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jueves, 6 de octubre de 2022

Equus, Revisando El Mito Teatral Español Por Excelencia.

Cuando faltaba un mes para la muerte de Franco, la convulsa España de la época vivió un completo acontecimiento teatral y sociológico que marcó el fin de una época y el principio de La Transición. El estreno de Equus en nuestro país es uno de los fenómenos teatrales más recordados y comentados , incluso casi 50 años después de aquel estreno. Aquella mítica producción con José Luis López Vázquez y Juan Ribó a la cabeza fue un hito en nuestros escenarios por motivos quizás un tanto alejados de la obra en sí, pero que dejaba bien claro que el público español quería sentirse adulto y ver obras adultas sin complejos y sin ningún tipo de censura que tutelara moralmente a la nación. El desnudo integral de Juan Ribó y María José Goyanes causó estragos, y no solo eso, la función arrastró mucha polémica, amenazas de bomba, insultos a los actores y demás hechos bochornosos que solo aumentaron el éxito de la obra, y el aire mítico que el espectáculo mantiene en la España del 2021, que por suerte tanto ha cambiado en algunos aspectos como para que ya nadie se escandalice con obras como Equus. Tal fue el éxito de la función que durante unas cuantas temporadas hasta cinco elencos diferentes hacían Equus a lo largo y ancho del país, siempre con el mismo resultado, plateas llenar a rebosar, y una especie de catarsis colectiva en la que las opiniones favorables del respetable eran unánimes.



 

Después de aquel tremendo exitazo, pocos se han atrevido a volver a montar la función, obviamente las comparaciones son odiosas y nadie pareció atreverse meterse en el charco, hasta hace unas temporadas que se hizo una estupenda versión, que reseñé en su momento, y la que esta crítica ocupa, y que se acaba de estrenar en el Infanta Isabel.




Equus, escrita por Peter Shaffer, se estrenó en Londres en 1973 y su éxito fue instantáneo, estrenándose la obra en multitud de países, siempre aclamada por crítica y público. El secreto de Equus está en su astuta concepción del teatro, aunando perfectamente el interés del gran público con la calidad literaria, en una historia absorbente, dura y de tremenda fuerza escénica. Podemos  considerar la obra como un thriller, con un hecho traumático anunciado en la primera escena y que no se aclara hasta prácticamente el final. Alan, un adolescente problemático ingresa en una institución mental tras arrancarle los ojos a seis caballos con un punzón. Sus conversaciones con con el psiquiatra que lo trata nos sirven de catalizador para contarnos el motivo de tan atroz acción y desmenuzar la complicada situación familiar del joven así como el momento vital del psiquiatra, que se encuentra en plena crisis existencial. Basándose en un hecho real, Shaffer se sirvió del asunto para mostrarnos una crítica brutal de ciertos sectores de nuestra sociedad, lo viciado de algunos vínculos familiares y la repercusión que estos pueden tener en los hijos. El texto, de gran enjundia, plantea muchas dudas al espectador de manera bastante imparcial para que cada uno saque sus propias conclusiones. Función de una brillantez absoluta, enorme carga dramática, y de poderosos acabado, es un sólido ejemplo de carpintería teatral, con sus giros, sus imágenes de gran potencia, y una belleza en cuanto a lo literario se refiere realmente notable. La capacidad de impactar al espectador de Equus se mantiene intacta con el paso del tiempo siendo en mi humilde opinión una obra maestra del repertorio universal, que siempre viene bien revisar por sus indudables valores, la dificultad actoral que entraña, y por supuesto por el interés que suscita el afrontar textos de este calibre.




Vayamos con el elenco:

Jorge Mayor como Frank Strang, dota de indudable fuerza a un personaje duro y antipático como es el padre de Alan. Realmente convincente en sus intervenciones se nos antoja odioso por momentos, y nos llena de impotencia por su intransigencia e hipocresía. Perfecto de tono, alejado de cualquier afectación, muy adecuado a todos los niveles para el personaje, Mayor realiza un trabajo de altura y con grandes dosis de verdad.


