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jueves, 18 de enero de 2024

Faisandage, Un Cadáver Delicioso. Cuando Lo Único Que Te Falta Por Hacer En Esta Vida Es morirte.



La Sala Tarambana siempre me resulta estimulante en su programación, una de las salas más "off" de el circuito "off", que a la vez sabe conjugar una programación equilibrada e interesante. Siempre que he ido a ver algún espectáculo me sorprende y por tanto siempre el buen ánimo me acompaña cada vez que acudo a ella. Esta vez asistí a ver una obra del siempre interesante Ozkar Galán, viejo conocido de la sala ya que ha representado varios de sus textos en ella, y muy seguido por un servidor, que practicamente ha visto todo lo que ha presentado estos últimos años en Madrid. El teatro de Galán se caracteriza por dos cosas claras, la primera un mensaje siempre claro, y la segunda unos textos soprendentes que nos llegan muy directos, con buenos giros y propuestas novedosas, que nos dejan un poso tras su visionado. Con estos antecedente, obviamente, me acerqué a Carabanchel con buen ánimo y ganas de disfrutar, algo que sin duda ocurrió con creces, siendo la velada de alto voltaje teatral, sorpresiva, y enormente placentera, ya que no resulta fácil que un servidor se sienta sorprendido cuando va al teatro, agradeciendo enormemente las propuestas, ingeniosas, arriesgadas y divertidas como este Faisandage, definitivamente lo es. Vayamos al lío....








Faisandage, un cadáver delicioso, pieza de cámara de Ozkar Galán, se puede considerar una comedia, pero sin duda no una comedia superficial en la que solo de reir se trata, ya que en ella se nos habla de cosas muy serias, remozadas, eso si, en retranca, sarcasmo, y por supuesto un gran nivel literario. La premisa aparentemente sencilla en la que una condenada a muerte por un doble asesinato, tiene unas jornadas con la persona encargada de maquillar su cadáver una vez ejecutada. El faisandage es una técnica culinaria en la que las piezas de caza se maduran, casi hasta su putrefacción, para llegar al punto exacto en el que deben quedar para su consumo. La carne se orea, ablanda, y justo cuando parece que ya no se puede comer, llega el momento de su cocinado, para poder disfrutarla en todo su esplendor. La Checha consciente de que su gran momento, más allá de su tumultuosa vida, está en la trascendencia de su propio cadáver plantea que ya que se va de este mundo, lo debe hacer por todo lo alto. El texto, tremendamente equilibrado, presenta dos personajes antagónicos, peculiares, y con un punto surrealista, en continuo conflicto y en continuo duelo dialéctico e intelectual. Checha, explosiva, mundana, aparentemente superficial y ya de vuelta de todo, mientras que Yaiza más introspectiva, neurótica, y con un mundo interior muy rico, que se da de bruces con el huracán cubano que es Checha. En la obra se nos plantean cuestiones muy interesantes sobre el ego, la necesidad de transcender, la preparación para la muerte de cada uno, y como afrontamos nuestra propia muerte, así como el éxito personal, y en donde se encuentra la medida de ese éxito. Galán para ello se viste de humanidad, mostrándonos precisamente eso, dos personajes profundamente humanos, y profundamente reconocibles, dentro de su peculiaridad, ricos, bien perfilados, con su punto costumbrista, y con dos maneras muy diferentes de entender la vida y de ser inteligentes. Galán no renuncia a un lenguaje sofisticado cuando es necesario, aunque en líneas generales nos encontramos con un texto directo, ácido, en el que los alfilerazos verbales corren como cuchillos, mientras se nos cuela alguna frase de un lirismo sorprendente y que nos deja noqueados cuando hace presencia. En el texto las alusiones, o nada velados homenajes, a películas clásicas son también una tónica, algo que a mi, como cinéfilo me encantó, además muy bien integrados en la función, ya que la profesión de La Checha, productora de grandes películas en Hollywood, es el vehículo perfecto para las cuñas cinéfilas. Galán una vez más apuesta por heroínas fuertes en su teatro, mujeres que hacen que el mundo siga, dueñas de sus destinos, y que entienden en este caso el ser mujer de manera diferente, y muy válida. Este universo femenino que tan bien sabe plasmar Galán, ya es una seña de identidad de su teatro, siempre interesante, y siempre enriquecedor. 




