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martes, 24 de marzo de 2015

Soñando Con Pinocho



El teatro infantil, el denostado y menospreciado (injustamente) teatro infantil, me acompaña desde que tengo mas o menos siete años, cuando vi mi primera obra de teatro, La Farsa Del Cornudo Apaleado, de Casona. Poco recuerdo me queda de aquella representación a no ser la paliza que se llevó el pobre cornudo, la estaca con la que le propinaron la somanta de palos, y unas cortinas que servían para esconder al amante de la disoluta esposa del sufrido astado.
A pesar de haber transcurrido la friolera de treinta y un años desde aquella representación, todavía recuerdo algunas cosas, y aquí amiguitos está el meollo del asunto, el tan poco valorado teatro infantil, tiene una labor no reconocida en su justa medida, que es la de crear futuros aficionado al Arte de Talía, para ello se deben seguir varias premisas, nada fáciles, teniendo en cuenta que los niños son un público duro de roer cuando algo no les gusta.
La primera es sorprenderles para ir directamente a la segunda, conseguir su atención, una vez que se ha llegado a este punto, mantenerla que no es fácil... y si el niño sufre la catarsis, zas! tendremos a un enano con un recuerdo imborrable en su memoria, que le animará a ir al teatro cuando sea mayor.
Uno tiene sobrinos y poco a poco, se está haciendo un pequeño experto en teatro infantil, ya que se intenta que vayan a menudo. Esta es la primera crítica que hago de un espectáculo de estas características (muy mal por mi parte) así que vamos a estrenarnos.


Me surgió la oportunidad de asistir al Teatro Rialto para ver una de las funciones infantiles mas reconocidas de los últimos tiempos, Pinocho Un Musical Para Soñar, no me lo pensé dos veces y al teatro que nos fuimos con Ainhoa de seis añitos, y Víctor, que con menos de un año se estrenaba en estas lides.
Provistos de palomitas como para llenar la tripa de la ballena que se traga al protagonista de la función, mas felices que las lombrices, y con la niña emocionadísima a pesar de haber visto ya mas teatro que muchos adultos, nos sentamos en nuestras butacas, y comenzó la función...



Pinocho Un Musical Para Soñar, se mueve dentro de los parámetros mas clásicos del género, contándonos las partes mas famosas de la larguísima y no tan infantil novela de Collodi. Por supuesto en esta propuesta se cuentan las partes , mas adecuadas para los niños, y se trata de un espectáculo enfocado hacia toda la familia.
Josep Mollà, encargado de la dramaturgia, realiza un conciso trabajo con ciertas actualizaciones, y algún que otro guiño adecuado para los papás y las mamás, la mar de acertado, el espectáculo no defrauda, y en este aspecto da exactamente lo que requiere.


Vayamos con el elenco, muy atinado en general.

Antes de empezar, me gustaría destacar el enorme trabajo de todos los componentes de la función, dado el número de personajes tan extenso que llevan a cabo.

Paula Espinosa, Hugo Ruiz y María José Capel, llevan prácticamente el peso de todos los secundarios de la función, en todos están perfectos, destacando el Pepito Grillo de Ruiz, el Hada Azul de Espinosa, y la malvada gatita, a la que da vida Capel.
Esta terna de estupendos artistas las dan todas sobre el escenario, y ofrecen varias creaciones de lo mas variopintas y atinadas. Buenas voces, buena presencia física, y un trabajo cargado de ilusión, profesionalidad y solvencia, son sus puntos fuertes.

Enric Juezas, como Gepeto, Strómboli, y el malvado Cochero que lleva al incauto Pinocho a la isla en la que los niños se convierten en burros.
Juezas en el mas claro código de primer actor, ofreció unas sólidas y sentadas intervenciones, especialmente como Strómboli, uno de los personajes mejor perfilados de la función, que Juezas convierte en un intrigante y mágico malvado con momentos ciertamente hipnóticos. Un diez para Enric Juezas sin duda alguna.

Para finalizar, Edgar Moreno como Pinocho.
Edgar Moreno, intuyo yo que bailarín adema de actor, sorprende al mas pintado, sirve una completísima creación, corporal, vocal, musical y gestualmente, con momentos de gran interés. Su mirada un tanto obtusa me dejó pasmado, y la naturalidad con la que defiende el texto en un complejo personaje merecen atención. Concentradísimo en escena, Moreno ofrece lo que tiene, que no es poco, y deleita a los mas pequeños con su Pinocho, muy ensayado, muy bien perfilado, y tratado con una aparente, solo aparente, facilidad, fruto del trabajo bien realizado.


