jueves, 27 de septiembre de 2018

Verjas, La Tragedia Que No Cesa.

Día si y día también, nos desayunamos con noticias de refugiados y migrantes que han encontrado la muerte en pateras, cruzando vallas para buscar una nueva vida que al menos les permita unos mínimos de dignidad que en sus países de origen son imposibles de soñar.
Esta tragedia, tan antigua como la humanidad, nos resulta escalofriantemente ajena, a pesar de los pocos kilómetros que nos separa de ella, y que se me antojan inarbarcables, dadas las dos realidades tan diferentes que vivimos unos y otros, por algo tan circunstancial como es el hecho de el lugar en el que hemos nacido.
Uno no es insensible a lo que ocurre en el Mediterráneo, ni al ruido mediático y aprovechamiento político del que estas personas son víctimas. Pero, entonando el mea culpa, reconozco que no hago nada por evitarlo, por aquello de que en mi mano no está. Mi postura es la de muchos, que nos horrorizamos ante lo que vemos, pero la comodidad de nuestras vidas, hace que no pase de las portadas de los periódicos, los telediarios, y como no podía ser de otra manera, las redes sociales, donde todos nos indignamos mucho, mientras nos tomamos unas cañas en el bar, y al día siguiente ya hemos encontrado otro tema con el que indignarnos.



Nuestra sociedad es solidaria, pero muy olvidadiza, y la acelerada forma de vivir que tenemos, hace que las tragedias aparezcan y desaparezcan con la misma rapidez, dejando escasa huella, por no decir nula. El problema del éxodo masivo hacia el Primer Mundo, es incómodo, porque nos deja entrever lo afortunados y egoístas que somos, prefiriendo en muchos casos obviarlo, para que parezca que no existiera. Los victorianos de eso sabían mucho, ya que eran unos férreos defensores de aquella máxima... "lo que no se dice no existe", pero que no deja de ser una táctica parecida a la del avestruz, y en este caso, no es que no vaya a existir, es que sin duda alguna el problema irá a más.
Se estrenó "Verjas" hace un tiempo en La Usina, y me fue imposible verla, y no por falta de ganas, así que ante su reestreno en el Off de La Latina, no me lo pensé dos veces a la hora de asistir a una función que se me antojaba interesante y necesaria, para que darse una vuelta por la realidad, por muy dura que sea, y poner un poco los pies en la tierra, que nunca viene mal. 



"Verjas" (Premio Dulce y Amargo 2017) es una pieza de duración media, escrita por José y Javier Bizarro, en el que varias cosas son de interés. La premisa acertadísima y original, le da la vuelta a la tortilla, y sus protagonistas son dos hermanas españolas que se encuentran en la frontera de Argelia con Mali, a la busca del "sueño africano", escapando de una Europa arrasada por los conflictos y la hambruna. Primera bofetada que nos dan en la cara los autores del texto, donde el primer mensaje está cristalino, TODOS, nos podemos ver en esa situación. Mas cosas son a destacar, hay un aire de tragedia griega que inunda la historia de esas dos mujeres, en el que ese campo de refugiados, tiene ecos de "Las Troyanas" y ciertos paralelismos aunque no hablemos de reinas de ciudades míticas, sino de dos personajes muy de carne y hueso, en el que unas mujeres dejan un horror para adentrarse en otro, no se francamente si igual o peor. Belén y Julia tienen un día a día durísimo con un solo fin "saltar la valla". Los dos caracteres completamente opuestos de las hermanas, ingenua una, y mas dura y decidida la otra, potencian los conflictos y las mas básicas motivaciones del ser humano, de forma desgarradora y no exenta de lirismo. La trama es inteligente, y abundante en giros, algo que hace que mantengamos el interés durante toda la función, y que nos sorprenda y conmueva a partes iguales a medida que la acción dramática va avanzando y los personajes van mostrando su verdadera psicología. Los hermanos Bizarro, usan un lenguaje poético, cargado de un extraño lirismo, de gran dureza, y muy explicativo, en el que ocurre una paradoja muy interesante, los mensajes mas duros de la función se encuentran en las poesías que Belén y Julia dicen distanciándose de sus personajes. Hay no poca influencia Brechtiana en la forma en la que se nos cuenta, y a través de una sólida estructura y dramaturgia se nos va narrando la historia de forma fluida, e interesante. "Verjas" es una inspirada muestra de teatro bien escrito, con un fuerte trasfondo social, de espeluznante mensaje, y su punto surrealista en algún momento, siendo la mezcla de todo esto una función redonda, con marcados conflictos, donde nada es lo que parece, y escenas de gran fuerza teatral.



Las dos actrices que sustentan la función son Natividad Gómez y Sandra Maroto, en un trabajo que no se puede comentar de otra manera que en conjunto. Implicadísimas las dos en sus respectivos papeles, y con gran química escénica, llevan a cabo dos creaciones muy diferenciadas en su carácter, pero perfectamente vinculadas entre si. Maroto, dura y fría, y Gómez pura ternura, se complementan perfectamente y engrandecen un texto, mimado y masticado hasta la extenuación. Maroto en un código un poco mas exterior que Gómez, resulta satisfactoria en su trabajo, con una evolución muy interesante, y mas capas que un galápago, que diría Delibes. Ese punto intrigante se encuentra muy bien perfilado en su composición y nos obsequia con un recorrido espeluznante que culmina en una durísima escena, que no desvelaré, y que me desmadejó por completo cuando la estaba viendo. Natividad Gómez es puro AMOR en escena, nos enamoramos de un personaje que se vislumbra como muy básico, y cuyas motivaciones son la lealtad inquebrantable, y un amor infinito hacia su hermana de trágicas consecuencias. Gómez parte de la verdad en su composición, resultando tremendamente creíble y con un trabajo de interiorización mas que notable, y de gran empaque en su resultado final. La escucha, el uso de la voz y la expresividad con el cuerpo se encuentran muy trabajadas, siendo el conjunto de ellas el de un trabajo actoral, meticuloso, mimado y tremendamente creíble. Nuestras dos actrices salen a matar, lo dan todo con una entrega encomiable, y consiguen que nos las creamos en todo momento en sus respectivos papeles, y en esas dos líneas pararelas hasta sus últimas consecuencias que son sus respectivas vidas. 