Claudia Galán como Jill Mason, muy natural y también en un código muy de verdad. Su personaje es un tanto ingrato, y si no se realiza con la suficiente entidad destaca mucho y para mal. En el caso de Galán, su corrección actoral, y la claridad con la que presenta sus objetivos, marca a la perfección el carácter de Jill, y la figura antagónica a todo lo que representa Alan. Comedida, sin estridencias y siempre en su justo lugar en cada escena consigue no pasar desapercibida en ningún momento, en un trabajo bien pensado y el punto exacto que pide el papel.

 

Manuela Paso como Dora Strang, absolutamente magnífica, todo dicho con gran sentido, dejándonos vislumbrar a la perfección la complicada psicología de la madre de Alan, en un personaje francamente difícil, que se ve resuelto de manera espectacular. Su gran escena con Martin es una de las más brillantes de todo el espectáculo, cargada de tensión y tremenda implicación emocional. Paso nos deja cristalino todo lo que pasa por la cabeza de esa mujer, con un enorme cargo de conciencia que de manera un tanto hipócrita intenta culpar a su hijo de sus remordimientos. Concisa en el gesto, sobria y con un trabajo muy interiorizado, se me antoja una de las mejores intérpretes de este Equus, demostrando su solidez actoral en cada una de sus escenas.



 

Alex Villazán como Alan Strang espectacular, no hay discusión. El papel se las trae, y Villazán como ya demostró en El Curioso Incidente del perro a medianoche, se muestra como un actor enorme, intuitivo, de gran fuerza en el escenario, y que parece que se está especializando en papeles de indudables complicaciones psicológicas. Nuestro actor lleva al personaje al límite en varios momentos, límite emocional y físico, con gran arrojo y arriesgando cuando el texto así lo pide. Muy centrado en la corporalidad de Alan y en la escucha, acertadísimo con los textos y con una energía tremenda, nos deja clavados en la butaca en el cuarto final de la función, donde directamente se abre en canal, desnudo por dentro y por fuera, con enorme valentía en indudable carga emocional.

 

Roberto Álvarez como Martin Dysart. Álvarez me pareció el más flojo del reparto con un personaje que debe ser enfocado más hacia dentro que hacia afuera, haciendo nuestro actor precisamente lo contrario durante la mayor parte del espectáculo. Es cierto que se entona hacia el final de la función, y en algún momento se vislumbra lo que debe ser Martin en su monólogo final. No me resultó convincente, un tanto plano y sin dejar entrever todo lo que le está pasando por dentro al papel, limitándose más bien a ser un cínico observador, que no parece estar muy implicado en lo que está ocurriendo. No hace falta una interpretación forzada o impostada, simplemente es una cuestión de profundidad y carácter. Se queda corto en carisma, y presencia escénica, pasando más desapercibido de lo que el papel se merece. Varios tropezones con el texto tampoco ayudaron mucho a su trabajo, que se me antoja todavía poco maduro. Sería interesante ver su evolución a medida que vayan desarrollándose las funciones, ya que parece estar buscando el sitio, sin acabar de encontrarlo todavía.



 

 La obra viene firmada por Carolina África, acertando en su labor de dirección. Hay que entender que nos encontramos ante una propuesta ortodoxa de la función, clarificadora en cuanto al texto, y bien servida en lo visual. África consigue un espectáculo equilibrado, con los tiempos muy bien medidos, ágil en el ritmo y bien dosificado en la intriga. Los actores mayormente dirigidos en un código naturalista, alejados de la afectación, y con buenas directrices en cuanto a acciones y vínculos. Nuestra directora consciente de los momentos de más fuerza del texto consigue potenciar la carga dramática del espectáculo con una serie de imágenes poderosas y en algunos casos de gran belleza, el final del primer acto posiblemente sea la escena de más potencia de todo el espectáculo a nivel visual, para retomar ese tono poderoso al final de la función, rematando muy bien el espectáculo, que a mi personalmente me revolvió bastante por dentro, tal y como el texto pide.

Hay que hacer mención a la versión de Natalio Grueso, que aligera inteligentemente un texto ligeramente redundante en el original, aunque hay que decir que algunos vínculos se resienten, especialmente en cuanto a la evolución de los mismos, el desarrollo de la  relación entre Alan y Martin es la que más se resiente de la poda.