Vayamos con la propuesta escénica:
José Tomas Chàfer, ofrece una cuidadísima función, con mas medios de los habituales en este tipo de espectáculo. Sirviéndose de un imaginario visual totalmente portentoso, logra dotar a este Pinocho, de un empaque visual muy conseguido, con algunos momentos de gran belleza plástica, siendo destacables en este ámbito dos cuadros especialmente bonitos, el teatro de títeres, y toda la parte que transcurre en el fondo del mar.
Todo está perfectamente resuelto, teniendo en cuenta los múltiples cambios escenográficos, me aventuro a decir que estamos ante una producción mas que pensada, y con un trabajo de "ingeniería" teatral mas que notable.
Mención aparte merecen las luces de Ximo Rojo y Mar Benavent, que son pura magia, y que apoyan a la perfección la mas que bien ejecutada escenografía.
Estamos ante un a producción de primera, realizada con gran mimo, mucho amor y cuidadísima al detalle. Reconozco que me sorprendió muy gratamente.


En resumen, una propuesta mas que recomendable para niños y mayores, que embelesa a los mas pequeños (hasta Víctor con su añito, aguantó la hora y veinte que dura la función sin problemas) y sorprende a los adultos.
Hay que llevar a los niños al teatro, es responsabilidad de los padres, vuestros hijos os lo agradecerán cuando sean mayores. Serán unos adultos sensibles, con inquietudes culturales y posiblemente también lleven a sus hijos al teatro.
Están solo hasta primeros de abril, así que ya sabéis, corriendo al Rialto con los peques!!!

*Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible.

jueves, 19 de marzo de 2015

La Gran Duquesa De Gerolstein, La Opereta Elevada Al Cubo

Me daba mucha pereza La Gran Duquesa De Gerolstein, en el Teatro de la Zarzuela. Una opereta (menor) francesa, de musica centroeuropea y traducción al castellano  de mediados del S.XIX, se me hacía muy cuesta arriba, y mucho mas después de la Carmen en castellano, con sus aireadas consecuencias, y notorios desaciertos.
Nobleza obliga, y me he propuesto intentar ver el mayor número de funciones de lírica que me sea posible, para luego plasmar mis impresiones, así que mas animado por el material que me encontré después de su estreno, que prometía un espectáculo elegantón y divertido, me acerqué al Coliseo de la Calle Jovellanos, dispuesto a pasar un velada de lírica, ligera y desenfadada.
La cosa estuvo a la altura de lo esperado, con sus mas y sus menos como iré contando. Me encaramé en mi gallinerito del alma, cada vez mas destrozadito como ya he comentado alguna vez por estos lares, se apagaron las luces, y comenzó La Gran Duquesa De Gerolstein...





Antes de empezar con la crítica, me gustaría plantear unas reflexiones:
 La Gran Duquesa de Gerolstein es netamente una opereta, por mucho que nos la pinten como zarzuela bufa, en un cierto gesto de acomplejamiento por parte del Teatro De La Zarzuela, ante la temporada actual que se está llevando a cabo.
 ¿ Alguien se imagina en la Volksoper de Viena, que sería un equivalente parecido a la Zarzuela en versión austríaca, una temporada que incluye seis producciones representadas, abriese con Marina, en medio representase los Miserables, y luego programara La Del Soto Del Parral? pues mas o menos eso está ocurriendo en Madrid, zarzuela poca, poca. Así que a una opereta la llamamos zarzuela y santas pascuas.
 Esta reflexión entronca directamente con la segunda:
Diferencia entre opereta y zarzuela. Así que amiguitos como si fuera Coco, os lo voy a explicar.
la zarzuela y la opereta, tienen la misma estructura como espectáculo, es decir unión de música y diálogos en la misma función, algo que en la ópera no es habitual, salvo en la opera-comique. Entonces ¿ Donde estriba la diferencia ? basicamente en dos cosas, la música y el argumento.
 En la zarzuela, en la mayoría de sus obras, aunque no en todas, ya que es un género muy ecléctico, la base de la música es folclórica o popular, se trata casi siempre de una estilización del folclore. La opereta, tiene su propio código musical, de origen centro-europeo, con los valses, marchas, polkas y galops como emblema musical, dicho código se utiliza, en practicamente todas las operetas, se hayan compuesto en el idioma y país que se hayan compuesto, hablamos por supuesto de la opereta que hizo furor desde el S.XIX hasta mas o menos la Primera Guerra Mundial.
Las diferencias en el argumento son muy fáciles de detectar. En la zarzuela, casi siempre, son personajes del pueblo, argumentos sencillos y populares. En la opereta, sus protagonistas, son aristócratas, deidades, o componentes de una acomodada élite social, el enredo casi siempre es amoroso, y mas sofisticado que el de nuestra humilde pero bellísima zarzuela.
Dicho esto repito que la función que esta crónica ocupa, sin ningún asomo de duda, es opereta, y no es ninguna deshonra que lo sea, estaría bueno, es un género delicioso, y muy poco visto en la actualidad por estos lares.



