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jueves, 2 de octubre de 2014

Los Justos, La Justicia Según Los Justicieros y La Evolución De Un Espectáculo

Hace un año mas o menos, tuve la suerte de asistir a un pase previo de Los Justos de Albert Camus, en Parla, salí profundamente impresionado, y a aquel soberbio montaje le dediqué una de las primeras crónicas en este blog. Cincuenta y dos críticas después, por fin y como vaticiné en aquel post, ha llegado a Madrid. Ayer se estrenaba esta soberbia producción en Las Naves Del Matadero, y con muchas ganas me acerqué para volver a disfrutar de una de las  mejores producciones teatrales que he disfrutado en los últimos tiempos. En este post haré una mezcla entre aquella primera crítica y lo que ayer presencié, que aunque ya sabía de que iba la cosa, me dejó absolutamente boquiabierto ante la estupenda evolución que Los Justos ha experimentado, y la enorme calidad de lo que ayer disfruté y que ya vislumbré en su momento. Cuando las cosas funcionan no hay discusión, y estos Justos, son un claro ejemplo de teatro bien hecho, bien pensado y que sin duda arroja mucha luz ante los oscuros tiempos que nuestro panorama teatral está sufriendo, por tantos problemas de sobra conocidos por todos. 
Con buen ánimo me presenté en el Matadero, mucho glamour, actores y directores ( con mucho revoloteo alrededor ) de relumbrón, dispuesto a disfrutar de una estupenda velada teatral, y emociones fuertes, como tan controvertido texto ofrece.

                       

Los Justos, es un texto que leí en mis primeros tiempos de estudiante de interpretación  (si, tengo un pasado, je, je, je, ¿acaso lo dudabais?),me impresionó mucho en su momento,pero el impacto con el paso del tiempo se fue diluyendo,la inteligentísima adaptación que vimos, no chirría en lo mas mínimo,si los protagonistas originales eran revolucionarios antizaristas,los de hoy son etarras,un paralelismo mas que acertado,en un momento muy propicio para plantear este asunto. El conflicto empieza en el momento en el que un terrorista iba a detonar una bomba en un coche, cuando pasa el vehículo ve que hay dos niños dentro y aborta la operación. La obra es dura,dura por muchos motivos,el primero,el shock que produce en el espectador ver que los terroristas tienen dilemas morales como todo hijo de vecino. El segundo, que aunque uno nunca estará de acuerdo con ellos,entiende sus motivaciones. Y el tercero, que los grandes conceptos de la humanidad como son la justicia y la paz, tienen múltiples lecturas, a cada cual mas perversa,pero que pueden ser perfectamente argumentada, con la mas sibilina de las manipulaciones del lenguaje. No nos engañemos. La obra no es pro-etarra ni mucho menos,pero si humaniza unos personajes que uno nunca se plantea como seres humanos, algo que engrandece el texto, no existen los malos absolutos ni los buenos buenísimos, cada uno tiene sus luces y sus sombras.



                      


Vayamos con elenco, soberbio sin concesiones.

Ramón Ibarra, da vida a un teniente de policía, que de torturar sabe mucho, no necesita la violencia, para amedrentar, y su calma de mucho miedo. Ibarra dota de mucha ironía, a un personaje que si bien es breve resulta imprescindible para el desarrollo de la trama. Ibarra ofrece gran solvencia, aplomo y mucha presencia a un personaje que en otro actor pasaría mucho mas desapercibido. Profesionalidad y peso escénico en una sobria interpretación que no da puntada sin hilo en cuanto a matices se refiere

Rafael Ortiz, como uno de los terroristas mas jóvenes y uno de los mas sensibles. Ortiz da muy bien el papel fisicamente, y aporta una continua sensación de estar al borde del precipicio, mostrando sin problemas los conflictos por los que atraviesa y la necesidad de darse un respiro ante la barbarie en la que el solito se ha metido, si bien es cierto que está un poco bajo de tono, cumple sin problemas, y su escena como presidiario, es una de las mejores de la función, donde casi como una onírica aparición hace de voz de lo que esta pensando Alex Gadea, dentro de su celda.