 

En contra del espectáculo va la escasez de actores, ya que algunos personajes importantes doblan papel, algo que resta verosimilitud al espectáculo, no molesta en exceso, pero si que se acusa en el acabado de la función. Es comprensible que en los tiempos que corren se tenga que limitar el número de personas en escena por cuestiones de presupuesto, pero especialmente en el caso de Manuela Paso, resulta extremadamente chocante que haga de Dora y Hesther, pidiendo a gritos el espectáculo otra actriz que de vida a Hesther.

 

Correcta y funcional escenografía de Bengoa Torres, evocadora e inteligente a la hora de plantear los diferentes lugares en los que se desarrolla la acción.



 

En resumen, este Equus, quizás no posea el halo mítico que tuvo la primera producción en nuestro país, pero su más que correcto elenco, y su buen acabado formal, se me antoja como una ocasión estupenda para revisar el clásico, y que las nuevas generaciones lo descubran. Quizás no levante la misma polvareda, y sin duda eso es lo correcto, los ojos con los que la vemos, por suerte no son los mismos que se vieron hace 47 años, y eso precisamente nos permite realizar un visionado más sosegado de la obra en su globalidad.



 

lunes, 17 de septiembre de 2018

La Ternura, Gozosa Revisión Del Teatro Isabelino.

"La ternura" fue uno de los grandes éxitos de la pasada temporada, y me resultó completamente imposible conseguir entradas para verla, me quedé con las ganas, y daba por perdida la función. Felizmente han vuelto ésta vez en el Infanta Isabel, y en cuanto estrenaron me saqué las entradas para que no me ocurriera lo mismo que en La Abadía. El arranque de la temporada, que se vaticina intensa, no puede ser mejor, y lo que queda de mes tengo al menos cuatro espectáculos pendientes, así que aplicándome aquello de "no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy" me acerqué el pasado domingo a la Calle Barquillo dispuesto sobre todo a reírme y a pasar un par de horas lejos de la rutina. No pedía nada mas, y así fue. La Ternura da exactamente todo aquello que ofrece, y lo hace con unos niveles de calidad mas que notables. Propuesta mas que recomendable para pasar una tarde agradable y disfrutar de teatro realizado con gran tino y mucho amor, ya que si hay algo que destila este montaje es eso, amor al teatro, amor a la vida, y amor al buen rollo.





"La ternura" con texto y dirección de Alfredo Sanzol, es un comedión de los que ya no se escriben, de solidisima estructura y que funciona a las mil maravillas cómo remedo de la comedia isabelina, especialmente en lo que a Shakespeare se refiere. Varios títulos de "El Bardo" se encuentran de forma mas o menos velada dentro de la función, por no hablar de los títulos de las obras que se introducen en el texto de forma ingeniosa, y gratificante para el espectador más avezado.
El texto de indudable belleza nos propone un maravilloso engaño, una comedia que parece escrita en el S.XVII, pero que se ha elaborado en el XXI. El trampantojo funciona sin ninguna duda, tanto por el lenguaje empleado por Sanzol, como por la maravillosa estructura de la obra y de sus personajes, siendo la ilusión perfecta a este nivel y redonda desde todo ángulo. No nos engañemos, "La ternura" es una comedia ligera, sencilla en su mensaje y gozosa en su comicidad, desopilante a ratos, siempre bella de principio a fin, con unos personajes cargados de carisma, de conflictos universales y de lírico tratamiento en su acabado formal. La historia se encuentra dentro de lo que se podría denominar comedia amorosa, con la eterna lucha de sexos cómo telón de fondo, con un entramado realmente bien presentado por Sanzol que culmina en unos veinte minutos de absoluto despiporre que no tienen desperdicio y que rematan el texto de forma admirable, pudiendo considerarse el trabajo de Sanzol con el texto muy inspirado, y delicioso dentro de su mágica ingenuidad.



La obra se sustenta con seis actores que sin duda se encuentran en estado de gracia, y que son arte y parte dentro del éxito de ésta "Ternura".
Nos encontramos ante un trabajo netamente coral en el que la solidez es la tónica, y dónde todos los resortes funcionan de la mejor forma posible.

