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sábado, 27 de julio de 2019

El Bateo, La Juventud Al Poder.

Cuando un servidor se encontraba sobre las tablas y no frente a ellas, el verano en Madrid era sinónimo de zarzuela. Mi primera temporada de zarzuela, comenzó a finales de mayo y finalizó a primeros de septiembre. Con la posterior crisis económica, y la debacle de la zarzuela, se perdió esa costumbre, y no solo eso, sino que con honrosas excepciones, a nivel privado practicamente ha desaparecido de la cartelera madrileña. Hoy a cinco días seguidos en un teatro se le llama temporada, esa es la triste realidad de nuestro género lírico fuera del Teatro de la Zarzuela, que no deja de ser una ilusión sobre la salud del género, que si bien es cierto que genera debate y tiene relevancia,  no pasa de ahí. Lo que ocurre en la Calle Jovellanos, se queda en la Calle Jovellanos. 
Este verano hay zarzuela en Madrid, al menos dos teatros la van a hacer, y el Reina Victoria, ha apostado por una temporada de más de un mes, convirtiendo dicho teatro en una corrala madrileña, y centrándose en el género chico, que para los calores del verano que este año nos están apretando a base de bien, es el género más indicado, por ligero, fresquito, y entretenido.
En estos tiempos abordar nuestro género lírico desde el ámbito privado me parece una hazaña, así que reconozco mi admiración por las pocas compañías que se atreven con él, es meritorio y una declaración de amor al género incontestable.
De toda la temporada que se va a llevar a cabo, el título que más me llamó la atención fue "El Bateo" ya que no se representa mucho, y me parece que tiene una música realmente deliciosa, así que apurando uno de los últimos fines de semana libres antes de mis vacaciones me acerqué al Reina Victoria dispuesto a pasar un buen rato zarzuelero, castizo y finústico que se diría en el sainete. 








"El bateo" estrenada en el Teatro de La Zarzuela en noviembre de 1901, fue denominada como "Sainete lirico en un acto". El libreto corrió a cargo de Antonio Domínguez y Antonio Paso, y la partitura fue compuesta por Federico Chueca.
"El bateo" puede considerarse uno de los últimos grandes éxitos de género chico, que por la fecha de su estreno ya estaba dando sus últimos coletazos, dado el agotamiento que la fórmula empezaba a acusar, y el cambio de gustos en el público.La obra de Chueca se puede considerar un exponente de manual del sainete lírico, de corta duración, costumbristas, de enfoque cómico, y en la que el tipismo madrileño es una de sus señas de identidad, y puntal de la obra. El argumento, muy simpático, es sencillo. Nos cuenta el accidentado bateo (bautizo) de un niño, en el que un ataque de cuernos mal gestionado casi lleva al desastre la celebración, acabando la cosa por poco en tiros y puñaladas. Ya sabemos que en nuestra zarzuela de sangre más bien poca, aunque coscorrones unos cuantos, y aquí, mucha bronca entre chulánganos, pero no llega la sangre al río, como es de prever. El libro, ligero, y bien tramado, si bien es leve, resulta muy divertido, y se encuentra acertadísimo en la composición de los personajes que pululaban por aquel Madrid casi finisecular, incluido un anarquista que bombas no pone, pero se gasta una verborrea que ni Cánovas del Castillo. Cargado de gracejo en los textos, ingeniosos y lapidarios, es un buen ejemplo del lenguaje de la época, y de impecable factura, siendo el resultado eficaz en lo cómico, y entretenido, que era lo que buscaban estas obras, sin más aspiraciones que hacer disfrutar al respetable.

La partitura de Chueca, de corte ecléctico, funde con mucho arte diferentes tipos de composición. Sevillanas, tango, gavota,polka, minué y el tan en boga "popurrí" en aquellos tiempos, se encuentran en la composición de Chueca de forma burbujeante y bien metidas en la trama, dotando a los cuadros de conjunto, la mayoría de la obra, de un acertado aire festivo, y en consonancia con la obra. Chueca una vez más hizo alarde de su maestría a la hora de componer música escénica, y dando al público exactamente lo que quería escuchar, es decir, melodías sencillas y pegadizas, para salir del teatro tarareándolas, y poder bailarlas después en la verbena de turno. La obra fue muy celebrada en su momento, y obtuvo una enorme popularidad, y la mayoría de los números todavía tienen gran presencia en la cultura popular. El Preludio de "El Bateo", sigue siendo una pieza clásica de concierto en nuestros tiempos, y su calidad musical resulta indudable, así como varios números de presencia habitual en antologías.
"El bateo" es una más que digna muestra de género chico, realizada con eficacia teatral y musical, que sigue haciendo las delicias del aficionado por su chispeante partitura, más recordada que el libreto, ya que como más arriba planteo se representa poco, y que, esto ya a título personal, forma parte de mi ramillete de obras favoritas de género chico.


Vayamos con el elenco: 
"El bateo" es una obra plagada de partiquinos, siendo estos realizados en el espectáculo por diferentes miembros del coro, que cumplen perfectamente su cometido. Es destacable el fotógrafo de Rajiv Cerezo, bien templado en lo musical y de apreciable volumen en el instrumento.



María José Garrido y Natalia Jara, llevan a cabo dos papeles hablados, Nieves y Valeriana respectivamente. Ambas se encuentran correctas dentro del código de la función, resultando de gran solvencia y solidez Jara como la caractéristica del sainete, con gran presencia y buen manejo del texto. Garrido más extremada que el resto del elenco, lleva a cabo una buena interpretación cuyo mayor lucimiento se encuentra en su primera escena. Funciona como contrapunto ante sus compañeros, y consigue cierto aire de histerismo que le va muy bien al personaje. Garrido con un planteamiento muy físico se entrega al máximo en su trabajo, y desprende grandes dosis de energía, algo que siempre es de agradecer.



Alejandro Rull y Diego Pizarro, como Pamplinas y Lolo respectivamente. También nos encontramos ante dos papeles hablados, ya que no se nos debe olvidar que "El bateo" es una obra netamente de actores-cantantes, más de que cantantes líricos en si. 

Los dos hombres en discordia del texto, se encuentran muy bien delimitados en su tipología y ambos actores cumplen a la perfección. Rull más estereotipado dentro del chulángano de toda la vida, impoluto de tono y desplante, resulta acertadísimo en sus intervenciones, de corte clásico y facilmente reconocible para el aficionado. Pizarro lleva a cabo un trabajo más enfocado hacia dentro, que me pareció muy acertado y en el que se vislumbran grandes dosis de verdad y sensibilidad, siendo el contrapunto perfecto a lo que Pamplinas es. 



Mariana Isaza, soprano, como Visita y Víctor Trueba,  tenor, como Virginio.