Pablo Rivero Madriñán, sirvió un entero jefe del comando, con algunos problemas para mantener su autoridad, y una arrolladora personalidad, de auténtico líder, comprensivo con los suyos y con la psicología de cada uno. Rivero Madriñán, aporta gran aplomo, una estupenda voz y una sobria e interiorizada composición que, como es la tónica de la función, rezuma verdad por todos los poros de su piel. Un diez para Rivero Madriñán que da mucho empaque a un personaje de grandes dificultades y que el aborda sin problemas.

Lola Baldrich, incomensurable como Maite, la única mujer del comando terrorista. Baldrich afronta este personaje desde varios ángulos, y en todos acierta, sabe ser dura cuando lo requiere y tremendamente humana cuando su personaje deja entrever que tiene su corazoncito. Dota de gran inteligencia a esta mujer crítica con aquellos que sigue, y muy valiente en sus planteamientos.
También hace de viuda de la víctima de estos terroristas, vestida de blanco inmaculado, y que perdona al asesino de su marido, siendo para el terrorista lo peor que le podían hacer. Ese momento me impactó muchísimo. Que el hecho de que alguien te perdone, sea tan terrible y haga que todo lo que te rodea se derrumbe, es algo que nunca me había planteado, pero ciertamente cuando uno quiere sembrar odio, si no lo consigue, lo que ha hecho no sirve para nada. La tremebunda escena Baldrich-Gadea hizo que se me saltaran las lágrimas. Volviendo otra vez a la verdad en estado puro, que esta función desprende desde el minuto uno.

Alex Gadea, da vida a un idealista joven, poeta de gran sensibilidad y el nexo de unión para que el drama se desarrolle. Gadea ofrece momentos de gran altura en lo dramático y su personaje tiene un gran recorrido que Gadea exprime al máximo. Todo el cuadro de la carcel es absolutamente sobrecogedor, y su primera escena con José Luis Patiño, un auténtico ring escénico, donde se lanza bofetadas dialécticas de la forma mas despiadada, en un ejercicio de intensidad estratosférico. Gadea ha sido uno de los que mas ha crecido en el proceso desde aquel pase previo que presencié el año pasado. Trabajo de altura, muy pensado, interiorizado y perfectamente llevado a cabo.


Para finalizar José Luís Patiño, como el mas veterano, de los terroristas, una leyenda entre los suyos que ha sido torturado y que es el mas beligerante de todos los que en este comando se encuentra. Decir que Patiño es un gran actor es casi una redundancia, su trayectoria es lo suficientemente reconocida. Pero he de plantear, que su composición me dejó literalmente pasmado, impresionante es poco. Patiño dota de gran dureza a un tremendo personaje, capaz de decir las mayores salvajadas, pero sin dejar a un lado la humanidad que hasta el mas salvaje entre los salvajes en algún momento tiene. Su soliloquio en corbata, desnudo de cualquier artificio, primero en vasco y luego en español, pone los pelos de punta, emociona al mas pintado, y es uno de los mejores momentos que he vivido en los últimos tiempos sobre un escenario. Sobrio, contenido, y muy temible, Patiño crea un personaje tan de verdad que apabulla. Gran estudio del texto, con una claridad meridiana en sus exposiciones, y una clarísima línea que hacen que su interpretación sea realmente de campanillas.





                        

El montaje escénico es fascinante.Todos los personajes se pasan  la función atados a la tierra con unas enormes sogas, en el pecado llevan la penitencia amiguitos, aquello que tanto aman, aquello por lo que matan y mueren es su carcelero mas implacable, sin duda un gran acierto el concepto, tanto del espectáculo como de la escenografía. Las relaciones y los personajes están perfectamente definidos. El espectáculo se sirvió de unas maravillosas luces y un aprovechamiento deslumbrante de una sala tan especial como es el Matadero, que dota de grandes atmósferas las diferentes escenas, siendo especialmente impactante el bloque que se desarrolla en la carcel, conseguidísimo en toda su grandiosidad, siendo en algunos momentos un espectáculo de una exquisitez operística.

