que tan complejos personajes requieren. Entiendo que las directrices deben ser claras y Afonso ofrece una serie de escenas un tanto deslavazadas, que funcionan como bloques separados en algunos momentos pero que no siguen una linea, y que lastran bastante el conjunto de la obra, haciéndose premiosa en algunos momentos. Toda la función está dirigida en tono naturalista, pero falta de intensidad dramática, recordándome a un Chejov de infausto recuerdo del que me salí a mitad de la función. Los tremendos conflictos que el texto plantea, no están reforzados con lo que ocurre en escena, y en algunos momentos, uno siente que los actores hablan y hablan, sin que ciertamente nada de lo que debe ocurrir ocurra. Un gran texto es una estupenda baza, pero no lo es todo, y creo que Afonso carga las tintas en el texto, dejando de lado las acciones, y sirviendo muy poco juego escénico para lo que se podría hacer. Ese es el gran problema de esta producción, excesivamente estática, dirigida con poco pulso dramático y que adolece de cierto tono rancio en su planteamiento. Tampoco encontré la versión de Borja Ortiz De Gondra, excesivamente redonda, igual de deslavazada que la propuesta escenica, algo que tambien lastra el acabado de la función, 

                      

En resumen, una propuesta decepcionante, con un reparto muy desaprovechado y que no le saca todo el jugo a un soberbio texto de grandes posibilidades dramáticas. Si os animáis a verla, esperad un poquito, quizás cuando tenga mas rodaje, alguno de los problemas que aquí planteo, se vean solventados. A mi me dejó bastante frío, algo que tratándose de la obra que se trata, es completamente imperdonable.


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martes, 27 de mayo de 2014

El Barbero De Sevilla, La Zarzuela Cómica y El Amor Al Arte

El Barbero De Sevilla, es una joyita del Género Chico, que se representa poco, algo no muy entendible, tanto por la celebre Polonesa, pieza de concierto insigne de cualquier soprano lírico-ligera, como por su inspirádisimo libreto que como juguete cómico no tiene desperdicio. Conocía bastante bien la partitura, que no me resulta especialmente interesante a no ser por la famosa Romanza y un Dúo con ciertos guiños al aficionado a la ópera que tiene bastante gracia, pero nunca la había visto representada, aunque lo gracioso de su enredo es legendario en el mundillo zarzuelero. Por tanto se me hacía muy interesante la propuesta que la Compañía Lírica Ibérica está perpetrando ( al menos hasta hoy, ya que han finalizado ya la temporada ) en el Teatro Marquina. La obra está muy bien tramada desde su principio, metiendo al espectador en un bucle de equívocos muy bien resueltos, que finalizan con un explosivo final, muy teatral y que tiene mucha gracia. La cosa va de una chica que quiere triunfar en la lírica, su padre se opone porque está liado con una soprano y no quiere que se descubran sus escarceos extramatrimoniales, y finalmente por azares de la vida, acaban todos coincidiendo en un bolo en Burgos, para representar la ópera que da título a esta zarzuela, con el consiguiente follón, que culmina en una escena de tres camerinos separados donde se suceden los distintos avatares de cada parte de este enredo. Con ganas de reírme me acerqué al Marquina, y expectante ante un título nuevo para mi, algo que siempre me resulta atractivo. La experiencia fue la mar de satisfactoria como iré relatando. Tarde muy agradable de teatro, sin complicaciones, y mas que dignamente representado.