Eva Trancón y Natalia Hernández, como La Princesa Rubí y La Princesa Salmón respectivamente.
Hermanas en la ficción y de muy diferente psicología son la pareja perfecta. Sensible y explosiva Trancón, lacónica y aparentemente impasible Hernández, igual de cómicas en sus composiciones, y tremendamente implicadas ambas, especialmente Trancón ya que dado el temperamento mas extremado de su personaje sabe lucirse mucho en sus escenas mas emotivas. Hernández en un código menos exterior e igual de efectivo, resulta enigmática y deliciosa por momentos, y con unas cuantas frases lapidarias antológicas.

Paco Déniz y Javier Lara, como Leñador Verdemar y Leñador Azul respectivamente.
Igual de diferenciados entre si en sus psicologías que sus compañeras, nuestros actores llevan a cabo un trabajo de indudable altura, y no pocas dificultades. Sus dos papeles se me antojaron muy difíciles, a todos los niveles, con momentos superlativos en el caso de Déniz en la última parte de la función debido a un juego escénico que no desvelaré pero que a nivel técnico resulta arduo, y asombra al mas pintado. Lara me pareció que encarna la esencia de la obra en toda su extensión, y realmente me fascinó en su composición, cuya ternura, perdón por la redundancia, es pilar de la historia y del mensaje de la función. La inocencia que emana detrás de esa mirada de cordero degollado no hace mas que indicarnos el gran trabajo que Lara ofrece y el mágico efecto que se puede conseguir con una interpretación teatral.

Elena González y Juan Antonio Lumbreras, como La Reina Esmeralda y el Leñador Marrón.
Con unas dosis de sabiduría escénica mas que notable, nuestros actores llevan a cabo dos personajes sentadísimos y de sólido acabado. De González hay que destacar una presencia escénica brutal, que apoya a la perfección todo aquello que se le supone a una reina, luciendo poderío y hechuras de primerísima actriz de carácter sin dejar atrás lo cómico, que en "La ternura" es básico. Lumbreras sorprende en su composición, cuya corporalidad además de peculiar me pareció adecuadísima en la definición del personaje. Un tanto redicho, no para mal, es que el Leñador Marrón es así, y con un tratamiento del texto impecable, Lumbreras crea un señor entrañable y muy reconocible dentro de un arquetipo que todos nos hemos encontrado alguna vez en nuestra vida real. Encontré el trabajo de nuestro actor cargado de empaque teatral y un personalísimo sentido del humor de indudables resultados.



Alfredo Sanzol dirige el espectáculo, siendo un acierto en su totalidad. Partimos de la premisa netamente isabelina del escenario desnudo y poco mas. A partir de ahí la magia surge, y no sólo por las artimañas nigromantes de La Reina Esmeralda, sino por lo que Sanzol consigue mediante el inteligente uso del espacio escénico, consistente en dos telones y unas estupendas luces de Pedro Yagüe. Gracias al trabajo de los actores y a las acciones escénicas vemos la isla, vemos las plantas, y hasta el sendero por el que caminan hacia la cima del volcán, porque amiguitos, realmente el resultado es tan absorbente que a poco que pongamos cómo espectadores, a los cinco minutos de empezar la función, ya estamos dentro de ella.
Sanzol sirve un espectáculo ágil, bien movido, y de ascendente comicidad en la que todo se encuentra perfectamente medido, facílismo de ver, y facílisimo de asimilar, donde lo que Sanzol quiere contar queda mgnificamente expuesto, y lo que es mas importante en ésta función, cómo nos lo quiere contar.
El tratamiento del texto en lineas generales es ejemplar, tanto en el ritmo como en las intenciones, que se ven perfectamente apoyadas con lo que transcurre en escena. Sanzol ofrece un espectáculo de calidad, divertido y de mas que justificado éxito.
En resumen, "La ternura" es una comedia disfrutable y disfrutona, en la que sus actores se lo pasan pipa, el público ríe a carcajadas, y con una sensibilidad muy marcada en su planteamiento. Y lo que es mas importante, en la que todos en mayor o menor medida nos podemos ver identificados en algún momento.