Javier Hernández-Simón, dirige con puño de hierro a un reparto en estado de gracia, sabe lo que quiere y como lo quiere, y el resultado es redondo, perfectamente hilvanado, con una línea estética e interpretativa clarísima y que funciona sin el mas mínimo problema. Desde el minuto uno el espectador se ve completamente absorbido por la trama de la que está siendo testigo. Hernández-Simón ha pulido, enriquecido y dado el remate a un espectáculo que ya apuntaba maneras en su primer pase con público. Un diez sin duda para un director que dará mucho que hablar. No me cabe la menor duda.




En resumen una propuesta no solo altamente recomendable, sino imprescindible, donde se nos plantean unas dudas mas grandes que la propia existencia del ser humano, y que todo amante de las artes escénicas no puede dejar pasar. Estoy absolutamente convencido de que no va a dejar a nadie indiferente. Teatro valiente, honesto y realizado con un amor inconmensurable a la profesión.

* Fotos cedidas por 611teatro

lunes, 15 de septiembre de 2014

Lunático Calígula

Ya he comentado por estos lares mi admiración hacia Camus, uno de los autores mas influyentes del S. XX, tanto en la escena como en el pensamiento. Calígula es sin duda su obra mas mediática, y una de las mas mitificadas en nuestro país, por obra y gracia de José María Rodero, y aquella interpretación sin parangón en la España de su época. Para mi Calígula fue una auténtica revelación, en los Años 90, en una producción majestuosa dirigida por Tamayo, con unos Luis Merlo y Pedro María Sánchez en estado de gracia. Mi primera copa de whisky, me la tomé a la salud de Calígula, ya que tan profunda fue la impresión que me causó que a la salida del teatro me pimplé en dos tragos el pelotazo, sin inmutarme. Sufrí mi primera catarsis ya que diecinueve años, no se tienen siempre, y disfrutar semejante texto a esa edad, es una experiencia bastante fuerte, máxime cuando se es un adolescente muy impresionable como yo lo era. No volví a ver esta función nunca mas, no quería que el encanto se perdiera, solo vi y en vídeo el de Rodero, y he de reconocer que me gustó muchísimo. Este año la han repuesto en el Centro Cultural Fernán Gómez, y la verdad es que me apetecía volver a verla. Un día antes hablaba con un amigo y le comentaba que me iba a abstraer de mi primer Calígula, para disfrutar de esta nueva versión, no me gusta anclarme en el pasado, y el teatro debe avanzar. Tamayo ya no está y los tiempos son otros, así que bastante desprejuiciado, me propuse disfrutar de esta inmensa obra que no deja indiferente a nadie, y sobre la que tanto se ha escrito. La experiencia resultó la mar de estimulante, y por encima de lo esperado, si bien es cierto que con algunos peros, como iré relatando a continuación.

                  


Calígula es un texto redondo, ofrece todo lo que el buen teatro debe ofrecer, un sólido drama, un fondo mas que profundo y unos personajes estupendamente plasmados, que el espectador no olvida nunca. Camus, según sus propias palabras dice lo siguiente de tan controvertido personaje 

"Calígula, hasta entonces príncipe relativamente amable, se da cuenta cuando muere Drusila, su hermana y su amante, de que "los hombres mueren y [...] no son felices". Desde entonces, obsesionado con la búsqueda de lo absoluto, envenenado de desprecio y horror, intenta ejercer, a través del asesinato y la perversión sistemática de todos los valores, una libertad que finalmente descubre que no es buena. Rechaza la amistad y el amor, la solidaridad humana sencilla, el bien y el mal. Toma la palabra los que le rodean, les empuja hacia la lógica, nivela todo lo que está a su alrededor por la fuerza de su negativa y por la furia de la destrucción que conduce su pasión por la vida.
Pero, suponiendo que la verdad sea revelarse contra el destino, su error consiste en negar a los hombres. No se puede destruir todo sin destruirse a sí mismo. Por eso Calígula desaloja a todos los que le rodean y, fiel a su lógica, hace lo necesario para armar a aquéllos que finalmente lo asesinarán. Calígula es la historia de un suicidio superior. Es la historia del más humano y más trágico de los errores. Infiel a los seres humanos debido a la excesiva lealtad a uno mismo, Calígula consiente en morir después de darse cuenta de que no se puede salvar solo y que nadie puede ser libre si es en contra de otros."