Isaza estupenda en lo vocal, sirvió un dúo muy bien cantado, de impecable gusto, y gran expresividad. El instrumento si bien es cierto no es muy grande, corre sin problemas y no tiene problemas a la hora de afrontar la partitura, atreviéndose con unos cuantos filados de muy buena factura y un muy bien servido agudo, quizás un poco más de carácter en la parte actoral no hubiese estado mal y habría apoyado a la perfección a la parte musical. Víctor Trueba acertadísimo en un código de tenor cómico puro, muy bien perfilado en lo actoral, con una composición matizada y cargada de detalles, que se vio perfectamente apoyada en la interpretación vocal, cargada de gracejo e igual de matizada que la parte actoral. La voz grande, y bien timbrada resulta adecuadísimo para Virginio, cursilito sin pasarse, es decir en su punto, y con gracejo a raudales.

Rafa Casette y José Luis Gago, como Antonio Machado y Wamba respectivamente.
Ambos acertadísimos, y muy contenidos, dando como resultado dos creaciones de gran credibilidad, en el que la naturalidad y el oficio fueron la tónica. Casette sobrio y con  gran control del texto dota de gran presencia a un personaje que podría resultar árido en sus textos, pero que en voz y cuerpo de nuestro actor se torna entrañable y cercano en grado sumo. Impecable en la caracterización así como en el manejo del acento sevillano, resulta muy adecuado para dar vida a uno de nuestros poetas más queridos y reconocidos. 
José luis Gago, siempre acertado como cómico, hilando muy fino con los chistes, carga de humanidad a uno de los personajes más bonitos escritos para una zarzuela, en el que los ideales revolucionarios se ve plasmados de una forma amable pero contundente, y lo mejor de todo, con un sentido del humor impecable. Nuestro actor alejado de cualquier afectación, deja de lado el término "zarzuelero" apostando por la verdad como arma rotunda y certera con la que defender el personaje, siendo el resultado de altura en lo interpretativo, y gran interés teatral. 



Coro titular, estupendo, bien afinado y matizado en sus intervenciones, y sobre todo mostrando un entusiasmo escénico realmente encomiable. Hay una cosa que me gustaría destacar de este espectáculo, la juventud de la mayoría de sus integrantes, tanto en foso como en escena, algo que insufla de una frescura considerable a la función, y que resulta muy gratificante, ya que se ve que la pasión por la zarzuela está entre la gente joven, que viene con ganas y apuesta por el género como expresión artística. 

La Orquesta Camerata Villa de Madrid, con Fran Fernández Benito a la batuta estuvo realmente acertadísima. Fernández Benito, jovencísimo también, cargó de gracejo los cantables de Chueca, y supo sacar una burbujeante lectura del material original, entendiendo muy bien la comunión foso-escenario, y apoyando la acción teatral a la perfección. Nos encontramos ante una orquesta de cámara que se ajusta perfectamente a las necesidades de un teatro como es el Reina Victoria, siendo el volumen más que suficiente para la sala y una obra de las características de "El Bateo".



Vayamos con la propuesta escénica.
José Luis Gago al frente del espectáculo, no se anda por las ramas, y aporta su conocimiento del género, para volcarse en un espectáculo bien pensado y muy bien hilado, en el que los códigos interpretativos de cada actor están perfectamente justificados y en consonancia con lo que se le supone al sainete. Sin cargar las tintas en los tipismos, excepto en algún personaje muy puntual, Gago apuesta por una propuesta naturalista, alejada de la estridencia, y de enorme eficacia a todos los niveles.
Se debe aclarar que se ha situado la acción a los primeros días de la Segunda República, con gran tino, y añadido el personaje de Antonio Machado, para que el espectador neófito entienda un poco mejor el contexto histórico y social de la época en la que se desarrolla la acción, resultando la versión acertada y muy respetuosa con la obra original, que se encuentra plenamente reflejada en el espectáculo.
Varias cosas son a tener en cuenta, la primera el enorme amor hacia el género que se plantea en la función, que deja un regusto muy entrañable en el espectador cuando sale del teatro, así como un afán, muy de agradecer por cierto, por quitarle cierta pátina de caspa a la zarzuela, que a veces en producciones a nivel privado dan al traste con el espectáculo, para en este caso plantear un trabajo actoral alejado del acartonamiento que hemos visto en otros trabajos de infausto recuerdo. Como apunte nostálgico que funciona muy bien, por cierto, está el hecho de que el dúo de Virginio y Visita se haga con vestuario de la época original en la que se estrenó el sainete, algo que me encantó, y en lo que los figurines de Mario Pera tuvieron mucho que ver, inspirados y de gran belleza.
José Luis Gago, opta por un versión ortodoxa de "El Bateo" convenientemente actualizada, y con los códigos del género bien plasmados, y muy reconocibles para el espectador. Ver este espectáculo nos hace entender a la perfección lo que es el género chico hasta sus últimas consecuencias. 



Nos encontramos ante una propuesta modesta, no os voy a engañar, pero realizada con conocimiento y entusiasmo y un plantel artístico jovencísimo, con muchas ganas, y sobre todo que en los tiempos que corren debe ser reconocida como una auténtica hazaña y declaración de principios hacia la zarzuela, así que ya sabéis... todos a la corrala del Reina Victoria que os lo pasaréis muy bien. 





viernes, 31 de marzo de 2017

Una Gata Sobre Un Tejado De Zinc Caliente, Tibio Tennessee Williams

La gata sobre el tejado de zinc caliente, me gusta mas esta traducción del título, es uno de esos textos que siempre me apetece ver. Adoro a Williams, autor de cabecera para mi, indiscutible genio del teatro, y creo que con un mas que notable interés a día de hoy. De Williams me arrebatan sus personajes siempre al borde del abismo, marginados sociales aunque se desenvuelvan en algunos casos dentro de la alta sociedad, ferozmente independientes y rebeldes hasta las últimas consecuencias. A eso hay que añadirle un poético sentido de la realidad, donde el lirismo mas delicado se junta con el mas brutal de los naturalismos en una increíble combinación que modestamente creo que nadie ha igualado. El teatro de Williams me parece de gran atractivo, con sus indudables aportaciones personales. Su hermana  vivió internada en su psiquiátrico toda la vida y seguro que tuvo mucho que ver en las neuróticas heroínas que plagan sus escritos, y la homosexualidad planteada de una forma provocadoramente abierta (para su época) de nuestro autor, son dos pilares fundamentales a la hora de entender a Williams y a la complicada psicología de sus personajes, casi siempre acorralados, engañándose a si mismos, y a menudo al borde de un ataque de nervios. A todo esto debemos añadir las conseguidas atmósferas que nuestro autor casi siempre plantea, en el que el calor y las tormentas tanto tienen que ver en la acción dramática.
Se acaba de estrenar en el Reina Victoria una nueva producción de La gata, y la verdad es que cuando me enteré me apresuré a sacar las entradas, quería verla bien cerquita y disfrutarla, la verdad es que me quedé mas bien frío, ya que esta gata de caliente tiene muy poquito como iré contando.



