domingo, 31 de enero de 2021

Luisa Fernanda, Fallido Intento De Modernizar El Clásico.


Ayer se estrenó Luisa Fernanda en el Teatro de La Zarzuela, y la verdad es que ardía en deseos de verla, ya que es uno de mis títulos favoritos del repertorio, y una obra que siempre apetece ver. Hacía mucho que no se representaba en Jovellanos 14, y el extraordinario elenco que se presentaba, hacían más interesante la velada si cabe. Poner en pie los grandes títulos , es un arma de doble filo, son muy conocidos, y acertar con la propuesta es muy difícil para contentar a unos y a otros. Puristas saldrán indignados si la función no es de las "de toda la vida", y los menos ortodoxos, dirán que lo de siempre no les interesa. Es decir, se haga lo que se haga no va a gustar. Pero, cuando no se contenta ni a los unos ni a los otros, el fiasco todavía es doble. Ayer fue una velada extraña en La Zarzuela, y una de esas noches en las que uno sin ser purista salió del teatro pensando que si no se mejora el original, mejor dejarlo como está, que al menos no habrá sorpresas. 

Noche decepcionante la de ayer, carente de toda emoción en lo teatral, y con sus más y sus menos en lo musical, y que además se vio todavía más empañada ante la enfermedad de Juan Jesús Rodríguez, que dado su estado de salud ayer no debió cantar, siendo incomprensible para un servidor que no se recurriera a Javier Franco, o a Antonio Torres, ambos en el elenco del espectáculo para llevar a cabo el papel de Vidal Hernando.

En el teatro unas veces se gana y otras veces se pierde, ayer perdimos todos, ya que se perdió una estupenda ocasión de poner en pie una Luisa para el recuerdo, y que por desgracia pasará sin pena ni gloria.


 

Hablemos de versiones... podría hablar de lo innecesario de masacrar un libreto como el de Luisa Fernanda, que ayer se vio podado hasta lo inclemente, y que precisamente en este caso se ve innecesario, dado lo acertado del material original.  Visto lo visto, estamos en una tesitura en la que si hay que elegir entre el libreto cortado, o las versiones sin sentido alguno, casi me que quedo con lo primero, al menos el "aroma" de Luisa Fernanda se percibe, pero eso no quiere decir que esté de acuerdo con los cortes sin ton ni son, y en los que el texto no es más que unas cuantas frases introductorias para los cantables, convirtiéndose la zarzuela en una suerte de concierto escenificado, que esquematiza los personajes hasta el absurdo. Dentro de la escabechina podadora, el espectador neófito se queda sin saber que fue de la Duquesa Carolina ya que al parecer se la traga la tierra después de la escena de la revolución, o que no tengamos noticia de por que Javier después de triunfar su bando en el final del segundo acto, aparece en Extremadura completamente caído en desgracia al principio del tercero. Pero más allá de esto, lo más triste, es que precisamente aquello que hace que Luisa Fernanda sea una obra tan querida, más allá obviamente de su excelente partitura, está completamente obviado en la versión. Aquello que tan bien reflejó, que fue un Madrid convulso, con unas clases sociales muy definidas, y en la que el pueblo llano y las gentes sencillas salen tan bien parados, se ha convertido una vez más, como ya ocurrió en "Cecilia Valdés" en una suerte de culebrón amoroso sin nada más detrás. No es una cuestión de cambiar de época, ya que la historia se podría extrapolar a otro momento histórico parecido en el que los conflictos pueden ser los mismos sin problema. La cuestión es la simplificación de la trama hasta convertirla en una obra si la más mínima chicha teatral, donde tan solo se vislumbra en algunos momentos la carga emocional y social que hay detrás de la historia, que aquí se ve completamente desdibujada.