                                    

Es decir, que Camus, se sirvió de este personaje, para plasmar lo que el quería, huyendo de la imagen de cruel tarado, para mas o menos justificar su locura como un intento de inculcar o aleccionar a los demás sobre los valores que realmente importan en la vida. Para ello convierte a Calígula en un lírico personaje, que tiene un particular sentido de la justicia social, del amor y del arte, que de loco no tiene nada, y que asume su muerte, como consecuencia directa de sus acciones, sin excesivos problemas. La obra mas allá de su extrema truculencia, permanece en el subconsciente colectivo por las grandes interrogantes que plantea sobre nuestro sistema, nuestra escala de valores, y la forma de entender la vida en nuestra sociedad. Para ello Camus nos presenta una serie de imágenes de gran impacto visual y emocional, que nos hace plantearnos si la visión de un loco, puede ser mas acertada que la nuestra, porque Calígula señores es un asesino, un tirano y un sádico, que reparte justicia de forma muy dolorosa, pero muchas veces tremendamente justa. Ni que decir tiene que cualquier parecido con el personaje real es pura coincidencia. Calígula es pura filosofía, teatro de altura y va mucho mas allá de la figura histórica, va directamente a las tripas del espectador, para soltarle un bofetón en toda la cara y decirle, DESPIERTA!!!

                            

Vayamos con el elenco, un tanto irregular en los secundarios, y muy sólido en los principales.

Xabier Olza y Ángel Garcia Suárez, dan vida a Mucio y Metelo respectivamente. Mucho mejor García Suárez que Olza, ya que este último resulta poco creíble en su breve pero interesante papel, que teniendo en cuenta lo que tiene encima y el paradójico final que le toca en suerte, no imprime la suficiente fuerza dramática que este papel requiere. Ángel García Suarez da vida de forma muy convincente a este ruin Metelo que no duda en traicionar a los suyos para salvar su pellejo, aunque le salga el tiro por la culata. Crea un amanerado y retorcido personaje que claramente no es de fíar y que Suárez, sabe llevar a su terreno a la perfección.

Cesar Sánchez, perfecto como Senecto, el mas anciano de todos los conspiradores, como su propia nombre indica. Sánchez ofreció una creíble interpretación con un buen trabajo corporal, y que dotó de mucho sentido a su escena principal, dejando al respetable bastante impresionado en el momento de su muerte.

Antonio Gálvez como Lépido, bastante inadecuado, con un trabajo poco profundo, mas preocupado por escucharse, que por sentir lo que decía, y haciendo un poco de trampa en su interpretación. No me gusta cuando un actor se escucha mas a si mismo que a sus compañeros, se nota que está en un código distinto y se acusa bastante cuando está en escena. No me lo creí, lo siento mucho, pero esa fue mi impresión.

Héctor Melgares como Escipión, el personaje mas sensible de todos los que hay en la función y uno de los mas líricos, que creo que es el único que Calígula aprecia realmente, no en vano es un poeta, y este atormentado Calígula de poesía sabe mucho. Melgares está flojito, le falta peso escénico, algo que por un lado le viene bien al personaje ya que da sensación de fragilidad. Pero no es la composición del actor, sino los recurso que tiene lo que le hace transmitir esa sensación. Bajo de tono y con algún que otro problema de sentido en su texto, salva los trastos por su estupenda escena con Calígula donde lo da todo, gracias a ( es justo decirlo) Javier Collado Goyanes que se entrega, tirando de la escena sin problema. Manda Collado, Melgares le sigue, y la cosa funciona. Suficiente raspado para Héctor Melgares que no aprovecha tan bonito papel.

Fernando Conde como Helicón, de lo mejorcito del reparto. Conde es un soberbio actor, sólido como los cimientos del Coliseo y que lo mismo sirve para un roto que para un descosido. Conde nos obsequió con una interpretación de altura, de este irónico y leal Helicón, muy bien apoyada en la voz y en el cuerpo. Ofrece momentos mayúsculos en todas sus intervenciones, y su escena con Calígula durante el Primer Acto, es toda una lección de teatro bien entendido.