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jueves, 7 de abril de 2016

No Tengas Miedo, Mis Terrores Favoritos

El teatro de terror no se prodiga casi nada en nuestras carteleras, reconozco que me llama mucho la atención y he visto algún que otro ejemplo mas que digno del mismo, recuerdo especialmente una estupenda producción de La Mujer De Negro con Emilio Gutiérrez Caba en el Infanta Isabel, casualmente el mismo teatro donde se está llevando a cabo la obra que esta crítica ocupa.
El género terrorífico en el teatro es muy antiguo, pero sin duda su esplendor estuvo en el final del S XIX y el principio del XX, donde los grandes monstruos victorianos y románticos campaban a sus anchas aterrorizando a las plateas de medio mundo, siendo Drácula posiblemente la obra mas representada de este género. Pero si hay un fenómeno especialmente interesante y peculiar en cuanto al horror escénico es el género que surgió en París en 1897 y que ha pasado a la historia por su truculencia y capacidad de aterrorizar al público parisino durante casi 70 años. Este género es el Grand Guignol, que aunque penséis que no tiene mucho que ver con esta crítica, si lo tiene y mucho.



El Théâtre  Du Grand Guignol era un establecimiento que se encontraba en una capilla desacralizada de la capital francesa, en la que se representaban unas irreverentes funciones caracterizada por lo macabro de sus asuntos, en algunos casos las vísceras campaban a sus anchas en el escenario y los efectos especiales eran un elemento escénico de gran importancia para conseguir el efecto final que era el de espantar y asombrar a sus espectadores. Parece ser que lo conseguían ya que el éxito del invento fue tal que todavía a día de hoy el término granguiñolesco se sigue utilizando para referirse a algunas películas o piezas teatrales de un tanto exagerado sentido del terror, y con unas características muy específicas en cuanto a su puesta en escena.
No voy a decir que No Tengas Miedo es un grand guignol, porque no lo es ya que los recursos terroríficos son diferentes a los que caracterizan al sangriento género francés, pero si que felizmente nos lo recuerda en algunas cosas, y si que podemos decir que bebe un poco de este género completamente desaparecido hoy en día, y que creo yo que podría dar algo de si dependiendo de la forma y el fondo.
Dar miedo en un teatro es muy difícil, de ahí lo poco que se prodiguen las obras de género en nuestras carteleras, se necesita un gran conocimiento del lenguaje teatral, lograr las atmósferas necesarias y que encima el espectador entre en la obra para que todo funcione. No Tengas Miedo funciona, vaya que si funciona y aunque reconozco que me llamaba mucho la atención esta producción, la sorpresa tan agradable que me he llevado ha sido mayúscula. Ojalá vuelva el terror a nuestros teatros, eso si con la calidad que el género se merece y la dignidad escénica que requiere.



No Tengas Miedo es un astuto texto escrito por Eduardo Aldán que nos sumerge en el mundo del terror de una efectiva forma, consiguiendo que el espectador sea partícipe continuo de lo que está viendo, para que de esta manera los recursos terroríficos funcionen. La obra es episódica y con el pretexto de una conferencia sobre el terror y los diferentes tipos de miedo se nos cuentan tres historia escalofriantes, muy sabrosas, si bien es cierto que uno de los tres capítulos es un poco mas flojo, los tres nos llevan hacia donde quiere Aldán que vayamos sin el menor problema. El texto tiene un maravilloso equilibrio entre lo cómico y lo pavoroso que hacen que la función sea redonda desde todo prisma, si a todo esto le añadimos un cierto regusto a Chicho Ibañez Serrador mas que conseguido, nos encontramos ante un espectáculo genial que remarca el talento de Aldán como creador de espectáculos y como dramaturgo, ya que la obra es un refrescante soplo de aíre fresco que resulta sorprendente y divertido a partes iguales.



Vayamos con el elenco:

Patricia Delgado es la protagonista de la primera historia que se nos cuenta. Delgado da vida a una canguro que se encuentra en una solitaria casa en las afueras de Valencia cuidando a un bebé, cuando de repente... si queréis saber mas al Infanta Isabel, que de mi pluma no va salir ni una coma. La interpretación de Patricia Delgado es mas que solvente, siendo un crescendo dramático mas que convincente y que consigue que el espectador se identifique con lo que le está pasando sin el mas mínimo problema. Llevar a cabo este tipo de historias tienen el riesgo de que el desmelene de la protagonista nos estropee la credibilidad de lo que nos están contando. En este caso nos creemos a esta chica un tanto choni, planteada en código naturalista, con gran sentido del ritmo y del texto.