Natividad Gómez se encuentra también al frente del espectáculo, llevando a cabo un trabajo amorosamente tratado, en el que todo está muy medido, muy elaborado, y nada es gratuito. Todo transcurre  en escena de forma fluida, muy entretenida, y con una respetable progresión dramática perfectamente calculada y de efectista resultado. Los ritmos se encuentran muy bien perfilados, y todas las escenas perfectamente estructuradas, apoyadas en unas acciones que ayudan mucho al trabajo actoral y que aumentan la sensación de realidad que toda la función destila. Gómez se sirve de dos planos actorales, uno crudamente naturalista y otro mas lírico, para mostrarnos a los personajes, y para lograr implicarnos en la trama, ya que rompe la cuarta pared varias veces, llegando a incomodarnos en no pocos momentos, ante las duras verdades que se nos cuentan a cara de perro. El trabajo de Gómez en la dirección es sólido, y muy bien pensado, llevándonos exactamente al lugar que el texto nos quiere llevar y de la forma que nos quiere llevar, es decir una dura tragedia con sus dosis de intriga, que no decae en ningún momento, y que a los cinco minutos de haber empezado ya nos ha enganchado para que nos pique la curiosidad sobre el destino de las dos protagonistas de "Verjas"
"Verjas" destila amor por los cuatro costados, e inquietudes sociales, siendo un grito desgarrador sobre una realidad durísima que estamos dejando pasar, y que Gómez denuncia de forma sólida y cargada de elegancia escénica. Sin duda ha sido una agradabilísima sorpresa, tanto por su calidad y su acabado, como por su mas que loable declaración de intenciones. Salí profundamente conmovido del espectáculo, y haciéndome muchas preguntas a mi mismo. Esta mañana cuando me dispuse a leer el periódico, la primera noticia que me encontré fue la de una universitaria marroquí de 19 años, que fue asesinada a tiros en una patera la semana pasada. Se me heló la sangre, no puede evitar acordarme de la función y pensar en la tragedia que no cesa... El teatro imita la realidad, pero la realidad siempre acaba superando al teatro. 
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martes, 25 de septiembre de 2018

Faust, La Grand Òpera En Todo Su Esplendor.

Por fin empezó la temporada lírica 18-19. Reconozco que llevaba con ganas de ópera desde hacía un tiempo, por no hablar de zarzuela, que el día cuatro de octubre empieza la temporada con una Katiuska de gran interés con Ainhoa Arteta a la cabeza.
La cuestión es que por fechas, el Real adelanta a la Zarzuela en cuestión de inicio de temporada, y este año Matabosch se decantó por "Faust" operón francés muy querido por el público, y que reconozco que al ver que La Fura estaba al frente del proyecto me daba un poco de pereza. Como es habitual en mi me equivoqué de parte a parte, y a medida que iban apareciendo imágenes del espectáculo, y se vislumbraba por donde iban los tiros más me apetecía ir.
El "Faust" del Real prometía un reparto sólido; incluso más que eso en algunos casos, también prometía una espectacular e imaginativa propuesta escénica, y unas funciones de las que nadie iba a salir indiferente.
La velada de ayer estuvo marcada por la calidad, a todos los niveles, y aunque nos dieron las tantas en el Real, ya que la cosa entre "ponte bien y estate quieto" se quedó en las tres horitas y media, salí casi eufórico, algo que dice mucho sobre los sufridos aficionados a la ópera, que asistimos muchas veces a representaciones, por aquello de ver si suena la flauta por casualidad y nos lo pasamos bien en el teatro. Ahora ya en serio, una función como la de ayer, tan disfrutable a todos los niveles, resume perfectamente porqué me gusta la Ópera, con sus excesos, con sus defectos,  con sus virtudes, y en todo su esplendor. En el Real estos días, sin ninguna duda se está representando Ópera y no ópera. Avisados estáis, que algo así no pasa todos los días y todavía quedan entradas, creo.



"Faust" denominada como "Grand Opèra en cinco actos" fue estrenada en el Théâtre Lyrique de París el 19 de marzo de 1859. La partitura corrió a cargo de Charles Gounod y el libreto fue escrito Jules Barbier y Michel Carré. Tuvo un estreno mas bien frío, y después de varios cambios y estrenos, fue en 1861, cuando si alcanzó el éxito deseado, pasando a ser una de las obras puntales del compositor galo. 
La ópera a nivel musical pasa de los pasajes mas efectistas a los mas intimistas, con considerable fluidez, aunque encuentro la obra un tanto irregular, en la que algunos momentos son absolutamente majestuosos, y otros un tanto prescindibles, y que entiendo que se justifican por el mero hecho de hacer avanzar la acción dramática. La obra precisa de un terceto solista de gran solvencia, que debe afrontar las no pocas dificultades de una partitura exigente, y escrita para grandes voces. El libreto simplifica una parte del mito de Fausto, aquella en la que se cuentan los amores con la desdichada Margarita, siendo el resultado mas bien un melodrama de tintes sobrenaturales, que la obra de cargada filosofía que Goethe planteó, y en el que la grandilocuencia de la Grand Òpera, se encuentra muy presente, gozosamente presente, durante toda la ópera, siendo "Faust" uno de los títulos mas queridos por el aficionado, dado las altas dosis de espectacularidad tanto escénica como musical que la obra ofrece, y un titulo de aquellos que si se "da bien" nos puede llevar al delirio en no pocos momentos.
Adoro "Faust" encuentro deliciosos sus pasajes mas ligeros, y aquellos de mas enjundia me resultan fascinantes, especialmente el terceto final, uno de mis primeros acercamientos a la ópera, ya que Jeanette Macdonald canta varios fragmentos de ésta ópera en la película San Francisco, uno de mis títulos favoritos de mi infancia, y que me revolvió el gusto por la ópera gracias a los trinos de la de Philadelphia en tan mítica película.



Vayamos con el elenco:
Correctos comprimarios, bonita voz y bien timbrado el Wagner de Isaac Galán. Muy disfrutable Serena Malfi, como Siébel, que se lució mucho en un bomboncito para el que está sobrada de facultades, y en el que un carnoso timbre de mezzo pura, con agudo brillante, se adapta a la perfección a la vocalidad del personaje. Y mucho ojito a la Marthe de Sylvie Brunet-Grupposo, que sacó todo el partido a nivel escénico de su papel, llevando a cabo una auténtica creación en lo actoral y una mas que aseada interpretación vocal.

Stéphane Degout, barítono, como Valentín.
Muy expresivo y de bella voz, me resultó impactante en su escena final, durante la maldición a Marguerite. Tuvo algunos problemas con el volumen, pero bien es cierto, que no me quedó muy claro si la mano tuvo algo de culpa en ello como mas adelante explicaré, ya que el instrumento de Degout me pareció robusto y bien templado. 