José Hervás como Quereas, estupendo sin duda, de gran presencia, mucho dominio del texto, aunque quizás un pelín monótono en algunos momentos. Quereas muerde, es el mas sensato y el mas inteligente de todos los conspiradores, manda en la sombra, pero es el que manda, y eso Hervás lo da a la perfección. Mucho dominio de la escena y sin ningún problema para resolver las difíciles situaciones por las que su personaje pasa. Cuando dice que ya es el momento de asesinar al emperador hiela la sangre, y amiguitos, esa frase es una de las mas importantes de la obra. Sobresaliente para Hervás, que aunó convicción y oficio en tan difícil rol.

Alejandra Torray ofreció una Cesonia mas que interesante. Pragmática, irónica, de duro carácter y un tanto resignada ante los acontecimientos tan tremendos que se suceden en escena. Torray posee una voz estupenda, en la que se apoya perfectamente, sabiendo imprimir carácter y presencia escénica a un personaje que suele pasar desapercibido, y que en este montaje está muy potenciado. Torray saca todo el jugo a lo que tiene. Un diez para ella.

Y para finalizar Javier Collado Goyanes como Calígula. Collado ofreció un Calígula alejado de cualquier amaneramiento escénico ( algo de lo que Rodero, con todos mis respetos abusaba un poco ) Hace una sensible composición, fuera de cualquier histrionismo, muy interiorizada y muy trabajada. Su Calígula dentro de lo excesivo del personaje, es muy sereno y ahí radica la grandeza de su interpretación, actúa con completa lógica, la de Calígula por supuesto, y eso estremece, porque aunque no compartamos lo que hace, comprendemos sus motivaciones, gran labor por parte de Collado. Abarcar un personaje de esta envergadura es muy difícil, y el lo hace sin problemas. Tal es el grado de implicación que en los saludos todavía mantiene el terrible semblante de su personaje. Collado se lo curra de lo lindo y sale mas que airoso del trance. Todo su complicado texto se entiende a la perfección, y comprendemos sin problemas el motivo por el cual dice que lo único que quiere es la Luna. Collado ofrece una personalísima y muy profunda visión de este personaje, con todos sus complicados recovecos.


                         

Vayamos ahora con la dirección y propuesta escénica.
Joaquín Vida, no se anda por las ramas y va al turrón sin contemplaciones, ofreciendo una lectura dura del texto, que va muy bien con el tono de la obra, dirige a todos los actores hacia unos objetivos muy claros, y  muy evidentes, se conoce muy bien la obra y se nota. Todo está perfectamente encarrilado, y el ritmo está muy conseguido, algo harto difícil en una función como está. Vida ofreció una función de potentes momentos visuales, que al tenor de la respuesta del público, a mas de uno le revuelve en su asiento, funcionan a la perfección. Dota de mucha ironía a las escenas mas truculentas, siendo un alivio para la dureza de la trama, y en algún momento el respetable se ríe, de forma incómoda, eso si, ante la brutalidad de lo que está siendo testigo.

La propuesta escénica muy sencilla y bastante clásica, con un suelo que recuerda a un tablero de ajedrez, donde estos personajes entablan tan terrible guerra dialéctica, unos taburetes un practicable y poco mas. Por cierto a mi el practicable me sobraba, si jugamos a unas interpretaciones tan desnudas, y que funcionan en líneas generales como en este caso ocurre, no son necesarios mas aditamentos. Luces mas que correctas y sobrio vestuario, en total consonancia con el estilo de la propuesta.



En resumen, una propuesta muy recomendable, que deja de lado cualquier fuego de artificio, centrándose en las interpretaciones de los actores y dando protagonismo absoluto a la estrella de la función, que en este caso es Camus. Algunos textos se hacen indispensables, este Calígula lo es, para muestra este botón de lo que este preclaro Calígula nos cuenta, y que tan en consonancia va con los tiempos que corren:

"Todo el mundo tiene asumido que gobernar es robar, pero hay maneras y maneras; la mía será la de robar por las claras sin tapujos, acostumbrados como estáis a los rateros, notaréis el cambio"
                            

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domingo, 24 de noviembre de 2013