La gata sobre el tejado de zinc caliente, estrenada en 1955, es posiblemente el mejor texto de Williams. En el se nos cuenta la historia de una familia de hacendados sureños, cuyo patriarca se encuentra enfermo de cáncer, y en el que futuro de la plantación que poseen esta en el aire dada la complicada situación por la que está pasando el matrimonio del hijo favorito, donde el alcohol y la ausencia de descendencia, con la consabida falta de futuros sucesores que conlleva,  son los problemas que mas marcan la relación. La acción se desarrolla durante una calurosa jornada de verano, y todas las miserias familiares, viciadas hasta lo indecible y agravadas por la enfermedad del padre, se desbordan sin remisión y de forma bastante cruda, y no exenta de una hiriente ironía que la mayoría de los personajes destilan. La gata es un texto de gran solidez a todos los niveles, donde sus personajes están definidos de una forma magistral, y las complicadísimas psicologías que transitan por el escenario, realmente se reflejan en una disección casi quirúrgica. Williams escribió una obra punzante, donde las cuchilladas verbales vuelan entre sus personajes, y donde los vínculos entre cada uno de ellos está marcadísimo. La obra está rematada con una sensualidad arrebatadora que está flotando en el aire todo el rato, no en vano Maggie La Gata, se siente "como si estuviera sobre un tejado de zinc caliente" ya que su insatisfacción sexual es uno de los grandes conflictos de la trama, máxime cuando su marido se supone que es un bello atleta en sus horas mas bajas que parece ser que en cuestiones de alcoba se maneja igual de bien que en los campos de rugby. La gata es teatro de primera, férreo en su estructura, entretenidísimo cuando se hace bien, complicado de ejecutar, y de una profundidad que va mas allá del mero entretenimiento, ya que en ella se habla de poderosos sentimientos que son inherentes a la naturaleza del ser humano y que nos llegan a día de hoy igual que en la fecha de su estreno hace 62 años.



Vayamos con el elenco:
Marta Molina y José Luis Patiño como Mae y Gooper.
Mucho mejor Patiño que Molina, con mas entidad a todos los niveles y mejor tratado en la versión que se está llevando a cabo, donde ambos personajes transitan por la escena con poco protagonismo, y en un excesivamente discreto segundo plano. Eché de menos unas interpretaciones mas carismáticas, y con mas verdad, en el caso de Marta Molina, que no me convenció en ningún momento.

Ana Marzoa como Madre:
Magnífica de tono y presencia escénica. Marzoa se encuentra muy inspirada en un rol que huye de la histérica anciana que otras veces se plantea, para definir al personaje. He de decir que en líneas generales la visión de los personajes es excesivamente plana y falta de fuelle, fallo de dirección y no actoral, y eso es exactamente lo que ocurre con Marzoa, que está impoluta pero falta "algo" que defina al personaje. Es como si la actriz saliera  hablase, y ya está. Tiene momentos estupendos, ya que su solvencia es indiscutible, sobre todo su primera escena, y en la que le cuentan la verdad sobre el estado de salud de su marido que desencadena en los planes de Gooper sobre la herencia y el odio de su augusta esposa por Maggie. Tristemente Ana Marzoa está muy desaprovechada y se podría haber sacado mucho mas de su papel.

Juan Diego como Padre:
Correcto, aunque nos encontramos con el poco fuelle que se desprende del espectáculo, consigue momentos de gran altura, y una visión muy rica de este padre de gran carácter, pero muy cariñoso y comprensivo con su hijo Brick. Diego ofrece un personaje cargado de matices, y de humanidad, cuyo resultado es un rol tierno y profundo que no pasa en absoluto desapercibido. Su trabajo va de menos a mas, siendo la larguísima escena con Brick que transcurre a la mitad de la función, el mejor momento del espectáculo, y cuando realmente empecé a sentir interés por lo que estaba ocurriendo en escena. Juan Diego aporta oficio y robustez actoral a un complicado papel, que reconozco que me llegó en sus momentos mas comprometidos, y que me dejó muy buen sabor de boca.

Eloy Azorín como Brick:
Azorín cumple, en un complicado papel que requiere de un trabajo interior bastante arduo, ya que Brick durante gran parte del espectáculo nos tiene que contar muchas cosas, sin decir absolutamente nada. Su interpretación se ve perfectamente apoyada en una voz de ecos baritonianos que le va de perlas al personaje y a su presencia escénica realmente carismática. Azorín consigue darle ese aire torturado al papel tal y como lo necesita. Me sorprendió muy gratamente en su trabajo, que se ve resuelto de forma eficiente y si el menor problema a nivel técnico.

Begoña Maestre como Maggie:
Francamente floja ya que Maggie La Gata se las trae, es una mezcla de sensualidad, carácter, ironía y explosión emocional, que nuestra actriz vislumbra a veces, pero ni por asomo redondea. Fría y monocorde, no me transmitió nada, especialmente en su dificilísima primera escena, con un monólogo de presentación del personaje que se hace largo y falto de pulso. Hay varios problemas, el mas importante de todos es el trabajo excesivamente exterior que lleva a cabo, Maestre habla y habla... pero por dentro no pasa nada, no me creí su vínculo con Brick, y le falta sensualidad. Maggie ronronea a los pies de Brick para que le de lo que tanto quiere, y que Brick le niega de forma hiriente durante toda la función, pero Maestre no consigue desprender esa sexualidad soterrada que se debe desprender de sus gestos. Se pone crema, y se pone crema, no provoca a Brick, se seca el sudor y parece que acaba de salir del gimnasio. Todos esos detalles que hacen que Maggie La Gata sea lo que es, no están. Tampoco aprovecha el sarcasmo tan duro que el personaje desprende en algunos momentos , y desaprovecha sus mejores frases de forma inclemente. El resultado en general es plano y poco profundo dejándome francamente frío. Acaban de estrenar y creo que se ha incorporado hace poco a la producción por tanto me imagino que irá creciendo a medida que se desarrolle el número de funciones.



Vayamos con la propuesta escénica:
Amelia Ochandiano firma el espectáculo, y lo hace de forma irregular. La obra funciona a ratos, algunas escenas están muy conseguidas mientras que otras se van cayendo en picado, especialmente al principio de la obra, donde todo aparece desangelado, y excesivamente distante. Un problema añadido es la visión de los personajes, tan natural, que se quedan planos en líneas generales, siendo el resultado una función poco cargada en las atmósferas, precisamente todo lo contrario que necesita Tennessee Williams, que si caracteriza por algo es por lo atmosférico de sus textos. Aciertos hay, el primero y mas rotundo, la sensible visión del personaje de Juan Diego, y por supuesto la propuesta estética de la función, que realmente si que da en el clavo. Partimos de la base de un espectáculo completamente ortodoxo en su concepción, de gran belleza visual y conseguidas luces de Felipe Ramos y bella escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda, con algunos elementos que funcionan muy bien como son las enormes cortinas que tanto juego dan durante el espectáculo, y la magnificamente resuelta escena de la tormenta. El resultado final, lo encontré un tanto rutinario y vacuo, esta es mi cuarta Gata en directo, y reconozco que no me acabó de llegar tal y como el texto debe llegar. Uno sale con la sensación de haber visto una propuesta agradable, tibia y olvidable, y eso tratándose de la función que se trata no se puede perdonar. A veces hay destellos de lo que La gata sobre el tejado de zinc caliente es, pero cuando uno menos se lo espera... esos destellos desaparecen y nos dejamos llevar mecidos entre el sopor sureño que tan bien supo retratar Tennessee Williams.




