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lunes, 19 de marzo de 2018

Guateque 69, Comedia Yé-Yé En Verso

Francisco de Rojas Zorrilla, es uno de los grandes olvidados del Siglo De Oro, siendo como es una autor sin duda excelso, su producción no es de las mas habituales en el repertorio de teatro clásico. Yo le tengo especial cariño, ya que mis pruebas de acceso en la escuela de interpretación de mi ciudad de origen incluía un monólogo de "Abre el ojo". Las horas que pasé lápiz en la boca, masticando y rompiendo el verso de aquel puñetero texto son incontables, en la cama, en la ducha, desayunando, por la calle... ¡yo que sé!. No tengo muy claro si me pillaron por aquel monólogo o por la escena que yo había escogido que era nada menos que un fragmento del famoso monólogo de Marco Antonio del "Julio Cesar" de Shakespeare  (osadías de la juventud, y aprovechamiento de un curso de voz que había realizado aquel verano ja ja ja).
Desde entonces siempre recuerdo con simpatía a Rojas Zorrilla, y lo echo de menos en nuestros escenarios, Calderones y Lopes varios suelen eclipsar a un autor a reivindicar, y que va mas allá de las que posiblemente seas sus obras mas famosas, "Entre bobos anda el juego" y "Donde hay agravios no hay celos".
Si por algo ha pasado a la historia Rojas Zorrilla es por la creación del subgénero denominado como "comedia de figurón" de aires farsescos, y arquetípico protagonista, que se mantuvo en nuestros escenarios, con su lógica evolución hasta no hace muchos años, siendo muy reconocible por el espectador patrio, dadas sus particulares características. 
Las comedias de Rojas Zorrilla se caracterizan por su hilaridad, ya que dominaba el humor como pocos, pero por misterios insondables, se ha quedado un poco a la zaga en cuanto a fama con sus coetáneos de mas renombre, y su fecunda obra no se representa tanto como debería, o al menos tanto como a mi me gustaría.
Hace un tiempo llegó a mis oídos que se estaba llevando a cabo en la Sala Tarambana una obra de nuestro autor que hacía 300 años que no se representaba, me picó la curiosidad, y el envoltorio de la producción, años 60 patrios, me hicieron muy atractivo el producto, para que os voy a engañar, ya que la cosa prometía muchas risas y una visión distinta de nuestros clásicos. El título en cuestión era "Lo que son  mujeres" obra completamente desconocida por mi, versionada en esta ocasión por Ozkar Galán, retitulando el texto como "Guateque 69"
Sin tener ni idea de lo que iba a ver me acerqué ayer hasta Carabanchel dispuesto a pasármelo bien y sobre todo a reírme, algo muy sano sin ninguna duda, y que siempre viene bien.




"Guateque 69" sin desvirtuar la esencia del texto de Rojas Zorrilla se presenta como una cuidadísima actualización y reducción del original, que contaba con 24 personajes, reduciéndolos a 6, llevados a cabo por 4 actores. Para ello Ozkar Galán, mediante una dramaturgia realmente soberbia, se dedica a la trama principal limpiando de polvo y paja el texto, y mediante un fresquísimo e innovador tratamiento del verso, hace que la obra sea asequible al espectador actual, que entienda a la perfección los conflictos de los personajes, y donde la mayoría de los arquetipos del Siglo de Oro se encuentran presentes, sin dejar de lado el cacareado figurón del que mas arriba hablo, enseña de nuestro autor y uno de sus personajes mas reconocibles. Lo que "Guateque" plantea es de inusual vigencia, con unos personajes femeninos convenientemente actualizados que se ven reforzados y con una entidad psicológica mas que notable, en un enfoque feminista tremendamente enriquecedor, y sorprendente dado el tipo de texto que se plantea y que parece ser que ya en el texto original se daba de la misma manera, algo que sin duda suma mucho interés a una comedia que ya merecía ser revisada.
Galán dota de un humor muy particular a su texto, desternillante por momentos, con unos chistes perfectamente introducidos dentro de la época en la que se desarrolla el espectáculo, y de un resultado cómico de altura y en perfecta consonancia con el tono de la función. Tal y como está planteado el texto, resulta un bomboncito que se digiere con una facilidad asombrosa, divertidísimo, y con unos toques de comedia elegantona que resultan muy sofisticados. Humor inteligente y directo son la marca de la casa, con su pizca de lirismo, un poco macarra y de resultados altamente satisfactorios, perfilando todos los personajes de forma inteligente y con gran claridad en la exposición siendo esto lo que define un texto que podría verse embarrado por el enrevesado y frenético lío que se produce en el escenario, y que aparece cristalino ante los ojos del espectador.



Los cuatro actores que dan vida a la farsa, se encuentran en completo estado de gracia, con unas interpretaciones muy bien perfiladas, y de gran calado en lo actoral.