Marina Rebeka, soprano, como Marguerite.
De menos a mas, empezando de forma bastante anodina, especialmente en la celebre "Aria de las joyas" que resultó insulsa y un tanto rutinaria. A partir del cuarto acto, la cosa cambio notablemente, para terminar la función de forma mas que satisfactoria. Algunos agudos resultaron un tanto estridentes, sin llegar a molestar, y en los pasajes  heroicos es donde resultó mas satisfactoria, cuyo esforzado trabajo es muy de agradecer. En los pasajes más líricos me pareció fría, y poco implicada. La voz es grande, pasa la orquesta sin problemas, y se complementa muy bien con Faust.  Muy acertada en lo actoral, consigue transmitir a la perfección la inocencia, por decirlo suavemente, de Marguerite, dando sensación de estar completamente desvalida entre la fauna que la rodea. 

Luca Pisaroni, bajo-barítono, como Méphistophélès.
Mas barítono que bajo, Pisaroni estuvo muy voluntarioso durante toda la función, sirviendo una interpretación de calidad, aunque si es cierto que en los pasajes mas graves de la partitura se pierde la voz entre la bestial orquestación de la obra, no escuchándose por completo la "Ronda del becerro de oro" ni su intervención en el terceto final. Me faltó mas entidad en la voz, o al menos la entidad que el papel requiere, y que no me parece el mas adecuado para las características de nuestro cantante. No quiero que parezca que no me gustó, porque faltaría a la verdad, la voz es preciosa, muy matizada, y sobre todo por lo que mas me ganó fue por un interesantísimo tratamiento actoral del personaje, que suple de largo las carencias que mas arriba narro. A nivel actoral el Méphistophélès de Pisaroni se encuentra cargado de empaque y teatralidad, todo dentro de los cánones que se le presuponen al personaje. 

Piotr Beczala, tenor, como Dr. Faust. 
Rotundo triunfador de la noche a nivel vocal, ofreció una interpretación sólida, de pasmosa musicalidad, atronador volumen y brillantísimo agudo, obsequiándonos con unos cuantos pepinazos de infarto, en no pocos momentos. La voz de Beczala tiene ecos de cantante clásico, y sin duda nos encontramos ante un tenor de primerísimo nivel que navega por todos los recovecos de la partitura sin problema ni aparente esfuerzo. Brilla en lo heroico con impactante resolución, y resulta de gran sensibilidad cuando el papel lo pide, rematando sus intervenciones con un férreo control del aire, un exquisito fraseo, y una interpretación a nivel técnico realmente notable. Beczala no se achica en ningún momento, siendo generoso con el público, sin reservarse en ningún momento, algo que dadas las durísimas características del personaje no es ninguna broma, otros se reservan para los momentos mas comprometidos y de esta manera cubren el expediente. Beczala me pareció un cantante refinado, de noble acabado, voz pareja, alejado de los adornos superfluos, y que da absolutamente todo lo que tiene, que en su caso es mucho, sirviendo un Faust de altura, y de los que ya no se ven habitualmente. En algunos momentos, no pocos, me recordó a Carreras en su mejor momento, y aunque no soy amigo de comparaciones, reconozco que en este caso el timbre es tan parecido, y la voz tan bella que es inevitable el que me viniese a la mente el cantante de barcelonés.



Coro Intermezzo, con Andrés Máspero a la cabeza, sirvió una de las mejores interpretaciones que he visto en ellos, si bien es cierto que siempre están a la altura, en éste "Faust" se lucen mucho y muy bien. La ópera abundante en coros, no es fácil para la masa coral, que precisa de gran volumen y empaste en no pocos momentos, siendo esto superado con creces. De especial impacto resultó el final del segundo acto, y el atronador y de espectacular resolución "Coro de soldados" que reconozco que me dejó seco en mi butaca. Mención aparte para el arriesgado y difícil trabajo escénico que llevan a cabo, sorprendente y una de las bazas mas importantes del espectáculo. 

Dan Ettinger llevó la batuta de la OSM, con escasa sutileza, y con grandes dosis de efectismo. Se puede acusar la lectura de un tanto plana, es cierto, pero a nivel teatral, que a fin de cuentas en este caso es casi mas interesante, resulta completamente satisfactoria. Todo parece excesivo, desaforado diría yo, pero el disfrute en los momentos mas tremendos de la ópera es tal, que se nos olvida que no baja del forte en toda la función, a fin de cuentas de voces íbamos sobrados, y nos dejamos arrastrar por un sonido ampuloso y de espectacular factura, sin duda alguna discutible, especialmente en los volúmenes, pero de impactante acabado. 



Àlex Ollé de La Fura Del Baus corre con las labores de regista, y lo hace de forma completamente acertada. Toda la iconografía de La Fura se encuentra muy patente en una función de espectaculares resultados, impoluta dramaturgia y momentos de gran impacto. Ollé conocedor del mito de Fausto, transporta en el tiempo la ópera en un futuro un tanto distópico, violento, de inquietante estética, extraña sexualidad en las mujeres, y cargado de retranca. Todo aquello por lo que se puede acusar a "Faust" de maniqueísta se ve superado por una mala leche muy bien distribuida y que funciona a todas luces. Varios momentos son destacables, pero si me quedo con algo es con la forma en la que nuestro director hila las dos orgías que se ven en la ópera, la cercana a la opereta, y con no pocas dosis de humor en el final del segundo acto, que se ve grotescamente retorcida en la brutal, y no encuentro otro adjetivo, "Noche de Walpurgis" que me dejó impactado ante la enorme capacidad catártica de la escena. Si algo podemos decir de este "Faust" es que su imaginativa propuesta supera con creces las expectativas puestas en la producción. Ollé no nos aburre en ningún momento, y las inconsistencias habituales en los montajes de ópera mas rompedores, en este caso se encuentran en su mínima expresión, ya que todo tiene coherencia con respecto al libreto, y se entiende perfectamente. Visualmente la función es una gozada, con momentos de considerable empaque, sin dejar de lado el concepto de gran espectáculo que se le supone a una Grand Òpera. Los personajes se encuentran muy bien delimitados en sus caractéres, y los entendemos en su psicología sin el mas mínimo problema. Ollé sirve una función admirablemente movida, de dinámica resolución y en la que consigue que mantengamos la atención en todo momento para ver como se van resolviendo las diferentes situaciones escénicas que se plantean en el libreto. Dos menciones especiales son de rigor, por un lado las magníficas luces de Urs Schönebaum, un absoluto prodigio escénico que llenan de magia el escenario del Real, y los espléndidos figurines de Lluc Castells, que definen a los personajes, especialmente a las féminas y a Méphistophélès de forma realmente admirable, y cuyos diseños de Cyber-Barbies y lascivas matronas de monstruosos pechos se quedarán en mi retina por mucho tiempo.
No me imagino mejor inicio de temporada que este "Faust" que ofrece una Grand Òpera en todo su esplendor, en su punto justo de exceso, y lo que es mas importante, con un superlativo nivel musical. Esperemos que los derroteros del Real sigan en ésta línea, sin duda los aficionados lo agradeceremos.