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lunes, 9 de mayo de 2016

Cinco Horas Con Mario, Un Regalo De La Vida

Tenía yo la espinita clavada de no haber podido disfrutar de Lola Herrera en el mítico y trascendental montaje de Cinco Horas Con Mario, que removió hasta los cimientos el panorama teatral de 1979, y elevo a lo estratosférico la carrera de la actriz, convirtiéndola en historia viva de nuestro teatro. El motivo por el cual no lo pude ver fue obviamente mi edad, daba por sentado que no se me lograría disfrutar de esta producción, y me conformaba con las escenas de la obra que se vislumbran en la tremenda película Función De Noche, en las que podía intuir por donde iban los tiros, pero siempre con la pena de no haber sido testigo de la obra que todo español de la época parece ser que vio.
La vida a veces nos hace regalos inesperados, y con motivo del cincuenta aniversario de la publicación de la novela homónima de Miguel Delibes en la que está basado el monólogo, Lola se ha vuelto a poner en la piel de Carmen Sotillo, solo durante seis semanas en el Teatro Reina Victoria. Cuando saltó la noticia entré en shock, ¡no me lo podía creer! uno de mis sueños como espectador se vería cumplido, y vería una de las interpretaciones mas recordadas del S.XX de nuestro teatro. Mi generación también tenía derecho a ver esta obra con Lola Herrera, y evidentemente, estábamos ávidos de verla, ya que en la función de ayer, mucho público de mi quinta asistía extasiado ante la monumental propuesta que creo yo que va mas allá de lo meramente teatral, para entrar en lo sociológico, y que curiosamente, sigue sorprendiendo y emocionando exactamente igual que lo hizo en su momento.
Evidentemente no me podía perder este acontecimiento teatral, así que en cuanto me fue posible saqué las entradas, fila tres para no perder ripio. Muy emocionado, y bastante nerviosillo, ayer ocho de mayo asistí a una velada que ha pasado a mi historia como espectador de teatro, y para la de muchos de los que nos encontrábamos presentes.



Cinco Horas Con Mario, publicada en 1966, se encuentra, y con justicia, incluida en la lista de las cien mejores novelas en español del S.XX.
La soberbia obra de Miguel Delibes es una disección quirurgica de la sociedad y de la mujer de la época en la que el Franquismo se encontraba mas asentado en España, no por casualidad 1966 fue el de los "25 Años De Paz" y sus fastos.
Delibes nos cuenta a cara de perro, de forma despiadada, y con hiriente ironía,  la psicología ultraconservadora heredera de la burguesía del S. XIX que se vio comodamente perpetuada por La Dictadura hasta la mitad de los años 70, para ello nada mejor que una viuda reciente  de la buena sociedad de una ciudad de provincias de la época (Valladolid) que durante la noche en la que se vela a su marido, se dedica a recriminarle  todas las frustraciones que su matrimonio le han traído y los motivos de las mismas. Carmen Sotillo, nuestra protagonista, profundamente reaccionaria, muy resentida con su esposo Mario, y tremendamente frustada, es el fiel reflejo de aquellas mujeres, hijas de su época, que nunca hablaron por si mismas, sino por boca de otros, con pensamientos inculcados de forma irreflexiva, y que hipocritamente hicieron un arte del disimulo. Carmen Sotillo nos puede llegar a resultar odiosa, pero es tan infeliz, que nos transmite sentimientos de piedad a medida que va avanzando el texto, ya que si hay una máxima que vaya como anillo al dedo a esta obra , es que en el pecado lleva la penitencia.



Hay una historia curiosa sobre la publicación de la obra, y como pasó la censura sin problemas. La solución fue matar a Mario y convertir a su mujer en la protagonista del texto. Mario, católico post conciliar, izquierdista e intelectual, no podía ser plasmado en una novela, pero su esposa si, ya que los cegatos censores la vieron como un tratado del ideario franquista, en vez de la atroz sátira que Delibes plantea y que consigue de forma magistral enfrentar a las dos Españas, cuando lo que el Régimen pretendía, nunca mejor dicho, era enterrar a una de las dos.
Cinco Horas Con Mario, es un texto a revisar que nunca sobra cuando se repone, sea Lola Herrera u otra actriz su protagonista, y debería ser de obligado visionado o lectura en los institutos, ya que lo que cuenta y como lo cuenta es una parte de nuestra historia, que no se nos debe olvidar en toda su crudeza. Afortunadamente nuestra sociedad ha evolucionado mucho, pero no tanto como nos creemos, todavía hay alguna Carmen Sotillo a nuestro alrededor, y lo que representa en ciertos aspectos, hoy en día desgraciadamente se encuentra en vigor, ya que ciertas actitudes están pavorosamente asomando la patita por debajo de la puerta.




Vayamos con la crítica:
No resulta fácil hablar de la interpretación de Lola Herrera, parece que todo está dicho y analizado ya hasta la saciedad, y uno siente que no le alcanza el vocabulario para transmitir el carrusel emocional en el que Herrera nos sube con pericia, sabiduría escénica, férrea presencia, y sobre todo una honestidad asombrosa.
La interpretación se sustenta en la propia Lola como artista, sin artificios, desde lo mas hondo de su ser, para ir transmutando emociones como un volcán en lenta, inexorable y ascendente erupción. Herrera cuece a Carmen Sotillo  a fuego lento en sus propios jugos de rencor, rabia, y lo que es mas importante culpabilidad, para que el espectador se sumerja en la complicada psicología de esta mujer, y que literalmente no nos deje ni pestañear ante la intensidad de lo que se plantea, la verdad que desprende, y el telúrico trabajo que se nos ofrece. 
Lola domina el texto a la perfección, estirándolo y acortándolo a su antojo en un juego verbal de conseguidísimo efecto que logra que la atención no se disperse ni un momento durante la hora y algo que dura la función, manteniendo un asombroso ritmo que no decae nunca. El dominio del material literario se ve apoyado en el uso de la voz que Lola lleva a cabo, que empieza como un susurro monocorde de doliente viuda, hasta la explosión final que nos deja secos en la butaca por su dureza y que nos recuerda a la España Negra tantas veces retratada en fotografías en blanco y negro. El grito desgarrador de Carmen Sotillo abrazada al féretro de su marido, es mucho mas que un grito de dolor, es un grito de remordimientos, de impotencia, de rabia y de frustración, para ello Herrera con una implicación emocional encomiable y durísima, se va entonando con una sabiduría apabullante para conseguir llegar al climax deseado y que el público sienta la catarsis de forma casi dolorosa y muy impactante.
Lola Herrera se abre en canal sin clemencia, nos ofrece generosa todo su arte, y nos deja acongojados en una interpretación medidísima, sobria y creíble de principio a fin, de inteligente lectura, apabullante profundidad, y merecidamente alabada.
Lo que Lola Herrera lleva a cabo va mas allá de lo escénico, siendo un monumento vivo (muy vivo) al arte de la interpretación, el mas efímero, el mas ingrato, y el mas intenso de todos los que existen. !Larga vida a nuestra Lola Herrera¡, quizás la actriz mas importante que he visto en mis casi cuarenta años de existencia.




