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miércoles, 15 de mayo de 2019

Doña Francisquita, Lluís Pasqual No Quiere A "La Paca"

Quiero empezar esta crítica con una declaración de principios, la zarzuela es música, pero también es texto, nos pongamos como nos pongamos es inherente al género y una de sus señas de identidad. Anular su identidad es directamente anular la zarzuela. Amo nuestro género lírico, con sus virtudes y sus defectos, alabo las primeras y reconozco los segundos, pero lo que jamás hago, es despreciar el género, bastante se lleva haciendo desde tiempos inmemoriales como para ponerle un clavo más al ataúd en el que parece se empeñan algunos meter a nuestro patrimonio lírico.
Soy partidario de modernizar textos, de una renovación estética, y una revitalización del género, pero siempre teniendo en cuenta que lo que tenemos entre las manos es zarzuela, y que  los códigos del género, o al menos sus características mas importantes deben prevalecer, más allá de lo que se pueda plantear como el futuro de nuestra lírica. Si no hacemos zarzuela, nos la cargamos, si la abordamos desde el prejuicio la estamos matando, y si no ponemos un verdadero empeño en dignificarla, mejor la dejamos para las salas de concierto, con gran dolor de mi corazón. No soy capaz de vislumbrar por donde debe evolucionar la zarzuela, e incluso a estas alturas de la película, ya me cuesta incluso pensar que pueda hacerlo, porque a fuerza de repetirnos que se ha quedado antigua, voy a acabar creyendo que es verdad. Sinceramente no creo que una Francisquita se haya quedado más antigua que una Cavalleria Rusticana, pero nadie se plantea que la segunda sea irrepresentable tal y como se concibió (hablo de texto y música) mientras que se sobreentiende que Doña Francisquita, es un ente extraño que parece ser incomprensible para el público actual, completamente ajeno a las mentes pensantes del S.XXI, y que no tiene ni el más mínimo atractivo para un espectador medio en la actualidad. Un sencillo enredo amoroso ambientado en el S. XIX, no creo yo que sea tan complicado de entender, ni por supuesto tan ofensivo para el público actual, que no sea capaz de discernir que es una obra hija de su tiempo. ¿Debemos cambiar Otello y que sea Desdémona quien le de lo suyo al tenor, por machista y celoso? obviamente no. Pues entonces, entiendo que con la zarzuela tampoco se debe hacer lo mismo, especialmente si el resultado final del cambio es peor que el original, como iré narrando.
Esta disertación viene a colación del estreno de Doña Francisquita ayer en el Teatro de La Zarzuela, en la que si algo me quedó claro, eso es que el camino a seguir, no es el que Lluís Pasqual ha tomado en este caso, y que un poquito más de amor al título dirigido, nunca viene mal.



Doña Francisquita con música de Amadeo Vives y libro de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, tuvo su estreno triunfal en el Teatro Apolo de Madrid el 17 de octubre de 1923.
Nos encontramos ante una de las cimas de nuestro género lírico, uno de los mejores ejemplos de zarzuela grande, y un título de gran influencia que dio un enorme impulso a la lírica española en el segundo resurgir de la zarzuela.
Vives compuso una obra monumental, en la que se huye del sainete lírico, para elevar el género a cotas operísticas en la mayoría de los pasajes, en una partitura plagada de fuegos artificiales canoros, y de una belleza realmente indescriptible. Amadeo Vives estiliza el folclore español y el madrileñismo de forma superlativa durante toda la partitura, sin dejar de lado una música de profundas raíces españolas, y gran elegancia en su acabado formal. La obra equilibradísima en lo musical, tiene varios de los "hits" más recordados del repertorio, empezando por la "Canción del Ruiseñor" continuando por la "Canción de la Juventud", la célebre romanza para tenor, así como el bellísimo dúo de tintes veristas entre Fernando y La Beltrana. Para rematar la faena en el tercer acto nos encontramos el delicado "Coro de Románticos" y el vigoroso "Fandango" de marcada impronta en la cultura popular, y pieza clásica del repertorio de danza española. Doña Francisquita sea posiblemente el canto del cisne de nuestra zarzuela, en la que se puso toda la carne en el asador para conseguir una obra deslumbrante en lo musical, y de enorme calidad en toda su extensión, deliciosa de escuchar y de difícil ejecución para todos los componentes de la función.
El libreto escrito en verso, es un remedo de "La discreta enamorada" de Lope de Vega, que quizás pueda parecer un tanto cursi para el espectador habitual, pero que se encuentra muy por encima de la media literaria de nuestras zarzuelas, en el que texto y música se compenetran a las mil maravillas, y en el que el enredo amoroso propiciado por la taimada Francisquita para conseguir el amor del apocado Fernando, se encuentra bien expuesto, de forma amable y entretenida.