  
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lunes, 24 de septiembre de 2018

El Pan Y La Sal, Un Pan Sin Sal, Diría Yo...

La semana pasada asistí en el Teatro Español al que parecía que iba a ser uno de los eventos teatrales de la temporada, y digo parecía, porque obviamente no ha sido así. Antes de comenzar esta crónica, varias cosas quiero plantear. Por un lado que esta crítica está basada única y exclusivamente en criterios teatrales, no pongo en duda ni el loable fin de "El pan y la sal" ni mucho menos soy insensible al tema de los desaparecidos o el juicio a Baltasar Garzón. Para continuar, y que es lo que a mi me interesa, está el asunto del teatro como imitación de la realidad, pero que nunca podemos considerar como realidad. La realidad cómo tal, no tiene interés, ya que se encuentra plagada de actos triviales, conversaciones sin ninguna sustancia y hechos que solo tienen interés para el que los vive. La magia del teatro se basa en reflejar la realidad en un espejo en el que la ilusión está en el que lo que vemos parezca real sin serlo, lo trivial se condense, los conflictos se potencien y el tiempo transcurra en la mayoría de las veces con la elipsis como recurso habitual. Una imitación de la realidad, o cómo en este caso se trata, una transcripción literal de un juicio, tal y cómo se plantea en "El pan y la sal" tiene nulo interés teatral por mucho interés político y sociológico que tenga el asunto, cómo en este caso ocurre. 
La expectación por el espectáculo era mucha, ya que el elenco tenía mas estrellas que en el cielo, y las representaciones eran ciertamente pocas, por tanto desde junio que tenía entradas para el evento, y cómo no podía ser de otra manera se vendió absolutamente todo para las cuatro funciones.



"El pan y la sal" de Raul Quirós transcribe directamente el juicio a Baltasar Garzón, y los testimonios de los testigos de diferentes asociaciones por la recuperación de la Memoria Histórica, y los desaparecidos durante la Guerra Civil y la Dictadura. Hasta ahí todo correcto, con precedentes en este ámbito notables, y notorios, como puede ser "La indagación" de Peter Weiss, obra que salió a relucir comentando la función posteriormente, en la que en un texto netamente documental cómo es el que esta crítica ocupa se transcriben los juicios en los que diversas víctimas del Holocausto cuentan su testimonio de una forma brutal y absolutamente descarnada. "La indagación" impacta y revuelve al espectador de una forma realmente dura. "El pan y la sal" produce sopor y no diré que indiferencia, pero casi, dado el flojísimo tratamiento de lo que se cuenta. La poca chicha que el texto tiene, no porque no sea duro, sino porque la endeble dramaturgia de la función, divaga en exceso en momentos del juicio sin ningún interés teatral, y cuando ya ha llegado el plato fuerte, que son los testimonios de los testigos la indiferencia se ha hecho hueco en nosotros, arrastrándonos hasta el final de la función. El texto es árido, aburrido, y no nos llega, porque divaga entre tecniscismos, explicaciones y un exceso de exposición entre la defensa y la acusación que no hace mas que embarrar todavía mas el farragoso material transcrito por Quirós, siendo el resultado irregular, y anti teatral en grado sumo. De todo esto que planteo Andrés Lima, director del espectáculo tiene parte de culpa, así cómo el concepto de la función, planteada casi como un "bolo" en el que TODOS, los actores leen su papel, y que en algunos casos, no en todos, la falta de ensayos, y el poco trabajo que ha habido detrás es muy notorio.



Vayamos con el elenco, amplio, variado, muy atractivo e irregular, muy irregular.
Al frente del juicio nos encontramos con Alberto San Juan y Ginés García Millán como acusación y defensa respectivamente. San Juan correctísimo, de lo mejorcito del elenco, tremendamente creíble en su papel, y el que sin ninguna duda mas trabajado traía su texto. Ginés García Millán sorprendentemente insuficiente, todo el rato pendiente del texto, equivocándose continuamente leyendo, y con un conato de intento de dar cierta intensidad a algunos parlamentos, que se ven truncados ante la falta de verdad, y el hecho de no poder sacarnos de la sensación de estar viendo a un actor que parece encontrarse ante la primera lectura de un texto que va improvisando a medida que avanza la lectura. No digo que esto haya sido así, pero si mantengo que a nivel implicación García Millán ofrece un trabajo escuálido y de poco interés. Mario Gas, álter ego de Baltasar Garzón, correctísimo leyendo, y con su característica voz cómo bastión de proa, pero... aburridísimo, poco matizado y excesivamente monocorde, desconectando un servidor a los cinco minutos de su intervención. Andrés Lima como Juez, tampoco da en la diana, y siendo su personaje el encargado de abrir el espectáculo, leyó un manifiesto de forma completamente destemplada,  con una notoria inseguridad, y ningún sentido del ritmo, que me resultó sorprendente por lo poco trabajada, y que ya empezó por sacarme completamente de la función. 
Dentro de los testigos, que funcionan casi como cameos dentro del texto, encontramos una pasadísima de vueltas Nuria Espert, intentando subrayar que su personaje es una anciana de forma completamente innecesaria y excesivamente superficial. Gloria Muñoz tampoco destaca en su trabajo, en el que un forzado e inverosímil acento canario no nos deja creer su interpretación y también nos encontramos ante un Emilio Gutiérrez Caba, planísimo y un tanto rutinario, en un papel en el que pasa completamente desapercibido. Como dato positivo, hablar de un José Sacristán, pura verdad, y con un calado en su trabajo a años luz del de el resto de sus compañeros. Posiblemente sea Sacristán el mejor de todo el reparto junto con Alberto San Juan. También es de justicia el reconocer el trabajo de Ramón Barea, muy sentado, templadísimo y muy matizado dando vida a un hombre muy creíble, con gran sensibilidad en el fondo, y en el que se ve que se ha trabajado bien el material literario. 