 

"Luisa Fernanda", denominada como Comedia Lírica en Tres Actos, tuvo como autores del libro a Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, corriendo la partitura a cargo de Federico Moreno Torroba.
La obra se estrenó el 26 de marzo de 1932 en el Teatro Calderón de Madrid, siendo su éxito clamoroso, llegando intacta su fama hasta la actualidad, ya que se considera la obra más representada de nuestro repertorio lírico, y una de las favoritas del público. Sin duda Luisa Fernanda es un puntal del repertorio, y aun siendo casi coetánea con la anteriormente comentada "La del manojo de rosas", tan solo dos años separan sus estrenos, no nos podemos encontrar con dos títulos más diferentes en su concepción y más iguales en su fama.
"La Luisa" como se la conoce en la profesión, es hija de su época, como siempre ocurre en nuestra zarzuela, y en la que una situación política histórica, sirvió para explicar los paralelismos con el final del reinado de Isabel II y el final del reinado de Alfonso XIII. En 1932 la Segunda República estaba recientita, ya que se había proclamado un año antes, por tanto el argumento caló profundamente en la sociedad de la época, que aplaudió a rabiar los desgraciados amores de Luisa Fernanda y Javier, mientras la malvada Duquesa Carolina se veía obligada a poner pies en polvorosa tras el triunfo de "La Gloriosa".
Vidal Hernando, el tercero en conflicto, me atrevo a afirmar que sea el rol baritonal más querido por el respetable, en el que los valores de la nobleza, lealtad y amor incondicional, hacen que sea un personaje profundamente entrañable, y que el público adora desde que sale a escena.
Luisa Fernanda, enamorada de un coronel del ejército un tanto tarambana, deja al amor de su vida por Vidal Hernando, un rico hacendado al que quiere con amor fraternal, pero del que no está enamorada. Consciente de que el veleta de Javier, entretenido en cortejar a la duquesa no es el mejor partido para ella, se plantea una vida cómoda y alejada de "sustos y sobresaltos" al lado de Vidal. Tras la revuelta Isabelina, Javier caído en desgracia vuelve para despedirse de su amada, pero Vidal al ver el amor en los ojos de Luisa, los deja partir juntos buscando una nueva vida, en la que triunfa el amor, quedando el extremeño completamente destrozado por ello.
Curiosamente "La Luisa" no acaba bien, ya que siempre preferimos que la protagonista de la zarzuela se quede con Vidal, sin duda mucho más merecedor de su cariño que Javier... pero amigos, en ese final agridulce se encuentra precisamente una de las virtudes de la obra.
El libreto bien tramado, peca un tanto de ripioso, pero se ve con interés, y en él se mezcla lo épico con lo íntimo de forma muy equilibrada, y muy entretenida. Nos encontramos ante un melodrama histórico en el que los buenos son las gentes del pueblo, auténticos héroes de la función, algo que creo que también influyó en su éxito arrollador.
Si "El Manojo" era la modernidad, "La Luisa" era el clasicismo. Torroba tuvo su primer gran éxito con esta obra, en la que supo fundir los aires de la opereta con el folclorismo de manera muy inteligente, y en la que prima la elegancia en sus melodías, así como unos números de indudable interés escénico, que apoyan a la perfección la acción dramática. Casi toda la obra es un festival de "hits" con números profundamente incrustados en la memoria colectiva. La famosa Habanera de El Saboyano, que incluso tuvo versión pop en los años 70, la Mazurca de Las Sombrillas, y el famoso "Morena Clara" de Vidal son quizás los tres números más reconocibles de la obra, pero que no dejan atrás al resto de la partitura, de altos vuelos líricos, y de una belleza inconmensurable. Tal fue el calado de la función, que una frase de la obra pasó a formar parte de la calle, "Cuanto tiempo sin verte... Luisa Fernanda" que todavía se utiliza en los ámbitos líricos cuando alguien se encuentra con una vieja amistad, y seguramente los más viejos del lugar la siguen utilizando.
"Luisa Fernanda" es una de mis obras favoritas, por su elegancia musical, su cuidado libreto, y la sensibilidad con la que Torroba plasmó los inolvidables personajes que pululan por escena en una lejana España de 1868, y que en 1932 estaban de rabiosísima actualidad.
Hay que decir que aunque se trataba de una obra de fuertes aspiraciones republicanas, y un claro mensaje político, curiosamente pasó la criba de la censura franquista, dicen que por su alto valor artístico, y porque "en El Pardo gustaba mucho". No tengo yo muy claro que esto fuera así, y que más bien se tratara de un caso más de miopía galopante de los censores, felicísimo en este caso, y que no permitió que tan importante título cayera en el olvido.



