jueves, 11 de octubre de 2018

Santi Senso Nos Habla De "Parir, Volver Al Vientre Materno"

Hace unos días tuve la oportunidad de entrevistar a Santi Senso, uno de nuestros artistas con mas personalidad, y cuyas propuestas no dejan indiferente a nadie. Profundamente implicado emocionalmente en su trabajo, Senso nos cuenta en que consisten sus famosos "Actos Íntimos" y nos deja entrever su forma de ser. Conocer a Santi Senso resulta muy revelador en muchos aspectos, y sobre todo resulta muy humano, ya que su estudio sobre el alma, y sobre su propia persona, sin duda nos sirve de referencia, para aprender a conocernos, sin juzgarnos, solo para mejorar. Reconozco que me impresionó su sensibilidad, la forma en la que desnuda su alma sin ningún tapujo, algo que sin duda se reflejará en el acto íntimo que mañana se estrena en el Teatro de Las Culturas. "Parir, volver al vientre materno", personalísima propuesta de nuestro artista, que estoy convencido que no defraudará a nadie. 






D.P.-¿Cuéntanos como es Santi Senso?
S.S.- Nací para cumplir los deseos de los demás. Mi madre una vez me dijo que ella había nacido para sufrir, y yo le respondí que ella me había parido para hacerla feliz. Para mi ésta conversación lo que hizo fue reafirmar lo que la gente dice mi, que soy catártico, y que he aceptado el poder que tengo. Es importante aceptar tu ego, un ego de autoestima, porque el ególatra aniquila esta vulnerabilidad que tenemos, y que está bien tenerla. Santi es vulnerable, es poderoso, invasivo, si invasivo pero no violo. Escucho y respeto antes de penetrar, pero si que soy invasivo y violento, porque el amor es violento. A veces estamos enamorados de alguien, y esa persona no nos corresponde, eso es violento. También soy muy honesto.



D.P.- Háblanos de tus "Actos íntimos".
S.S.- Los "Actos Íntimos" es un lenguaje, un lenguaje que no he armado yo solo. Un lenguaje en el que yo soy el impulsor, el agitador, pero para el que no soy autosuficiente. El lenguaje de los "Actos Íntimos" tampoco lo es, necesita del alma, del latir y de la pulsión de aquellos que se atreven a vivirlo, porque la dramaturgia está viva. Yo propongo e incorporo esa pulsión del público y el acto se va escribiendo durante su desarrollo. No hay ensayos, no hay pactos, el "Acto Íntimo" es lo que trasciende, eso es lo fuerte, lo que trasciende a lo largo del tiempo. Es ayudar a los espectadores y espectadoras a ser únicos y poderosos. Es la antesala de la vulnerabilidad, esa vulnerabilidad es poderosa. Resulta hermoso cuando alguien te dice lo que ha trascendido y te das cuenta que la dramaturgia sigue viva. También los podemos considerar una antesala al estado mas puro, sin artificios. De ahí la desnudez física, es mas fácil que me penetren y que no tengan prejuicios ni corazas. No en todos salgo desnudo, lo que siempre está es mi desnudez emocional, y eso, si que es violento.

D.P.- Diriges e interpretas ¿Que es lo que más te llena?
S.S.- Lo que me llena realmente es la "no dirección" porque estoy brindado a la dirección del público. Ese es el punto hacia el que hay que ir, cumplir el deseo del espectador, ya que como he dicho antes, estoy en este mundo para cumplir los deseos de los demás. Como diría Almudena Miguelañez, "estoy aquí para dar forma a mi sabiduría".