El Malentendido, Camus Mal Entendido

Ya he comentado por estos lares mi adoración por Camus, y lo mucho que me influyó el visionado de su celebérrimo Calígula en mi postrera adolescencia. Es un autor que nunca defrauda ni en lo dramático, ni en lo literario, ni por supuesto en lo filosófico. La obra de Camus, abarca los grandes dilemas de la psicología humana, casi siempre de forma descarnada, revulsiva e inteligentísima. El caso de El Malentendido, es exactamente ese. Texto mayúsculo, con tintes de tragedia griega, gran calado social, y mensaje mas que actual. He de decir, que no conocía la obra. Me sorprendió mucho, el  que esté basado en un hecho real que conmovió profundamente al autor. Lo que aquí acontece traspasa cualquier tragedia imaginable. Antes de decidirme por este montaje leí un poquito sobre la historia, y me acerqué a Las Naves Del Matadero, dispuesto a tener una experiencia fuerte, como casi siempre me ocurre con Camus. Con un  catarrazo de no te menees, dolor generalizado y una molestísima tos, me arrastre al teatro, ya que mi interés hacia este texto iba in crescendo a medida que iba sabiendo cosas sobre el. Tristemente las expectativas estaban muy por encima de lo que presenciamos esta tarde. Esta producción, en mi humilde opinión, es un claro ejemplo de un insuficiente trabajo sobre el material original, un elenco poco aprovechado, y una superficial lectura de tan soberbio texto.







 El hecho en el que se basa la función es el siguiente. Una madre y una hija, dueñas de una pensión, se dedican a asesinar a sus incautos huéspedes para quedarse con su dinero. El hijo de la dueña de la pensión que se había ido del hogar familiar en su juventud, vuelve como adulto ya casado, para darles una sorpresa, se inscribe de incógnito y lo matan como a un huésped cualquiera, ya que no se habían percatado de quien se trataba realmente. Esta terrible historia sirve para que Camus, incida en varios aspectos de la esencia del ser humano, la frustración, la soledad, la amargura del desfavorecido, y sus pocas ganas de vivir ante la negritud de su existencia. Estas asesinas se mueven por motivaciones comprensibles, algo habitual en los textos de Camus. Sus aspiraciones son muy lícitas, salir de la miseria y tener una vida satisfactoria. Lo que no es lícito son los medios.








Vayamos al montaje en cuestión. Una cosa que me sorprendió desde el minuto uno es lo desdibujado que está el vínculo entre los personajes, las relaciones no son creíbles, como luego explicaré, el trabajo de Cayetana Guillén Cuervo funciona bien en solitario, pero no cuando comparte escena. Encuentro las interpretaciones excesivamente inexpresivas, sobre todo en la primera parte de la función. Esto hace que el espectáculo sea muy premioso, lastrando bastante el ritmo. Esta primera parte es una sucesión de textos monocordes por parte de todo el elenco, carentes de emoción, y dando poco sentido al texto. La naturalidad mal entendida sobre un escenario, da lugar a interpretaciones sin fuelle, que transmiten la sensación de poco trabajo en la construcción de los personajes, encontré excesivamente cinematográficas todas las composiciones, y la emoción no llega al espectador. Falta intensidad dramática, siendo muy notorio en el caso de Julieta Serrano, el mas existencialista de todos los personajes y que su abulia se vislumbra hasta cuando decide terminar con su vida. Esta propuesta sería válida si con ello se consiguiera revolver al espectador ante la pasividad de esta mujer, en este caso, lo que parece es que Julieta está desganada. Intuyo que es un caso de mala dirección escénica, y que no se consiguió dar el enfoque deseado al personaje, ya que la solvencia de Serrano es mas que conocida.