Andrés Lima al frente del espectáculo, patina a muchos niveles, y no acaba de encontrarle el punto a la función, sin quedarnos muy claro lo que nos quiere contar, ni cómo nos lo quiere contar. Hay problemas de toda índole en el espectáculo, dónde no se ve cohesión entre escena y escena, no hay pulso dramático ninguno, ni progresión, algo que si que podría encontrarse en "El pan y la sal" si se hubiese elaborado de otra manera, y no cómo lo que parece un trabajo apresurado, y no tratado en profundidad. La imitación de la realidad en un caso cómo este no funciona, especialmente cuando la mayoría de los personajes, no sé si realmente llamarlos así, como calco de los originales no funcionan. En vez de centrarse en lo que dicen, se han cargado las tintas en sus características físicas en no pocos casos, error garrafal, y que resta cualquier atisbo de credibilidad al espectáculo. Todo aparece desangelado, y sin frescura, y uno siente que está asistiendo a una simple lectura previa antes de empezar los ensayos, mas que a una representación en si, de resultado moroso y sin ninguna emoción. No sé muy bien lo que Lima ha buscado, porque cómo acto político no funciona, cómo reivindicación se queda a la mitad, y cómo función de teatro no interesa. 
Algo hay que decir a favor, y es que si está conseguida la sensación de encontrarse en la sala de un juicio, ya que la imagen tantas veces repetida en la televisión, con el típico movimiento de ujieres y personal vario, si está perfectamente lograda. 
En resumen, una propuesta fallida a todas luces, en la que yo diría que no podemos hablar de teatro cómo tal, si no mas bien de un acto reivindicativo, en el que practicamente no hay ni composición de personajes, ni trabajo de dirección mas allá de hilar las diferentes escenas en las que se divide "El pan y la sal".
Salí muy decepcionado del Español, para que engañaros, y el desconcierto me parece que fue la tónica ante un espectáculo en el que si el enfoque hubiera sido diferente, posiblemente se hubiese sacado mas de lo que se saca. Tal y cómo se ha planteado, éste "Pan y la sal" mas bien me ha parecido un pan sin sal que otra cosa, muy loable en su fondo, pero que teatralmente no aporta absolutamente nada. 




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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Fedra, La Frialdad De La Corrección

El montaje de Fedra que se presentó en Mérida con Lolita a la cabeza ha llegado a Madrid, y se queda muy poco tiempo, así que era cuestión de ver el espectáculo lo antes posible ya que en las escasas dos semanas que va a estar en La Latina, era de suponer que no será muy fácil conseguir entradas, así que me acerqué a verla el primer fin de semana después de su estreno. Este mes de septiembre se me presenta frenético en cuanto a teatro se refiere, y estoy en una tesitura que me cuesta sacar hueco para ver algo, así que intento optimizar al máximo el tiempo, y distribuir las funciones de la mejor forma posible, para luego poder llevar el blog al día, ya que de estar casi mes y medio me parón, he pasado a publicar una crónica diaria. Después de toda esta explicación que supongo que no os interese mucho, voy a deciros el porqué de mi interés ante  Fedra. Me gusta Lolita, no lo puedo remediar, me parece una maravillosa actriz, que ha sido injustamente tratada por la profesión, y que disfruta por suerte de un momento profesional dulce, y muy merecido. Así que no podía dejar pasar la ocasión de verla en uno de los mejores personajes femeninos que se ha concebido nunca, y que en manos de Lolita podría convertirse en el volcán a punto de explotar que nos dicen las promos de la obra. La realidad es que explotar lo que se dice explotar no explota, y aunque la función se puede considerar irregular, reconozco que disfruté, ya que cómo todos sabemos, el ser humano es contradictorio por naturaleza. 


El mito de Fedra ha sido ampliamente versionado, desde  Eurípides hasta la actual versión de Paco Bezerra, no pocos autores se han atrevido con ella, incluso teniendo nuestro cine un título emblemático con Emma Penella como Fedra que en su momento hizo correr ríos de tinta. Fedra, la voluptuosa Fedra, que tan caro paga su sensualidad dependiendo de las versiones y que tantos esquemas rompe por hacer lo que le da la real gana, tiene cierto poder de fascinación dentro de su nada velado erotismo, su retorcida psicología, y la forma en la que sus actos arrastran al precipicio a todos aquellos que la rodean. Quizás estos sean los componentes de su historia que mas nos atraigan, y aquellos que hacen tan carismática y atractiva a la figura de Fedra. Una de mis trágicas favorita, y cuya personalidad me resulta muy sugestiva.




La versión de Paco Bezerra presenta a una mujer independiente, presa de un amor fou, equivocada en sus apreciaciones sobre Hipólito, y que no actúa por despecho, sino por otras motivaciones que quedan bastante claras en la función, pero que sinceramente pienso que desvirtúan un poco la esencia del personaje, y le restan chicha dramática. Bezerra parece necesitar justificar continuamente al personaje, o hacerla buena encajándola dentro del discurso feminista, muy loable sin duda, pero que creo que en este caso no acaba de casar con el mito. La visión de Fedra que se da en el texto quita cierta coherencia al personaje, y nos cuesta un tanto entender su recorrido, esa es la verdad, llegando un punto en el que no nos hacemos preguntas sobre lo que vemos y nos dejamos arrastrar por un texto que navega mas hacia el melodrama que hacia la tragedia. Bezerra utiliza un bello lenguaje para contarnos la historia, de gran lirismo en algunos momentos, y si es cierto que la mayoría de los personajes se encuentran muy bien perfilados, y condensa en hora y media la historia de forma adecuada, sabiendo elevar la tensión dramática en cada acto de forma que el clímax coincida con el final del mismo para desacelerarnos de nuevo al principio del siguiente. Resultando el texto una suerte de carrusel emocional en el que subimos y bajamos según se va desarrollando la historia. 


Vayamos con el elenco.
Tina Sáinz, como Enone.
Decir a estas alturas que Sáinz es una gran actriz no tiene mucho sentido, ya que su trayectoria habla por si sola, pero es necesario reconocer su trabajo, redondísimo en este caso. Tina Sáinz conoce todos los resortes de la profesión, y así se refleja en su interpretación, de la que se desprende sobre todo que sabe muy bien lo que está haciendo. Sobria, contenida con el gesto, y con una capacidad en la escucha muy notable, casi resulta mejor con lo que no dice que con lo que dice ya que durante toda la función están pasando cosas por dentro de nuestra actriz enriqueciendo el personaje hasta lo indecible. Resulta delicioso verla en escena, es muy gratificante ver las aristas del personaje tan bien definidas y tan bien explicadas, y es muy esclarecedor ver cómo una actriz de su veteranía es capaz de transmitir un trabajo tan fresco y sin atisbo de apolillamiento. 

Eneko Sagardoy, como Acamante. 
Encontré a Sagardoy cómo el mas flojo del reparto. Cierto es que el papel es ingrato, pero su visión de hijo de Fedra, se queda un tanto pueril y plana, en una interpretación planteada mas hacia afuera que hacia adentro, y en la que me faltaron algunas dosis de verdad. No tiene un recorrido fácil Acamante, y en algunos momentos los diferentes estados emocionales por los que pasa, no son del todo felizmente asimilados por nuestro actor. Acamante es joven, cierto, pero no me parece que una visión excesivamente infantilizada del personaje ayude a que nos lo creamos. El hijo de Fedra se comporta y razona cómo un adulto pero luego en los berrinches parece un adolescente, esa dicotomía podría comprarla, es cierto, pero si se explicara de forma mas clara. 