D.P.-¿En que consiste "Parir, volver al vientre materno"?
S.S.- Cuando he estado con los idígenas mejicanos, y se metían dentro del "temazcal", la chamana me decía que había que volver al vientre materno. Esa era la idea que tenía cuando me planteé el espectáculo, y las palabras de la chamana fueron muy reveladoras. Santi necesita volver a su ex pareja, necesita volver al barrio en el que se crió, volver a mirar a los ojos al profesor que le golpeaba y humillaba. Santi necesita volver al vientre materno para sanar, y después salir a practicar la honestidad del parto. Parir es sentir el dolor, el amor. No es que yo me quiera embarazar o ser papá, no. ¿Por qué la mujer por ser mujer tiene que parir?. ¿Solo la mujer tiene unos sentimientos que el hombre no tiene?. Yo he nacido con la necesidad de parir (se emociona). Hay muchos hombres que me dicen que están frustrados por no poder darle de mamar a mi hijo, y que les daba vergüenza decirlo. He nacido hombre, me siento muy contento como hombre, pero hay unos sentimientos que solo visibilizan los hombres, otros que solo visibilizan las mujeres, y tan solo una minoría visibiliza estados emocionales comunes.

D.P.- Y ya para finalizar... ¿Por qué debemos ver "Parir"?
S.S.- Por escucharnos, por amarnos, por darnos ese permiso de no tener verdades absolutas, y hacer visible lo que es invisible, en esta caso el deseo de muchos hombres de parir, y por el de muchas mujeres que no querían parir y lo tuvieron que hacer. Deben venir porque mi penetración es muy dura y directa, pero si te atreves a dilatarte, mi pulsión y mi honestidad, va a ser muy placenteras.


Me despedí de Santi Senso, con la sensación de ser mejor persona. Lo que planteo es absolutamente cierto, su forma de ser emana luz, no tengo otra manera de explicarlo, y reconozco, que uno siente que recibe un poco de esa luz que despide. Sin duda, aprendí mucho de él, ya que la entrevista que aquí se encuentra condensada por razones obvias, resultó reveladora, emotiva e íntima, tal y cómo los son sus "Actos". Recordad... "Parir, volver al vientre materno" todos los viernes en el Teatro de Las Culturas. Os aseguro que no os dejará indiferentes. 




miércoles, 10 de octubre de 2018

West Side Story, La Gran Tragedia Americana.


La temporada 18-19, posiblemente pase a la historia cómo la "temporada de los musicales". Así de buenas a primeras me vienen a la cabeza al menos siete títulos, de gran formato, que van a compartir cartelera éste año. Hace años, hubo un segundo boom del musical, en el que las diferencias con lo que está ocurriendo ahora están muy claras. Durante aquellos años, a la sombra de los grandes éxitos de una industria todavía incipiente en nuestro país, cómo fueron "My fair lady", "La Bella y la bestia"y El hombre de La Mancha", surgieron multitud de producciones, que realmente no estaban a la altura de los títulos que planteo. Fue un momento delicado para el género en España, y un servidor se temía, que la fiebre se disolviera como un azucarillo, ante la propia voracidad de la industria, que aprovechando el tirón plagó la cartelera de productos de pobretón acabado, y que poco favor le hacía al musical en nuestro país. Actualmente y después de unos años de transición, el salto del género en nuestro país es muy notorio, y ya se plantea el musical en casi la mayoría de los casos como un espectáculo de primer nivel, y con acabados formales mucho más que aceptables, entre otras cosas porque el espectador ha visto mucho, sabe más, y también es consciente de que el espectáculo realmente debe valer lo que cuesta una entrada para verlo. Ya sabéis que el musical es uno de mis géneros favoritos, así que estoy encantado con la temporada que se avecina, que se presenta jugosa en interesante a partes iguales. 
Cuando se anunció que "West Side Story" se iba a presentar en Madrid este año, reconozco que me emocioné, se encuentra en mi top de musicales favoritos, y cuando digo top, posiblemente esté entre los tres primeros, y además por motivos personales, guardo un emotivo recuerdo de la producción dirigida por Ricard Reguant a mediados de los 90, que me causó honda impresión en su momento, y que me trae recuerdos de una época de mi vida en la que todo lo vivía con mucha intensidad, incluido aquel "West Side", considerado poco menos que un hito en su momento, y que debemos juzgar al tenor de los mas de 20 años que hace que se representó. Ayer por fin me acerqué al Teatro Calderón para disfrutar de los trágicos amores de Tony y María, en una de las que podemos considerar grandes tragedias americanas. 