La obra se sustenta por dos actrices en completo estado de gracia, Marina Muñoz como La Checha y Carol Garrido como Yaiza, que se complementan a la perfección en escena, equilibrando el texto de manera perfecta. Garrido crea un personaje muy definitorio en cuanto a su manera de ser, nos deja vislumbrar su sensibilidad interior, esa afición a la ópera resulta muy esclarecedora, aunque aparentemente se nos muestre fría y cerebral. Una mujer para la que su profesión lo es todo, pulcra y metódica, que se nos presenta muy bien perfilada en la actitud corporal y con gran conocimiento del texto. Todo está dicho con sentido, todo se entiende perfectamente, y cada emoción que pasa por su cuadriculada cabeza se nos transmite al respetable con aparente facilidad, y sorprendente mesura. Esta mesura perfectamente calculada resulta el contrapunto perfecto a la explosividad de su compañera, siendo el juego escénico similar, con sus obvias diferencias, al de el payaso listo y el payaso tonto. Carol Garrido lleva a cabo una interpretación cerebral, no carente de frescura, bien medida y en total consonancia con el tono de la función. 



Marina Muñoz, totalmente arrolladora en un personaje que es una bomba en todos los aspectos, sensual, segura de si misma, o no, apabullante en su presencia escénica, conmovedora a ratos, muy divertida siempre y con hechuras de primerísima actriz, de esas de rompe y rasga que pisan las tablas con fuerza y gran seguridad. Muy implicada emocionalmente, nos lleva a los vericuetos más íntimos de su personaje en sus espléndidos monólogos, bien servidos y muy clarificadores en cuanto al personaje, y del mismo modo consigue insuflar a su Checha de cierto aire frívolo absolutamente delicioso. La sensación que se tiene es la de una mujer que ya solo le queda hacer una cosa en esta vida... morirse, y claro que lo quiere hacer por todo lo alto, como la diva que es. Hay que destacar el enorme trabajo con el acento, ya que ver a esta Checha es ver a una cubana de verdad, aquí no hablamos de caricatura o personaje estereotipado, no, hablamos de un trabajo profundo y brillante de como son y como hablan las reales hembras de el país caribeño. 



Vayamos con la dirección escénica. Giselle Llanio firma el espectáculo con gran acierto en todas las vertientes, siendo muy destacable su pulcra propuesta estética, limpia en fondo y forma, así como los dos planos escénicos principales, apoyados en las proyecciones, así como en la técnica de el falso documental, que nos sirve de nexo de unión en la historia. Es interesante el tratamiento actoral de la función, extremadamente cuidado, con unos vínculos perfectamente definidos entre las dos actrices que dan vida al espectáculo, siendo el resultado a este nivel francamente espectacular. El ritmo se encuentra perfectamente medido, a lo largo de la función pasamos de la risa, a la emoción de manera natural, y lo que es más importante de manera fluída, algo que parece ser la tónica de este espectáculo, en el que todo transcurre sin la menor afectación y con la mayor verdad, siendo la sensación la de un trabajo meticuloso en el que se ha entendido muy bien el material de base presentado por Ozkar Galán, que se encuentra perfectamente clarificado por nuestra directora. Interesante también la importancia que se le da a los monólogos de los personajes, tan definitorios en cuanto a su psicología, y que han sido tan bien tratados en el espectáculo, tanto a nivel actoral como de dirección. La propuesta se puede resumir en una aparente, solo aparente sencillez, en la que se nos muestra todo aquello que Galán nos quiso contar, de manera cristalina, efectiva, y que precisamente en su sencillez se encuentra su mayor dificultad. Nada chirría en la propuesta, nada resulta forzado, todo nos lleva a un sitio concreto, y en ese sitio nos encontramos actrices y respetable en el momento exacto que el texto lo pide. Esto así contado parece muy sencillo, pero no lo es en absoluto, y dice mucho de la disección de la obra que Giselle Llanio ha realizado, y sobre todo habla de sus enormente satisfactorios resultados. Podemos decir que Faisandage es una comedia dramática, sin excesos, cargada de virtudes, y que gracias a un elenco realmente insuperable, y una dirección afortunadísima a todas luces, plantea una más que sólida visión de la obra de Ozkar Galán. Faisandage es teatro hecho con mucho amor, enorme talento, una minuciosidad encomiable, y sobre todo, un sentido de la teatralidad más que considerable. Nos encontramos ante una propuesta muy recomendable, realizada con gran solidez a todos los niveles, y de indudable interés teatral de principio a fin, cierto es que con estos mimbres... dificilmente nos podría salir un mal cesto. 






miércoles, 28 de octubre de 2020

"Chispis", Esas Heroínas Nuestras De Cada Día.