Lluís Pasqual firma la versión, y crea un auténtico destrozo, en el que poco queda de la obra original, no aportando nada que mejore el material escrito,  que resulta irritante por momentos, y del que salí con serias dudas sobre si el espectador neófito, sale de la función con una idea clara del argumento de la obra. Se nos plantea cada acto de la función en una época distinta, y con una situación escénica diferente. El primero en los años 30 durante una grabación en disco de la obra, el segundo en un grabación para la televisión durante los años 60, y el tercero en un ensayo general en la actualidad. El nexo de unión es un narrador que dice lo mismo en cada acto del espectáculo, es decir lo innecesarios que son los textos, lo poco que vale el texto original, y que a nadie le interesa lo que se dice en la función, buscando en cada uno de ellos la disculpa más peregrina para no decir los parlamentos de la obra. El personaje de Gonzalo de Castro, molesta bastante, no aporta nada, y parece ser la voz de lo que opina Lluís Pasqual de nuestra zarzuela y este título en particular, rematado todo el espectáculo con una retahíla de chistes manidos, poco efectivos, y que a mi personalmente no me sentaron muy bien en algunos casos, ya que encontré la obra poco respetuosa con nuestra zarzuela, y en exceso aleccionadora hacia el respetable, sobre la supuesta invalidez de las partes habladas en la zarzuela. Hay un poso de menosprecio que me dolió profundamente, y que pienso que poco favor le hace al género, y lo que es peor, no hay nada de la esencia de la obra original, el "koncept" se lo ha fumado directamente, para hacer otra cosa, que desgraciadamente, y como luego explicaré, tampoco funciona en los escénico. De asociar, una vez más, la zarzuela al Franquismo, y repetir lo mucho que le gustaba al Régimen, prefiero ni hablar, otro de los tópicos del género, que tanto daño ha hecho, y que Lluís Pasqual no ha perdido la ocasión para dejarlo caer.



Vayamos con el elenco.

Gonzalo de Castro, actor, como narrador.
De Castro no acaba de rematar un personaje que farfulla en exceso, que no acaba de encontrar su sito en escena, y que molesta bastante en el primer acto, bailando durante los números musicales, intentando buscar cierta presencia en algunos momentos en lo que un discreto segundo plano hubiese sido más acertado. 

Partiquinos ejecutados por miembros del Coro Titular, correctos en general, con mención especial para el afortunadísimo Sereno de Francisco Javier Alonso, de muy expresivo acabado, y sobrado en cuanto a volumen y belleza en la voz. 

Antonio Torres como Lorenzo Pérez, Santos Ariño como Don Matías, y María José Suárez como Doña Francisca, cumplen de forma efectiva en sus papeles, luciéndose Torres en la escena de la Mazurca, cuya intervención estuvo cargada de fuerza, y muy acertada en lo musical. Santos Ariño, cuyo personaje ha sufrido una poda importante, cumplió con oficio en su solo, siempre conmovedor y de gran belleza, y Suárez en su acertadísimo código habitual de lapidaria caraterística hizo las delicias del respetable en el que posiblemente sea el personaje mejor tratado en la versión que se está representando, y del que Suárez saca oro puro en cada intervención.

Vicenç Esteve, tenor, como Cardona.
Muy acertado y enérgico en lo actoral, resulta un tanto excesivo en lo musical, ya que tanto ímpetu empaña una interpretación en la que un poco más de delicadeza en el fraseo no hubiese estado mal, y un sonido menos abrupto hubiese rematado el personaje de la forma adecuada. El timbre es bonito y la voz corre sin problemas, siendo la intención en los cantables, uno de los fuertes de un trabajo correcto, aunque con matices.

Ana Ibarra, mezzosoprano, como Aurora "La Beltrana".
La Beltrana es uno de los personajes más hermosos de nuestra zarzuela, y su dificultad estriba en una tesitura difícil, tirante para una mezzo, y excesivamente grave para una lírica. Ibarra de poderoso instrumento las da todas, incluso el complicado inicio del dúo, caballo de batalla del personaje, que en nuestra cantante suena pleno y grande. Sirvió un admirable "Soy madrileña", con graves de impresión, línea de canto perfecta, y espectacular en su acabado. Nos encontramos ante una cantante que ofrece calidad y musicalidad a partes iguales, sin dejar de lado la parte más vistosa del personaje, ni sus tintes dramáticos en el dúo, cuyo mutis fue realmente acertado. Actoralmente se encuentra correcta, y cargada del empaque que se le supone a Aurorilla "La Beltrana". 

