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miércoles, 4 de octubre de 2023

Chicago, La Elegancia De Los Clásicos.


Antes de hablar del excelente Chicago que se está representando en el Nuevo Apolo, quisiera hacer una pequeña reflexión sobre los musicales en nuestro país, y el aluvión de estrenos que se nos avecina. Se ha iniciado por fin la temporada teatral 23-24 teniendo una vez más este año gran importancia el género musical. Hay estrenos de todo tipo y para todo tipo de público, clásicos, familiares, icónicos, gamberros, de pequeño y gran formato, y todos tienen un denominador común, el asentamiento de los musicales en la cartelera madrileña, y la confirmación del agrado del público por este tipo de espectáculos. Nunca me cansaré de repetir lo mismo, cantidad no es igual a calidad, y se debe pensar bien lo que realmente nos apetece ver, informarse antes y sobre todo saber si la producción se encuentra dentro de los estándares mínimos que un espectáculo de estas características debe tener. Las entradas tienen su precio, y deben ser los productores los que le ofrezcan al respetable lo que está pagando, el resto no vale. Es muy dañino para el género, para el teatro y para el negocio que general. Por tanto queridos lectores míos ser selectivos, y sobre todo no juzguéis a todos por igual tras una mala experiencia, al final esto es una carrera de fondo y las cosas caen por su propio peso, el que da gato por liebre, da la primera vez, la segunda posiblemente no. Trucos para no caer en fiascos... muy sencillo, investigar quien está detrás de la producción, guiarse por lo que dicen otros espectadores, y revisar el mayor número posible de material gráfico de la obra y sus elencos. Con estos pequeños tips, no fallaréis estoy seguro. Y ahora si... hablaré de Chicago.

 


Chicago, musical con partitura de John Kander, letras de Fred Ebb, y libreto de Bob Fosse y Fred Ebb, tuvo su estreno en Broadway en junio de 1975, y la verdad que en su estreno no tuvo el éxito esperado a pesar de contar con unos mimbres estupendos para que así fuera, amén de su magnífico equipo creativo, el protagonismo de Chita Rivera y Gwen Verdon, posteriormente sustituida por Liza Minelli tras una lesión de Verdon, no consiguieron que la obra pasara de un éxito más bien discreto y dos años en cartel, algo que en Broadway se puede considerar un éxito más bien mediano. La obra yo creo que no se entendió en su momento, y su estilo demasiado moderno en su concepción dramática, para los parámetros de la época, chocó con un público acostumbrado a platos quizás menos exquisitos, pero si de más fácil digestión. Además el mismo año que se estrenó Chicago un torbellino llamado A Chorus Line arrasó en Broadway, y sin ninguna duda le hizo sombra, algo que no se subsanó hasta 1997, cuando el exitoso revival, hoy considerado canónico, si consiguió el favor de crítica y público, convirtiéndose en un éxito arrollador que todavía perdura, siguiendo en cartel en Broadway desde se reposición hace casi treinta años. El público sin duda era otro, y la sociedad también, y Chicago dio de lleno en la diana con su crítica mordaz, su negrísimo humor, y sobre todo su lúcida mirada sobre nuestra sociedad.



 

La obra de indudable calidad, tanto musical como literaria, tiene sin duda varias cosas que lo hacen atemporal, universal, y decididamente una obra maestra del género. La partitura de Kander, de estilo ecléctico supo plasmar a la perfección el estilo musical de los Años 20 del siglo pasado en los que se desarrolla la trama, el jazz se encuentra muy presente, así como la música más relacionada con el vodevil, género estrella por aquellos tiempos. También se puede encontrar en la partitura un delicioso tango, no se nos olvide que causaba furor en aquella década, el sempiterno charlestón, así como un delicioso homenaje a la opereta, también en pleno esplendor por aquellos días. Lo más representativo de esta partitura es lo definitoria que resulta en cuanto a la psicología de cada personaje, que siempre sirve como catalizador de la acción dramática, y que se encuentra integrada dentro de la historia de manera magistral, completamente naturalizada y fluída, sin que nos sobre ni falte ni una sola coma en la partitura. Todos los solistas de la función tienen su momento de lucimiento, su gran escena, y sobre todo aquello que en la ópera llamamos aria, y que tan revelador resulta sobre los anhelos e inquietudes de los personajes. No se me malinterprete, no estoy diciendo que Chicago sea una ópera, pero si que la efectividad de su música, y el planteamiento de la partitura si se le acerca, muy especialmente a las óperas populares de Kurt Weill que casualmente, tuvieron su esplendor en los Años 20 del siglo pasado. 