Lara Fernán, abosultamente deliciosa como la hermana fea, un tanto atolondrada y de aires adolescentes, derrocha encanto inocencia y naturalidad, en un personaje de esos que te quieres llevar para casa. Fernán dota de gran ternura y humanidad a Matea, dentro de un código muy de verdad y que en su breve monólogo se me antojó absolutamente maravillosa. Verla mirar embobada el conceptual televisor es una delicia y un ejercicio de interpretación teatral que me dejó completamente fascinado, en el que se puede resumir un trabajo lleno de verdad y alejado de cualquier afectación.

Luna Del Egido, templadísima y con aires de primera actriz, como la bella hermana mayor, heredera del mayorazgo familiar. Nuestra actriz de impoluto tono corporal y vocal resulta muy adecuada para su personaje, dando sensación de mujer dura y altiva, que tiene un interesante recorrido a lo largo de la función, y que Del Egido redondea de forma perfecta rematando el arco del personaje sin el mas mínimo problema. La química con Lara Fernán es muy notoria, y las escenas de ellas dos se encuentran en el justo punto de sazón, donde el vínculo entre ambas se ve perfectamente reflejado de forma muy creíble y cargada de matices. Su estupenda presencia escénica ayuda mucho a que entendamos a su personaje, y resulta muy convincente en sus escenas mas comprometidas. Su trabajo con el verso, como es tónica en la función, resulta muy moderno, natural y todo tiene mucho sentido en los parlamentos. 

David Kelly como Gibaja, alter ego del autor de la comedia y parte principal en el enredo. Kelly da vida forma perfecta a este arribista, un tanto chulángano de aires castizos y excesivamente pagado de si mismo, pero que también tiene su corazoncito. Comienza la función de forma admirable, saliendo a comerse al respetable de forma mas que convincente, obsequiándonos con varios apartes realmente notables. Con grandes dosis de enérgica socarronería y bastante ácido en sus comentarios, dota de gran cinismo a su personaje, logrando que se le vean las costuras a su Gibaja a los cinco minutos de estar en escena. Sus objetivos están clarísimos así como sus estrategias, llevando a cabo una sólida interpretación y muy matizada.

Héctor Carballo, absolutamente soberbio interpretando tres personajes arquetípicos, y muy diferenciados entre si. Encontré a Carballo entregadísimo en todas sus intervenciones, logrando cotas de excelencia en un dificílisimo y agotador trabajo de disociación en el que un puro, unas gafas y un foulard son cruciales como elementos diferenciadores de cada personaje. Carballo ejecuta un monólogo a tres que me pareció asombroso. Nuestro actor posee una vis cómica indudable y maestría a la hora de afrontar el verso, que resulta natural y perfectamente dicho, en un trabajo con el texto realmente notable y de enorme calidad. Tiene varios mutis de órdago, y su trabajo resulta impactante tanto por su dificultad, como por su solvencia como actor. 




Gorka Martín firma el espectáculo, y varias cosas a tener en cuenta. Los personajes se encuentran perfectamente definidos, así como sus vínculos y objetivos, siendo la dirección actoral concisa, y muy acertada, consiguiendo que cada actor brille mucho dentro del enfoque de cada personaje, desde el mas naturalista hasta el mas extremado, sin que nada nos chirríe, ni que resulte exagerado o falso. Martín apuesta por la verdad y el tono coloquial de forma que olvidemos que estamos viendo una obra en verso, resultando uno de los mayores logros de "Guateque 69" el tratamiento del mismo alejado de cualquier amaneramiento y perfectamente orgánico. La función pasa por varios tipos de comedia, siendo la parte física fundamental en el enfoque de algunos personajes, y estando el gag visual muy presente por momentos. Nuestro director dota a la función de un ritmo prodigioso no decayendo el espectáculo en ningún momento, manteniendo el interés de principio a fin, siendo delicioso y realmente disfrutable. El enfoque estético, colorista y un tanto kitsch no hace mas que propiciar el tono festivo de la comedia, resultando un completo acierto, así como las transiciones entre escena y escena de inteligente resolución, y en el que los diferentes espacios escénicos en el que transcurre "Guateque" se encuentran perfectamente delimitados de forma imaginativa y muy clara. A esto hay que añadir que la situación de los espectadores rodeando a los actores, y la complicidad con el respetable, como recursos funcionan de forma muy gratificante y le restan la gravedad que algunos se empeñan en dar al verso. Nos encontramos ante una propuesta novedosa, divertida, de sólida factura, y un acabado formal sorprendente y acertadísimo desde todo prisma, donde abunda el buen rollo, y un trabajo cuidadísimo a todos los niveles, en el que la comedia se encuentra definida de forma perfecta, cercana y realmente atractiva. "Guateque 69" es una forma de entender nuestro teatro clásico desprejuiciada, cercana y que debería ser tomada muy en cuenta por algunos que pretenden "acartonar" unas comedias que tal y como se plantea en "Guateque 69" en su mayoría fueron escritas para disfrute del pueblo llano, que a fin de cuentas somos los que mejor nos lo pasamos con aquello del cachondeo. 





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