La Gran Duquesa De Gerolstein de Offenbach, se estrenó en 1867 a propósito de los fastos de la Gran Exposición que tuvo lugar en dicha ciudad, para mayor gloria de la diva francesa del momento la celebérrima Hortense Schneider.
Esta composición de muy leve argumento, al menos para el público de hoy en día y excesivamente repetitivos libro y partitura, no posee el interés musical que otras obras del género pueden tener. Offenbach parece que pusiera el piloto automático, y le dice al público, ¿ os gusta el caldo? pues vengan tres tazas, ya que la estructura musical y también dramática es exacta en cada uno de los tres actos en los que está dividida. Can- Can, marchas y galops se funden en un interminable bucle que parece no tener fin con ampulosos crescendos e idénticos finales de acto, que acaban por dejar agotado al espectador. Sería algo así como la opereta elevada al cubo, en un continuo dar al espectador de la época lo que causaba furor, y que finalmente acaba perjudicando el acabado de la obra, excesivamente convencional y superficial, llegando a la autoparodia en algunos momentos. Y por supuesto sin llegar a la enjundia de las mas grandes obras de Offenbach. Cierto que en su momento el argumento tan crítico con el ejército y las clases dominantes, causaron bastante revuelo, y propiciaron algunas prohibiciones, ya que los paralelismos con algunas monarcas de la época (léase Isabel II de España) levantaron ampollas. De aquello ya no queda nada. A todo esto hay que sumar la nuevamente desfasadísima traducción con los sempiternos problemas de métrica en los cantables, y plagada de arcaísmos y dequeísmos que no tienen razón de ser hoy en día, amén del florido verso metido con calzador, y que le resta verosimilitud a los personajes.
Después de ver este espectáculo, uno se plantea, si realmente recuperar estas obras tiene interés hoy en día. Yo me hubiese quedado mucho mas contento con una buena Viuda Alegre, Giuditta, u Orfeo En los Infiernos, que son emblemáticas por lo que son, si de rescatar la opereta en nuestras carteleras se trata.



Vayamos con el elenco, bastante homogéneo y acertado en lineas generales.

Enrique Ruiz Del Portal, tenor, como el Capitán Nepomuceno.
Del Portal, figura imprescindible de nuestro género lírico, las da todas en una pinceladita, que es este personaje, con un poco de dibujo animado, gran presencia física, y mucha sabiduría escénica. Se le echaba mucho de menos a Del Portal en el Teatro De La Zarzuela, retorna por la puerta grande, sabiendo como siempre muy bien lo que se hace, y un conocimento del género casi quirúrgico. No hay papeles pequeños, hay artistas pequeños, máxima que viene como anillo al dedo para el trabajo de Enrique, que ofrece todo lo que tiene con mucho tino, y engrandece lo pequeño con su oficio.

Gustavo Peña, tenor, como el Príncipe Pol.
A Peña, le ha tocado el bombón de la función, y lo aprovecha al máximo, realizando una auténtica creación que el público agradeció enormemente. Este estupendo tenor, de poderosa voz, mas que correcto volumen y dicción perfecta, sirvió una aria deliciosa, que le va de perlas a un cantante de sus características, con un interesante trabajo de unión de lo actoral con lo musical. Su interpretación es de campanillas, y personalmente fue uno de los que mas me gustó de todo el elenco.

Cesar San Martin, barítono, y Manuel De Diego, tenor, como General Bum y Conde Puck respectivamente.
Estos dos personajes, parejos y practicamente iguales en su psicología, están perfectamente recreados en el trabajo de San Martín y De Diego. Muy graciosos, aunque quizás brilla un poquito mas San Martín que De Diego, ya que su papel tiene mas visibilidad, y el primer número del General Bum en la pasarela, es muy divertido y pegadizo. Si me tengo que quedar con algo, sin duda el mejor momento de estos dos cantantes es el terceto junto con Gustavo Peña del segundo acto. Estupendo trabajo, mas que correcto y muy divertido en lineas generales el de estos dos artistas, que van sobrados a nivel vocal, para lo que se necesitaría a priori, en dos personajes de este estilo.

Elena Sancho, soprano, como Wanda.
Sancho sirvió una sensible creación en total consonancia con el papel que le ha tocado en suerte. De bonito timbre, correcto volumen y notable fraseo, quizás tenga un pequeño exceso de vibrato que no molesta demasiado, fue de menos a mas, comenzando la función ligeramente destemplada en un dúo al que resulta difícil entrar, tanto a los cantantes como al público. La desafortunada traducción tampoco ayuda, para ser justos. Vocalmente es ideal para este personaje de suave coloratura. Delicada sonoridad, y emisión perfecta, son sus mayores bazas, algo muy de agradecer en las féminas.