Vayamos con el elenco:
Irregulares los partiquinos, especialmente una perdida Nuria Garcia-Arrés como Rosita, que no cuadró con la orquesta en el inicio de obra ni a la de tres, y un insuficiente Saboyano de Francisco García Pardo, con problemas serios en la zona aguda, que no logró llevar a buen puerto la famosa Habanera, de tanto raigambre tiene entre el aficionado.

Entre los papeles hablados, la escabechina por culpa de los cortes, fue importante, salvándose relativamente de la quema Mariana, Luis Nogales y Aníbal, los tres realizados con solvencia, especialmente en el caso de Antonio Torres como Nogales, de gran presencia y templadísimo en su famosa arenga. María José Suárez, ya asentada como característica en el teatro, ofreció la dosis justa de comicidad en un personaje mal enfocado desde la dirección, y que nuestra actriz defiende con uñas y dientes. Algo parecido le ocurre a Didier Otaola, en una Aníbal que no sabemos muy bien que pinta en toda la historia, pero que gracias al gracejo de nuestro actor no pasa desapercibido, desaciertos de dirección aparte.

Rocío Ignacio, soprano, como Carolina.
Ignacio fue de más a menos, y si bien es cierto sirvió un espléndido dúo con Jorge de León cargado de lirismo, en el que primó el buen gusto, el uso de los filados y el empaste de las voces, a medida que fue avanzando la función la cosa cambió, y en la Mazurca se empezaron a notar los problemas, en una voz que aunque suena poderosa, empieza a acusar desgaste, y que no se vislumbra todo lo sana que sería deseable. Brilla más en la zona aguda que en la central, donde aparece el aire, y no de expresión precisamente, así como un color notoriamente diferente que afea el sonido.
Imposible en lo actoral, solo se queda en la pintura exterior de la duquesa, que me hizo recordar al "ala aleve de el leve abanico" de la princesa del poema, pareciendo que su trabajo se limita a lucir los suntuosos modelos que le han tocado en suerte.

Jorge de León, tenor, como Javier Moreno.
De León, importante cantante sin ninguna duda, estuvo un tanto irregular empezando la noche francamente destemplado, y sirviendo una función en la que la frialdad fue la tónica, aunque es de justicia decir que el agudo es poderosísimo y el instrumento de gran belleza y volumen. Ciertos problemas de colocación ya comentados en anteriores crónicas se mantienen y se han visto agudizados en esta Luisa Fernanda de indudable complicación para el tenor, ya que como si de nuestra Traviata particular se tratara, parece precisar de tres cantantes diferentes según el acto que se esté representando. Jorge de León abusa de la nasalidad, y parece solo brillar en los momentos más heroicos del espectáculo faltándome refinamiento en el resto de la partitura.
Actoralmente correcto en lo exterior, aporta un Javier con aires de galán clásico, así como cierto toque chulesco que definen muy bien al personaje. Lástima la poca implicación emocional desde el primer número, emborrone su trabajo desde la primera escena.

Juan Jesús Rodríguez, barítono, como Vidal Hernando.
Resulta casi imposible valorar el trabajo de Rodríguez ya que una tremenda faringitis mermó significativamente sus facultades. Nuestro barítono no debió hacer la función de ayer, no estaba en condiciones de hacerla, varios final de número fueron cantados en octava baja, y el riesgo de hacerse daño, si es que no se lo hizo, sin duda estaba ahí. Valoro el esfuerzo y la profesionalidad, pero alguien debería haber dicho que otro barítono debería estrenar. No entiendo por qué no se cambió al titular dejándolo descansar, para una vez recuperado, poder dar el cien por cien en el resto de las funciones.