Cayetana Guillén Cuervo, se escucha demasiado a si misma, y poco a sus compañeros, restando naturalidad a su interpretación, sobre todo en la primera parte de la función, donde muchas frases parecen dichas sin darles ninguna importancia, y de forma muy parecida, resultando irritante el tono ,y repito el término, monocorde con el que finaliza sus textos. El vínculo madre-hija con Julieta Serrano no es creíble, y eso es un fallo grave en un texto de estas características, en su práctica totalidad basado en la relación entre ellas dos. No aprecié ese lazo de unión invisible de estas compañeras de miserias y de crímenes, y anda que no hay tela para cortar en ese asunto. Cierto es que en la segunda parte del espectáculo cuando toma protagonismo, se esfuerza y brilla mucho en su extenso y difícil monólogo, donde vemos que ha puesto toda la  carne en el asador, se desmelena, y se desprende del envaramiento del que adolece en un principio. Se salva por los pelos gracias al explosivo  final de la función, donde se vislumbra, que cuando se deja llevar, puede dar mucho de si. El resto del elenco cumple, aunque en general siguen todos con los mismos fallos de enfoque de los personajes, algo que achaco a cuestiones de dirección actoral. Falta verdad, y me da a mi que los actores han ido tirando de su intuición para sacar adelante este difícil texto. No encuentro unas directrices claras por parte de Eduardo Vasco en este tema, algo que va en detrimento de la función. Incluso el interesante papel mudo, de criado- dios, que desencadena la anagnórisis de nuestras heroínas. En su única pero importante intervención hablada, deja desconcertado a mas de un espectador, reaccionando el respetable de forma equivocada, ya que su frase de graciosa no tiene nada, y alguno reacciona con evidente hilaridad . Conociendo los antecedentes de Vasco, me sorprende enormemente que todas estas cosas se la hayan pasado por alto, y ahí es cuando me cuesta dilucidar si estamos ante un problema de dirección o de actores difíciles de dirigir.




La parte netamente escénica está muy conseguida, y ahí es donde el toque Vasco está mas que presente. El espacio, muy bien aprovechado, prescindiendo de la clásica representación a la italiana. Los espectadores rodean el escenario, y en algún momento se rompe ligeramente la cuarta pared de forma efectista,con ciertos toques Brechtianos, planteándosele al espectador directamente los dilemas mas remarcados en el texto. La escenografía de índole conceptual, estupenda, sobria, elegante, y muy evocadora. Destaco las proyecciones de agua, ese agua en el que estas asesinas se deshacen de los cuerpos de sus víctimas, y que sirve para cerrar el círculo de muertes que se desarrollan durante el espectáculo. Luces muy frías que transmiten a la perfección la atmósfera tan cruda que se respira en este insano texto. El espectáculo está acompañado de dos soberbios músicos que tocan la viola de gamba y el acordeón, de forma impoluta y bastante inquietante.



En resumen una propuesta estimable por lo arriesgado del texto, pero insuficiente en su ejecución. Excesivamente plana, superficial y carente de la intensidad dramática que un texto de esta envergadura puede ofrecer. El teatro es así, unas veces se disfruta mucho y otras veces se sale  decepcionado. En este caso, al tratarse de un autor que admiro tanto, la decepción ha sido mayor.





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martes, 1 de octubre de 2013

La Justicia Según Los Justicieros


Hace mas o menos un mes, me fui a ver un pase previo de una adaptación de Los Justos de Camus, los ensayos generales con público tienen un sabor especial, ya que los actores son mas ellos mismos, se les ve sin artificio, y todavía en proceso creativo, esto a veces es la mar de interesante, y a veces resulta un tostón de tres pares de narices. Depende basicamente de la madurez del espectáculo, así que cuando uno va a ver esta forma de representación, tan necesaria para tomarle el pulso a la función, uno va concienciado de lo que va a ver, y dispuesto a perdonar cosas, que en una obra ya rodada no perdonaría. Con esta mentalidad nos fuimos a Parla, que en cercanías está muy cerquita, mi Santo y yo, dispuestos a ver una función fuerte y teatro, poco convencional, Así que nada, en plena fiebre olímpica, todavía ojipláticos por la verborrea de Ana Botella, esta vez sin perlas ni tacones, ya que la ocasión no lo pedía, nos largamos con viento fresco a pesar del bochorno que hacía a Parla de Mallorca, perdón de Madrid