La heroicidad pasa por tantas cosas y tan importantes que resulta difícil plantearse en que consiste ser un héroe. Hablo de los héroes de verdad, no los de Marvel. El día a día está plagado de héroes anónimos, desinteresados, que sin pestañear detienen desahucios, reparten comida entre aquellos que peor lo están pasando, especialmente en estos días, o simplemente con un pequeño gesto, discretamente, son capaces de cambiar el transcurso de un conflicto. Pocas veces se habla de estas personas, aunque si es cierto que de vez en cuando aparece alguna noticia en prensa que nos emociona viendo hasta donde llegan los actos de generosidad de las personas, y su compromiso con algunas causas que nos parecen lejanas hasta que las tenemos en la puerta de nuestras casas, ya que hay situaciones de las que no estamos ninguno libres, por imposible que nos parezca llegar hasta ese punto.
Héroes de barrio, quizás con menos épica en sus andanzas que Batman, pero sin duda más importantes y necesarios que los que solo salvan a la humanidad en las páginas de los cómics. De esto precisamente habla "Chispis" obra de Ozkar Galán que tuve oportunidad de ver en el SURGE y que resultó ser una gratísima sorpresa, otra más, dentro del fecundo autor que reconozco que cada día me gusta más en sus textos.
El pasado viernes asistí virgen de toda información ante la nueva propuesta de Galán en el texto, y con Ricardo Cristóbal al mando de la función, y lo hice con toda la intención del mundo. Las obras de Galán hay que paladearlas sin información previa, es la mejor forma de descubrirlas, y sobre todo de exprimir todo el jugo a sus textos que si por algo se caracterizan son por la inteligencia, y el dejar al espectador a su aire para que vaya descubriendo el juego teatral en el que se ve inmerso, que una vez más no me dejó indiferente.




Sentía mucha curiosidad por saber de que iba "Chispis" de la que solo había escuchado un tema musical que bebía directamente de la cabecera de "Wonder Woman", y también visto alguna que otra foto en la que tres súper-heroínas con trajes setetenteros posaban con aires de "Los Ángeles de Charly". Con estos mimbres obviamente la cosa pintaba bien, aunque no tuviese ni la más remota idea de que me iban a contar, así que me acerqué a Carabanchel con buen ánimo y deseando emociones fuertes, o una película de Jackie Chan, que nunca se sabe a lo que uno se arriesga cuando va al teatro...



"Chispis" nos cuenta la historia de una heroína de barrio, Chispis Woman,  junto con su súper aliada  Star Girl, ambas en continua lucha con su archienemiga, Stablishment. Hasta aquí la premisa, aparentemente principal. Obviamente Galán nos cuenta otra cosa, pero desde un punto de vista francamente imaginativo, y enternecedor, en un texto que empieza como una comedia de humor absurdo, para ir derivando en el drama intimista, la denuncia social, y sobre todo el homenaje a una generación de mujeres de este país que vivieron la Guerra Civil, la Posguerra y el Franquismo más duro. Lucía Arozena, es el centro de la función, y en ella se va desgranando su vida, envuelta en tragedias cotidianas, errores irreparables, y actos de heroísmo, casi nunca reconocidos,  y enormes en su pequeñez circunscrita al barrio de Carabanchel. La función tiene truco, no lo desvelaré, pero sin duda es acertadísimo, consiguiendo llevarme de la risa al lagrimeo en cuestión de varias escenas, y lo que en un principio parece no tener sentido va cuadrando de forma milimétrica a medida que avanza la función, eso si, con pequeñas pistas que Galán nos va dejando en un rastro de miguitas de pan, que nos hacen ver que algo no cuadra en lo que nos están contando. Simbologías soterradas que van tomando forma según avanza la historia, un humor a ratos descarnado, y situaciones estrambóticas se suceden mientras sin que nos vayamos dando cuenta se nos esté desgranando una gran tragedia, envuelta en papel de celofán, que a medida que vamos desenvolviendo el regalito, nos va congelando la carcajada que se va transformando en ternura a pasos agigantados, con sorprendente eficacia, y lo más importante, indudable interés teatral. Reconozco que estuve descolocado un buen rato del espectáculo, hasta que sin querer me fui metiendo en lo que se me estaba contando, para quedar completamente enganchado por la historia, y el acabado de la pieza. Cada escena tiene un por qué, y cada escena se va justificando a medida que avanza el texto con una lógica pasmosa, y tremendamente sorpresiva, en la que el giro final, dota a una historia, que en principio pasa por el humor más cañí y social, de un empaque considerable, y de tremenda vigencia en estos tiempos. "Chispis" es un enorme canto de amor filial envuelto en aires de farsa, con su punto de acidez justo para no quedarse en un almibarado melodrama, que deja un regusto agridulce en el espectador, que asiste a un ejercicio teatral con más enjundia de la que a priori promete, y de indudable dificultad para su terna protagonista. 