"West Side Story", con música de Leonard Bernstein, Libreto de Arthur Laurents y letras de Stephen Sondheim, se estrenó en Broadway el 26 de septiembre de 1957. Su estreno supuso un paso adelante brutal en el género musical.
La denuncia de una realidad social de gran calado, la delincuencia juvenil, el problema de la inmigración, y la condena social a la que se veían abocados ciertos extractos sociales, alejados de la tan cacareada América blanca fueron sin duda determinantes para ello. Otro motivo de innovación fue la enorme partitura de Bernstein, de estilo muy ecléctico y altos vuelos líricos, alejada de las comedias musicales al uso, y de gran dificultad para cantantes y orquesta. La línea a nivel vocal en West Side Story es complicada de definir, ya que si bien es cierto la obra se mueve en unos parámetros líricos, lo ideal es el uso de la técnica mixta para que suene como Bernstein realmente la concibió. Éste asunto sigue siendo uno de los caballos de batalla de la función y motivo de discusión entre los aficionados, sobre cual es su interpretación favorita de la partitura.

Otra cosa a tener en cuenta es que éste es un musical netamente urbano, algo bastante novedoso en aquella época, donde la ciudad de Nueva York funciona como un personaje mas dentro de la acción dramática, aunque bien es cierto que el primer musical urbano como tal es Un Día En Nueva York, del propio Bernstein, donde ya se empezaron a cocer muchas cosas a nivel musical de lo que posteriormente sería "West Side Story".



La obra se sirve de un duro lenguaje realmente inusual para la época y que levantó ampollas en su momento, ya que el drama está expuesto de forma muy cruda y realista, he aquí por tanto otro motivo por el cual "West Side Story" rompió moldes ya que se alejaba de forma muy notoria del concepto "comedia musical" mas ligera en su planteamiento y de menor connotación social.

 Este musical supuso nada mas y nada menos que el debut en Broadway de Stephen Sondheim como libretista,figura clave en el musical durante la segunda mitad del S.XX, y otro auténtico revolucionario del género.






La partitura de Bernstein es absolutamente arrolladora, resultando emotiva y vibrante a partes iguales y que apoya a la perfección la acción dramática, en una obra en la que la música está perfectamente integrada en la historia también de forma muy novedosa para la época, alejada de cualquier afectación en su planteamiento, y con pocas concesiones a lo melifluo."West Side Story" no es un almibarado remedo de "Romeo y Julieta" sino una dura historia neoyorquina en la que se le llaman a las cosas por su nombre, se exponen sin prejuicios, y de forma poco complaciente. El título de Bernstein entraña grandes dificultades a todos los niveles, desde el conjunto a los papeles principales, el nivel necesario es muy elevado, y sobre todo multidisciplinar, ya que no se puede concebir la obra de otra forma, porque su esencia, mayor seña de identidad y aquello por lo que rompió moldes fue precisamente por eso. "West Side Story" es palabras mayores, y una obra maestra absoluta, no ya del género, sino del teatro en general. El estreno de esta obra supuso un antes y un después en la historia del género musical, y es uno de la clásicos estadounidenses por antonomasia.



Vayamos con el elenco:

Realmente todo el elenco tiene importancia dentro de la trama, y en líneas generales todos los pequeños papeles se encuentran acertados en su cometido. Debo decir que el nivel del conjunto en la función es elevadísimo, y todas las coreografías y números musicales se ven ejecutados de forma impecable, y con espectacular acabado.
Dentro de los secundarios dos papeles hablados destacan por su extensión, Armando Pita como Schrank y Diego Molero como Doc. Ambos en un código de primer actor muy conseguido, y cumpliendo sin problemas en dos personajes difíciles y que requieren de dos artistas sólidos para ser ejecutados. Mención especial para Miguel Ángel Collado como Jack, cuya interpretación de "Querido Sargento Krupke" fue acertadísima, tanto por su bonita voz, como por la expresividad bailando de nuestro actor. También es destacable la maravillosa Pauline de Joana Quesada, toda una lección sobre como aprovechar uno de los bomboncitos de la función. Luciana de Nicola, también merece mención por su divertidísima Rosalía, que en "América" se luce muchísimo, no pasando en absoluto desapercibida.

