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miércoles, 12 de marzo de 2014

El Eco De El Nombre De La Rosa

El Nombre De La Rosa, es una obra literaria monumental, que de forma inteligentísima aúna literatura de calidad, con ciertas dosis de escapismo, para aligerar la base real de la novela que es la vida y la situación de las abadías en la Edad Media, y los conflictos internos por los que estaba pasando La Iglesia en aquellos tiempos, la leí siendo excesivamente joven y no aprecié su grandeza en toda la extensión que se merecía, posteriormente en una lectura siendo mas adulto, la cosa cambió mucho. De la película poco se puede decir que no se haya dicho ya, sin duda una obra maestra, que marcó mi generación, y que está en el subconsciente colectivo, por eso cuando hace unos meses me enteré de la versión teatral que se estaba preparando, me picó la curiosidad, porque quería ver como se las ingeniaban para llevar a cabo esta empresa en principio bastante complicada, aunque solo sea por motivos técnicos. Aprovechando la fiesta del teatro, y los suculentos descuentos que esta semana pasada se ofertaron en Madrid, me saqué dos entraditas muy baratas y nos fuimos al Nuevo Apolo a ver de que iba esto, con bastantes reservas y cierto escepticismo, ya que amén de innecesaria la adaptación, encontraba muy complicado llevar a buen término el traslado al escenario  de tan difícil y filosófico texto. Cuando llegamos al recinto un fuerte olor a incienso nos invadió y empecé a vislumbrar por donde iban los tiros, se trataba de envolver al espectador en la sensación de encontrarse en una abadía auténtica y darle una experiencia no solo teatral sino también sensorial, astuto truco que realmente funciona, la función es muy entretenida aunque quizás excesivamente leve como posteriormente explicaré.


El elenco es bastante extenso, y lo encontré francamente irregular, por los motivos que ahora expondré.
Inma Pedrosa, crea el primer amor de Adso de forma convincente y casi casi testimonial, esta correcta sin brillar en exceso, pero es que el papel tampoco da para mucho, Cesar Novalgos como Severino el herbolario, crea un sexualmente ambiguo monje que sabe mas de lo que cuenta, bastante correcto en lo actoral y con interesantes giros de voz. Javier Merino como Berengario se queda corto, ante uno de los personajes mas pintorescos de esta abadía, no está a la altura de la creación literaria y pasa bastante desapercibido, a pesar de ser un personaje que no se nos debería olvidar, este orondo fraile, bastante libidinoso y de particular físico, aquí está escaso de matices, y poco atormentado por su condición sexual, encontré bastante plana la lectura de este interesante personaje. El Ubertino Da Casale de José María Asín, un personaje bastante fanático y que debería ser mas extremado, se queda un poco corto, pero a pesar de ello cumple dotando Asín de algunos momentos interesantes en su composición, que sin ser del todo redonda, si es correcta. Koldo Losada, crea un Salvatore estupendo, otro de los grandes personajes de El Nombre De La Rosa, este deforme y supuestamente blasfemo monje que se alimenta de ratas, está muy bien perfilado, Losada realiza una creación bastante extremada y muy cercana a lo que Eco pretendía en su novela, sin duda está mas que convincente en su creación. Jorge Mazo como Malaquías pasa bastante desapercibido, es demasiado joven para el papel y en algún momento, como es el de su muerte, se  le ve todavía falto de recursos, necesita mas peso escénico y sin duda la elección de otro actor hubiese sido lo idóneo, no es culpa de Mazo, sino de la persona encargada del elenco. Mayúsculo sin duda el Jorge De Burgos creado por Cipri Lodosa, toda un lección de interpretación, creando un convincente ciego,  muy inquietante y que realmente transmite una credibilidad asombrosa. Su papel entraña gran dificulta y el lo aborda sin ningún problema, dotando a su interpretación de gran solidez, es un actorazo, y se nota. El Bernardo de Gui de Miguel Munárriz, espectacular, crea un retorcido inquisidor de poderosa presencia escénica, temible y de poderosa voz, su interpretación impone y está muy conseguida, en sus escenas manda el y se nota, dota de gran autoridad a uno de los personajes mas malvados de la historia. Es un malo creíble y humano, se cree con el poder de la verdad y así actúa impartiendo justicia injusta sin el menor empacho, busca sangre, la consigue y se va, sin ninguna contemplación ni remordimiento de conciencia. Munárriz sabe lo que se hace muy bien, y desde que pisa el escenario nos hace temblar a todos. El Abad de David Gutiérrez, correcto en el papel, quizás con poco peso para lo que su personaje significa, pero cumple, lo encontré poco irónico para un papel que se debe mover entre la prudencia y la hipocresía mas repulsiva, el sabe lo que se cuece en su abadía pero no suelta prenda, y eso queda un poco desdibujado, por la visión del personaje. Estupendo el Remigio da Varagine de Pedro Antonio Penco, crea un personaje muy humano, con una estupenda composición corporal y que en el juicio da momentos de gran intensidad, cuando confiesa unos pecados inexistentes ante el miedo a ser torturado por la inquisición. Interpretación de altura la suya, sin ninguna duda uno de los mejores del elenco.