Ismael Jordi, tenor, como Fernando.
Magnífico, en una sensible y matizada creación, que me emocionó en algunos momentos, y que me fascinó en su acabado. Varias cosas son a tener en cuenta de su trabajo. En primer lugar el bellísimo timbre que posee, más maduro que en las últimas intervenciones que le he visto, y con más cuerpo. El fraseo es absolutamente magistral, el uso del legato acertadísimo, y unos agudos bien colocados y de espectacular resolución. La romaza principal fue cantada de forma impecable y largamente ovacionada, aunque no nos obsequió con un bis, que estaría bien justificado. Su fuerte está en el lirismo de una interpretación que tuvo otro momento de oro en el quinteto, cantado de forma exquisita y donde se fundió a la perfección con la Francisquita de Sabina Puértolas. 

Sabina Puértolas, soprano, como Francisquita.
Me he reconciliado con la soprano navarra, después de Tabernera, que se ajustaba menos a su vocalidad que "La Paca". Puértolas dota de una interesante sensualidad al personaje, y huye de la imagen habitualmente cursi, y equivocada, que se le suele dar. En general me pareció que sirvió una función homogénea, en la que la voz no cambia de color en la zona aguda, y suena de forma suficiente en la zona central, algo muy de agradecer en un personaje no muy bien tratado por la tradición, y que se asocia a lírico-ligeras, cuando una lírica con coloratura es más adecuada para el personaje, ya que Francisquita se mueve engañosamente por la zona media más que por la aguda. La voz bonita y bien proyectada resultó efectiva en la "Canción del Ruiseñor" y muy matizada en los dúos y tercetos, resultando perfecta como contrapunto a Ismael Jordi. Otra cosa que se debe mencionar, es que Sabina Puértolas canta lo que está escrito, no plaga la función de los innecesarios sobreagudos que a veces se escuchan por aquello, una vez más, de la "tradición". Así se escribió la Francisquita y así se debe cantar. 

Coro Titular del Teatro de la Zarzuela dirigido por Antonio Fauró, absolutamente magnífico en todas las intervenciones. Para la posteridad quedará una "Canción de la juventud" de poner la piel de gallina, y un "Coro de Románticos" que creo que pasará a la historia del coliseo de la Calle Jovellanos, con una nota final larga y exquisita que levantó una de las ovaciones de la noche. Espectaculares en el volumen, grandiosos como la obra requiere, y matizados en grado sumo, fueron un activo incuestionable en una función bien planteada en lo musical.

Óliver Díaz a la batuta de la OCM, lleva la orquesta al límite de sus posibilidades, en una lectura inteligente y cuidada de la obra, y en la que hace lo indecible por sacar la función adelante a pesar del dislate escénico, aprovechando al máximo a los cantantes que fueron cuidados hasta la extenuación, siempre a favor de la función y sus artistas. El sonido resulta compacto aunque menos teatral que en otras ocasiones, algo que no tengo yo muy claro que sea culpa de Díaz, como más arriba planteo.
Mención especial a la Rondalla Lírica de Madrid "Manuel Gil" inconmensurable en sus intervenciones, y una vez más confinada en el foso, ya que parece que molestan en escena, léase esto en modo irónico, por favor.

Lucero Tena, hace una colaboración especial en el Fandango, y solo se puede decir que resulta magistral, lo que Tena hace con los palillos es magia, no hay otra forma de definirlo. Los matices que saca de las castañuelas, su personalidad en escena, y la ternura que infunde son infinitas. Recordaré siempre lo que Lucero Tena hizo ayer, sin duda ya forma parte de mi historia como espectador. Decir castañuelas es decir Lucero Tena, no me cabe la menor duda. 