Andeka Gorrotxetegui, tenor, como Fritz.
Correctisimo en lo vocal, si bien es cierto que el papel no le va en exceso. Sabe lucirse cuando toca, y su fuerte está en el agudo, largo y de brillante ejecución, su bello timbre, y singular fraseo que me resulta muy interesante. Actoralmente está para comérselo, en un papel imposible de llevar a buen puerto como no sea en el código que Gorrotxetegui utiliza, alguien cuya muletilla continua es " caspitina" evidentemente es un Mihura duro de torear, Andeka de forma asombrosa consigue naturalizar el rebuscado, cursi y muy trasnochado lenguaje de un personaje que ya era muy relamido en su época y que hoy en día solo puede tomarse en serio, como pura parodia.

Nicolla Beller Carbone, soprano, como la Gran Duquesa.
Beller, ofreció una irregular interpretación vocal y una absolutamente espectacular interpretación actoral, voy por partes. Beller Carbone, no es la soprano idónea para un papel de las características de esta Gran Duquesa, que muerde vocalmente. Necesita una soprano de gran centro, mucho cuerpo en la voz y que en el agudo sea resolutiva sin problemas, a Carbone le falta volumen en la zona central, y en algunos momentos le falta ligereza a la hora de atacar el agudo, esto que comento no quita para que en líneas generales cumpla, sobre todo en el bello dueto con el tenor, que transcurre durante el segundo acto, en el que dio lo mejor a nivel vocal, logrando momentos de gran vuelo lírico.
Actoralmente es harina de otro costal, perfecta es poco, gran presencia escénica, elegantísima, y con aires de gran diva, Beller Carbone vende todo el pescado, cautivando al respetable con este difícil personaje, muy queer en su planteamiento, y rotundo en su acabado, siendo redonda la creación psicológica del mismo.



El Coro Del Teatro De La Zarzuela, soberbio como es habitual de gran empaste y electrizante sonoridad en los números mas lucidos. Escénicamente desaprovechadísimos donde prima la excelente propuesta musical a la escénica, durante casi toda la representación, a excepción de el final del segundo acto, que es donde llega el desmelene.

Ballet, perfecto en especial en el delicioso galop, con el que comienza el segundo cuadro del tercer acto, y que es uno de los momentos mas brillantes de la función

Cristobal Soler, dirigió la Orquesta De La Comunidad, en una poco inspirada lectura, buscando el efectismo, pero superficial y mas bien cercana al chim-pum que a los matices necesarios. Me resultó un tanto aburrida, si bien es cierto que el material de base no da para mucha floritura, un poco mas de vida no hubiese venido mal. La OCM suena muy bien que duda cabe, otra cosa son los matices, que en este caso brillan por su ausencia.




Vayamos con el montaje:
Bonito, sencillo ( excesivamente sencillo ) e igual de repetitivo que la función. Si bien es cierto que el empaque visual de la producción es notorio, el conjunto de la obra se ha quedado ciertamente trasnochado, con unos coros excesivamente estáticos, con excepción de uno de los grandes aciertos de la función que es el final del segundo acto, con el fantástico Carillón de La Abuelita, un " Viva Cartagena " en toda regla que me supo a gloria, entre tanta entrada y salida de gente en el mas puro estilo "zarzuelero" y posiciones mas dignas de un concierto del Orfeón Donostiarra que de una representación escénica.
Los solistas están mucho mejor movidos, y hacen un estupendo uso de la pasarela. La producción tiene un problema, visto el primer acto vistos los tres, todo es igual, no hay practicamente cambios ni de vestuario ni de escenografía, y teniendo en cuenta que la función tiene una estructura idéntica en sus tres actos, pues parece que estamos viendo tres veces exactamente lo mismo.
Pier Luigi Pizzi dirige a sus actores en unos parámetros un tanto excesivos, pero eficientes, y saca partido del material que tiene a nivel literario, consiguiendo una función de sonrisa mas que de carcajada, con algunos momentos bastante conseguidos, y que en líneas generales no chirría. El principal problema de la producción estriba en lo rutinario, y ya muy visto de su planteamiento, que no acaba de darle el vuelo necesario al espectáculo, para que no se nos acaben eternizando las tres horas y cuarto que dura la función, por culpa de los innecesarios dos descansos.




En resumen, una propuesta agradable de ver, no del todo redonda, y que el aficionado a la lírica no debería perderse por varios motivos, el primero lo difícil que resulta ver este repertorio en nuestro país, y lo segundo porque con sus luces y sus sombras, no deja de ser un espectáculo de primer nivel y de gran calidad en su acabado. Están hasta el 28 de Marzo, avisados estáis!!!