Esto que planteo, en absoluto gratuito, entronca directamente con su libreto, de estilo Brechtiano, es sabido Brecht fue un excelso colaborado de Weill en algunas de sus composiciones más destacadas. La propuesta Brechtiana posiblemente fuera una de las cosas que más chocase en su estreno, su tono aparentemente frío, aséptico, con personajes de ambigua moral, increpador hacia el público, y dejando que sea el respetable el que juzgue lo que está visualizando, son algunas de las insignias del musical, y uno de los grandes aciertos, ya que la inteligencia con la que el conflicto está planteado sin ninguna duda es notable. La historia, lo suficientemente conocida como para ser narrada, se basa en una obra de teatro que se estrenó con notable éxito en la época que sucedieron los hechos que se nos cuentan, y si, digo sucedieron, ya que las dos adorables asesinas que se nos muestran en la obra fueron dos personajes reales, que tuvieron una historia muy parecida a la de Roxie Hart y Velma Kelly. Lo que se nos cuenta es el auge, caída y resurgir de dos mujeres capaces de matar a sangre fría es cierto, pero esa es la excusa para mostrarnos todos los vicios de la sociedad contemporánea, adocenamiento, manipulación de la opinión pública, oportunismo y amarillismo de la prensa, falta de escrúpulos en la abogacía, y corrupción carcelaria, y que tan bien se plasmó en el que para mí es el número más importante de la obra, "Class", que además de bellísimo sirve de catártico para el público, tanto en cuanto el mensaje se nos deja cristalino y descarnado a partes iguales. Lo cutre gana, lo zafio campa a sus anchas, lo vulgar se alaba, y la ausencia de valores se considera una virtud... volvemos a Brecht y Weill ¿verdad?. Chicago es una farsa inteligente, ácida, y sin ninguna duda inspiradísima a todos los niveles, y que intuyo yo que seguirá vigente durante muchos años, aquí, en Broadway y en Pekín, porque lo que se ve en la obra es pura esencia del ser humano en su peor vertiente, eso si, rabiosamente divertida y con un indudable interés teatral. 



Vayamos con el elenco, acertadísimo, y muy bien ensamblado de principio a fin. 

Chicago precisa de unos artistas con un elevado nivel en todas las disciplinas, y muy especialmente un conjunto multidisciplinar, en el que la danza es crucial para el buen desarrollo del espectáculo. El conjunto de esta producción es uno de los mejores que se han visto en años en Madrid. Funcionan perfectamente como un solo personaje, respirando, moviéndose y disfrutando todos a la vez, resultan vibrantes, elegantes y muy precisos en las coreografías, algo importantísimo cuando del "estilo Fosse" estamos hablando. Simplemente perfectos no hay más que añadir. Bueno si, que todos se adecúan a cada uno de los pequeños roles a la perfección, siendo las pequeñas partes un buen apoyo de los personajes principales.

Los secunadarios igual de bien elegidos, pasan por la calidad de los intérpretes, el conocimiento del género, y la precisión en la composición de los personajes, amén de un altísimo nivel en la disciplina de canto. 

A. Bolea como Mary Sunshine, impecable en el código lírico que el papel requiere, de poderoso agudo y muy buen fiato, responde sin problemas en su comprometido número principal, muy al estilo de Julie Andrews, siempre des un punto de vista paródico, por supuesto. Bolea pasa por la interpretación poderosa, medida en lo musical, contenida en lo físico y actoral, y su papel resulta uno de los bombones de la obra... aunque en esta obra todos son bombones, ja ja ja. 

Alejandro Vera como Amos Hart, adecuadísimo en un personaje de dificultad indudable, y que a mi personalmente me resulta profundamente entrañable. Amos Hart puede parecer como papel desagradecido pero tiene una serie de características que lo hacen especialmente difícil, y que Vera literalmente borda. Con cierto aire a Buster Keaton, su aparente inexpresividad cuadra perfectamente con este "Míster Celofán" de el que todo el mundo pasa olimpicamente. Espectacular en su número principal, con un acabado impecable, bella voz, y un recorrido interior muy interesante. 

Inma Cuevas como Mama Morton. Cuevas de gran popularidad por sus trabajos televisivos, reconozco que para mi ha sido un gran descubrimiento en su faceta como cantante. Poderosísimo instrumento, voz enorme, de atractivo y peculiar timbre, consigue uno de los momentos más importantes del espectáculo en su primera salida, dotando al número de un empaque considerable, por bien cantado, bravura y elegancia musical. También brilla mucho en "Class" mi tema favorito de la obra, en el que la sensibilidad y el buen gusto cantanto fueron la tónica. Actoralmente da exactamente lo que el papel pide, rotundidad, imponente presencia escénica, frases lapidarias, y mucha socarronería. 

Ivan Labanda, como Billy Flynn. Labanda avezadísimo actor de musicales, sabe controlar muy bien los tiempos escénicos y cargar las tintas cuando se debe hacer. Domina a la perfección el personaje y su particular estilo como intérprete se adecúa muy bien al papel, cínico, y siempre con una sonrisa tensa que nos deja entrever lo que hay detras de ese atractivo fantoche que lleva a cabo. Resuelve muy bien las partes cantadas, incluso las más comprometidas, sus agudos largos y bien timbrados fueron la marca de la noche, siendo el acabado de su trabajo elegante y efectivo a partes iguales. 