Victor González y Oriol Anglada, como Riff y Bernardo respectivamente.
Muy acertados ambos, y en el código exacto que ambos papeles necesitan. González en un estupendo tono vocal, y corporal, cumple de largo en un papel comprometido en todas las disciplinas, y que nuestro actor afronta con aparente facilidad, bello timbre y una bien estudiada interpretación actoral. Anglada, de gran presencia escénica, personifica a un Bernardo elegante, templado, de atractivo acabado, y magnificamente resuelto en la faceta de bailarín, que debe de ser uno de los fuertes del personaje. 

Silvia Álvarez, como Anita.
De lo mejorcito de la noche. Nuestra actriz describe a Anita desde la sobriedad, con un desplantes escénico mas que notable, comicidad muy conseguida, y un recorrido muy interesante en su psicología. Resulta magnífica y extremadamente convincente, en una durísima escena que no revelaré, pero que realmente impresiona, y en su faceta como bailarina, donde el desparpajo fue la tónica en unas coreografías ejecutadas con impactante resultado. En la parte vocal, en un acertado código de actriz-cantante, da lo mejor de si misma en un espléndido, y muy braveado, "Ámérica" y el difícil dúo con Anita, uno de mis números favoritos de la obra. Silvia Álvarez se me antoja perfecta para Anita, llegando a la excelencia en no pocos momentos. 

Javier Ariano, como Tony.
Insuficiente en lo vocal, y correctísimo en lo actoral. Hay problemas con el Tony de Ariano en algunos puntos importantes en el papel. Los agudos no son satisfactorios, la necesidad de cubrir es primordial en un personaje como Tony, y en este caso la voz suena completamente abierta, teniendo como resultado que  en las notas mas extremas, el grito asoma peligrosamente, y en la zona de paso no acaba de resultar satisfactorio. No hablo de una interpretación completamente lírica, pero si que a nivel técnico se ajuste a las exigencias de la partitura, que no son pocas, por cierto. Otro problema son los recursos estilísticos, puntal del personaje, que en este caso, brillan por su ausencia en no pocos momentos, resultando su Tony plano a nivel musical, abrupto en la resolución del agudo, y bastante frío en general. La voz mas madurada, y mejor dominada, puede llegar a ser la de Tony, ya que por timbre resulta adecuadísima, pero todavía no se encuentra lo sufcientemente trabajada para un papel de esta envergadura. Actoralmente cumple a la perfección en un código que fluctúa entre el galán trágico, y la ternura adolescente, de forma muy conseguida y muy emotiva en algunos momentos.

Talía del Val, como María.
Si con su compañero Javier Ariano nos quedamos cortos, con Talía del Val, nos pasamos de largo. Me explico, el equilibrio vocal en un reparto es importantísimo, y en este caso, Talía, no por culpa de ella, sino por la línea general del elenco, parece estar fuera de onda. Su voz netamente lírica, cuesta acoplarse a la de sus compañeros, o viceversa no lo tengo yo muy claro, resultando imposible el empaste, a pesar del magnífico diseño de sonido, y pareciendo encontrarse fuera de estilo con respecto al resto del elenco. Una interpretación menos lírica enriquecería el personaje, en carácter y dulzura, y tendría mas coherencia dentro de este West Side Story. 
Del Val sirve una función espléndida, con unos agudos magníficos, buen uso del filado, así como unas notas flotantes realmente superlativas en "Una mano en mi corazón", pero resulta excesiva en no pocos momentos, especialmente en una discutible versión de "Me siento hermosa" mas cercana a la zarzuela que al musical. No quiero que parezca que no me ha gustado Talía del Val, porque no es cierto, simplemente que este "West Side Story" no es para ella. En otra propuesta musical, que podría comprar perfectamente, y con otro elenco de otras características sin duda brillaría muchísimo más, y su trabajo se vería reforzado. En este caso nos chirría un poco, y se merienda literalmente al Tony de Javier Ariano, que desaparece en cuanto cantan juntos.