Críspulo Cabezas, como Hipólito.
De lo mejorcito de la velada, sensible, impicadísimo, con un preciso (y precioso) trabajo con el texto y muy expresivo a todos los niveles. El Hipólito de Cabezas, pasa por todo aquello que el personaje representa, y curiosamente el aspecto físico mas bien rudo de nuestro actor funciona muy bien con el lírico aire que destila. Sus monólogos son magníficos, por bien resueltos, descriptivos y en los que todo se entiende perfectamente, así como sus escenas con Teseo (Juan Fernández) en las que un vínculo definidísimo es la tónica. Nos encontramos ante un trabajo concienzudo, inteligente y de magnífico acabado en el que nada sobra ni falta. 

Juan Fernández, como Teseo.
Muy templado y con marcado carácter, Fernández dota de gran entidad al rey de Atenas casado con Fedra, no quedando en una mera comparsa de la protagonista de la función. La encrucijada emocional del personaje es peliaguda y el luchar contra los sentimientos paternos para anteponer los del monarca se encuentra muy patente y plasmado de forma diáfana por nuestro actor, siendo el resultado de gran intensidad en sus intervenciones, y de un impacto dramático considerable.

Lolita, como Fedra.
Muy contenida, excesivamente contenida, y creo que no muy bien dirigida. Todo se mueve en una línea monocorde que busca la culminación en los finales de acto donde si se vislumbra lo que Fedra puede ser y puede dar de si. Lolita dice su texto maravillosamente bien, se la ve bellísima en escena, elegante, todo lo que se le puede pedir a una reina, pero cuando hablamos de un recorrido dramático y de justificar los comportamientos del personaje pinchamos en hueso. Me faltó implicación, y un poco de riesgo, ya que Lolita deja entrever pero no muestra, y eso en el caso de Fedra no define al personaje. Tengo la sensación de que la han atado en corto, ya que en otros trabajos no la encontré tan distante, y sobre todo creo que está tan preocupada en que  entendamos sus complicadísimos parlamentos, que la dicción tan perfecta, y la pulcritud que inunda el texto se anteponen a la interpretación. Vemos a Lolita y disfrutamos, cierto, pero vemos mas a Lolita que a Fedra, esa es la realidad. 


Luis Luque a la dirección, sirve una Fedra elegante visualmente, pero excesivamente estática, especialmente en la primera parte del espectáculo, cargando las tintas en exceso en el texto y obviando las acciones escénicas en no pocos momentos. Alguna veces parece que se ha suavizado mucho lo que Fedra es, y se ha convertido el mito en una función alejada del riesgo y excesivamente cercana al teatro para señoras que todos conocemos. Todo está muy bien dicho, ojito que de ahí a la declamación hay un paso, todo está cuidado, pero también es cierto que igual que vemos esta Fedra la olvidamos. No hablaría de trabajo rutinario, sino mas bien de poco original aunque realizado con mimo, intuyo que por aquello del taquillaje, algo muy lícito por otra parte, y salí con la sensación de que esta Fedra ofrece menos de lo que parece. Me lo pasé muy bien, pero no me llegó, y eso en esta tremebunda historia es imperdonable. Una tragedia griega debe revolvernos por dentro y dejarnos impresionados, y la verdad es que en este caso pasé una agradable velada de teatro, agradabilísima diría yo, pero excesivamente ligera cuando de este repertorio hablamos en el que la corrección académica está muy bien, pero la tripa es mas importante.



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martes, 18 de septiembre de 2018

Proyecto Edipo, El Mito Vestido De Luces.


La semana pasada fue trágica, si, trágica, no por motivos personales por suerte, sino porque dos tragedias fueron las que vi. Una la versión de Edipo que ésta crítica ocupa, y la otra Fedra, que tendrá su reseña lo mas pronto posible. 
Ya lo he dicho muchas veces, me gusta mucho el teatro griego, y la tragedia cuando se hace bien, sigue manteniendo su poder catártico, y sobre todo nos sigue llevando a la reflexión sobre cuestiones de gran calado que ya preocuparon al ser humano hace mas de veinte siglos, y que nos siguen preocupando en la actualidad.
Los griegos no se andaban con chiquitas, llevaban todo al extremo y en la tragedia, la truculencia y los mas espeluznantes sucesos acontecen en escena de forma directa y brutal. Mi interés por los clásicos viene precisamente por eso, ya que la esencia del ser humano en su forma mas primigenea y sus motivaciones mas primarias se encuentran reflejadas a cara de perro en unos textos que siguen impresionando con la misma fuerza que lo hicieron en el momento que se escribieron.
Tuve la ocasión de asistir al estreno de "Proyecto Edipo" en el Fernán Gómez y no me lo pensé dos veces, máxime cuando toda la información sobre la función que encontré antes de su estreno, prometía emociones fuertes, algo que sin duda "Proyecto Edipo" ofrece y con creces. 




La primera tragedia griega que leí fue Edipo Rey, no solo fue la primera, sino la que mas me impresionó, no se cuanto tuvo que ver mi estreno con los mitos griegos en ello. La cuestión es que varias cosas me alucinaron del mas complejo (psicológicamente hablando) personaje que los griegos pusieron sobre las tablas. La primera, la modernidad del texto, que me dejó mas que claro que poco se ha inventado en cuanto a estructura en el teatro desde los tiempos de Sófocles, y la segunda, sin lugar a dudas la tremenda tragedia que se cierne sobre Edipo y Yocasta, desgraciados héroes de esta historia mas grande que la propia vida, plagada de monstruosidades y que tan bien refleja la naturaleza humana en su vertiente mas primigenia. Los mayores tabúes del ser humano, sus mayores miedos, la confirmación de los errores y finalmente la asunción de los mismos de la forma mas salvaje posible, para que de una forma bastante traumática nos adentremos en el verdadero yo de cada uno, se pueden ver en esta tremenda historia. Entendemos a Edipo, entendemos sus motivaciones, y comprendemos que a pesar de acostarse con su madre sin saber la verdadera identidad de esta, cuando lo descubre, no es capaz de soportarlo, y decide en un acto menos piadoso que el suicidio arrancarse los ojos y cargar con su pecado toda la vida.