Vayamos con la propuesta escénica. 
Lluis Pasqual patina, y lo hace en varios aspectos, el primero los sobados recursos de grabación y filmación, ya vistos hasta la saciedad, y que a estas alturas de la película no aportan nada que no se haya visto antes, y con mejor fortuna. También hay que remarcar que todas las acciones, o la mayoría, en los cantables van en contra de la partitura, destrozando los números de presentación de los personajes que se encuentran desangelados y son anti-teatrales en grado sumo. Todo el primer acto se puede plantear como un concierto, estático, sin gracia, y frío como un carámbano. El segundo acto un poco mas inspirado esteticamente que el primero, especialmente en su final con un acertado giratorio, que dota de gran belleza plástica al cuadro, dentro del tono apagado y poco atractivo de la función, que en este acto Lluís Pasqual vuelve a meter en la nevera, cada vez que los cantantes interactúan con las cámaras en vez de entre ellos. En cuanto al tercero se nos plantea como un ensayo general, general sin vestuario, con ropa de ensayo, un espejo y luz de trabajo. He hecho y visto muchos generales, y en mi humilde entender los ensayos generales con público, tal y como se dice en la función que es, nunca se hacen así. Para la posteridad quedará la desafortunada presentación de Lucero Tena, digna de un especial televisivo de un productor de zarzuela, que llevaría al extremo contrario la Francisquita, y que visto lo visto, no se si la prefería a lo presenciado ayer. Pasqual hace todo lo contrario a lo que Francisquita es, siendo el resultado una función apagada, de estética feísta en no pocos momentos, el carnaval se lleva la palma, y con sorprendente poca garra teatral, teniendo en cuenta el bagaje de nuestro director. Lo que más me dolió, fue que no vi ni una sola gota del amor que dice tenerle Pasqual a Doña Francisquita en el programa del espectáculo, sino más bien todo lo contrario. Ayer salí triste y decepcionado del Teatro de la Zarzuela, y si bien es cierto yo siempre apuesto por el futuro y no por el apolillamiento, creo que esta producción no le hace el más mínimo favor a nuestro género, ni a Doña Francisquita. Siempre quedará la música, que sale triunfante, y el regusto de ser conscientes de que mejorar los originales, amén de difícil, en la mayoría de los casos es imposible.
Mención especial a las inspiradísimas coreografías de Nuria Castejón, y a los, como siempre, bellos figurines de Alejandro Andújar.






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9 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo Jonathan; uno que lleva hechas las dirigidas en escena por Tamayo, Osuna, Amengual, Montesinos,Gerardo Mere,Jose Luis Alonso,Emilio Sagi, todos con mayor o menor fortuna, aunque fueron siempre brillantes y dentro de un nivel de respeto al texto y a la música y al texto; con estos directores de escena terminas amando la obra, como lo que es; una de las zarzuelas españolas mas querida. Lo que han pretendido hacer en esta producción no tiene nombre. Si tratan de que el público no venga al teatro, han acertado plenamente. O tal vez tratan de conseguir desde dentro lo que hace un año no consiguió el teatro real desde fuera?

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    1. Perdón no introduje mi nombre al comentario, Julio Pardo Barral.

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  2. Tengo entradas para mañana, y me dan ganas de no ir.

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  3. Como le diria Mariana a Luisa Fernanda: "Has estado de rechupete". Marco A. Campos (Teatro Lirico of DC)

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. 2019, 9:18
    Amo con locura a la Zarzuela. Si la hieren me hieren, si la elevan llego al séptimo cielo. No es de extrañar, tal y como ayer comenté en la introducción de uno de los parlamentos de Montse Martínez y Ángel Cercós (que también la aman y respetan), la Zarzuela fue mi canción de cuna y me muero si de ella hacen burla. No vale que la siempre insigne Lucero Tena, venga a rematar la obra. Ella debió ser un aliciente más para una excelente producción y no una disculpa para tragarse el bodrio del que, con su habitual destreza, nos da cuenta Nueva Jonathan Fernández, nuestro crítico de cabecera y cuya opinión comparto. ¿No os parece lamentable? ¡Viva a Zarzuela! Espero que sobreviva a este nuevo ataque.

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  6. Maestro , maestro, maestro. Sintiendo lo mismo, ojalá pudiera expresarlo así, pero lo que no puede ser, pues no puede ser. Mi abrazo y reconocimiento al, sin duda, mejor crítico del genero entre tanto paniaguado y pretencioso juntaletras. Un enorme abrazo de nuevo y gracias por esas críticas impagables (e "invendibles 😜).? Vuelvo hoy...

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  7. Invendibles, como su autor, por si no ha quedado claro

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  8. Casi un año ha pasado. Por fin he visto esta Doña Francisquita en la red. Tenía curiosidad. Me apetecía ver -y oír- Doña Francisquita; pero había visto algunas imágenes y se me quitaron las apetencias. Ya sabes el pavor que tengo a lo que yo denomino "moderneces". Hoy, por fin, me he decidido. He disfrutado con la música y con las voces, con coro y solistas, con el ballet con Lucero Tena… pero me he quedado sin ver Doña Francisquita. Una pena.
    Ya sabes que siempre digo que muchos diálogos de revistas y zarzuela conviene que se "peinen" un poco para que se entiendan mejor y/o no resulten en exceso lesivos para el público actual, pero de ahí a desfigurarlos, mutilarlos o directamente cargárselos, como hace Lluis Pasqual hay un trecho.

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