Juan José Ballesta, claramente insuficiente como Adso de Melk, está muy verde, no sabe moverse por el escenario y la composición del personaje es nula, se pasa toda la función agitando los brazos y jadeando, no tiene intuición ninguna a la hora de decir su texto, bajo de tono e incluso se le ve  incomodo en una empresa, que lamento decir que le viene grande, el teatro no es el cine o la televisión, un monje medieval no puede tener acento de barrio, encima de un escenario se debe pisar firme porque sino el propio escenario te come, y eso es exactamente lo que le ocurre a Ballesta. Se lo come la función, se lo come el personaje y se lo come el resto del elenco. Lamento ser tan duro pero es la realidad, todavía le queda mucho camino para dotar de peso a sus interpretaciones, al menos sobre las tablas, si trabaja y sobre todo si se prepara, lo conseguirá, pero en este momento no. Mal título para empezar en teatro, debería haber elegido otro tipo de obra y sin duda otro tipo de papel.


Absolutamente soberbio el Guillermo de Baskerville de Juan Fernández, amén de su asombroso parecido con Sean Connery, su interpretación es maravillosa, pausado, con gran autoridad, absoluto dominio del texto y una muy creíble composición de este cerebral y culto monje, encargado de descifrar el sangriento enigma que acontece en esta abadía que como dicen en el texto omitiremos el nombre por piadosos motivos. Fernández está perfecto, no hay ni un pero en su interpretación, y su solidez profesional apabulla. Su personaje entraña gran dificultad, tiene muchísimo texto, y está perfectamente perfilado. Juan Fernández hace un gran trabajo con su texto, dando muchísimo sentido a todo lo que dice, nada se pasa por alto y se entiende perfectamente todo lo que está pasando por su cabeza. Un diez sin duda para este actor, auténtica estrella de la función siendo un gran acierto su elección para este complicado papel.


La propuesta escénica es deslumbrante. Un gran libro que se mueve, se abre y se convierte en los diferentes escenarios en los que se desarrolla la trama. Inteligentísmo el diseño de la escenografía, que dota de mucho dinamismo la producción, haciendo que las dos horas sin descanso se nos pasen en un suspiro, la luces son estupendas, muy atmosféricas, y que crean momentos muy inquientantes, esto apoyado en unos sutiles pero resultones efectos especiales y una mas que correcta música, hace que el espectáculo sea una estupenda experiencia sensorial para el espectador. La dirección escénica de Garbi Losada la encontré un tanto plana, en el espectáculo prima la parte policíaca de la trama mas que la filosófica, así que encontré un poco superficial la lectura del material de base, se trata de teatro de entretenimiento sin mas pretensiones, quizás me esperaba algo de mas enjundia. De todos modos Losada dota de gran ritmo a la producción, no se hace nada pesada y controla muy bien tanto los tiempos como los movimientos escénicos, creando un espectáculo quizás mas interesante en lo visual que en lo profundo del asunto. La obra es correcta, se ve con agrado y sobre todo es muy entretenida, otra cosa es el enfoque que se le ha dado el texto, tirando mas a lo comercial que a otra cosa. Esto no es malo, el teatro es entretenimiento y eso este Nombre De La Rosa lo consigue con creces.


En resumen, una propuesta agradable, que se deja ver, que entretiene y de impecable factura formal. Eso si, abstraeros de la película (aunque el montaje estéticamente bebe bastante de ella ) y de la carga filosófica del texto, si os decidís por este título id dispuestos a pasar un buen rato, de agradable teatro, con momentos inquietantes y algunas estimables interpretaciones, si vais con esta mentalidad disfrutaréis mucho, si no es así a lo mejor salís un poquito decepcionados.

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