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lunes, 16 de marzo de 2015

Cabaret Chihuahua, Reír En Tiempos Revueltos


     

El genero cabaretero me gusta mucho, en sus múltiples vertientes, desde los espectáculos de transformistas ( hoy drag queens ) hasta las variedades, el espectro en el que se mueve el cabaret como género es muy amplio. Mi cabaret favorito es el que sirviéndose de la estética, modos y formas cabareteras, ofrece básicamente teatro, en un complejo, difícil, y no siempre efectivo, trabajo de comunión de todas las disciplinas escénicas. Si... todo es teatro, pero una cosa es cuando el argumento es un leve pretexto para introducir los números musicales, y otra cuando los números musicales sirven para que la acción dramática avance y reforzar la historia que se quiere contar.
Me surgió la oportunidad de asistir a Cabaret Chihuahua, que se está representando en la sala pequeña del  Nuevo Teatro Alcalá, y la verdad es que no me lo pensé ni lo mas mínimo. La fama que precedía a esta producción ante el clamoroso éxito que supuso en las cartelera bilbaína , me la hacía tremendamente interesante, había visto abundante material gráfico de la función, pero no tenía ni la mas remota idea sobre su argumento, un motivo mas para acercarme y dar un vistazo.
Soy curioso por naturaleza, así que el sábado tras una larga y agotadora semanita, levantando el país que me ha tocado en suerte, me acerqué entre intrigado y divertido, a lo que para mi ya empieza a ser una sesión golfa, las diez y media, acostumbrado a los horarios zarzueleros, es el colmo de lo disoluto, porque uno ya va estando en lo mejor de su avanzada edad, que diría uno que yo me sé.
Convenientemente ataviado (el que vea la función sabrá por qué digo esto) me arrellané en mi butaca y empezó el show....




Cabaret Chihuahua, es un inteligente espectáculo, en el que se nos presenta un fresco de la realidad social de la España actual, para ello se sirve de una premisa sencilla, pero muy efectiva. Un chico se muere y cuando llega al mas allá, los muertos fiel reflejo de lo que ocurre en el mas acá, sufren las mismas miserias y disfrutan las mismas gozosas alegrías que nosotros, todo desde un prisma descarnadísimo, que no deja indiferente a nadie. Felipe Loza autor del texto y director del espectáculo, se luce mucho en una función que nos lleva por unos derroteros netamente políticos y que no deja títere con cabeza, en el mas puro estilo de sátira política y social, en los términos mas Brechtianos que uno se pueda imaginar, en cuanto al lenguaje teatral se refiere, y con unas deliciosas pinceladas de Teatro Del Absurdo, donde Ionesco, Beckett y Arrabal también pululan sin ningún complejo. Cabaret Chihuahua, tiene mucho interés en lo que cuenta y en como lo cuenta, esta fue la primera sorpresa de la noche, ya que esperaba ver un espectáculo mas frívolo, y quizás con menos enjundia, que es lo que a priori se puede esperar de un cabaret, si a esto le añadimos un elenco en completo estado de gracia, se puede afirmar que estamos ante una auténtica revelación, en cuanto a propuestas de estas características se refiere. 



Vayamos con el elenco.

Mitxel Santamarina, como Montse ,alter ego de Montserrat Caballé en el Otro Barrio, y Broder 2 ( con "d") componente de Lehman Brothers
Santamarina, ofrece una Montse, rotunda, muy graciosa, impoluta en lo corporal, y con ciertos ecos de la Edna de Hairspray, que hizo las delicias del espectador. Sirvió toda un creación en la mas pura línea de caricato, tremendamente graciosa, muy desprejuiciada, y que realmente funciona en todas sus intervenciones. Su final a ritmo de Celia Cruz, fue absolutamente impagable. Como Broder, está estupendo también, dotando a su personaje de cierto tono inquietante que resulta muy conseguido. Santamarina no pasa desapercibido, sobre todo en una interpretación tan extremada como es la de Caballé.

Ugaitz Alegría, como Sabino Arana y Broder 1. Alegría es el que pasa un poco mas desapercibido, no por su mal hacer, sino porque sus personajes están menos desarrollados que el resto, en los dos cumple, y sirve una estupenda canción en euskera, que me llegó a emocionar. Queda muy claro lo que representa, algo harto difícil en un personaje que fuera del entorno vasco quizás nos pille un poco lejano, pero esa visión del nacionalismo tan desfasada me quedó mas que clara en el planteamiento de Alegría, que sabe muy bien lo que se hace.