Vayamos con el elenco:
Tres actrices, Laura García-Marín, Eva Bedmar y Marina Muñoz, dan vida a tres mujeres muy distintas, pero con un nexo de unión, Chispis-Arozena, y no hay otra manera de entender la obra que como un trabajo en conjunto, en el que cada interpretación se apoya en la otra para llegar al sitio deseado. 
Si algo hay que destacar del elenco es su ductilidad, especialmente en los papeles de García-Marín y Muñoz, que se definen por las diferentes composiciones que llevan a cabo, todas difíciles y muy opuestas en su psicología. Marina Muñoz resulta excelente en su recorrido, con gran facilidad para llegar a la emoción, y que ya marca un línea muy definitoria de su papel, en la primera escena de la función, cargada de empaque, y tremendamente sólida. Todo en su trabajo está justificado, y nada ocurre de forma abrupta, siendo el resultado muy medido y de gran inteligencia, viéndose perfectamente rematado el arco del personaje en el último cuarto de la función, quizás el de más lucimiento para nuestras actrices. Laura García-Marín deliciosa, y cargada de ingenuidad como Star Girl, aporta dosis de frescura en el personaje más joven de la función, en una creación tierna, y de variado registro según la escena que le toque en suerte. Impagable como locutora radiofónica, tremenda de tono,  y muy esclarecedora en las escenas con el médico, siendo su trabajo pulcro, y cristalino en su acabado formal, que tal y como ocurre con la función, va tomando forma a medida que avanza el texto de forma impecable y cargada de verdad. Eva Bedmar como Chispis, de imponente presencia escénica, ofrece un estupendo estudio del texto, en ella recaen la mayoría de los monólogos dramáticos de la función, y si algo destaca de su trabajo, es el sentido con el que todos los parlamentos son dichos, así como una notable vis cómica, con cierto aire distraído de regusto chejoviano, que una vez más toma sentido al final del espectáculo. Si algo caracteriza a nuestras tres actrices es la meticulosidad de un trabajo medido hasta la extenuación, de sutil acabado, en el que sin estridencias, todo se nos cuenta de manera diáfana, con gran naturalidad e indudable elegancia teatral. 


Vayamos con la propuesta escénica:
Ricardo Cristóbal firma la función, con gran acierto, llevándola exactamente al lugar que necesita en cada escena, sabiendo darle el aire de farsa frenética a las escenas más extremadas, mientras el ritmo fluctúa en las de corte más dramático de forma impecable. No hay ni un bache en todo el espectáculo que se ve con interés, de principio a fin, y en la que un pulcro acabado, y una inspiradas imágenes son la tónica, aprovechando muy bien el espacio escénico, así como el uso de las proyecciones, completamente justificadas en este caso, y que sirven como acento al marcado homenaje al barrio de Carabanchel que se aprecia en el texto. Cristóbal deja hacer a sus actrices, pero marca una directrices claras en las acciones para que cada una sepa el lugar hacia el que tienen que llegar, partiendo de una premisa naturalista, cuasi costumbrista diría yo en algunos personajes. Con un portentoso uso del lenguaje visual, nuestro director se sirve de algunas imágenes poderosas de lograda atmósfera, entiéndase por esto, las salidas de Chispis cantando una nana con ecos de canción de la Guerra Civil, en claroscuro, así como el estupendo tratamiento del monólogo principal de Marina Muñoz y todos los monólogos de Chispis, todos en primer término, con iluminación intimista y tratamiento brechtiano en no pocos momentos. 
Nos encontramos ante una propuesta sólida, muy trabajada, y que enriquece el material de Galán por su cuidado estudio del texto, así como por una visión actoral por parte de Ricardo Cristóbal en la que mima a sus actrices, que se ven tremendamente cómodas en su trabajo y que se me antojan perfectas para cada uno de los papeles. 


En resumen, Chispis es un claro ejemplo de teatro bien hecho, con claras aspiraciones de calidad, que no deja indiferente por lo novedoso de su planteamiento, atractivo y desenfadado, pero de gran enjundia, así como por una elegancia formal, y atractivo envoltorio, que sin duda la convierte en una de esas joyitas a descubrir que el circuito "off" nos ofrece de cuando en cuando. Por ahora solo se han hecho dos funciones dentro del SURGE, esperemos que sea el inicio de una larga andadura, sin duda el espectáculo se la merece.