Josefina Molina firma la producción, dejando hacer a Lola, pero guiándola en los vericuetos psicológicos de la protagonista de la obra, sabiendo enfatizar perfectamente donde debe hacerlo, sin cargar las tintas en el drama cuando no es necesario y aligerando con socarronería en aquellos momentos en los que el texto resulta mas mordaz y atrozmente irónico. Molina mima a su actriz, muy sabiamente, hasta lo indecible, arropándola en unas conseguídisimas atmósferas que parecen arrullar a nuestra Carmen-Lola, mientras que entre sapo y sapo soltado por la protagonista, se nos va descubriendo la verdadera naturaleza del personaje, que en sus propias palabras refiriéndose a otra persona, "tiene mas capas que un galápago". Molina no juzga a Carmen, simplemente la expone, y la redime, ya que en el fondo no es culpable de ser quien es, es fruto de su entorno y de su época, presentándola como víctima y verdugo de su propia vida, y ahí creo que es donde estriba la mayor virtud de la función. Se describe lo que Carmen Sotillo es, lo que representa y el porqué de su existencia, para que el espectador saque sus propias conclusiones, que no son pocas. Decir que el trabajo de Josefina Molina es para enmarcar evidentemente no es descubrir la pólvora, pero es de justicia reconocerlo.
Que nadie se piense que Cinco Horas Con Mario es un dramón desaforado, esa lectura sería errónea y superficial, Cinco Horas Con Mario es una tragedia con toques de irónica comedia, que nos hiela la sangre por su dureza y que en algunos momentos desencadena la carcajada del espectador, gracias a la maestria de su actriz protagonista y a la pericia de Josefina Molina en la dirección.



En resumen, todos deberíamos ver esta producción. Mi generación por tener la oportunidad de disfrutarla en directo, las generaciones posteriores para que vean lo que era nuestro país no hace tanto tiempo, y las anteriores para que recuerden lo que vivieron en un momento histórico tan importante como fue el del estreno de Cinco Horas Con Mario. Pero sobre todo, no nos la debemos perder por el tremebundo trabajo de Lola Herrera, un fenómeno de la naturaleza de los que se dan cada muchos años, y que tenemos la suerte de poder seguir disfrutando en todo su glorioso esplendor.


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viernes, 11 de julio de 2014

La Del Manojo De Rosas, La Perdurabilidad De Nuestra Zarzuela

Adoro el Manojo, es una de mis zarzuelas de cabecera por varios motivos, su gloriosa música, su inspiradísimo libreto y su imperdurable frescura que después de ochenta años sigue con la misma vigencia que en la fecha de su estreno. Al Manojo le tengo un especial cariño ya que es una de las obras que mas he hecho en mis tiempos de escenario, por tanto siempre que me surge la oportunidad de verla no lo dudo. Este año la he visto dos veces, la producción del Teatro de La Zarzuela, y la que esta crítica me ocupa, que es la que actualmente se está representando en el Teatro Reina Victoria, y cada vez que la veo siempre descubro cosas, me río con alguno de sus chistes y sobre todo disfruto de la enorme partitura que Sorozábal compuso en la plenitud de su facultades. 
Este Manojo que disfruté ayer rezuma la esencia de la obra por todos los poros de sus bambalinas. El Manojo es un canto a Madrid, a sus gentes, su paisaje y paisanaje, y como fresco de la sociedad de la época, que en muchas cosas no ha cambiado tanto, funciona a la perfección. Sabiendo lo que iba a ver me acerqué al Reina Victoria con un solo propósito, disfrutar, y lo logré con creces. Lo sencillo es elegante cuando se hace bien, y el criterio se agradece. La ortodoxia no es sinónimo de caspa, es sinónimo de respeto, y si algo se saca de esta producción es eso, gran respeto por lo que Sorozábal , Carreño y Ramos de Castro proyectaron, y mucho amor por nuestro género lírico.
                         

Vayamos con el elenco, muy cuidado en general y muy homogéneo, netamente realizado por profesionales del género que conocen lo que hacen y que miman su trabajo.

Ricardo Pérez da vida a un inglés, muy gracioso, típico guiri sesentero con sandalias, calcetines y cámara en ristre. Pérez está muy simpático, el papel es breve pero saca mucho partido, y en su escena brilla como se merece.

Ricardo Muñiz da vida a Don Daniel, padre de Ascensión, sobradísimo de recursos vocales, Muñiz sigue demostrando el grandísimo cantante que es, dotando de mucha clase sus intervenciones vocales, y dando mucho empaque a su personaje, sobrio y muy en su sitio. Muñiz es y será con justicia una de nuestras figuras mas importantes de la lírica, algo que sigue demostrando con su oficio y conocimiento del género.

Belén Marcos da vida a Doña Mariana, correcta, muy elegante en sus intervenciones, aunque quizás un poco baja de tono. Cierto es que el personaje es desagradecido, Marcos cumple muy dignamente, y sus escenas están muy bien resueltas.

Manuel Aguilar, mayúsculo como Don Pedro Botero. Aguilar dota de gran energía y dinamismo a un personaje que otros actores no aprovechan, quedando completamente desdibujado. Imponente de tono y presencia, no pierde ni la mas mínima oportunidad para sacar partido a esta pinturita que Aguilar convierte en creación, algo que se agradece infinitamente. Cuidar los secundarios es crucial para el rodaje completo de un espectáculo. Sin duda un acierto la elección de Manuel Aguilar para este personaje donde demuestra la máxima que dice que no hay papeles pequeños, sino actores pequeños, en este caso actor muy grande, y papel que el convierte en grande.