Gaby Goldman al frente de la orquesta, si señores orquesta, grande y tal cual cómo concibió Bernstein. Realiza una lectura bastante personal de la partitura, especialmente en los tiempos, con tendencia a la ralentización en algunos pasajes que me chocó un poco aunque no molestó.
El sonido es ampuloso, de espectacular factura y que reconozco que me emocionó en no pocos momentos. Escuchar "West Side Story" así es un lujo, y toda una experiencia siendo esto que planteo uno de los principales activos de la función. Ojalá vengan mas musicales tan bien acompañados, la grandeza del género lo pide, y el espectador lo agradece y lo disfruta.


Federico Barrios ejerce como director de escena y adaptador de las coreografías originales de Jerome Robbins. 
Barrios se encuentra con problemas en la dirección de actores, en un texto que muerde y en el que el recorrido de los personajes es difícil de plasmar y de explicar. Del mismo modo, todavía el ritmo no acaba de estar en su punto exacto, siendo un poco premiosa la primera parte de la función durante las escenas habladas. En "West Side Story"  hay muchos personajes en escena hablando a la vez, algo que siempre es un problema añadido, y las excesivas pausas entre los bocadillos van tirando del texto para atrás hasta bien avanzada la función, que si ya va lenta en general en las escenas de varios personajes todavía se ralentiza más. El problema del ritmo se empieza a ajustar a medida que el drama se va desencadenando, para ir en progresión ascendente y finalizando la función mucho mejor de lo que empieza.Tengo la sensación de que todavía falta rodaje, y el problema con el texto es extensible a unas transiciones demasiado largas en algunos casos. También tengo la sensación que se irá corrigiendo con las funciones, ya que nos encontramos ante un título francamente difícil y en el que el rodaje es fundamental. A favor se encuentra la espectacular propuesta estética, que bebe directamente de la icónica película de 1961, y que se ve reflejada en escena de forma casi idéntica. Curiosamente, si bien visualmente se ha apostado por el film, la estructura de la obra que se ha utilizado es la original del musical, siendo un acierto a todas luces, donde la partitura está contada como Bernstein quiso. Nos encontramos ante una función muy ambiciosa en su vertiente escénica, y que se ve reflejado en una asombrosa producción de inspiradísimo acabado en no pocos momentos. A este respecto se debe poner especial atención en todo el cuadro de la pelea, magnificamente planteado, y en el que la escenografía de Ricardo Sánchez Cuerda resulta primordial, así como el fantástico y atmosférico trabajo con las luces de Carlos Torrijos y Juan Gómez Cornejo. Si dicha escena en vez de finalizar la primera parte del espectáculo, iniciara la segunda, luciría todavía mucho mejor de lo que luce, y dejaría en suspenso la trama en el momento ideal, ya que el "Quinteto" se me antoja perfecto como final de acto. A nivel coreográfico la función se encuentra muy bien ejecutada en los números de baile perfectamente incorporados en un escenario complicado como es el del Teatro Calderón. 



Es de justicia reconocer lo meritorio del espectáculo, su ambicioso acabado, el elevado nivel del mismo, y el entregadísimo elenco que lo lleva a cabo, que engrandece una función con algunos problemas, es cierto, pero que no empañan el acabado general, ya que el musical es francamente disfrutable, y se mueve dentro de un nivel muy alto, muy mimado en su concepción y de loable iniciativa, en el que la obra de Bernstein se encuentra sin ninguna duda en el lugar que se merece. Se debe hacer repertorio clásico en España, no hay que temerlo, las nuevas generaciones deben conocerlo, y se trata de una labor de formación del público absolutamente necesaria para la perdurabilidad del género, por tanto este "West Side Story" se me antoja de obligado visionado para el aficionado a los musicales, e imprescindible para todo aquel que quiera disfrutar de un clásico del teatro en general, la oportunidad es única, y realmente de gran interés. Avisados estáis, ver "West Side Story" sobre las tablas no es fácil, hacía mas de 20 años que no se montaba en nuestro país en castellano, ya que si se hizo en inglés en el Conde Duque durante unos Veranos de La Villa, y no creo que sea cuestión de esperar otros 20 para volver a  verlo.