  *Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible.

** Fotografías cedidas amablemente por Arles Iglesias.

jueves, 17 de mayo de 2018

Antón Martín O No Hay Más Mus, Mátalos De Risa.

 Si hay algo que caracteriza a nuestro país es su sentido del humor, que no se nos olvide que además de hacernos reír, en su vertiente mas satírica sirve desde tiempos inmemorables como crítica de nuestras costumbres, situación política o aquellos temas de mas candente actualidad. Los gobernantes de esto saben mucho y miran con lupa, si, hablo en presente porque hoy en día vivimos tiempos inquisitoriales donde la libertad de expresión se está viendo seriamente mermada, siendo uno de los objetivos de los ojos y dedos acusadores, los valientes que hacen chanza con afán crítico de aquello que mas duele. Soy de la opinión que una buena tanda de chistes hace mas daño que una somanta de palos, y no hay mejor forma de decir la verdad del barquero que haciendo reír.
Lamentablemente, cada día la asepsia a todos los niveles, en gran parte por miedo, nos inunda, y creo que no hay nada mas necesario que seguir planteando la sátira cómo forma de expresión, y cómo medida de presión, ya que es una estupenda vía de escape para digerir los sapos que nos tragamos día si y día también en estos tiempos que corren. El uso del humor como denuncia, es posiblemente el  recurso mas antiguo del que se tiene noticia en el ámbito teatral, y ya los griegos eran unos maestros en aquello de poner a caer de un burro al político de turno a base de carcajadas. 
Por tanto se me antoja imprescindible que no perdamos las buenas costumbres, y que a pesar de lo que muchos pretendan se siga haciendo teatro crítico y mordaz, que meta el dedo en la llaga y que encima nos haga reír, es muy sano, necesario, y además valiente, que alguno se ha jugado la cárcel por decir alguna irreverencia estos días.
Todo esto que cuento viene a colación de "Antón Martín O No Hay Más Mus" agradabilísima sorpresa que se está representando en la Sala Tarambana dentro del Surge Madrid, muestra de creación escénica que ya va por su quinta edición.

                                                * Foto de Paloma Mendés

"Antón Martín O No Hay Más Mus" de Ozkar Galán, es un texto humorístico, en el que nuestro autor y nuestros protagonistas retoman un espectáculo llevado a cabo 20 años atrás. La obra convenientemente actualizada es una brutal sátira de todo aquello que nos rodea, en la que dos amigos, entre chascarrillo y chascarrillo no dejan títere con cabeza, y en el que toda nuestra sociedad se ve diseccionada de forma brutal, desternillante, y de una lucidez absolutamente pasmosa. Galán se sirve de un lenguaje mas que estimable, un sentido del humor inteligente, y huye de la obviedad, apelando continuamente al intelecto del respetable, al que no toma por tonto en ningún momento, conociendo a la perfección al tipo de público al que va dirigido su texto. El absurdo no se queda fuera de la función, encontrándose perfectamente integrado en el espectáculo y brillantemente expuesto en los bloques en los que mas presente se encuentra. En "Antón Martín" se habla a calzón quitado de TODO, sexo, política, hay ciertos toques de nostalgia, y lo mas importante, un texto escrito para el lucimiento de dos actores que se conocen y reconocen de forma brillantísima, donde nos cuesta diferenciar el lugar en el que se separan los amigos de los personajes. El resultado es muy fresco, divertido, y sobre todo mordaz en grado sumo, agradeciéndose mucho el toque de incorrección política que trufa la función, y que tan necesario resulta en los tiempos que corren. "Antón Martín O No Hay Más Mus" es una gamberrada muy bien tramada, que conecta con el espectador de hoy en día, que siente que muchas cosas que le apetece gritar a los cuatro vientos, se encuentran reflejadas en la función y que pocos se atreven a decir a cara de perro. Si hay que matar a alguien mejor mátalo de risa, estoy seguro que lo agradecerá, y en este texto esto que planteo se lleva hasta las últimas consecuencias. 