La versión libre de la obra de Sófocles firmada por el propio Olivares, funciona en dos planos diferentes pero entrelazados entre si, por un lado un futuro distópico con una España en la que los toros están prohibidos y en el que se nos cuenta una historia que recuerda vagamente a "Equus" de Peter Shaffer, no exenta de suspense y en la que los paralelismos con el Edipo original son mas que notorios. Por otro lado nos encontramos con la obra original que se ve introducida de forma muy inspirada dentro de la anterior historia y que resulta muy esclarecedora sobre cuanto bebe una de la otra y sobre lo que nos quiere contar Olivares.
El texto de Olivares nos descoloca al principio, incluso nos chirría, pero a medida que va avanzando nos va atrapando para que finalmente nos deje pegados al asiento para ver cómo termina el asunto, y lo mas importante, cómo se entrecruzan las dos historias.
La visión de Olivares de Edipo no puede pasar por otra vertiente que la psicológica, y en la parte futurista de la función que la mayoría de las escenas transcurran en un psiquiátrico no es en absoluto gratuito. Del mismo modo la alusión al toreo como expresión artística primaria, resulta muy adecuada para enlazar con lo que la tragedia griega simboliza y buscando un nexo de unión entre Grecia y España con el mito de Minotauro por medio, algo mas que justificado y acertado como premisa de la obra. 
Olivares presenta una versión de Edipo salvaje, en la que se busca epatar al espectador tal y como lo buscaban los griegos, de forma dura y directa y sin asomo de mojigatería, y que cómo ejercicio catártico funciona sin el mas mínimo problema, partiendo de la base que el espectador del S.XXI no es el mismo que el de hace mas de dos mil años, según para que cosas. 



Ocho actores en un trabajo netamente coral sustentan la función, en un trabajo muy medido, durísimo fisicamente, y muy meticuloso en su acabado.
Dentro del elenco y de los múltiples papeles que se representan en la función son destacables el Edipo de Asier Iturriaga, con momentos de gran altura en lo dramático, y una composición interior del personaje mas que interesante. Del mismo modo Carol Verano (remedo de Yocasta en la versión futurista) resulta muy interesante en su trabajo a nivel corporal y en los recursos de la voz, ya que gracias a ello nos creemos el arquetipo a nivel físico que lleva a cabo, no quedándose solo en eso, ya que el trabajo con el texto también resulta tremendamente satisfactorio. Alba Loureiro como Yocasta adecuadísima, especialmente en la parte de la obra original, ya que en la fábula distópica empezó mas bien destemplada en su primera intervención. El trabajo de Loureiro va en progresión emocional e interpretativa finalizando el espectáculo de manera mas que satisfactoria y no exenta de la interiorización del drama que el personaje requiere. Javier Martín como Doctor Márquez da un contrapunto ácido y ligeramente cómico que viene muy bien dentro del espectáculo, y ofrece un trabajo sólido con gran oficio cómo viene siendo habitual en él. Guillermo Sanjuán cómo Criseida no acaba de encontrarse cómodo en un difícil papel, cuya almodovariana identidad no se ve plasmada en su vertiente mas interior, sino que haciendo uso de unos recursos físicos, en mi entender equivocados, y de una superficial visión del texto, no consigue llegarnos de la forma que se vislumbra en el texto, simplemente no me lo creí, y lo encontré mas preocupado por encajar los chistes que en explorar el personaje. Por último David DeGea cómo Jacinto, suerte de Edipo matador de toros, cuyo trabajo impacta por su valentía (algo extensible a todo el elenco, ojo) y por la cantidad de matices con los que dota su dificilísimo personaje. DeGea juega con el texto, juega con sus compañeros en escena, se arriesga y gana, mostrándose dúctil y entregado en todo momento. A esto debo añadir la impresionante presencia física de nuestro actor, que calca la pose típica de los toreros, y no sólo eso, sino que consigue engrandecer algunas escenas dada la expresividad de su cuerpo. Trabajo mayúsculo el de DeGea y que merece ser reconocido. 






Gabriel Olivares se encuentra al timón del espectáculo donde dos premisas son fundamentales. Primero  la estética de la función, impactante y muy conseguida, y segundo, el trabajo netamente conjunto de todo el elenco, basándose en una propuesta física muy dura, dinámica y en la que los actores son practicamente parte de la escenografía como es la tónica en el estilo de Olivares. Nuestro director lleva a sus actores al límite en no pocos momentos, pero sabe recogerlos hacia la intimidad cuando resulta necesario, siendo el resultado de la función equilibrado y bastante fluido en su acabado.
"Proyecto Edipo"  es un espectáculo duro, de violenta factura a ratos, rozando la performance por momentos y de extremado planteamiento visual y actoral, pero eso si, todo lo que vemos en escena, y que ya aviso que no es precisamente un paseo en el campo un día de primavera, está justificado. Nada es gratuito o pasa por el escándalo innecesario, no, se trata de un trabajo bien pensado, claro en su exposición, y que resulta muy importante dentro de la propuesta de la dirección de la que se podrá decir ante todo que de complaciente no tiene nada.

Los dos espacios temporales en los que se mueve la obra están claramente diferenciados, aunque por motivos obvios donde mas brilla el gran trabajo escenográfico de Felype de Lima es en el ámbito futurista, en el que la magia surge en no pocos momentos, y todo se encuentra resuelto con gran imaginativa e interés teatral. Nos encontramos ante un espacio incómodo, y de fría estética que casa perfectamente con el duro tono del espectáculo que Gabriel Olivares ha buscado. Esta frialdad que planteo no está reñida con una innegable belleza estética en no pocos momentos, y un poderoso tratamiento visual perfectamente apoyado en las luces de Carlos Alzueta que dotan de gran empaque a la escena.
No debo terminar la crítica sin resaltar el admirable uso que se hace de un escenario tan complicado cómo es el Fernán Gómez, y un consejo... la microfonación de los actores en este caso estaría mas que justificada, dado que las voces se van al peine, de forma inclemente, obligándolos a realizar un esfuerzo ímprobo para que se les escuche, especialmente en un texto de la agresividad de éste.



En resumen "Proyecto Edipo" es una sorprendente revisión del mito, impactante en algunos momentos, y de enorme valentía en su acabado formal, ofreciendo una velada de teatro sólido, de fuerte espíritu vanguardista, y que ante todo busca revolver al espectador y hacerle reflexionar sobre lo que ha visto. 






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lunes, 17 de septiembre de 2018

La Ternura, Gozosa Revisión Del Teatro Isabelino.