Ela Ruiz, como Velma Kelly. Velma muerde, se nos puede ir de las manos en cualquier momento y resultar excesiva en su interpretación. En este caso Ruiz controla bien el personaje en lo actoral funcionando como elemento más explosivo al lado de la más contenida Roxie. Espléndida en lo vocal, la voz bella y poderosa, resulta adecuadísima en el icónico "All that jazz", y de gran sensibilidad en "Class". Impecable en sus dúos con Roxie, consigue ensamblar muy bien el instrumento con el de su compañera en escena. Hay un pequeño pero, la parte corporal no acaba de estar rematada del todo, y en algunos momentos se encuentra ligeramente desfondada, especialmente en "I can´t do it alone", me faltó más precisión en cuanto al gesto y al control del cuerpo. Todo esto que planteo es hilar muy fino, y dado el altísimo nivel del espectáculo y la dificultad de los personajes, hay que entender que Ela Ruiz cumple con el papel, pero todavía hay algunas cosas que debe pulir, fluidez en los movimientos especialmente. 

Silvia Álvarez, como Roxie Hart. Sin lugar a dudas la estrella de la noche. Álvarez que ya sirvió una espléndida Anita en West Side Story, entiendo que se encuentra en un momento de madurez artística indudable. Nuestra actriz se me antoja la Roxie perfecta, actoral, musical y fisicamente. El perfil Fosse es perfecto, el acabado de los números y el aire del papel también. Contenida, matizada, pulcra y con un planteamiento del personaje muy inteligente, es en mi humilde opinión la mejor Roxie que hemos tenido en este país, y ya he visto cuatro... Es destacable su enorme elegancia a la hora de afrontar los números y el acabado del personaje, la plasticidad en los movimientos, la aparente facilidad con la que afronta cada uno de los desafíos de la obra, que no son pocos, así como un profundo conocimiento de la obra y del rol que lleva a cabo. Todo resulta impecable desde el inicio de la función, en una interpretación coherente, bien medida, y de perfecto desarrollo. Todas las aristas de Roxie se ven perfectamente perfiladas, siendo el resultado una interpretacion deliciosa, compleja y absolutamente redonda. De atractiva presencia, con mucha luz en el escenario, magnífico desplante y tecnicamente perfecta, me atrevo a afirmar que nos encontramos ante una actriz en su plenitud artística, y ante una de las más importantes intérpretes del género de nuestro país. Silvia Álvarez ya es una grande y su trabajo es de premio... creo que no hay discusión. 

Hay que hacer una mención especial a la insuperable banda que acompaña al espectáculo con Andreu Gallén al frente, que es arte y parte en el espectáculo, siendo la lectura de gran dinamismo, espectacular en su acabado y que funciona a las mil maravillas en cuanto a integración en el espectáculo y por supuesto las acciones dramáticas que en él se plantean. Resulta enormemente placentero escuchar la gloriosa música del musical tan bien ejecutada... y un apunte muy definitorio, el público se queda sentado en sus butacas escuchando la "exit music" ya que no quiere perderse ni una nota de lo que están tocando. Pocas veces un servidor ha presenciado algo así...



Vayamos con la propuesta escénica:

La función es réplica del icónico montaje de 1997, y poco se puede decir de él que no se hay dicho ya, la elegancia de un escenario sin apenas escenografía, con la banda en el centro, el mítico marco dorado... y magia, mucha magia.Todo se sustenta en una luces maravillosas de Ken Bellington que envuelven de una especial atmófera a todo lo que transcurre en escena, lográndose unos cuadros de sugestiva belleza e indudable fuerza visual, y por supuesto el inspirado y minimalista vestuario de William Ivey Long, ya asociado a perpetuidad al musical, y al estilo Fosse, tan marcado y que tan bien se plasmó en esta producción. Las coreografías, ejecutadas a la perfección, de la desaparecida Ann Reinking son una maravilla de expresividad y funcionalidad teatral, así como todos los efectos que estaban en el montaje original, y que en esta producción se ven reproducidos de manera exacta, fluída y tecnicamente perfectos. Hay que destacar la labor de dirección actoral, entiendo que recaída en Víctor Conde como director residente, al menos en el tratamiento del texto en castellano, que se encuentra en su punto perfecto tanto a nivel dramático como de ritmo, siendo el resultado el de un espectáculo de altísimo voltaje teatral, inspirado acabado, y de indudable calidad. 

Entiendo y después de ver ya tres producciones de la obra en nuestro país, y cuatro elencos diferentes, que esta es la mejor a nivel artístico de todas las que se han hecho, y eso sin duda es un claro síntoma de la buena salud del género y especialmente de la cantera de artistas con formación multidisciplinar que tenemos en nuestro país. IM-PRES-CIN-DI-BLE




*La mayoría de las fotos de este artículo no se corresponden al elenco de Madrid, intentaré actualizarlas a medida que vaya publicándose material gráfico del espectáculo. 





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