             

Carlos Crooke como Capó y Alicia Montesquiu como Clarita. Fantásticos como no podía ser de otra manera. Crooke es uno de los Capó de referencia de la actualidad, se mueve como pez en el agua en un papel hecho a su medida, y que controla sin el mas mínimo problema. Montesquiu ofreció una Clarita, un tanto alejada del cliché habitual, pero acertadísima, en vez de la habitual interpretación espídica a la que estamos acostumbrados, sirvió una Clarita mas sentada, con grandes dosis de sensualidad y mucha sensatez, algo que va en consonancia total con un personaje que habitualmente está tratado de forma mas superficial que la que se nos presentó. Deliciosos en la parte musical, ofrecieron un Fox Trot y una Farruca excelentes, que hicieron las delicias del público. Los dos dúos cómicos del Manojo son posiblemente mis favoritos de nuestro género lírico. Sobresaliente pues para Crooke y Montesquiu.

Lorenzo Moncloa, sirvió un estupendo Ricardo, tanto en lo vocal como en lo actoral. Ricardo es un papel un tanto desagradecido para los tenores, pero Moncloa le da mucho empaque musical, afinadísimo, con potencia de voz, bello timbre y ajustadísimo con la orquesta, especialmente en el dificil Dúo con el barítono de letra imposible que siempre me maravilla cuando lo veo en escena.

Luis Varela inconmensurable como Espasa, para mi el mejor papel de actor que se ha escrito en una zarzuela. Varela campa a sus anchas en un terreno sobradamente conocido por el, está en su salsa y ofrece un festival de buen hacer sobre el escenario, graciosísmo y muy liberado de las ataduras que le imponen en otras producciones. Sus apartes son antológicos y su dominio del difícil texto que le ha tocado en suerte pasmoso. Espasa muerde, a Varela no le hinca ni un colmillo, conoce muy bien el papel y sin duda es uno de los mejores Espasas de la historia de la zarzuela. Aquí lo demuestra una vez mas, en una interpretación que da alas a su creatividad, le han dejado hacer, con muy buen tino, y el hace lo que el personaje pide, es decir carcajadas y solidez actoral, algo que Varela tiene con creces. Bravo para uno de los maestros de nuestros escenarios!!.  




                                    

Antonio Torres ofreció un esforzado y pasional Joaquín, con interesantes matices en lo actoral y mas que correcto en lo vocal. Sirvió momentos muy brillantes tanto en su Romanza como en el Dúo-Habanera. Torres de poderosos agudos controla muy bien su instrumento y sabe cuando debe lucirse. Antonio Torres tiene la facultad de transmitir mucha intensidad en sus intervenciones, algo que yo agradezco muchísimo en un cantante. Los tiempos de salir y cantar ya pasaron a la historia y Torres eso lo sabe muy bien. La parte actoral está muy conseguida, dota a su Joaquín de mucha galanura, pasión y ternura cuando la ocasión lo requiere. Trabajo el de Torres muy a tener en cuenta.

Para finalizar Hevila Cardeña como Ascensión. Soberbia sin concesiones. Cardeña posee un técnica envidiable que la permite abarcar este difícil papel sin el mas mínimo problema. La voz es redonda, completamente hecha, los agudos son de impresión y posee unos pianos bellísimos. Da gusto escucharla y repito lo mismo que en Bohème, estamos ante una cantante que dará mucho que hablar, productores de España, ahí hay calidad. ¿ Cuando la veremos en el Teatro De La zarzuela ? creo que ya va siendo hora. Voz grande de ampuloso sonido y bello timbre que no debe pasar desapercibido. Actoralmente está mas que correcta, creando una Ascensión mas sensible a la que estamos habituados, pero que no desentona en absoluto. ¿ Castiza ? si pero no empalagosa. Gran presencia escénica y una interpretación vocal de altura. ¿ Que mas se puede pedir?

                


Estupenda la orquesta, dirigida con gran tino una vez mas por el Maestro Enrique García Requena, que dotó a la partitura de mucha chispa, conciso en el gesto y con las ideas muy claras en cuanto a la lectura. Imponentes crescendo y gran sonoridad. Hay unos pequeños arreglos orquestales con piano que son preciosos, y que dado el momento en el que se desarrolla este Manojo un poco extrapolado en el tiempo, le dan mucho sabor y frescura a la producción, sobre todo durante el Segundo Acto.

Ballet y coro perfectos en sus intervenciones, dotando de un poco mas de empaque a esta mas que digna producción.

                   

Vayamos con la propuesta escénica:
Lorenzo Moncloa encargado de la dirección escénica, lleva este Manojo a unos tardíos Años 60, acertadísimo en el enfoque así como las pertinentes actualizaciones del texto. Se trata de una producción bastante ortodoxa, que huye del casticismo mal entendido, dirigida en un lenguaje naturalista, alejada de cualquier afectación y con mucha gracia. La obra es muy dinámica, tiene mucho ritmo y sobre todo es muy divertida, es decir, es todo aquello que el Manojo debe ser. Sencilla pero efectista escenografía y unas cuidadas luces, muy suaves y cálidas que dotan de mucho intimismo a algunos momentos, destacando la resolución tanto escénica como de iluminación de la Romanza de Ascensión, tratada con gran mimo por parte de Moncloa. Un diez para esta mas que digna producción que ofrece lo que tiene, ni mas ni menos, con gran honestidad, valentía y amor por tan excelso título.

                       

En resumen, un propuesta mas que estimable para los rigores del verano, aunque este verano esté siendo bien fresquito, que hará las delicias del aficionado, y que sorprenderá gratamente al que no conozca la zarzuela, se dio la casualidad que una de las personas con las que coincidí como compañero de butaca, nunca había asistido a una zarzuela, y como siempre ocurre en estos casos, salió encantado, eso es lo que necesita nuestro género lírico, público nuevo y joven que vea y entienda el género tal y como es. Yo si fuera vosotros no me lo perdía!!!!

lunes, 2 de junio de 2014

La Zarzuela Del Siglo XXI

No me podía perder el último título del estupendo ciclo de lírica que Opera De Madrid está ofreciendo en la ciudad que da nombre a esta compañía. Esta vez se trataba de zarzuela, programa doble de Género Chico y repertorio habitual, pero yo estaba convencido de que la propuesta iba a ser diferente, ante la trayectoria de este estupendo grupo de artistas, así que ayer me acerqué al Reina Victoria para ver si me sorprendían y sobre todo dispuesto a pasar un rato agradable. No me equivoqué y vaya si me sorprendí. Estoy francamente preocupado por la situación de la zarzuela en este momento, donde la producción privada está funcionando ahogada tanto por la situación económica como por la nefasta política cultural que se está llevando en España en estos momentos, pero no solo por esto, sino por la crisis de creatividad por la que está pasando el género, que necesita un revulsivo para conectar con las nuevas generaciones, absolutas desconocedoras del género, y que asocian la zarzuela a caspa, y a algo arcaico. Cuando la realidad es que es un género maravilloso, muy vapuleado y habitualmente muy mal entendido. Ópera De Madrid, ofrece en mi humilde entender la vía a seguir para modernizar el género.