Antes de hablar de la función, quisiera hablar de Camus, el que suscribe se tomó su primer whisky, gracias a, o por culpa, de el Sr. Albert Camus. Siendo yo un tierno mancebo, aunque ya con juicio para saber alguna cosa de la vida, me fui a ver Calígula dirigida por José Tamayo, con Luis Merlo de protagonista. Sufrí mi primera catarsis, hasta tal punto que a la salida me tuve que tomar algo que me templara un poco el subidón, y un amigo que iba conmigo, ya mas puesto en estos temas, me dijo tómate un whisky,  yo como un corderito en estado de shock, me pimplé a palo seco, el  primer JB con hielo de mi vida. Ni que decir tiene que me volví loco con el autor, me leí todo lo que había escrito, y me creía el mas existencialista de los existencialistas ,ya sabemos que los adolescentes pasan por muchas fases,je je. Voy al lío que me disperso...






Los Justos ,es un texto que leí en mis primeros tiempos de estudiante de interpretación  (si, tengo un pasado, je, je, je, ¿acaso lo dudabais?),me impresionó mucho en su momento,pero el impacto con el paso del tiempo se fue diluyendo,la inteligentísima adaptación que vimos, no chirría en lo mas mínimo,si los protagonistas originales eran revolucionarios antizaristas,los de hoy son etarras,un paralelismo mas que acertado,en un momento muy propicio para plantear este asunto.El conflicto empieza en el momento en el que un terrorista iba a detonar una bomba en un coche, cuando pasa el vehículo ve que hay dos niños dentro y aborta la operación.La obra es dura,dura por muchos motivos,el primero,el shock que produce en el espectador ver que los terroristas tienen dilemas morales como todo hijo de vecino.El segundo, que aunque uno nunca estará de acuerdo con ellos,entiende sus motivaciones, y el tercero, que los grandes conceptos de la humanidad como son la justicia y la paz, tienen múltiples lecturas, a cada cual mas perversa,pero que pueden ser perfectamente argumentada, con la mas sibilina de las manipulaciones del lenguaje. No nos engañemos. La obra no es pro-etarra ni mucho menos,pero si humaniza unos personajes que uno nunca se plantea como seres humanos,algo que engrandece el texto,no existen los malos absolutos ni los buenos buenísimos,cada uno tiene sus luces y sus sombras.La dirección escénica es fascinante.Todos los personajes se pasan  la función atados a la tierra con unas enormes sogas,en el pecado llevan la penitencia amiguitos,aquello que tanto aman,aquello por lo que matan y mueren es su carcelero mas implacable,sin duda un gran acierto el concepto,tanto del espectáculo como de la escenografía.Las relaciones y los personajes están perfectamente definidos,otra labor de dirección a tener en cuenta.Por tanto un 10 absoluto para Javier Hernandez-Simón.Elenco de primerísimo orden destacando Lola Baldrich,absolutamente soberbia tanto como etarra,como viuda de víctima vestida de blanco,que perdona al asesino de su marido,siendo para el terrorista lo peor que le podían hacer.Ese momento me impactó muchísimo,que el hecho de que alguien te perdone,sea tan terrible y haga que todo lo que te rodea se derrumbe,es algo que nunca me había planteado, pero ciertamente cuando uno quiere sembrar odio, si no lo consigue, lo que ha hecho no sirve para nada.




Todo el reparto está de lujo,siendo los personajes muy complicados de perfilar,algo que consiguen con muchísimo acierto,son creíbles y sobre todo,son de verdad.Al ser un pase previo todavía le falta un poquito de ritmo,es normal,la obra necesita rodaje,en seis funciones eso está superado,no hay mas que medírle el tiempo al texto y ver la reacción del espectador,cosa que con los actorazos que forman este espectáculo,va a estar mas que solucionado.Espero que entren pronto en Madrid,habrá polémica,la obra sin duda es polémica,pero creo que hay momentos en los que la sociedad debe enfocar algunas cosas a cara de perro,y  en este tema España, ya va siendo hora de que lo haga.No contentará ni a unos ni a otros,eso dice mucho sobre esta valiente producción,y sobre un texto que con casi 70 años sigue levantando ampollas ( como todo Camus). Los Justos ya está de gira por los teatros de España ,yo espero verla otra vez en Madrid, y lo mas pronto posible.

* Fotos cedidas por 611teatro