Yolanda Auyanet, soprano, como Luisa Fernanda.
La protagonista de la obra, es un papel ingrato, no tiene romanza, lo que canta es difícil y desagradecido, y encima habla mucho, siendo siempre el que se lleva la función Vidal Hernando. Para que Luisa Fernanda brille como debe hacerlo, debe ser lo primero buena actriz, lo segundo aportar la sensibilidad que el papel requiere, y lo tercero saber estar siempre en su lugar dentro de cada situación escénica. Todo esto que planteo, nuestra soprano lo aprovecha al máximo, siendo el resultado francamente satisfactorio. La voz de gran belleza, cristalino timbre, y gran proyección, resulta adecuadísima para el personaje siendo como resultado de ello que Auyanet se hiciera con la mejor interpretación de la noche a todos los niveles. Resultó esplendida en el dúo con Vidal, así como en el dúo final con Jorge de León, ofreciendo calidez al personaje y mucha delicadeza en lo musical. Actoralmente también correcta, teniendo en cuenta que el papel también ha sido sensiblemente recortado en los parlamentos, aprovecha al máximo la única escena de verdadero lucimiento que le han dejado, que es su famoso monólogo del segundo acto, bien matizado y muy templado.



Coro titular con Antonio Fauró a la cabeza, notablemente mermado por motivos pandémicos, dio lo mejor de si mismo, en un trabajo notablemente matizado, exquisitos en la Mazurca, afinadísimos en todo momento, y espléndidos a todas luces en el Cerandero, bien empastado e igualmente de matizado que durante el resto de la función. Muy desaprovechados en lo escénico ya que solo los han limitado a salir a escena, cantar, y poco más, algo de lo que indudablemente no tienen culpa.

La Orquesta de la Comunidad de Madrid con Karel Mark Chichon al frente estuvo a la altura de las circunstancias dada la merma de integrantes que nos encontramos. Chichon supo destilar la elegancia de la partitura de Torroba hasta sus últimas consecuencias en los momentos requeridos, así como el sabor teatral necesario en algunos pasajes, si bien es cierto que la función fue de menos a más según iba avanzando el espectáculo, y que los números más chispeantes resultaron un tanto apagados. Correcto en dinámicas y volúmenes, la lectura del director de orquesta inglés resultó eficiente y aseada en la mayoría de las ocasiones, con pulso y cuidando a los cantantes.



Vayamos con la propuesta escénica.
Davide Livermore firma el espectáculo, y patina notablemente en varios aspectos. El más notorio de todos ellos es la falta de cohesión entre la propuesta estética y la parte actoral, que se dan de tortas en el escenario, pareciendo que estamos viendo dos espectáculos diferentes, que no comulgan en ningún momento. La faraónica escenografía de Giò Forma, de indudable belleza, se me antoja absolutamente gratuita e innecesaria, ya que no aporta nada, más allá de cierto empaque visual que al principio gusta y al rato cansa. Resulta absurdo todo el primer acto en el que nada se entiende, y donde los personajes de Luisa Fernanda ponen en pie la función en el patio de butacas del Cine Doré, sin aparente sentido. La idea de ir entrando en la película que se está proyectando a medida que avanzan los actos podría comprarla, siempre y cuando estuviera bien desarrollada, algo que a todas luces aquí no ocurre, pareciendo ir a trompicones, sin una línea coherente, en un espectáculo que parece que no va más allá de un refinamiento estético muy rebuscado, pero absolutamente vacío de contenido. Livermore no es capaz de dotar a la obra de pulso dramático alguno siendo el resultado acartonado y carente de toda emoción, dándome la sensación que dentro de la propuesta es más importante que la Duquesa Carolina luzca bien sus modelos, que los objetivos y conflictos de los personajes.
Lo más llamativo del espectáculo es que si quitamos el giratorio central, nos encontramos con una Luisa de las "de toda la vida", en la que todos los tópicos actorales y escénicos se encuentran, pero que encima están mal explicados por culpa del entorno en el que se desarrollan. Para la posteridad, un tercer acto más acorde con "La Rosa del Azafrán" que con Luisa Fernanda, ya que si se ha buscado cierta ortodoxia en lo visual, lo que marca la hacienda de Vidal Hernando son las encinas, no esas espigas manchegas, tan mal integradas en la escenografía. Si empezamos rompiendo todo lo establecido con un espacio escénico discutible, pero que puede funcionar y no lo hace, y la función va avanzando hacia el clasicismo más puro, pero tampoco consigue lograr que esa apuesta funcione, nos encontramos ante una apuesta fallida a todas luces que naufraga notoriamente a medida que se van desarrollando las escenas.
No entendí que pinta Groucho Marx en todo esto, no entendí que el Saboyano cante la Habanera en medio del patio de butacas del cine Doré, si al menos saliera cargado de bombón helado y cacahuetes al menos se justificaría, y no entendí lo gratuito de algunos momentos en lo que parece no haber absolutamente nada detrás más que el hecho de tener una escenografía hecha, que debe ser metida a capón dentro de la función.
Resulta igual de inapropiado el vestuario de Mariana Fracasso, con personajes vestidos como si se fueran a un cóctel en pleno bombardeo, y unas bailarinas que en el cuadro extremeño lucen como hippies setenteras transitando por Cecilia Valdés, todo ello muy suntuoso, es cierto. La sensación general es como si alguien se presentase en una excursión de montaña vestido de etiqueta, algo además de surrealista nada práctico.
Mención especial a las coreografías de Nuria Castejón, que intenta salvar con elegancia visual y gran belleza, lo que Livermore pretende, y que en algunos momentos, recuerda a las producciones de cierto empresario televisivo y teatral tan denostado en los ámbitos líricos, y que al tenor de lo visto el viernes, ahora parece tornarse en un auténtico visionario.