Diego Pérez, como Winehouse y Cantinflas. De lo mejorcito del espectáculo sin lugar a dudas. Pérez sirve dos interpretaciones soberbias, la una alejadísima de la otra y que no chirrían en absoluto. Cuando interpreta a Cantinflas, no vemos una imitación, vemos a Cantinflas ni mas ni menos, algo extremadamente difícil de llevar a cabo, cuando de un artista tan personal como Mario Moreno era se trata, derrocha encanto y ternura en sus intervenciones. Su Amy Winehouse es un festival. Graciosísimo, de frases lapidarias e imponente físico, me dejó absolutamente pasmado por su ductilidad, vis cómica e impresionante cambio de registro. Nombre a tener en cuenta el de Diego Pérez, si señor, actor que intuyo que dará que hablar, Pérez tiene ese "algo" que muchos buscan y pocos encuentran.

Irene Bau, como Monroe, alter ego de Marilyn. Bau me gustó muchísimo, en un composición muy bien apoyada en lo corporal y la voz. Su papel no está muy desarrollado pero no pasa desapercibido, sabe estar y sabe escuchar, y sin duda, ofrece gran calidad en su trabajo. Su monólogo al teléfono me pareció una genialidad, que requiere de una gran actriz para que funcione tal y como a Bau le funciona. En un código muy surrealista, ofreció una difícil creación que a pesar de sus complicaciones, ella hace que parezca un paseo. Un diez para Bau sin duda

Enriqueta Vega, como Frida, alter ego de Frida Kahlo. Inmensa, su portentosa voz, imponente presencia física y arrolladora personalidad, me dejaron con la sensación de estar viendo una auténtica bestia parda, un animal escénico de poderosísima energía que crea una Frida, muy temperamental, ferozmente vital, un tanto agresiva y que descoloca al mas pintado. Poner en pie un personaje tan grande es un riesgo, ponerlo en pie con esta solvencia es sin duda un trabajo encomiable. Vega es pura tripa, sale a por todas y lo consigue.

Quique Gago, como Fiambre, el hilo detonante de toda la historia. Gago sirve un trabajo en clave mas naturalista que el resto de sus compañeros, al menos en la primera parte del espectáculo, muy bien apoyado en lo gestual, da perfectamente el papel de chico muy normal, un poco sobrepasado por los acontecimientos, cuando le llega el desmelene, que no desvelaré, cumple a la perfección en un trabajo que igual que ocurre con Diego Pérez, no se limita a imitar, Pérez no hace, es, no hay mas vuelta de hoja.

Itxaso Quintana, como Minelli, alter ego de Liza Minelli, absolutamente soberbia, en el mas claro código de maestro de ceremonias. Quintana, ofrece un trabajo muy corporal, donde la plasticidad de sus movimientos es mas que notable, creando una Liza Minelli perfecta, se bate el cobre a base de bien sobre el escenario, y le toca abrir el espectáculo con su primer número, algo que hace sin ningún problema, para empezar a poner al público en situación. Su personaje es un torbellino, con muchos estados de ánimo diferentes, algo que esta presente en todos los personajes, pero que quizás en Minelli sea mas palpable. Me quedo con su monólogo remedo de el  de Rutger Hauer en Blade Runner, todo un prodigio tanto de texto como de interpretación.

Iñaki Maruri como Pianoman. Maruri es el pianista de la función que acompaña a los actores, pero no solo es eso, es el apoyo de todos los que están es escena, y un actor como la copa de un pino, da vida a un enamorado de Elton John, que dice verdades como puños, denota gran sensibilidad, y no para ni un momento. Está toda la función en el escenario, entregándose sin descanso, y tocando el piano de maravilla. Sin duda uno de los sustentos de la función, que consigue dar el tono exacto a cada número para que la música fluya perfectamente.



Vayamos ahora con la producción y dirección escénica. 
Felipe Loza destaca mucho y muy bien, en un espectáculo muy pensado, muy trabajado y soberbiamente movido. La gran baza es el frenético ritmo que da a la función y la estupenda dirección de actores, ya que saca lo mejor de cada uno, sabiendo muy bien las características de cada artista y como aplicarlas a sus personajes. Loza sirve un producción sencilla, pero impoluta, de gran fuerza visual, con una continua ruptura de la cuarta pared, acento tremendamente Brechtiano como ya dije mas arriba, y un final que entronca muy mucho con Auge y Caída de la Ciudad de Mahagonny de Kurt Weill y el propio Bertolt Brecht. Todo el espectáculo tiene un aire decadente muy al estilo del Berlín de Entreguerras, que de forma atroz, divertídisma y despiadada, refleja los convulsos tiempos que tenemos entre manos.
Se trata de una propuesta arriesgada, muy valiente y de extrema vigencia, que me recordó, sin haber visto yo aquel espectáculo, pero si material del mismo, la mítica Castañuela 70 del no menos mítico grupo Tábano. Teatro social, necesario en estos tiempos que corren, y que como revulsivo ante lo que estamos viviendo, funciona a las mil maravillas, todo desde un prisma muy lúdico, gamberro y desprejuiciado. La esencia final es que la vida es un carnaval, hay que vivirla aquí y ahora, y que rabien los demás.
Mención aparte merecen las increíbles luces de Iñaki García, que dotan a la función de unas muy conseguidas y enrarecidas atmósferas en completa consonancia con el género que el espectáculo abarca.