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viernes, 5 de octubre de 2018

Katiuska, Noche Hermosa...

Por fin llegó el evento musical del año, y ayer se inauguró por todo lo alto la temporada 18-19 de la Zarzuela, siendo la de ayer una velada absolutamente memorable, y que estoy seguro que los presentes no la olvidaremos nunca, ya que muchas cosas hicieron que lo ocurrido ayer en la Calle Jovellanos se pueda considerar algo inaudito para nuestra zarzuela en los tiempos que corren.
Hace unos meses me llegó el rumor de una Katiuska con Ainhoa Arteta a la cabeza, y la verdad es que no le di mas valor que el de un rumor, y al poco tiempo se confirmó la realidad. Arteta cantaría Katiuska en octubre, con Carlos Álvarez como Stakof, y Jorge de León como el Príncipe Sergio. Desde ese mismo momento, el interés por la función fue máximo, siendo indudablemente la gran baza un elenco cargado de estrellas de renombre internacional, y francamente, pocas veces igualado en nuestro querido Teatro de La Zarzuela. Hay que decir que Maite Alberola y Rocío Ignacio también se encuentran como sopranos titulares del rol principal, así como Ángel Ódena y Alejandro del Cerro en los roles de barítono y tenor respectivamente. 
Ayer todos los que disfrutamos de ésta Katiuska, incluso aquellos que lo hicieron desde sus casas ya que se emitió vía Facebook, fuimos conscientes de ser testigos de una velada histórica, y que será recordada durante muchos años. El estreno de ayer ya forma parte de mi particular historia como espectador, y creo que de la de muchos de los presentes.



"Katiuska, La Mujer Rusa" aunque la segunda parte del título se quedó por el camino en algún momento pasando al repertorio como "Katiuska" a secas. Denominada como "Opereta en dos actos, en prosa y verso" con música de Pablo Sorozábal y libro de Emilio González del Castillo y Manuel Martí, fue estrenada en enero de 1931 en el Teatro Victoria de Barcelona. El estreno de Katiuska propició una de las anécdotas mas jugosas de toda la historia de la zarzuela. La música fue muy aplaudida pero no el libreto, que se mostró muy deficiente. Al día siguiente del debut Sorozábal se encontraba, bastante taciturno por el decepcionante estreno, en un café de la Ciudad Condal mientras un limpiabotas le daba lustre a sus zapatos. El limpiabotas reconoció enseguida al maestro y le comentó que había estado la noche anterior viendo la función, y que no le había gustado nada la historia. Sorozábal, que era muy largo, fue sonsacando al buen hombre sobre lo que el habría puesto para que le gustara, tomó nota mentalmente de todo, y acto seguido llamó al libretista para que cambiara la historia, volviéndose a estrenar con un libreto nuevo (igual de malo que el original, pero mas del gusto del respetable) triunfando de plano nuestra obra en su nueva versión. 




Sorozábal compuso una obra bellísima, de excesiva inspiración en el folclore ruso, algo que incluso alguno llegó a denominar como plagio, no sin falta de razón, ya que algunas melodías son calcadas de algunas de las mas famosas canciones populares rusas. Realmente lo que planteo no importa ya que la obra es de una belleza arrebatadora, y de un lirismo acentuadísimo en la mayoría de sus números, con momentos muy atmosféricos, y una partitura de gran sensibilidad en su concepción musical y que ofrece algunos de los mejores pasajes de nuestro repertorio, siendo el resultado de gran altura musical y un título de melancólico acabado, que emociona por su belleza.