Javier Antón y Gorka Martín son los intérpretes de la función, y sería imposible hablar de ellos de forma separada. Nos encontramos ante dos actores que le tienen muy medido el pulso al compañero, y que funcionan perfectamente como pareja cómica. Hay cierto aire de Tip y Coll en su humor, y los roles, muy bien definidos en cada uno, se complementan de forma muy ajustada. El payaso listo y el payaso tonto están muy presentes siendo Gorka Martín el primero y Javier Antón el segundo en la mayoría de sus intervenciones. Martín va "de sobrao" no pocas veces, mientras que Antón mas primario en sus instintos, resulta perfecto como sparring que se lleva las tortas, dialécticamente hablando, y algún huevazo que otro. La química entre nuestros dos actores es absolutamente electrizante, sirviéndose los chistes el uno al otro de forma ejemplar, se escuchan, se miran, y sueltan la bomba. Son extremadamente generosos y de forma muy inteligente saben que el lucimiento de los dos hace crecer el espectáculo hasta lo indecible, y dicha complicidad mutua se contagia con el espectador, al que involucran no pocas veces en la función. Ambos se encuentran en un perfecto tono corporal, y dicen los parlamentos con gran sentido, de la comicidad y del ritmo, no perdiéndose ni una coma de lo que nos quieren contar, y las acciones acompañan a la palabra de forma impoluta siendo todos los gags, tanto visuales como textuales de gran efectividad, y desopilantes por momentos. Todo parece dicho por primera vez, y tal es el grado de naturalidad que me costó diferenciar que momento era improvisación o morcilla, que intuyo yo que son bastantes dado el tono del espectáculo. Nos encontramos ante dos actores realmente dotados para la comedia y que saben incorporar a la perfección sus características personales en sus personajes, algo que consigue el mágico efecto de sentir que no están interpretando, sino simplemente llevando a cabo una conversación entre dos amigos.

                                * Foto de Paloma Mendés

Gorka Martín dirige la función, con dos premisas, ritmo y naturalidad. Todo transcurre a una velocidad de vértigo consiguiendo de ésta manera que no perdamos la atención ni un solo momento para intentar captar todo lo que nos dicen y que no se nos escape ni un solo chiste. La función no decae de principio a fin, y si bien es cierto, como en toda obra episódica, algunos bloques son mas graciosos que otros, en general se puede decir que el nivel es muy alto. Martín sirve un pulcro espectáculo en el que se da aire a los actores, con unos espacios muy bien delimitados, y perfectamente integrados en el escenario, donde todos los movimientos parece bien medidos y limpiamente ejecutados. El trepidante ritmo no es problema para entender lo que se nos quiere contar, ya que nada parece atropellado, y todo está expuesto de una forma muy clara, quedando muy patente lo que Martín quiere contar y cómo lo quiere contar, logrando que el público entre en la función desde el principio. Todos, o la mayoría de los gags funcionan, dándose la curiosa experiencia, que algunos son celebrados segundos después de realizados, tiempo que necesita nuestro cerebro para procesar lo que hemos visto dado el vertiginoso pulso de la función. Martín consigue conectar con su compañero de escena, y ambos se encuentran comodísimos en sus repsectivos lugares, y no encorseta en absoluto el espectáculo, siendo el resultado de gran dinamismo y frescura, y extremadamente gratificante para el espectador. Del mismo modo todo está expuesto de forma muy directa y sin cortarse ni un pelo a la hora de plantear las cuestiones mas espinosas, algo muy de agradecer por su valentía, y capacidad de reflejar de una forma tan natural aquellas cosas que algunos no se atreven a decir. Sin ninguna duda "Antón Martín O No Hay Más Mus" es una propuesta mas que interesante, de valiente y sólida factura, y lo que es mas importante NECESARIA, ya que nos saca del gris imperante, y nos hace reflexionar entre carcajada y carcajada.