La Gran Vía, denominada por sus autores como" Revista Lírico-Cómica, Fantástico-Callejera", en un alarde de imaginación en cuanto a definición se refiere, algo que me fascina, ya que los subtítulos que adornaban las partituras de nuestra zarzuela, darían casi para escribir un libro. Realmente se trata de lo que en su época se denominaban Revistas de Actualidad, siempre de corte satírico, político y tratando temas muy candentes en el momento de su creación, se compusieron cientos, pero pocas pasaron al repertorio, precisamente por lo localista de su ubicación espacio-tiempo. Actualmente La Gran Vía se considera una zarzuela, entiendo que por criterios musicales, ya que realmente necesita de cantantes líricos para interpretar correctamente sus números mas conocidos, y en mi modesta opinión es una clara precursora de las posteriores revistas musicales, de corte mas frívolo y orquestación menos clásica. La música es de inspiración vienesa, con mucho acento español, y adolece de un libro algo pasado de moda, que resulta muy lejano al público actual, dado que habla de temas de rabiosa actualidad en el Madrid de 1886, fecha de su estreno. Es un fresco del Madrid de la época con sus tipos y problemas políticos. Ópera De Madrid le ha dado un vuelco al libro lo actualiza, y describe el Madrid del Siglo XXI manteniendo intacta su música, gran acierto, que va en total consonancia con la esencia satírica de la obra, y sobre todo popular. Esta moderna Gran Vía habla de los problema de los ciudadanos de hoy en día como la original hablaba de los de su época.
Vayamos con el elenco. 
Impecable, en lo vocal, y muy bien dirigido en lo actoral. Todas Las Calles que se rebelan en la obra, están perfectamente reflejadas, destaco la Calle De La Reina interpretada por Ricardo Pérez, con aires de Reinona y la Calle De Sevilla, la mas graciosa de todas, interpretada de forma impecable por parte de Ruth González, muy graciosa y pizpireta. La famosa Jota de Los Ratas está interpretada por César Narbona, Ricardo Pérez y por José Antonio Carril. Estupendos en lo musical, no se nos olvide que toda la producción está interpretada por voces solistas, incluso los coros, y muy graciosos en cuanto a la parte actoral se refiere, el numero está muy bien movido, y creo que es la primera vez que los Ratas bailan un jota de verdad, con mucha coña eso si, para que engañarnos. Joana Thomé da vida al Eliseo, interpretando el chotis con el que finaliza la función. Estupenda en lo vocal, mezzo pura, de bellos graves y enorme voz. Ofreció una interpretación de altura en lo musical, y actoralmente está correcta.Elvia Sánchez da vida a una Menegilda afinadísima, de gran musicalidad, y totalmente alejada de cualquier amaneramiento, en cuanto a la composición actoral, el casticismo mal entendido a veces resulta empalagoso, esta Menegilda es una señora de la limpieza de hoy en día, con gran dignidad y que resuelve muy bien su intervención. El Caballero de Gracia lo lleva a cabo Enrique Sánchez Ramos, impoluto vocalmente, muy ajustadito con la orquesta, voz preciosa, y mucha presencia escénica. Este Caballero De Gracia es un cantante de moda que micro en ristre encandila a sus fans ( Las Calles ) con su elegancia y aire chulesco. Enrique Ruiz Del Portal, da vida al Paseante en Corte, trocado esta vez en una especie de asesor político de Doña Municipalidad. Su papel es un bombón, muy bien escrito en la adaptación de Susana Gómez, quien con grandes dosis de ironía, mucha retranca y astuta actitud servil, le canta las cuarenta a Doña Municipalidad con mucha suavidad, pero gran firmeza. Del Portal está exquisito, comedido, muy bien dirigido y dejando en bandeja los chistes a su partenaire Marta Moreno. Moreno da vida a Doña Municipalidad, alcaldesa de la ciudad, mezcla de Ana Botella con sus problemas idiomáticos y el adalid de los liberales Esperanza Aguirre. Marta está soberbia, sabe muy bien lo que se hace y como lo hace, nada es estridencia, todo es contención, no busca la gracia fácil sino que su personaje es gracioso per se. Nos ofrecio un Tango de Doña Virtudes maravilloso, dejando bien patentes sus dotes de mezzo, con unos graves de impresión, y con una gracia innata que hizo las delicias del respetable, fue el número mas aplaudido de la función, y he de decir que con total justicia.


La propuesta escénica, muy sencilla, tan solo un edificio que simboliza La Gran Vía, y donde transcurren todas las acciones, apoyándose en las luces dependiendo del lugar en el que se desarrollan las diferentes escenas. Susana Gómez ofrece una versión muy fresca, llena de vida y de total rompimiento con el original en cuanto al texto se refiere. Una adaptación que no tiene ni un pero, perfectamente hilada, absolutamente actual y que no chirría en lo mas mínimo. Está dirigida con gran dinamismo y se pasa en un suspiro, cada número es una sorpresa, y yo conocedor del original, estaba deseando ver como iban desarrollando cada uno de los cantables de la partitura. Especialmente bien resuelta la Mazurca de Los Marineritos, número habitualmente plúmbeo, y que aquí sorprende y divierte en igual medida. Gómez demuestra un gran conocimiento del género y ofrece una Gran Vía que tiene el espíritu con el que fue concebida, sátira descarnada, protesta política y rabiosa actualidad. Opino que este es el camino a seguir para que nuestro género lírico avance. Cualquiera de los espectadores que asistan a esta Gran Vía, reconocerán a la perfección el Madrid que nos ha tocado en suerte, con sus luces y sobre todo con sus sombras. Todo ello reflejado con gran coherencia y muchísima retranca. A fin de cuentas eso es La Gran Vía. Un diez para Susana Gómez, por su arriesgado empeño, y cuidadísima propuesta.


Vayamos ahora con Agua Azucarillos y Aguardiente. Denominado como "Pasillo Veraniego En Un Acto", otra muestra del ingenio de los autores a la hora de definir sus obras. Se trata de una sainete costumbrista al mas puro estilo madrileño de inspirado libreto de Ramos Carrión y una de las obras cumbre de Federico Chueca. Los Azucarillos son una obra netamente hecha para actores-cantantes con menos exigencias vocales para los solistas a no ser en la celebérrima pelea final entre La Pepa y La Manuela, que es una de las piezas mas célebres de Género Chico que existen. La obra es uno de los mas claros exponentes del género, tanto por su música como por su temática. Se escribió para hacer las delicias del pueblo llano, ahí estriba la grandeza de la zarzuela, sin duda uno de los mas democráticos géneros que existen, que refleja y apasiona a personas de todo tipo y condición.