La Katiuska que actualmente se representa en el Teatro de La Zarzuela, se hace en versión libre, sin decir el programa de mano a quien corresponde la poda, perdón, versión del texto. Hablemos de cortes, ya que en este caso es inevitable hacerlo. Los diálogos son una de las señas de identidad de la zarzuela como género, no es de recibo cercenarlos en practicamente su totalidad, y en esta versión desde la salida de la soprano principal se ha "operizado" la obra, convirtiéndola en una sucesión de números apenas hilados por un breve argumento, en el que se han suprimido personajes, en algunos casos de gran importancia; como es el caso del Conde Iván, y el comisario del Soviet que resuelve el conflicto al final de la obra, en un hablado sobre música francamente estimable. Por otro lado los personajes no tienen un desarrollo lógico, por mucho que Katiuska en su texto original de lógica no tenga mucho, y nos cuesta creernos su evolución, que va a trompicones y sin justificación alguna. Hay que limar textos, modificarlos, adaptarlos, y en un caso como el de Katiuska este trabajo debe ser todavía mas exhaustivo, pero lo que nunca debemos hacer es renunciar a que la zarzuela sea zarzuela, se debe afrontar sin complejos y con respeto. Quien no conozca Katiuska, después de haber visto la función sigue sin conocerla.






Vayamos con el elenco, un prodigio fuera de discusión.


Todos los secundarios de la función se encuentran muy adecuados en sus respectivos papeles, cargados de oficio, y en el código exacto que la función pide. Amelia Font como Tatiana, rotunda y lapidaria, con un monólogo inspiradísimo y cargado de picardía. Enrique Baquerizo como Amadeo Pich, bastante desaprovechado, ya que su solvencia es indudable, pero su papel ha quedado tan escuálido debido a los cortes que se resume en apenas tres chistes, muy bien colocados es cierto, pero sin entidad como personaje dentro de la función. Emilio Sánchez y Milagros Martín, como Boni y  Olga respectivamente, cargados de frescura, luciéndose más Martín que Sánchez, ya que los rigores de la tijera han sido menos inclementes con Olga que con Boni. Finalmente Antonio Torres como Bruno Brunovich, en un estupendo momento vocal, y cumpliendo de sobra en un papel para el que va sobrado de facultades. La conexión entre todos los personajes secundarios es magnífica, llevando a cabo un sólido trabajo actoral, y mas que solvente trabajo musical, donde todos los cantables se vieron resueltos con gracejo e impecable tono vocal, como mandan los cánones del género.


Jorge de León, tenor, como Sergio. 

Nuestro tenor sirvió una velada marcada por unos espectaculares agudos que son dados con una facilidad asombrosa, y potente volumen. El Sergio que se nos planteó es de poderoso acabado, impactante por momentos, aunque con algunos problemas en la línea de canto, y una desigual colocación que le afeó un poco el sonido en el principio del concertante, donde una ligera nasalidad me hizo temer lo peor, pero que posteriormente se vio corregida. En líneas generales, y salvo los matices, que arriba cuento, que no son en absoluto definitorios de la totalidad del trabajo, De León cumple sobradamente en su cometido, y nos deslumbra en no pocos momentos.

Carlos Álvarez, barítono, como Pedro Stakof.
Álvarez llevó a cabo un impresionante trabajo, férreo a todos los níveles, y de espectaculares resultados. Varias cosas son a tener en cuenta en la voz de nuestro barítono, su técnica increiblemente buena permite que todo fluya de forma natural, y que en ningún momento la voz suene forzada, incluso en la zona mas aguda, que en Stakof en algunos casos no es ninguna broma. Álvarez pleno en su instrumento, noble en el canto, y tremendamente expresivo, dio muchos momentos de altura en la noche. Tanto en las pasajes mas líricos, como en los mas heroicos, nuestro barítono da todo lo que tiene con calidad y entrega. La voz es indudablemente atractiva, rotunda, brillante y con una capacidad para conmovernos realmente superlativa. Dentro de una interpretación tan redonda debo destacar su romanza inicial, y el célebre "La mujer rusa", que pusieron patas arriba al teatro, así como el dúo con Katiuska en el que tanto Álvarez cómo Arteta, salieron literalmente a matar. Álvarez ofrece un canto apasionado, robusto y de gran belleza que a mi personalmente me fascinó y emocionó a partes iguales.