Ricardo Mata, da vida en la segunda historia a un representante de imaginería religiosa, que pasa una noche "peculiar" en una pensión del Madrid de la Posguerra. Mata creo que de la terna de actores de los diferentes sketches es el que mas me ha gustado, aunque su relato es el mas flojo debido a que la resolución final no acaba de estar redondeada (supongo que a medida que vayan pasando funciones se solucione) y a que el texto es menos trepidante que el de las otras dos historias. Mata está perfecto y sin grandes aspavientos da vida a este señor un tanto gris que se ve envuelto en un embolado que no quisiera yo para mi. Con un uso estupendo de la voz y una gran presencia escénica marcó el tono perfecto de un personaje difícil que maneja de forma muy atinada.

Raul Escudero, en la tercera historia, da vida a un guardia de seguridad nocturno que le toca vigilar una colección de objetos la mar de curiosa, con desenlace terrorífico como no podía ser de otra manera. Escudero empezó un poco frío pero se fue entonando para rematar a la perfección su trabajo. De las tres historias creo que esta es la que mas me gustó, y Escudero muy astutamente consigue que la tensión suba poquito a poquito, para que nos vayamos poniendo nerviosillos según avanza su historieta. No son nada fáciles estas interpretaciones en las que en veinte minutos nos tenemos que identificar con el personaje llevado a cabo, y Escudero como sus compañeros lo hace sin problemas.

José Lifante es el maestro de ceremonias de este festival de lo macabro. Espectacular sin lugar a dudas. La elección de un actor como Lifante es uno de los mayores aciertos de la producción, no me imagino a un actor mas idóneo para llevar a cabo este personaje que mezcla con tanta sabiduría lo cómico con lo terrorífico como el lo hace, su voz, su físico, el prodigioso uso de las manos que hace, y la química tan maravillosa que tiene con el público, hace que literalmente nos quedemos embelesados ante su trabajo. Ver a Lifante, que tan poco se prodiga en nuestros escenarios ultimamente, es una delicia que me ha dejado con la gana de volver a verle. En el mas claro código de los grandes del terror inglés, destilando fina ironía y humor negro, Lifante sirvió una noche antológica que ya se ha quedado en mi corazoncito para siempre. Lifante es con gran justicia la estrella de la función, se lo merece y así debe ser reconocdo. Un diez para Pepe Lifante, que demuestra una vez mas, que es uno de los grandes de nuestra escena, y que disfruta como un niño cuando está sobre el escenario.



Vayamos ahora con la propuesta escénica.
Eduardo Aldán firma la producción, y he decir que es todo un prodigio. Con un control absoluto del lenguaje teatral, Aldán convierte el patio de butacas del Infanta Isabel en una vertiginosa linterna mágica, en la que mezclando con gran habilidad la proyecciones, los efectos especiales y un soberbio ritmo, nos sumerge al respetable en un espectáculo total que no nos deja indiferentes. El público arte y parte de la función disfruta de lo lindo, entre divertido y ligeramente inquieto, esperando cual va a ser la próxima sorpresa que nos vamos a encontrar. Estamos ante un delicioso tren de la bruja conducido con mano maestra por parte de José Lifante y en el que nos dejamos llevar por el derroche de imaginación y sabiduría teatral que nos encontramos. El espectáculo cargado de magia entroca como mas arriba comento con el Grand Guignol sin abusar de los excesos que acabaron por defenestrar dicho género, y que resulta sumamente refrescante ante la dinámica y novedosa propuesta que se nos ofrece. Otra cosa a tener en cuenta son los guiños nostálgicos al aficionado del género que van sazonando la función de principio a fin, Pesadilla En Elm Street, La Semilla Del Diablo y muchos mas clásicos del género tienen presencia en forma de homenaje sutil y rotundo, así como una pizquita de nostalgia muy bien incorporada en el espectáculo, que redondean No Tengas Miedo hasta un sorprendente y mas que gratificante nivel. Salí en una nube y con la sensación de que conseguir que la magia del teatro fluya no es fácil, pero que cuando ocurre es una auténtica gozada. Sin ninguna duda Eduardo Aldán es una figura muy a tener en cuenta en nuestro panorama teatral, y que tiene muchas cosas que contar. Esta función apesta a éxito por los cuatro costados ¿que os apostáis? El tiempo lo dirá.