En resumen, un propuesta muy recomendable, que no dejará indiferente a nadie, tanto por su arriesgado planteamiento, novedoso formato, absoluto descaro, y enjundia teatral, mas allá de la frivolidad bien entendida del cabaret. Estamos ante una propuesta lúdica, pero que deja un poso reivindicativo la mar de estimulante. Yo no me la perdería!!!




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martes, 10 de marzo de 2015

Todos Somos Buena Gente ¿ O No ?

Adoro a Verónica Forqué, me parece una actriz muy sólida, que lo mismo vale para el drama como para la comedia, sin el mas mínimo problema, por eso cuando supe que estrenaba función se me hizo la boca agua. Reconozco que desconocía totalmente el texto que lleva por título Buena Gente, pero el hecho de estar Verónica ya era para mi suficiente garantía. El pasado día 19 tuve la oportunidad de asistir al estreno en el Teatro Rialto, y no me lo pensé dos veces, donde esté un buen sarao teatral que se quite cualquier sarao al uso.
Así que me puse mono, aunque no sea fácil, y para el Rialto que me fui. Estrenazo por todo lo alto lleno de famosos, famosetes, artistas, actores y el " todo Madrid" que diría un antiguo se encontraban en el coliseo de La Gran Vía. Fue una velada estupenda, glamourosa, y poco "estrenera" ante la entrega del público, tan poco festivo en estos eventos, que suele ir con ánimo mas bien crítico que disfrutón. Me arrellané en mi butaca, sin tener la mas mínima idea de lo que iba a ver ¿ drama? ¿ comedia? la verdad es que poco importaba, yo iba a ver a La Forqué y aunque saliera vestida de india apache, seguro que iba a cumplir, y vaya si lo hizo señores, vaya si lo hizo.


Buena Gente es un texto del autor estadounidense David Lindsay-Abaire galardonado muy justamente con el Premio Pulitzer, que llega a España después de su triunfo en Broadway, la versión que aquí se ofrece es de David Serrano, que ha "españolizado" un poco el texto para hacerlo mas cercano, con gran tino, por cierto.
La obra es una comedia, no cabe duda, pero con un poso muy amargo, en el que unos personajes llevados al límite, con pocos atisbos de esperanza ante la dura vida que les ha tocado en suerte, y que intentan sobrevivir como buenamente, nunca mejor dicho, pueden. La obra tiene un planteamiento sencillo, una madre soltera madura, con una hija con una grave minusvalía, pierde su trabajo. A partir de ahí empieza la historia de como salir adelante ante el percal que se avecina. Así contado puede parecer que la historia derivará hacia lo ñoño o lo lacrimógeno, pues no señores, la historia deriva hacia la mas descarnarda realidad desde un punto de vista muy cáustico, plagado de mala baba, y donde ningún personaje parece lo que es, o es lo que parece.
La gran baza del texto es la realidad tan tremenda que rezuma, el interesante prisma con el que la naturaleza humana está plasmada, y los recovecos del ser humano que plantea, rompiendo los esquemas del espectador, en cuanto a sus personajes se refiere. La heroína de la función es netamente una buena persona, con atisbos de ruindad, mucha verdad y mas capas de una cebolla. Estamos ante un texto para quitarse el sombrero, sin ninguna duda, nada complaciente, y que envuelto en un halo de comedia social nos deja un regusto bastante amargo que hace pensar al respetable, dejándolo ciertamente incómodo, planteándose que aquello de los principios, está muy bien, pero antes está la supervivencia.


El elenco en líneas generales está mas que correcto, siendo muy cuidadas las interpretaciones.

Diego París como Luis, gris encargado de la tienda de todo a un Euro en la que trabaja Forqué. París consigue un trabajo muy sólido en un personaje ciertamente ingrato, que finalmente nos sorprende, por su bondad e integridad. El trabajo de París es tremendamente honesto y ofrece momentos muy buenos en su primera escena, donde queda patente que le incomoda lo que le ha tocado hacer. Estamos ante una interpretación muy interiorizada, muy de verdad y que realmente refleja en un código claramente naturalista, un hombre de sus características.