En resumen, una propuesta que no acaba de encontrar su sitio, ya que ni rompe con todo, ni tira por lo clásico, quedándose a medio gas de principio a fin, y que no consigue conmover al espectador en ningún momento, siendo el resultado lo más parecido a un elefante que camina a trompicones, con estrépito a ratos, y pasando de puntillas por todo, durante la mayor parte del tiempo.








6 comentarios:

  1. Excelente crítica donde desgrana todas las diferentes secciones de la obra. Estoy de acuerdo que ahora lo que prima, igual pasa con la ópera,es la dirección escénica y los,a veces, cambios de época sin venir a cuento.Se ven verdaderas aberraciones por parte de los que ponen en escena obras en las que lo que cantan y lo que hacen van por caminos diferentes creando un caos que no se entiende y lo convierten en algo anacrónico y sin sentido, lo que me extraña es que por parte de los cantantes, en muchas ocasiones, se presten a hacer esas barbaridades, será por qué hay que comer. Gracias por esta crítica que sigo siempre por lo coherente y sincero.

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  2. Hay que acabar con los asentamientos teatrales, máxime cuando tienen sueldo público del mismo teatro. En cuanto al barítono él también puede alegar su enfermedad, seguro que Javier Franco estaba por allí.

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  3. Duele mucho que se pierdan estas oportunidades de hacer un buen trabajo,cuando se cuenta con excelente elenco, magníficos directores musical y coreográfico, gran coro y un teatro a pedir de boca. Hombre...para qué venga un director escénico y se los cargue a todos? Por favor!

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  4. No puedo opinar sobre esta presetacion ,pero si vi hace3 años El gato montes,,soy directora de la zarzuela de MAR DEL PLATA -ARGENTINA Y LAMENTABLEMENTE YA NO QUEDA MUCHO PUBLICO PARA LA ZARZUELA A pesar que hacemos todo con mucha seriedad teniendo muy buenas voces - vestuario - t puesta en escena- hace mas de 40 anos que estoy con este hermoso genero tan querido MARTA ALBORNOZ -ABRAZOS

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    1. Estimada Marta, me congratulo de que en Argentina respeten nuestro tesoro lírico más valioso. Le diré que en España sí que queda público para asistir a representaciones de zarzuela pero los responsables de llevarla al prestigioso escenario del Teatro de la Zarzuela parecen empeñados en destrozarla.

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  5. Gracias Jony por tu crónica. Magnífica, como siempre

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