                                                * Foto de Paloma Mendés

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lunes, 19 de marzo de 2018

Guateque 69, Comedia Yé-Yé En Verso

Francisco de Rojas Zorrilla, es uno de los grandes olvidados del Siglo De Oro, siendo como es una autor sin duda excelso, su producción no es de las mas habituales en el repertorio de teatro clásico. Yo le tengo especial cariño, ya que mis pruebas de acceso en la escuela de interpretación de mi ciudad de origen incluía un monólogo de "Abre el ojo". Las horas que pasé lápiz en la boca, masticando y rompiendo el verso de aquel puñetero texto son incontables, en la cama, en la ducha, desayunando, por la calle... ¡yo que sé!. No tengo muy claro si me pillaron por aquel monólogo o por la escena que yo había escogido que era nada menos que un fragmento del famoso monólogo de Marco Antonio del "Julio Cesar" de Shakespeare  (osadías de la juventud, y aprovechamiento de un curso de voz que había realizado aquel verano ja ja ja).
Desde entonces siempre recuerdo con simpatía a Rojas Zorrilla, y lo echo de menos en nuestros escenarios, Calderones y Lopes varios suelen eclipsar a un autor a reivindicar, y que va mas allá de las que posiblemente seas sus obras mas famosas, "Entre bobos anda el juego" y "Donde hay agravios no hay celos".
Si por algo ha pasado a la historia Rojas Zorrilla es por la creación del subgénero denominado como "comedia de figurón" de aires farsescos, y arquetípico protagonista, que se mantuvo en nuestros escenarios, con su lógica evolución hasta no hace muchos años, siendo muy reconocible por el espectador patrio, dadas sus particulares características. 
Las comedias de Rojas Zorrilla se caracterizan por su hilaridad, ya que dominaba el humor como pocos, pero por misterios insondables, se ha quedado un poco a la zaga en cuanto a fama con sus coetáneos de mas renombre, y su fecunda obra no se representa tanto como debería, o al menos tanto como a mi me gustaría.
Hace un tiempo llegó a mis oídos que se estaba llevando a cabo en la Sala Tarambana una obra de nuestro autor que hacía 300 años que no se representaba, me picó la curiosidad, y el envoltorio de la producción, años 60 patrios, me hicieron muy atractivo el producto, para que os voy a engañar, ya que la cosa prometía muchas risas y una visión distinta de nuestros clásicos. El título en cuestión era "Lo que son  mujeres" obra completamente desconocida por mi, versionada en esta ocasión por Ozkar Galán, retitulando el texto como "Guateque 69"
Sin tener ni idea de lo que iba a ver me acerqué ayer hasta Carabanchel dispuesto a pasármelo bien y sobre todo a reírme, algo muy sano sin ninguna duda, y que siempre viene bien.




"Guateque 69" sin desvirtuar la esencia del texto de Rojas Zorrilla se presenta como una cuidadísima actualización y reducción del original, que contaba con 24 personajes, reduciéndolos a 6, llevados a cabo por 4 actores. Para ello Ozkar Galán, mediante una dramaturgia realmente soberbia, se dedica a la trama principal limpiando de polvo y paja el texto, y mediante un fresquísimo e innovador tratamiento del verso, hace que la obra sea asequible al espectador actual, que entienda a la perfección los conflictos de los personajes, y donde la mayoría de los arquetipos del Siglo de Oro se encuentran presentes, sin dejar de lado el cacareado figurón del que mas arriba hablo, enseña de nuestro autor y uno de sus personajes mas reconocibles. Lo que "Guateque" plantea es de inusual vigencia, con unos personajes femeninos convenientemente actualizados que se ven reforzados y con una entidad psicológica mas que notable, en un enfoque feminista tremendamente enriquecedor, y sorprendente dado el tipo de texto que se plantea y que parece ser que ya en el texto original se daba de la misma manera, algo que sin duda suma mucho interés a una comedia que ya merecía ser revisada.
Galán dota de un humor muy particular a su texto, desternillante por momentos, con unos chistes perfectamente introducidos dentro de la época en la que se desarrolla el espectáculo, y de un resultado cómico de altura y en perfecta consonancia con el tono de la función. Tal y como está planteado el texto, resulta un bomboncito que se digiere con una facilidad asombrosa, divertidísimo, y con unos toques de comedia elegantona que resultan muy sofisticados. Humor inteligente y directo son la marca de la casa, con su pizca de lirismo, un poco macarra y de resultados altamente satisfactorios, perfilando todos los personajes de forma inteligente y con gran claridad en la exposición siendo esto lo que define un texto que podría verse embarrado por el enrevesado y frenético lío que se produce en el escenario, y que aparece cristalino ante los ojos del espectador.



Los cuatro actores que dan vida a la farsa, se encuentran en completo estado de gracia, con unas interpretaciones muy bien perfiladas, y de gran calado en lo actoral.

Lara Fernán, abosultamente deliciosa como la hermana fea, un tanto atolondrada y de aires adolescentes, derrocha encanto inocencia y naturalidad, en un personaje de esos que te quieres llevar para casa. Fernán dota de gran ternura y humanidad a Matea, dentro de un código muy de verdad y que en su breve monólogo se me antojó absolutamente maravillosa. Verla mirar embobada el conceptual televisor es una delicia y un ejercicio de interpretación teatral que me dejó completamente fascinado, en el que se puede resumir un trabajo lleno de verdad y alejado de cualquier afectación.