Vayamos con el elenco, bastante amplio, y en general homogéneo. Iván Nieto Balboa y Victor Trueba, dan vida a dos periodistas, muy atinados en lo vocal, afinaditos y empastados en el Concertante, su papel no es muy extenso, pero están correctos, algo que es de agradecer, no hay nada que chirríe mas que un secundario flojo cuando el resto del elenco está bien. Rafael Alvarez de Luna da vida a Benito, el compañero de líos de el papá de la artista, está perfecto, da la dosis justa de caradura y comicidad a un personaje que si hubiese sido perpetrado por otro actor quedaría deslucido, Alvarez De Luna, aporta oficio y sabe medir muy bien los tiempos en escena, ejemplo claro de actor muy físico, con gran vis cómica y que nunca falla. Axier Sánchez da vida a Martín,  novio de la protagonista de la obra , el papel es un tanto deslucido en lo vocal, Sánchez cumple, pero donde se bate el cobre es en la parte actoral, muy galán, con momentos francamente cómicos, y muy bien dirigido, hace un pareja perfecta con su novia en escena, existe muy buena química entre los dos y así se aprecia desde el patio de butacas. Carlos London da vida a Bataglia el profesor de canto de la futura diva, al que los papás de la niña se empeñar en llamar Batalla durante toda la función. London nos regaló una Calunnia de Il Barbiere, como añadido, francamente espectacular. Bajo puro de voz grande que las da todas, en los momentos de conjunto supo dotar de gran sensibilidad a sus partes cantadas, algo que va en total consonancia con su papel. Papel que encontré muy bonito tanto por lo que dice como por lo que hace, dotando a este profesor de un sutil " refinamiento" nada obvio, pero que leyendo entre lineas subyacen unas cuantas cosas la mar de interesantes. José Luis Gago da vida a Don Nicolás, el padre de la criatura, personaje hipocritón ,cobarde y un poquito calzonazos, cuyas calaveradas mas que satisfacción le causan disgustos. Gago se desenvuelve como pez en el agua en la comedia, sin duda es uno de los grandes caricatos del momento, que aporta un trabajo con enfoques siempre interesantes y con calado en lo actoral. Está soberbio en un papel hecho a su medida, las da todas y el público entra al trapo solo. Conozco mucho su trabajo y su forma de trabajar, y si alguien sabe como respira el público ese es José Luis Gago, siempre buscando y siempre jugando, labor primordial en un actor. Ana María Ramos da vida a La Roldán, la amante de Don Nicolás, diva operística a la antigua usanza. Vocalmente tienes algunos problemas de colocación y para atacar el agudo, algo que en las mezzosoprano es bastante  habitual, y no soy capaz de encontrar la explicación. Correctísima en lo actoral, muy graciosa y muy guapa, el terceto que canta está muy bien montado y se mueve estupendamente en escena. Marta Moreno deliciosa como Casimira " La madre de la artista " hace una andaluza un poco bruta que solo vive por los ojos de su niña, papel precioso, muy gracioso y un Mihura de órdago, porque es difícil de llevar a cabo correctamente. Una actriz de las carcterísticas de Moreno es perfecta, graciosa, gran presencia escénica y mucha retranca. Está soberbia sin lugar a dudas. Moreno es otra todoterreno que abarca todos lo géneros y siempre cumple. Conoce el oficio perfectamente y así quedó patente en la función, sus mutis son gloriosos ( siempre lo han sido ) actriz de carácter, versátil como ella sola y estupenda cantante además. Helena Abad da vida, valga la casi-redundancia, a Elena la protagonista de la función y la que tiene la parte mas comprometida en lo musical. Abad está fantástica, posee un bello timbre de lírico-ligera puro, de bellos armónicos y que se cantó un Me Llaman La Primorosa, magnífico, y no solo en lo vocal, sino también en lo actoral, durante la Romanza hay un recorrido muy interesante sobre las inseguridades de la debutante que se va creciendo a medida que la Polonesa avanza, labor indiscutible de dirección de escena. Está deliciosa y su físico resulta perfecto para este papel, un gran acierto sin duda la elección de Helena Abad, que fue la que mas se lució en la parte musical, como le corresponde a la obra.


La propuesta es sencilla, pero cuidada, muy digna, y bien presentada. El enredo se las trae, y la obra es bastante complicada de poner en pie. José Luis Gago que también dirige la escena, consigue dos objetivos fundamentales, lo primero que se entienda todo lo que ocurre, ya que el torrente de información que recibe el espectador, si no está muy bien medido no tendría gracia ninguna en su resolución final, y lo segundo el ritmo. La comedia es ritmo, y los tiempos son perfectos. La obra está llena de pinceladitas " Marca José Luís Gago " que perfilan a cada personaje  y gags muy efectivos. Escenicamente está muy bien resuelta, todo fluye a la perfección y la famosa escena de los camerinos es estupenda, girando un poco a lo conceptual, y apoyándose en la inteligencia del público, se entra en un código en el que sin haber paredes que separen los camerinos, se perciben a la perfección, labor sin duda de los actores. Especialmente bien resuelto está el Concertante, muy gracioso y muy bien cantado, y uno de los momentos mas comprometidos de la función, que todo el elenco lleva a buen fin sin ningún tipo de problema. La obra está realizada con mucho cariño, mimadita hasta el tuétano, y que gracias al entusiasmo y al amor a la profesión de todos los componentes del elenco, consiguen una propuesta mas que digna, y muy valiente para los tiempos que corren. Plantear en una iniciativa privada un título fuera del repertorio habitual, es una declaración de principios en toda regla y una declaración de amor a la zarzuela.


La orquesta correctísima, dirigida por el Maestro Enrique García Requena, con mucho gusto, es pequeñita, pero para una obra de estas características está perfecta, suenan muy bien y muy matizados. El Maestro García Requena sabe darle el gracejo necesario a cada número para que funcione a la perfección. Control total sobre la orquesta y sobre los cantantes, conocer el género es lo que tiene. Algunos otros que han dirigido en grandes templos de la lírica han cometido mas de un " zarzuelicido" por no saber por donde van los tiros. Dirigir zarzuela es muy dificil, dirigirla bien, todavía mas



En resumen una propuesta estimable, y muy recomendable por dos premisas, la primera lo atractivo de ver un título tan poco habitual, y la segunda, disfrutar en directo de una producción realizada enteramente por profesionales del género, curtidos a golpe de escenario y que transmiten el amor por lo que hacen desde el minuto uno. Hoy en día hacer zarzuela y lirica en general desde el ámbito privado es un arte y practicamente un trabajo por amor al arte, se de lo que hablo, por tanto siempre que las cosas se hagan con criterio y dignamente, ahí estaré yo desde este rinconcito para apoyar el género que mas amo, y que durante tanto tiempo me dió de comer, y tantas satisfacciones artísticas me ha ofrecido. Viva la zarzuela!!!

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