En resumen, nos encontramos ante una propuesta imprescindible, divertidísima y mas que recomendable, que estoy seguro que no va a defraudar a nadie. No Tengas Miedo es teatro del bueno, no tengo la mas mínima duda, y algo realmente poco habitual en nuestros escenarios. Mas que bien ejecutado, bien interpretado y lo que es mas importante, sorprendente, divertido y novedoso. Os lo recomiendo encarecidamente, yo creo que voy a repetir, ya que la experiencia ha sido de lo mas estimulante.



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lunes, 17 de febrero de 2014

El Cojo De Inishmaan, Como La Vida Misma

Martin McDonagh es un autor interesantísimo, que en España se conoce poco. Hace muchos años vi una soberbia obra suya titulada La Reina De La Belleza De Leenane, con unas Vicky Peña y Montserrat Carulla en estado de gracia. Aquella producción me marcó profundamente, y me quedé con el nombre de su autor, que nunca mas volví a ver por nuestras carteleras. Cuando hace unos meses se estrenó en el Teatro Español El Cojo De Inishmaan, me fue imposible acudir, entre otras cosas porque este teatro programa las obras tan poco tiempo que cuando uno quiere sacarse las entradas o ya no está en cartel el espectáculo o no hay localidades. Afortunadamente la han repuesto en el Infanta Isabel, y estaba dentro de mis prioridades para esta temporada. El sábado nos animamos, yo con la seguridad de que íbamos a ver una obra de calado, realmente en el teaser parece que se trata de un dramón tremebundo, pero la realidad es que si ,pero no. Me explico, el texto es tan soberbio que tratando un tema durísimo, es capaz de hacer reír al espectador, gracias a la cotidianidad de lo que se expone, la grandeza de sus personajes, y la inmensa verdad que hay en todo lo que en esta obra se cuenta. El texto es mayúsculo, y las interpretaciones están todas a la altura de esta difícil obra. Sin duda un propuesta de calidad, arriesgada y muy bien perpetrada.


La obra transcurre en las Islas De Aran, una de las zonas mas dejadas de la mano de dios, de la paupérrima Irlanda de los Años 30, en este microcosmos se entremezclan una serie de personajes deliciosos, fiel reflejo de la sociedad irlandesa de la época, con sus luces y sus sombras. Toda la trama gira en torno a Billy El Cojo un soñador tullido, que es objeto de las burlas de todo el pueblo, y que es el único que realmente intenta hacer algo por salir del gris que le envuelve a pesar de sus carencias físicas. La obra es un retrato naturalista, negrísimo, tristísimo y cómico a la vez que no deja indiferente a nadie, por varios motivos, el primero la brutalidad de la sociedad de la época con los disminuidos físicos, el segundo el humor tan negro que destila todo el espectáculo con un deje profundamente amargo que nos hiela la sonrisa cada dos por tres, y el tercero la descarnada realidad de todo lo que acontece ante los ojos del espectador. Sin duda estamos ante un texto mayúsculo de muy difícil ejecución y con ecos de Que Verde Era Mi Valle y El Hombre Tranquilo, donde se mezcla por una parte el drama social y por otra el costumbrismo irlandés en su vertiente mas pura.