"La ternura" fue uno de los grandes éxitos de la pasada temporada, y me resultó completamente imposible conseguir entradas para verla, me quedé con las ganas, y daba por perdida la función. Felizmente han vuelto ésta vez en el Infanta Isabel, y en cuanto estrenaron me saqué las entradas para que no me ocurriera lo mismo que en La Abadía. El arranque de la temporada, que se vaticina intensa, no puede ser mejor, y lo que queda de mes tengo al menos cuatro espectáculos pendientes, así que aplicándome aquello de "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" me acerqué el pasado domingo a la Calle Barquillo dispuesto sobre todo a reírme y a pasar un par de horas lejos de la rutina. No pedía nada mas, y así fue. La Ternura da exactamente todo aquello que ofrece, y lo hace con unos niveles de calidad mas que notables. Propuesta mas que recomendable para pasar una tarde agradable y disfrutar de teatro realizado con gran tino y mucho amor, ya que si hay algo que destila este montaje es eso, amor al teatro, amor a la vida, y amor al buen rollo.





"La ternura" con texto y dirección de Alfredo Sanzol, es un comedión de los que ya no se escriben, de solidisima estructura y que funciona a las mil maravillas cómo remedo de la comedia isabelina, especialmente en lo que a Shakespeare se refiere. Varios títulos de "El Bardo" se encuentran de forma mas o menos velada dentro de la función, por no hablar de los títulos de las obras que se introducen en el texto de forma ingeniosa, y gratificante para el espectador más avezado.
El texto de indudable belleza nos propone un maravilloso engaño, una comedia que parece escrita en el S.XVII, pero que se ha elaborado en el XXI. El trampantojo funciona sin ninguna duda, tanto por el lenguaje empleado por Sanzol, como por la maravillosa estructura de la obra y de sus personajes, siendo la ilusión perfecta a este nivel y redonda desde todo ángulo. No nos engañemos, "La ternura" es una comedia ligera, sencilla en su mensaje y gozosa en su comicidad, desopilante a ratos, siempre bella de principio a fin, con unos personajes cargados de carisma, de conflictos universales y de lírico tratamiento en su acabado formal. La historia se encuentra dentro de lo que se podría denominar comedia amorosa, con la eterna lucha de sexos cómo telón de fondo, con un entramado realmente bien presentado por Sanzol que culmina en unos veinte minutos de absoluto despiporre que no tienen desperdicio y que rematan el texto de forma admirable, pudiendo considerarse el trabajo de Sanzol con el texto muy inspirado, y delicioso dentro de su mágica ingenuidad.



La obra se sustenta con seis actores que sin duda se encuentran en estado de gracia, y que son arte y parte dentro del éxito de ésta "Ternura".
Nos encontramos ante un trabajo netamente coral en el que la solidez es la tónica, y dónde todos los resortes funcionan de la mejor forma posible.

Eva Trancón y Natalia Hernández, como La Princesa Rubí y La Princesa Salmón respectivamente.
Hermanas en la ficción y de muy diferente psicología son la pareja perfecta. Sensible y explosiva Trancón, lacónica y aparentemente impasible Hernández, igual de cómicas en sus composiciones, y tremendamente implicadas ambas, especialmente Trancón ya que dado el temperamento mas extremado de su personaje sabe lucirse mucho en sus escenas mas emotivas. Hernández en un código menos exterior e igual de efectivo, resulta enigmática y deliciosa por momentos, y con unas cuantas frases lapidarias antológicas.

Paco Déniz y Javier Lara, como Leñador Verdemar y Leñador Azul respectivamente.
Igual de diferenciados entre si en sus psicologías que sus compañeras, nuestros actores llevan a cabo un trabajo de indudable altura, y no pocas dificultades. Sus dos papeles se me antojaron muy difíciles, a todos los niveles, con momentos superlativos en el caso de Déniz en la última parte de la función debido a un juego escénico que no desvelaré pero que a nivel técnico resulta arduo, y asombra al mas pintado. Lara me pareció que encarna la esencia de la obra en toda su extensión, y realmente me fascinó en su composición, cuya ternura, perdón por la redundancia, es pilar de la historia y del mensaje de la función. La inocencia que emana detrás de esa mirada de cordero degollado no hace mas que indicarnos el gran trabajo que Lara ofrece y el mágico efecto que se puede conseguir con una interpretación teatral.

Elena González y Juan Antonio Lumbreras, como La Reina Esmeralda y el Leñador Marrón.
Con unas dosis de sabiduría escénica mas que notable, nuestros actores llevan a cabo dos personajes sentadísimos y de sólido acabado. De González hay que destacar una presencia escénica brutal, que apoya a la perfección todo aquello que se le supone a una reina, luciendo poderío y hechuras de primerísima actriz de carácter sin dejar atrás lo cómico, que en "La ternura" es básico. Lumbreras sorprende en su composición, cuya corporalidad además de peculiar me pareció adecuadísima en la definición del personaje. Un tanto redicho, no para mal, es que el Leñador Marrón es así, y con un tratamiento del texto impecable, Lumbreras crea un señor entrañable y muy reconocible dentro de un arquetipo que todos nos hemos encontrado alguna vez en nuestra vida real. Encontré el trabajo de nuestro actor cargado de empaque teatral y un personalísimo sentido del humor de indudables resultados.



Alfredo Sanzol dirige el espectáculo, siendo un acierto en su totalidad. Partimos de la premisa netamente isabelina del escenario desnudo y poco mas. A partir de ahí la magia surge, y no sólo por las artimañas nigromantes de La Reina Esmeralda, sino por lo que Sanzol consigue mediante el inteligente uso del espacio escénico, consistente en dos telones y unas estupendas luces de Pedro Yagüe. Gracias al trabajo de los actores y a las acciones escénicas vemos la isla, vemos las plantas, y hasta el sendero por el que caminan hacia la cima del volcán, porque amiguitos, realmente el resultado es tan absorbente que a poco que pongamos cómo espectadores, a los cinco minutos de empezar la función, ya estamos dentro de ella.
Sanzol sirve un espectáculo ágil, bien movido, y de ascendente comicidad en la que todo se encuentra perfectamente medido, facílismo de ver, y facílisimo de asimilar, donde lo que Sanzol quiere contar queda mgnificamente expuesto, y lo que es mas importante en ésta función, cómo nos lo quiere contar.
El tratamiento del texto en lineas generales es ejemplar, tanto en el ritmo como en las intenciones, que se ven perfectamente apoyadas con lo que transcurre en escena. Sanzol ofrece un espectáculo de calidad, divertido y de mas que justificado éxito.
En resumen, "La ternura" es una comedia disfrutable y disfrutona, en la que sus actores se lo pasan pipa, el público ríe a carcajadas, y con una sensibilidad muy marcada en su planteamiento. Y lo que es mas importante, en la que todos en mayor o menor medida nos podemos ver identificados en algún momento.





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