El elenco igual de cuidado que en La Gran Vía.
 Joana Thomé da vida a Garibaldi, todo un lujo dado las características vocales de Thomé arriba señaladas. Ofrece gran musicalidad, y las da todas, en un papelito un tanto traidor en lo musical, que requiere de mucha atención para el interprete, yo le he cantado bastante, y como no se esté muy al quite, se pasan las entradas sin que uno se entere. Jose Antonio Carril da vida a Don Aquilino, casero de las desventuradas protagonistas de la historia y usurero en su tiempo libre, está correcto y dota del cinismo necesario a este personaje, bastante desagradecido y que Carril aprovecha al máximo. Marta Moreno da vida a Doña Simona, madre de la cursi Atanasia, empeñada en que la llamen Asia. Moreno dota de gran carácter a esta mujer de armas tomar, resultando muy cómica, y contundente en sus frases, Moreno hace gala de sus ya comentados en otra crítica sonoros mutis, lapidarios y graciosísimos, pero nunca facilones. Marta Moreno es una grande del género, y en este programa doble lo demuestra con su proverbial solvencia. Conoce su oficio como pocas, se deja dirigir y entra en el código perfectamente dependiendo de la propuesta que el director sirva. A fin de cuentas esa ductilidad, es la que hace interesante a un artista, algo que Marta tiene a raudales.César Narbona da vida a Serafín el novio de Atanasia, Narbona posee una bonita voz de tenor con tintes baritonales, que ofreció un Cuarteto espléndido en lo vocal y una cuidada composición actoral, alejada del estereotipo habitual de un cursi medio idiota. Este Serafinito es un pollo-pera de la época, mas pillo que tonto y con un poquito de mala leche. Cumple con creces en su cometido. Ruth Gonzalez da vida a Atanasia, cursi redomada, un poco calenturienta y con mucha gracia. Su físico la hace perfecta para este papel. Está realmente deliciosa, no se nos olvide que abre telón, con un monólogo en el que el personaje está muy vendido, el tratamiento de este monólogo en el que recita una de sus melífluas poesías está muy conseguido, teniendo un recorrido muy interesante, que no desvelaré pero, que tiene mucha gracia y sorprende por lo audaz del mismo. Vocalmente sobradísima para un papel de estas carcaterísticas, después de verla cantando a Gilda en Rigoletto, esto si que es un " Pasillo Veraniego" para ella, en el Cuarteto se va al sobreagudo sin el mas mínimo problema. Enrique Sánchez Ramos da vida a Vicente, amante de La Manuela. Está espléndido, una vez mas alejado del habitual prototipo de chulángano de tres al cuarto, la visión es la de un tipo algo macarra, pero nada vulgar, que trapichea en el juego y que tiene afán de conciliación, con su compinche Lorenzo, interpretado por Enrique Ruiz Del Portal, amante de La Pepa, que anteriormente tuvo amores con Vicente y que está que trina con el con la que era su amiga La Manuela y que ahora se entiende con su anterior pareja. Del Portal está soberbio, aporta gran calado a este personaje, siendo su recorrido muy interesante, su escena con Vicente es soberbia, dirigida en tono teatral, nada zarzuelero y en un ejercicio de contención encomiable. Del Portal ofrece un tipo temible pero que tiene su corazoncito, chulea a su Pepa, la quiere, pero deja bien claro quien lleva los pantalones en casa. Enrique posee un gran peso escénico, artista en continua busca, poco acomodaticio y que siempre realiza creaciones interesantes y fuera de lo habitual, busca, juega y encuentra. Su seguridad sobre el escenario es pasmosa, y su conocimiento del género abrumador, sin duda un diez para Enrique Ruiz Del Portal que ofrece una gran creación. Elvia Sánchez da vida a Manuela, de nuevo correctísima en lo vocal, y un poco mas insegura en lo actoral, teniendo en cuenta que yo vi la segunda función, se trata sin duda de una cuestión de rodaje, tres funciones mas, y la cosa estará resuelta. Para finalizar Paloma Friedhoff como Pepa " La Seria " impoluta vocalmente ofrece momentos muy interesantes, tanto en el Cuarteto como en en la pelea final. En lo actoral está correctísima, ofreciendo mucho carácter y la seriedad de la que hace gala su personaje.
Mención aparte merecen el Coro De Niñeras y el Coro de Barquilleros, cantados de forma impresionante por los componentes de la compañía. Es un lujazo tener esas voces para ejecutar dos de los coros mas bonitos de Género Chico que existen. Los dos coros están muy bien resueltos escénicamente y son una auténtica delicia para el oído.




La propuesta escénica, se rige por unos parámetros mas clásicos en su acabado formal, perfectamente justificado, en una atinada escena, que se desarrolla durante la ejecución del Preludio, donde los actores se visten cara al público para remarcar el cambio de época, al que se va a asistir. Estos azucarillos están ambientados entre los Años Cuarenta y Cincuenta, época en la que los tipos madrileños no eran los mismos que en  1897, Susana Gómez, cuida en extremo este detalle, realizando una labor de dirección mas encaminada al naturalismo que al sainete, algo que funciona a la perfección, ya que ver a unos señores ataviados con ropas del S. XX y hablando como personajes del S. XIX hubiese chirriado bastante. Encontré la propuesta muy acertada, dirigida de forma muy meticulosa, y con una linea muy clara. Susana Gómez, vuelve a demostrar, como en La Gran Vía, su conocimiento del género, y el recorrido necesario para que nuestra zarzuela evolucione.


Hablaré ahora de la orquesta y dirección musical. La orquesta mas reducida que en las otras producciones, sigue siendo estupenda, con un sonido compacto y muy homogéneo. No se necesita mas que la que se tiene, las da todas y cumple a la perfección. Mariano Rivas ofreció una cuidada versión en la parte vocal, muy matizada, y anduvo un poco desafortunado en los tiempos, sobre todo en los Azucarillos, para mi gusto llevados con demasiada lentitud en la totalidad de sus números, algo que le resta un poco de chispa a la por otra parte burbujeante partitura de Chueca. Rivas estuvo mas fino en La Gran Vía, matizando mucho mas los tiempos y dándole un aire mas adecuado a cada número. Sin duda se trata de una lectura muy personal de Mariano Rivas, que puede gustar o no, ya se sabe que ante gustos, no hay nada escrito. Pero si es cierto que se nota que ha trabajado la partitura, otra cosa es la visión que cada director ofrezca de ella.


En resumen, una propuesta mas que recomendable, tanto por su impecable acabado formal, como por lo novedoso de su planteamiento. Este programa doble es un mas que digno ejemplo de la zarzuela del Siglo XXI, hacia este punto se debe dirigir el género para que perdure, se mantenga vivo, y no pase a ser una pieza de museo. ¿ Renovar ?  por supuesto, pero con criterio, algo que en esta producción es mas que evidente. Cuando las cosas se hacen bien, no hay discusión. Con estos dos títulos Ópera De Madrid, se despide, snif, snif, espero que esto solo sea el principio de esta interesante andadura que pienso que ha enriquecido enormemente la oferta cultural de Madrid. Están todo el mes junio. Avisados estáis, y como siempre.... Viva La Zarzuela!!!!!!

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