El reparto es absolutamente impresionante, no hay un pero, todos y cada uno de los componentes del espectáculo están soberbios, como el elenco es muy extenso iré a los principales personajes. 
Adam Jezierski como Bartley, crea un pre-adolescente asombroso, que enamora desde que sale a escena, con una ingenuidad deliciosa, y una punto exasperante que hacen al personaje completamente inolvidable, apoyado de forma impecable en el uso de la voz y el cuerpo. Irene Escolar soberbia como Helen, chica de mucho carácter, muy respondona pero que a pesar de su dureza consigue hacerse con el cariño del público. Escolar es una de las actrices mas prometedoras del panorama actual, sin duda va camino de ser una grande de la escena, de casta le viene al galgo, ya sabemos que es nieta de Irene Gutiérrez Caba, y los genes están mas que presentes, ya en Agosto me dejó pasmado, pero aquí está superior, se mueve en escena como pez en el agua, con una naturalidad impresionante y muchísima presencia. Alberto Castrillo-Ferrer, da vida a Johnny Pateenmike, un personaje dificilísimo, es el correveidile del pueblo que siempre cuanta los chismes sin el menor empacho y un punto de crueldad a cambio de sacarse unos huevos o una pierna de cordero, que le den el sustento para la cena. Este personaje de gran verborrea habla por los codos, llegando a ser un poquito cargante, algo totalmente conseguido por parte de Castrillo sin ningún problema. La escena con su madre borracha interpretada magistralmente por Teresa Lozano, tiene unas cotas de comicidad negrísima superlativa.


Marisa Paredes y Terele Pávez crean a Kate y Eileen respectivamente, dos hermanas que se apoyan la una en la otra de una forma absolutamente magistral, estas dos hermanas parecen ser las dos un mismo personaje, siendo la interpretación de Paredes la mas etérea y la de Pávez la mas terrenal, son dos mujeres muy distintas que juntas crean un carácter único con sus luces y sus sombras, el pragmatismo de Pávez funciona a la perfección ante una Paredes que cuando pierde la cabeza se dedica a literalmente hablar con las piedras. Dos auténticas lecciones de interpretación que calan hondo por su profunda humanidad y la verdad que envuelve todo lo que dicen y hacen en escena. Sin duda gran elección en cuanto a estas dos actrices de primerísimo nivel, que cumplen mas que bien con su trabajo. Un trabajo muy honesto, muy de verdad y muy bien armado, con una solidez difícil de ver hoy en día sobre un escenario.
Para finalizar  Ferran Vilajosana cono Billy El Cojo, Vilajosana crea un vitalista Billy, con una estupenda composición corporal, muy tierno y muy creíble, en un momento dado su interpretación me chirrió un poco, y luego entendí el porqué. La obra engaña un poquito al espectador y esa sobreactuación está justificada al final del espectáculo, es una ilusión magistralmente creada y dirigida. Se hace querer desde que sale a escena, su sensibilidad como actor consigue que nos enamoremos de su personaje desde el minuto uno, dotando a su papel de muchos matices que lo hacen absolutamente delicioso. Sin duda su trabajo es muy lucido, y el personaje es un bombón que el aprovecha al máximo.
El resto del reparto cumple sin problemas, fortaleciendo un elenco tan redondo


La dirección escénica de Gerardo Vera es estupenda, muy sensible e intimista, crea situaciones  con gran altura dramática, el equilibrio entre drama y comedia está muy bien medido y precisamente ese equilibrio es el que le da grandeza a la función. La comicidad está en el texto, pero hay que saber sacarle el jugo y Vera lo hace sin problema. Quizás en algún momento los tiempos son un poco lentos, intuyo yo que es premeditado, para mantener el equilibrio tan importante en esta función. Que haya momentos mas pausados no quiere decir que la obra sea premiosa ni mucho menos, simplemente va dando respiros al espectador, que se ve absorbido por la trama a los pocos minutos de empezar el espectáculo.


La función tiene una estética feísta y evocadora, con algunos dejes poéticos, luces muy oscuras que resaltan todavía mas la pobreza que envuelve a estos personajes. Mención aparte merecen los estupendos figurines de Alejandro Andújar que aportan gran realismo a los personajes. Andújar es también el encargado de la escenografía, que tristemente luce poco en un escenario tan pequeño como el del Infanta Isabel, a pesar de ello, este cinematográfico montaje, tiene momentos de gran belleza plástica y mucho empaque visual, algo que es muy de agradecer.


En resumen, se trata de una sólida propuesta teatral, con un soberbio texto que sorprende por su ambivalencia  entre dureza y ternura y una magnífico elenco actoral, que no debe pasar desapercibido para ningún aficionado al teatro. Merece la pena y mucho. El teatro es mas grande que la vida y la historia de El Cojo De Inishmaan es un claro ejemplo de ello

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