Susi Sánchez como Gloria, amiga del alma de Forqué. Sánchez da vida a una típica señora de extrarradio, aficionada al bingo, de vida un tanto gris. Esta Gloria es de armas tomar, malhablada, con mucho carácter, vulgarota, de gran fondo, y que por su amiga maaaaata, es el cerebro que empuja a Forqué en sus intentos por buscar trabajo, no siendo siempre la mejor consejera. Sánchez está de lujo en un papel muy gracioso, y que como es la tónica en la función, muy auténtico. Todos hemos conocido a una Gloria alguna vez, Sánchez ofrece una veraz creación que funciona a la perfección, da exactamente lo que el papel pide, y nuevamente estamos ante un calco de una personalidad muy real. Un diez para Susi Sánchez que hizo las delicias del respetable con su muletilla, que no reproduciré para no dañar algún oído sensible.

Pilar Castro como Lola y Patricia, dos personajes totalmente opuestos. Castro me dejó literalmente pasmado con su versatilidad, pasa de maruja con muy mala baba, a chica pija de urbanización en cuestión de segundos, y he de reconocer que me costó descubrir que era ella en sus segunda intervención hasta bien avanzada la escena. Su Lola, de estética un tanto Lidia Lozano, es despiadada, egoísta y hortera, mientras que Patricia es todo lo contrario, rompiendo los clichés de chica tonta " upper class ". Está asombrosa en ambos papeles, y su interpretación como Lola es mayúscula. Fue una de las sorpresas de la velada, que sin duda resultó la mar de gratificante.

Juan Fernández como Raúl, el único que consiguió salir del barrio y labrarse un futuro, con una brillante carrera a nivel internacional. A Fernández le ha tocado un personaje que se las trae, de gan complejidad psicológica, que se mueve en un código de difícil ambigüedad, no sabemos si es un cínico, un hipócrita o realmente una buena persona, yo creo que es todo eso, y muchas cosas mas.
Fernández está maravilloso sin concesiones, todos los conflictos que su personaje tiene, los plasma sin ningún problema, le da mucho sentido a su texto y ofrece momentos realmente superlativos en la grandiosa escena que transcurre en su casa. Hay un pequeño pero, y es que está un poco bajo de tono, y en algún momento se pierden sus parlamentos, el Rialto es un teatro de sonoridad problemática, y una pequeña microfonación, aunque solo sea de ambiente no vendría nada mal.
Fernández ya me entusiasmó en El Nombre De La Rosa y mantengo que es un excelente actor, de grandes recursos, imponente físico, y estupendas condiciones.

Para finalizar Verónica Forqué como Margarita, soberbia sin concesiones, y no es pasión. Forqué lleva a su terreno un papel que parece escrito para ella, dotando a esta Margarita de un empaque digno de Anna Magnani, rezumando frescachonería, comicidad, ternura, alguna que otra dosis de maldad, y un instinto de supervivencia leonino, que nos deja pasmados ante la poderosísima interpretación que sirve desde el interior de su alma. Forqué no necesita fuegos de artificio, las da todas con aparente, solo aparente, facilidad, y ofrece un festival de buen hacer, en una cerebral interpretación que parece totalmente espontánea y que yo diría que está meditadísima. Su personaje nos hace reír a mandíbula batiente, pero nos descoloca cuando vemos que no es tan buena gente como parece. Es lo que tiene romper clichés, nadie es buenísimo o malísimo, esa es la esencia del ser humano, y esa esencia es la que Forqué refleja de forma magistral en una interpretación de premio. Repito que no es pasión, es de justicia reconocer la enorme calidad de lo que Verónica Forqué ofrece.


Vayamos ahora con la dirección escénica.
David Serrano, sabe muy bien lo que tiene entre manos y los actores con los que cuenta, dejándoles hacer dentro de unas directrices muy claras, y un tono perfecto en el tratamiento del texto. Serrano sirve un espectáculo en clave coloquial, cotidiana y acertadísima en su planteamiento, que enriquece mucho el por otra parte soberbio texto. El ritmo en todas la escenas está conseguídisimo, siendo el acabado final, muy fresco, dinámico y que se pasa en un suspiro, de hecho se me hizo cortísima, nada sobra y nada falta en esta maravillosa producción, mejor salir pensando que pena que ya se acabó, que  deseando que se acabará.


La propuesta escénica, muy bien resuelta, bastante tradicional, y con unos mas que decentes espacios escénicos que se salen de la habitual, y justificada modestia, a la que nos hemos acostumbrado en las producciones privadas de teatro, ya sabemos lo achuchado que está el negocio teatral, estamos ante una producción de primer nivel, muy bien presentada, iluminada y de acabado formal impoluto.



En resumen, una propuesta sumamente recomendable, por varias premisas. Su soberbio texto de extrema vigencia en los tiempos que nos han tocado en suerte, su estupendo elenco actoral, encabezado de forma gloriosa por Verónica Forqué, y lo divertido del planteamiento de la obra a pesar del amargo fondo que refleja. Es una obra de risa, incluso de carcajada en algunos momentos, pero es una obra basicamente para rumiarla en casa. Teatro para pensar y para disfrutar. Yo no me la perdería!!!


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