Luna Del Egido, templadísima y con aires de primera actriz, como la bella hermana mayor, heredera del mayorazgo familiar. Nuestra actriz de impoluto tono corporal y vocal resulta muy adecuada para su personaje, dando sensación de mujer dura y altiva, que tiene un interesante recorrido a lo largo de la función, y que Del Egido redondea de forma perfecta rematando el arco del personaje sin el mas mínimo problema. La química con Lara Fernán es muy notoria, y las escenas de ellas dos se encuentran en el justo punto de sazón, donde el vínculo entre ambas se ve perfectamente reflejado de forma muy creíble y cargada de matices. Su estupenda presencia escénica ayuda mucho a que entendamos a su personaje, y resulta muy convincente en sus escenas mas comprometidas. Su trabajo con el verso, como es tónica en la función, resulta muy moderno, natural y todo tiene mucho sentido en los parlamentos. 

David Kelly como Gibaja, alter ego del autor de la comedia y parte principal en el enredo. Kelly da vida forma perfecta a este arribista, un tanto chulángano de aires castizos y excesivamente pagado de si mismo, pero que también tiene su corazoncito. Comienza la función de forma admirable, saliendo a comerse al respetable de forma mas que convincente, obsequiándonos con varios apartes realmente notables. Con grandes dosis de enérgica socarronería y bastante ácido en sus comentarios, dota de gran cinismo a su personaje, logrando que se le vean las costuras a su Gibaja a los cinco minutos de estar en escena. Sus objetivos están clarísimos así como sus estrategias, llevando a cabo una sólida interpretación y muy matizada.

Héctor Carballo, absolutamente soberbio interpretando tres personajes arquetípicos, y muy diferenciados entre si. Encontré a Carballo entregadísimo en todas sus intervenciones, logrando cotas de excelencia en un dificílisimo y agotador trabajo de disociación en el que un puro, unas gafas y un foulard son cruciales como elementos diferenciadores de cada personaje. Carballo ejecuta un monólogo a tres que me pareció asombroso. Nuestro actor posee una vis cómica indudable y maestría a la hora de afrontar el verso, que resulta natural y perfectamente dicho, en un trabajo con el texto realmente notable y de enorme calidad. Tiene varios mutis de órdago, y su trabajo resulta impactante tanto por su dificultad, como por su solvencia como actor. 




Gorka Martín firma el espectáculo, y varias cosas a tener en cuenta. Los personajes se encuentran perfectamente definidos, así como sus vínculos y objetivos, siendo la dirección actoral concisa, y muy acertada, consiguiendo que cada actor brille mucho dentro del enfoque de cada personaje, desde el mas naturalista hasta el mas extremado, sin que nada nos chirríe, ni que resulte exagerado o falso. Martín apuesta por la verdad y el tono coloquial de forma que olvidemos que estamos viendo una obra en verso, resultando uno de los mayores logros de "Guateque 69" el tratamiento del mismo alejado de cualquier amaneramiento y perfectamente orgánico. La función pasa por varios tipos de comedia, siendo la parte física fundamental en el enfoque de algunos personajes, y estando el gag visual muy presente por momentos. Nuestro director dota a la función de un ritmo prodigioso no decayendo el espectáculo en ningún momento, manteniendo el interés de principio a fin, siendo delicioso y realmente disfrutable. El enfoque estético, colorista y un tanto kitsch no hace mas que propiciar el tono festivo de la comedia, resultando un completo acierto, así como las transiciones entre escena y escena de inteligente resolución, y en el que los diferentes espacios escénicos en el que transcurre "Guateque" se encuentran perfectamente delimitados de forma imaginativa y muy clara. A esto hay que añadir que la situación de los espectadores rodeando a los actores, y la complicidad con el respetable, como recursos funcionan de forma muy gratificante y le restan la gravedad que algunos se empeñan en dar al verso. Nos encontramos ante una propuesta novedosa, divertida, de sólida factura, y un acabado formal sorprendente y acertadísimo desde todo prisma, donde abunda el buen rollo, y un trabajo cuidadísimo a todos los niveles, en el que la comedia se encuentra definida de forma perfecta, cercana y realmente atractiva. "Guateque 69" es una forma de entender nuestro teatro clásico desprejuiciada, cercana y que debería ser tomada muy en cuenta por algunos que pretenden "acartonar" unas comedias que tal y como se plantea en "Guateque 69" en su mayoría fueron escritas para disfrute del pueblo llano, que a fin de cuentas somos los que mejor nos lo pasamos con aquello del cachondeo. 





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