Ainhoa Arteta, soprano, como Katiuska.
Arteta plantea una Katuska de ecos operísticos y corte preciosista, tremendamente efectiva y de gran expresividad. Varios puntos marcaron su trabajo, el uso de los filados es notable, el fraseo espléndido, así como el legato, y unas notas resueltas de forma exquisita con unos pianos excelentes, larguísimos y que traspasan la sala como un cuchillo. La voz es enorme, el centro potentisimo, y se encuentra en una esplendorosa madurez vocal, que resulta muy gratificante para el espectador. Sin duda la lectura de Katiuska que Arteta hace es muy personal, y huye del término "zarzuelero" siendo el resultado superlativo y de inolvidable factura. Si lo que planteo no parece bastante, a ello se debe añadir el maravilloso porte de nuestra cantante, que luce poderío y hechuras de gran diva en escena, dicho en este caso en el mejor sentido de la palabra.



Coro Titular, dirigido por Antonio Fauró.Correctos y muy matizados, en una función poco comprometida para el coro, aunque si de gran belleza. El número con el que comienza fue interpretado con gran sentido del dramatismo, y el concertante resultó muy espectacular y de refinada factura. 

Guillermo García Calvo al frente de la OCM, ofreció una inspiradísima lectura, en la que primaron unas elaboradas dinámicas, cuidando mucho a los cantantes, y dando a cada momento el volumen perfecto para lo que Sorozábal quiso contar. Acertadísimo en los tiempos, supo perfectamente dar el toque lírico, casi melifluo de algunos pasajes, con gran sensibilidad, así como una progresión dramática muy conseguida, y de gran profundidad en el sonido. La lectura de García Calvo engrandece la partitura de Sorozábal y aprovecha al máximo el sensible material compuesto por el compositor donostiarra, resultando el complemento perfecto para el elevadísimo nivel que había en el escenario. Me gustaría hacer una mención especial a la Rondalla Lírica de Madrid "Manuel Gil" con Enrique García Requena a la cabeza, que dota de un delicioso exotismo al espectáculo.



Emilio Sagi, a la cabeza de la función en las labores de regista, cortes aparte, sirve una función elegante, bien dirigida en los cómicos, muy dinámica y que funciona a la perfección como estilización de Katiuska, si nos planteamos la obra como una píldora en la que se concentra la obra en su mínima expresión. Nuestro director se sirve de unas imágenes de gran fuerza evocadora, en la que una poética visión de una realidad muy dura, maravillosamente planteada en la espléndida escenografía de Daniel Bianco, sirven de lírico reflejo de una Rusia arrasada. Sobre las ruinas de la Revolución Rusa se erige un pequeño reducto de bucolismo, tocado pero no hundido por lo que lo rodea, y ahí se desarrolla este cuento de hadas que es Katiuska, en el que todo transcurre de forma vertiginosa, perfectamente transitada, y lo que es mas importante, sin que el ritmo decaiga en ningún momento. ¿El reto? hacer eso pero con texto, si se consiguiese, la función sería redonda. Sagi se aleja del drama desaforado para entrar en los vericuetos del glamour hollywoodiense, en este caso completamente justificado, y donde algunos cuadros tienen una belleza arrebatadora, y planteándose esta Katiuska cómo un divertimento delicado como una porcelana, y leve, muy leve en lo dramático. Me gustaría hacer una mención especial a las luces de Eduardo Bravo, en la excelente línea a la que nos tiene acostumbrados. 



En resumen, una función de alto voltaje en lo musical, que me emocionó en no pocos momentos, y en la que el inigualable plantel artístico consigue transportarnos a aquellos años dorados de la zarzuela, tan bien registrada en diferentes grabaciones. Esta Katiuska engloba lo mejor que a nivel musical nuestro género lírico puede ofrecer, y se justifica en si misma para que podamos entender porqué la zarzuela era un espectáculo de masas hasta no hace tanto tiempo, y que si se quiere, podemos situarla de nuevo en el lugar que se merece. Sin duda la de ayer fue una "Noche hermosa", que dice nuestra princesa de sangre imperial, para todos los aficionados a la zarzuela.

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